Fic hetero de Heiligtkt483
Capítulo 17
Los días fueron pasando y las chicas permanecieron en la casa encerradas durante unos días, ya que Laia no quería ver a los chicos ni en pintura. Pero un día, Kayla la convenció para salir a dar una vuelta con Sam y con ellos, ya que no podían estar todo el día metidas en casa y además quizás se les hubiera pasado el enfado. Ese día Laia se había puesto unos pantalones vaqueros cortos, y una camiseta de asitas, Kayla se había puesto también unos pantalones cortos pero de otra textura, y de color blanco con una camiseta básica de color verde botella. Sam las estaba esperando en el salón, cuando llegaron se dispusieron a salir de la casa. Durante toda la tarde se creó una tensión muy incómoda, haciendo que Laia se sintiera muy mal, los chicos no la habían perdonado y quizás su sueño ya se había acabado, quizás ya era tiempo de regresar a su país, a España.
Después de pasar esa tarde tan incómoda Laia, Kayla y Sam regresaron a casa. Rose ya había puesto la mesa en el comedor, para cenar. Los padres de Sam ya estaban sentando en la mesa esperando a que los chicos regresaran. Durante la cena estuvo todo en silencio, ya que las chicas no hablaban sobre cosas que habían hecho esos días o ese mismo día, sobre todo desde que los chicos se habían enfadado con ellas. Cuando acabaron de cenar, las chicas se fueron a dormir a su respectiva habitación mientras que Sam se quedaba un poco charlando con sus padres en el salón. Pasaron las horas y Laia dormía plácidamente sobre su cama, pero Kayla no, se había pasado durante más de dos horas dando vueltas en su cama pero nada conciliado el sueño, así que decidió bajar a la cocina para beber un vaso de leche, a ver si con eso le entraban las ganas de dormir.
Se dirigió hacia la puerta de la habitación, que la abrió con cuidado para no despertar a Laia que dormía angelicalmente después de haber pasado noches sin dormir, por culpa de los chicos. Lentamente fue caminando por el largo pasillo hasta llegar al principio de las escaleras, que las fue bajando con calma. Se dirigió hacia la cocina, y abrió la nevera para coger el ansiado cartón de leche, y echarse un poco en un vaso para después bebérselo. Cuando acabó de beber la leche, dejó el vaso en el fregadero y se dispuso a salir de esta. La luz de la televisión iluminó el salón, haciendo que Kayla se parada asustada por un momento pero después descubrió que era Sam, quien estaba viendo la televisión. Kayla se acercó a él, para acompañarlo un poco ya que no tenía demasiado sueño.
—¿Qué haces levantada? —preguntó Sam a Kayla.
—No soy capaz de dormir, con todo lo que ha pasado estos días —explicó Kayla a Sam— Laia también lo está pasando mal.
—Ya, supongo. Bueno si quieres quedarte conmigo, hablando o viendo la tele, aunque no hacen nada bueno… —dijo ofreciéndole compañía a Kayla.
—Mejor hablemos, no es que nos conozcamos mucho y estoy viviendo en tu casa, no lo veo bien, así tienes la oportunidad de conocerme un poco y a ver si nos levamos mejor, no empezamos con buen pie —le sonrió sinceramente.
—Está bien —Sam apagó la televisión.
—¿No sabes hablar castellano teniendo familia española? —preguntó Kayla curiosa.
—No, porque ellos ya sabes hablar Alemán, yo solo sé decir palabrotas, eso es lo que me enseñan —sonrió.
—Suele pasar muy a menudo —dijo Kayla.
—¿Qué vas a estudiar cuando acabes bachiller? —preguntó esta vez Sam.
—Pues no lo sé, siempre me ha gustado la moda, pero es muy difícil entrar en ese mundo, al igual que periodismo, no me veo capaz, así que no tengo ni la mas mínima idea y estoy solo a un año de hacer la selectividad —respondió Kayla.
—No te vez capaz porque te entretienes con el novio seguro —dijo Sam.
—No tengo novio, si no, no hubiera jugado a eso en la discoteca. Si tengo pareja me gusta ser fiel, pero como no la tengo me divierto —contestó Kayla.
—Ya veo —susurró Sam mordiéndose el labio sensualmente— Te han dicho alguna vez que tienes unos ojos muy bonitos.
—Te han dicho alguna vez, que siempre todos los hombres decís lo mismo cuando intentáis ligar —dijo Kayla a Sam.
—Puede, aunque yo solo lo digo cuando me interesa una chica —se mordió el labio mordazmente Sam.
—Vaya… Entonces debo sentirme afortunada —siguió el juego Kayla.
—Mucho —susurró Sam acercando su cara a la de Kayla para luego rozar sus labios.
Kayla no rechazó el beso sino que lo aceptó, sus manos pasaron alrededor del cuello de Sam, mientras que este enterraba su cabeza en el cuello de la chica, haciendo que pequeños suspiros salieran de su boca. Estuvieron besándose apasionadamente durante bastante rato, mientras que sus manos se dedicaban a explorar el cuerpo de cada uno, hasta que la excitación se hizo más presente en el cuerpo.
—Será mejor que subamos a mi habitación —sugirió Sam siendo consciente de que estaba demasiado excitado.
—La primera vez que nos liamos, y ya quieres tener tema conmigo. Mmmm interesante —susurró Kayla entre los labios de Sam— Demuéstrame lo hombre que eres.
Sam cogió de la mano a Kayla, y la arrastró hasta empezar a subir las escaleras, hasta que llegaron a la puerta de la habitación de Sam. La habitación de Sam era bastante amplía, con un baño interior, la cama de matrimonio estaba en el medio de la habitación, al lado una mesilla con una lámpara para alumbrar las noches en las que Sam leía un libro, y después en la pared de enfrente había un gran armario de madera noble.
Besos frenéticos, respiraciones agitadas… la ropa en el suelo. Sam y Kayla en ropa interior. Sam posó sus labios en el cuello de Kayla, mientras que esta estiraba bien el cuello para que este pudiera besar más espacio de cuello, haciendo que sobre el cuello de Kayla pequeñas marcas rojizas aparecieran sobre la piel de su cuello. Con bastante maña adquirida después de tantos años de experiencias sexuales, Sam desabrochó el sujetador de Kayla mostrando unos pechos, pequeños y perfectos. Como solía decir Sam “Ideales para poder abarcarlos con mis manos”, posó sus manos grandes y largas sobre ambos pechos de Kayla y los empezó a masajear haciendo que Kayla empezara a suspirar entrecortadamente mientras cerraba los ojos, y sus pechos empezaban a ser la muestra palpable del placer que estaba sintiendo.
Kayla no se quedó atrás, muy sigilosamente metió su mano dentro de los bóxers de Sam y muy juguetonamente empezó a masajear el miembro de este, y poso su dedos sobre la punta de este pellizcando de vez en cuando la punta, haciendo que Sam emitiera gemidos ahogados por los escalofríos de placer que estaba sintiendo. Poco a poco el miembro de Sam comenzó a crecer entre la mano de Kayla, haciendo que un gran bulto se hiciera presente debajo del bóxer. Con sus brazos musculados, Sam cogió a Kayla en brazos y la tumbó en la cama, y poco a poco sus manos fueron deslizando las braguitas que llevaba Kayla puestas, y después Kayla bajó los bóxers de Sam, dejando su miembro libre. Ambos desnudos sobre la cama, se empezaron a acariciar mutuamente haciendo que sus cuerpos se excitarán más sin duda. Kayla comenzó a besar el pecho de Sam, que estaba cubierto por pequeños lunares, una cruz estaba tatuada en su pecho derecho, haciendo que Kayla sonriera para sí misma.
—No sabía que tenías varios tatuajes —susurró Kayla, ya que en la piscina anteriormente cuando habían estado apenas se había fijado en Sam.
—Ya sabes, soy una caja de sorpresas —susurró Sam para luego besar a Kayla con más pasión, más deseo— Bill no es el único que tiene tatuajes.
—Lo dices con retintín —corroboró Kayla mientras le besaba con más pasión— O estás celoso de que hablará más con Bill que contigo. Te recuerdo que hace media hora no te caía bien…
—Las apariencias engañan. Puede que me cabreará mucho que Laia estuviera en la comisaría por tu culpa, pero solo quiero protegerla. Es una niña —susurró Sam contra los labios de Kayla.
—Laia no es una niña. Ya es una mujer —dijo Kayla— Así que deja de cuidarla tanto, ya es mayorcita para cuidarse sola. Y como yo también soy una mujer quiero disfrutar —atrapó los labios de Sam furtivamente y lo beso con desesperación.
Los dos sexos se rozaban inevitablemente excitándolos mas, necesitaban consumar toda la tensión sexual ya, esto se estaba alargando demasiado para los dos. Sam cogió un preservativo y cuando lo tenía en sus manos Kayla les hizo girar sobre la cama posicionándose ella arriba esta vez, le robo el condón de los dedos y ella se encargo de abrirlo y empezarlo a colocar mientras Sam sentía los dedos deslizarse sobre su erección. Una vez lo tuvo puesto Kayla volvió a apoyar sus manos sobre el colchón al lado del cuerpo de Sam mientras que el con una de sus manos se ayudaba a guiar su miembro hacia la entrada de Kayla, la cual empezó a bajar penetrándose lentamente, haciendo que ambos sintieran un placer lento y sensual.
Sam puso sus manos en ambas caderas de Kayla para ayudarla a penetrarse más enérgicamente. Las embestidas empezaron a un ritmo lento, sin prisas disfrutando de cada movimiento. Poco a poco estas estaban siendo rudas e intensas haciendo que el placer se hiciera más persistente y más placentero. En un descuido de Kayla, Sam tomó las riendas de la situación haciendo caer sobre el colchón a Kayla, ahora él estaba arriba y ella abajo, dispuesto a demostrarle lo hombre que era y hacerle tocar el cielo con las puntas de los dedos. Poco a poco, los muelles de la cama de Sam empezaron a hacer un ligero ruido causado por el vaivén que su cuerpo ejercía sobre el de Kayla, y haciendo que de vez en cuando el cabecero de la cama batiera contra la pared. A medida que pasaban los minutos el placer era mayor y pequeñas descargas eléctricas estaban empezando a recorrer los cuerpos de Kayla y Sam haciendo que llegarán a la extrema excitación. Algunas gotitas de sudor comenzaron a perlar la piel de Sam y Kayla, los suspiros de ambos inundaban la habitación haciendo que el ambiente se fuera caldeando paulatinamente.
Kayla notaba como el miembro de Sam crecía dentro de su interior y como también se empezaba a hinchar, el momento culminante estaba llegando. Sam aceleró más sus embestidas haciéndolas más rítmicas, mientras que Kayla suspiraba, gemía e incluso dejaba escapar algunos grititos de placer, mientras que arañaba la espalda de Sam dejando varias marcas rojizas. Sam aminoró el ritmo para que se hiciera la cosa más larga y placentera para ambos, así torturando a Kayla pero a la vez a él mismo que estaba casi por llegar, pero lo bueno se hacía esperar, con unas embestidas a ritmo lento luego fue acelerando de nuevo para a la vez que sentía que ya no podía aguantar más volvió a aminorar sintiendo que era muchísimo más placentero, sus músculos se contrajeron y con penetraciones cortas y profundas finalmente se corrió dentro del preservativo, aún y haber terminado dio unas estocadas más y Kayla también llegó al orgasmo. Ambos se quedaron quietos intentando coger aire y que sus respiraciones fueron más relajadas, más pausadas, no tan entrecortadas como eran en ese instante. Poco a poco Sam se fue moviendo hasta quitar su miembro del interior de Kayla haciendo que ambos soltaran un leve gemido como ultimo placer. Se tumbó boca arriba respirando, luego cogió un pañuelo de papel y se quitó el condón envolviéndolo en este, para luego posteriormente tirarlo en la papelera que tenía en su habitación.
Después de haber tirado el condón en la papelera, Sam volvió a la cama rodeando con sus brazos el cuerpo desnudo de Kayla, y luego besarle los labios. Después Kayla apoyó su cabeza sobre el pecho desnudo de Sam intentando tranquilizarse y dormir un poco, ya que había tenido una noche muy agitada. Sam cubrió sus cuerpos desnudos y medios sudados con la sábana fina que tenía en la cama. Se quedaron en silencio, mientras se escuchaba la respiración de ambos que iba paulatinamente siendo más calmada. Sam acariciaba la espalda desnuda de Kayla con sus manos.
—El otro día me recriminaste que me hubiera liado con un chico de 23 años, por ser demasiado mayor que yo, y hoy te acabas de acostar conmigo. ¿Cuál es la diferencia? Sois igual de mayores —recriminó Kayla a Sam entre susurros para no romper la calma de la habitación.
—No es lo mismo. Yo tengo 21 años, y el otro tiene 23 años —contestó Sam.
—Sigues siendo mayor, y sacándome bastantes años —volvió a decirle Kayla a Sam.
—Será mejor que durmamos. Mañana hay que madrugar —dijo Sam.
—Siempre cambias de tema cuando no tienes razón. Poco a poco te voy conociendo más —sonrió Kayla acomodándose en su pecho para así dormir.
—Cállate —rió Sam nervioso al haberse visto descubierto.
—Que lista que soy —se piropeó— Buenas noches
—Buenas noches —susurró Sam.
Lentamente ambos jóvenes fueron cerrando los ojos hasta quedarse dormidos. Los rayos del sol empezaron a entrar por la ventana haciendo que Kayla se despertará y viera la hora en el despertador, que estaba en la mesilla. Con mucho cuidado de no despertar a Sam, se levantó de la cama para luego buscar sus braguitas que estaban en el suelo al lado de la cama. Después se puso el camisón, que utilizaba para dormir en verano, cubriendo su cuerpo desnudo. Sin hacer apenas ruido se fue hacia la puerta de la habitación, dando una última mirada atrás antes de abrirla y sonreír sintiéndose satisfecha.
Anduvo por el largo pasillo con los pies descalzos hasta que llegó a la puerta de le habitación donde dormía con Laia. Abrió la puerta lentamente, procurando no despertarla ya que seguía dormida plácidamente sin inmutarse por los rayos del sol, que se colaban por la ventana. Se metió en su cama, e intentó dormir hasta que se volviera a despertar, total era verano y estaban en vacaciones. Ya eran sobre las diez de la mañana, y Laia se despertó, y se dirigió a la cama de Kayla para despertarla ya que ese día tendría que hacer mucho. Había tomado ya la decisión, y si todo salía bien por la tarde o quizás al día siguiente ya estarían de nuevo en España.
—Kay… Venga despierta —movió ligeramente Laia a su amiga— Ya han pasado las lecheras.
—Laia… Tengo sueño —susurró Kayla dándose otra vez la vuelta y tomando posición para dormir de nuevo.
—Vamos Kay, no seas perezosa —volvió a insistir Laia a su amiga— Ni que hubieras estado de juerga toda la noche.
Ese comentario le hizo recordar a Kayla la noche vivida con Sam. Una noche cargada de lujuria, pasión y sexo y que encantadamente volvería a repetir, mientras que no conseguía que Bill le hiciera caso. Aunque conforme se había puesto la situación lo veía muy difícil, ya que los chicos les habían quitado el habla desde que se enteraron de que eran fans, más bien fue porque les mintieron y a los chicos les pareció muy mal.
—Venga vamos a desayunar —habló Laia quitando de sus pensamientos a Kayla— Hoy tendremos que hacer muchas cosas.
—Claro —sonrió Kayla, pensando que ese día se irían de compras por ahí, sin saber que realmente tendría que preparar la maleta para volver a España.
Laia se fue al baño que había en la habitación, para darse una ducha rápida, mientras que Kayla se quedaba un poco rezagada tumbada en la cama, con una sonrisa un poco tonta. La noche anterior lo había pasado genial con Sam, nunca había pensado que Sam pudiera estar tan bien dotado, a llevarla al placer extremo. A los pocos minutos, Laia salió del baño ya recién duchada, con una toalla enrollada sobre su cuerpo, se dirigió hacia el armario y cogió un vestido de color blanco y holgado, en el borde de la falda llevaba un puntilla también blanca.
—¿No te vas a duchar? —preguntó Laia a su amiga.
—Sí, ahora mismo me voy a la ducha —se levantó Kayla de la cama, para dirigirse al baño.
Kayla entró en el baño, y se dirigió a la ducha. Reguló el agua y espero a que cogiera la temperatura adecuada. Se quitó el camisón, y se metió dentro de la ducha. Abrió el grifo del agua y poco a poco su cuerpo desnudo se fue mojando, estuvo durante unos ocho minutos relajándose con el agua. Mientras tanto, Laia ya se había acabado de vestir y ahora se encontraba sentada en la cama esperando a que Kayla saliera de la ducha y se vistiera. Después de unos segundos, Kayla salió también del baño, con una toalla enrollada sobre su cuerpo desnudo. Se dirigió al armario y sacó unos pantalones cortos y una camiseta de asitas. Después de eso las chicas salieron de la habitación dirigiéndose al salón para desayunar.
—Te has tomado tu tiempo para ducharte —puntualizó Laia a su amiga.
—Estaba muy buena el agua —contestó Kayla, mientras bajaban las escaleras.
Continúa…
Gracias por la visita.