Fic hetero de Heiligtkt483
Capítulo 136
LOS ÁNGELES (EE.UU.)
Laia cogió su maleta y sin decir nada más, abrió la puerta para salir al exterior y abandonar la casa, que fue su hogar durante cuatro años. Se acercó al garaje de la casa, y entró en él por una puerta exterior que daba al jardín de la casa. Metió su maleta en el interior del maletero de su Audi R8, para minutos salir irse rumbo a la casa que sería a partir de ahora su nuevo hogar.
Al poco rato, ya había aparcado su coche en un hueco libre que había cercano al edificio donde vivía Erik. Salió de su coche, y se dirigió hacia el maletero de este para coger su maleta. Después se dirigió hacia el portal del edificio donde vivía Erik. Tocó el timbre del telefonillo del piso de Erik, para luego minutos después entrar en el portal. Con paso lento se dirigió hacia la zona de ascensores y entrar en el interior de uno de los ascensores. Marcó en el cuadro de botones del ascensor el piso al que iba, minutos después salía del ascensor en dirección a la puerta del apartamento de Erik, ya estaba la puerta abierta.
—Mi amor… —se acercó Erik a la chica para luego irle a dar un beso. Laia se apartó al instante, mostrando su enfado por el chantaje que este le había hecho— ¿Qué te pasa?.
—Nada… —contestó seria la chica accediendo al interior del apartamento.
—Bienvenida a nuestro nido de amor… —susurró Erik a la chica abrazándola por la cintura y depositarle un beso húmedo en el cuello de la chica— Ahora podremos estar solos…
—Sí… —susurró la chica.
—Hoy podremos estrenar nuestra cama juntos, y demostrarnos todo el amor que nos tenemos —sugirió Erik apretando más el agarre que tenía ejercido sobre la cintura de la chica.
—Sino te importa me gustaría descansar —se excusó la chica ante la petición del chico— He tenido un día bastante duro a Tom le pareció muy mal que le haya dejado.
—Ya se le pasará el enfado… —susurró de nuevo el chico mientras jugaba con un mechón de pelo de que caía revoltosamente sobre el hombro de la chica— Ya encontrará a más mujeres por ahí…
Hacía apenas una media hora que la mujer de su vida había salido por la puerta de su casa, para no volver más. Tom no se podía creer lo que estaba sucediendo en esos instantes en su vida, la chica a la que le había entregado su corazón ciegamente le había abandonado, dejándole solo con el hijo que tenían ambos.
—Papi… —susurró el pequeño bajando por las escaleras que daban al piso inferior, Tom se encontraba arrodillado sobre el suelo del salón, conteniendo la ira que en esos momentos su corazón sentía.
—Jake… Tenemos que hablar, enano —susurró Tom con ojos cristalinos.
—Papi, ¿Qué pasa? —preguntó el pequeño inocentemente— ¿Es por mami?.
—Si… —asintió Tom manteniendo su cara seria y triste— Verás Jake mami ha decidido tomarse un tiempo alejada de nosotros porque últimamente se sentía agobiada…
—Si es por no recoger mis juguetes cuando juego con ellos en mi cuarto, prometo que los recogeré de ahora en adelante —dijo el pequeño Jake sintiéndose culpable por la situación.
—No es eso… —susurró Tom cogiendo a su hijo en brazos para luego sentarse ambos en el sillón. Jake sentado encima de las piernas de su padre— Ahora en adelante vamos a tener que empezar a defendernos sin mami, ella no va a estar durante mucho tiempo… ¿Entiendes?.
—Sí… ¿Es como cuando el papi de Lisa se fue de la casa de su mami? —preguntó Jake a su padre fijando en los ojos de su padre, su mirada infantil.
—Sí… —respondió Tom a su hijo para luego darle un abrazo.
—Papi no estés triste porque mami ya no está con nosotros, yo siempre te querré —dijo el pequeño abrazándose a su padre— Ahora solo tendré besos y abrazos para ti.
Pasaron dos semanas desde que Laia se había ido. La vida rutinaria de Tom era ir al trabajo, cuidar de Jake y encerrarse en su despacho cuando el pequeño ya dormía para ahogar sus penas en el alcohol. Hoy Tom se había levantado temprano, para alistar bien a Jake, ya que hoy irían a comer a casa de su madre como celebración del cumpleaños de esta.
—¿A la abuelita Simone le gustara los regalos que le hemos comprado? —preguntó ansioso Jake a su padre.
—Seguro que si. El tuyo es más bonito que el mio, me pondré celoso —dijo Tom a su hijo revolviéndole el pelo.
—Si, es más bonito —alardeó poniendo celoso a su padre en modo de juego— ¿También estará el primo?.
—Claro que si, estaremos todos y lo pasaremos genial —sonrió Tom.
—¿Y habrá pastel? —preguntó.
—Claro que si, el favorito de todos —respondió.
—¡Bien! Esta vez ganaré a Alex comiendo más, no dejaré que me gane —dijo con tono competitivo.
—Muy bien hijo, demuéstrale de quien es hijo Jake Kaulitz —animó Tom a que su hijo fuera competitivo. Los pequeños de la familia eran exactamente a sus padres, siempre compitiendo por ver quien era mejor que el otro.
Padre e hijo salieron de la casa del Kaulitz mayor, y se dirigieron hacia el garaje para luego subir a su Cadillac Escalade. Tom sentó en la sillita de viaje a su hijo Jake, abrochándolo bien para que estuviera bien agarrado. Después Tom montó y arrancó el coche para ir a casa de su madre. En unos veinte minutos, Tom ya estaba aparcando el coche. Salió del coche y ayudó salir a su hijo. Después ambos se dirigieron hacia la casa de Simone. Tom llamó al timbre, y segundos después Simone abría la puerta.
—Hola hijo —saludó Simone a su hijo mayor, para darle un beso en la mejilla— Jake ven aquí que te doy un beso.
—Hola abuela —sonrió el pequeño a su abuela, acercándose a ella para luego darle un beso— ¿Alex ya está adentro?.
—Sí —Simone sonrió de nuevo a su nieto para luego revolverle el pelo cariñosamente.
—Genial, me voy a dentro —dijo el pequeño para entrar corriendo en el interior de la casa.
—Hijo, ¿Y Laia? ¿No va a venir?—preguntó extrañada Simone a ver que Laia no había venido con ellos.
—Laia y yo lo hemos dejado —respondió Tom a su madre, haciendo que la mujer abriera la boca por el asombro que tenía.
—¿Es una broma, verdad hijo? —volvió a preguntar Simone incrédula.
—No, me ha dejado por otro… —dijo Tom con voz triste.
—Hijo, lo siento mucho —abrazó Simone a Tom para infundirle ánimos— No sabía nada de que lo habías dejado. No sabía que las cosas iban tan mal entre vosotros.
—No quería preocuparte, mamá —dijo Tom a su madre— Nuestra relación empezó a fraguar hace un par de meses, quizás por nuestros trabajos y al no pasar tanto tiempo juntos ha hecho que poco a poco nos fuéramos distanciando. Hasta que finalmente ha ocurrido.
—Lo siento mucho hijo —dijo Simone con voz afligida, y con pena— Se os miraba tan enamorados…
—Yo también lo pensé, mamá —respondió Tom con cierta añoranza— Aun la sigo queriendo, no entiendo todavía como ha sido capaz de abandonarme…
—Será mejor que entremos ya… Tu padre y tu hermano se estarán preocupando porque tardamos tanto —dijo Simone a su hijo.
Madre e hijo entraron en el interior de la casa. En el salón, estaba Gordon hablando con su hijo Bill animosamente, mientras que los pequeños Jake y Alex jugaban alegremente en el salón. Kayla contemplaba como jugaba los pequeños con unos juguetes que había llevado Alex.
—Tom hijo —saludó Gordon a Tom cuando lo vio entrar con Simone en el salón— ¿No has venido con Laia? —preguntó desconcertado.
—Después Tom ya nos explicará porque no vino, más detenidamente ahora será mejor que paséis a la mesa que voy a empezar a servir la comida —interrumpió Simone la conversación, que estaba intentando iniciar Gordon.
Todos se fueron a la mesa, excepto Kayla que fue a ayudar a Simone a servir la comida. Ambas mujeres entraron en el interior de la cocina, y cogieron las fuentes en las cuales estaba distribuida la comida, que había hecho previamente Simone.
—Noto a mi hijo un poco decaído con lo de Laia —dijo por fin la mujer, con cierto tono de preocupación— Tengo miedo que haga alguna locura, lo veo un poco deprimido.
—No te preocupes, Simone —intentó tranquilizarla Kayla— Bill y yo estamos pendientes de él, y procuraremos que no haga ninguna locura. Aunque tengo que reconocer, que ciertamente lo está pasando muy mal, que Laia lo haya dejado lo ha deprimido bastante.
—Pobre hijo mio, y pensar que hace unos meses pensaba que Laia era la mujer perfecta para mi hijo Tom, ahora veo que me he equivocado completamente —volvió a decir Simone— Mala hora que la tuvo que conocer —dijo Simone con rabia, haciendo que Kayla hiciera una mueca— Lo siento cielo, pero Laia no se ha portado muy bien con Tom, después de todo lo que ha hecho por ella.
—Lo sé… —susurró Kayla— Pero no puedo dejar de pensar en Laia, es mi mejor amiga desde que vamos a la guardería, y aunque le ha hecho eso a Tom, no sé… está mal lo que ha hecho, pero sigue siendo mi amiga. Es tan difícil de explicar lo que siento en estos momentos hacia ella…
—Bueno, será mejor que vayamos a servir ya la comida porque van a pensar que nos hemos perdido en la cocina —sonrió Simone a Kayla para desvanecer un poco la tensión vivida en esos minutos que estuvieron en la cocina.
Las dos mujeres salieron de la cocina, para luego dirigirse al salón y empezar a servir la comida en cada plato de los demás comensales. En la comida estuvieron hablando de cosas sin mucha importancia, más que nada casi todo el rato estaban riendo y pendientes de que los niños pequeños comieran, gran parte de su conversación se centro en el trabajo de Tom y Bill. Después de comer los pequeños pedían a gritos la tarta de cumpleaños. Esperaron unos minutos a que los mayores tomaran el café y a la vez sacaron la tarta de la cual todos tomaron un trocito. Jake y Alex como en cada cumpleaños se enzarzaron en una competición de ver por quien comía más pastel. Por mucho que sus padres le dijeran que no más los abuelos les consentían y al día siguiente ambos estaban con dolor de estomago por tomar tanto dulce.
Al terminar el último trozo ambos se fueron corriendo hacia el jardín a jugar a la pelota, tan solo se llevaban casi un año así que eran inseparables y hacían muchas cosas juntos por pasar unidos tanto tiempo. Ellos jugaban y los mayores se quedaron en el salón terminando los cafés y luego empezaron con algo de licor para celebrar.
—¿Qué fue lo que ocurrió con Laia, hijo? —preguntó con insistencia Gordon a su hijo, ya que estuvo durante toda la comida intrigado por no ver a la chica en dicha comida.
—Me ha dejado —respondió Tom sin ningún rodeo.
—¿Pero como ocurrió eso? —preguntó Gordon confuso— Se os miraba tan felices, que me es increíble esta noticia.
—Ella se ha ido a vivir con otro hombre —respondió Tom destrozado— Se ha liado con su fotógrafo. Me ha estado poniendo los cuernos durante estos meses.
—¡Hijo! Lo siento mucho —susurró Gordon con tristeza.
—Quizás Laia no es la persona con la que debería pasar el resto de mi vida —dijo apenado Tom de nuevo.
—No digas eso hijo, tú y Laia estabais muy enamorados no creo que de la noche a la mañana se fuera todo el amor que os sentíais el uno por el otro —dijo de nuevo Gordon.
—Yo la sigo amando con todas mis fuerzas —susurró Tom mientras notaba como sus ojos se humedecían ligeramente— Pero ella ha dejado de amarme, y yo ya no puedo luchar contra eso.
—Pero habrá algo que haga que vuestra relación vuelva a funcionar —dijo Gordon dando ánimos a Tom.
—Yo ya me he cansado de luchar contracorriente. Ya no puedo más —dijo Tom con voz rota.
—Cariño, no sigas presionando de esta forma a Tom —dijo finalmente Simone para dar por concluida la conversación, sobre el tema de Laia, ya que estaba viendo como su hijo mayor estaba sufriendo enormemente.
Siguieron hablando de otros asuntos, sin importancia. A Tom se le notaba triste y cabizbajo, verdaderamente su rotura con Laia lo había afectado muchísimo. Pasadas las horas, ambos hermanos con sus respectivas familias decidieron regresar a su casa. Los dos hermanos se despidieron de su madre y de su padre, y salieron de la casa junto con Kayla y los dos pequeños de la familia Kaulitz.
—Papá, ¿Puedo ir a dormir a casa del tío Bill? —preguntó Jake acercándose a su padre— Es que así puedo jugar un poquito más con Alex.
—Bueno, está bien —respondió Tom a su hijo, dándole su aprobación— Pero solo hoy que pasado mañana tienes que ir al colegio.
—Está bien, papi —respondió Jake a su padre, para luego irse corriendo a junto de su primo Alex.
—Pórtate bien y no hagas travesuras —advirtió Tom a su hijo.
—Sí, ya sabes que soy un santo —respondió Jake poniendo cara de niño bueno.
—Un pequeño diablillo, es lo que eres —sonrió por primera vez Tom en varias semanas al decirle eso a su hijo.
Tom se despidió de su hermano, Kayla, Alex y su hijo Jake para luego montar en su coche. Bill y Kayla colocaron a los pequeños en sus sillitas de viaje en el coche, para después montar ambos en el interior de su coche para irse a su casa.
Tom iba conduciendo solo en el coche, había puesto la música a todo volumen en su coche, mientras seguía conduciendo en dirección a su casa. A su cabeza vinieron imágenes de como Laia lo abandonó, y como la chica días antes tenía marcas en su cuello que habían servido para delatarse a ella misma, haciendo que repentinamente Tom se metiera por un desvío, que daba a otra zona de la ciudad, a una zona donde había grandes locales con música alta, droga y alcohol.
Aparcó el coche en un lugar libre, que había al lado de otro coche. Sacó la llave del contacto y abrió la puerta del coche, para luego salir de este y cerrar el automóvil. Entró en el interior de un local, el cual se dirigió hacia la barra para pedir una copa para beber. Esperó a que un camarero le sirviera su copa, mientras se encendía un cigarrillo y comenzaba a fumárselo con tranquilidad. Poco a poco, la primera copa fue bebida completamente y al rato se pidió una nueva copa. Pagó la consumición y salió del local para luego encenderse otro cigarrillo.
Se acabó de fumarse el cigarrillo, para luego dirigirse a otro local. La música alta inundaba sus oídos, aunque no le afectaba ya que estaba acostumbrado a la música alta por la profesión que desempeñaba. Entró en el interior del local, y se fue a la barra para coger una copa para beber. Luego se dirigió hacia unos sillones, que estaban en una zona más privada, se sentó en ellos y comenzó a beber su copa con tranquilidad mientras fumaba sin parar. Esa noche sería su noche, y ahogaría sus penas en el alcohol y quizás una bella mujer amaneciera en su cama al día siguiente.
—Laia cariño, ¿Te apetece salir a tomar algo a un pub? —preguntó Erik a su novia.
—No me apetece mucho… —respondió Laia a su chico.
—Vaya… la verdad es que he quedado con unos amigos y sus novias, así que no tienes más remedio que venir conmigo —dijo el chico de nuevo a su novia— Así que vete a poner bonita, que quiero presumir de novia.
—¿Y si no quiero ir? —retó Laia al chico.
—Laia no me hagas enfadar… Vete a vestir de una vez —alzó la voz Erik a la chica, haciendo que Laia se fuera a la habitación, para vestirse con algún modelito sexy que lucir en presencia de los amigos de su nuevo novio.
Continúa…
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