Fic hetero de Heiligtkt483
Capítulo 131
LOS ÁNGELES (EE.UU.)
Eran las once de la mañana, y se había acabado de despertar. Se giró sobre su cama y se encontró que Tom no estaba en ella, seguramente se había ido al estudio de grabación, pensó mentalmente Laia. Hoy, Laia no tenía que ir al estudio ya que su trabajo no era muy continuo. Estaría de descanso durante tres días, que aprovecharía para ir de compras y pasar el tiempo con su hijo pequeño, y bueno… permitirse alguna escapadita para estar con su amante. Se levantó de la cama, y fue a darse una ducha para luego vestirse y bajar a desayunar. Minutos después, el timbre de la casa Kaulitz sonaba haciendo que Agatha fuera a abrir la puerta dejando pasar a Kayla.
—Buenos días Laia —saludó Kayla a su mejor amiga.
—Hola… Kayla —dijo un poco confundida Laia al ver al a chica, ya que Kayla tenía que estar también en el estudio de grabación con los chicos, porque era la relaciones públicas de ellos— ¿Qué haces aquí? ¿Hoy no tenías que ir al estudio de grabación?.
—Me han dado el día libre, y que mejor manera que venir a comprar el tiempo libre con mi queridísima amiga del alma —sonrió Kayla a su amiga— Podemos ir de compras y comer por ahí.
—¿Y Alex? —preguntó Laia levantando su ceja derecha.
—Se ha ido a pasar el día a casa de Simone —explicó la chica— Si quieres podemos llevar a Jake a casa de Simone también, así Alex no se sentirá solo.
—Y cargarle a la pobre de Simone a dos fierecillas, imposible —dijo Laia descartando la idea— Sabes que Jake y Alex son una bomba explosiva juntos.
—Son niños… tienen que divertirse y hacer travesuras —dijo Kayla a la chica— Además sin Jake podremos hablar de nuestras cosas sin andar con cuidado. ¿Cuánto tiempo hace que no tenemos una conversación de las nuestras?.
—Hace mucho… —susurró la chica.
—Pues ya está, vamos a llevar a Jake a casa de su abuela así también disfruta un poco Simone del niño —dijo con vehemencia la chica.
—Estará durmiendo —dijo Laia a su amiga.
—Pues hay que ir a despertarlo —dijo Kayla subiendo las escaleras para ir a la habitación del pequeño Jake.
Kayla se dirigió hacia la puerta de la habitación donde dormía el pequeño Jake, y se acercó lentamente a él. El pequeño dormía plácidamente como un angelito sobre su cama, y los rayos de sol penetraban considerablemente a través de la ventana. Sin previo aviso Kayla comenzó a darle pequeños besos al pequeño en sus mejillas y hacerle unas cuantas cosquillas en la pequeña nariz del pequeño, haciendo que Jake inconscientemente se tocará varias veces la nariz intentando espantar la cosa, que le hacía cosquillas.
—Tía Kayla… —dijo Jake confuso con su voz infantil.
—Buenos días, pequeño principito —sonrió Kayla al pequeño para darle un pequeño beso en la punta de la nariz— Hay que levantarse…
—Quiero seguir durmiendo —dijo el pequeño estirándose para luego volver a coger posición para seguir durmiendo.
—Vas a ir a casa de la abuelita Simone que está Alex con ella —dijo Kayla a su sobrino, haciendo que este se levantará del repente— Así podrás jugar mucho con el primito Alex.
—Siii… —dijo el pequeño emocionado— ¿Mami que me pongo de ropa?.
—Vamos a ver… —dijo Laia rebuscando en el armario que poseía el pequeño en su habitación. Laia cogió unos pantalones vaqueros, una camiseta de Spiderman y unas deportivas, para luego dirigirse a su hijo— Ahora vamos a vestirte.
Laia comenzó a vestir al pequeño Jake, quitándole el pijama, y poniéndole una muda limpia de ropa interior, después los calcetines, los pantalones, la camiseta y por último las deportivas. Después bajaron al salón, donde Agatha le sirvió el desayuno al pequeño. Poco después ambas amigas salían de la casa, para dirigirse hacia la casa de los gemelos, para dejar a Jake. En esta ocasión, Kayla fue a buscar su coche, ya que este poseía dos sillitas para niños en los asientos de atrás, por el simple hecho de que Jake pasaba también mucho tiempo con ellos, y solían ir a sitios, y llevarse al pequeño. Cuando Kayla regresó con el coche, Laia sentó al pequeño Jake en su sillita, y después ella ocupa el asiento del acompañante en los asientos delanteros.
Poco después, ambas chicas llegaban a la casa de Simone. La madre de los gemelos en cuanto vio el coche de Kayla, salió de la casa para ver si había pasado, acercándose al coche viendo a Laia en el interior y al pequeño Jake.
—¡¡ABUELA!! —gritó Jake desde el interior del coche por su abuela Simone.
—Hola cariño —dijo Simone al ver a su nieto, para luego abrir la puerta para darle un beso en la mejilla— ¿Qué hacéis aquí? —preguntó ahora la mujer a las dos chicas.
—Hemos venido a traer a Jake, así Alex no estará tan aburrido —dijo Kayla a la mujer— Laia y yo tenemos unos asuntos que hacer durante varias horas.
—Está bien no tengo ningún problema para quedarme con Jake también —sonrió Simone contenta al ver a su nieto, ya que hacía varios días que no le veía— Vamos a dentro de la casa.
—Sí —sonrió el pequeño para luego ser bajado de la sillita del coche por Simone, y luego dirigirse hacia el interior de la casa.
—¡JAKE! —dijo Laia su hijo— ¡PORTATE BIEN! —advirtió la chica.
—Sí, mami —respondió el pequeño poniéndole ojitos a su madre, para luego irse al interior de la casa con su abuela Simone.
Una vez que vieron entrar al pequeño Jake en la casa de su abuela, Kayla arrancó el coche en dirección a un centro comercial donde harían sus compras, mientras que Kayla aprovecharía para sacarle el tema de la relación entre Tom y ella, y tratar de convencerla de que su futuro estaba con Tom y con nadie más.
—Podemos aprovechar para comprar un par de zapatos, y algún que otro vestido para alguna entrega de premios que tengamos que asistir —dijo Kayla emocionada a su amiga.
—Sí —sonrió la chica a su amiga.
—Bueno… ¿Qué tal con Tom? —preguntó Kayla a la chica interesándose por la relación que tenían sus dos amigos.
—Bueno, ahí… —susurró Laia intentando evadir el tema.
—Vamos Laia no soy tonta y sé que entre tú y Tom las cosas no van bien —volvió a insistir la chica— Puedes contármelo, puedes confiar en mí.
—Es verdad porque te voy a mentir, si total ya sabéis mi situación con Tom —dijo la chica a su amiga— Tom ya le habrá contado nuestra situación a Bill y este ya te lo contaría a ti.
—Tanto Bill como yo estamos preocupados por vosotros —dijo Kayla con preocupación a su amiga— ¿No podéis solucionar lo vuestro?.
—No… en todo este tiempo, durante este dos meses, me he dado cuenta que ya no quiero como antes a Tom —comenzó a explicar Laia a su mejor amiga— Siento repugnancia cuando me toca. No sé que hacer…
—Pero a ver Laia, ¿Ha habido algún acto por parte Tom brusco para que llegarás a sentir eso hacia él? —preguntó Kayla a la chica.
—No… —susurró la chica— Solo que ha dejado de gustarme como hombre…
—Entonces… ¿Qué vas a hacer? —preguntó de nuevo la chica— ¿Seguirás viviendo en la casa de Tom o te irás de esta?.
—Realmente no sé qué hacer, si me voy seguro que Tom luchará por la custodia de Jake, y no quiero separarme de mi hijo —confesó la chica— Pero sé que ya no queda nada de nuestra relación.
—Tom no haría eso, Laia —respondió Kayla a lo que su amiga le había dicho— ¡Por dios, Laia! Tom te adora, realmente está muy enamorado de ti no entiendo porque sientes esta repulsa hacia él, siempre ha sido tan atento contigo. Preocupándose por ti y por Jake.
—No le quiero… —susurró Laia a su amiga con desesperación— No siento atracción por él, sus caricias no me provocan deseo de acostarme con él ni de tener sexo en absoluto.
—¿Entonces es porque hay otra persona? —preguntó Kayla mirando seriamente a su amiga— Respóndeme Laia…
—No… aunque hay alguien que me hace sentirme especial… —susurró la chica bajando la mirada— Tom no me hace sentirme especial…
—¿Entonces hay otra persona? —volvió a insistir Kayla a su amiga.
—No te lo voy a decir porque sé que después vas a ir a contárselo a Bill y este se lo dirá a Tom —respondió Laia.
—Hay otra persona… —verificó Kayla— Supongo que esa persona te hace sentir mejor que Tom, como para dejar de querer estar con Tom.
—Sí… —susurró la chica— Cuando me toca me hace sentirme plena.
—¿Os habéis acostado? —preguntó asombrada Kayla a la chica.
—Sí… solo una vez —susurró de nuevo la chica— Un día que me hizo un shoot en su casa desnuda…
—¡Dios mío! —suspiró Kayla— Si Tom se llega a enterar no le va a gustar nada, no sería mejor que lo dejes ya… Me duele ver a Tom sufrir por tu culpa.
—Ya te lo he dicho, si me voy perderé todo el derecho sobre Jake —respondió Laia otra vez a la chica.
—Tienes que hacer algo —le dijo Kayla, Laia la miró con lágrimas en los ojos… y comenzó a llorar desesperada, nadie mejor que ella sabía cuánto— Además eres su madre y tienes el derecho de tenerlo.
—Tom tiene dinero… puede obtener la custodia sin ningún problema —respondió Laia mientras seguía con su llanto desconsolado.
—Solo te digo que te decidas pronto —miró fijamente Kayla su amiga— No quiero verte sufrir, pero tampoco quiero ver sufrir a Tom, os aprecio demasiado a ambos
—No quiero seguir hablando de este tema —dijo Laia cancelando la conversación— Ni una palabra a Bill, mis asuntos con Tom ya los solucionaré yo sin que estéis por ahí
—Vale… solo quería ayudar —dijo Kayla un poco molesta por las palabras de su amiga.
Después de esa conversación intensa, ambas amigas siguieron con sus compras. Entraron en el interior de una boutique y se compraron varios vestidos para ocasiones especiales, y varios zapatos de tacón. Poco después hacían una breve parada para ir a comer. Durante todo el día restante, Kayla no volvió a sacar el tema de la infidelidad por parte de Laia, pero le daba mucha pena que Tom en esos momentos se estuviera convirtiendo en un gran cornudo. Cuando ya cayó la tarde, ambas amigas regresaron a casa de Simone para ir a buscar a los niños. Poco después de despedirse de Simone, ambas chicas se fueron con sus hijos a sus respectivas casas.
—¡PAPI! —dijo el pequeño Jake a su padre, que estaba sentado en el sillón descansado después de una jornada intensa de trabajo.
—Hola campeón —saludó Tom a su hijo para luego sentarlo en su regazo y darle un beso en la mejilla— ¿Qué has hecho por la tarde?.
—Estuve en casa de la abuela Simone jugando con Alex —sonrió infantilmente el pequeño— Mientras la tía Kayla y mami iban de compras.
—Oh… Espero que no venga una factura muy grande —dijo irónicamente Tom, ya que sabía que cuando Laia y Kayla se juntaban para comprar ropa, la tarjeta de crédito funcionaba con mucha facilidad.
—No te preocupes por eso —dijo Laia metiéndose en la conversación— Lo he pagado yo con mi tarjeta de crédito así que no tendrás que pagar mis caprichos. Voy arriba a dejar las bolsas… —Tom quitó su cara sonriente, de repente la atmósfera se había vuelto tensa, tragó saliva y miró a su hijo, él no tenía la culpa de nada, asique volvió a sonreír.
Laia dejó a su novio y a su hijo a solas en el salón, mientras que ella subía las escaleras rumbo a la habitación, que ocupaba con Tom para dejar las bolsas con los vestidos que había comprado y demás complementos para ellos. Laia comenzó a acomodar su ropa en su armario, y los demás complementos en silencio.
—¿Qué tal tu día de compras? —preguntó Tom entrando por la puerta de la habitación a su novia.
—Bien —respondió Laia secamente.
—Bonito conjunto —sonrió Tom revolviendo unas bolsas que contenían ropa interior, para luego sacar un conjunto muy provocativo— Cuando tendré la suerte de verte con esto puesto, y podértelo quitar a mordiscos.
—Creo que para que llegue ese día vas a tener que esperar sentado —dijo Laia bordemente— No tenía pensando comprarme ese conjunto, pero Kayla me insistió demasiado —explicó la chica quitándoselo al chico de las manos y meterlo en el cajón de la ropa interior.
—¿Qué nos ha pasado? —susurró Tom con nostalgia, mientras abrazaba a la chica por detrás apoyando sus manos en la cintura de esta— ¿Por qué estamos tan distantes? —Laia tomó sus manos y las apartó con una mueca de asco, sus manos lejos de su cuerpo, para luego darse la vuelta y verlo con mirada fulminante— ¿Qué ocurre? —preguntó el chico confundido.
—No quiero que me toques —respondió la chica con frialdad— Me das asco.
—¿Por qué te doy asco? —preguntó el chico confundido con voz serena— ¿He hecho algo que no te gusta? —sus ojos pedían una explicación con tanta desesperación que Laia estuvo a punto de flaquear, pero lo soportó, negó con la cabeza siguió acomodando su ropa sin embargo Tom no parecía darse por vencido— ¡DI ALGO! —alzó la voz el chico impaciente al ver el mutismo de su novia. Laia se volvió hecha la furia.
—Déjame en paz Tom. No tengo ganas de ponerme a discutir contigo —respondió la chica ante el llamado de su novio— He pasado una tarde muy agradable, como para ahora me estropees mi día.
—¿Intentar solucionar las cosas es estropearte el día? —preguntó Tom incrédulo— Estoy dando todo por salvar nuestra situación, y lo único que recibo de ti son palos. Una relación se basa en dar para recibir, y creo que tú has recibido demasiado de mí que nunca podrás darme.
—¡Maldición! —se quejó ella echándole unas bragas por la cara, Tom se las quitó de la cara para ver como ella salía de la habitación a pasos agigantados, de nuevo huía.
Laia bajó las escaleras con bastante prisa, para salir de la casa lo antes posible, no quería seguir escuchando las súplicas de Tom, para tratar de salvar una relación que ya había naufragado hace tiempo. Sin dudarlo, dos veces se montó en su flamante Audi R8 y arrancó este para luego irse. Necesitaba pensar en su situación. Una hora más tarde después de estar dando vueltas sin sentido, aparcó su coche en una calle, poco conocida para ella. Levantó su mirada y reconoció el gran edificio donde tenía Erik, su fotógrafo, su apartamento. Se quedó varios minutos pensativa, para luego salir del coche y dirigirse hacia el edificio. Tuvo suerte que justo una pareja de enamorados salía del portal, y pudo entrar fácilmente ya que no se acordaba en que piso vivía el chico. Una vez en el interior del edificio en los buzones pudo cerciorarse bien del piso en el que vivía el joven. Se dirigió hacia los ascensores, para subir al piso indicado. Se metió en el interior del ascensor, y apretó el botón correspondiente. Minutos después se encontraba en la puerta del apartamento de Erik, con grandes dudas de llamar al timbre, pero al final decidió no hacerlo e irse. Justo cuando se iba a ir, alguien hizo que se parará.
—¡¿Laia?! —dijo el chico confundido, que acaba de salir de su apartamento— ¿Qué haces aquí?
Continúa…
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