It’s just a dream 133

Fic hetero de Heiligtkt483

Capítulo 133

LOS ÁNGELES (EE.UU.)

Sus cuerpos desnudos cayeron sobre la cama, mientras que Erik se posicionaba encima de la chica, y comenzaba a jugar con uno de los pezones de esta, para mordisquearlos un poco mientras excitaba más a la chica. Laia sentía como su zona íntima comenzaba a arder de calor, y como su cuerpo respondían a las caricias que Erik le proporcionaban en su cuerpo, haciendo que de vez en cuando gimiera de placer.

Los muelles del colchón empezaron a hacer sus ruidos característicos, mientras que Erik comenzaba a penetrar a la chica con bastante ritmo. De la boca de Laia solo salían gemidos, que hacían que Erik se pusiera más cachondo todavía e intensificará más su ritmo con embestidas fuertes. Después de unos diez minutos, de sexo bastante fuerte, por fin ambos llegaron al orgasmo. Pequeñas gotas de sudar cubrían el cuerpo de los dos amantes, mientras que se comían a beso, e intentaban recuperar su aliento.

—¿Regresarás ahora a casa? —preguntó Erik mientras acariciaba con sus nudillos la espalda desnuda de la chica.

—No —sonrió la chica para darle un beso en los labios, y acto seguido ponerse a acariciar el pecho desnudo del chico con su dedo índice— Prefiero quedarme a que me des un poco más de calor… Tengo todo el día por delante para regresar.

—Está bien… —sonrió el chico contento de poder haber conseguido lo que quería con Laia, tenerla a la merced de sus pies.

Las horas fueron pasando y Laia decidió que era hora de regresar a su casa. Se levantó de la cama, y se fue a buscar sus ropas que estaba encima de una silla. Lentamente se comenzó a vestir bajo la atenta mirada de Erik. El chico seguía desnudo bajo las sábanas de su cama, poco después se destapó para ir a ponerse los bóxers y cubrir su desnudez parcialmente.

—¿Cuándo te volveré a ver? —preguntó el chico acercándose a la chica, y besarle el cuello.

—No lo sé… —susurró Laia mientras sentía como el placer volvía su cuerpo— Es hora de que me vaya ya…

—Espero tenerte otra vez pronto entre mis brazos —dijo Erik a la chica.

—Ya te llamaré para quedar… o nos vemos en el trabajo —sonrió Laia para luego acercarse al chico y besarle los labios.

Laia acabó de vestirse, y luego se puso con cazadora, y cogió el bolso que había dejado encima de una cómoda que había en la habitación de Erik. Se despidió del chico dándole un beso en la boca, para luego salir del apartamento. Llamó al ascensor, y esperó a que este llegara y entró en él. Poco después se encontraba saliendo del edificio para luego irse a su coche, y dirigirse rumbo a su casa. En menos de veinte minutos, ya estaba aparcando el coche en el garaje de la casa que poseía. Luego accedió a la casa por una puerta interior, que comunicaba el garaje con la casa.

—¿Dónde diablos has pasado la noche? —preguntó la voz grave de Tom que se encontraba sentando en uno de los sillones individuales.

Laia no respondió, se dirigió hacia las escaleras para irse a la habitación. Necesitaba darse una ducha relajante después de haber tenido una mañana muy movidita. Tom siguió sus pasos detrás de ella, no iba a consentir que no le respondiera, es más, odiaba que le dejarán con la palabra en la boca.

—No me gusta que me dejen con la palabra en la boca —dijo Tom en tono enfadado— ¿En donde diablos has estado? He estado toda la noche preocupado por ti.

—No tengo porque darte explicaciones de lo que hago —respondió Laia encarándose a su novio.

—Si que me las tienes que dar —dijo Tom con enfado— Soy tu novio, y el padre de tu hijo. Merezco tu respeto.

—Tom… No empieces otra vez —dijo Laia cansada de que estuvieran siempre discusión.

—¿Has estado revolcándote con el otro, verdad? —dijo Tom con furia en sus ojos— ¡CONTESTAME!.

—No hay otro… No sé donde has sacado esas conclusiones —respondió Laia al chico.

—Estoy cansado de que te niegues a tener sexo conmigo cada vez que me acerco a ti —dijo Tom con cabreo— Si no quieres seguir con esta relación dímelo, que lo dejamos, pero no quiero ser el cornudo de esta historia.

—Te estoy diciendo que no tengo nada con nadie —dijo Laia con desesperación, apartándose la melena mostrando su cuello— No sé donde has sacado eso.

—Eres una perra —respondió Tom enfurecido al darse cuenta que Laia tenía una pequeña marca en el cuello, la cual, él no había sido el causante— Como te atreves a negarme todo, si las evidencias están sobre tu piel.

—No entiendo lo que dices… —dijo Laia un poco asustada al ver como Tom se había puesto furioso.

—Esto… —respondió Tom con enfado cogiendo a Laia por el brazo, para luego ponerla sobre el gran espejo que había en una de las puertas del gran armario que poseía la habitación, haciendo que Laia mirará la marca rojiza en tonos morados que tenía sobre su cuello— No me lo niegues… —miró con cara seria Tom a la chica, para luego comenzarla a besar con furia, con mucha brusquedad… haciendo que los labios de la chica se pusieran rojos e hinchados.

—Déjame… —susurró Laia sobre los labios del chico, sintiendo como este le mordía el labio inferior con rabia, mientras que la chica intentaba separarlo con todas sus fuerzas.

Tom no hizo caso a las súplicas de la chica, y siguió besándola con brusquedad, mientras que sus manos se apoyaban en las caderas de la chica para comenzarla a acariciar a su antojo. Laia estaba inmóvil sin responder al beso que le daba Tom, ni siquiera correspondía las caricias que el chico hacía sobre su piel. Se sentía sucia, ultrajada… Unas débiles lágrimas recorrieron sus mejillas, haciendo que Tom se separará de la chica con brusquedad. Acto seguido un ruido hizo saltar a Laia de su sitio, Tom había pegado un puñetazo a la pared, provocando una pequeña marca en esta, mientras que su mano se había vuelto completamente roja, por el golpe ejercido. Al poco rato, Tom salió de la habitación hecho una furia, azotó la puerta cuando salió haciendo resonar el golpe por toda la habitación, Laia se soltó a llorar llena de impotencia. ¿Quién era ese? ¿Ese era el hombre del que se había enamorado? No, sin duda ahora ya tenía más claro que su relación con Tom no iba a mejorar nunca, porque ella mismo se había encargado de estropearla. Todo por no sentir el cariño, ni la compresión que un día años atrás Tom le había brindado. Ahora eran dos completos desconocidos, que solo les unía el hijo que tenían en común nada más.

Tom bajó las escaleras con rabia, su mano le dolía a horrores y el tono rojizo que tenía comenzaba a pasar a otro color. Abrió la puerta de la casa con brusquedad, para luego salir a caminar un poco mientras aclaraba sus ideas, a la vez que sacaba un cigarrillo de su cajetilla de tabaco para encenderlo con urgencia, casi se quema con el mechero, maldiciendo por lo alto, para luego volverlo a guardar junto con la cajetilla de tabaco en el gran bolsillo que poseía su pantalón. ¿Cómo había sido tan ingenuo para creer de nuevo en el amor? ¿Por qué una persona tan pura y dulce como Laia había cambiado tanto hasta llegar a ser una zorra sin escrúpulos?. Pero lo que tenía muy claro es que lucharía por su hijo, no permitiría que se fuera con otro, y recibiera la atención y el cariño de otro. No… lucharía por tener a su hijo Jake, aunque eso conlleve ir a los juzgados para luchar por su custodia.

Laia seguía llorando intensamente sobre el suelo de la habitación, se sentía tan desgraciada… Cansada de tanto llorar, decidió meterse en la cama y descansar. Tardó varios minutos en quedarse dormida, no podía dejar de pensar como Erik había sido tan imprudente en dejarle una marca en el cuello, para que luego esa misma marca la delatara. De madrugada, Tom regresó a la casa, para luego irse a una de las habitaciones que tenía de invitados. Se desnudó y se metió en el interior de la cama. En su mente le vino la imagen de Laia, su marca en el cuello y como esta trataba por todos los medios de esconder las evidencias que había. Estuvo dando vueltas en la cama, intentando coger la postura adecuada, tardó unos segundo para luego intentar quedarse dormido completamente, aunque tardó varios minutos. El dolor de la traición carcomía su corazón, que poco a poco se volvería más frío e incapaz de amar otra vez. Cerró los ojos y comenzó a dormir, apenas.

Era las once de la mañana cuando Tom se despertó. Su mano seguía doliendo a horrores, ahora la tenía completamente morada e hinchada y difícilmente podía mover los dedos. Se quejó levemente, luego se levantó de la cama, y fue al servicio que poseía la habitación. Le fue muy difícil arreglarse con una sola mano ya que al mínimo roce sentía una punzada de dolor. Lo mismo le sucedió a la hora de intentar desayunar algo. Debía de ir al médico pero él en su estado no podía conducir. Atravesó el jardín y fue hacia casa de su hermano para ver si le acompañaba. Al entrar en la casa se encontró con Kayla en la cocina.

—El día menos pensado nos roban… —comentó con humor la chica— Buenos días Tom.

—¿Está Bill? —preguntó Tom.

—Se fue pronto, pero no me dijo dónde —respondió la chica— ¿Qué necesitas?.

—Ir al hospital —dijo seriamente.

—¿Como? —dijo sorprendida— ¿Qué ha pasado?.

—Peleé con Laia anoche y di un golpe a la pared. He despertado con la mano horrible —le enseñó la mano hinchada y amoratada.

—¡Dios! —fue a tocar pero Tom la retiró inmediatamente.

—¿Puedes llevarme? —preguntó Tom— ¿Por favor?.

—¿Y qué hago con Jake y Alex? —dudó.

—De paso que vamos al hospital, se los podemos dejar a mi madre —respondió Tom poniendo una mueca de dolor, ya que la mano le dolía muchísimo.

—Está bien —asintió Kayla— Voy a avisar a los niños, que están en el cuarto de juegos.

A los pocos minutos, Kayla entraba en la cocina con Jake y Alex de la mano. El pequeño Jake se acercó a su padre, al verlo allí.

—¡PAPI! ¿Has venido a buscarme para irme a casa contigo? —preguntó el niño inocentemente.

—No, por el momento. Tengo que ir a un sitio primero y vamos a dejaros a ambos en la casa de la abuela Simone —respondió el joven a su pequeño hijo.

—Últimamente paso más tiempo en casa de la abuela y del tío Bill que contigo —dijo el niño con tristeza.

—Jake cariño, tu papi volverá pronto y te llevara contigo —dijo Kayla echándole un cable a Tom, ya que a veces Jake se ponía un poco insoportable.

Kayla y Tom salieron de la casa con los dos pequeños. Kayla se encargó de sentar bien a los niños en sus sillitas en el coche, mientras que Tom lo hacía en el asiento del acompañante al lado del conductor. Después Kayla entró en el coche, y metió la llave en el contacto para dirigirse a la casa de Simone. Durante todo el camino, Tom iba con miraba pensativa mirando por la ventana. Kayla lo miraba con preocupación. Le daba mucha pena la situación que estaba viviendo su amigo, y no era capaz de ayudarlo, ya que el día anterior cuando había hablado con Laia esta no había entrado en razones.

Una vez que llegaron a la casa de Simone, Kayla estacionó el coche en un lugar cercano a la casa, para luego salir del coche e ir a bajar a los pequeños de sus sillitas para llevarlos a junto de la abuela. Tom permanecía inmóvil en el asiento del coche, sin dar muestras claras de bajarse del coche.

—¿Tom me vas a acompañar a casa de tu madre? —preguntó Kayla al ver que el chico no tenía intenciones de salir del coche.

—No… será mejor que lleves tú a los niños —dijo Tom mirando a su amiga— Inventa cualquier excusa de que tienes que ir a algún sitio, no quiero que mi madre me vea así con la mano. No quiero que se preocupe más por mis problemas…

—Está bien… —asintió compresivamente Kayla a su amigo— ¡Vamos niños!.

—¿Y papi no viene tía Kayla? —preguntó inocentemente Jake.

—No, Jake… Alex… cuando lleguemos a casa de la abuela Simone no digáis que hemos venido con Tom —dijo la chica en un intento de hacer olvidar a los pequeños que Tom estaba con ellos. Sabía que si los pequeños decían algo Simone no se quedaría tranquila, y preguntaría los motivos porque no fue con ellos hasta casa.

—Pero eso sería mentir… —dijo Jake todo lleno de razón— Papi si ha venido con nosotros. Yo no puedo mentir, mi papá siempre me dice que no hay que mentir.

—Jake no es mentir, solo es ocultar información —explicó Kayla a su sobrino, que tenía la tozudez de su padre— ¿Harás eso por mí y por tu papi?.

—Bueno… Lo intentaré —respondió el pequeño mientras seguían caminando hacía la casa de la abuela Simone.

Los dos pequeños con su tía Kayla siguieron caminando hacia la casa de Simone. La joven chica tocó en el timbre de la casa, para que minutos después Simone abriera la puerta.

—Hola abu —dijo Alex a la mujer.

—Hola cariño —dijo Simone acariciando los mofletes regordetes del pequeño Alex— ¿Habéis venido a hacerme una visita?.

—Más bien te los vengo a traer para que te quedes un rato con ellos —respondió Kayla a su suegra— Tengo que ir a hacer unos recados, y no puedo llevarlos conmigo.

—Está bien —asintió la mujer.

—Hasta luego. Portaros bien niños, no le deis mucha guerra a la abuela —dijo Kayla a los pequeños, para luego darles un beso a cada uno en su mejilla— Vendré lo más pronto a buscaros.

—No tengas prisa —dijo Simone a su nuera— Haz tus recados tranquila. Yo cuidare bien de ellos.

Kayla dejó a los pequeños con su abuela, y se despidió de su suegra, para luego dirigirse al coche donde estaba Tom sentando en el asiento del copiloto, esperando a que Kayla regresara. Cuando la chica llegó al coche se metió en el interior, para luego ponerse el cinturón de seguridad y arrancar el coche en dirección al hospital.

—¿Qué te dijo mi madre? —preguntó Tom a la chica.

—Nada. Le dije que tenía que hacer unos recados —explicó Kayla a su amigo— Espero que tu hijo no se vaya de la lengua.

—¿Porqué? —preguntó Tom de nuevo—

—Me ha costado bastante convencerlo de que no le dijera a tu madre, que habías venido con nosotros en el coche —explicó la chica— Tu hijo es igual de cabezota que tú.

—Algo tuvo que sacar de mi —sonrió orgulloso Tom.

—Me dijo que su papi le había dicho que no se podían decir mentiras, que no podía mentirle a la abuela de que tú no estabas con nosotros —siguió explicando Kayla.

—¿Cómo conseguiste convencerlo? —se interesó Tom.

—Le dije que eso no era mentir, que era ocultar información —concluyó Kayla— ¿Cómo va tu mano?.

—Bueno… por momentos me dan punzadas, y no puedo mover casi los dedos —dijo Tom haciendo un mueca de dolor.

—Estarás varios días sin poder tocar la guitarra —dijo la chica mirando fijamente a la mano del chico que estaba por algunos lados morada, sobre todo por la zona de los nudillos donde había sufrido más impacto.

—Sí… —susurró el chico— No sé que hacer con Laia… Ayer tenía un chupetón en el cuello… y la muy… —se contuvo Tom de decir esa palabra— Me negó desde el principio tener algo con otro chico.

—Tom tienes que tranquilizarte, y pensar más fríamente, y sobre todo no perder los nervios —aconsejó la chica a su amigo— Sino un día de estos acabaras muy mal, y no solo lo digo por ti y por Laia, sino por Jake, es pequeño pero se da cuenta de muchas cosas.

—Lo sé… no quiero que sufra… —dijo con tristeza Tom— Pero la culpa de todo la tiene Laia…

—No sé Tom… pero quizás os vendría bien estar un tiempo separados —aconsejó de nuevo Kayla a Tom.

—Y fracasar como mis padres lo hicieron hace años… No… eso no me lo permitiría. No quiero cometer los mismos errores que mis padres —dijo Tom con preocupación.

—No los cometerás… Eres un gran padre y un gran novio, Tom no te mortifiques más —animó Kayla al chico.

—¿Cómo lo haces con Bill para que todo sea perfecto? —preguntó el chico mientras miraba a los ojos a su amiga.

—Hay mucha comunicación entre nosotros, siempre que surge algún problema lo hablamos para tratar de solucionarlo. A parte que siempre intentamos hacer cosas diferentes para que nuestra relación no sea tan monótona —explicó Kayla al chico.

—No sé en lo que pude fallar con Laia —dijo Tom angustiado.

—Tom no pienses en eso —dijo Kayla de nuevo.

Continúa…

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por Heiligtkt483

Escritora del Fandom

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