It’s just a dream 144

Fic hetero de Heiligtkt483

Capítulo 144

LOS ÁNGELES (EE.UU.)

Tom miró intensamente a la chica a los ojos. Lentamente, se fue acercando hasta que sus labios rozaron los labios de la chica. Tímidamente, comenzó a mover sus labios, haciendo que poco a poco entrará en juego la lengua de ambos. Laia colocó sus manos alrededor del cuello del chico, mientras ambos intensificaban y pronunciaban más el beso. Cuando la respiración casi les faltaba, se separaron para mirarse tímidamente.

—Lo siento… —susurró Tom apenado— No debió de ocurrir.

—No te preocupes, ha sido un impulso —susurró Laia bajando la cabeza tímidamente.

—No quiero que las cosas se precipiten —susurró de nuevo Tom— No quiero perderte de nuevo por algún error que cometa inoportuno.

—Tomi… —musitó la chica mirando a los ojos a Tom, mientras sus ojos azules se aguaban un poco— Nunca te dejé de querer, me comporte como una niña adolescente dejándote, y yéndome con Erik pero con él no era feliz. Tú siempre has sido mi felicidad, y ahora que casi te pierdo me he dado cuenta de todo. No quiero alejarme nunca más de ti.

—Lo sé… princesa —acarició Tom las mejillas de la chica, para luego darle un beso en la frente y abrazarla contra él, dándole apoyo y cariño.

Los días fueron pasando, Laia seguía internada en el hospital, ya que le estaban haciendo pruebas para saber porque no tenía sensibilidad en las piernas. Tom en todo momento no se separó de ella, para que la chica se sintiera más protegida, ya que aún tenía miedo de que Erik se presentará en el hospital e intentará hacerle daño. Tom había salido un momento para hablar con los médicos, que trataban a Laia. La chica se había quedado unos minutos sola en el habitación.

—¡Vaya! ¡Vaya! —una voz inconfundible inundó la habitación.

—¿Q-Qué haces aquí? —tartamudeó la chica al ver al chico que había entrado en la habitación.

—He venido a ver que tal está mi novia —respondió descaradamente el chico— Cuando te den el alta, nos podemos ir de viaje si quieres…

—No… —susurró Laia con el pavor en sus ojos— Vete de aquí…

—No me voy a ir querida niña —sonrió el chico retorcidamente para ir acercándose lentamente hacia la chica.

Erik se acercó a la chica sigilosamente. Agarró bruscamente a Laia por la cabeza, para luego besarla con brusquedad, mientras que Laia comenzaba a revolverse intentando que Erik la soltará y quitara sus sucias manos sobre ella.

—Quita tus sucias manos sobre mi —exigió la chica al fotógrafo.

—Me perteneces, así que vete haciéndote la idea de que cuando te den el alta vendrás a vivir otra vez conmigo —dijo Erik sin entender razones.

—Suéltame —volvió a decir la chica nuevamente— Vete de aquí, o si no…

—¿Qué vas a hacer Laia? —preguntó el chico agarrando a Laia por los cabellos— ¿Me vas a denunciar? No te conviene, sino te tendrás que atener a las consecuencias —susurró amenazante Erik.

—No te tengo miedo… —titubeó un poco Laia.

—Claro que me tienes miedo, lo noto en tu mirada —respondió Erik mirando penetrantemente a Laia— Además estás temblando como un corderito a punto de ser degollado.

—Suéltame Erik o te vas a arrepentir —volvió a decir Laia al chico.

—NO HAS ESCUCHADO QUE TE DIJO QUE LA SUELTES —la voz de Tom inundó la habitación— Creo que Laia ha sido suficientemente clara.

—¡Vaya! ¡Vaya! Mira quien está aquí. El abogado de almas en pena —se mofó Erik al ver a Tom entrar en la habitación.

—Suéltala —exigió de nuevo Tom con voz seria y neutra— Sino lo haces me veré obligado a llamar a los de seguridad para que te saquen de aquí a patadas.

—Lo siento pero he venido a buscar a mi novia —dijo con voz triunfante Erik.

—Laia no se irá a ningún lado contigo. Ella no quiere irse contigo, ¿Es que no lo entiendes? —dijo Tom con tono enfadado.

—Claro que lo hará, sino quiere que publique unas fotos comprometidas de ella —dijo amenazante a Erik.

—Si hablas por las fotos de Laia desnuda, ya lo sé… —respondió Tom con semblante serio— Así que no tienes que molestarte en amenazar a Laia, es más si las publicas te denunciaremos por calumnia y difamación de la intimidad de Laia. Ahora te exijo que te vayas, o llamaré a seguridad.

—Me la pagarás Kaulitz —dijo Erik con mirada desafiante al chico, para luego salir de la habitación dando un portazo.

—¿Cómo sabías lo de las fotos? —susurró avergonzada Laia.

—Me lo dijo Kayla, hace tiempo cuando la situación entre nosotros iba mal por culpa de él —explicó Tom a la chica.

—Ahora me odiarás por eso… —susurró apenada la chica.

—No… —se acercó Tom a la cama, para luego sentarse en el asiento que había al lado— Te tengo una buena noticia… —sonrió tiernamente el chico.

—¿Cuál? —preguntó Laia confusa.

—El médico ya te va a dar el alta —sonrió Tom a la chica— Me ha dicho que ahora solo hay que esperar a que baje la inflamación, y después deberás empezar a hacer rehabilitación para así poder comenzar a andar cuanto antes. Ya no tendrás que estar aquí todo el día en la habitación aburrida. En casa estarás bien, y mejor cuidada.

A los dos horas el médico se presentó en la habitación, para hacerle la última revisión, con los papeles del orden del alta. Laia firmó el consentimiento de que aceptaba el alta. El médico se encargó de darle todo los papeles de su historial, y le dijo que ya la llamarían para hacer rehabilitación en una semana más o menos. Después se fue despidiéndose de Tom. Al poco rato, llegó Kayla al hospital con una bolsa de viaje, donde traía algo de ropa para Laia. Tom fue a buscar una silla de ruedas para poder trasladar a Laia al coche de él, que estaba aparcado en el parking del hospital.

—Tendremos que comprar una silla de ruedas —sugirió Kayla a Tom mientras que ambos caminaban llevando a Laia en la silla de ruedas del hospital.

—Sí, cuando lleguemos a casa me acercó a una tienda donde venden material ortopédico para comprar una —respondió Tom ante lo que había dicho Kayla.

—No hace falta… —dijo Laia intentando quitar hierro al asunto.

—Laia vas a necesitar la silla quieras o no, sobre todo para los primeros días, mientras no empieces la rehabilitación y mejores —explicó Kayla a su amiga— ¿Cómo pretendes moverte en casa?.

—Ya me las arreglaré… —susurró la chica con cabezonería.

—Será mejor que de paso que vamos a casa Tom, paremos a comprar una silla de ruedas para Laia —dijo la chica a su amigo.

—Sí, tienes razón. Creo que será más práctico comprarla de camino a casa, que después así evitamos que Laia tenga que estar sentada en el sillón y no se pueda mover —comentó el chico— Y no quiero que te pongas cabezona señorita, porque vamos a comprarla ahora mismo.

—Está bien —se rindió Laia.

Los tres jóvenes caminaron por el pasillo largo, de la planta donde había estado ingresada hasta ahora Laia, para llegar a la zona de ascensores. Kayla llamó al ascensor, y a los pocos minutos las puertas de este se abrían ante ellos. Tom dirigió la silla de ruedas hacia el interior del ascensor, para luego Kayla entrar. Marcaron en el cuadro de botones de los pisos, en piso cero. Segundos después se encontraban ya saliendo del ascensor, para dirigirse a la salida. Una oleada de personas se agrupaban en el exterior del hospital, algo no iba bien.

—¡¡Mierda!! —exclamó Tom al percatarse del bullicio que había en el exterior— ¿Es que no pueden dejarnos tranquilos? —se quejó el chico.

Salieron del interior del hospital, intentando esquivar a los periodistas y fotógrafos que querían saber alguna primicia. Tom los miraba con cara de mala leche, intentando apresurar el paso para así evitar que Laia tuviera un mal trago.

—¿Laia es cierto que estás embarazada de nuevo? —preguntó un periodista sin sentido. Laia no pronunció ninguna palabra, siguió en silencio.

—Se rumorea que has sido golpeada por tu nueva pareja, ¿Es verdad? —volvió a insistir otra periodista.

—Kayla, ¿Tú y Bill tenéis pensando aumentar la familia? —insistió otra vez una periodista.

—¿Tenéis planes de boda tú y Bill? ¿Tom te vas a volver a reconciliar con Laia? —preguntó rápidamente otra periodista— ¿Qué hay de tu adicción al alcohol?.

—No vamos a declarar nada, así que dejarnos en paz. Por favor… —dijo Tom amablemente intentando no perder los estribos. Finalmente consiguieron salir de la marabunta de periodistas, y poco a poco se fueron alejando de ellos caminando hacia el coche, que les esperaba en el parking.

Cuando llegaron a donde estaba el coche, Tom abrió la puerta trasera del coche, para luego coger en brazos a Laia haciendo muestra de sus brazos musculados y trabajados. Laia sintió como una sensación rara inundaba su cuerpo, y como un calor recorría su cara. Se ruborizó al instante al sentir como el aliento de Tom rozaba su rostro. Una vez que Tom la colocó bien en el asiento, se dispuso a ponerle en cinturón de seguridad. Kayla ya se había sentando en el asiento del copiloto, y puesto también el cinturón de seguridad. Tom subió al coche, y minutos después salían del hospital. Como había dicho Kayla durante el camino, Tom paró en un centro de ortopedia para comprarle una silla de ruedas a Laia, mientras que Kayla se quedaba cuidando de la chica. A Tom solo le llevó unos minutos comprarla, para luego salir del comercio y meterla en el interior del maletero, para luego continuar el camino hacia la casa de ellos.

El interior del coche iba en silencio, que fue interrumpido por Kayla cuando puso la radio para escuchar un poco de música. La chica se había dado cuenta de la tensión que se había formado, y quiso limarla un poco poniendo música. Después de varios minutos de trayecto por fin llegaron a la urbanización donde tenían sus correspondientes casas los gemelos Kaulitz. Tom aparcó y Kayla bajó del interior del coche, para sacar la silla de ruedas. Laia estaba sentada aún en el interior del coche, Tom abrió la puerta y después la cogió en brazos para luego posarla sobre la silla de rueda. Finalmente, Kayla cogió la bolsa de las pertenencias de Laia que le habían llevado durante el tiempo que la chica se encontró en el hospital. Accedieron al interior del jardín de la casa de Bill, Tom llevaba a Laia en la silla de ruedas, mientras que Kayla iba al lado de ellos dos hablando. Cuando se situaron al lado de la puerta de la casa, Kayla sacó las llaves de su bolso y abrió la puerta, para luego Tom y Laia entrar en el interior de la casa.

—¡Mami! —exclamó la voz infantil de Jake cuando vio entrar a su madre por la puerta— Te extrañé mucho. ¿Qué te ha pasado? —preguntó el pequeño al darse cuenta que Laia estaba sentada en una silla de ruedas.

—Mamá está malita… —se agachó Tom a la altura de su hijo para hablarle más cercanamente— Así que a partir de ahora tienes que ser muy buena con ella, y cuidarla mucho.

—¿Seré como tú cuando cuidas de ella? —preguntó el niño mirando a su padre— Entonces ya soy un niño grande.

—Sí, enano. Te encargó que cuides mucho de tu mami —dijo tiernamente Tom al niño para luego acariciarle cariñosamente la punta de la nariz.

—Cuidaré mucho de ella, y no le dejaré que haga cosas malas —dijo Jake mirando a su madre con el ceño fruncido haciendo que los mayores presentes en la casa, irremediablemente se echaran a reír por la situación— Me vas a tener que hacer caso sino te daré en el culo.

—Tampoco te pases Jake —dijo Tom de nuevo a su hijo— Recuerda que mami está malita.

—Está bien —asintió el pequeño— Mami te cuidaré mucho.

—Ven aquí —dijo Laia para luego coger a su hijo en brazos, y sentarlo sobre sus piernas y darle un fuerte abrazo— Te extrañé muchísimo.

—Yo también… —susurró el pequeño— Quiero que papá y tú estéis de nuevo juntos, y que no volváis a pelear.

—Papá y yo no nos volveremos a separar —sonrió Laia mirando a su hijo, mientras que Tom miraba de reojo la escena—¿Qué has hecho todo este tiempo, cariño?.

—He estado aquí en casa del tío Bill, viviendo durante unas semanas. Ahora papá también vive aquí… —respondió el niño honestamente.

—¿Porqué has estado viviendo aquí? —preguntó confusa Laia al niño— Tom se supone que Jake debería de estar contigo, no con Bill.

—Papi estaba enfermo… —respondió Jake bajando la cabeza, al notar que su madre estaba enfadada por haber dicho eso— El tío Bill dijo que era mejor que me quedará aquí con ellos, mientras papi se ponía bien.

—¿Estuviste enfermo, Tom? —preguntó Laia confusa al chica— Un momento, esos periodistas cuando salimos del hospital…

—Laia será mejor que dejemos pendiente la conversación para más tarde —cortó a la chica, evitando que contará más de la cuenta, ya que el pequeño Jake no sabía que su padre hacía un par de meses había sido un alcohólico— Ahora me gustaría estar tranquilamente con mi familia.

—Está bien… —susurró Laia.

Tom acercó a Laia hacia la zona de los sillones en el salón, para luego sentarse en un sillón individual. Kayla y Bill se sentaron en el sillón grande, mientras los pequeños de la familia jugaban entre ellos sonrientemente. Tom se veía contento, y de vez en cuando miraba de soslayo a Laia con ojos enamorados. En sus ojos podía mostrar una devoción hacia Laia, que aunque la chica hubiera cometido el acto más impuro de todo el universo, Tom nunca dejaría de amarla, por el simple hecho de que le había entregado su corazón hacia unos años, cuando finalmente se rindió a los encantos de la chica. Bill abrazaba a Kayla alegremente, mientras que tímidamente, se daban algún que otro arrumaco. Se respiraba amor y felicidad en la casa del gemelo menor Kaulitz.

—Me alegro de que por fin estés de nuevo en casa —dijo Bill a Laia— Te extrañamos mucho pequeña.

—Yo también os extrañé… —susurró Laia con cierta pena— Lamento haberme comportado de una forma tan estúpida, y dejarme manipular por otras personas. Vosotros sois mi familia, nunca debí de alejarme de vosotros.

—Eso es agua pasada para nosotros —respondió Bill quitándole importancia al asunto— Ahora cuidaremos de ti.

Más tarde, Kayla con Bill se fue a hacer la cena, mientras que Tom se quedaba con Laia en el salón, observando a los pequeños de la familia Kaulitz jugar. Cuando la cena estuvo casi lista, Tom ayudó a Bill a poner la mesa mientras que Laia melancólicamente observaba a los niños. Se sentaros todos a cenar, excepto Laia que ya estaba sentada en una silla de ruedas, y comenzaron a degustar el plato que había preparado Kayla. Cuando acabaron, Kayla y Bill recogieron los platos, mientras que Tom se llevaba a los niños a la habitación para que se acostarán a dormir. Laia se quedó viendo un poco la televisión. Minutos después, Tom bajaba por las escaleras para ir a buscar a la chica, y subirla en brazos a la habitación donde dormían.

—La vengo a llevar a sus aposentos, princesa mía —dijo Tom a la chica con un brillo especial en los ojos, que mostraban mucha ternura.

—Oh Tom… —dijo la chica divertida al chico— Ha quedado muy de época la frase.

—Lo sé… pero eres mi princesa, ¿o no? —dijo el chico cargando entre sus brazos a la chica, haciendo que Laia se agarrará a él, apoyando sus manos en el cuello del chico.

—Sí… —susurró Laia ruborizándose al volver a sentir ese cosquilleo en el estomago, que hacia tiempo que no sentía. La llama del amor volvía a resurgir de sus cenizas, como un ave fénix.

Continúa…

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por Heiligtkt483

Escritora del Fandom

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