Fic hetero de Heiligtkt483
Capítulo 21
—No es eso Laia. Eres muy inocente pero eso no es malo, todo lo contrario es muy bueno porque te muestras tal como eres, una persona buena y sensible… —dijo Tom intentándola animar.
—Pero no gusto a los chicos… —susurró tristemente Laia— Ojala fuera mil veces como es Kayla, ella sí que es guapa todos los chicos se interesan por ella, pero nunca por mi.
—Kayla tiene unas cualidades que tú no tienes, pero tus cualidades son sin duda también mejores que las de Kayla —dijo Tom a Laia mientras que acariciaba la cabeza cariñosamente— Sois diferentes, pero eso no quiere decir que seas peor que Kayla.
—Ojala tuvieras razón —volvió a decir Laia con los ánimos por el suelo.
—Venga alegra esa cara, no me gusta verte así tan desanimada —dijo Tom acariciando la cara de Laia mientras que con sus dedos pulgares secaba las lágrimas que recorrían las mejillas— Así se marchitan esos ojos tan bonitos que tienes. Ven te invito a desayunar, seguro que no has comido nada aún a estas horas.
—No tengo hambre, tengo un nudo en el estomago pero de todas formas gracias… —susurró Laia a Tom mirándolo fijamente a los ojos.
—Pues vas a tener que venir a desayunar conmigo, porque yo no admito un no por respuesta —insistió Tom a Laia.
—Lo sé… Eres Tom Kaulitz siempre consigues lo que quieres —dijo Laia con pena en la cara— Hasta chicas bonitas…
—Vamos, ven… —Tom agarró a Laia de la mano para luego arrastrarla hasta el coche que se había quedado aparcado a un lado de la carretera, menos mal que a esas horas de la mañana no había mucho tránsito de coches, sino ya estarían pitando por el mal estacionamiento del coche que estaba impidiendo el paso parcialmente.
Tom abrió la puerta del copiloto e hizo meterse a Laia dentro, después cerró la puerta y rodeo el coche para subir en el coche. Cuando estuvo ya dentro se puso el cinturón, mientras que Laia también hacía lo mismo, después arrancó el coche rumbo al estudio de grabación, ya que había quedado con David para hablar de unos asuntos, en los que estaba incluido las fotos que habían salido de ellos el día anterior en la televisión, pero después desayunaría con Laia tranquilamente, ya que el estudio de grabación poseía de una pequeña cafetería en la que los empleados tomaban cafés en sus horas de descanso. Se paró en un semáforo en rojo, Laia estaba pensativa mirando por la ventana y callada.
—Parece que te ha comido la lengua el gato —dijo Tom para romper un poco el silencio incomodo que se había formado dentro de coche.
—No tengo nada que decir —contestó Laia para luego volver a mirar por la ventanilla del coche.
—Ya verás como te va a gustar el sitio donde vamos a ir —continuó hablando Tom sin importarle que en esos momentos Laia no lo escuchaba, ya que estaba absorta en sus pensamientos— Es un sitio que siempre has querido ir. Te gustará verlo por dentro, muy poca gente ha estado dentro de allí, tienes que considerarte privilegiada.
El semáforo se puso en verde, y Tom pisó el acelerador para arrancar para luego meterse por una carretera, que poco a poco fue dando a un camino lleno de árboles donde la fondo había una gran casa, con un gran jardín. Laia se quedó expectante mirando la casa, para luego mirar a Tom con confusión.
—No me mires así Laia —dijo Tom al ver la cara que ponía Laia— Te mueres de ganas de ver el estudio de grabación por dentro, además la cafetería hace unos buenos desayunos.
Cuando llegaron a la entrada del estudio de grabación, Tom metió el coche por el camino empedrado hasta que lo dejo perfectamente aparcado enfrente de la puerta. Sacó las llaves del contacto del coche, y salió de este para luego ir a abrir la puerta de Laia, quien salió a los pocos segundos. Cerró el coche con la llave, y se dispusieron a entrar dentro del estudio de grabación. Tom pasó su brazo por encima de los hombros de Laia para que esta caminara hacia dentro del estudio.
—Bueno días Soffie —saludó Tom a la recepcionista— ¿Qué tal todo?.
—Muy bien, Señor Kaulitz —contestó la chica educadamente.
—Por dios Soffie no me llames así, llámame mejor Tom nos conocemos desde hace un par de años, ya hay la suficiente confianza para que me llames Tom —dijo Tom a la chica que se ruborizó.
—De acuerdo, Tom —contestó con un poco de vergüenza la chica ya que no estaba acostumbrada a llamarla por el nombre.
—Muy bien. Soffie podrías llevar a mi despacho dos bandejas del suculento desayuno que hacen en la cafetería —dijo Tom a la chica.
—Claro, en unos minutos se lo llevo —contestó la chica.
—Muy bien —sonrió a la joven Tom— Cuando llegue David le puedes decir que estoy en mi oficina.
—Claro —asintió Soffie.
—Vamos Laia —se dirigió Tom a Laia para ir a su oficina.
Tom y Laia se dirigieron a la oficina de este. Laia estaba un desorientada y sorprendida al estar dentro de aquella casa que era el estudio donde había grabado todos sus trabajos. Siguió a Tom por los pasillos hasta llegar a una sala equipada con un despacho, un sofá y una pequeña mesa.
—Ponte cómoda —le indicó Tom, mientras buscaba algo en uno de los cajones. Laia se sentó en el sofá observando el lugar— ¡Ajá lo encontré! —ella le miro confundida— Se me olvido el tabaco en casa —sonrió Tom.
—Fumas como una chimenea —le dijo ella.
—De algo hay que morir —típico de un fumador decir eso. Tom prendió un cigarrillo y empezó a fumarlo mientras arrastraba la silla de detrás del escritorio hasta ponerlo en el centro de la sala frente a la mesa pequeña y frente a Laia— Bueno cambiando de tema, mientras esperamos a que nos traigan el desayuno cuéntame algo —pidió Tom.
—¿Y qué quieres que te cuente? —preguntó Laia.
—Hombre, eres una chica a la que no conozco mucho, y eres fan, tendrás muchas historias que contarme, puede ser interesante —dijo con obviedad Tom.
—Que te interesa más ¿Mi sencilla vida de persona normal, o mi vida de palabras, sueños por cumplir y locuras de fan? —volvió a preguntar Laia.
—Podemos empezar por ti, ya que el resto va atado —contestó Tom.
—Vale pues me llamo Laia, tengo 18 años, mi cumpleaños es 17 de mayo, nací en Barcelona, estudio primero de bachiller, aunque el año que viene cursaré segundo de bachiller, en uno de los institutos de mi pueblo, mi color favorito es el verde, me gusta escuchar música, odio las cucarachas, arañas y cualquier bicho feo y asqueroso, em… ¿Ya está? —hizo un repaso rápido sin respirar y de carrerilla sobre ella y sus gustos.
—¿Comida favorita? —preguntó Tom.
—Me gusta de todo pero mi comida favorita es la pizza —contestó Laia.
—¿Qué sueles hacer en el tiempo libre? —volvió a preguntar Tom.
—Pues irme de paseo por ahí con Kayla, ir al cine a ver pelis románticas y… yo que sé —contestó Laia.
—¿Cuál es tu hobbie? —volvió a preguntar Tom.
—Pues ver la tele, escuchar música, pasar el tiempo con Kayla —dijo Laia de nuevo.
—¿Cuál de nosotros es tu favorito? —preguntó Tom sin rodeos.
—Todos sois mis favoritos —dijo Laia rehuyendo un poco la pregunta.
—Pero habrá alguno que te guste más, y no rehúyas la pregunta que te estoy viendo venir —advirtió Tom.
—Bueno… sí… hay uno… —dijo Laia en susurros poniéndose un poco ruborizada.
—¿Y quién es? —preguntó Tom intrigado.
—Me da vergüenza decirlo —contestó Laia muy tímidamente y completamente ruborizada.
—Venga no tengas vergüenza decirlo no te voy a comer —dijo Tom con el ego subido.
—Pues es Gustav —mintió Laia de la forma más convincente posible.
—Vaya… —dijo Tom un poco decepcionado, pensando que él sería el favorito de Laia.
—Es un buen batería —añadió Laia.
—¿Y cuál es tu canción favorita? —volvió a preguntar Tom.
—Todas las canciones son bonitas, pero las que más me gustan son la Durch den monsum, Geisterfahrer, Rette Mich, 1000 Meere, Ich bin nicht ich —enumeró Laia.
—Vaya pues ya son canciones favoritas —dijo Tom— ¿Y desde cuando eres fan?.
—Pues desde que soy una enana. Tenía 10 años desde que escuché por primera vez Durch den monsun —contestó Laia— Al principio Kayla y yo no éramos capaces de pronunciar las palabras.
—Me lo estoy imaginando —se empezó a reír Tom al imaginarse a Laia y a Kayla intentando vocalizar la canción.
—No te rías, eres muy malo —se quejó Laia poniendo cara de niña pequeña.
—Venga no te enfades conmigo, solo es que me ha hecho gracia —se acercó Tom para abrazar a Laia.
—Perdón… Aquí traigo el desayuno que habéis pedido —interrumpió Soffie la escena, entrando en la oficina.
—Oh… perfecto. Puedes dejarlo aquí sobre la mesa Soffie —se separó Tom de Laia— Gracias, ahora puedes volver a tu trabajo, no te olvides de que cuando venga David dile que pase a este despacho.
—Descuida se lo diré sin duda —contestó la chica— Ahora si me permitís voy a volver con mi trabajo.
Soffie se fue del despacho de Tom, dejando a Laia y a Tom en una situación un poco incomoda, más bien Laia porque había visto como la joven los había encontrado en una situación un poco rara, que igual en esos momentos estaba empezando a pensar mal de que Laia y Tom tenían una relación.
—He pensado en una forma para no tener que dar una rueda de prensa explicando lo sucedido —dijo Tom mientras que daba un mordisco a su tostada.
—¿Cuál? —preguntó Laia intrigada.
—Pues podemos quedar un día todos juntos para ir a la discoteca o a otro sitio, y dejarnos ver por los paparazzis tal y como somos —explicó Tom— Y que sean ellos los que miren que no hay nada entre nosotros.
—Es buena idea —susurró Laia mirando fijamente su desayuno sin probar bocado.
—Comete algo, o me veré obligado a dártelo como si fueras una niña pequeña —advirtió Tom.
—Tonto —dijo Laia mientras le echaba la lengua de Tom.
—No me insultes —le advirtió Tom.
—Eres un amargado —añadió Laia.
—Y tu una niñita —contestó Tom haciendo que Laia se quedará estática, mientras que por sus ojos comenzaban a caer otra vez un par de lágrimas— Laia…
—No me toques imbécil —dijo Laia alterándose y levantándose de la silla, para intentar irse después de que Tom intentará reconfortarla.
—No te vayas… —la abrazó Tom por la cintura para impedir que Laia se fuera— Perdóname…
—Estoy harta de todo el mundo, estoy harta de que me miren como una niña… —dijo Laia llorando dándose la vuelta— Y tú eres que igual que ellos, que todo el mundo.
—No lo decía para molestarte, era una broma —dijo Tom.
—Pues tu broma me la meto por el culo, Tom —ahora Laia hablaba enfadada, últimamente estaba diciendo cosas que nunca diría, está sacando un carácter que pocas veces sacaba a la luz.
—¡No me hables así! —gritó Tom.
—Es que no soy una niña joder. Solo por tener unos cuantos años menos y que tú seas dos cabezas más alto que yo, no te da derecho a decirme eso, y parece que ningún tío lo entiende —le plantó cara.
Tom intentó ponerse en su situación y la entendió, no de la misma manera, pero en cierto modo, porque cuando él estuvo en el colegio no lo paso bien y sabía lo que era que te dijeran cosas dolorosas, y para ella era doloroso que la compararan con una niña, así que trato de arreglar la metedura de pata.
—Vale no eres una niñita, eres una mujercita de baja estatura —Laia se le quedó mirando con una ceja alzada seriamente.
—Eres un estúpido de los peores que he conocido —dijo pero luego esbozo una sonrisa.
—Si lo que tu digas mujer de 17 años de metro y medio —se metió Tom con Laia.
—¡No mido un metro y medio! —Tom se reía.
—Bueno… Lo que sea, ¿me perdonas? —preguntó Tom con cara de perrito mojado.
—Me lo tendré que pensar —puso cara de interesante Laia— Bueno… Va porque me caes bien, sino ya verías como no te perdonaba.
—Es que soy el mejor, por eso te caigo bien —dijo Tom con el ego subido.
—Eso, baja Modesto que sube Tom —contestó Laia— Modestia a parte.
—Se puede… —dijo David asomando la cabeza por la puerta.
—Oh, pasa —le dijo Tom.
—Y bueno, ¿Se te ha ocurrido algo para solucionar todo este problema? —preguntó David.
—Si —sonrió Tom— Bueno, he pensado que podíamos hacer que los paparazzis nos vieran salir por ahí y que vieran que las chicas no tienen ninguna relación con nosotros. Además Sam y Kayla andan medios liados así que pueden pasar perfectamente por pareja.
—¿Y Laia? —preguntó David mirando a la joven.
—Pues la emparejamos con Andreas —contestó Tom sin pensarlo— Claro si ella está de acuerdo, sino tendríamos que ver otra forma.
—Bueno… —dijo Laia no muy convencida— No hay que hacer mucho, ¿verdad?.
—Bueno solo os tendréis que dar unos besos, unos abrazos e ir cogidos de las manos —explicó Tom— Ser lo más fiables posibles para que la prensa se olvide de vosotras.
—Bueno, está bien —dijo Laia un poco preocupada, ya que Andreas le caía genial, pero no le atraía como hombre y no sabía si podría actuar bien en esa farsa.
—Hola me llamo David —se presentó a Laia— Tu debes ser Laia.
—Así es… —sonrió Laia a David— Mi primo es amigo de los chicos, y estoy pasando las vacaciones de verano en su casa. Lamento mucho todo el lio en que os hemos metido mi amiga y yo.
—No es ningún lio, Laia —contestó David— La prensa a veces es un poco cojonera con los chicos.
—Ya… pero hemos aparecido en otros sitios y ahora por facebook nos están llamando de todo —explicó Laia— Eso no es muy agradable.
—Bueno no te preocupes que se arreglará todo muy pronto —la calmó David.
—Ya… —susurró Laia.
—A pesar de todo, ¿Tenéis algo? —preguntó David para asegurarse— Lo digo para asegurarme y estar prevenido por si pasan cosas.
—No, no tenemos nada —contestó Tom esta vez— Solo somos conocidos, nada más.
—Bueno, vale —asintió David— Pues entonces hacemos eso. Y ahora me voy que he quedado con Hoffmann.
—Ok —dijo Tom— Hasta luego…
David se fue de la oficina de Tom dejando a los solos. Se quedaron en silencio, para luego Tom mirar a Laia y comenzar a hablar.
—Bueno, será mejor que te lleve a casa de tu primo. Se estará preocupando por ti —dijo Tom a Laia.
—No creo sino me hubiera llamado al móvil, ahora estará haciendo su nidito de amor con Kayla —contestó un poco molesta Laia.
—Bueno vamos que te llevo —dijo Tom preguntar nada para entrar en detalles.
Tom y Laia salieron del despacho de este, y volvieron a recorrer los pasillos que por la mañana temprano había recorrido junto con Tom. Llegaron a recepción y se despidieron de Soffie que en ese momento estaba hablando por teléfono, y salieron al exterior del estudio de grabación para dirigirse hacía el coche que estaba aparcado fuera. Tom abrió el coche con el mando a distancia, y se metieron dentro Laia en el asiento del copiloto y él conduciendo. Tras veinte minutos de trayecto, por fin llegaron a donde vivía Sam. Tom aparcó el coche justo en la misma acera, donde se encontraba la casa de Sam. Quitó las llaves del contacto, y se giró para despedirse de Laia, que en ese momento se estaba quitando el cinturón de seguridad.
—Bueno… espero que ahora te encuentres un poco mejor —dijo esperanzado Tom al ver que Laia ya sonreía un poco más que antes.
—Bueno… La procesión se lleva por dentro no por fuera —contestó Laia haciendo una mueca triste.
—Si te sientes mal no dudes en buscarme y así hablar —le mostró su apoyo Tom a Laia, haciendo que la joven se ruborizará un poco.
—Gracias, pero ya has hecho bastante —contestó Laia— Gracias por haberte parado a escucharme. Ser adolescente no es muy fácil, ya que la gente suele ignorarnos.
Continúa…
Gracias por la visita.