Fic hetero de Heiligtkt483
Capítulo 34
—Lo que tuve con Sam no estuvo mal, pero él no me gusta, aunque es un buen chico. Supongo que no tiene lo que busco en un chico —explicó Kayla.
—¿Y qué es lo que buscas? —preguntó Bill.
—Ya hemos hablado suficiente de mi ¿no crees? Creo que es tu turno —Kayla le dio una mirada que expresaba cansancio de su vida.
—¡Pero si ya debes de saberlo todo sobre mi! —dijo Bill.
—No, solo lo poco que habláis de vuestra vida privada y teniendo en cuenta que muchas cosas son bromas, no sé nada. ¿Te gusta alguien? —preguntó ahora Kayla.
—Sí —dijo rotundamente Bill sin pensárselo sorprendiendo a la chica.
—¿¡Qué!? No sé si morirme porque a uno de mis ídolos está enamorado o porque se ha acostado conmigo queriendo a otra —dijo dramáticamente— Serás guarro, no me esperaba eso de ti señor “ yo creo en el amor a primera vista, y si me gusta alguien soy fiel”—dijo con sorna.
—¡Me acosté contigo porque estaba borracho, si no, no lo hubiera hecho!—gritó Bill riendo, pero ese comentario a Kayla no le hizo mucha gracia, se sintió profundamente ofendida.
—Ajá, claro. Bueno creo que ya hemos hablado mucho, será mejor que me vaya —dijo en un tono serió y dolido. Se levantó del sofá y se encaminó hacia la puerta— Hasta mañana Bill —se giró unos segundos y le sonrió forzosamente mientras empezaba a ir a la puerta con la cabeza gacha.
—¡Kayla! —la llamó Bill caminando hacia ella.
Cuando se giró Bill la tomó de su rostro y con la otra mano de la baja espalda para juntar sus labios dejándola completamente sorprendida y sin ánimos de reacción. Sentía los labios de Bill sobre los suyos besarla castamente con delicadeza y eso le estaba gustando, nadie le había besado así jamás y se sentía muy bien esa sensación. Kayla cerró los ojos sintiendo el beso y empezando a responder. Una de sus manos trepó hasta el cuello de Bill y entrelazó los dedos con los finos cabellos de su nuca, la otra quedó sobre el pecho de Bill apretando entre sus manos la tela de la camiseta. Una tímida lágrima se deslizo por el rostro de Kayla, una lágrima de decepción, quería a Bill y le molestaba haberle utilizado y sobre todo haberse acostado con su hermano hace unos días atrás. Rápidamente la lágrima quedo seca en su rostro. Kayla rompió el beso y miro hacia el suelo avergonzada de sí misma, por ser tan completamente estúpida.
—Te quiero… —le susurró Bill al oído al acercarse a ella.
—No deberías… —susurró Kayla.
—Ven —Bill la cogió de la mano y volvieron a sentarse, esto tenían que hablarlo— ¿Por qué dices que no debería? Yo no elijo eso… ya sé que tu no me quieres a mí y que ha sido una estupidez besarte, pero tenía que hacerlo, aunque sea una última vez… —dijo Bill manteniendo la calma y siendo capaz de decir todo lo que pensaba.
—No deberías simplemente porque yo me volveré a España en unas semanas y tú a Los Ángeles —dijo Kayla sin mirarle.
—Pero eso… Espera. ¿Solo por eso? —Bill pareció no entender lo que había dicho Kayla hasta ahora, con un poco de atraso.
—Bill soy fan de vuestro grupo, y tú me gustabas en especial, antes porque me atraías y tu personalidad me gustaba, y ahora más que te conozco en persona, pero yo me he aprovechado de ti, te he utilizado, no soy una buena persona —Kayla le miró por primera vez en este rato a los ojos— Tú mereces alguien que te quiera de verdad, no alguien que tenga una mala reputación como yo.
—Kay… tú eres así porque te han hecho daño, no por otra cosa. Yo sé que si lo intentamos podría funcionar —Kayla negó lentamente con la cabeza.
—No Bill, una persona no puede cambiar de un día para otro. Yo no te merezco y no hay más que hablar —intentó zanjar el tema.
—No acepto un no por respuesta —calló Bill a Kayla— Sé que lo nuestro puede funcionar.
—¿Y de que serviría si en pocos días me volveré a España y no nos veremos más? Tú te centrarás en tu trabajo, y luego empezareis la promoción y la gira —dijo Kayla a Bill.
—Sabes que hay una cosa que se llama teléfonos e Internet ¿no? —dijo Bill irónicamente pero con humor.
—¡No te pongas gracioso ahora!—Kayla le dio un pequeño empujón.
—Lo siento, estoy nervioso, joder —admitió Bill sin dejar de tocarse las manos desde hace un rato mostrando su más que notable nerviosismo.
—Hablaríamos cada día y yo pondría viajar de vez en cuando a verte —insistía Bill, no quería darse por vencido, quería intentarlo realmente porque le gustaba mucho.
—¿De verdad quieres intentarlo? ¿Confías en que yo pueda cambiar? ¿Tanto te gusto? —preguntó.
—A todas respondo que si —Bill le sonrió dulcemente a la vez que rozaba su rostro con la mano para luego besarla como lo había hecho anteriormente antes de dejarla irse.
—Me gustas… —susurró Kayla entre besos.
—Eso ya es un paso para que no estés con otros. Piensa en mí —dijo Bill también.
—Llevo años haciéndolo, pero eras inalcanzable… —se miraron.
—Pero ahora ya no lo soy —ensanchó una bonita sonrisa Bill— Considérate la fan más afortunada del mundo.
—Si bueno… —rió Kayla.
—Oye que ahora eres la novia de una estrella —Bill la abrazó.
—¿Novia? —preguntó separándose así repentinamente, ese tipo de compromiso le daba algo de pánico.
—Sí, me gustaría que esto fuera serio, pero solo para las personas cercanas —le dijo Bill.
—No sé Bill… Porque no lo dejamos entre nosotros, y poco a poco ya se verá lo que hacemos y decimos. No quiero ir rápido, quiero de verdad ser diferente contigo. Vayamos lento ¿vale? —propuso ella.
—Vale, aun no diremos nada a nadie, como tú quieras —aceptó Bill, no quería presionarla y asustarla.
—Gracias —sonrió ella agradecida y más relajada.
—Aún es pronto, ¿Qué quieres hacer? —preguntó Bill.
—¿Pronto? Te he contado mi vida y nos ha llevado media tarde. Laia ya estará en casa —dijo Kayla.
—Lo dudo, si Tom aun no ha llegado, ella tampoco lo habrá hecho —dijo Bill inteligentemente.
—Vale. Pues no sé que podemos hacer —contestó Kayla.
—Puedes acompañarme a pasear a los perros, tienen que salir otra vez, y así no lo hago yo solo por la noche —propuso Bill.
—¡Claro!—dijo entusiasmada. A Kayla le gustaban mucho los animales.
Ambos anudaron a los perros y salieron a pasear por las calles de la urbanización tranquila y verde. Pasearon bastante rato para que las mascotas de Bill y Tom hicieran sus necesidades y juguetearan entre ellos en la naturaleza, mientras que Bill y Kayla conversaban de cualquier cosa para pasar el rato. Cuando ya paso bastante rato y notaron a los perros lo suficiente cansados decidieron volver a casa. Al llegar vieron el coche que el coche de Tom ya estaba en su lugar de siempre.
—Creo que yo ya debo de irme de verdad —dijo Kayla dándole a Bill las cuerdas de dos de los perros que ella estaba paseando.
—Espera un momento y te acompaño —se ofreció Bill.
—No tranquilo yo voy sola en un momento —contestó Kayla.
—Esta oscuro podría pasarte algo —insistió como de costumbre Bill.
—Este barrio es muy tranquilo no me pasara nada, además está cerca —Kayla también era una cabeza dura.
—Como quieras entonces —accedió ya que no tenía ganas de discutir— Cuando llegues me lo haces saber —pidió Bill.
—No soy una niña pequeña, Bill —se cruzó de brazos fingiendo indignación.
—Para mi si lo eres, no tan solo eres mayor de edad —respondió Bill.
—Entonces no deberías salir con una niña, depravado, podría denunciarte si quisiera a hora —atacó Kayla en broma claramente. Bill abrió la puerta y los perros entraron deseosos de ir a beber agua.
—No puedes hacer eso porque eres mayor de edad —molestó Bill a Kayla.
—Te la estás jugando Kaulitz —le avisó apuntándole con el dedo índice mientras sonreía y se acercaba a él.
—Vivo al límite —dijo ahora en tono bajito ya que estaban muy juntos.
—Te gusto yo, por lo cual te gusta el riesgo —sonrió Kayla para luego besarse— Me voy ya —dijo.
—Espera —Bill la cogió del brazo y le dio un beso más profundo para despedida.
—Pensé que besarías peor después de… —Kayla puso una mueca de pensar mientras contaba con los dedos— ¿Cuatro o cinco años sin besar supuestamente a nadie? —rió.
—Já, que graciosa. Vete anda de que sea más tarde —le dio un piquito en los labios y la empujo levemente para que empezara a caminar.
—¡Adiós! —gritó empezando a correr hacia fuera del jardín y luego detenerse y empezar a caminar a paso normal hacia casa de los padres de Sam.
Por el camino pensó en todo lo que había pasado en toda esa tarde, ahora ella y Bill tenían algo, era mucho mejor que cuando fantaseaba soñando con que eso alguna vez pudiera pasar, y ahora ya no le hacía falta soñarlo, lo estaba viviendo. Al llegar a casa, no vio a nadie por el salón así que decidió ir a la habitación pero en el pasillo se encontró con Sam.
—¿De dónde vienes? No puedes entrar y salir a la hora que te da la gana —le regañó Sam.
—Estaba con Bill —Sam la miró con desgana y siguió su camino, así que Kayla entró a la habitación que compartía con Laia. La saludó y se puso su pijama, luego ambas se dieron las buenas noches y se pusieron a dormir sin contarse nada de lo sucedido, ya lo harían en otro momento estaban agotadas.
Bill hizo prácticamente lo mismo al entrar en su casa. Y Tom al llegar momentos antes se encerró en su habitación cogió el ordenador y se puso ver videos y escuchar música en su ordenador ya que no podía conciliar el sueño después de todo lo que pasó con Laia.
El día de ayer fue algo completamente diferente a lo que ninguno pensaba que seria. Hoy era un nuevo día y en la casa Kaulitz les esperaba un día bastante ajetreado a todos los miembros de la familia. Simone a una hora más que prudente decidió ir a despertar a sus hijos, primero fue a la habitación del mayor, Tom.
—Tom cariño despierta —le dijo acariciando suavemente la espalda desnuda de su hijo que dormía boca abajo.
—Mmm… —murmuró somnoliento.
—Saca a los perros a pasear y tira la basura. Hoy viene la familia de Sam a comer a casa y tiene que estar todo limpio y esto es peor que la pocilga de un cerdo —le dijo en tono más alto y no cariñoso para que reaccionara— ¡Vamos Tom arriba! —gritó.
—Ya voy… —empezó a despertarse. Simone salió del cuarto y se fue al de su hijo menor. Le despertó de la misma forma que a Tom.
—Bill vamos no seas perezoso, despierta tienes que ayudar en la casa que viene la familia de Sam a comer. Recoge tu habitación y ayuda a Tom con los perros —dijo Simone a su hijo Bill.
—Joder mamá… ya voy pesada… —se quejó Bill a su madre.
Al poco rato de despertar a sus hijos Simone, estos empezaron a desperezarse lentamente Tom a grandes pasos de tortuga no podía ni con su alma, le había costado dormirse pensando en muchas cosas. Bill al despertar una sonrisa apareció en su rostro y empezó a hacer todo lo que su madre le dijo, pero antes empezando con una ducha, de muy buen humor, incluso canto con más energía y ánimos que otros días.
Mientras que Simone acaba de organizar en la cocina, todos los platos de comida que pondría en esa comida, Bill se dedicaba con Tom a adecentar un poco más el salón, y comenzar a poner el gran mantel sobre la gran mesa del comedor. Al poco rato, Gordon se fue a la cocina a ayudar a su mujer a hacer algún plato, o a meter las botellas de vino en las cubiteras para que estuvieran frías, para la hora de comer. Entre Bill y Tom comenzaron a poner las servilletas, los cubiertos, los platos y las copas. Tom estaba pensativo y con un humor de perros, dado que por la noche no había dormido bien, y Bill era completamente la antítesis de su hermano gemelo, estaba contento porque definitivamente había arreglado las cosas con Kayla.
Sobre las una y media del mediodía los padres de Sam, Sam y las chicas llegaron a la casa de los gemelos. Los padres de Sam se llevaban genial con los padres de los Kaulitz, ya que se conocían de toda la vida, mejor dicho a Simone, ya que a Gordon lo conocían desde hace un par de años desde que Simone había rehecho su vida con él, separándose del padre biológico de los gemelos. Incluso Sam había ido a la guardería con los gemelos, y de ahí venía la amistad que aunque había pasado bastante tiempo estaba perdurando en el tiempo.
—Hola Alice —saludó Simone a la madre de Sam— Henry…
—Hola Simone, ¿Cómo va todo? —saludó Henry a su amiga de varios años.
—Muy bien, pasad. No os quedéis en la puerta —dijo Simone a sus invitados haciéndose a un lado para que accedieran al interior de la casa— Oh… Laia estás guapísima, y tú lo mismo Kayla…
—Gracias… —contestó Laia tímidamente.
Todos se dirigieron hacia el interior de la casa, para irse al salón donde se podía ver la gran mesa perfectamente colocada, lista ya para sentarse prácticamente en la mesa para comer. Los gemelos se habían sentado en el sillón, y Sam se había sentado con ellos mientras hablaban de sus cosas. Las chicas se habían quedado en medio del salón sin saber donde meterse literalmente, ya que Simone y Gordon estaban hablando muy animadamente con los tíos de Laia. Después de un rato, de intercambiar palabras entre ellos, Simone decidió ir a la cocina para ir a buscar los platos que habían preparado para comer ese día. De primer plato había hecho dos platos, ya que los gemelos eran vegetarianos, así que para ellos hizo una ensalada de pasta con gambas, y para los demás había hecho un estofado con salsa agria, para postre había hecho unos crepes rellenos de queso y de bebida pondría un buen vino joven.
—Chicos ya podéis sentaros a la mesa —dijo Simone a los jóvenes de la casa, ya que Gordon y los padres de Sam ya habían tomado sus asientos en la cabecera junto con Simone y Gordon.
Los gemelos se sentaron en el mismo lado de la mesa, y Sam se puso en el otro extremo de la mesa quedando en la presidencia, y Laia y Kayla se sentaron enfrente de los gemelos. Simone empezó a servir la comida, Laia estaba un poco cohibida ya que de vez en cuando notaba con Tom la miraba, y la verdad es que ella por la noche no había podido dormir bien, después de todo lo que le había dicho, se había comportado tontamente y ahora ni tendría su amistad. Por su parte, Kayla estaba feliz, por fin había podido aclarar todos los malos entendidos con Bill, y ahora veía que por fin podrían tener una relación entre ellos, pero irían poco a poco para conocerse mejor.
—Por lo que he visto últimamente —dijo Simone haciendo que todos la mirarán— Mi hijo Tom queda muchas veces contigo, Laia.
—Eh… ya… —bajó la mirada tímidamente la chica, sintiendo como sus orejas se empezaban a poner un poco rojas.
—Mujer no te ruborices —dijo Simone dándose cuenta de los colores de la chica— Le debes de caer muy bien a mi hijo, cuando queda muchas veces contigo ¿No crees?.
—Puede… —susurró titubeante Laia a Simone.
—A ver cuando nos dais una alegría y empezáis a salir tú y Tom —volvió a decir Simone, haciendo que a Tom que en ese momento estaba bebiendo un poco de la copa se atragantará.
—¡Mamá! —recriminó Tom a su madre.
—Es verdad, Tom —volvió a decir Simone— No sé porque te empeñas en esconder tus sentimientos, incluso te veo más contento, más risueño…
—Tom y yo solo somos amigos, nada más —dijo finalmente Laia bajando la mirada— No os empeñéis en ver cosas donde no las hay.
—Antes mato yo a Tom —dijo Sam con recelo, ya que no le gustaba nada la idea de que su prima estuviera con su amigo, porque sabía realmente de que pie cojeaba y en todos estos años que lo conocía nunca lo había visto con una relación seria, solo estaba con chicas para pasar el rato y divertirse.
—¿Por qué dices eso? —saltó Laia a su primo, estaba harta de que siempre pusiera impedimentos a que tuviera algo con Tom.
—Creo que es demasiado obvio —contestó Sam mirando a su prima.
—Soy humano y también tengo alguna vez derecho a enamorarme en la vida —saltó Tom de repente a Sam, para luego mirar a Laia a los ojos, haciendo que poco después Laia mirará nerviosamente al plato.
Continúa…
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