
Fic hetero de Heiligtkt483
Capítulo 20
Laia se levantó del sillón y se fue hacia las escaleras para empezar a subirlas, dejando a los demás un poco descolocados por la reacción que había tenido. Laia fue subiendo lentamente las escaleras, mientras escuchaba como los demás cuchicheaban preocupados el estado repentino de ánimos que había tenido. Hasta que desapareció de la vista de los demás, y se fue a su habitación, quería estar sola, así que cerró la puerta con llave, para que Kayla no la molestará sabía de sobra que a los pocos minutos su amiga subiría para saber que es lo que le había pasado, porque había cambiado tan rápido de humor.
—¿Por qué todos prefieren a Kayla en vez de mí? —se preguntó Laia así misma, una vez que se tumbó en la cama— Ella es más guapa que yo, por eso mi primo Sam se fijó en ella, y ahora Tom parece que le ha puesto el ojo. Ojalá fuera como Kayla…
—Laia, cariño ¿Estás bien? —escuchó Laia a su amiga a través de la puerta.
—Déjame quiero estar sola —contestó Laia a Kayla.
—Venga ábreme la puerta —dijo Kayla moviendo el pómulo de la puerta sin obtener ningún resultado.
—TE HE DICHO QUE QUIERO ESTAR SOLA —gritó Laia a su amiga, haciendo que esta se fuera por el mismo sitio por donde vino.
Kayla volvió a bajar las escaleras, y se fue al salón para volver a junto de los chicos. Los chicos la miraron preocupados ya que sabían que Kayla iba a intentar hablar con Laia, y si bajó tan rápido era porque Laia no quería hablar con ella. Durante la noche estuvieron hablando, y cuando llegó la hora de acostarse los gemelos se fueron a su casa, y Sam y Kayla se fueron a sus respectivas habitaciones, pero Kayla se fue a la habitación de Sam ya que Laia seguía con la puerta cerrada, así que esa noche no podría dormir en la habitación.
—¿Puedo dormir esta noche contigo? —dijo Kayla asomándose por la puerta— Tu prima me ha dejado puerta fuera de nuestra habitación.
—No entiendo la reacción de mi prima —dijo Sam un poco desconcertado— Nunca la vi reaccionar así.
—Ha tenido un día un poco ajetreado, y por encima ahora está preocupado por las fotos. Tu prima es muy sensible, a mi pues me da un poco igual lo que digan porque yo sé la verdad —explicó Kayla a Sam— Pero tu prima siempre ha sido más sensible a comentarios de la gente, y claro está que tío con la llamada la hizo ponerse más preocupada. Tu tío es muy estricto con Laia en España muchas veces no la deja salir por la noche, aunque tu tía es más liberal así que Laia siempre le pedía permiso a ella, y como siempre se venía a dormir a mi casa, pues no había problema. Creo que le preocupa lo que pasará cuando lleguemos a España.
—Ya… —susurró Sam— Mañana intentaré hablar con ella, creo que necesita las palabras mías, que soy casi como su hermano mayor.
—Si… Ella te tiene mucho cariño, y seguramente que tus palabras la harán sentirse mejor —contestó Kayla a Sam.
—Y bueno… ahora que vas a pasar la noche aquí en mi habitación, podemos aprovechar el tiempo ¿no crees? —sugirió Sam a Kayla mientras se mordía el labio inferior.
—No pierdes el tiempo… —dijo Kayla mientras se acercaba a besar el cuello de Sam y mordiéndole seductoramente la oreja haciendo que a Sam se le erizará los vellos de la piel.
—Tú sí que sabes tocar en el sitio, que hace que me ponga caliente —susurró Sam entre pequeños gemidos.
—Soy una especialista en esto —dijo Kayla apoyando a Sam en el colchón quedándose encima de él, y empezar a bajar por su pecho desnudo dando besos húmedos, hasta llegar al inicio de sus bóxers— Pero lo que realmente lo que quiero es lo que tienes debajo de esos bóxers hace que me excite más, quiero sentirlo dentro de mi.
—Tus deseos son ordenes —susurró Sam entrecortadamente mientras que Kayla le bajaba lentamente los bóxers mostrando su miembro, sin vida.
—Hay que darle vida al cuerpo —se rió Kayla mientras que empezaba a jugar con la punta del miembro de Sam, haciendo que este se empezará a excitar.
Kayla torturó placenteramente a Sam durante unos diez minutos, haciendo que por el cuerpo de Sam recorriera pequeños escalofríos de placer, que se estaban haciendo presentes en el miembro erecto de él, como si se tratará de una golosina muy dulce, Kayla jugó con el miembro de Sam pasando lengüetazos con su lengua saboreando cada rincón del objeto que más tarde le haría llegar a la luna, al placer infinito.
—Como sigas así me voy a correr antes de tiempo —susurró Sam respirando entrecortadamente, Kayla sabía hacer muy bien su trabajo, más bien, demasiado bien para una chica de apenas 17 años, eso decía mucho de Kayla que llevaba años practicando en esos placeres.
—Eso es lo que estoy tratando —dijo Kayla liberando al miembro de Sam de su boca— Pero casi voy a dejar para disfrutar después, que sino se nos acaba la fiesta pronto.
—Ya… —suspiró Sam entrecortadamente.
Sam decidió tomar las riendas en el asunto, Kayla ya había estado demasiado tiempo martirizándolo y ahora le tocaba a él, hacerla sufrir de placer como había hecho minutos antes Kayla con él. Sam posó sus manos sobre las caderas de Kayla, y sin previo aviso la tumbó bruscamente sobre el colchón de la cama, para luego comenzar a besarle detrás de la oreja, haciendo que Kayla retorciera en sus manos las sábanas que ya estaban un poco desordenadas.
—No solo tú sabes jugar, yo también sé… —se susurró provocativamente Sam a Kayla en el oído mientras volvía a agachar su cabeza en el cuello de Kayla y lo saboreaba con mucho placer.
Lentamente Sam fue deslizando las asitas del pijama de verano que utilizaba Kayla, para luego mostrar unos pechos pequeños y apetitosos. Sam no perdió tiempo y empezó a jugar con uno de los pezones de estos, mientras Kayla suspiraba después siguió con una hilera de besos por el estómago de Kayla hasta el vientre de ella. El camisón de verano de Kayla ya había desaparecido de su cuerpo, ahora solo mostraba una braguitas que cubrían la zona de su sexo. Poco a poco Sam fue deslizando las braguitas hasta que las consiguió quitar por las piernas, ahora estaban ambas desnudos pero aún faltaba bastante para alcanzar el placer, el éxtasis sexual.
Como había hecho Kayla con su miembro, Sam hizo lo mismo con el sexo de Kayla haciendo que con cada caricia, beso… su cuerpo se excitará más y más. El ambiente se mostraba más caldeado, y el calor del sexo se había impregnado en cada rincón de la habitación. Sam enterró su cabeza entre las piernas de Kayla, y comenzó a jugar con el sexo de Kayla, introdujo su lengua en el interior de sexo y comenzó a acariciar el clítoris de Kayla, haciendo que los suspiros y gemidos fueran más duraderos en el tiempo. Después introdujo uno de su dedos, hasta llevar al punto G de Kayla y acarició repetidamente en forma de círculos haciendo que el placer estuviera más presente y que su miembro se fuera poco a poco poniendo más duro, más erecto.
—No puedo más… —susurró Kayla retorciendo las sábanas entre los dedos— Por favor, no hagas que esto sea una tortura…
—Así me gusta, que me implores que te haga mía —susurró Sam mientras que se acercaba para besarle los labios con urgencia, con desesperación.
Se estuvieron acariciando, y sintiendo el cuerpo de cada uno hasta que el encuentro se hizo más que inminente, más urgente. Sam se separó de Kayla y abrió el primer cajón de su mesilla donde tenía la caja de los preservativos, cogió un envase de ellos y se lo dio a Kayla para que esta se lo pusiera sobre su miembro erecto. Kayla rasgó el envoltorio metálico y puso el condón al principio de la punta del miembro de Sam. Poco a poco fue deslizando su mano por el pene de Sam hasta que lo puso completamente para posteriormente acariciarle los testículos estimulándole más. Sam abrazó a Kayla y luego la tumbó en el colchón, para posicionarse sobre ella. Con sus manos cogió las piernas de Kayla y las puso al lado de sus caderas para luego guiar su miembro hacia el interior del sexo de Kayla. Cuando lo metió por completo comenzó a moverse enérgicamente dentro del sexo de Kayla, haciendo que el cabecero de la cama comenzará a dar su peculiar banda sonora, por el traqueteo que ejercía sobre la pared.
—O—Oooh dios mío —comenzó a suspirar Kayla a medida que Sam intensificaba sus movimientos— Sigue…
Sam hizo caso a lo que le había dicho Kayla, y comenzó a dar unas embestidas más bruscas, más fuertes, haciendo que descargas de placer recorrieran el cuerpo de ambos. Según los movimientos de Sam eran más rápidos su cuerpo se iba perlando por una fina capa de sudor plateada, que había que ambos cuerpos fueran plateados en esa noche de verano. En esa habitación solo se podía oír sus respiraciones agitadas, a causa del placer ínfimo que estaban sintiendo, haciendo que cada uno se perdiera en el cuerpo del otro formando solo una persona. Poco a poco el miembro de Sam comenzó a crecer más y más dentro del interior de sexo de Kayla llegando hasta lo más profundo de este, tanto era así que Kayla comenzó a sentir pequeñas punzadas de placer debajo de su ombligo, hasta que el momento más deseado por ambos empezó a ser presente. Sam volvió a intensificar sus movimientos como previo aviso a su estocada final, hasta que su miembro desahogó después de tanta presión acumulada haciendo una gran corrida.
—Ha sido increíble —suspiró Kayla intentando coger aire.
—Sí —contestó Sam separándose de Kayla para sacar su miembro de su interior, para luego acostarse boca arriba en la cama y con cuidado quitarse el preservativo envolviéndolo en un pañuelo de papel para tirarlo después— Espero que lo repitamos más veces…
—Sí, claro pero quiero dejarte claro que no quiero una relación establece, solo pasarlo bien —le aclaró Kayla a Sam ya que ella realmente estaba interesada en Bill.
—Claro, mi interés solo es pasarlo bien —contestó Sam aunque sinceramente le había sentado un poco mal las palabras de Kayla, pero él sabía realmente que la joven tenía una cierta tendencia a Bill.
—Genial, solo era un punto que quería dejar claro —dijo Kayla acurrucándose sobre Sam— Seremos amigos con derecho a roce.
—Ya… Oye Kayla quiero decirte que si tú quieres podemos decirles que somos novios para evitar todas esas habladurías —explicó Sam— Pero si no quieres que los chicos se encarguen de desmentir todo este lio.
—Ahora no me apetece hablar de esto, estoy cansada —dijo Kayla cerrando los ojos abrazada a Sam— ¿Podemos intentar dormir? Mañana tengo que intentar hablar con tu prima, para ver que es lo que le pasa. Me tiene preocupada.
—Si a mí también realmente me estoy empezando a dar cuenta de que no conozco realmente a mi prima —dijo Sam— Mañana hablaré seriamente con ella.
Sam y Kayla se tumbaron mejor en la cama, y lentamente fueron cerrando los ojos hasta que poco a poco cayeron en los brazos de Morfeo. Mientras tanto Laia en su habitación, lloraba si parar le daba coraje que Kayla siempre tuviera tanto protagonismo, aunque era su mejor amiga desde la guardería, había cosas que no le gustaba de ellas y esa era una de ellas. Todos los chicos, incluso los del instituto preferían a Kayla antes que ella, ya desde la temprana adolescencia, ya que Kayla había desarrollado mucho antes que Laia, por eso era más experimentada en ciertos temas.
Los rayos del sol se colaron por la ventana de la habitación donde dormía Laia, poco a poco fue abriendo los ojos y se vio cegado por los rayos del sol que penetraban por la ventana. Todo estaba en silencio, así que se levanto de su cama y se fue al armario para coger una muda limpia de ropa interior y una ropa que ponerse ese día. Observó pensativa la cama vacía de Kayla, seguramente al ver que no podía acceder a la habitación se habría ido a dormir a la habitación de Sam ya que en la noche anterior se habían acostado juntos, y no le extrañaba mucho que lo volvieran a repetir.
Se volvió a girar para dirigirse al baño y darse una ducha rápida. Reguló el agua hasta que poco a poco empezó a salir el agua caliente, y se metió dentro dejando que le agua recorriera su cuerpo desnudo. Cuando acabó de ducharse, salió de la ducha y cogió una toalla para secar su cuerpo, observó su cuerpo desnudo a través del espejo, pechos pequeños… no muy desarrollada no le extrañaba que ningún chico se fijara en ella. Deseaba que algún día pudiera tener el cuerpo que tenía Kayla, ella sí que era bonita.
Laia se secó su cuerpo mojado, para luego enrollarse la toalla sobre este. Salió del baño, y se dirigió hacia su cama donde tenía su ropa interior limpia y la ropa que pondría sobre ella. Lentamente se fue poniendo las braguitas, para luego ponerse el sujetador que sujetaban unos pechos pequeños sin desarrollar, y finalmente se acabó de poner la otra ropa. Descorrió la llave puesta sobre la puerta de la habitación, y con mucho sigilo salió de esta. Todo estaba en silencio, se notaba que Sam y Kayla aún estaba durmiendo.
Bajó las escaleras con gran lentitud, para dirigirse a la cocina, Rose aún no se había levantado ni se había puesto hacer el desayuno ni los quehaceres de la casa. Se cogió una tostada de pan, y echó en un vaso un poco de zumo natural que se bebió con muchas ansias. Dejó el vaso en el fregadero, y se dirigió a la puerta de la casa que daba al exterior, necesitaba pensar y sobretodo estar sola sin que Kayla ya por la mañana la viniera a agobiar preguntándole lo que le pasaba. Cerró la puerta con cuidado, para no despertar a los demás que aún dormían, y se puso los cascos en sus oídos para ir escuchando música de su Ipod.
Comenzó a caminar calle abajo, mientras que escuchaba su música favorita. Cruzando las calles sin apenas fijarse si venía algún coche, es que a esas horas de la mañana apenas había mucho tránsito de coches, pero aún así Laia tendría que haber mirado si venía algún coche para así evitar algún accidente. Sumida en sus pensamientos, iba pensando en la forma de hacerse notar en los chicos, y que ellos se fijarán en ella, quizás ya era hora de dejar una simple niña y convertirse en una mujer, quizás ya era hora de perder algo que le pertenecía desde que nació, quizás ya era tiempo de ser como Kayla. El rechinar de los frenos de un coche, la hizo quedarse estática mientras que el coche estaba a apenas unos centímetros de su cuerpo.
—¡TE HAS VUELTO LOCA! TIENES QUE MIRAR POR DONDE VAS —dijo enfurecido el conductor del coche, un Audi R8 un coche lujoso, seguramente que el conductor había pagado una gran cantidad de dinero por este— Laia…
Laia al ver a Tom no dijo nada, se quedó en silencio mirándolo con ojos tristes. Tom estaba enfadado porque sino hubiera parado a tiempo la hubiera atropellado, y no sabía cual sería mejor el remedio o la enfermedad.
—TIENES QUE VER POR DONDE ANDAS —le dijo Tom a Laia elevando un poco la voz— TE PUEDE HABER MATADO. ERES UNA NIÑA INMADURA…
Laia siguió inerte, la única diferencia de antes es que ahora por sus ojos azules como el cielo comenzaban a salir unas lágrimas cristalinas, para luego comenzar a llorar más intensamente. Tom al ver la reacción de Laia, por pena, se acercó a ella para reconfortarla y abrazarla.
—Venga… no te pongas así —dijo Tom más sereno, intentando calmar a Laia que ahora estaba llorando como una niña pequeña— Tienes que fijarte más, porque un día te van a atropellar. No puedes ir cruzando las calles sin mirar. Pero no llores más… por favor.
—No puedo más… —susurró Laia entre lágrimas mientras se abrazaba más a Tom, agarrando con fuerza la gran camisa que llevaba puesta, una camisa roja de cuadro blancos y rojos, que realmente le quedaba genial, muy sexy— Estoy harta de todo…
—Vamos pequeña… no llores más —dijo Tom intentando volver a calmar a Laia, que ahora había mojado su camisa.
—¿Por qué todo el mundo se empeña en hacerme más pequeña de lo que soy? —preguntó Laia entre susurros mientras seguía llorando— Porque me siento tan insignificante…
Continúa…
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