Fic hetero de Heiligtkt483
Capítulo 18
Rose había puesto la mesa, ya en el salón. Los tíos de Laia ya se habían ido a trabajar temprano, así que solo quedaban en la casa Sam, Kayla y Laia. Kayla miró disimuladamente a Sam, que también la miró de reojo, sin que se diera cuenta Laia. Empezaron a desayunar en silencio, hasta que Laia decidió romper el silencio.
—¿A qué hora vas a trabajar? —preguntó Laia a Sam.
—Entro a la una y media, salgo a las cuatro de la tarde —contestó Sam a su prima.
—Genial —sonrió tristemente Laia— ¿Y después cuando salgas que vas a hacer?.
—He quedado con los gemelos —explicó Sam mientras que Laia hacia una mueca— Laia son mis amigos…
—Serán tus amigos pero nos han tratado muy mal a mí y a Kayla —dijo dolidamente Laia a su primo.
—Les mentiste… —contestó Sam.
—Soy tu prima deberías apoyarme —dijo con enfado Laia a Sam— Y les estás dando la razón a ellos.
—No es eso Laia —se defendió Sam— Ellos llevaban tiempo diciendo que vosotras eráis fans, y vosotras lo habéis negado varias veces.
—Teníamos miedo que no nos volvieran a hablar que nos apartaran de su lado —dijo Laia media llorosa— Muchas veces hemos oído que les gustaría estar más cerca de sus fans, poder hablar con ellas… Y mira como nos han tratado.
—Espero que se arregle todo antes de que os marchéis a España, cuando acaben las vacaciones de verano —deseó Sam— Bueno me tengo que ir a comprar unas cosas.
Sam se despidió de las chicas, y como dijo antes se fue a comprar lo que necesitaba antes de irse a trabajar. Las chicas se quedaron solas en el salón, y en silencio, hasta que Kayla decidió contarle lo que tuvo por la noche con Sam.
—Oye Laia —dijo Kayla un poco emocionada— Te tengo que contar una cosa.
—¿Qué cosa? —preguntó Laia intrigada.
—Ayer por la noche Sam y yo nos liamos y después nos acostamos… —susurró Kayla a su amiga, de carrerilla sin respirar.
—¡¿Qué?! —exclamó sorprendida Laia— Pe-pero si os lleváis mal.
—Ya… —susurró Kayla— Pero… surgió y bueno… pues eso.
—Me alegro —sonrió Laia a su amiga, de verla emocionada y contenta— ¿Cómo fue?.
—¡Dios! Tu primo es una fiera en la cama me dejo muy bien satisfecha —explicó Kayla a Laia.
—Eso significa que está bien dotado ¿no? —preguntó Laia.
—Sí, bastante bien, mejor que otros. No me quiero imaginar como será Bill o Tom en su total potencial —ya empezaba a fantasear.
—Sí, sí, pero Sam, ese es el tema, cuéntame —exigió Laia.
—Pues estuvo bien, no sé que quieres que te cuente, pervertido es tu primo, hay cosas que son mejor que no deberías de saber —rió Kayla.
—Si no fuera mi primo también le daría un buen viaje —contestó Laia a su amiga.
—¡Salidorra! Pero si tú eres peor que la Virgen María, tienes ya los 18 y aquí sigues sin florecer, mi capullina de rosa —le abrazó cariñosamente.
—Yo espero al chico especial, no como tú, necesitada —le echó en cara.
—¡Eh menos! Que yo le quería —Laia le miró alzando las cejas— Bueno vale no le quería —rieron las dos— En fin… lo he disfrutado mucho después de… —empezó a hacer cuentas con los dedos— Sí, tres semanas.
—Me alegro mucho —sonrió de nuevo Laia— Genial que lo hayas disfrutado porque será lo último que hagas con mi primo, aquí. Me quiero ir a España.
—¡¿Qué?! —dijo sorprendida Kayla— Es nuestro sueño, Laia no podemos irnos…
—Lo sé… pero ellos nos apartaron de su lado —contestó Laia— Me han decepcionado mucho.
—Pero Laia no nos podemos ir, tenemos que seguir la cabeza bien alta aunque ellos no quieran relacionarse con nosotras. Ellos se pierden no estar con nosotras —intentó Kayla convencer a Laia de no irse.
—Pues si tú te quieres quedar, quédate. Yo me voy —contestó Laia tercamente.
—Pero Laia eso no es así, no te voy a dejar sola en el avión, y que tú viajes sola —dijo Kayla apenada.
—Cuando venga mi tío le diré que me lleve al aeropuerto, si tú te quieres venir pretendo irme a media tarde para ir a cambiar el billete de avión —explicó Laia a su amiga.
Laia se levantó de la mesa, dejando a Kayla sola en la mesa. Realmente a Kayla le daba mucha pena que sus vacaciones se acabarán pero no se iba a quedar en casa de los tíos de Laia, siendo una aprovechada y dejar que Laia se fuera sola a España. Mientras tanto Laia estaba en su habitación recogiendo todas sus cosas y metiendo su ropa dentro de la maleta. Cuando acabó de meter todo volvió abajo al salón, donde Kayla estaba conversando con Rose.
—Niña Laia —se giró Rose hacia ella— ¿Cómo es que se quiere ir? ¿No estás a gusto en esta casa?.
—Claro que lo estoy —sonrió Laia amargamente a Rose— Pero no me puedo quedar más aquí, no mientras siga viéndolos a ellos y seguir recibiendo su desprecio.
—Pero niña, Tom y Bill son muy buenos amigos de su primo y son buenas personas —intentó defender a los gemelos Rose.
—Pero no es así con nosotras, no han despreciado y criticado. Así que cuando venga mi tío le diré que me lleve al aeropuerto para cambiar mi billete de día —explicó Laia a Rose— Si no es posible para marcharme hoy, intentaré cambiarlo para mañana. Kayla me acompañas al centro comercial que fuimos el otro día con los chicos.
—¿Para qué? —preguntó Kayla intrigada.
—Quiero comprarme la camiseta que vi el otro día, e irla a comprar antes de quedarme sin ella —respondió Laia a su amiga— Me acompañas…
—Bueno… Está bien —sonrió Kayla al ver a su amiga emocionada, por comprar la camiseta.
Kayla subió a su habitación, para coger su bolso. Cuando bajó de nuevo al salón, ella y Laia salieron de la casa rumbo al centro comercial, donde hace dos semanas habían estado y Laia había visto la camiseta de Tokio Hotel, que tanto había buscado en España pero que no había encontrado. Cogieron un autobús que las llevaría a ese centro comercial, después de quince minutos de trayecto llegaron a la parada indicada, y bajaron de autobús, para luego dirigirse al interior del centro comercial e ir a la tienda donde había viso la camiseta. Con mucho entusiasmo, Laia se dirigió hacia las estanterías donde estaban puestas más camisetas de merchandise de otros grupos de música, para buscar entre todas, la camiseta tan deseada, después de haberla cogido se dirigió hacia la caja para pagarla. Kayla también aprovechó para coger algunas cosillas de Tokio Hotel que no tenía, y que sabía fijo que en España no encontraría.
Después de pagar todo, se fueron del centro comercial y volvieron a coger un autobús que las llevaría de nuevo a casa. Cuando llegaron a la casa, los tíos de Laia ya se encontraban sentados a la mesa para comer, así que las chicas ocuparon sus asientos y Rose fue sirviendo la comida a cada uno en su plato. La comida transcurrió silenciosamente, salvo que algunas veces los tíos de Laia hablaban entre sí de cosas de ellos. Cuando acabaron todos de comer, Rose vino a recoger los platos y se dispuso a traer el postre con el café, mientras tomaban este Laia aprovecho para comentarle a su tío su decisión de marcharse a España lo antes posible.
—Tío… creo que Kayla y yo queremos volver a casa, hemos visto y aprendido mucho, pero no nos sentimos cómodas ya con los amigos de Sam… —explicó Laia.
—¡¿Qué estás diciendo?! —contestó sorprendido el tío de Laia— ¿Os han hecho algo malo?.
—Nooo… solo que no nos sentimos cómodas con ellos —explicó Laia— No nos hacen caso, y para estar en un sitio donde no podamos salir, Kayla y yo porque nos perdemos y que tengamos que ir con Sam a todos lados y que ellos vayan, preferimos irnos otra vez a España.
—No voy a tratar de convencerte porque te conozco muy bien, y eres muy cabezona —dijo con tristeza el tío de Laia— Pero ya sabes que si queréis volver, las puertas de esta casa siempre estarán abiertas.
—Lo sé… y la verdad es que nos lo hemos pasado muy bien, pero… para estar incomodas con los amigos de Sam mejor irnos —volvió a decir con tristeza Laia— ¿Por la tarde nos puedes llevar al aeropuerto para cambiar nuestro billete?.
—Claro —contestó el tío de Laia tristemente.
—Es que queremos irnos lo antes posible —susurró Laia.
Acabaron de comer, y las chicas se dirigieron hacia su habitación para que Kayla acabara de hacer su maleta, ya que se habían ido al centro comercial, y ella no había hecho su maleta. Después de media hora, las chicas volvieron a bajar al salón, donde el tío de Laia estaba sentado en el sillón esperando a que las chicas bajaran de nuevo con sus maletas. Después se dirigieron hacia el garaje, donde el padre de Sam metió las dos maletas de las chicas en el maletero del coche, para luego montarse los tres en el coche, las chicas en el asiento de atrás y el conduciendo el coche, rumbo al aeropuerto.
Después de más de media hora del trayecto, por fin llegaron a aeropuerto. El tío de Laia aparcó el coche en el parking del aeropuerto, y después se dirigieron al interior de este. Laia caminaba apuradamente ya que quería conseguir cuanto antes un vuelo, para poder volver a España. Tras diez minutos de caminar por el aeropuerto, llegaron al sitio donde hacían cambios de billetes, y vendían nuevos billetes. Laia se puso a hacer cola, poco a poco la cola iba disminuyendo y Laia se iba acercando más al mostrador, hasta que le tocó su turno.
Cuando le tocó su turno, Laia comenzó a hablar con la chica que estaba detrás del mostrador para explicarle lo que quería hacer, y que quería cambiar su vuelo para hoy o para mañana. La chica vio en el ordenador si había sitios disponibles en los aviones de las próximas horas, ya que eran dos personas a las que tenía que meter. Después de consultar varias veces, le dijo a Laia que el vuelo saldría a las seis de la tarde, cosa que haría que las chicas tuvieran que esperar cerca de dos horas en el aeropuerto, pero eso a Laia no le importó con tal de volver a su querida España. La chica arregló todo el papeleo y emitió unos nuevos billetes rompiendo los antiguos para luego darle los nuevos a Laia. Cuando acabaron de hacer ese trámite, se fueron a una cafetería a tomar algo y así hacer que la espera no fuera tan larga.
Mientras tanto después de dos horas, los gemelos habían ido a buscar a Sam al trabajo, y después lo fueron a llevar a casa para que se cambiara de ropa, e ir a tomar algo por ahí. Tom aparcó su cadillac escalade enfrente de la puerta de la casa de Sam, y después bajaron todos del coche, para acompañar a Sam al interior de la casa. Una vez que entraron en la casa, se encontraron a Rose con cara de pena y muy afligida.
—Rose, ¿Qué ha pasado? —preguntó Sam a la mujer, pensando que le había pasado algo a sus padres.
—¡Ay! Niño Sam… —respondió la mujer— Estoy muy triste…
—¿Porqué? —preguntó de nuevo Sam confundido.
—La niña Laia y Kayla se han ido al aeropuerto, para volverse a España —contestó la mujer apenada— Su padre las ha llevado.
—¡¿Qué?! —preguntó sorprendido Sam— Pero si hoy por la mañana estaban genial, de buen humor. Todo ha sido por culpa de vosotros.
—Nosotros no tenemos la culpa —se defendió Tom.
—¿Cómo que no? —espetó Sam— Si vosotros no le quitarais el habla a mi prima y a Kayla ellas no se habrían ido. Espero que hagáis algo para arreglarlo.
—¿Y qué quieres que hagamos? Se fueron hace rato, o ya están de camino a España o volverán a casa —dijo Tom.
—No, no todo es tan rápido. Vais a ir al aeropuerto e impedir que se suban a ese avión y les pediréis disculpas. Vosotros no sois así, o bueno, antes no erais así —les miró de arriba abajo.
—Tiene razón Tom, no ha sido para tanto, después de todo no se han excedido con nosotros, han sabido entendernos y tratarnos como personas normales. Está bien iremos —dijo Bill convencido.
—Habla por ti, no por mí —se quejó su hermano.
—Cállate y tira para el coche, eres un rencoroso, ellas no han hecho nada malo —le reprochó.
—¡Nos han mentido! —le gritó.
—Por que tenían miedo de esto precisamente, imbécil —le pegó Bill.
Los chicos salieron rápidamente de la casa, y se montaron de nuevo el coche que conducía Tom camino al aeropuerto. Después de veinte minutos, llegaron al aeropuerto y Tom fue a aparcar el coche en el parking que había este. Sam reconoció el coche de su padre en el parking, así que mantenía las esperanzas de las chicas aún no se hubiera ido. Bajaron con rapidez del coche, y con paso muy apurado entraron en el interior del edificio del aeropuerto, en busca de las chicas y así evitar que se volvieran a España.
Caminaron por todo el aeropuerto, para buscar en donde estarían las chicas. De repente, escucharon por los altavoces la llamada a los pasajeros que iban a tomar el vuelo a España, que fueran a la puerta número 27. Así que los chicos se fueron corriendo hacía esa puerta, cuando llegaron ya había un cola perfectamente formada, para entrar por la puerta y tomar ese avión. Laia y Kayla también estaban en la cola, y ya estaban cerca de la chica que se encargada de comprobar los pasaportes y los billetes.
—¡LAIA! —gritó Sam intentando captar la atención de su prima— ¡ESPERA!.
Laia miró a su primo, pero hizo caso omiso a los llamados de él. También había visto a Tom y a Bill, pero estaba tan dolida con ellos que no iba a dar el brazo a torcer para volverles a dar una oportunidad. Poco a poco la fila fue disminuyendo hasta que la chica que revisaba los pasaportes, tomó los de Laia y Kayla, para luego después entrar por la puerta que las llevarían a su avión.
—Laia… —susurró apenado Sam.
—Te lo dije, ellas no iba a dar el brazo a torcer —recriminó Tom a Sam muy molesto— He perdido mi tiempo precioso, en venir aquí.
—Eres un insensible —dijo con cabreo Sam.
Sam seguía discutiendo con Tom, tanto que hizo que Bill se desesperará ya que las chicas ya estaban subiendo en el avión, y en unos minutos se volverían a España. Sin previo aviso, Bill corrió hacía la puerta por donde habían entrado las chicas para subir a ese avión, saltándose la seguridad, mientras que Tom se había dado cuenta de lo que había hecho Bill y se le puso a gritar que lo llevarían a la cárcel pero realmente no se dio cuenta de que él y Sam habían entrado también, porque Sam lo había arrastrado con él. Siguieron a Bill hasta el interior del avión, encontrándose ya a Bill disculpándose con las chicas.
—Lo siento… —dijo Bill sinceramente— No os vayáis sois unas chicas estupendas y me gustaría que os quedarais para poder conoceros mejor.
—Ya claro, y yo me lo creo —dijo Laia irónicamente.
—Bill nos van a meter en comisaría por esto, estás loco —le reprochó Tom.
—Enserio hemos sido unos inconscientes, os entendemos, nos hemos comportado mal con vosotras, pero son cosas a las que no estamos acostumbrados, nunca nos ha pasado esto de estar prácticamente conviviendo con unas fans, y creo que quienes tenían miedo éramos nosotros, y no vosotras, perdonarnos, bajar del avión, por favor —dijo Bill de carrerilla para salir de ahí cuanto antes y los cargos fueran menores.
—Laia… —dijo en modo suplicante Kayla ya que ella desde un principio no quería irse.
—No veo que Tom piense lo mismo —le miró duramente Laia.
—Que sí, que Bill tiene razón pero joder, vámonos ya o saldremos en la prensa de todo el mundo —estaba nervioso.
—¡QUEREMOS QUE EL AVIÓN DESPEGUE! —gritaron varios pasajeros cabreados.
—¿Lo decís enserio? —preguntó desconfiadamente Laia.
—Que sí, pero vámonos por favor —Tom estaba sudando de los nervios.
—¡PERDONAD YA A VUESTROS NOVIOS E IROS! —gritó una mujer asientos más adelante que ellos alzándose.
—Están molestando a los pasajeros y debemos de despegar, señores bajen del avión —dijo uno azafata que había llegado.
—Allí están —dos hombres de seguridad del aeropuerto habían subido al avión.
Continúa…
Gracias por la visita.