
Fic hetero de Heiligtkt483
Epílogo
OCHO AÑOS DESPUÉS
LOS ÁNGELES (EE.UU.)
—¡Mamá! Alina y Alissa me han cogido mis juguetes —se quejó un niño de unos ocho años de edad con los ojos azules iguales, que los de su madre.
—Jake cariño, tienes que compartir tus juguetes con tus hermanas —dijo la mujer a su hijo pequeño— No ves que son pequeñas aún.
—No es justo ellas siempre cogen mis juguetes y me los rompen y después no puedo jugar con ellos—se volvió a quejar el niño a su madre.
—Jake eres su hermano mayor, y como tal, tienes que aprender a compartir las cosas con ellas —se acercó Laia a su hijo— No te preocupes por tus juguetes, si Alina y Alissa te rompen alguno te compraré de nuevo el juguete. Ahora vete a junto de tus hermanas, y juega con ellas un poquito. Me harías el favor…
—Está bien —susurró el niño para luego irse a junto de sus dos hermanas pequeñas, las gemelas Alina y Alissa de apenas cuatro años de edad.
—Jake… ven aquí quiero peinarte —dijo la pequeña Alina al ver a su hermano mayor.
En esos ocho años, la vida de los chicos había cambiado drásticamente. Laia había acabado de hacer su carrera como profesora de educación infantil, y ahora trabajaba en un colegio de Los Ángeles mientras que Kayla trabajaba para la discográfica que había montado los gemelos, una vez que vieron que como grupo de música ya no tenía mucho futuro. Sus fans habían crecido, al igual que ellos y ahora querían dedicar su vida a su familia, y criar a sus hijos, por eso montando la discográfica para que otros artistas grabaran sus discos allí, les brindaban el tiempo que necesitaban para dedicar a su familia, sin tener que irse durante largas temporadas a hacer conciertos por varios países que los mantenían alejados de sus familiares.
Cuando Laia cumplió los veintidós años, y recién había acabado su carrera universitaria se enteró de que estaba embarazada. Tom tomó la noticia con mucha alegría, además estaba deseoso de tener un niño, y así poderlo llamar Jake, como en el sueño que tuvo de su hijo, mientras había estado en coma por un accidente que había tenido con Kayla. Nueve meses después, Laia daba a luz un niño sano y fuerte, con cabello rubio y ojos azules heredados de su madre. Tom y Laia decidieron irse a vivir juntos para así poder cuidar mejor al hijo de ambos, y como Tom pasaba el resto del tiempo en Los Ángeles decidieron trasladarse a vivir allí, comprando una casa amplía. Bill y Kayla también se fueron a vivir con ellos, y un año después tenían su primer hijo, el pequeño Alex, que junto con Jake harían las delicias de la familia.
Los padres de los gemelos se compraron una casa también en Los Ángeles, ya que iban muy a menudo a visitarles y así poder ver a sus nietos. La vida de las dos parejas era perfecta, se seguían amando como en el primer día. Ahora los gemelos se dedicaban a la discográfica mientras que Laia ejercía de profesora en un colegio infantil. En varias fiestas en las que acudieron los gemelos con sus novias, varios personajes de la alta costura, le propusieron a Laia ser modelo de sus firmas de ropa, pero la chica se negó varias veces ya que quería estar al lado de su novio y su hijo, y también le gustaba mucho su trabajo como profesora. Estar rodeaba siempre de niños.
Ahora con sus treinta años recién cumplidos, Laia se sentía completamente realizada. Era madre de un niño hermoso de ocho años, y de dos gemelas idénticas de cuatro años, que habían sacado los ojos suyos. Tom se había convertido en un gran padrazo, la llegada de sus hijas gemelas lo colmó de alegría, ya que pensaba que no iba a tener ningún hijo gemelo, y al final lo sorprendió la llegada de las gemelas Alina y Alissa, que amaban locamente a su hermano, ya que lo tomaban de ejemplo para hacer cosas e incluso travesuras. Bill y Kayla estaban preparando desde hacia varios meses su boda, habían decidido dar el gran paso, ya que un nuevo miembro llegaría pronto a la familia. Kayla estaba embarazada de cuatro meses. Celebrarían su boda después del nacimiento de su hija.
Laia se encontraba en el salón, preparando algunas fichas para sus alumnos para hacer en clase, por eso le había pedido a Jake que jugará un poquito con sus hermanas pequeñas, ya que las gemelas eran muy hiperactivas y muy traviesas. Se había conseguido relajar un poco, mientras tomaba una taza té y acaba de hacer la tarea. El timbre de la casa sonó, Laia se levantó a abrir la puerta.
—Hola Kayla —saludó Laia a su amiga, para luego acariciarle la incipiente barriga— ¿Cómo va la pequeña?.
—Bien, está tranquila —sonrió la chica ingresando en el interior de la casa.
—¡TÍA KAYLA! ¡TÍA KAYLA! —dos niñas, como dos gotas de aguas, salieron de la salita donde estaban jugando con su hermano mayor para ir a saludar a la chica— ¿Podemos tocar tu tripita? —preguntó Alissa con emoción a su tía.
—Está bien pero con cuidado —dijo la chica mirando tiernamente a sus sobrinas.
—¿Cuándo va a salir de ahí? —preguntó intrigada Alina.
—Aún le quedan unos cinco meses más, cariño —respondió Kayla a su sobrina— Ahora en estos momentos se está formando, y después cuando nazca será muy pequeñita.
—¿Cómo de pequeñita? —preguntó está vez con curiosidad, la pequeña Alissa— ¿Cómo mi muñeca?.
—Un poquito más grande —sonrió Kayla.
—Niñas iros a jugar con vuestro hermano —dijo Laia a las pequeñas, para que dejarán un poco tranquila a Kayla, ya que las niñas muchas veces se ponían pesadas al empezar a hacer preguntas, ya que eran muy curiosas.
Las pequeñas se fueron a junto de su hermano para seguir jugando. Jake se había tomado a pie de la letra su papel de hermano mayor, y cuando su mamá le pedía que cuidara de sus hermanas él lo hacía con mucho esmero y protección. Las dos amigas se fueron a sentar en el sillón, que había en el salón, para seguir conversando.
—¿Quieres que te preparé un café? —preguntó Laia a su amiga.
—No, gracias —respondió la chica acomodándose en el sillón entre los cojines mullidos— Se me están empezando a hinchar los pies —se quejó Kayla— Y por encima con los preparativos de la boda, todo es un estrés.
—¿Ya has visto el traje de novia? —preguntó Laia a su mejor amiga.
—Pasado mañana tengo que ir a ver uno, por eso vine ahora a junto tuya —contestó la chica— ¿Podrás acompañarme a ver el vestido?. Es de tarde.
—Sí, no hay problema. Dejó a los niños con Simone así no nos molestarán —dijo la chica a su amiga— ¿Cómo se encuentra Bill con todos los preparativos?
—Está histérico, imagínate, con lo perfeccionista que es, tiene miedo que algo salga mal —comenzó a explicar Kayla a su amiga— Menos mal que está todo controlado.
—Sí —sonrió Laia.
—¿Y tú con Tom no te animas a dar el paso? —preguntó curiosa Kayla a su amiga.
—No por el momento. Tom y yo estamos bien como estamos, nos queremos mucho y somos muy felices cuidando de nuestros hijos —respondió Laia— El matrimonio no es para nosotros. Estamos bien así.
—De acuerdo —asintió Kayla— ¿Te acuerdas cuando apenas éramos unas adolescentes?
—Sí, estábamos muy locas —sonrió Laia al recordar esos recuerdos de cuando era una adolescente— Pero siempre hemos sido muy soñadoras…
—Mírate ahora eres la madre de los hijos de Tom Kaulitz, muchas fans estarían deseosas de estar en estos momentos donde estás tú —sonrió Kayla mirando a su amiga.
—Lo mismo digo de ti, quien te iba a decir, que acabarías casándote con Bill Kaulitz —dijo Laia a la chica.
—Bill y yo estamos hechos el uno para el otro, no sabríamos vivir separados —contestó la chica.
Durante toda la tarde, Kayla y Laia estuvieron hablando de otras cosas, aparte de los preparativos de la boda mientras observaban a los tres hijos de Laia. Alex se había ido a un cumpleaños de un compañero de su clase, sino hubiera aprovechado para ir a jugar con sus primos, y así entre Jake y él hacer desquerer a Alissa y Alina, ya que cuando los dos niños se unían solían cogerles las muñecas a las pequeñas para luego no amenazarlas con cortarles el pelo. Las pequeñas siempre se ponían a llorar y a chillar, siendo Laia la mediadora entre los pequeños. Cuando la noche comenzó a caer, Kayla se fue a casa, ya que tenía que ir a buscar a su hijo al cumpleaños. Laia se quedó en casa, con sus hijos, en breve tendrían que preparar la cena, ya que llegaría Tom de trabajar en la discográfica. Laia se fue a la cocina, para preparar una cena ligera. Los niños se habían puesto a ver la televisión en el salón.
—¡Ya estoy en casa! —anunció Tom entrando por la puerta de la casa.
—¡Papi! —exclamó la pequeña Alina levantándose del sofá, para luego ir corriendo hacia su padre.
—Hola princesa —sonrió Tom al ver a una de sus hijas, para luego cogerla en brazos, y depositarle un beso en la pequeña mejilla de la niña— ¿Te has portado bien, y no le has dado trabajo a mamá? —preguntó Tom entrando en el salón con la niña en brazos.
—Yo siempre me porto bien —respondió la niña inocentemente.
—Si ya… eres una pequeña diablilla —sonrió Tom a la niña, para luego comenzarle a hacer cosquillas.
—¡Papi! ¡Papi! No más cosquillas, no puedo respirar —dijo la niña para luego abrazarse al cuello de su padre— Te quiero mucho…
Tom entró en el interior del salón con Alina en brazos, para luego sentarse en el sofá con sus otros dos hijos. Pronto la pequeña Alissa quiso ir a los brazos de su padre, que acabó sentándola en una piernas, mientras que Alina estaba sentada en la otra. Jake estaba muy atento mirando la televisión, esperando a que su madre acabara de hacer la cena, e irse a cenar.
—¿Qué tal en la escuela hoy? —preguntó Tom a su hijo mayor.
—Bien, he sacado un diez en matemáticas —respondió el pequeño emocionado.
—Muy bien, eso hay que celebrarlo —dijo Tom orgulloso de su hijo.
—Podíamos ir el fin de semana a la bolera, tú y yo —sugirió el niño a su padre— Una salida solo de chicos.
—Claro —respondió Tom a su hijo mayor— Y así podemos hablar también de cosas de chicos.
—¿Podemos ir nosotras? —preguntó la pequeña Alina a su padre.
—No, solo iremos Jake y yo. Vosotras os quedareis con mamá haciendo otras cosas —contestó Tom a sus hijas.
—Jooo… nosotras queríamos ir también —se quejaron las pequeñas.
—Otro día os llevare al parque de hinchables y bolas para que juguéis —prometió Tom a sus hijas.
—¿Y a mi cuando me vas a llevar a algún sitio también? —preguntó Laia saliendo de la cocina a su novio.
—No seas impaciente —respondió Tom ante la pregunta de su novia— ¿Ya está preparada la cena? Me muero de hambre…
—Sí, solo falta poner la mesa —respondió Laia al chico— ¿Me ayudas a ponerla?
—Sí, ahora voy —contestó Tom a Laia— Quedaros aquí, y no hagáis travesuras —advirtió Tom a sus hijas, ya que sabía que alguna travesura harían al no estar él pendiente o Laia— Os estaré vigilando desde la cocina.
Tom entró en el interior de la cocina, Laia se encontraba ya poniendo algunos de los platos sobre la mesa. Tom se acercó al mueble y cogió un par de vasos para irlos colocando sobre la mesa, mientras que Laia acababa de poner los otros platos y comenzaba a poner los tenedores y cuchillos. Después de que Tom acabó de poner todos los vasos, puso el pan en una cestilla. Laia puso en el centro de la mesa, una fuente con la cena servida.
—¿Qué tal tu día en el colegio? —susurró Tom al oído de su novia, mientras la abrazaba por la espalda, haciendo que el aliento de Tom rozará juguetonamente la nuca de la chica.
—Bien, un poco agotador —respondió la chica dejándose acariciar en el cuello por la nariz de Tom.
—Cuando vayamos a dormir, recuérdame que te dé un masaje de los míos —dijo Tom a la chica— Te noto demasiado tensa, cariño.
—Te lo agradecería —sonrió la chica girándose para luego dar un pequeño beso en los labios a su novio, el cual, fue prolongado por este atrapando entre sus manos la nuca de la chica, para profundizar más el beso.
—Aggghr… que asco —la pareja se tuvo que separar al ser interrumpidos por su hijo mayor, que entraba en la cocina seguido de sus hermanas pequeñas— Os estáis pasando saliva, eso es asqueroso —dijo el pequeño poniendo cara de asco a sus padres— Yo nunca haré eso con una chica.
—Vuélvemelo a decir cuando seas más mayor, y ya verás como has cambiado de opinión —respondió Tom a su hijo.
—La cena ya está lista —dijo Laia a sus hijos— Venga a sentaros en vuestras sillas.
Los pequeños se sentaron en sus sillas correspondientes, mientras que Laia comenzaba a servirles la cena a cada uno en su plato, para luego servirle a Tom y después a ella. Comenzaron a cenar mientras comentaba lo que habían hecho durante el día. Alina y Alissa le estuvieron contando a su padre, lo que habían hecho en la escuela, y después lo que habían hecho el resto de la tarde, cuando llegaron del colegio.
Una vez que acabaron de cenar, Tom y Laia recogieron la mesa, metiendo todos los platos, vasos y cubiertos en el interior del lavavajillas. Después ambos fueron a ayudar a acostar a sus hijos, Tom se encargó de arropar a Jake, mientras que Laia le ponía los pijamas a las gemelas. Cuando Tom acabará de arropar a su hijo mayor, iría a la habitación de las pequeñas para luego leerles un cuento los dos juntos, hasta que se quedarán dormidas.
—Mami, ¿Qué cuento nos vas a leer hoy? —preguntó la pequeña Alissa a su madre.
—¿Qué queréis que os lea? —respondió Laia con una pregunta a sus hijas.
—Un cuento bonito, donde haya princesas y hadas —respondió Alina con una sonrisa en los labios.
—¿Qué tal el cuento de la Cenicienta? —preguntó Laia cogiendo el gran libro gordo de cuentos infantiles, que descansaba sobre unas de las estanterías de la habitación.
—Sí… por favor…. —dijeron ambas niñas al unísono.
—Está bien —sonrió Laia para luego aclarar su voz — “El rey tenía una hija y se casó con una mujer que tenía otras tres. La nueva Reina hacía la vida imposible a la hija del Rey, y tanto la hacía trabajar en la cocina que le llamaban Cenicienta, pues iba cubierta de ceniza y mal vestida siempre.
Entonces se quiso casar el Rey de un país vecino, y celebró un baile para elegir esposa. Las hermanastras de Cenicienta fueron muy bien vestidas, pero nadie pensó que Cenicienta pudiera ir. Sin embargo, estaba ella llorando en la cocina cuando llegó su Hada Madrina y le regaló un maravilloso vestido y una carroza de cristal para ir a la baile, pero le puso una condición:
—A las doce desaparecerá todo lo que te he regalado, así que vete del baile al oír las campanadas y vuelve a tu cocina.
Eso hizo Cenicienta. Fue al baile y el Rey la encontró tan hermosa que bailó toda la noche con ella. Pero al dar las campanadas de las doce, Cenicienta echó a correr y le dejó plantado.
Tanto corrió que perdió uno de sus zapatitos de rubíes.
El Rey extranjero quiso encontrar a Cenicienta, pero nadie la había reconocido tan bien vestida. Entonces decidió probar el zapato a todas las jóvenes del Reino, para dar con ella. Pero el zapato era tan pequeño y delicado que a ninguna le estaba bien, y el Rey comenzaba a desesperar. Hasta que llegó a Palacio, y se lo probó a las hermanastras de Cenicienta, que eran las últimas. Nada, les estaba pequeño. Y alguien dicho:
—En la cocina está Cenicienta, que tiene pie pequeño.
Todos se rieron de la ocurrencia, pero el Rey quiso ver a la joven y la llamaron. ¡Oh, maravilla, el zapato le estaba tan justito y perfecto que el Rey la reconoció como su futura mujer!
Así fue que Cenicienta se convirtió en Reina y fue muy feliz, mientras que sus hermanastras rabiaron de envidia muchas años, y más aún su madrastra.”
—Mami… —susurró la pequeña Alissa.
—Dime, cielo —dijo Laia levantando la vista del libro, para luego cerrarlo.
—¿Yo algún día encontraré mi príncipe azul? —preguntó la pequeña a su madre.
—Claro —sonrió Laia— Todas las princesas del mundo tienen su príncipe azul.
—Como tú, ¿no? —dijo la pequeña Alissa a su madre— Por eso estás con papi.
—Yo quiero que mi príncipe azul sea como papi —dijo Alina poniéndose un poco ruborizada.
—Bueno, basta de charla. Es hora de que os durmáis —dijo Laia a sus hijas, para luego arroparlas bien.
—Papi aún no ha venido a darnos el beso de buenas noches —añadió Alina cruzándose de brazos— Hasta que no venga, no me voy a dormir.
—¿Qué pasa, ratoncita? —preguntó Tom entrando en la habitación de sus hijas, para desearles buenas noches.
—Te estabas tardando mucho, en venirnos a dar el beso de buenas noches —se quejó de nuevo Alina poniendo morros.
—Me entretuve un poco con vuestro hermano —se excusó Tom con las niñas— Buenas noches, cielo —dijo Tom a su hija Alissa arropándola bien, para luego darle un beso en la frente.
—Te quiero mucho, papi —dijo la pequeña bostezando un poco por el cansancio que tenía.
—Sueña con los angelitos —susurró Tom para luego acercarse a su otra hija— Buenas noches, enana.
—Buenas noches, papi —susurró Alina casi con los ojos cerrados, ya que el sueño la estaba venciendo.
Laia y Tom se acercaron a la puerta de la habitación, para luego apagar la luz y salir del cuarto de sus hijas. Se dirigieron hacia la habitación de ellos, cerrando la puerta con cuidado. Nada más entrar en la habitación, Tom abrazó a Laia por la cintura y comenzó a darle pequeños besos en el cuello haciendo que la chica suspirará hondamente.
—Tomi… —susurró Laia mientras sentía los labios de su novio sobre su cuello, para luego el chico atrapar los labios de ella. Se estuvieron besando apasionadamente durante varios segundos, hasta que se tuvieron que separar para coger aire— Te quiero… —volvió a susurrar Laia sonriendo.
—Te amo… —susurró Tom contra los labios de la chica para volver a atraparlos de nuevo, mientras que con sus manos expertas, comenzaba a recorrer el cuerpo de la chica, y meterle la mano por debajo de la camiseta tocando suavemente su dulce piel.
—Tomi… —volvió a susurró Laia cuando sintió como Tom la tocaba con deseo— Creo que no es muy conveniente. Los niños podrían oírnos…
—Se han quedado dormidos profundamente —respondió Tom mientras volvía a centrar su atención en el cuello de Laia, mientras la iba guiando hacia la cama, donde ambos cayeron sobre ella.
Ambos jóvenes tumbados sobre la cama, cuerpo con cuerpo. Laia se derretía de deseo por las caricias que Tom le daba. Lentamente se fueron despojando de sus ropas, hasta que finalmente quedaron desnudos sobre la cama. Laia atrapó los labios de su novio, mientras que este se dedicaba a acariciarle los pechos, sintiendo como poco a poco se iban poniendo duros. Por su parte, Laia fue acariciando con sus dedos tímidos el miembro de su novio, notando como la flacidez iba disminuyendo y poco a poco se iba poniendo más duro. Cuando ambos estuvieron completamente excitados, Tom penetró a la chica lentamente, haciendo que pequeño gemidos de placer inaudibles salieran de la garganta de Laia, que fueron apagados por los labios de Tom. Estuvieron haciendo intensamente el amor, hasta que sus cuerpos no dieron para más y llegaron juntos al orgasmo. Tom salió lentamente de su novia, para luego abrazarla y darle un beso en mejilla. Se quedaron tumbados unos minutos, respirando hondamente hasta que finalmente sus respiraciones empezaron a ser más acompasadas. Laia se levantó para ir al baño, que había en la propia habitación, para luego ponerse de su pijama. Tom se había vuelto a poner sus bóxers, y ambos se tumbaron de nuevo en la cama para dormir plácidamente.
Los meses fueron pasando vertiginosamente. Laia y Tom eran la familia perfecta juntos con sus tres hijos. Eran muy felices, y se amaban locamente. Kayla ya estaba por dar a luz a su pequeña hija, cuyo nombre sería Liese. Kayla y Bill decidieron ponerle un nombre alemán, relacionado con el país de origen de Bill. Ahora, Kayla se encontraba acabando de meter unas cosas del bebe en la bolsita, ya que le habían programado el parto para ese día por la tarde. Era primera hora de la mañana, y Bill acompañaría a su mujer al hospital. Tom y Laia se harían cargo del pequeño Alex, el cual iría a la casa de estos para jugar con su primo Jake, y así de paso en sus juegos molestar un poco a las gemelas Alissa y Alina. Simone y Gordon se habían acercado a la casa de su hijo Bill, para ver si podían ayudarles en algo. Bill era un manojo de nervios, ser padre de nuevo le había puesto las emociones a flor de piel, y Kayla también estaba ansiosa y deseosa de tener a su pequeña niña en brazos, muy convencida de que saldría igualita a su padre. Bill salió de su casa, con su novia en el coche en dirección al hospital. Simone les acompañó mientras que Gordon se fue a casa de su otro hijo, y así ayudarles a Laia y a Tom a cuidar de los cuatro niños, ya que los cuatros juntos eran unos torbellinos. Más tarde cuando Simone les llamarán irían al hospital, para ver al nuevo miembro de la familia Kaulitz.
—¿Cómo has visto a Bill? —preguntó Tom a su padre.
—Nervioso, va a ser padre por segunda vez, y tiene miedo que haya alguna complicación durante el parto —explicó Gordon a su hijo— Espero que todo salga bien, tu madre me dijo que en cuanto tuviera noticias se comunicaba conmigo para decírmelas.
—Esperemos que todo salga bien —susurró Laia nerviosamente.
—Mami… —se acercó Alina a Laia— ¿Es cierto que va a venir la cigüeña a traernos a la nuestra nueva primita?
—Sí, pero va a tardar un poquito en llegar —dijo Laia a su hija— Ahora vuelve a junto de tus hermanos y tu primo a jugar.
—Está bien… —susurró la pequeña para luego irse a junto de Alissa y ponerse ambas a peinar a sus muñecas, mientras que Jake y Alex jugaban a la consola de videojuegos, que Tom tenía instalada en la televisión grande del salón.
Tom, Laia y Gordon se fueron a preparar un café en la cocina, para luego tomárselos en el salón mientras le echaban un vistazo a los niños. Las horas fueron pasando, y los tres adultos se iban impacientando más ante la falta de noticias. Por otro lado, Kayla estaba teniendo los dolores de las contracciones, esperando a que se dilatara por completo para empezar el parto. Bill no se separó ni un instante de ella, agarrándole de la mano y dándole consejos de como respirar. Simone solo le decía a Bill, que dejará un poco tranquila a Kayla, que la estaba poniendo más nerviosa de lo que estaba.
Pasadas casi cinco horas de trabajo de parto, la pequeña Liese decidió que era hora de venir al mundo. A las siete de la tarde, Kayla daba a luz a su segundo hijo, una hermosa niña de pelo rubio. Simone nada más ver a la niña, dijo que era clavada a Tom y a Bill de pequeños. Bill corroboró lo dicho por su madre, su pequeña hija era clavada a él de pequeño, sobre todo por el pelo rubio que tenía, aunque el color de los ojos no estaba definido. Kayla suspiró con resignación, ya que ninguno de sus hijos se parecía a ella. Habían sacado toda la guapura de su padre y su tío. Nada más nacer, una enfermera se llevo a la pequeña para pesarla y limpiar. Kayla estaba media adormecida por el cansancio del parto. Simone fue a llamar por teléfono a Gordon para anunciarle la buena noticia. El nuevo miembro de la familia ya había nacido.
Una hora después subieron a la habitación a Kayla junto con su hija. Bill las acompañó también a la habitación. El recién estrenado padre no paraba de ver a su pequeño tesoro. Era una niña muy deseada por ellos, ya que el pequeño Alex ya tenía siete años, y pensaron con el paso de tiempo que no iban a tener otro hijo, hasta que Kayla dio la buena noticia de su embarazo. La pequeña Liese dormía plácidamente en la cuna, que habían puesto a lado de la cama de su madre. Kayla no dejaba de mirar a su pequeña. Se sentía muy feliz.
—Hoy me has hecho el hombre más feliz de la tierra —sonrió Bill abrazando a su futura esposa, para luego depositarle un tierno beso en la sien derecha— Hemos fabricado a una niña perfecta.
—Sí —sonrió Kayla mirando a la niña— Tu esperma es de buena calidad, por eso ha salido tan guapa.
—Bueno, tú también has hecho de tu parte —dijo Bill a su novia— No solo he puesto yo mi semillita, sin la tuya no habría nacido esta preciosa niña.
Bill se quedó hasta tarde haciendo compañía a Kayla al hospital, incluso quiso quedarse a dormir en hospital por si Kayla necesitaba algo. Kayla lo echó pasadas las diez de la noche, estaba cansada y necesitaba dormir. La pequeña Liese ya había tomado su primera toma, y ahora dormía como un pequeño angelito en la cuna. El día siguiente, sería un día muy largo y estresante, ya que Kayla tendría muchas visitas por parte de la discográfica, y sobre todo de su familia, que vendrían a conocer a la nueva integrante de la familia, Liese Kaulitz Martínez.
Los llantos de Liese despertaron a Kayla. La chica se despertó nada más oír llorar a su hija, y miro la hora que era, en su móvil que estaba sobre la mesilla al lado de la cama. Eran las ocho de la mañana, y la pequeña lloraba desconsoladamente. Kayla se levantó de la cama, para ir a junto de su hija y cogerla de la cuna. La pequeña Liese al sentir el contacto de su madre se calmó un poco, pero seguía llorando. Kayla se sentó encima de nuevo sobre la cama, con su hija en brazos, para luego bajarse la parte de arriba del camisón que llevaba puesto, dejando al descubierto sus pechos. Enseguida, la niña comenzó a succionar con desesperación de la teta de su madre, mientras que Kayla la observaba atentamente disfrutando de ese momento íntimo entre madre e hija, donde se estrechaban más los lazos entre las dos.
A media mañana, llegaron las primeras visitas. Laia y Tom fueron los primeros en llegar acompañados de las gemelas Alissa y Alina y su hijo mayor Jake. Más tarde, Bill iría con su hijo Alex, para que así el niño conociera a su hermanita.
—¡Oh que cosita más bonita! —dijo Laia al ver a la niña en la cuna, ya que Kayla después de darle el pecho y de cambiarla, la volvió a tumbar en el cuna, aunque la niña no se había dormido— Claramente ha salido a Bill.
—Lo sé… —suspiró Kayla nuevamente— El gen Kaulitz predomina sobre los genes de nosotras —susurró Kayla para luego echarse a reír contagiando a Laia.
—¿Qué estáis cuchicheando vosotras dos? —preguntó Tom a las chicas.
—Nada… —respondió Laia a su novio— Solo que tenemos una sobrina muy bonita. ¿Puedo cogerla? —preguntó Laia a su amiga.
—Claro, no me lo tienes que preguntar Laia. Eres su tía, contigo está en buenas manos —respondió Kayla a su amiga.
—Hola cosita preciosa —dijo Laia a su sobrina, que se movía ligeramente entre sus brazos— Eres una niña muy bonita. Mira, Tom —llamó Laia a su novio— ¿A qué es una monada?.
—Sí —sonrió Tom acercando su dedo a la pequeña manita de la niña, siendo este cogido rápidamente por la pequeña— ¡Qué fuerza tiene ya!.
—Yo quiero cogerla —dijo la voz infantil de Alina a su madre.
—No, yo quiero primero —dijo Alissa a su hermana, comenzando una pequeña discusión entre las dos.
—Chicas, portaros bien —regañó Tom a las pequeñas— Tenéis que esperar turno. Primero, Alina y después tú.
—Está bien —dijo Alissa poniéndose de morros y cruzándose de brazos.
—A ver, tienes que cogerla con cuidado porque es muy pequeñita —explicó Tom a su hija Alina poniéndosela entre sus brazos— Así apoyando la cabecita en el brazo.
—No pesa mucho —dijo Alina una vez que tuvo a su prima entre sus brazos, que ya se había empezado a quedar dormida— Se ha dormido.
—Eso es porque está muy cansada y necesita dormir. Tu hermana y tú cuando erais bebés dormíais también mucho —explicó Tom a su hija.
—Ahora quiero cogerla yo —insistió Alissa a su padre.
—Está bien —dijo Tom a la niña para luego coger a su pequeña sobrina de los brazos de su otra hija, y colocar a la pequeña Liese en brazos de Alissa— Con cuidado.
—¿Cuándo venga a casa podré ponerle la ropa de mis muñecas? —preguntó la niña una vez que tuvo a su primita en brazos— Se parece a una de mis muñecas.
—No, es un bebé no es como tu muñeca —respondió Tom a su hija frunciendo un poco el ceño— Le harías un poquito de daño, ya que es muy pequeñita, pero cuando crezca podréis jugar con ella a las muñecas.
—Jooo… yo quería ponerle la ropa de mis muñecas —susurró Alissa decepcionada.
—Será mejor que acostemos en su cuna a Liese, va empezar a llorar —dijo Tom quitando al bebé de los brazos de su hija para luego meterla en la cama.
Tom y Laia estuvieron un rato más haciéndole compañía a Kayla, y luego se marcharon a casa con sus tres hijos para comer. Más tarde iría Bill con su hijo a visitarla, y así pasaría la tarde en compañía. Una vez que Tom y Laia se fueron, Kayla se quedó sola en la habitación descansando. Pronto le vendrían a traer la comida, mientras que Liese seguía dormida en la cuna. Deseaba con todas sus fuerzas salir ya del hospital, ya que se aburría de estar todo el día tumbada en la cama o caminando por la habitación.
Sobre las cuatro de la tarde, llegó Bill con su hijo Alex a visitar a Kayla y a Liese. El niño estaba emocionado de conocer a su pequeña hermanita. A pesar de otros niños, que cuando tienen un hermano pequeño se celan, Alex era un niño que no presentó celos desde que supo que iba a tener un nuevo hermanito. Bill y Kayla se encargaron de explicarle al niño, que formaría un papel importante en la vida de su nuevo hermanito, y como hermano mayor sería el responsable de protegerlo. Eso a Alex le emocionó mucho, ya que se sintió importante.
—Mi hermanita es muy bonita —dijo Alex asomándose a la cuna, donde dormitaba su hermana pequeña— ¿Puedo cogerla en brazos?.
—Sí —respondió Kayla desde la cama.
Bill, que estaba sentado en una silla cercana a la cama de Kayla, se acercó a junto de su hijo, y con cuidado cogió a la pequeña entre sus brazos para luego ponérsela con cuidado en los brazos de su hijo, el cual se había sentado en un pequeño sillón, que había en la habitación. Durante un rato, Alex estuvo con su hermanita en brazos, haciéndole carantoñas pero la pequeña se había quedado dormida en los brazos de su hermano, y no se daba cuenta de lo que hacía Alex.
A los dos días a Kayla le dieron el alta médica, y Bill fue a buscarla en su coche. Salieron por la puerta trasera del hospital para evitar a periodistas y fotógrafos que querían captar alguna instantánea de la pequeña en brazos de sus padres. Una vez que Bill sujeto correctamente a la pequeña Liese en la sillita de viaje en el coche, subieron ambos para irse a su casa, evitando ser fotografiados, ya que habían despistado a los fotógrafos que se habían agolpado en la entrada del hospital.
Los meses fueron pasando y la pequeña Liese iba creciendo fuerte y sana. Kayla y Bill se vieron inmersos en los preparativos de su boda, que sería en apenas unos días. Como había dicho Kayla, se casarían una vez que Liese hubiera nacido. Ahora la niña tenía apenas tres meses de vida, y hacía la delicia de sus tíos, primos, abuelos y sus padres. Alex estaba como loco haciendo el papel de hermano mayor, se preocupaba mucho por la pequeño no quitándole el ojo de encima, cuando su madre le dejaba a su hermana con él, mientras que Kayla acababa de hacer algunas cosas en casa.
Por fin el día de la boda llegó. Ese día estaban todos muy nerviosos especialmente Kayla y Bill. Después de varios años de noviazgo, y dos hijos en común iban a dar el paso más importante de su vida e unirse en matrimonio hasta que la muerte los separase. Kayla había guardado con mucho esmero el secreto de su traje de boda, solo Laia sabía cual iba a ser su traje de boda, ya que la chica la había acompañado varias veces a las pruebas del vestido. El peinado sería un recogido con flores naturales incrustadas. Era de mañana temprano, Kayla se encontraba en su habitación, esperando a que Laia llegará para ayudarla a vestir, como dice la tradición de que la novia no debe ser vista antes de la boda por el novio, Bill tuvo que irse a pasar la noche a la casa de Laia y Tom. Laia se levantó muy temprano, cogiendo su traje que estaba perfectamente guardado en una funda de tela, para luego coger los vestidos de las gemelas y de su hijo Jake. Sus hijos junto con su sobrino Alex serían los encargados de llevar los anillos, y lanzar pétalos de flores por todo el pasillo de la iglesia, así que despertó a los niños para llevárselos con ella ya que tenían que vestirse junto con Kayla y las niñas ser peinadas con un recogido similar al de la novia.
Laia llegó a la casa de su amiga, junto a los tres niños. El hijo de Kayla se encontraba en su cuarto durmiendo, y pronto tendría que ser despertado por su madre. Laia se dirigió hacia la cocina, para darles algo de desayunar a los niños antes de que se vistieran y así evitar que se derramara el desayuno sobre los vestidos de ellos. Cuando acabaron de desayunar, subieron al piso superior donde estaba la habitación de Kayla, entraron en el interior de esta, Laia con las niñas. Jake se fue a junto de su primo Alex.
—¿Preparada? —preguntó Laia a su amiga entrando por la puerta.
—Sí, con los nervios a flor de piel —respondió Kayla con nerviosismo.
—No me puedo creer que dentro de unas horas por fin seas la señora Kaulitz, con todas las de la ley —sonrió Laia viendo a su amiga, para luego abrazarla— Estoy tan feliz.
—Sí, después de tanto tiempo por fin seremos marido y mujer —sonrió Kayla radiante.
—Bueno, será mejor que nos pongamos manos a la obra —dijo Laia viendo a su amiga— Tienes que irte a dar una ducha, mientras yo preparo tu ropa interior y viene la peluquera para peinarte.
Kayla se fue al baño que había en la habitación, para darse un ducha rápida. Mientras tanto Laia abría la caja donde estaba guardada cuidadosamente la ropa interior, y la ponía sobre la cama de la chica. Minutos después, Kayla salía de la ducha y se secaba su cuerpo con una toalla, después ingresó de nuevo en la habitación, para irse a poner la ropa interior. Cuando la tuvo puesta se puso una bata de seda para taparse, mientras que la peluquera peinaba su cabello en un bonito recogido y la maquillaba. Cuando la peluquera acabó de peinar a Kayla, se fue con las niñas para hacerles su recogido. Laia ayudó a Kayla a ponerse el vestido de novia. Ya eran las diez de la mañana, y tendrían que estar en la iglesia a las once y media.
—Estás preciosa —dijo Laia con emoción una vez que Kayla tuvo el vestido puesto— Bill no dejará de verte en toda la ceremonia, de lo guapa que estás.
—¡Mami! —irrumpieron las gemelas en la habitación de Kayla completamente peinadas— Ya nos han peinado —dijo la pequeña Alissa.
—¡Qué guapas estáis, mis amores! —dijo Laia orgullosa a sus hijas, para luego darles un beso a cada una en la frente— Ahora a poneros el vestido.
Laia acabó de vestir a sus hijas, para luego decirle a Jake que era hora de que se pusiera su traje al igual que Kayla le dijo a su hijo Alex. Mientras tanto Bill en la casa de Laia y Tom, no hacía más que andar de un lado para otro en la habitación donde había pasado la noche. Tom entró en la habitación para ayudarle a vestir, viendo a su hermano muy nervioso.
—Calma esos nervios hermanito —dijo Tom a su gemelo intentando calmarlo un poco.
—Tengo un nudo en el estomago —dijo el chico mientras no paraba de moverse, agarrando sus manos de diferentes formas.
—Tranquilízate… —dijo Tom a su hermano, agarrándole las manos intentando infundirle ánimos y calma.
—Eso es lo que intento —susurró Bill a su gemelo.
—Es hora de que te prepares ya, para marchar hacia la iglesia —sugirió Tom a su hermano.
—Sí… —susurró Bill aún con cierto nerviosismo, tenía el estomago encogido en un puño.
Bill se fue a ponerse el traje que había comprado para su boda. Poco después, Tom y él salían de la casa montándose en el coche de Tom, para dirigirse a la iglesia. Durante todo el camino Bill no podía disimular lo nervioso que estaba, tenía miedo de que algo en el último momento se fuera a malograr. Una vez que llegaron a la iglesia, se bajaron del coche y caminaron hacia el interior de esta. Muchos de los invitados ya habían llegado tomando sus respectivos asientos, intentando coger el mejor lugar. Simone y Gordon ya se encontraban también en la iglesia con la pequeña Liese, que vestía un vestidito muy mono color crema. Bill se fue a tomar posición, seguido de Tom, que sería el padrino de él. Los minutos fueron pasando y las agujas del reloj de Bill marcaban las once y veinticinco, ya casi estaban todos los invitados sentados, solo faltaba que llegará Kayla a la iglesia acompañada de Laia y los niños. El padre de Kayla sería el encargado de llevar a la novia hacia el altar, y entregársela a Bill. Laia sería la madrina de bodas de la pareja.
Las campanas empezaron a tocar, y la marcha nupcial comenzó a sonar. Kayla se había situado al final del pasillo agarrando su brazo a su padre, el cual la llevaría hasta Bill. Los pequeños niños iban delante de la novia, caminando lentamente mientras que iban lanzando pétalos de flores sobre la alfombra roja, que cubría todo el pasillo. Kayla llegó a junto de Bill, que la miraba embelesado y el cura comenzó a oficiar la ceremonia. Después de casi una hora, Bill y Kayla eran declarados marido y mujer. Los invitados estallaron en aplausos mientras que los recién esposos se besaban con cariño y pasión. Se sacaron un par de fotos en la iglesia, mientras que los invitados se iban afuera para esperarlos. Después irían a celebrar el banquete a la casa de Bill y Kayla, ya que tenían un amplio jardín y habían instalado unas carpas, con diversos platos de catering y bebidas.
Las horas fueron pasando y se percibía un ambiente de alegría y diversión. Los pequeños de la casa estaban jugando entre ellos, corriendo por un lado y por otro mientras que sus padres conversaban tranquilamente. Ya habían tomado todos los platos, inclusive el pastel, y ahora solo faltaba lanzar el ramo y el baile nupcial. Los recién casados se los veía pletóricos y llenos de felicidad. Llegó el momento en que Kayla tuvo que lanzar el ramo, como es tradición todas las mujeres solteras en edad de casarse tomaron sus posiciones para coger el preciado ramo. Kayla se preparó para lanzarlo dándose la vuelta para luego alzarlo al aire, y que alguna nueva afortunada lo cogiera, que sería la próxima en casarse.
—¡LAIA! –dijo sorprendida Kayla al girarse, y ver a su mejor amiga con su ramo en las manos. Laia se encogió de brazos mientras que Tom la observaba desde lejos sentado al lado de su hermano en una silla— ¡Enhorabuena, a ver cuando Tom y tú os decidís!.
Las demás mujeres volvieron a sus asientos con cara de disgusto y de decepción. Laia observaba pensativa el ramo entre sus manos, quizás era una señal al fin y al cabo. Sintió unas manos rodear sus cintura, para girarse y encontrarse con esos ojos color miel que la habían enamorado completamente cuando tan solo era una adolescente. Sonrió y junto sus labios, con los de su novio para luego desaparecer de la vista de los demás.
—¿Así que te ha tocado el ramo? —preguntó Tom riéndose.
—Sí… —susurró la chica apenada, ya que sabía que Tom no quería pasar por el altar, que le gustaba la relación como estaba.
—Bueno…. Entonces habrá que solucionar el problema —susurró Tom al oído de la chica, haciendo que el bello de la nuca se le erizará— ¿No crees?.
—No entiendo… —susurró Laia confusa ante las palabras de su novia— ¿A qué te refieres?.
—Al ramo —respondió el chico con cierto nerviosismo en su voz.
—Tom… —volvió a decir la chica con la misma confusión de antes.
—No crees que va siendo hora, de pensar en nuestro futuro —susurró Tom a la chica.
—Mi futuro está contigo Tom, eso lo tengo muy claro —dijo la chica mirando fijamente a los ojos de su novio.
—Me refiero a dar otro paso —volvió a decir el chico con un nudo en la garganta— Cásate conmigo Laia.
—Tomi… —susurró Laia mientras notaba como sus ojos se volvían acuosos.
—Lo he estado pensando en estos meses, y a medida que mi hermano y Kayla preparaban su boda, sentí el deseo de casarme también contigo —explicó Tom a Laia— ¿Qué dices?.
—Sí… —respondió la chica para luego besarle en los labios con un beso apasionado, y abrazarse fuertemente a su novio mientras comenzaba a llorar de alegría.
—No llores cielo —susurró Tom abrazando a su novia para reconfortarla.
—Es que soy muy feliz, pensé que sería solo un sueño que se esfumaría cuando me despertará —dijo la chica mirando a Tom— Y ahora me doy cuenta que todo es real, que ha sido un sueño muy real.
—Los sueños solo mueren si muere el soñador —respondió Tom para luego volver a besar los labios de su futura esposa.
F I N
Administrador: No puedo creer que hemos llegado al final de esta historia. Ha sido una montaña rusa de emociones. Gracias a todos por sus lecturas y el apoyo. No olviden dejar un comentario.