It’s just a dream 27

Fic hetero de Heiligtkt483

Capítulo 27

—Yo… —susurró Laia sin poder acabar la frase.

—Eres una inconsciente —volvió Tom a regañar a Laia— Que pretendías, que te tuvieran que llevar al hospital por desgarros.

—Yo… —volvió a decir Laia mientras que por su rostro comenzaban a caer unas cuantas lágrimas.

—Joder… Laia te he hecho daño, coño —dijo Tom con enfado.

—Tú no me entiendes —contestó Laia de repente— Estoy harta de que Kayla siempre se meta conmigo porque nunca he estado con ningún chico, y quería que una vez por todas eso sucediera.

—Muy bien, Laia —la aplaudió Tom— Pero para eso no hace falta que me mintieras, haciéndome creer que no eras virgen.

—¿Y eso que importa ahora? —susurró Laia— Total ya la he perdido.

—Sí, pero hubiera sido más cuidadoso contigo. ¡Dios! Tu primo me mata si se entera de esto —dijo con preocupación Tom.

—¿Pero no vas a decírselo? —le preguntó Laia a Tom con voz suplicante.

—Estás loca, como le voy a decir “Hola Sam me he follado a tu prima pequeña, pero tranquilo no sabía que era virgen y no he sido cuidadoso con ella”—dijo en plan irónico Tom— Claro que no se lo voy a decir, hay peligro de que me castre para siempre.

—Lo siento… no quería causar tantas molestias —susurró apenada Laia.

—Ahora no importa, el mal ya está hecho —dijo Tom con un poco de enfado, pero a la vez ternura— ¿Cómo te sientes?.

—Extraña… —contestó Laia un poco ruborizada.

—Ven aquí —Tom abrió sus brazos incitando a Laia a que se acercara a él, para abrazarla— No sé que voy hacer contigo, eh.

—¿Sigues enfadado? —preguntó Laia mientras que se abrazaba a Tom.

—No… pero me molesto que no me dijeras la verdad —miró fijamente a los ojos Tom a Laia— Aunque ahora me siento privilegiado por haber sido el primer chico.

—Ya… —sonrió Laia dulcemente.

—Me gusta mucho tu sonrisa, deberías de sonreír más —susurró Tom atrapando los labios de Laia.

—Oye… Tom, ¿Y si continuamos con lo que estábamos haciendo? —preguntó Laia un poco sonrojándose.

—¿Te refieres a volver a tener sexo? —preguntó Tom a Laia mientras le acariciaba la mejilla.

—Sí… —susurró Laia asintiendo.

—Creo que es mejor que lo dejemos por hoy, tendrás más molestias —intentó Tom quitarle de la cabeza a Laia esa idea.

—Pero el dolor remitirá cuanto más se practique —dijo Laia poniendo más roja que antes.

—Lo sé… —susurró Tom.

—Pues entonces… Los chicos están en la fiesta, y yo me estaba aburriendo. Creo que esto es una buena forma de divertirnos —dijo Laia con cara picara.

—Creo que acabo de robarte toda la inocencia —dijo por lo bajo Tom.

—Es algo que pasa cuando dejas de ser virgen ¿no? —dijo Laia.

—Si supongo —contestó Tom sin saber muy bien que decir.

—Entonces que… ¿Vienes? —le dijo Laia algo más tímida por su «nueva» actitud.

Tom suspiró y se acercó de nuevo a la cama, definitivamente las chicas guapas y el sexo eran su perdición, algo a lo que no puede negarse, era mucho mayor a la fuerza de voluntad que ahora mismo tenía. Se acercó tanto a ella que lentamente se fue recostando sobre la cama hasta que Tom quedo completamente recostado y finalmente volvieron a besarse, pero esta vez lentamente, Tom temía volver a ir demasiado rápido, así que fue a pasos lentos. Lentamente fue acariciando el cuerpo desnudo de Laia con sus manos, haciendo que pequeños gemidos de placer empezarán a salir otra vez de la chica. Laia con sus manos finas y delicadas comenzó a acariciar la espalda desnuda de Tom, hasta llegar de nuevo al empiece de sus bóxers y así poco a poco empezarlos a deslizar hasta quitárselos.

—¿Estás segura de lo que vas hacer? —preguntó Tom con un susurro, al ver como Laia se ponía encima de él y empezaba a darle besos por el vientre hasta llegar a su miembro.

—Sí… —susurró tímidamente Laia— Es hora de que practique, Kayla me lo ha explicado algunas veces.

—Lai no te sientas obligada, si quieres déjame a mi llevar las riendas de la situación —sugirió Tom a la chica.

—Que no enserio, no me da asco —dijo Laia poniendo una cara de circunstancia.

—Ya… y por eso pones esa cara —dijo divertido Tom— Ven aquí déjame a mí que tengo más experiencia que tú en esto.

Tom agarró a la chica y la tumbó de nuevo sobre la cama, quedando él encima de ella. Comenzó a besarle el cuello, para luego recrearse en uno de los pechos de Laia, jugando con el pezón, haciendo que Laia sintiera descargas eléctricas de placer por su cuerpo. Poco a poco Tom fue dejando un rastro de besos por todo el cuerpo de Laia, hasta que llegó al bajo vientre de la chica, para luego con sus brazos separar cuidadosamente las piernas de la joven mostrando su sexo libre. Tom enterró su cabeza entre las piernas de Laia, y comenzó a estimularle su zona, haciendo que la excitación estuviera presente tanto en él como en Laia. Poco a poco su miembro volvió a hincharse hasta duplicar su tamaño natural. Cuando Tom lo consideró pertinente se separó de Laia, y abrió otro envoltorio de un preservativo, para luego ponerse con delicadeza, dando un gemido de placer al acabar de ponérselo.

Tom miró a los ojos de Laia, como queriendo pedir su aprobación. Laia le devolvió la mirada con una sonrisa tímida, que hizo entender a Tom que si podía seguir con eso. Tom cogió su miembro entre una de sus manos y poco a poco lo fue guiando hacia la entrada del sexo de Laia, y lentamente fue lo introduciendo en el interior de este, hasta que lo metió por completo. Laia, mientras tanto, había agarrado de nuevo la sábana con una de sus manos y la comenzó a retorcer, su sexo aún estaba estrecho y por mucho que quisiera aún estaría estrecho por un par de veces. Laia no puedo aguantarse poner una mueca de dolor que hizo que Tom se quedará quieto con su miembro dentro de ella.

—Por favor… Sigue Tom… —dijo Laia suspirando mientras que intentaba autoconvencerse de que el dolor remitiría en cualquier momento— Dentro de un poco ya no me dolerá.

Tom hizo caso a la chica, y comenzó a moverse sobre ella haciendo que cada vez su excitación fuera creciendo más y más en interior del sexo de Laia. Poco a poco el dolor fue desapareciendo tras las embestidas de Tom, ahora Laia sentía placer aunque aún sentía algunas ligeras molestias pero nada que ver con el dolor que había sentido en la primera penetración. Tom buscó los labios de Laia, y empezó a besarla con delicadeza y con dulzura mientras acariciaba con sus dos manos la cara de la joven, enredando sus dedos en la larga cabellera de Laia. Poco a poco, Tom fue intensificando sus movimientos hasta que empezó a sentir como su miembro comenzaba a contraerse para que finalmente se corriera dentro del condón. Ambos jóvenes se quedaron quietos intentando coger aire, ya que su respiración estaba muy agitada, y sus cuerpos estaban sudados por una fina capa de sudor.

—¿Cómo te encuentras? —preguntó Tom con voz entrecortada a Laia.

—Bien… Ha sido increíble —sonrió Laia mientras se ruborizaba— Nunca pensé que mi primera vez llegará a ser contigo.

—Dime la verdad… —se puso un poco serio Tom— Aquel día cuando estuvimos en el estudio de grabación, y te pregunte por quien era tu favorito de la banda. ¿Era yo, no Gustav?.

—Si… —contestó Laia tímidamente— Eres mi favorito desde que tengo 10 años.

—Me gustaría haberte conocido con 10 años, serías una niña muy mona —sonrió dulcemente Tom mientras que volvía a atrapar los labios de Laia— Creo que me he vuelto adicto a tus labios.

—Bueno… —susurró Laia mientras correspondía el beso a Tom.

—Será mejor que te vistas. Debemos bajar a la fiesta para evitar sospechas —dijo Tom separándose de Laia para luego ir a buscar sus bóxers y ponérselos.

Laia se levantó de la cama, e imitó a Tom. Buscó su ropa interior que estaba en el suelo y se la puso bajo la atenta mirada de Tom, mientras que este se ponía los pantalones y la camiseta cubriendo su torso desnudo. Laia, finalmente, cogió su vestido y se lo fue a poner, pero no era capaz de subir la cremallera del vestido ya que se había quedado un poco agarrotada y no subía.

—Tom… —susurró Laia captando la atención del chico— Me puedes subir la cremallera, no puedo subirla se ha quedado atascada.

—Ahora voy —dijo el muchacho acercándose a la chicas mientras que sus largos dedos recorrían aún su espalda desnuda, haciendo que Laia sintiera un escalofrío recorrer su cuerpo, hasta que subía la cremallera por completo— Ya está… Colócate un poco mejor el pelo, sino se darán cuenta.

Laia se dirigió al baño que había en la habitación, y se mojó el pelo con un poco de agua y luego con las horquillas que se había quitado intentó hacer un recogido más o menos como el que tenía, pero era un poco imposible ya que Natalie se lo había dejado impecable y a Laia no le quedó tan bien como el que había tenido antes. Después salió del baño, Tom se encontraba apoyado en el marco de la puerta de la habitación, esperando a que Laia acabara.

—¿Ya…? —preguntó Tom mirando fijamente a la chica.

—Si… —susurró Laia al joven que inmediatamente abrió la puerta, formándose un silencio entre los dos.

Comenzaron a caminar por los pasillos, haciendo el mismo recorrido que habían hecho dos horas antes hasta que llegaron al ascensor. Tom pulsó el botón para llamar al ascensor, y tuvieron que esperar unos cinco minutos, mientras que se había formado un silencio incómodo, por alguna razón Tom había cambiado su forma de ser con Laia y al parecer era como si la estuviera evitando. Las puertas del ascensor se abrieron y los dos jóvenes entraron en el ascensor, Tom pulsó el botón que los llevaría de nuevo al piso inferior que era donde estaba la gran sala donde se estaba celebrando la fiesta, pero antes de eso debería de pasar por recepción para entregar las llaves de la habitación que había cogido para estar con Laia. Llegaron al piso de abajo, y los dos salieron del ascensor, el pasillo estaba desierto y eso favorecía que después no hubiera rumores de que Laia y Tom estuvieran juntos. Laia comenzó a caminar hacia la salita, pensando que Tom la iba a seguir pero este la hizo pararse para decirle que entrara sola en la sala.

—Laia será mejor que entres tu primero en la sala, después más tarde entro yo —explicó Tom a la chica— Tengo que ir a entregar las llaves en recepción.

—Vale… —susurró Laia dándose cuenta de que Tom era el mismo con el que había estado en la habitación lujosa de ese hotel, haciendo el amor sintiéndose por primera vez mujer.

Laia y Tom se separaron y cada uno tomó un camino distinto. Laia se fue acercando a la puerta de la sala donde estaba la fiesta, la música se escuchaba a distancia haciendo ver que la fiesta duraría hasta altas horas de la madrugada. Entró en la sala, poco a poco se fue haciendo paso entre la gente hasta llegar al sofá donde estaban los chicos sentados bebiendo sus consumiciones. Sam al ver a Laia, frunció un poco el ceño, seguramente estaba enfadado por haberse desaparecido durante dos horas de la fiesta.

—¿Se puede saber dónde has estado? —preguntó Sam con enojo a su prima— Llevas dos horas desaparecida, te estuve buscando por la fiesta.

—Estaba contemplado las estrellas desde un jardín muy bonito, que tiene el hotel —explicó Laia a su primo, pero al parecer este no le creyó mucho.

—No me cuentes cuentos chinos, Laia —dijo Sam con enfado— ¡Vaya! Por fin aparece el otro desaparecido.

—¿Me he perdido algo? —preguntó Tom a Sam haciéndose el desentendido de no saber a lo que se refería.

—No lo sé… Cuéntamelo tú, ¿no? —dijo Sam increpando a Tom— Me parece muy extraño que justo mi prima y tu hayáis desaparecido de la fiesta durante dos horas.

—Yo no sé donde ha estado tu prima, pero yo he estado con una chica que conocí en la fiesta —dijo Tom con el ego subido, haciendo que Laia se sintiera un poco decepcionada o le daba la impresión de que Tom no sé estaba comportando tan dulce como lo había hecho en la habitación.

Después de esa discusión entre Tom y Sam, cada uno siguió por su lado. Kayla seguía con el chico con el que se había liado al principio de la fiesta ajena a lo que había pasado minutos anteriores. Laia se sentó en los sillones mientras observaba como la gente bailaba, y como su amiga Kayla se divertía con aquel chico. Laia estaba deseando contarle a su amiga lo que había pasado entre ella y Tom, seguro que Kayla se alegraría al saber de que ella por fin había dado el gran paso, y dejar de ser una niña.

La noche fue transcurriendo después con normalidad, hasta que poco a poco la gente famosa que había fue abandonando la fiesta. Los chicos también hicieron lo mismo después de estar casi cuatro horas en aquella fiesta, Kayla ya había regresado junto a los chicos y Sam no le había dirigido la palabra desde que se había vuelto a sentar con ellos. Los chicos se despidieron de unos productores importantes, ya que había que mantener buenas relaciones con pesos gordos por el buen funcionamiento del grupo, porque no se sabía cuando podrían necesitar ayuda de esas personas. Después de que los chicos se despidieran de más gente, se fueron todos juntos a la gran limosina que los volvería a llevar a casa. Todos entraron dentro de la limosina, en silencio, parece que todos ya estaban cansados o que el alcohol que habían ingerido durante la fiesta estaba empezando a pasar factura.

—¿Dónde te has metido antes en la fiesta? —preguntó en un susurro Kayla a Laia, una vez que estuvieron sentadas dentro del coche, haciendo que Laia saliera de sus pensamientos.

—Después te cuento —contestó susurrando Laia a su amiga, no era plan que se le pusiera a explicar detalle por detalle estando los chicos delante, no quería quedar como una guarra.

—Me parece que has triunfado esta noche —sonrió Kayla al escuchar la contestación de su amiga.

—Calla… —volvió a susurrar Laia a su amiga, ya que los chicos se habían fijado en ellas y sobre todo Tom que no le quitaba la mirada de encima.

Después de más de media hora de viaje, fueron llegando a la zona donde vivían los chicos. Primero, la limosina se encargo de dejar en casa a Gustav, Andreas y Georg, ya que ambos vivían bastante cerca de los unos a los otros. Después los siguientes en bajar, en la segunda parada de la noche fue Sam, Laia y Kayla que se despidieron de los gemelos diciéndoles que les llamaría al día siguiente para quedar, y por última y final de trayecto, la casa de los gemelos Kaulitz. Sam abrió la puerta de su casa, con cuidado procurando no despertar a sus padres que a esas horas altas de la noche estaban durmiendo. Laia y Kayla se habían quitado los gran zapatos de tacón que tenia, ahora que no necesitaban presumir se los habían quitado ya que realmente les estaban lastimando sus pies, después de pasar la noche de pie.

Lentamente fueron subieron las escaleras hasta llegar al pasillo, que les conducía hacia sus habitaciones en el segundo piso de la casa. Las chicas se despidieron de Sam, que no contestó solo se dirigió hacia su habitación cerrando tras de sí la puerta de esta. Laia y Kayla se quedaron solas en el pasillo y siguieron su camino hacia su habitación, también cerrando la puerta tras de sí. Para luego dirigirse sobre sus camas y tirarse sobre ellas unos instantes.

—¡Qué cansada estoy! —suspiró Kayla cerrando los ojos por el cansancio que tenía— Cuando pille mi cama no la suelto.

—Igual que yo —afirmó Laia— Tengo los pies hechos polvo, creo que me van a salir ampollas en ellos.

—Sí… —volvió a suspirar Kayla cogiendo más aire, estaba realmente cansada y en cualquier momento se quedaría dormida— Creo que a mí también. ¿Por cierto me tienes que contar?.

Continúa…

Gracias por la visita.

por Heiligtkt483

Escritora del Fandom

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