It’s just a dream 145

Fic hetero de Heiligtkt483

Capítulo 145

LOS ÁNGELES (EE.UU.)

Lentamente fueron subiendo las escaleras con cuidado, ya que Tom no quería caerse por las escaleras con Laia en brazos. Los brazos fornidos y musculados se tensaron agarrando con cuidado la cintura de la chica, y las piernas. Minutos después entraban en el interior de la habitación, que ocupaba Tom desde que Bill le había obligado a trasladarse a la casa, para luego depositar a Laia cuidadosamente sobre la cama de matrimonio que poseía la habitación.

—Esta noche dormirás bien —se aventuró a decir Tom a la chica— Yo velaré por tu sueño. Kayla te ha dejado este pijama —comentó el chico abriendo el armario para luego acercarle a la chica el pijama— ¿Podrás ponértelo tu sola?.

—Tom no soy una invalida… —respondió la chica sintiendo como los ojos tristes del chico se clavaban en ella— Vale, estoy un poco impedida pero eso no implica que no sepa valerme por mi misma.

—Está bien… —asintió el chico— Voy un momento al baño —anunció el chico entrando en una puerta continua que había en el interior de la habitación, y así dejar un poco de intimida a Laia para poderse desnudar y ponerse el pijama.

Tom entró en el interior del baño, dejando sola a Laia en la habitación. La chica con un poco de dificultad se intentó levantar de la cama y así poderse desnudar para ponerse el pijama, pero pronto cayó como un peso muerto sobre el suelo. Intentó levantarse haciendo fuerza con sus brazos pero las piernas no le respondían. Con frustración se dejo caer sobre el suelo. Se sentía una inútil.

—Cielo santo, Laia —dijo Tom nada más salir del baño acercándose a la chica lo más rápido posible— ¿Qué te ha pasado? —Tom cogió en brazos a la chica para volverla a poner sobre la cama.

—Intenté levantarme para poderme desnudar, pero las piernas me han fallado. No tengo fuerza en las piernas —respondió Laia con desesperación, ya que se sentía como un saco de patatas el cual tiraron al suelo, sin poder moverse.

—Tranquila, no te desesperes —trató de calmar Tom a la chica— Cuando comiences con la rehabilitación, ya verás como mejoras notablemente y comenzarás a caminar.

—Tengo miedo Tom… —dijo asustada Laia— ¿Y si no vuelvo a recuperar la movilidad en las piernas?. No quiero ser una carga.

—No lo serás, me has escuchado —dijo Tom agarrando con sus manos la cara de la chica, para que esta lo mirará— Sé que estás en una situación muy difícil, pero la superarás. Eres una chica fuerte y sana, y muy luchadora. No te vas a dar por vencida fácilmente.

—Me siento una inútil… —volvió a decir la chica.

—No te quiero volver a escuchar decir eso —dijo Tom con cierto enojo— Ahora será mejor que te ayude a ponerte tu pijama, y después nos acostemos a dormir ha sido un día muy agotador, y necesitas descansar.

Tom ayudó a la chica a ponerse su pijama, y luego la tumbó en la cama, para luego arroparla con las sábanas y mantas que cubrían la cama. Tom se desnudó bajo la atenta mirada de Laia, quedándose con sus bóxers. Luego se metió en el interior de la cama, acercándose a Laia para abrazarla y así hacer que la chica se sintiera más reconfortada, más protegida. Laia se aferró al cuerpo del chico, y lentamente fue cerrando los ojos. Tom acariciaba cariñosamente el cabello de la chica, haciendo un masaje relajante y tranquilizador. A los pocos minutos, ambos estaban completamente dormidos. Habían sido unas semanas muy intensas de estar en el hospital, y ahora lo único que necesitaban era recuperarse y coger fuerzas para lo que se les venía encima. La pronta recuperación de Laia.

Los rayos del sol iluminaron la habitación, haciendo despertar a Tom. El chico abrió los ojos y se encontró con Laia dormida plácidamente sobre su pecho desnudo. Le pareció un sueño hecho realidad, ya que hacia cerca de dos meses que no tenía ningún tipo de acercamiento con la joven, y ahora la tenía entre sus brazos durmiendo como un bebé. El joven acarició con ternura la dulce cara de la chica, para luego depositar un beso en cabello de la joven. Se movió ligeramente, procurando que Laia no se despertará para luego irse a dar una ducha rápida y vestirse. Hoy sería un día un poco ajetreado, quería acompañar a Laia a la comisaría de policía para poner la denuncia contra Erik, y así la joven pudiera estar más tranquila, sin que el chico la acechara.

Entró en el interior del baño, que poseía la habitación para luego despojarse de su bóxers. Se metió en el interior de la ducha, para luego abrir la manguera e ir graduando el agua poco a poco hasta que finalmente comenzó a salir caliente. Lentamente el agua fue mojando el cuerpo desnudo de Tom. El chico cerró los ojos intentándose relajar. Los últimos días no habían sido muy fáciles, ya que había pasado largas horas en el hospital haciendo compañía a Laia, día y noche, y eso se le estaba pasando factura. Su cuerpo estaba más cansado, así que la ducha le estaba relajando los músculos, para renovarlo de energía. Cuando salió de la ducha, se secó con la toalla, para luego anudársela alrededor de su cintura, y salir a la habitación para acabar de ponerse su ropa. Al salir a la habitación, Laia ya estaba despierta tumbada en la cama.

—Buenos días —dijo sonriente Tom, para luego acercarse al armario y coger una muda de bóxers limpia— ¿Qué tal has dormido?.

—Bien —respondió la chica que parecía un poco nerviosa.

—¿Qué ocurre? —preguntó el chico al darse cuenta que Laia estaba un poco inquieta.

—Te puedo hacer una pregunta —susurró dubitativamente Laia.

—Si —asintió Tom.

—¿De qué estuviste enfermo? —preguntó finalmente Laia, haciendo que Tom se tensará un poco al escuchar la pregunta— Jake dijo que tuvo que pasar varias semanas viviendo con Bill, porque tú estuviste enfermo.

—Hace unos meses lo pase muy mal. Tú me habías dejado, y sentí que mi vida no tenía sentido, así que busque la opción más fácil —respondió Tom avergonzado.

—¿Qué opción fue? —preguntó Laia con miedo.

—La más rastrera de todas, la que me hizo olvidarme de mis problemas sin darme cuenta que descuidaba a mi pequeño hijo —respondió Tom— Me di a la bebida, pasaba las horas encerrado en casa con mi fiel amiga, mi botella de alcohol. Estaba todos los días completamente irritado, gritaba a Jake incluso a Bill hasta que un día, se hartó y decidió que eso no era forma de vivir. Me obligó a meterme en un centro de rehabilitación de alcohólicos para dejar de lado mi adicción. Durante dos meses lo pase fatal, tuve que alejarme temporalmente de Jake que quedó al cuidado de Bill y de Kayla.

—Lo siento… No quería causar tanto mal —respondió entre susurros Laia, sintiendo como sus ojos se empezaban a aguar— A todas las personas que quiero, les he hecho daño por mis estupideces —volvió a decir la chica con culpabilidad— Me siento tan mal, por todo lo que tuviste que pasar. Lo siento…

—Ahora no es tiempo de lamentarse, sino de mirar para un futuro mejor —respondió Tom intentando calmar a la chica— De los errores se aprenden, yo aprendí de los míos y tú también has aprendido de los tuyos.

—Lo sé… —susurró Laia observando como Tom se acercaba al armario, para coger una muda de ropa interior limpia, y se quitaba la toalla que rodeaba su cintura, mostrando su desnudez. Laia se sonrojó al instante al observar el cuerpo bien formado del chico, sintiendo una eminente vergüenza.

Tom se acabó de vestir, para luego acercarse a Laia. La joven había estado todo el rato concentrada mirando las sábanas de la cama, para no estar viendo como Tom se vestía. Sentía una vergüenza extrema, propia de sus años de adolescencia cuando recién empezaba a salir con Tom.

—¿Qué te ocurre? —preguntó Tom al percatarse de que Laia estaba embobada mirando las sábanas de la cama.

—Nada… —respondió la chica con una ligera timidez, mientras que un rubor cubría su mejillas poniéndolas sonrosadas— Solo que ya me desacostumbré a verte desnudo.

—No debería de darte vergüenza, nos conocemos desde hace cuatro años y ya me has visto muchas veces desnudo —dijo el chico sentándose en la cama al lado de la chica.

—Lo sé… pero han cambiado muchas cosas entre nosotros —respondió la chica levantando su mirada azul, para clavarla sobre los ojos color miel del chico.

—Deja de torturarte, Laia —susurró el chico agarrando las manos de la chica— Yo ya te he perdonado hace tiempo…

—Tomi… —susurró la chica con ojos aguados de nuevo, para luego abrazarse al chico sintiendo el calor de su piel sobre su cuerpo. Aspirando el aroma cálido del cuerpo de Tom— Te quiero…

—Yo también te quiero… —susurró Tom mientras jugueteaba con un mechón de pelo de la chica, con sus dedos revoltosamente.

Los dos jóvenes se separaron pero no pudieron evitar acercase de nuevo, para comerse a besos. Unos besos que eran desesperados, cargados de pasión y deseo. Tom profundizó el beso abriéndose paso con su lengua, entre la boca de la chica, mientras que sus lenguas comenzaban una batalla campal. Instintivamente Tom fue tumbado a la chica sobre la cama, quedándose él encima de ella. Sus manos expertas comenzaron a explorar de nuevo el cuerpo de la chica, que en ese momento tenía el pijama puesto. Subió su mano por dentro de la camiseta del pijama, tocando su vientre para ir subiendo poco a poco por el estomago hasta llegar a unos de los pechos de la chica. El roce de los dedos, hicieron que Laia resoplará, sentía un leve cosquilleo. Tom estaba completamente excitado, en cambió Laia sentía una sensación rara en su cuerpo, sobre todo por cerca de sus pechos. La piel de sus brazos se había vuelto piel de gallina.

Tom se comenzó a sentirse apretado en su zona, una notoria erección se estaba haciendo presente. Laia con sus dedos juguetones, palpó la creciente erección, haciendo que Tom gimiera. Con torpeza, comenzó a desabrocharle el botón para luego deslizar la cremallera, dejando más suelto el pantalón. Después Tom se despojó de su camiseta, mostrando su torso desnudo y musculado. Acto seguido bajó los pantalones del pijama de Laia, para luego ayudar a la chica a sacarse la parte de arriba, quedando sus pechos al descubierto. Tom besó el cuello de Laia, para luego ir bajando por la clavícula, y pararse en uno de los pechos en el cual se deleitó. El chico fue haciéndose hueco entre las piernas de la chica, las cual separó con sus brazos fuertes y musculados. Estaba dispuesto llevar hasta el final.

—Tom… —musitó la chica con cierta agonía— Para… —rogó la chica siendo mirada por los ojos penetrantes del chico— Deberíamos de dejarlo aquí…

—¿Porqué? —preguntó confuso el chico— Acaso no deseas volver a sentir el roce de piel.

—No es eso… Solo que no tengo sensibilidad… —explicó la chica abrumada— No me siento excitada ahí abajo. Tengo toda mi parte baja dormida.

—Está bien… —susurró el chico apartándose de la chica, para luego coger sus bóxers y ponérselos, para seguidamente acabar de vestirse. Su semblante era serio, como si estuviera molesto.

—Lo siento, Tom… —se disculpó la chica con una tremenda culpabilidad— Soy un estorbo…

—No lo eres… —susurró Tom relajando su ceño fruncido— Algún día Laia volverás a poder caminar, y tus piernas volverán a tener sensibilidad. No te des por vencida.

—Y si la rehabilitación no me hace ningún efecto, y tengo que estar toda mi vida condenada a una silla de ruedas —cuestionó Laia reflejando el temor en sus ojos.

—Pagaré el más costoso tratamiento para que vuelvas a caminar, sino funciona la rehabilitación —dijo Tom con decisión— No nos vamos a rendir.

—Yo ya he perdido todas las esperanzas —confesó Laia.

—Será mejor que te vistas —concluyó Tom no quería seguir discutiendo sobre ese tema. Le cabreaba muchísimo que Laia se infravalorará y pensará en cosas negativas— ¿Quieres que llame a Kayla para que te ayude?.

—No… —respondió la chica— ¿Te importa si me ayudas tú a vestirme?.

—Claro —asintió el chico.

Guiado por Laia, Tom se acercó al gran armario que había en la habitación, y cogió unos pantalones vaqueros, una muda de ropa interior, unos calcetines, una camiseta color azul claro y una chaqueta de lana. Luego se acercó a la chica, y colocó la ropa sobre la cama. Laia se puso el sujetador y la camiseta para luego ponerse los calcetines y la ropa interior con un poco de dificultad. Tom agarró a la chica, para que esta pudiera subirse los pantalones y no perder el equilibrio. Cuando Laia acabó de vestirse, la acercó hasta el baño para peinarse y lavarse la cara. Después Tom cogió en brazos a la chica, y la bajó al salón para tomar el desayuno. Una vez abajo, Laia se puso sobre la silla de ruedas que le era más fácil para moverse.

Kayla y Bill ya estaban sentados en la mesa con el desayuno servido. Los niños también estaba levantados, ya que tenían que ir al colegio, así que se despertaron temprano para desayunar. Kayla los acercaría al colegio, mientras que Bill tenía que ir a la discográfica a hacer unas gestiones. Tom y Laia aprovecharían a ir a la comisaría de policía para poner una denuncia contra Erik.

—¿Hoy me acompañaréis al colegio? —preguntó Jake a Tom y a Laia.

—Lo siento cariño. Mamá y yo tenemos que ir hacer unas gestiones —respondió Tom a su hijo— Hoy te llevará la tía Kayla, aunque después podemos ir a buscarte a ti y a tu primo cuando salgáis del colegio.

—¿De verdad? —preguntó dudoso el niño.

—Sí —asintió Tom al niño.

—Me haríais un gran favor Tom —respondió Kayla— Después tengo que ir a la discográfica para concertar unas reuniones, y me sería imposible ir a buscar a los niños, salvo que pospusiese eso.

—No te preocupes Kayla —tranquilizó Tom a la chica— Laia y yo nos encargaremos de los niños.

Acabaron de desayunar, Kayla cogió a los niños para irles a llevar en coche al colegio. Bill se marchó en su otro coche, quedándose solos Tom y Laia en la casa. Minutos después, Tom salía de la casa con Laia, llevando a la joven en la silla de ruedas hacia el Cadillac Escalade que poseía el chico. Tom cogió en brazos a la chica, y la colocó en el asiento del copiloto, ayudándole a ponerse el cinturón de seguridad. Después volvió sobre la silla de ruedas, y la plegó para luego meterla en el interior del maletero. Finalmente se metió en el interior del coche, para conducir en dirección a la comisaria de policía.

Tardaron una hora en ser atendidos. Cuando por fin los atendieron, Laia le explicó al oficial de policía lo que le había dicho a Tom, días atrás, poniendo la denuncia formalmente contra Erik. También alegó que la había golpeado en varias ocasiones, y se encontraba en esa situación, en sillas de ruedas, por una paliza que le dio Erik en la cual estuvo en coma varios días. El oficial de policía anotó minuciosamente la declaración de la chica, para luego hacérsela firmar, para que quedará hecha formalmente la denuncia. El policía garantizó a Laia que en unos días tendrían detenido al sujeto.

Minutos después, Laia y Tom salieron de la comisaría. Tom subió a la chica en el coche, para luego volver a meter la silla de ruedas en el interior del maletero. Después montó en el coche, para dirigirse a la casa. Dos horas después, los dos jóvenes iban a buscar al colegio a su hijo y a su sobrino.

—¡Papi! —dijo emocionado Jake cuando salía por la puerta del colegio, y pudo ver a sus padres esperándolo. Hacía tanto tiempo que sus padres no iban a recogerlo, que había pensado que en realidad no iban a ir a recogerlo— Has venido, pensé que no ibas a venir.

—Hijo te hice una promesa, y las promesas no se rompen —respondió Tom cogiendo al pequeño en brazos— Ahora vamos a esperar por tu primo Alex, que ya debe estar por salir.

Continúa…

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por Heiligtkt483

Escritora del Fandom

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