It’s just a dream 32

Fic hetero de Heiligtkt483

Capítulo 32

—¿A ti que te pasa ahora? —preguntó Bill al ver la reacción tan efusiva al verlo, ya que cuando se había ido de allí, hace una semana estaban enfadados.

—Lo siento… —susurró Tom a su hermano— No me gusta estar enfadado contigo, ¿Me perdonas?.

—Ooooooh que bonito… —dijo Andreas por detrás al escuchar las palabras emotivas de Tom hacia a Bill.

—Cállate pelo pollo —dijo Bill a su amigo— Claro, que te perdono. Eres mi hermano, mi otra mitad. ¿Qué tal has pasado esta semana sin mi?.

—Muy bien… —contestó Tom a su hermano— Me sentí el dueño de la casa.

—No exageres, que la casa es de mamá y Gordon —recriminó Bill a su hermano.

—Chicos… no peléis —se interpuso Andreas entre los dos hermanos— Ahora que os habías reconciliados, por favor no más peleas.

—Está bien… —susurraron ambos hermanos viendo a su amigo.

—Te ayudo a llevar la maleta a casa —sugirió Tom a su hermano.

—Claro… —sonrió Bill a su hermano.

Los dos hermanos entraron al interior de la casa, seguidos de su gran amigo Andreas. Se fueron al interior del salón donde se encontraba su madre y Gordon, que al ver a Bill se levantó del sofá donde estaba sentada y se fue a saludar a su hijo, que hacía una semana que no lo veía. Tom se fue a la habitación de Bill, para dejar la maleta dejando a su hermano con Andreas, mientras hablaban con Simone y con Gordon.

—¿Cómo estás hijo? —preguntó Simone a su hijo menor.

—Muy bien, mamá —contestó sonriente Bill a su madre— Esta semana en el pueblo de los abuelos de Andreas me ha venido genial.

—Me alegro mucho. Necesitabas desconectar —contestó Simone a su hijo.

—Ya estoy aquí —dijo Tom bajando por la escaleras, y acercándose al sillón donde estaba Gordon sentado— ¿Qué vas hacer por la tarde?.

—No sé —contestó Bill— Ya lo pensaré a lo largo de la mañana.

—Ok —contestó Tom— Yo igual quedo con Laia…

—Veo que esa chica te interesa —dijo Simone esperanzada de que su hijo mayor por fin hubiera encontrado a la chica adecuada— Creo que no me va a hacer falta que le ponga una velita a un santo.

—Te equivocas, mamá —contestó Tom a su madre— Laia es mi amiga, nada más.

—Vale, hijo no hace falta que te pongas así —dijo Simone a su hijo.

—Voy a mandar un mensaje al móvil de Laia, para decirle si quedamos —dijo Tom sacando su móvil, para luego comenzar a escribir el mensaje— ”Hallo Laia, ¿Te gustaría quedar por la tarde para ir a dar una vuelta?. Si eso quedamos sobre las 16:00” —cuando acabo de escribir el mensaje, se lo mando.

Tom guardo su móvil de nuevo, y siguió hablando con Andreas, Bill y sus padres tranquilamente sentados en el sillón del gran salón. Ya había pasado dos horas, y Tom había recibido ninguna respuesta por parte de Laia, pero sabía que tarde o temprano la chica le respondería. Al cabo de unos segundos, el móvil de Tom volvió a sonar, metió la mano en el bolsillo de su pantalón y sacó su móvil para comprobar que era Laia quien había contestado.

Hallo, Tom. Sorry por no contestarte antes, es que no me entere. Por mi genial, nos vemos a las 16:00

—Mamá, ¿A qué horas vamos a comer? —preguntó Tom a su madre.

—Dentro de nada —respondió Simone— ¿Por?.

—Es que he quedado a las 16:00 con Laia, y me tengo que preparar —explicó Tom— Por eso sería conveniente comer cuanto antes…

—Aunque digas lo contrario —añadió Simone— Estás como un enamorado, pongo la mano en el fuego que esa chica si te interesa aunque no lo quieras reconocer.

—No empieces mamá —dijo Tom poniendo los ojos en blanco.

—Te conozco como a la palma de mi mano —le dijo Simone.

Después de esa pequeña charla, Andreas se fue a su casa, dejando a la familia Kaulitz—Trümper a solas. A la media hora de irse Andreas, Simone se fue a la cocina para acabar de preparar lo que haría de comer ese día. Mientras tanto los chicos se encontraban en el salón, hablando entre ellos. Al cabo de media, Simone salió de la cocina para avisarles de que la comida ya estaba lista que ya podían ir a comer. La comida pasó rapidísimo y Tom se fue a su habitación para prepararse. Abrió su armario para buscar una limpia que ponerse, y después cogió una muda limpia de bóxers y se fue a tomarse una ducha. A la media hora ya salía de esta, con una toalla enrollada sobre su cintura para luego vestirse, para luego coger las llaves de su coche, su móvil, y listo para ir a buscar a Laia.

—Bueno yo ya me voy —dijo Tom al ver que ya eran las cuatro menos cuarto.

—¿Vas a tardar mucho? —preguntó Simone a su hijo.

—No lo sé —contestó Tom a su madre— Bueno, me voy ya no quiero hacer esperar a Laia.

—Pásatelo bien, Romeo —añadió Gordon antes de que su hijastro mayor se fuera, para luego partirse el culo.

—Te lo tendré en cuenta —dijo Tom indignado a su padrastro— Hasta luego, familia.

Tom salió de la casa, y se dirigió hacia el garaje para luego abrir la grande puerta, y entrar a sacar su coche, su preciado Audi R8. Una vez que se metió dentro del coche, puso las llaves en el contacto y arrancó el coche para luego salir al exterior, después dejando el coche en marcha salió de este para cerrar la puerta del garaje. Por último, se metió de nuevo en el coche, y condujo hasta la casa de Sam para recoger a Laia. En menos de diez minutos, antes de las cuatro y media se encontraba ya aparcado en frente de la puerta de la casa de Sam. Mientras esperaba a que saliera Laia, se encendió un cigarro y que empezó a fumárselo para hacer la espera más llevadera.

—Como sigas así, te vas a parecer a un cenicero —dijo Laia entrando en el coche de Tom.

—Hola… Estoy bien gracias —contestó irónicamente Tom.

—Hola… —respondió finalmente Laia a Tom, para luego acercarse a Tom y darle un beso en la mejilla derecha del joven.

—Sí, muy bonito y ahora me haces la pelota —dijo Tom fingiendo indignación.

—Lo siento, pero es que no me gusta que fumes tanto —dijo Laia poniendo morritos— Por encima que me preocupo por ti, mira como me tratas.

—Sí ya, ahora intenta arreglarlo —dijo sarcásticamente Tom.

—Tonto —dijo Laia pegándole de broma a Tom en el hombro.

—Te estás volviendo muy agresiva —agarró Tom de la mano a Laia.

—Es que me haces sacar de quicio —replicó Laia a Tom— Bueno, ¿Dónde me vas a llevar?.

—Aahh sorpresa —puso cara de intriga Tom— Lo sabrás cuando lleguemos.

—Eres malo, Tom Kaulitz —contestó Laia poniendo morritos de enfadada.

—Me encanta cuando pones esos morritos —dijo Tom mirando a Laia sonriendo.

—¿Enserio? —dijo Laia con ojos brillosos.

—Será mejor que nos pongamos en marcha —cambio de tema Tom, para luego arrancar el coche.

Tom arrancó de nuevo el coche, y se metió por calle abajo. Había pensado en llevar a Laia a un bar tranquilo sin mucha gente, en donde pudieran hablar tranquilamente mientras se tomaban un café. A Tom le resultaba extraño salir con Laia por ahí, tipo como si fuera una cita, ya que él nunca había salido con chicas en plan citas, él solo se dedicaba a tener aventuras de una noche. Después de unos quince minutos, por fin llegaron a la zona donde se encontraba aquella pequeña cafetería apartada del mundo real. Tom aparcó el coche en un sitio libre, que había cerca en la acera donde estaba situada la cafetería. A los pocos segundos, Laia y Tom salían del coche, para luego cerrarlo Tom y entrar en la cafetería rápidamente para evitar a curiosos.

Una vez que entraron en el interior de aquella cafetería, Tom guió a Laia hacia el fondo de esta, donde estaba más resguarda y era más tranquila. Se sentaron una mesa con dos sillas, a los pocos minutos uno de los camareros se acercó a ellos, para tomarles el pedido de lo que iban a tomar. Al final fueron dos cafés, al marcharse el camarero lo primero que hizo Tom fue sacar del bolsillo su móvil, y cajetilla de tabaco y sacar un cigarro y encendérselo para comenzarlo a fumar.

—No quiero que fumes —dijo Laia quitándole el cigarro de Tom de la boca— ¿Quieres morirte de problemas pulmonares?.

—De algo habrá que morirse, ¿no? —contestó Tom a Laia para luego quitarle el cigarro de entre los dedos y volver a darle una calada.

—No tienes remedio —dijo Laia con tristeza bajando la mirada.

—Eh venga no te pongas así —dijo Tom intentando animar a Laia.

—No quiero que te mueras, quiero que dures muchos años —dijo Laia con tristeza.

—Eso no va a pasar, soy un chico fuerte —sonrió Tom a Laia— Y muy deportista…

—Sí, ya… Deportista sobre todo —dijo Laia frunciendo el ceño— El único deporte que practicas es en la cama.

—Cierto, pero es un deporte muy completo —le contestó Tom— Quemas muchas grasas, y se fortalecen muchos músculos.

—Oye… Tom, ¿Por qué has querido quedar conmigo hoy? —preguntó Laia bajando la mirada un poco tímida.

—Porque somos amigos, y además me apetecía salir por ahí un poco —explicó Tom a Laia— ¿A ti no te apetecía salir por ahí?.

—Si… Bueno… —se sonrojó Laia— Y más si es contigo… Me parece tan irreal…

—¿Porqué? —preguntó Tom a la chica.

—Eres mi sueño desde que tengo 10 años… Siempre quise conocerte desde niña —dijo Laia tímidamente— No sé… nunca pensé que pudiera tenerte tan cerca, cara a cara. Eras tan inalcanzable…

—Pues no, no lo soy —dijo Tom mirando a la chica fijamente a los ojos— Estoy aquí enfrente de ti, no me he desvanecido.

—Lo sé… —dijo Laia sonriendo tontamente— Pero tengo miedo de que ese sueño se desvanezca algún día, cada vez queda menos para regresar a España.

—Pero podríamos seguir en contacto a través de redes sociales —respondió el chico haciendo que Laia lo mirará a los ojos.

—Pero vosotros no tenéis ninguna cuenta de redes sociales, siempre lo decís en entrevistas —respondió Laia ante la respuesta de Tom.

—En verdad si tenemos… pero solo lo saben algunos familiares —respondió Tom— Pero si tenemos en realidad.

—Lo estoy flipando… —dijo Laia alucinada.

—Este será nuestro secreto, vale —volvió a decir Tom— Confió en ti, y no quiero que más gente por ahí lo sepa, ya sabes nos agobiarían demasiado.

—Lo entiendo perfectamente —sonrió Laia a Tom— Guardaré tu secreto.

Tom y Laia estuvieron hablando durante dos horas más, en aquella cafetería hasta que poco a poco afuera en la calle empezó a oscurecer lentamente. Tom pagó los cafés y se dispusieron a salir hacia el coche de Tom de nuevo. Abrió la puerta del copiloto e hizo que Laia entrara dentro de coche, después rodeo el coche para abrir la puerta del conductor y tomar su posición. Se pusieron en cinturón de seguridad, y luego Tom arrancó el coche rumbo a otro sitio o a casa, lo decidirían en el camino.

—¿A dónde quieres ir ahora? —preguntó Tom a la chica, que en estos momentos observaba el paisaje oscuro por la ventanilla del coche.

—No sé… no me apetece ir aún a casa —respondió la chica— Pero tampoco sé a que sitio ir en concreto.

—Bueno… ¿Entonces? —preguntó Tom de nuevo a la chica— Tengo que tomar un desvío, para ir hacia mi casa ahora mismo, así que decide si vamos a casa o no.

—Quiero ver Hamburgo de noche —respondió Laia al instante.

—¡¿Qué?! —preguntó Tom un poco confuso por la respuesta de la chica.

—¿Hay por ahí algún parador, donde se pueda ver Hamburgo con todas las luces? —preguntó Laia a Tom.

—Sí —sonrió Tom.

—Pues quiero ir a uno, y de paso ver las estrellas que con las luces de la ciudad no se ven bien —contestó Laia de nuevo.

—Está bien —dijo Tom girando el coche, para tomar otro desvió hacia un parador que conocía desde hace mucho tiempo, en el que casi nadie solía ir por la noches, y que tenía unas vistas fantásticas de la ciudad de noche.

Tom condujo rumbo al parador que había visitado varias veces de niño, con sus padres, cuando aún eran una perfecta familia estructurada y después con los años también había visitado con su madre y con su padrastro. Era un sitio muy bonito, donde se podía pasar una tarde tranquila sin que la gente se agolpara alrededor de él y de su hermano, muchas veces solían ir a ese parador cuando querían pensar. Tras veinte minutos de trayecto, el coche de Tom llegó al parador, aparcando el coche después en un sitio un poco aparcado. Desde ahí se podía ver toda la ciudad, colorida por luces de colores haciendo una estampa hermosísima. Laia no dejaba de ver alucinada, lo que contemplaba era realmente hermoso.

—¿Te gusta? —preguntó Tom al ver a la chica que no parpadeaba observando con detalle la hermosa imagen, que se mostraba frente a sus ojos.

—Es muy bonito… —respondió Laia emocionada— ¡Mira! Ya se empiezan a ver las estrellas.

—Sí… —levantó la mirada Tom hacia el cielo contemplando como poco a poco el manto de estrellas, en el cielo negro comenzaba a estar más presente.

—¿Alguna vez has visto las estrellas con alguien? —preguntó Laia.

—No soy el típico chico cursi ¿lo sabes no? Por lo tanto creo que es la primera vez que lo hago —le contestó Tom mirando a Laia.

El silencio se formó de repente, Tom y Laia se quedaron mirando intensamente primero a los ojos y luego alternando entre los ojos y los labios de ambos, hasta que poco a poco los labios de ambos jóvenes se fueron acercando, hasta que finalmente se rozaron en un pequeño y dulce beso casto. Luego fueron intensificando el beso, haciendo que las lenguas de ambos empezara a jugar entre ellos, como si una guerra se tratase. Luego poco a poco se separaron y se volvieron a mirar.

—Laia esto no debe pasar más —dijo Tom sintiéndose culpable— No quiero que te hagas ilusiones.

—Demasiado tarde… —contestó Laia bajando la cabeza.

—Laia… —dijo Tom preocupado por la chica.

—Lo siento… No puedo quitarte de mi cabeza —dijo Laia con tristeza— De verdad, que lo he intentando y ser tu amiga pero no puedo…

—Laia… —susurró Tom con tristeza— Pequeña…

—¿Cómo puedo hacer para olvidarme de ti? Si eres todo perfecto… —dijo Laia mirando a Tom a los ojos— Siento que me duele el pecho, y cuando te veo siento mariposas en el estomago. Dime como olvidarme de estos sentimientos.

—Será mejor que volvamos a casa —dijo Tom sin decir nada respecto lo que había dicho la chica.

Continúa…

Gracias por la visita.

por Heiligtkt483

Escritora del Fandom

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