It’s just a dream 140

Fic hetero de Heiligtkt483

Capítulo 140

LOS ÁNGELES (EE.UU.)

Al llegar al centro hablaron directamente con el responsable. Tom seguía negándose a internar, pero tanto su hermano como el doctor responsable creyeron que era lo mejor, y más aun siendo una reconocida estrella. Por eso mismo todo quedaría en completo secreto. Bill relleno y firmó los documentos correspondientes haciendo oficial el internamiento de su hermano.

—No puedes hacerme esto Bill —le dijo a su hermano.

—Si puedo y lo he hecho. No saldrás de aquí hasta que el médico lo diga —respondió en tono duro.

—Tengo que cuidar de mi hijo. No puedo dejarlo solo —Bill sonrió de medio lado irónicamente.

—Llevas sin cuidar de tu hijo meses Tom. Piensa que esto lo haces por él. Debes pensar que vas a curarte y volver a tu vida normal, pero para eso tienes que querer hacer esto. Si tu no pones de tu parte, nadie podrá ayudarte. Tú eres el único que puede hacer esto, nadie lo hará por ti —le dio un discurso—Piensa en Jake, solo por él debes intentar y lograrlo. ¿Acaso quieres que tu hijo te tenga miedo? ¿Que no quiera verte nunca más porque eres un borracho apestoso? Él te quiere pero sabe que no estas bien, que no eres el de antes… Tom, solo hazlo.

—Bill… —intentó hablar.

—No Tom, no vas a convencerme que te saque de aquí. Vas a quedarte el tiempo que sea necesario —dio por finalizado.

—¡Escúchame, joder! —gritó— Lo haré, pero prométeme que me visitareis, que traeréis a Jake a verme. Le diréis que estoy bien y le quiero cuando no esté con él por las noches.

—Claro que lo haremos, nadie pretende alejarte de él, todo lo contrario —le tranquilizó.

—Prométemelo —insistió.

—Lo prometo —ambos hermanos se abrazaron— Mañana te traeré una bolsa con ropa. ¿Quieres algo en especial?

—Si, la foto que hay en mi cuarto —pidió.

—Bien. Hasta mañana —se despidieron.

Bill salió de la clínica sin remordimiento alguno, sabía que estaba haciendo lo correcto por su familia. Condujo hasta su casa de nuevo y al entrar todo estaba en silencio, Kayla debía de haber llevado a los dos pequeños al colegio y ahora aprovecharía para hacer algunas tareas.

Hasta el momento que llegará, hizo tiempo colaborando algo en las tareas de la casa. Se puso a ordenar y limpiar la cocina, luego fue a las habitaciones a ordenarlas. En la de su hijo hizo las camas y también recogió los juguetes del suelo.

—Que desastres son… —comentó en voz alta abriendo la ventana para que le diera el aire al cuarto.

Luego fue a su habitación y cambio las sábanas. Seguidamente recogió la ropa del suelo.

—Vaya… no sabia que teníamos un empleado nuevo… —dijo su novia desde la puerta del cuarto, hoy era el día libre de la mujer que ayudaba a limpiar la casa.

—Hola —sonrió abriendo el ventanal de la habitación.

—¿Qué tal con Tom? —preguntó sentándose en la gran cama.

—Se negó a internarse, pero lo hice de todos modos. Al final logré hacerle entender —respondió agolpando en el armario unas chaquetas.

—A ver si es verdad y consigue rehabilitarse —dijo esperanzada Kayla— No es bueno para él, ni tampoco para Jake. Nuestro sobrino lo está pasando muy mal.

—¿Has sabido algo de Laia? —preguntó Bill a su novia, acordándose de que Kayla hacia tiempo que no tenía noticias de ella.

—No… —respondió la chica con preocupación— Hoy cuando venía de llevar a los niños al colegio, la volví a llamar al móvil y me daba que estaba apagado. No sé… pero me estoy empezando a preocupar seriamente por ella. Lleva más de dos semanas sin dar señales de vida, también me extraña que no haya venido a ver a Jake, por muy mal que se lleve con Tom, yo sé que Laia nunca abandonaría de todo a Jake y vendría a visitarlo igualmente.

—Tal vez ya no le importe tanto Jake… —dijo Bill con voz decepcionada— Aún no consigo comprender la actitud de Laia, siempre ha sido una niña con los pies puestos en el suelo, y desde que ha comenzado con el modelaje ha cambiado mucho.

—Lo sé… espero que esté bien y no sea un mal presentimiento que no coja su teléfono móvil —susurró Kayla.

—No te preocupes Kayla —intentó tranquilizar Bill a su chica— Seguro que pronto da señales de vida.

Las semanas fueron pasando, y Tom poco a poco se iba recuperando de su adicción al alcohol. Bill lo iba a visitar todos los días, y en los fin de semana llevaba a Jake para que el niño pudiera estar un poco con su padre, y así Tom se recordará mentalmente porque debía recuperarse, para cuidar de su pequeño hijo. Los dos adultos y el menor se encontraban en la habitación, que le habían asignado en la clínica. Era una habitación bastante grande, con una cama individual con un amplío ventanal que hacía que se iluminará la habitación. Tenía una pequeña mesa, con una estantería donde había varios libros que trataban sobre el tema de la autoestima, y como no caer en la tentación de volver a beber alcohol. Encima de la mesilla había una foto de Tom con Laia, ambos muy sonrientes, y el pequeño Jake. Parecían que era una feliz familia, hasta que todo se desmoronó.

Salió de la habitación, no escuchaba ningún ruido en el interior del apartamento. Respiró hondamente, quizás sería una buena oportunidad para aprovechar para ir a ver su hijo Jake. Laia llevaba más de dos semanas encerrada en el apartamento donde vivía con Erik. En esas dos semanas se había dado cuenta que realmente no amaba a Erik, que a quien verdaderamente quería era a Tom Kaulitz, su único gran amor y padre de su hijo. No sentía ningún aprecio por el chico, ni tampoco ningún tipo de cariño, sobre todo desde el día en que se atrevió a ponerle una mano encima, para luego volverse cada vez más posesivo con ella y celándose del propio aire que respiraba la chica. Laia rechazaba todo tipo de contacto con él, pero el chico cada vez que era rechazado por ella, la comenzaba a golpear para luego forzarla a mantener intimidad con él.

—¿A dónde vas? —preguntó con voz cabreada Erik saliendo del baño en el cual estaba silenciosamente.

—Quiero ir a ver a mi hijo —susurró Laia girándose con miedo al escuchar la voz grave de su carcelero.

—¡Já, tu hijo! —se rió irónicamente Erik cuando Laia dijo eso— Te recuerdo que has perdido el derecho a verlo, desde el día que lo has abandonado. Además no creo que a Tom tengas ganas de verte, después de lo zorra que has sido con él.

—Si lo he dejado fue por tu culpa. Me engañaste como una adolescente —dijo la chica.

—Perdona, pero tú no eras ninguna niña cuando decidiste dejar a Tom y venirte a vivir conmigo —alzó la voz Erik— Así que te quedas en casa, y te vuelves a la habitación otra vez, y da gracias a dios que no te encierro con llave para que no salgas más de esta casa.

—¡Te odio! —dijo Laia mientras unas lágrimas comenzaban a recorrer su rostro— Me he hartado de estar todos los días encerradas, y estar incomunicada —se reveló Laia— Y quieras o no, me voy a ir a ver a mi hijo, se acabó esto ya no quiero seguir contigo. Voy a volver con mi familia, la cual no debí nunca de haber dejado por una persona tan despreciable como tú.

—Ni se te ocurra dar un paso más, porque te las tendrás que ver conmigo —amenazó Erik a la chica.

—Ya no me das ningún miedo… —susurró Laia para comenzar a caminar con paso firme hacia la puerta del apartamento, y poder ir a visitar a su hijo.

No dio dos pasos, cuando Laia sintió como un fuerte tirón de su larga cabellera, le hacía perder el equilibrio, hasta caerse sobre el suelo. Erik la tenía agarrada fuertemente de sus pelos mientras que comenzaba a arrastrarla por todo el piso, para luego meterla en el interior de la habitación.

—Te dije que no ibas a ir a ningún sitio —volvió a repetir Erik mientras seguía tirando fuertemente del pelo de la chica, haciendo que esta cerrará los ojos frunciendo el ceño a causa del dolor.

—Suéltame… —suplicó la chica mientras intentaba deshacerse del agarre del chico— Me haces daño…

—Creo que te voy a tener que hacer entender mis órdenes… —volvió a decir Erik en un susurró a la chica— Sabes… no me gusta que me desobedezcan.

Su cuerpo estaba completamente adolorido. El resplandor de la luna entraba furtivamente sobre el ventanal de la habitación, dándole a entender que ya había anochecido. Se movió de la cama lentamente, haciendo que un pequeño alarido de dolor saliera de su boca. Caminó hacia la puerta de la habitación, debía aprovechar y escaparse, no podía estar más en la casa de alguien tan agresivo con Erik, pero lamentablemente la puerta estaba cerrada con llave. Todas sus esperanzas por salir de ahí, se habían fraguado.

Comenzó a caminar por la habitación, pensando en lo que podía hacer para salir de esta. Después de pensar varios minutos intensamente, cogió un horquilla de su pelo e intentó manipular la cerradura de la puerta para poder salir. Finalmente, escuchó un clic en la cerradura. La puerta se había abierto. Salió con sigilo, procurando que Erik no la viera si estaba en el apartamento. Se dirigió hacia la puerta, al ver que no estaba Erik a la vista, para salir del apartamento. Las manos del chico la rodearon por la cintura, para evitar que saliera de la casa.

—¿Qué pretendías hacer? —preguntó Erik con enfado— Me ibas a abandonar.

—Suéltame quiero irme de aquí —intentó soltarse Laia del agarre del chico.

—No, tú no vas a salir de aquí para que te vayas otra vez con tu ex novio —susurró Erik al oído— Antes te mato…

Erik enfurecido volvió a coger a la chica por los pelos, haciendo que gimiera de dolor.

—¿Qué haces? —gritó Laia llevando sus manos a su propio cabello donde Erik le sujetaba con firmeza.

—¿Qué hago? ¿Te atreves a preguntar? —contestó él sin detener su marcha y los tirones que le daba al pelo de ella.

—Suéltame Erik —rogó ella mientras derramaba lágrimas desesperadas.

—No, tú querías venir a vivir conmigo ¿no? —preguntó, llegó a la puerta de la habitación y la arrojó al suelo con fuerza. Laia se golpeó un costado con la pata de la cama, gimoteando de dolor, pero aun así Erik no la escuchó— Te quieres marchar con ese imbécil de Tom, vas a dejarme aquí solo como tu idiota —gritó Erik, estaba completamente fuera de sí. Laia se apoyó en sus manos para sentarse, intentó limpiarse la cara con la mano, pero Erik llegó antes y le propinó una patada en el brazo haciéndola caer de lado nuevamente.

—Erik basta, solo quiero ver a mi hijo —rogó la chica poniéndose de rodillas.

La golpeó repetidamente, intercalando alguna patada sobre la espalda y el vientre, haciendo que al poco rato cayera al suelo inconsciente. Erik se acercó para comprobar si Laia seguía teniendo pulso, notando que este era muy débil. Entrando en pánico, cogió las llaves de su coche, y alzó el cuerpo seminconsciente entre sus brazos. Debía de quitarse un problema de encima.

—El médico me ha dicho que en dos semanas podrás salir de la clínica —anunció Bill a su hermano, que había ido a visitar.

—Ya tengo ganas de salir de aquí, volver a ver a mi hijo, a mamá, a Gordon, a Kayla y a Alex —sonrió Tom entusiasmado— Tengo ganas de llevar una vida normal. Volver a salir a los escenarios, disfrutar de nuestros fans.

—Con calma hermanito —sonrió Bill al ver tanto entusiasmo por parte de su hermano— Bueno, será mejor que me vaya yendo, ya que le prometí a Kayla que recogería a Alex y a Jake del colegio cuando regresará a casa.

—Está bien… —asintió Tom— La próxima vez que vengas a visitarme puedes traer a Jake.

—De acuerdo —respondió Bill— Hasta el próximo día, hermano.

—Hasta el próximo día, Billy —se despidió Tom de su gemelo.

Bill salió de centro de rehabilitación, donde llevaba varias semanas Tom ingresado. Se dirigió hacia la plaza de parking donde tenía aparcado su coche, para luego entrar en el interior de este y meter la llave en el contacto, para luego arrancar el automóvil y conducir en dirección a la escuela donde su hijo y su sobrino estudiaban. Después de unos veinte minutos, por fin llegó al recinto escolar. Aparcó el coche en un lado de la acera enfrente del colegio, donde había un hueco libre. Después se dispuso a salir del coche, cerrando este con la llave automática del coche. Se dirigió al interior del centro, para esperar a que salieran su hijo y su sobrino.

—¡Papi! —una voz infantil se escuchó salir por la puerta que daba al interior del edificio.

—Alex baja con cuidado las escaleras —salió detrás del niño, su maestra que siempre estaba atenta que los padres de sus alumnos fueran a buscarlos personalmente, no dejando que los menores se fueran con algún extraño.

—Sí, profe —respondió el niño para luego acercase a su padre— Hola papi.

—Hola enano —sonrió Bill cogiendo en brazos a su pequeño hijo, para luego darle un beso muy sonoro su pequeña mejilla.

—Hola señor Kaulitz —saludó la profesora de Alex a Bill.

—Hola señorita Brown —correspondió al saludo de la mujer.

—Hoy le ha tocado venir a buscar a Alex —puntualizó la mujer— Normalmente es su esposa la que viene a buscar al niño.

—Ya… pero como he tenido que ir a hacer unos recados pues he aprovechado a venir a buscar a mi hijo y a mi sobrino —explicó Bill.

—Bueno, os dejo ya. Tengo unas reuniones con varios padres —se excusó la mujer.

—Hasta mañana, profe —se despidió Alex con su voz infantil.

La profesora se fue dejando solos a Bill con su hijo Alex. Ambos estuvieron esperando varios minutos a que saliera Jake de su clase. Al poco rato, el pequeño Jake comenzó a bajar las escaleras hasta llegar a donde estaba su tío y su primo.

—Hola tío Bill —saludó el pequeño a su tío— Hoy no ha venido la tía Kayla a buscarnos a Alex y a mí.

—No, cariño. Tuve que ir a hacer unos recados, y aproveché a veniros a buscar mientras que la tía hacía otras cosas en casa —explicó Bill a los niños.

—Ahhh… —musitó Jake— ¿Has ido a ver a mi papá?. ¿Cuándo podré ir a verlo?.

—El próximo día que vaya a visitarlo te llevaré —sonrió Bill al pequeño— Tu padre tiene ganas de verte.

—Yo también tengo ganas de verle. Lo extraño muchísimo —dijo con tristeza Jake.

Los dos niños junto con Bill salieron del recinto escolar, y se dirigieron hacia donde tenía Bill el coche aparcado. Una vez que llegaron al coche, Bill abrió una de las puertas de los asiento traseros del coche, y colocó a Alex en la sillita de viaje, sujetándolo bien. Luego hizo la misma operación con Jake, para luego cerrar la puerta y sentarse en el asiento del conductor del coche, y meter la llave en el contacto para luego arrancar el coche dirección a casa.

Al llegar a casa los dos niños y Bill se sentaron en el suelo alrededor de la mesita baja del salón. El adulto sacó de un cajón unas hojas impresas y lápices de colores. Bill y Tom habían invertido tiempo en hacer ellos mismos ejercicios varios para potenciar la inteligencia de sus hijos desde temprana edad y casi cada día Bill dedicaba un tiempo a ayudar a los pequeños. Hoy harían unas hojas de colorear las figuras geométricas según el ejercicio pedía. El mayor les leía lo que ponía el enunciado, ya que los niños aun no sabían leer, y ellos debían completar y hacer la tarea.

—El rombo hay que pintarlo de color verde. ¿Qué figura es el rombo? —preguntó Bill.

—Mmm… —musitaron los niños observando las figuras— ¡Este tío Bill! —señaló Jake.

—No. Ese es el cuadrado, pero se parecen mucho —les dio una pista.

—¡Este! —ambos niños señalaron a la vez la figura correcta. los niños se miraron y empezaron a reír.

—Muy bien los dos —felicitó el adulto removiendo los cabellos revoltosamente de los pequeños.

Continúa…

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por Heiligtkt483

Escritora del Fandom

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