Fic hetero de Heiligtkt483
Capítulo 143
LOS ÁNGELES (EE.UU.)
—Lo siento, pero no voy a quedarme de brazos cruzados sabiendo que te quieres ir —dijo Kayla con el ceño fruncido— Cuando regrese a casa, le voy a informar a Tom sobre tu decisión.
—Ni se te ocurra decirle algo —amenazó Laia a su amiga.
—Me importa un pimiento lo que me digas —respondió Kayla ante las amenazas de su amiga— Se lo voy a decir igual. A ver si así, viene a verte y hace que te vuelva la cordura.
—No voy a ceder aunque Tom se pongan tonto —respondió Laia con vehemencia.
Las dos amigas se quedaron en silencio. Un silencio incomodo que cortaba como unas cuchillas. Más tarde, Kayla decidió regresar a casa, y así poder explicarle a Tom lo que había sucedido con Laia. Aunque la chica se pusiera pesada no iba a dejar que su única y mejor amiga la abandonara dejándola sola en Los Ángeles. Kayla aparcó el coche en el interior del garaje de la casa unifamiliar, que compartía con su novio Bill, para luego salir del interior del coche y acceder a la casa por una puerta interior que había en el garaje. Kayla apareció en el salón, Bill y Tom ya estaba en casa, más tarde irían a buscar a los niños a su casa de su madre.
—¿Qué tal está Laia? —preguntó Tom nada más al ver a su amiga entrar por la puerta.
—Bueno, dice que le duele el cuerpo y no siente las piernas… —informó Kayla a los chicos.
—¿Ha informado a los médicos de lo que le ocurre? —preguntó Bill con preocupación a su novia.
—Sí, le dijeron que podía tener las piernas atrofiadas de haber estado tiempo quieta cuando estuvo en estado de coma —explicó la chica a su novio y a su cuñado— Pero lo que me inquieta es que Laia quiere volverse a España después de que salga del hospital.
—¡¿Qué dices?! —preguntó Tom incrédulo— Es una broma, ¿verdad?.
—No, Tom hablo muy enserio —respondió Kayla al chico.
—Pero… —dijo confundido Tom— ¿Qué va a hacer con su carrera de modelo?. Todos los contratos que le han hecho durante estos años, son de aquí en Los Ángeles.
—Va a dejar de modelar —volvió a responder la chica— No quiere seguir trabajando de modelo.
—No… eso no se lo voy a consentir… —dijo fuera de sí, Tom— No voy a permitir que me aleje de mi hijo, si eso es lo que pretende.
—Tom… Laia no se va a llevar a Jake —dijo Kayla en un tono cansino— No se siente capacitada para cuidar de Jake, dice que tú eres mejor padre que ella, por eso te va a ceder la custodia.
—La verdad es que Laia se ha vuelto completamente loca, pensando eso —dijo Tom molesto— No voy a permitir que se marche de aquí. Cuando salga del hospital se vendrá a vivir a nuestra casa.
—Por más que intentes convencerla no lo va a hacer —dijo Kayla al chico, ya que sabía como era de cabezona su amiga.
—Eso lo veremos. Soy Tom Kaulitz, siempre consigo todo lo que quiero —dijo con enfado Tom para dirigirse hacia la entrada de la casa, cogiendo su cazadora y sus llaves del coche.
—¿A dónde vas? —preguntó Bill a su hermano.
—Al hospital a hacerla entrar en razón —dijo Tom cerrando la puerta, no dejando a Bill acabar de hablar.
—Se va a liar una muy gorda en el hospital. Laia no va a ceder, y mi hermano es tan cabezón como ella —dijo Bill con voz cansina a Kayla— Mi hermano no se va a dar por vencido fácilmente.
Tom se subió a su coche, para luego conducir de forma rápida pero segura hacia el hospital. Una vez que llegó al hospital, aparcó el coche el parking privado que poseía el hospital para gente importante, para luego dirigirse hacia el interior del hospital. Entró en el ascensor, que ya estaba abierto con varias personas en su interior, y pulso el número del piso al que iba a ir. El ascensor fue haciendo varias paradas dejando a varias personas, quedando Tom solo en el ascensor. A los pocos segundos, ya se encontraba saliendo del ascensor en dirección a la habitación donde se encontraba Laia.
—No voy a permitir que te vayas a España, ¿Me has oído? —entró enfurecido Tom en la habitación haciendo que Laia se sobresaltará, ya que estaba medio dormida.
—¿Tom qué coño estás haciendo aquí? —preguntó la chica con algo de irritación.
—Kayla me ha dicho que te quieres volver a España, en cuanto salgas del hospital. No lo voy a permitir —volvió a decir Tom con tono serio y enfadado.
—Por mucho que trates de convencerme, no te voy a hacer caso —se encaró Laia al chico.
—Es una locura la que vas a hacer —siguió Tom hablando para intentar convencerla— ¿Adonde vas a ir cuando este en España? Te recuerdo que tus padres no quieren saber nada de ti.
—Supongo que ya ha llegado la hora de intentar una reconciliación con ellos, y bueno, sino resulta sabré arreglármelas sola. No soy una niña de diez años —dijo Laia con indiferencia a Tom.
—Laia por dios… no quiero que te marches. Te quiero junto a mi en nuestra casa, intentando volver a ser la pareja de enamorados que fuimos tiempo atrás —volvió a insistir Tom.
—Lo siento… pero no me siento bien conmigo misma, te he fallado, y me da vergüenza volver a nuestra casa como si nada hubiera pasado. Lo siento, Tom pero la decisión está tomada, tan pronto como salga del hospital me volveré a España —informó de nuevo Laia al chico.
—Eres una cabezona… —dijo Tom sentándose en una silla que había al lado de la cama de Laia, ya que en toda la discusión había estado de pie.
—Tú también eres un cabezón —respondió Laia al chico— Por más que te digo que me voy a ir, tú te empeñas en llevarme la contraria.
—Solo quiero tu bien —susurró Tom a la chica.
—Si tanto quieres mi bien, déjame irme. No te molestaré más —dijo la chica fijando sus ojos en los ojos color miel del chico.
—No puedo dejarte ir, aún te sigo amando —susurró Tom a Laia— Por favor, Laia…
—Tomi… Lo siento… pero haberte sido infiel me hace sentirme como una mierda —bajó la mirada Laia— Me equivoque… Estos dos meses fueron los peores de mi vida…
—¿Erik te ha tocado? —preguntó Tom con cuidado, dado que el médico le había advertido de que no hicieran preguntas atosigando a la chica.
—Sí… —titubeó con miedo Laia— Fue horrible, me tuvo encerrada durante semanas después del día que tú te peleaste con él en el pub aquel. Se volvió demasiado posesivo, tenía celos hasta del aire que respiraba. Hasta que decidí que era hora de dejarlo, de dejar de lado ese sin vivir, pero él me lo impidió me golpeó hasta que perdí el conocimiento…
—Hijo de puta… —dijo Tom con ira— Si le vuelvo a ver le parto la cara…
—No, Tom… por favor —suplicó la chica con miedo— No quiero que tome represalias contra mi.
—Laia mi vida… Tienes que denunciarle —insistió Tom a la chica.
—No… si me voy fuera del país no me hará daño —dijo la chica con temor.
—Laia no lo vas a arreglar yéndote, él puede buscarte en cada rincón —dijo con miedo Tom.
—Tengo mucho miedo Tomi… —dijo la chica sintiéndose desprotegida.
—Tranquila mi pequeña, nada te pasará si permaneces a mi lado —respondió el chico acariciando dulcemente la cara de la chica con su mano— No te dejaré sola en ningún momento… ¿Quieres que me quedé esta noche contigo?.
—Tienes que regresar a casa… —respondió un poco inquieta Laia. Sabía que en cualquier momento Erik regresaría para acabar su trabajo.
—Llamaré a Bill para avisarle que pasaré la noche aquí contigo —dijo con vehemencia Tom— No me iré tranquilo sabiendo que ese loco pueda volver a hacerte daño, por haberte dejado sola en la noche.
—Gracias Tomi… —sonrió aliviada la chica.
Tom cogió su móvil y llamó a su hermano para avisarle que esa noche se quedaría con Laia en el hospital. Más tarde, cuando una auxiliar vino a traerle la cena a Laia, este ayudó a dársela, ya que la chica no se podía mover bien. Seguía sin sentir las piernas.
—Esto no es normal, que no sienta las piernas —se quejó Laia una vez que acabó de cenar, mientras que Tom la miraba atentamente— El médico me ha dicho que puede ser que tenga atrofia muscular por haber estado tanto tiempo sin moverme en la cama, pero no siento sensibilidad.
—Mañana cuando venga revisarte de nuevo insístele —comentó Tom a la chica— Tal vez si le cuentas todo esto, te haga algunas pruebas para ver lo que realmente te pasa.
—Hoy por la mañana cuando estuvo, ya se lo comenté —explicó la chica— Pero parece que no me toma enserio.
—Tranquila, hablaré yo personalmente con él, cuando venga mañana —dijo Tom tomando el control de la situación.
—Gracias… —susurró la chica— A veces te comportas como si fueras mi padre. Siempre tan atento conmigo.
—Eso es porque me preocupo por ti, y quiero que estés bien —sonrió Tom a la chica— Ahora será mejor que descanses, e intentes dormir un poco. Yo velaré por tus sueños —dijo Tom mientras arropaba bien a Laia con las sábanas, y luego depositaba un tierno beso en la frente de la chica— Que tengas dulces sueños, princesa…
—Buenas noches, Tomi —susurró la chica cerrando los ojos, ya que estaba empezando a quedarse dormida.
Tom apartó la bandeja de la cena, poniéndola en otro sitio donde no molestará. A los pocos minutos, la auxiliar, encargada de recoger la bandeja, tocó la puerta para entrar con sigilo para así evitar que Laia se despertará, para coger la bandeja. Le deseo buenas noches a Tom, y salió de la habitación. Tom se acomodó en el sillón que había al lado de la cama de Laia, tapándose sus piernas con una manta fina que estaba destinada para los acompañantes de los pacientes. Se puso a trastear en su móvil, mientras que intentaba que el tiempo se fuera pasando un poco. Le tocaría pasar una noche intensa y cansada, ni siquiera había probado bocado, pero no quería dejar sola a Laia para ir a buscar un sándwich a la cafetería que pudiese llevarse a la boca. Rezó para aguantar toda la noche, hasta que Laia se despertará, entonces se iría a tomarse un desayuno completo a la cafetería del hospital.
Tom estuvo velando los sueños de Laia durante toda la noche. A eso de las siete de la mañana antes de que Laia se despertará, o que la enfermera le viniera a suministrar la medicación con el cambio de turno. Tom le envió un mensaje al móvil a su hermano Bill, pidiéndole por favor si podía acercarse al hospital, que cuando llegará ya se lo contaría, pero que no quería dejar sola a Laia, que él tenía que ir a desayunar algo, ya que no había cenado el día anterior, y sentía como sus tripas se movían y sonaban. Sobre las ocho y cuarto de la mañana, Laia ya se había despertado ya que le había llevado el desayuno, y la joven estaba tomando con hambre su desayuno, mientras que Tom contemplaba como lo hacía. Bill entró en la habitación para hacer el relevo a su hermano.
—Buenos días Tom —saludó Bill a su hermano acercándose a ellos— Buenos días Laia ¿Qué tal has amanecido hoy?.
—Bien —respondió la chica risueña con un brillo especial en los ojos— ¿Qué temprano has venido hoy? ¿Kayla te ha tirado de la cama?.
—No, pero he madrugado para hacerte compañía mientras Tom aprovecha para ir a desayunar algo e irse a asear —respondió Bill a la chica— Durante la mañana seré tu niñero, después por la tarde vendrá Kayla.
—Y por la noche vendré yo nuevamente —respondió Tom a la chica— No te dejaremos sola en ningún momento.
—Gracias, chicos —sonrió Laia ruborizándose un poco al sentirse afortunada de verse rodeada de unas personas tan amables y tan cariñosas. Ahora en esos momentos se sentía querida, cosa que en los dos últimos meses no era así.
—Bueno será mejor que me marche ya, mi estomago no para de moverse y hacer ruidos —dijo Tom a su hermano y a Laia— Nos vemos en la noche princesa.
—Hasta luego Tomi —se despidió Laia del chico.
—Bill te encargo que la cuides, como le pase algo en mi ausencia la culpa la recibirás tú —amenazó Tom de broma para luego cerrar la puerta e irse del hospital.
Laia y Bill se quedaron solos en el interior de la habitación, sin saber mucho que decir. Bill se sentó en la silla, que había ocupado Tom minutos antes, contemplando como la chica terminaba de tomar su desayuno. Minutos después, una auxiliar entraba en la habitación para recoger la bandeja del desayuno, para luego irse de la habitación dejando solos de nuevo a Bill y a Laia.
—¿Cómo te encuentras? —preguntó Bill a la chica.
—Moralmente me siento una mierda, y físicamente un tanto de lo mismo —respondió Laia al chico.
—Bueno ya poco a poco irás mejorando —dijo Bill con esperanza.
Las horas fueron pasando, y pronto llegó Kayla a hacerle una visita a Laia. Bill se despidió de su novia y de su amiga, para luego regresar a casa junto a Tom, ya que estaba descansando para ir después por la noche.
—Hola Laia —saludó Kayla a su amiga sonriente— Ya me ha dicho Tom, que os habéis reconciliado finalmente y que no te vas a ir a España.
—Tom suele ser muy cabezón, cuando quiere conseguir algo —sonrió Laia a la chica.
—Él está perdidamente enamorado de ti —dijo la chica con obviedad— Él solo quiere que estés bien.
—Lo sé… —susurró apenada Laia— He cometido muchos errores de los que me arrepiento. Nunca debí abandonar a Tom, y dejarme llevar por un hombre que lo único que quería de mí era tenerme controlada. No me dejaba llamarte, ni siquiera ir a ver a Jake. Cada vez que me oponía a lo que me decía, siempre me pegaba y la última vez… juro que me mataría. Tengo mucho miedo Kayla, y si se presenta en algún momento aquí, e intenta volver hacerme daño.
—Cielo, tienes que poner una denuncia contra él —insistió Kayla a la chica— Es la única manera que te sentirás de nuevo segura. A parte, Tom no se apartará ni un momento de tu lado. ¿Lo sabes, verdad?.
—Tengo miedo de que después tome represalias contra mí, si lo denuncio —dijo agitada Laia mientras de sus ojos salían unas lágrimas.
—Laia cuanto antes ese desgraciado esté entre rejas mejor, después ya no tendrás porque preocuparte más —intentó animar Kayla a su amiga.
Los ánimos de Laia mejoraron al escuchar las palabras de su amiga. Ella sabía que Tom la protegería de ese sujeto, y lo mejor que podía hacer era denunciarlo y desvincularse completamente de ese desgraciado. Las horas fueron pasando, y Kayla se tenía que ir pero no quería dejar sola a Laia, ya que la chica tenía miedo a quedarse sola. Al cabo de unos minutos, Tom entró por la puerta de la habitación de la habitación de Laia. Pasaría toda la noche con ella haciéndole compañía.
—Bueno cielo, me tengo que ir —se comenzó a despedir Kayla de su amiga— Te dejo en buenas manos —sonrió viendo de reojo a Tom.
—Ya… —sonrió Laia mirando al chico, que estaba concentrado mirando una revista que había llevado.
—Adiós Tom, ya me voy… —se despidió Kayla de su cuñado.
—Hasta mañana Kayla —se despidió Tom de la chica.
Kayla salió de la habitación, dejando a solas a Tom y a Laia. En seguida, un silencio ensordecedor inundó toda la estancia. Laia se sentía un poco tonta, ya que no sabía que hablar con Tom. El chico la miraba con buenos ojos, y con una inmensa ternura.
—¿Qué tal has pasado las horas sin mi? —preguntó el chico mostrando un poco de egocentrismo.
—Bien —sonrió Laia— Kayla me ha hecho muy buena compañía.
—Te traje esta revista, por si la quieres leer —Tom le tendió la revista que tenía en la mano.
—Gracias —Laia cogió la revista para echarle una visual rápida, y luego ponerla encima de la mesilla que tenía al lado de cama— ¿Cómo está Jake? —se atrevió a preguntar la chica a Tom.
—Extrañándote —respondió Tom— Quiere que su mamá vuelva a su casa junto a su padre. Es igual de extrañón que yo. Yo te extraño demasiado.
—Tom… —susurró Laia.
—No digas nada mi niña… —cortó Tom a la chica mientras acariciaba tiernamente la mejilla sonrosada de Laia, mientras sus ojos se miraba deseosos porque sucediera algo entre ellos.
Continúa…
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