Fic hetero de Heiligtkt483
Capítulo 28
—Ahora no Kayla estoy realmente cansada —dijo Laia con cansancio— Te lo cuento mañana.
—Ok, pero recuerda que mañana en cuanto te despiertes te lo voy a preguntar —dijo Kayla informándole a su amiga.
—Está bien… —bostezó Laia— Ahora acostémonos que tengo mucho sueño.
Laia y Kayla comenzaron a desnudarse, para ponerse los pijamas después se fueron al baño y se desmaquillaron el rostro con unas toallitas desmaquilladoras, para luego lavárselo con agua y jabón. Después salieron del baño, y ambas amigas se metieron en sus correspondientes camas. Para luego apagar la luz, que había en una mesilla que estaba en el medio de ambas camas.
—Buenas noches, Laia… —dijo media adormilada Kayla a su amiga.
—Buenas noches, Kay… —dijo Laia dándose la vuelta para luego cerrar los ojos y quedarse poco a poco profundamente dormida.
Al llegar a casa Tom se quitó la chaqueta lanzándola al sofá quedando colgada del respaldo y se dirigió a la cocina a por algo de comer, moría de hambre. Su hermano en cambio fue a su habitación a ponerse algo de ropa más cómoda y a desmaquillarse, para más tarde ir a dormir. Cuando se hubo cambiado bajo a la cocina para comer también algo.
—¿Cómo te ha ido la noche? —le preguntó a su hermano mayor por diez minutos.
—Pues como todas las galas, aburridas excepto cuando actuamos o encuentro a alguna tía a la que tirarme —dijo Tom con naturalidad.
—Y supongo que alguna chica encontraste a la que tirarte, porque has desaparecido por dos horas —dijo Bill.
—¿Estás intentando sacar conversación como si nada hubiera pasado? Sigo enfadado contigo —le espetó Tom, a lo que la cara de Bill cambio por completo formando una mueca de decepción y desagrado.
—No puedes estar enfadado por una cosa que no te afecta en absoluto —dijo Bill.
—No, no me afecta directamente, pero si indirectamente. Solo trato de que veas que no es bueno para ti —le señaló remarcando su persona.
—¿Desde cuándo echar un polvo, como dices tú, no es bueno? —preguntó Bill.
—Porque tú no echas polvos, Bill. Con nadie, nunca —gesticuló Tom.
—Por eso mismo, soy un tío que no suele estar nunca con nadie, y eso pasa factura cuando una chica bonita te atrae. Si quieres te lo digo en tu idioma —increpó Bill.
—Lo entiendo perfectamente. Pero hay personas mejores que ella, que claramente solo quiere follar, con otra puedes, no sé hacer esas cursiladas que tú haces —le dijo Tom.
—Claramente no me entiendes, Tom. Si estás enfadado conmigo, bien, a ver cuánto te dura esta vez el cabreo, no pienso ser yo quien se disculpe contigo esta vez —con decisión salió de allí y volvió a su habitación.
Tom se quedó solo en la cocina acabando de comer el sándwich, que se había preparado minutos antes de que Bill entrará por la puerta de la cocina. Después le entró sed, y fue hacia el mueble que estaba encima del fregadero para coger un vaso y servirse un poco de zumo naranja, que había en la nevera frío. Se lo bebió con un poco de desesperación, mientras pensaba en las palabras que su hermano le había dicho antes de irse, que él no le iba a pedir perdón… pero él tampoco lo iba hacer. Mientras se acaba de tomar el zumo, se acordó de Laia no se arrepentía de lo que había hecho con la joven, porque él no la había obligado pero para ser más sinceros él era una persona que no repetía con ninguna chica y con Laia no iba a ser la excepción. Tenía que explicarle de la forma menos dolorosa, que lo que había pasado esa noche no volvería a pasar, que solo había sido para pasar el rato nada más. Tom dejó el vaso dentro del fregadero, y se fue a su habitación cerrando la puerta tras de sí, para luego desnudarse completamente quedándose en bóxer y tumbarse en la cama para intentar dormir.
Los rayos del sol empezaron a iluminar la habitación, que aunque tenía las persianas bajadas algunos rayos se colaban por los agujeros de las rendijas. Laia estaba durmiendo plácidamente igual que Kayla, pero al final Laia se despertó por completo ya que los rayos del sol comenzaban a molestarle. Se levantó de la cama y se fue al baño tenía una ganas tremendas de hacer sus necesidades, así que fue con un poco de prisa al baño para luego hacer sus necesidades, cuando hubo acabado se dispuso a colocarse bien sus braguitas pero pudo observar que en ella había una pequeña mancha de sangre, seguramente era porque había tenido sexo con Tom, y las primeras horas después acto siempre se suele sangrar un poco. Tiró de la cisterna, y volvió a la habitación donde Kayla ya se estaba despertando, debido al ruido que la cisterna había hecho.
—Buenos días, florcilla de primavera —sonrió Kayla al ver a su amiga salir del baño— ¿Has dormido bien?.
—Sí, estaba muy cansada —se sentó Laia en su cama de nuevo.
—Y eso que no has bailado ni nada —contestó Kayla— No te he visto bailar en la fiesta.
—Bueno… ya… es que no era una fiesta para bailar —miró Laia hacia el suelo— Era una fiesta para hablar y eso…
—Por cierto, que se me olvida y no quiero quedarme con la intriga —sonrió para sí misma Kayla— ¿Dónde coño has estado durante dos horas?.
—Con un chico… —dijo tímidamente Laia.
—¡¿Enserio?! —dijo un poco incrédula Kayla.
—Sí, no solo tú ligas —respondió Laia con un poco de enfado— También he triunfado en la fiesta.
—¿Y quién fue el afortunado? —dijo Kayla con un poco de sorna— Muy pocos chicos pueden disfrutar de tu compañía.
—Tom… —susurró Laia ruborizada.
—¡¿Qué?! Estás de coña, ¿no? —dijo alucinada Kayla— Seguramente que solo habéis estado hablando como algunas veces cuando vamos por ahí.
—No… —negó Laia con la cabeza— Nos hemos estado liando, y es más después estuvimos en una habitación super lujosa del hotel…
—No… eso no pudo ser. Te lo estás inventando —dijo Kayla un poco incrédula por lo que le estaba diciendo su amiga— Eres demasiada insignificante para Tom.
—Pues no lo soy porque él y yo nos hemos acostado —dijo finalmente Laia— Hemos follado durante dos horas, y créeme que Tom está muy bien dotado. ¡OMG! Casi me muero cuando me la metió.
—Quiero detalles —sugirió Kayla con intriga.
—Bueno, resulta que yo en la fiesta me aburría y me levante del sofá para ir a buscarte, y mientras te estaba buscando me encontré con Tom que me invitó a ir con él al jardín interior, que tenía el hotel, tienes que verlo era realmente hermoso —hizo una parada Laia para coger aire— Estuvimos un poco hablando, y después no sé como paso pero nos empezamos a besar, sentí como un nudo se me formaba en mi estomago, y como una sensación extraña de calor comenzaba a recorrer mi cuerpo, hasta que Tom me propuso irnos a otro sitio más intimo. Fue a recepción y pidió las llaves de una habitación y ¡OMG! Era realmente muy grande con un pequeño salón y todo… Hasta que nos acostamos, pensé que me moría de la vergüenza al sentir el cuerpo desnudo de Tom sobre el mío. Me hizo tocar el cielo…
—¿Te dolió? ¿Qué sentiste cuando te penetro? —preguntó Kayla a Laia interesándose.
—Me dolió bastante, de hecho que le mentí a Tom le dije que no era virgen. Así que de primeras empezó con movimientos muy bruscos, haciendo que todo mi interior se partiera en dos —recordó Laia— Después al poco rato si se dio cuenta de que le había mentido, hasta me regaño por no habérselo dicho…
—Era lógico que te iba a doler sin nunca estuviste con un chico —razonó Kayla— ¿Ahora como te encuentras? ¿Sientes molestias?.
—Unas pocas, pero ya no me duele —sonrió Laia a su amiga— Soy muy feliz, ¿sabes?. Nunca pensé que llegaría a estar de esa forma con Tom.
—Me alegro mucho por ti, amiga. Por fin te has estrenado, pero date cuenta de que Tom no es un chico que te convenga. Ambas sabemos como es él con las chicas, así que no quiero que te hagas demasiadas ilusiones con él —le aconsejó Kayla a su amiga, con una felicidad fingida— No quiero que te haga daño…
—Ya… —dijo Laia un poco triste, dándose cuenta que después de que se acostaran, Tom había cambiado radicalmente y la intentaba esquivar.
—Bueno será mejor que nos vistamos —cambió de tema Kayla— Tenemos que ir a desayunar, y después a saber donde vamos a ir.
—Seguramente que quedaremos con los gemelos y con los demás —informó Laia a su amiga.
—Por eso, cuanto antes desayunemos y nos vistamos antes nos iremos con los demás —volvió a decir Kayla.
Las chicas se dirigieron al armario donde habían puesto sus ropas, cuando la sacaron de las maletas y estuvieron eligiendo que ropa se podría ese día. Al final decidieron ponerse una ropa cómoda, ya que la noche anterior había pasado un poco de factura, y querían estar lo más cómodas posibles. Cuando acabaron de vestirse, salieron de la habitación y se dirigieron por el largo pasillo hasta llegar al principio de las escaleras, que comenzaron a bajar. Sam se encontraba sentado en la mesa del salón, ya desayunando. Laia y Kayla se acercaron a la mesa en silencio, Sam estaba un poco enfadado con Kayla por lo que había hecho la noche anterior, y también estaba un poco resentido con Laia por su misteriosa desaparición.
—Bueno días… —susurró Laia a su primo, pero este no le contestó al saludo— ¿Sigues enfadado conmigo?.
—Prefiero no hablar del tema, Laia —dijo Sam con voz seca, y siguió tomando su desayuno.
—Genial… —dijo Laia sentándose en su silla, con un poco de cabreo— Odio cuando te comportas así.
—¿Y tú como te comportas? —preguntó Sam increpando a Laia— Eres solo una niña mimada y consentida.
—No sigas. No quiero escucharte… —dijo Laia tapándose los oídos.
—Solo eres una niña… Madura de una vez —dijo duramente Sam.
—Yo no tengo la culpa de Kayla no te haya hecho caso en la fiesta —espetó Laia tocando una de las yagas de las heridas de Sam— No es mi problema.
—LAIA VUELVE AQUÍ —gritó Sam viendo como su prima se levantaba de la mesa, y salía al exterior de la casa cerrando la puerta con un gran portazo.
—Te has pasado un huevo, Sam —recriminó Kayla a Sam por haber dicho eso a Laia.
—No eres nadie para decirme lo que tengo que hacer —desafió Sam a Kayla— Además yo a mi prima le digo lo que me da la gana.
Laia cerró la puerta tras de sí, con un gran portazo no escuchando lo que le decía su primo. Comenzó a caminar sin ningún rumbo predeterminado, hasta que cuando se dio cuenta se encontraba delante de la puerta de la casa de los Kaulitz. Dudó un poco en llamar a la puerta, ya que a esas horas seguramente los gemelos estarían durmiendo, pero ahora que estaba delante de la puerta, sentía la necesidad de llamar, hablar con Tom, o por lo menos sentirse querida por él. Una sonrisa tonta se le formó en los labios, cuando recordó lo que habían pasado ella y Tom la noche anterior, como la besó como la hizo sentir mujer. Sin pensárselo otra vez, timbró en el timbre varias veces con la esperanza que le abrieran la puerta, pero tras unos minutos la puerta no se abría, ya se iba a ir pero el ruido de la puerta la hizo girarse, encontrándose a Tom en la puerta, y solo únicamente con los bóxers con los que había dormido por la noche.
—Laia… —dijo Tom confusamente al ver a la chica, delante de la puerta— ¿Qué pasa?.
—Te necesito… —susurró Laia con voz temblorosa mientras se abrazaba fuertemente al cuerpo de Tom.
—Eh, vamos Laia —dijo Tom intentando separar a la chica de su cuerpo.
—Por favor… —suplicó Laia con ojos llorosos— Te notó distante.
—No es eso Laia —dijo Tom cogiendo aire— Ven, será mejor que entremos en casa.
Tom condujo a Laia hasta el interior de la vivienda de este. Necesitaba aclararle a la chica, que lo que había ocurrido la noche anterior entre ellos, solo había sido un polvo, que no pretendía tener nada serio con ella. Para poder hablar mejor, Tom llevó a Laia al despacho que tenía Gordon, donde una vez la chica había estado con Kayla para ver su Facebook, cuando habían salido la supuestas fotos con ellos.
—Ven… —Tom metió a Laia dentro del despacho— Tenemos que hablar…
—Eres un pillo, Tom —dijo Laia sonriente— Me traes a este despacho para estar conmigo. No eres tonto ni nada —Laia acercó sus labios al cuello de Tom, donde empezó a besarlo con pequeños besos.
—Laia para… —separó Tom a Laia de él— Esto es serio…
—¿Qué pasa? —preguntó Laia al ver la cara de Tom, que se volvía completamente serio.
—¡Dios! Laia esto es un mal entendido —dijo Tom nerviosamente— Lo que paso ayer por la noche entre nosotros… nunca debió pasar.
—Por favor no sigas —pidió Laia al darse cuenta de la situación, mientras que por sus ojos empezaban a recorrer unas cuantas lágrimas.
—Laia eres una chica muy simpática, muy guapa y todo pero… —cogió aire Tom— Yo no buscó una relación estable con ninguna chica, y menos contigo. Lo que pasó ayer por la noche olvídalo fue un error…
—Entiendo… —susurró Laia agachando la cabeza, sintiendo como toda la felicidad que había sentido cuando se levantó por la mañana se había desvanecido en un solo soplo.
—Laia… —intentó Tom abrazarla para calmarla.
—No me toques… —Laia se separó de Tom, para luego dirigirse hacia la puerta del despacho y salir— He sido una tonta…
—No te hagas la víctima, porque tú muy bien ya de antes sabías que esto pasaría —dijo Tom con rabia— Si eres fan mía, eso lo tendrías que saber de primeras.
—No me estoy haciendo la víctima —encaró Laia a Tom— Es que me jode un huevo que me digas esto. Joder…
—Pues intenta entenderlo —volvió a decir Tom con seriedad— Laia te aprecio mucho, pero te veo como una amiga. Eres la prima pequeña de mi mejor amigo, y me siento mal por haber hecho eso contigo, pero entiéndeme que no te convengo.
—Tú no eres quien para decirme que es lo que me conviene y lo que no —contestó Laia un poco alterada.
—¿Qué está pasando aquí? —Bill apareció por la puerta del despacho— ¿Por qué esos gritos?.
—Laia ya se iba —dijo Tom cambiando de tema rápidamente— Verdad Laia, seguro que tendrás muchas cosas que hacer.
—Tom no seas descortés —dijo Bill a su hermano— ¿Te apetece desayunar con nosotros? Después si quieres ya te puedes ir, no quiero que pienses que mi hermano es muy descortés.
—Yo… —susurró Laia aturdida.
—Venga no pongas excusas —dijo Bill de nuevo— Nos encantaría que desayunaras con nosotros.
—Bill te he dicho que Laia se tiene que ir —contestó Tom a su hermano.
—Yo no he oído a Laia decir que se tenía que ir, así que obviamente se quedará a desayunar —dijo Bill— Además te recuerdo, que estás enfadado conmigo y no quieres hablar conmigo así que no me dirijas la palabra.
—Tú mismo… —dijo Tom saliendo del despacho dejando solos a Laia y a Bill.
—¿Qué os ha pasado para estar enfadados? —preguntó Laia tímidamente.
—¿Por qué tienes los ojos rojos? —contestó Bill con una pregunta, claramente sabía que Tom y Laia no estaban hablando simplemente sino que estaban discutiendo.
—Por nada sin importancia… —susurró Laia.
—Si no tuviera importancia no tendrías los ojos rojos de haber estado llorando —contestó Bill a Laia— Laia confías en mí, nos conocemos desde hace poco pero creo que soy lo suficiente confiable para que me cuentes lo que te pasa.
—Enserio Bill, no ha pasado nada —dijo Laia fingiendo una sonrisa.
—Y yo soy tonto y me chupo el dedo —dijo Bill levantando la ceja derecha.
—Creo que es mejor que me vaya, tiene razón Tom —susurró Laia.
—Noo —dijo Bill con vehemencia— Me cuentas lo que ha ocurrido y después desayunamos. ¿Qué ha te hecho mi hermano Tom? ¿Tiene algo que ver con la fiesta de ayer?.
—De verdad Bill no quiero hablar —suplicó Laia a Bill.
—Me lo vas a contar quieras o no, o me tendré que ver obligado a preguntárselo directamente a Tom —volvió a decir Bill.
—Él… Yo… —dijo Laia sin poder articular demasiadas palabras por los nervios— Nos hemos acostado juntos, y ahora se arrepiente.
—¡HIJO DE PUTA! —exclamó Bill saliendo del despacho, y dejando a Laia sola.
—¡BILL! VUELVE AQUÍ —gritó Laia con miedo por lo que había dicho, tenía miedo de que Bill hiciera algo a Tom o viceversa.
Continúa…
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