It’s just a dream 3

Fic hetero de Heiligtkt483

Capítulo 3

—Laia te estás montando una película en tu cabeza. Vámonos que hay que ir a buscar las maletas y tienes que llamar a tu primo para que nos venga a buscar —dijo su amiga Kayla agarrándola de la mano, para luego arrastrarla.

Se fueron hacia la cinta rotativa para coger sus maletas. Durante unos minutos tuvieron que esperar hasta que por fin Kayla vio la suya, inexplicablemente la de Laia no aparecía por ningún sitio de la cinta rotativa, así que Laia se dirigió hacia el control de maletas para preguntar que era lo que había pasado con su maleta. La mala noticia fue que la maleta de Laia, la habían cogido equivocado un pasajero y tardarían un día en localizar a la persona salvo que esta se diera cuenta y trajera la maleta de vuelta, cosa que hizo que se cabreará más.

—No es justo es mi maleta, exijo que me la traigan ahora mismo —se quejó Laia al supervisor.

—Lo siento señorita, pero hasta mañana no podrá venir a recogerla —le explicó con buenos modales el supervisor en un acento inglés muy gracioso.

—Pues menuda mierda —dijo Laia bufando, para luego irse de ese sitio.

—Vamos Laia, tranquilízate te puedo dejar alguna de mi ropa para mañana, al fin y al cabo usamos la misma talla de ropa —dijo su amiga intentándola consolar.

—Señorita, creemos que su maleta se la llevo otro pasajero en una confusión —le dijo aquel hombre a Laia.

—¿Y eso como me lo pueden confirmar? ¿Y si esa persona me roba todas mis pertenencias? —preguntó Laia.

—En el caso de que no devuelva su maleta, podría poner una denuncia. Pero no creo que eso suceda —dijo el supervisor.

—Espero recibir una llamada a primera hora donde me digas que ya tienen mi maleta —dijo tajantemente Laia.

—Bueno, pues entonces rellene este formulario poniendo todos sus datos y un número de teléfono para podernos comunicar con usted —dijo el hombre tendiéndole una hoja a Laia.

—Está bien —dijo Laia cogiendo la hoja y empezando a cubrir con un bolígrafo que le había dejado ese hombre, mientras cubría todos sus datos y puso su número de móvil— Tenga…

—En cuanto aparezca la llamaremos —dijo el hombre muy amable.

—Vamos Laia. Tenemos que ir a buscar a tu primo —dijo Kayla agarrándole del brazo y tirando de ella.

Laia y Kayla se fueron de ese sitio, y Laia empezó a buscar con la mirada a su primo que le había dicho que la vendría a recoger, ya que Laia no sabía llegar a la casa de su primo. Hace tantos años que Laia no venía a Hamburgo, que ya no se acordaba en que calle vivía. Estuvieron esperando durante unos minutos, pero esos minutos se convirtieron en una hora.

—¡Qué raro que mi primo no haya llegado! —susurró Laia— Dijo que vendría a buscarnos…

—Prueba a llamarlo por teléfono, ¿no? —le sugirió Kayla.

—Vale —dijo Laia sacando su móvil del bolsillo, y comenzando a marcar el número del primo. A los pocos minutos, su primo cogió el teléfono— ¿Sam? ¿Dónde diablos te has metido? Llevamos cerca de una hora esperándote en el aeropuerto para que nos vengas a buscar.

—Laia… Lo siento primita —dijo Sam con voz un poco rara y de culpa— Me han surgido unos problemillas en el trabajo, y no puedo ir a recogeros…

—¡¿Qué?! ¿Estás de coña? —dijo Laia con cierto cabreo a su primo.

—Cógete un taxi, ahora anota la dirección —le dijo a Laia su primo por teléfono, mientras ella cogía algo para poder anotar la dirección— Cuando llegues a casa, la empleada del hogar te abrirá la puerta. Ella ya sabe que llegas tú y tu amiga.

—Genial… —susurró Laia colgando el teléfono— Sabes Kay creo que hoy no es mi día, primero me han cogido mi maleta equivocada, y ahora tendremos que coger un taxi para irnos a casa de mi primo que él no puede venir a buscarnos.

Se dirigieron hacia la salida del aeropuerto para coger un taxi, que las llevarían a casa del primo de Laia. Antes de coger el taxi, se estuvieron haciendo unas cuantas fotos en la entrada del aeropuerto para tener constancia de que estaban en Hamburgo, después más tarde junto con otras fotos las subirían a su facebook. Después con un inglés muy penoso, las chicas le dieron las indicaciones al conductor del taxi, aunque después acabaron por mostrarle la hojita con la dirección para que lo entendiera mejor, a los diez minutos comenzaron con el viaje por las calles desconocidas de Hamburgo rumbo a la casa del primo de Laia. Mientras iban circulando por las calles, fueron sacando alguna que otra foto de las calles y de los monumentos que les parecían interesantes de la ciudad, hasta que poco a poco la gran ciudad fue desapareciendo, dando paso a mucha vegetación. Era todo tan bonito…

Después de bastante recorrido Laia y Kayla por fin llegaron a lo que era la casa de los tíos de Laia, ellos ahora estaban trabajando y en la casa estaba una empleada del hogar, que se encargaba de hacer los quehaceres de la casa. El taxi aparcó enfrente de la casa, y Laia pagó el taxi, después el taxista salió del taxi y abrió el maletero para darle a Kayla su maleta, y después arrancó para luego perderse en el camino en adelante. Donde vivían los tíos de Laia era una urbanización muy bonita, rodeada de mucha vegetación y muchos árboles. Las chicas entraron en el jardín y comenzaron a andar por el camino empedrado que las llevaba hacia la puerta, una vez que estuvieron enfrente de ella, tocaron el timbre y a los poco minutos les abrió una señora mayor, que debía de ser la empleada del hogar.

—Oh usted debe ser la señorita Laia —dijo la señora con cara amable— Sus tíos están trabajando y su primo ha comenzado hoy en su trabajo por horas, pero no se preocupe me han dejado órdenes para que las instale en su habitación correspondiente a usted y a su amiga.

—Muchas gracias —dijo Laia educadamente.

—Puedes llamarme Rose —le informó la mujer muy tiernamente.

—De acuerdo, Rose —Laia sonrío.

Las chicas siguieron a Rose, a dentro de la casa, y comenzaron a subir las escaleras hasta llegar a la zona donde se encontraban las habitaciones. Después Rose se dirigió al final del pasillo, y abrió una puerta y Laia y Kayla pudieron ver que era una habitación muy amplía con dos camas gemelas, grandes ventanales desde los cuales se podían observar el jardín, con todos sus árboles y flores. Después la habitación la completaba un gran armario de pared, que la ocupaba toda, y había otra puerta al lado de este, que quizás fuera el baño.

—Señorita Laia, os dejó para que os instaléis bien en unas horas su primo llegara y a las dos sirvió la comida —les informó Rose a las chicas.

—Gracias, Rose —dijo Laia sonriente.

Cuando Rose se marchó de la habitación, Kayla y Laia se quedaron contemplado la habitación para luego, tumbarse en ambas camas, y comenzar a soñar despiertas. Después Kayla decidió deshacer su maleta, ya que tendría que compartir parte de su ropa con Laia, ya que no sabría cuando le devolverían su maleta. Cuando acabó de colocar toda su ropa en el armario, se volvieron a tumbar en las camas para descansar un poco.

—Kay, por fin estamos en Hamburgo. No me lo puedo creer —dijo Laia emocionada desde su cama respirando hondo.

—Por fin estamos en la tierra de nuestros sueños —dijo Kay también emocionada desde su cama.

—Sí… —susurró Laia pensativa.

Después de estar tumbadas en la cama, Kayla y Laia decidieron que era hora de dejar la habitación, y dedicarse a investigar un poco la casa. Estuvieron recorriendo el jardín, y se sentaron en un gran sillón de paja, que había a la sombra de unos árboles. Luego miraron el reloj, y vieron que eran cerca de las dos menos diez, Rose les había dicho que sobre las dos, servía la comida así que Kay y Laia se dirigieron al interior de la casa. Entraron por una de las puerta que conectaba el jardín con la casa, cuando escucharon una voz hablando con Rose. Laia y Kayla se asomaron tímidamente por la puerta, para ver a un joven apuesto de unos ojos azules increíbles y cabello rubio. Laia sonrío ese era su primo Samuel, al que ella cariñosamente llamaba Sam.

—No me lo puedo creer —dijo el joven volteándose para ver a Laia plantada de pie al lado de Kayla— ¡Dios mío! Eres tu aquella niña que vi por última vez cuando solo era una mocosa de unos 11 años.

—Sí, soy yo —contestó Laia sonriente.

—Ven aquí a darme un abrazo, prima —dijo su primo abriendo sus brazos para luego Laia salir corriendo junto a él, y darle un gran abrazo— ¿Qué tal el viaje?.

—Bueno… Me han perdido mi maleta —dijo Laia apenada— Dicen que si aparecen me llamarán por teléfono.

—Vaya… cuando te llamen dímelo que te acompaño al aeropuerto a ir a recogerla —dijo su primo mientras le acariciaba la cara tiernamente— ¿Y esa jovencita tan bonita que está contigo?.

—Oh que tonta soy —dijo Laia al darse cuenta que se había olvidado por completo de Kayla— Sam, está es mi gran amiga Kayla. ¿No sé si te acuerdas de ella? Somos amigas desde la guardería.

—Puede que alguna vez cuando fui a España con mis padres, os viera jugar en el jardín de tu casa. Aunque de aquella creo que eras muy niñas, ahora que lo pienso si… Os tengo visto jugar con vuestras muñecas en el jardín —dijo Sam mirando a Kayla— Encantado de conocerte, espero que te lo pases genial aquí.

—Gracias —sonrió Kayla.

Después de esa bienvenida tan emotiva, Sam, Laia y Kayla se fueron al salón donde Rose tenía puesta ya la mesa con todos los platos, vasos y cubiertos, etc. Solo faltaba que ellos se sentaran a la mesa, para comenzar a servir la comida. Durante la comida estuvieron hablando de la vida de Laia y Kayla en España, y como les había ido en el instituto ese año. Después por la tarde Sam, como tenía la tarde libre, las llevo a hacer un poco de turismo para luego volver por la noche a casa, donde ya estaban los padres de Sam que habían llegado de trabajar, cenaron con ellos y después estuvieron un poco hablando en el gran salón sentados para luego irse a dormir las chicas, ya que ese día había sido un día muy agotador.

Tom y Bill Kaulitz vivían en Los Ángeles desde hace unos meses trabajando en un nuevo álbum, pero ahora se habían cogido unas semanas de vacaciones para reunirse con sus padres y amigos. Llegaron al aeropuerto de incognito, tomaron un vuelo a la hora que sabrían que en el aeropuerto de Hamburgo habría poca gente, lo suficiente para pasar desapercibidos de fans, por ahora lo habían logrado, ya que en Los Ángeles aun no eran muy conocidos, así que no tuvieron problema de llegar al aeropuerto, esperaban que su llegada a Alemania siguiera igual.

Tras bajar de su vuelo esperaron unos cuarenta y cinco minutos hasta que sus maletas llegaron en la cinta transportadora cogiendo su equipaje para luego marcharse y reunirse con sus padres que esta vez iban a buscarlos al aeropuerto. Después de intercambiar unas cuantas palabras con sus padres en el aeropuerto, decidieron que era hora de irse antes de que una marabunta de fans, los vieran, y ahí sí que estarían perdidos. Metieron sus maletas dentro del coche de su padrastro, y se montaron después para luego irse a la casita que tenían a las afueras de Hamburgo.

Después de unos veinte minutos de viaje, los gemelos habían llegado a la casa donde habían crecido en sus comienzos sin éxitos, ambos habían venido para disfrutar un poco de tranquilidad y también disfrutar para estar con la familia y amigos, ya que había algunos amigos que no los miraban desde hacía unos meses. Tom y Bill subieron cada uno su equipaje a cada una de sus habitaciones, para luego comenzar a deshacer la maleta.

—¿Ya has acabado de deshacer la maleta? —dijo entrando Tom por la puerta de la habitación de su hermano.

—No, voy aún ahora a deshacerla —respondió Bill a su hermano, empezando abrir su maleta y sacando algunas de estas sin fijarse, ya que estaba mirando y hablando con su hermano.

—¡Vaya! ¿Desde cuándo utilizas ropa de mujer? —preguntó de repente Tom a su hermano.

—¿Por qué dices eso Tom? —preguntó Bill extrañado.

—Hombre, es que no sé yo pero creo que este sujetador me gustaría vértelo puesto, ya que nunca te lo he visto poner. ¿O eres travesti? —dijo Tom graciosamente.

—¡¿Qué?! —dijo Bill abriendo los ojos y mirando a su hermano con el sujetador en la mano— Mierda… Me han hecho el cambiazo otra vez con la maleta.

—Pobre chica… que sujetador más pequeño usa —dijo Tom metiéndose con la propietaria del sujetador.

—¡Tom para! —dijo Bill quitándole el sujetador de las manos, para luego meterlo en la maleta de nuevo— Tenemos que ir a llevar la maleta al aeropuerto, y preguntar que ha pasado con la mía.

—Vale. Voy a avisar a mamá de que tenemos que ir al aeropuerto— dijo Tom saliendo de la habitación de su hermano.

A los pocos minutos los dos hermanos, se dirigían al coche para luego dirigirse al aeropuerto, para devolver la maleta a su dueña, y reclamar la maleta de Bill. Después de media hora de viaje, por fin llegaron al aeropuerto, Tom y Bill entraron al interior del aeropuerto y se dirigieron a la zona donde distribuían las maletas, para hablar con el supervisor.

—Buenas tardes, ¿Qué desean? —dijo el hombre que se encarga de esa área.

—Buenas, vengo a traer esta maleta que no es mía —dijo Bill con enfado— Exijo que me devuelvan mi maleta.

—Un momentito, deme los datos para consultar en el ordenador —dijo el hombre, mientras que Bill le daba su nombre y apellidos.

—Lo siento pero me temo, que su maleta ha sido enviada a otro aeropuerto —dijo el hombre con pena.

—Vaya… ¿Cuánto tardará en venir? —preguntó Bill, ya que quería recuperar su maleta lo antes posible.

—Supongo que mañana por la mañana temprano ya estará, pero si eso déjeme su número de teléfono para poder llamarle en cuánto llegué —dijo el hombre muy amablemente.

—De acuerdo —dijo Bill para luego facilitarle los datos.

—Muy bien en cuanto venga su maleta le llamaremos al teléfono que nos acaba de facilitar —dijo el hombre a Bill.

Después de eso, los gemelos volvieron a dirigirse al parking para ir buscar su coche, y luego dirigirse a la casa de sus padres, donde pasarían sus días de descanso de las vacaciones. Después de más de media hora por fin llegaron a la casa de sus padres, y aparcaron el coche en el garaje que tenía la casa para luego entrar.

—¿Qué os han dicho? —dijo Simone a sus hijos al verlos entrar por el salón.

—Que en cuanto llegué la maleta, que me llaman al móvil. Resulta que la habían enviado a otro aeropuerto… —explicó Bill.

—Vaya… —dijo Simone a su hijo— Mira que tienes mala suerte, siempre te pasa algo con la maleta cuando viajas.

—Si… —dijo Bill con resignación.

—¿Qué dijeron de la maleta que devolviste? —volvió a preguntar Simone a su hijo.

—Nada, la cogieron y supongo que llamaran a su dueña —dijo Bill simplemente.

—La pena es que Bill no me dejo ver más la ropa que traía la maleta —dijo Tom de repente— He leído por ahí que viendo la ropa interior de una chica, se puede saber si es hot o no hot en la cama.

—¡Toom! —exclamó Bill recriminando a su hermano— Siempre piensas en lo mismo, vergüenza debería de darte, además la pobre chica estará a estar horas sin su ropa, y pensando que no le van a devolver su maleta.

—Vale está bien —dijo Simone cortando la discusión de sus hijos— Será mejor que me ayudéis con la cena.

—Pero mamá son nuestras vacaciones… —dijo Tom quejándose.

—Me da igual que sean vuestras vacaciones, también me tenéis que ayudar —dijo Simone autoritariamente.

Continúa…

Gracias por la visita.

por Heiligtkt483

Escritora del Fandom

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