It’s just a dream 146

Fic hetero de Heiligtkt483

Capítulo 146

LOS ÁNGELES (EE.UU.)

A los pocos minutos, el pequeño Alex salía de su aula y aparecía por la puerta del colegio. El niño al ver a su tío Tom junto con su primo Jake y su tía Laia se acercó a ellos. Tom al ver a su sobrino, lo cogió en brazos para darle un beso, como minutos antes había hecho con su propio hijo.

—Hola tío Tom —dijo el niño sonriente— Hoy me he portado bien en el colegio. He hecho todas las fichas, y no he ido detrás de las niñas de clase para levantarles las faldas.

—Sin duda podrías haber sido hijo mío. Tu padre no se comportaba así de pequeño —respondió Tom cuando escuchó al niño— Sin duda los dos pequeños de la familia Kaulitz se parecen mucho a mi —dijo orgulloso mientras que Laia ponía los ojos en blanco.

—Tom no te eches flores anda —dijo Laia divertida mientras sonreía dulcemente.

—Hacía tiempo que no escuchaba tu risa —respondió el chico viendo embobado a Laia, como si fueran unos adolescentes enamorados.

—Debemos regresar a casa —recordó Laia al chico— Jake y Alex tienen que ir a comer, y se les va a pasar la hora.

Los dos adultos se acercaron con los niños al Cadillac Escalade de Tom. El chico sentó a los pequeños en sus sillitas de viaje, para luego colocar a Laia en el asiento del copiloto, y volver a meter la silla en el maletero. Luego montó en el coche, y arrancó en dirección a la casa de su hermano gemelo, donde comerían. Una vez que llegaron Tom primero sacó la silla para sentar a Laia, y después bajó a los niños. Juntos entraron en el interior de la casa, para luego preparar la comida para que los pequeños comieran.

Los días fueron pasando, y Laia poco a poco iba cogiendo confianza en si misma. Ya sabía manejar bien la silla de ruedas, y se movía sin ningún problema por toda la casa. Ahora ya no se sentía acechada, sobre todo desde que la policía le comunicó que habían detenido a Erik en el aeropuerto, ya que el joven estaba dispuesto a salir del país para eludir a la justicia. Las cosas volvían a su cauce, y parecía que las dos parejas eran felices. Tom y Laia se habían vuelto más unido, y disfrutaban cuando podían de momentos a solas.

El despertador sonó a las ocho de la mañana, Laia dormía plácidamente en la cama mientras que sentía la respiración cálida de Tom sobre su cuello. Hoy deberían de ir al hospital, a hacer una revisión rutinaria a Laia, para ver si la inflamación de su columna había bajado, y así empezar con ejercicios de rehabilitación para que la chica pudiera caminar lo antes posible. Laia ya se había acostumbrado a su vida en silla de ruedas, y cada menos se sentía inútil. Prueba de ello, era cuando su hijo Jake le pedía que la subiera con ella en la silla para hacer carreras por el salón de la casa, mientras que el pequeño Alex los seguía con una bicicleta pequeña.

—Tom… despierta —susurró Laia tratando de despertar a su novio.

—¿Qué pasa? —preguntó el chico medio dormido, colocándose bien en la cama para seguir durmiendo.

—Tienes que llevarme al hospital —respondió la chica moviendo ligeramente el cuerpo del chico para que se despertará de una vez— Tengo que ir a revisión en el médico.

—Ah si… —rápidamente el chico se levantó para ir a lavarse al baño, que había en la habitación.

Laia se montó en la silla de ruedas, y se fue al armario para elegir que ropa poner ese día. Cuando Tom salió de la ducha, Laia ya estaba media vestida. El chico acabó de vestirse, y luego ambos bajaron al piso de abajo para desayunar algo. Habían puesto un monta cargas en las escaleras para que Laia pudiera moverse con más movilidad en toda la casa. La mesa del salón ya estaba con el desayuno servido. Kayla y Bill hablaban tranquilamente mientras desayunaban. Segundos después, Laia y Tom se incorporaban a desayunar con ellos.

—Hoy tienes revisión con el médico —dijo Kayla a su amiga— Ojala que puedas empezar la rehabilitación, para si recuperarte pronto y comenzar a caminar —deseo Kayla esperanzada.

—Sí, yo también lo espero —respondió Laia con un poco de más humor— Aunque me he acostumbrado a estar en sillas de ruedas, me gustaría volver a caminar y correr por ahí.

—Lo harás muy pronto amiga —le dio ánimos Kayla a la chica— ¿A qué hora tenías cita con el médico?.

—A las nueve y media —respondió Laia para luego dar un sorbo a su café con leche, mientras saboreaba una tostada con mermelada— Estoy tan impaciente de tener buenas noticias.

—Será mejor que no apuremos, un poco en desayunar —dijo Tom metiendo prisa a la chica— Aún tenemos que buscar aparcamiento cuando lleguemos al hospital, además que no quiero que periodistas molestos nos toquen las narices. Ya me llegó la otra vez, cuando saliste del hospital.

—No es para tanto, Tom —sonrió Laia— Los periodistas estaban haciendo su trabajo.

—A cuenta de destapar nuestra intimidad —respondió el chico.

—Tom eres un personaje público, quieras o no siempre vas a estar perseguido por periodistas y fotógrafos —dijo la chica a su novio— Eso ya no se puede cambiar.

—Lo sé… —susurró el chico.

Minutos después, ambos estaban saliendo de la casa para dirigirse a su coche e irse al hospital. Tardaron alrededor de unos minutos, y Tom tuvo que dar varias vueltas y maniobras para encontrar sitio donde aparcar en el parking privado del hospital, ya que a esa hora de la mañana ya había coches aparcados de gente que iban al hospital, y también del propio personal que trabajaba en el hospital. Una vez que aparcaron adecuadamente, Tom salió del coche y sacó la silla de ruedas del maletero de este para luego sentar a Laia en ella. Los dos se dirigieron al interior del hospital.

Una vez dentro del hospital, se fueron a la zona de las consultas. En la sala de espera había otras personas, que esperaban a ser atendidas. Laia y Tom se quedaron en un lado de la sala esperando a que llamaran a la chica para ser revisada. Pasada una hora, Laia aún seguía esperando, minutos después por fin salió el médico que atendía a la chica, y la llamó. Tom acompañó a su novia al interior de la consulta.

El médico comenzó a revisarla, para ir anotando las mejorías que había notado en ella. También le preguntó a Laia si sentía algo cuando le tocaba en las piernas, para comprobar si tenía sensibilidad. Laia le respondió que sentía un pequeño cosquilleo en la pierna. Después le mandaron a hacer unas radiografías para poder ver si aún estaba inflamada la parte de la columna. Cuando acabaron de hacerlas se fueron a la sala de espera, para luego ver los resultados. Minutos después volvían a entrar en el interior de la consulta del médico. Laia estaba nerviosa, tenía miedo que lo le dijera el médica fuera para mal, y que no tuviera solución lo que padecía.

—Vamos a ver… —susurró el médico observando atentamente las radiografías, que había hecho Laia minutos antes— Parece que la inflamación ha bajado considerablemente, por eso ahora tienes un poco de sensibilidad en las piernas.

—¡¿Enserio?! —preguntó Laia aturdida.

—Sí —asintió el médico— En unos días podrás empezar la rehabilitación, eso sí, tiene que ser un poco suave porque llevas cerca de varias semanas sin moverte, y te dolerá al principio. Espero que la rehabilitación tenga buenos resultados, y para la próxima revisión pueda verte entrar en la consulta caminando, sin venir en sillas de ruedas.

—Ya me gustaría a mi, doctor —sonrió la chica esperanzada.

—No pierdas las esperanzas Laia —intentó infundir ánimos el doctor— Aún eres muy joven y fuerte, seguro que pronto caminarás.

—Gracias doctor por animarme —sonrió Laia.

—Bueno espero verte dentro de un mes —se despidió el doctor.

—De acuerdo —respondió la chica— Hasta la próxima vez.

—Adiós —dijo educadamente el médico despidiéndose de Laia y de Tom.

Los dos jóvenes salieron de la consulta con cara sonriente. Tom estaba muy feliz de que por fin Laia pudiera comenzar con la rehabilitación, y así poder empezar a hacer sus ejercicios que le permitirían comenzar a caminar. Laia estaba muy impaciente, no podía esperar para empezar a caminar. Caminaron por el largo pasillo, hasta que llegaron a la zona donde estaban los ascensores para poder bajar a la planta baja. Una vez que bajaron se dirigieron hacia la salida principal del hospital, y luego ir hacia donde tenían aparcado el coche, en el parking privado del complejo hospitalario.

—Estoy tan contento de que puedas empezar ya con tu recuperación —dijo Tom a la chica muy emocionado— Pronto podremos ir a sitios caminando, sin que tengas que depender de la silla de ruedas.

—Sí —sonrió de nuevo la chica.

Una vez que llegaron a donde habían aparcado el coche, Tom sentó en el asiento del copiloto a Laia para luego meter la silla en el maletero. Después condujo rumbo a la casa. Cuando llegaron Tom metió el coche, en el jardín de la casa de su hermano, y bajaron del coche para dirigirse al interior de la casa. Dentro estaba Bill y Kayla impacientes, esperando a recibir buenas noticias.

—¿Qué os ha dicho el médico? —preguntó Kayla nada más verlos entrar por la puerta.

—En breve Laia podrá empezar a hacer rehabilitación —respondió Tom muy sonriente.

—¡¿Enserio?! —preguntó Kayla sorprendida y emocionada.

—Sí —asintió Tom mientras miraba a Laia con un brillo especial.

—El médico me ha dicho que la inflamación, ha remitido —explicó la chica a su amiga— Incluso ya tengo un poco de sensibilidad en las piernas.

—Oh… me alegro mucho por ti, Laia —Kayla se acercó a su amiga para abrazarla— Por fin podrás volver a caminar.

—Sí… —susurró Laia emocionada e impaciente.

Los días fueron pasando, y Laia comenzó con su rehabilitación. Cada día Tom se encargaba de llevarla al centro donde tenía que hacerla, y esperaba a que terminará la hora para volverla a llevar a casa. Los primeros días fueron muy duros y dolorosos. Laia tenía las piernas completamente atrofiadas y cuando los fisioterapeutas se ponían a trabajar con ella, para que fuera haciendo ejercicios y moviendo poco a poco las piernas, lo pasaba muy mal porque le dolía demasiado. Cuando regresaba a casa, llegaba de mal humor y solo quería estar tumbada en la cama, para así relajar sus músculos después de hacer tanto esfuerzo. Tom aunque sabía que Laia lo estaba pasando muy mal, veía en ella una notable mejoría ya que poco a poco podía ver como la chica comenzaba a mover los dedos de los pies. Una muestra clara de que estaba recuperando la movilidad de sus piernas.

—¿Cómo te encuentras, cielo? —preguntó Tom a la chica entrando por la puerta de la habitación.

—Mal… me duele todo —se quejó Laia.

—Eso es normal —dijo Tom sentándose en la cama, al lado de la Laia— Tienes las piernas atrofiadas de haber estado mucho tiempo sin moverte, por eso te duele.

—Lo sé… —susurró la chica.

—Anda ven aquí… —Tom abrazó a la chica por la cintura, tumbándose a su lado, haciendo que la joven apoyara su cabeza sobre el pecho de este sintiéndose reconfortada y querida.

—Estoy muy cansada —susurró la chica cerrando los ojos.

—Será mejor que descanses —susurró Tom acariciando la mejilla sonrosada de la chica— Hoy ha sido un día duro.

Laia fue cerrando los ojos hasta que poco a poco se fue quedando dormida, Tom cuando se percató que la chica ya se había quedado dormida, le dio un beso en la frente y a la arropó para que estuviera abrigada. Luego se tumbó correctamente en la cama, intentó quedarse dormido. Al día siguiente, tendrían que ir de nuevo al centro de rehabilitación, y después recoger sus cosas ya que habían decidido irse a vivir a su casa de nuevo, allí tendrían más intimidad.

Los rayos del sol empezaron a penetrar por la ventana juguetonamente, haciendo que hubiera más claridad en la habitación. Tom se despertó al sentir que el sol jugaba con sus párpados, para luego abrirlos inmediatamente. Observó la hora en el reloj y comprobó que eran las nueve de la mañana. Tenía que despertar a Laia para ir a rehabilitación, como hacía cada día desde hacia varias semanas. La chica había progresado satisfactoriamente, aunque a él le daba pena verla quejarse después de una sesión de ejercicios, pero los resultados cada vez eran más óptimos.

—Laia cariño, es hora de levantarse —susurró Tom al oído de la chica.

—Buenos días Tom —sonrió la chica a su novio, para luego acercarse a él y depositarle un beso en los labios.

Tom agarró a la chica de la nuca, para profundizar el beso. Estuvieron varios minutos besándose, hasta que el aire les faltó y tuvieron que separarse. Laia tenía las mejillas sonrojadas, a causa de la felicidad que estaba viviendo de nuevo.

—Esto si que ha sido un bonito despertar —sonrió la chica para luego besar de nuevo los labios del chico— Espero que todos mis próximos despertares sean siempre así contigo.

—Yo también lo espero —respondió Tom mirando atentamente a los ojos de su novia— Eres la mujer de mi vida, la madre de mi hijo.

—Te quiero… —susurró la chica a su novio para luego abrazarlo aspirando su aroma.

Minutos después se levantaron. Laia se levantó ayudada por Tom, para luego vestirse. Bajaron al salón para desayunar. Cuando acabaron de desayunar, se fueron hacia el coche para ir al centro de rehabilitación, donde era atendida Laia. Y así días a tras día, Laia fue mejorando hasta que poco a poco ya era capaz de caminar sola, al principio utilizaba unas muletas pero cuando ya se vio segura de si misma, comenzó a caminar sola. Ahora Tom y ella vivían en la casa que se habían comprado, tres años después cuando se fueron a vivir a Los Ángeles.

—Mami, ¿Podemos ir hoy al parque? —preguntó el pequeño Jake a su madre, ya que por las tardes que hacía buen tiempo, solían irse a pasear al parque y ahí el pequeño Jake aprovechaba para jugar con otros niños de su escuela, mientras que Tom y Laia vigilaban al pequeño.

—Sí —sonrió Laia a su hijo.

—¿Podemos llevar a Alex con nosotros? —preguntó de nuevo al niño.

—Claro —sonrió Tom a su hijo— Cuando salgamos de casa, vamos a buscarlo a casa de tu tío Bill.

La joven familia salió de su casa, para luego dirigirse a la casa de Bill, y así llevar al pequeño Alex también al parque, y que jugará también con Jake y sus amiguitos. Pasaron toda la tarde en el parque, observando como los pequeños de la familia jugaban entre ellos y con otros niños. Sus risas infantiles inundaban todo el parque, Tom miró a los ojos a Laia y la chica se sonrojó al verlo, ya que en sus ojos mostraba deseo. Cuando la tarde empezó a caer, Laia y Tom se fueron con los pequeños a merendar. Fueron a una heladería-pastelería, donde pidieron varios batidos acompañados con cuatros trozos grandes de tarta, que comieron todos rápidamente con mucho gusto. Después regresaron a casa, primero dejaron a Alex en casa de sus padres, y luego Tom y Laia se dirigieron hacia su casa. Tomaron una cena ligera, y después fueron a acostar a Jake en la cama. Laia leyó un cuento a su hijo, mientras que Tom preparaba la habitación con un tope intimo. Cuando Laia regresó a su habitación, después del que el pequeño Alex se hubiera quedado dormido, observó como unas pequeñas velas iluminaban la habitación evitando que así estuviera en la total oscuridad.

—¿Y esto? —preguntó Laia a su novio, ya que encima de la cama había unos pétalos de rosas rojas esparcidos por toda la cama.

—Quería darte una sorpresa —susurró Tom a la chica— Hay que celebrar muchas cosas… Tu pronta recuperación… Nuestra reconciliación…

—Oh Tomi eres un sol, ¿lo sabes? —sonrió la chica abrazándose al cuello del chico, quedando juntos haciendo que el aliento de ellos, rozaran sus labios.

—Quiero hacerte el amor como antes nunca te lo he hecho —susurró Tom al oído de la chica, haciendo que el vello de la piel de este, se erizará por el contacto del aliento de Tom— Es hora de aumentar la familia.

—¡¿Tom?! —dijo la chica sorprendida.

—No me mires así Laia —miró Tom fijamente a la chica— ¿No crees que es hora de darle un hermanito a Jake?.

—Sí, pero aún es pronto —dijo Laia a Tom— Jake solo tiene cuatro años.

—Pero después ya será mayor, para tener un hermanito —dijo Tom de nuevo— Yo quiero que Jake pase tiempo con su hermanito o hermanita, y que jueguen juntos como hice yo con mi hermano Bill.

—Lo sé… pero es que solo tengo 22 años, y quería esperar un poco más. Ser un poco más madura —explicó Laia.

—Está bien —susurró el chico— Pero te advierto que yo no me voy a cuidar, si te quedas embarazada ahora seguiremos adelante con el embarazo.

—Tu ganas —se rindió la chica.

Tom agarró a la chica por la cintura, para luego acercarla a él. Comenzó a besar con frenesí el cuello de la joven, mientras que unos pequeños suspiros comenzaban a salir de su garganta. Poco a poco la piel fría se volvió candente de deseo y lujuria. Las ropas sobraban, y sin contemplación, se fueron despojando de sus ropas, hasta que se quedaron desnudos. Tom comenzó a besar la clavícula de la chica, para luego pasar al pecho para poder el pezón de la chica, haciendo que un pequeño gemido de placer saliera de la boca de Laia. Los pezones se habían puesto completamente erectos, mostrando una extrema excitación. Con sus manos expertas, Tom comenzó a recorrer el cuerpo de la chica dejando caricias por sus pechos, vientre, caderas hasta bajar a las nalgas y tocar la entrepierna. Puedo sentir la humedad ahí debajo de los fluidos característicos de la excitación. Laia solo hacía suspirar. Tom la alzó entre sus brazos para luego tumbarla por completo sobre la cama. Se posicionó sobre la chica, mientras devoraba los labios de ella de una forma tosca y brusca, haciendo que los labios de ambos se hincharán.

Se acomodó entre las piernas de la joven, mientras que seguía besando los labios de esta. Minutos después se encontraba cabalgando en el interior de Laia, haciendo que la chica gimiera de placer en cada embestida profunda que el chico realizaba. Era la primera vez que tenían contacto entre ellos, desde hacía varios meses, cuando su relación empezó a irse por la borda. Tom aceleró sus embestidas mientras que sentía como en su espalda, las uñas de Laia lo arañaban presa del placer que estaba sintiendo. El cuerpo de ambos se perló con pequeñas gotitas de sudor. Sus ojos brillaban como nunca antes lo habían hecho. Tom intensificó las embestidas haciendo que descargas eléctricas tocarán el interior de sexo de Laia, haciendo que la chica se excitará más todavía. Tom ya sentía como un cosquilleo recorría todo su cuerpo hasta llegar a su miembro, muy pronto llegaría al éxtasis, al orgasmo. Aceleró sus movimientos pélvicos hasta que por fin descargó su esencia dentro de Laia, dando un gemido hondo que inundó toda la habitación. Laia también gimió al sentirse plena. Sus respiraciones estaban completamente agitadas, Tom se desplomó encima del pecho de la chica, para luego darle un beso largo en los labios, mientras enredaba sus dedos en el cabello largo de la chica.

—Te quiero… —susurró Tom aun manteniendo el contacto de ambos cuerpos.

—Te amo… —respondió la chica mientras acariciaba la espalda desnuda del chico, sintiendo como estaba mojada por el sudor.

Tom se tumbó bien en la cama, mientras intentaba recuperar el aliento. Laia se abrazó al chico, y cerró los ojos mientras aspiraba su aroma. Tom cubrió sus cuerpos desnudos con las sábanas. Los ojos le pesaban y sentía mucho cansancio. Lentamente fueron respirando hondamente hasta que se quedaron dormidos profundamente, mientras que los rayos de la luna se colaban por la ventana iluminando la habitación en una semi-penumbra.

Continúa…

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por Heiligtkt483

Escritora del Fandom

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