Fic hetero de Heiligtkt483
Capítulo 142
LOS ÁNGELES (EE.UU.)
Ambos hermanos salieron de la casa, y se montaron en el coche de Bill. El recorrido hacia el hospital eran unos veinte minutos, así que en poco tiempo llegarían en coche. Tom iba muy silencioso y pensativo durante todo el camino, cosa de la cual se percató su hermano.
—¿En qué piensas Tom? —preguntó Bill al darse cuenta que su hermano estaba demasiado pensativo.
—En Laia… —respondió el chico en un murmullo— ¿Está muy mal?.
—No sé que decirte Tom… —respondió Bill confuso— Yo la he visto muy mal. Está conectada a máquinas que la ayudan a estabilizarse mejor, pero lo que más impresiona son los golpes que tiene patentes sobre su piel.
—¿Quién fue el gilipollas que se atrevió a tocarla de esa forma? —preguntó Tom con ira.
—No sé sabe… —musitó Bill— Hasta que no salga del coma, no se podrá saber quien fue. Laia es la última persona que vio a su agresor.
—Alguna pista o restos de tejidos orgánicos tiene que haber debajo de sus uñas de algún forcejeo de Laia con su agresor, para saber quien fue —insistió Tom desesperado.
—Creo que has visto demasiado CSI —se rió Bill al escuchar a su hermano hablar con esos términos.
—No te rías de mi Bill, que lo digo muy enserio —dijo Tom mirando a su hermano con cara seria— Aunque Laia sea la única que sabe quien fue su agresor, puede haber restos en su cuerpo que mediante una prueba de ADN identifique al culpable.
—En fin… dejemos eso para expertos, querido hermano —dijo Bill dando por concluida la conversación, ya que había entrado en el parking del hospital y se disponía a aparcar el coche en una plaza que había libre en el mismo parking.
Cuando Bill acabó de aparcar el coche, ambos hermanos salieron de este y se dirigieron hacia el interior del hospital. Tom fue siguiente los pasos de su hermano, que sabía en que planta y en que habitación estaba Laia en ese hospital. Llegaron a la zona de ascensores. Bill pulsó el botón de llamada y se puso a esperar junto a su hermano, a que llegara el ascensor. Minutos después accedían al interior de este, para luego Bill seleccionar el número de piso indicado. Al poco rato, los dos hermanos salían caminando por el pasillo adelante hasta llegar a la habitación en la que se encontraba Laia.
—Esta es la puerta de la habitación donde se encuentra Laia —informó Bill a su gemelo— Prefieres que te acompañé adentro o prefieres entrar tú solo.
—Prefiero entrar solo —respondió Tom tragando saliva. Estaba demasiado inquieto y nervioso, por saber el estado de la chica.
—Vale, yo me quedó aquí afuera. En unos minutos entraré yo también para verla —volvió a informar Bill a su gemelo.
Tom abrió la puerta con cuidado, para luego entrar en el interior de la habitación, dejando solo a su hermano en el pasillo. Caminó con lentitud hacia la cama donde estaba postrada Laia, multitud de máquinas le suministraban calmantes, oxigeno, y velaban para que nada malo le pasará mientras que la joven estaba sumida en el coma. Tom pudo observar como la cara de la chica estaba llena de moratones, y como los párpados de la chica aun conservaban un semitono violáceo sobre esos, dando a entender que la joven había sido golpeada en la cara provocando que los párpados se le hincharán, al recibir los golpes.
—Enana… Mi vida… —susurró Tom al ver el estado deploraba en el cual se encontraba la chica, mientras que un nudo se le situaba en el estomago por suma impotencia hacia el agresor de la chica— ¿Quién te ha hecho esto? —preguntó al aire sin obtener respuesta, ya que la habitación estaban en silencio, solo se escuchaba el armonioso pitido de las máquinas que indicaban que todo por el momento estaba bien. Sin ningún cambio— Me daba una absoluta pena verte en este estado. Si me pudieras escuchar… No he dejado ni un momento en pensar en ti… Te amo…
Tom estuvo bastante rato observando a la chica, mientras que le cogía la mano y empezaba a acariciársela mientras seguía hablando con ella aunque la joven no le escuchará. A los pocos minutos, Bill entró en el interior de la habitación, para hacerle una visita a la chica, que seguía inconsciente.
—¿Porqué le ha tenido que pasar esto, Bill? —preguntó Tom a su gemelo mientras no cesaba de acariciarle la mano a la chica.
—Tom no te tortures más… —intentó Bill tranquilizar a su hermano.
—Si la hubiera cuidado más, y haberle prestado más atención quizás no se hubiera ido con ese fotógrafo —respondió Tom— Ahora estaría bien. Volviendo a sonreír junto a mí y a nuestro hijo.
—Tom no podías predecir lo que iba a suceder, fue decisión de Laia irse. Quizás el fotógrafo ese la embaucó con falsas promesas —concluyó Bill.
—¿Me estás diciendo que posiblemente ese fotógrafo de pacotilla esté implicado en lo que le paso a Laia? —preguntó Tom alzando la voz.
—No lo sé Tom… —respondió Bill cansinamente— Solo Laia sabe quien la atacó, pero Kayla piensa igual que yo, desde que Laia está ingresada en el hospital ningún día se ha aparecido para interesarse por su salud —explicó Bill— Eso nos hace pensar que posiblemente tenga parte en eso, pero hasta que Laia no se despierte no se puede acusar a nadie.
—Ojalá que despierte pronto —dijo Tom mirando de nuevo a la chica mientras le acariciaba tiernamente la cabeza— Así sabremos quien ha sido, pero te juro que como vea a Erik por aquí, lo echo de la habitación sin ningún tipo de contemplación.
—Será mejor que no hagas nada tú, si lo ves por aquí informa a seguridad del hospital para que lo saquen. No quiero que te vuelvas a ver implicado en otra pelea —advirtió Bill a su gemelo.
Los dos hermanos estuvieron un rato más con en la habitación con Laia. Más tarde decidieron regresar a casa, porque ya era tarde y total Laia no daba muestras de reaccionar a algún estimulo ni nada. Ambos hermanos salieron del hospital, para luego montarse en el coche de Bill y dirigirse a la casa que tenía Bill. Cuando llegaron, Kayla ya estaba preparando la cena para los niños, ya que al día siguiente tenían que ir a la escuela. Los gemelos aprovecharon para cenar algo junto con los pequeños, al igual que Kayla. Después Tom acompañó a los niños a su habitación y les estuvo leyendo un cuento mientras que Kayla y Bill tenían un momento de intimidad y calma.
Los días fueron pasando, y Tom cada día iba a visitar a Laia al hospital. No se separaba ni un minuto de ella, deseaba con todas sus fuerzas que esos ojos azules que tanto le habían cautivado cuando la chica apenas era una adolescente, volviera a abrirse y a verle. Todos los días rezaba, para que la chica volviera en sí, pero no había ningún resultado positivo. Los médicos habían empezado a pensar, que quizás la chica no recuperaría jamás la consciencia, haciendo que Tom día a día se fueran desesperando más e irritándose más. Tanto era así que Bill y Kayla tenían miedo, de que el chico volviera a caer en su adicción al alcohol.
Era un viernes por la mañana, Bill y Tom se habían levantado temprano. Como rutina diaria, Tom solía ir al hospital a hacerle compañía a Laia que aún seguía inconsciente. Hoy, Bill acompañaría a Tom al hospital, para ver a Laia, y de paso entre los dos hablar con los médicos para que les pudieran informar sobre la situación de la chica. Entraron en la cocina, donde Kayla estaba preparando el desayuno. Los pequeños ya estaban preparados para ir al colegio, solo les faltaba desayunar. Después Kayla los llevaría en su coche al colegio, mientras que Tom y Bill iban al hospital. Cuando los dos gemelos acabaron de desayunar, se despidieron de Kayla y de los niños, poniendo la excusa de que iban al estudio de grabación, ya que los niños no sabían nada de que Laia estaba en el hospital. Se montaron, esta vez, en el coche de Tom y se dirigieron hacia el hospital.
Minutos después, Tom estaba aparcando el coche en el interior del parking exterior que poseía el hospital. Después se bajaron del coche, y los dos hermanos se fueron al interior del hospital. Caminaron por los pasillos llenos de gente, hasta que llegaron a la zona de los ascensores. Llamaron al ascensor y segundos después el ascensor abrió las puertas, para que Tom y Bill entraran. Los dos hermanos entraron en el interior del ascensor para luego tocar en el piso donde se encontraba la habitación de Laia. Al poco rato, salieron del ascensor y se dirigieron con paso decidido a la habitación de Laia, encontrándose a los médicos y varias enfermeras en el interior, que impidieron el paso.
—¿Qué ha pasado? —preguntó Tom asomándose por la puerta de la habitación.
—Señor, espere afuera —una enfermera echó de la puerta a Tom— Un médico os informará después, de que acabemos aquí.
Tom y Bill se miraron con cara impaciente y desconcertada, querían saber que es lo que realmente ocurría. Después de varios minutos esperando afuera, por fin salieron varios médicos de la habitación de Laia acercándose a junto de Tom y Bill.
—Buenos días —saludó el médico a Tom y a Bill.
—Buenos días, doctor —respondió Tom.
—¿Qué ha ocurrido, doctor? —preguntó Bill preocupado por Laia.
—De eso vengo a hablaros —respondió el médico con expresión feliz— La paciente Laia Alonso ha reaccionado por fin.
—¡¿Enserio?! —preguntó Tom incrédulo.
—Sí, ha salido del coma en el que estaba sumido pero ahora se encuentra un poco desorientada —siguió explicando el médico— Le haremos en los próximos días pruebas para ver si ha tenido alguna lesión interna que no tengamos constancia.
—¿Ha recordado quien fue su agresor? —preguntó Tom rápidamente.
—No hemos tenido ocasión de preguntarle por el momento. La chica se siente muy desorientada y no queremos que el estrés por las preguntas le haga tener una recaída —explicó el médico a los chicos— Os aconsejo que por el momento no le hagáis ningún tipo de preguntas para no inquietarla.
—No se preocupe, doctor. Eso haremos —respondió Bill ante la petición del médico.
—Ahora debo irme a atender a otros pacientes —se despidió el médico de los chicos.
Los gemelos se quedaron solos en el pasillo. Tom comenzó a caminar hacia la habitación de Laia, que ya se había quedado vacía, pero Bill le paró antes de que pudiera entrar en el interior de la habitación.
—Tom será mejor que entré yo primero —dijo Bill a su gemelo— No sabemos como va a reaccionar si te ve, así que primero entró yo y después de comprobar como está pues te llamó para que entres tú.
—Yo quiero ver a Laia —suplicó Tom.
—Espera un poco, ahora vuelvo —respondió Bill para luego asomarse por la puerta de la habitación.
Laia se encontraba tumbada en la cama, observando la amplía ventana que hacía que hubiera bastante luminosidad en la habitación. Bill entró cerrando la puerta tras de sí, Laia al escuchar que la puerta se cerraba se giró para ver si era alguna enfermera que viniera a suministrarle algún medicamento.
—Hola… —saludó Bill en un susurro.
—¿Qué haces aquí? —preguntó Laia en un susurro inaudible y con confusión, sintiendo como su boca estaba completamente seca sin que pudiera salir decentemente un hilo de voz.
—Me alegro de que ya hayas despertado —respondió Bill acercándose a la chica— Kayla y yo no nos hemos separado de ti durante estas semanas, que has estado inconsciente.
—Gracias, pero no quiero que por mi culpa Tom se enfade contigo o con Kayla —susurró la chica.
—Tom no se va a enfadar, Laia —sonrió el chico a la chica— También no se ha separado de ti durante estos días.
—¿Está afuera? —preguntó Laia esperanzada, quería ver al amor de su vida y pedirle perdón, pero ella dudaba de que Tom le fuera a dar su perdón.
—Sí… —respondió Bill a la chica— ¿Quieres verlo?.
—No… —dijo la chica con un susurro amargo— Después de lo que le hice no querrá verme ni en pintura, prefiero mantenerme alejada de él.
—Está bien… —susurró Bill con tristeza— Bueno enana, tengo que irme y de paso le digo a Kayla que te venga a ver que ya estás consciente. Le va a dar mucha alegría la noticia.
Bill se despidió de Laia, y salió de la habitación. Tom estaba ansioso y entusiasmado afuera esperando a poder entrar, cuando vio a Bill su corazón le dio un vuelco. Laia quería verlo.
—¿Quiere verme? —preguntó Tom entusiasmado a su gemelo.
—No… —susurró Bill a su hermano.
—¡¿Cómo que no quiere verme?! —preguntó Tom extrañado y con algo de shock.
—Tom… —intentó calmarlo Bill— Me dijo que se siente culpable por haberte dejado, que tiene vergüenza de verte a la cara por eso me ha pedido que te dejará entrar.
—Yo quiero verla, quiero decirle que lo que paso entre nosotros hace un par de meses no lo tengo en cuenta —dijo Tom con sinceridad— Yo la quiero…
—Será mejor que esperes unos días, a ver si así Kayla convence a Laia para que te vea y no sienta remordimientos —intentó convencer Bill a su hermano.
—Está bien… —susurró Tom cabizbajo.
Los dos hermanos se volvieron a casa. Le dieron la noticia a Kayla de que Laia se había despertado del coma, haciendo que la chica se pusiera muy feliz. Por la tarde sin falta iría a visitarla. Mientras tanto Tom y Bill volvieron al estudio de grabación, para acabar de componer unas canciones para el nuevo disco que iban a sacar. Simone se haría cargo de los niños, los cuales iría a buscar al colegio.
Llegada la hora Kayla condujo hacia el hospital, se alegraba de volver a ver y hablar con su amiga, y por supuesto no dudaría en darle una charla cuando su salud fuera más estable. Al llegar se dirigió inmediatamente a la habitación. Dio unos leves toques a la puerta y sin esperar después entro con una sonrisa en su rostro y unas flores para la habitación y darle algo de alegría.
—¿Cómo está la bella durmiente? —trató de sonar amistosa y alegre.
—Kayla… —susurró con alegría Laia al ver a su amiga entrar por la puerta de la habitación.
—Hola Lai, ¿Cómo te encuentras? —preguntó de nuevo Kayla a la chica.
—Como quieres que me encuentre. Me duele todo el cuerpo, estoy completamente magullada —se quejó Laia— Tampoco siento las piernas.
—¿Has informado al médico de eso que te pasa en las piernas?—preguntó Kayla con preocupación.
—Sí, me han dicho que puede ser por el tiempo que llevo sin moverme estando en coma —explicó Laia a la chica— También me han dicho que si sigo sin sentir nada en las piernas, que me harán pruebas.
—Bueno, yo pienso que deberían de hacerte las pruebas igual, no vaya a ser que después se tarde —dijo Kayla con algo de preocupación a la chica para luego quedarse ambas en silencio— Voy a poner las flores en agua en el jarrón para que no se marchiten —rompiendo el silencio que se había formado en ese momento en la habitación.
—Está bien… —susurró Laia para luego quedarse mirando otra vez el ventanal de la habitación, por donde entraba bastante luz.
—Bill me ha dicho que no quieres ver a Tom —comentó Kayla a Laia mientras acababa de poner las flores en el jarrón— ¿Porqué no quieres verlo?.
—Se me cae la cara de vergüenza después de lo que le hice. No me siento digna de volverle a mirar en la cara, ni tampoco de recibir su atención —respondió Laia bajando la mirada abrumada y apenada.
—Laia… —susurró Kayla— Tom quiere verte, no sabes tú las horas que paso al lado tuya mientras estabas inconsciente. No se ha separado ni un minuto de tu lado esperando a que abrieras los ojos.
—No quiero la compasión de Tom… —susurró Laia— Cuando salga del hospital me iré a España de nuevo, a comenzar una nueva vida.
—¿Y tu trabajo de modelo? —preguntó Kayla preocupada— No puedes dejarlo. No te puedes ir a España…
—No voy a seguir trabajando de modelo —dictaminó Laia— Ya nada me une aquí, para seguir viviendo aquí. Así que cuando salga del hospital me iré.
—¿Qué va ser de Jake? —preguntó Kayla a su amiga— Eres su madre, no vas a abandonarlo de nuevo. Es un niño todavía, necesita que sus padres estén juntos y que le quieran.
—Jake estará bien con su padre, conmigo no estaría bien. No me siento capacitada para cuidarlo —respondió Laia a su amiga.
—Vas a hacer una locura de la que te arrepentirás —dijo Kayla mirando a la chica con seriedad.
—Mi vida desde hace cuatro años, ya ha sido una locura —respondió Laia a su amiga.
Continúa…
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