Fic hetero de Heiligtkt483
Capítulo 36
—Si… —dijo Laia juguetonamente, mientras sus dedos empezaban a jugar con la punta del miembro de este.
—Ooooh… —dijo Tom cerrando los ojos a causa del placer que estaba sintiendo.
—Tiene un tacto raro —dijo Laia riéndose al deslizar su mano sobre la largura del miembro de Tom, notando como se empezaba a hinchar.
—Por dios… deja de torturarme —dijo Tom con un suspiro hondo— Déjame tenerte de una vez…
—Nooo… aún no, quiero jugar un poquito más —sonrió Laia con cara picara, para luego darle un lengüetazo al miembro de Tom.
—Ven aquí… —dijo Tom haciendo que Laia volviera a quedarse debajo de él.
Tom atrapó de nuevo los labios de la chica, para empezarla a besarla con desesperación mientras que sus manos acariciaban el cuerpo desnudo de Laia. Tom notaba como Laia se estaba empezando a excitar más, y él también estaba muy excitado, así que cogió un envoltorio de uno de los preservativos que había dejado sobre la mesilla, para luego rasgar el envoltorio plateado y comenzar a ponérselo con cuidado para evitar romperlo. Cuando ya lo tuvo puesto, volvió a besar a Laia mientras que poco a poco iba dejando su peso sobre el cuerpo de Laia. Con sus manos grandes y fuertes cogió las piernas de Laia, y las puso a cada lado de sus caderas, luego con una de sus manos fue guiando su miembro hacia la entrada del sexo de Laia. Cuando metió su miembro en el interior de Laia, esta inconscientemente le araño la espalda, ya que Laia aún estaba un poco estrecha, pero eso no fue impedimento para que Tom comenzara a moverse dentro de ella, haciendo que poco a poco el placer se fuera haciendo persistente en ambos cuerpos.
—Ooooohhhhh… —suspiró Laia al sentir como Tom comenzaba a embestirla con fuerza, pero con movimientos cortos— Mmmmmm… Me… duele… un poco…
—Lo siento… —susurró Tom mientras le dio un beso corto— A veces me emociono demasiado.
—Puedes… ir un poco más despacio, por favor —dijo entrecortadamente Laia.
—Claro, lo siento mi princesa —sonrió Tom a Laia para luego besarla en los labios.
Tom suavizó las movimientos, haciendo que poco a poco Laia se fuera relajando más y que poco a poco el dolor fuera desapareciendo hasta sentir que por los poros de la piel empezaba a fluir la excitación plena que estaban sintiendo. Tom enredó sus dedos largos y finos, en el largo cabello de la chica, mientras que la besaba con dulzura, haciendo que Laia se sintiera plena. Los muelles de la cama comenzaron a mecerse, por el movimiento que hacía la pelvis de Tom sobre el sexo de Laia, haciendo que poco a poco sus cuerpos empezaran a estar perlados por una suave y fina capa de sudor. Se estaban amando como nunca.
—Ya no me duele —sonrió Laia mientras sentía como Tom se mecía dentro de ella.
—Eso es genial… —sonrió Tom a su chica— Y cuanto más se practique menos te dolerá…
—Te quiero… —susurró Laia cerrando los ojos, para sentir el placer causado por el miembro de Tom en su interior.
—Hijo, ¿Sabes dónde has guardado… —Simone se quedó quieta en la puerta al ver a su hijo y a Laia desnudos sobre la cama.
—¡MAMÁ! —dijo molestó Tom— ¿NO SABES LLAMAR ANTES?.
—Por dios, esto no puede estar pasando… —susurró Laia escondiendo su cara en el pecho de Tom avergonzada por la situación que estaba viviendo.
—Lo siento, hijo… —dijo Simone disculpándose— Os dejo seguir con lo vuestro.
—Ahora me has cortado el rollo, se me ha bajado completamente —dijo Tom viendo como su madre cerraba la puerta tras ella.
—¡Qué vergüenza! —dijo Laia completamente roja como una tomate— Ahora se lo dirá a mis tíos, me veo castigada y regresando a España.
—No te preocupes, Laia —sonrió Tom a la chica— Mi madre es muy liberal y no va a decir nada. Ya está acostumbrada a estas situaciones.
—¿Enserio? —preguntó Laia.
—Sí, no es la primera vez que me pilla infraganti —contestó Tom.
—Ooooh ya me acuerdo lo dijiste en un entrevista —puntualizó Laia— Era tu segunda vez o algo así, y tu madre entró en tu habitación para dejar la ropa limpia planchada, y te encontró con una chica haciéndolo…
—Veo que tienes buena memoria —dijo Tom— Se me ha bajado completamente, mierda.
—Lo siento… —dijo Laia apenada.
—No es tu culpa, Laia —miró Tom a los ojos a Laia— Ha sido mi madre, que no sabe llamar a la puerta.
Tom se separó de Laia, para luego salir del interior del sexo de ella, luego cogió un pañuelo de papel y se quitó el preservativo para tirarlo en la papelera que estaba al lado del escritorio. Después volvió otra vez a junto Laia a la cama, sentándose en el borde y coger sus bóxers para ponérselos. Laia lo imitó, buscó sus braguitas y se la puso para luego ir a buscar su sujetador y ponérselo.
—¿Te apetece quedarte a dormir conmigo? —preguntó Tom a Laia.
—¿Enserio? No sé si mis tíos me dejarán —dijo Laia apenada.
—Claro que te dejarán, ahora se irán por ahí con mis padres —explicó Tom.
—Pero de todas formas no tengo pijama para dormir —respondió Laia.
—Te dejo una de mis megas camisetas, y ya te hace de camisón —se rió Tom.
—Seguro, con lo largas que son —sonrió Laia.
Tom se dirigió hacia su armario, para luego abrirlo y sacar de un cajón una camiseta de las suyas, que utilizaba antes en sus años de adolescente en la banda, ya que últimamente utilizaba su ropa un poco más estrecha, aunque se seguía manteniendo en la línea de los pantalones anchos y camisetas anchas, pero un poco más justas.
—Ten —le dio Tom la camiseta a Laia— Vas a estar muy mona con ella —se rió Tom.
—No te rías —dijo Laia con enfado fingido, mientras se ponía la camiseta, haciendo que esta le cubriera hasta las rodillas.
—Te queda genial, lo que te dije ya tienes un camisón nuevo —sonrió Tom.
—¿Enserio? ¿Me la regalas? —preguntó Laia.
—Claro, yo ya no uso esa camiseta —abrazó Tom a Laia por detrás.
—Dormiré todas las noches con ella, no me la quitaré de encima —dijo Laia a Tom— Así podré estar cerca de ti, cuando esté en España y tú…
—¡Ey! Laia no te pongas triste —dijo Tom a su chica.
—Kayla y yo nos iremos a España, pero vosotros también os iréis de nuevo a Los Ángeles —añadió Laia con tristeza.
—Cierto, pero mantendremos contacto —aseguró Tom a Laia.
—Hay mucha diferencia horaria —volvió a decir Laia— No podremos hablar casi.
—Lo haremos, hablaremos todos los días —volvió a insistir Tom a Laia— Ahora tenemos que aprovechar el tiempo que nos quedé antes de cada uno nos vayamos de nuevo.
—Si… —sonrió tímidamente Laia, para luego besar dulcemente a los labios a Tom— Creo que estoy soñando…
—No es un sueño, Laia —dijo Tom mirando fijamente a la chica— Estoy aquí contigo, soy de carne y hueso.
—Sí, te quiero…. —abrazó Laia a Tom para luego aspirar su aroma, y así poder memorizarlo para recordarlo en los meses que no lo viera por estar lejos del uno al otro.
—Ahora será mejor que durmamos —sonrió Tom a Laia— Así que señorita, pase usted a la cama.
—Está bien —dijo Laia medio riéndose por la forma en la que lo había dicho Tom, para luego tumbarse en la cama seguida de Tom.
—Buenas noches, princesa —dijo Tom una vez que se tumbó en la cama y sintió como Laia se abrazaba a él apoyando su cabeza sobre su pecho desnudo— Que tengas dulces sueños.
—Si estoy contigo claro que serán dulces sueños —dijo Laia acurrucándose más en Tom— Buenas noches, Tom.
Tom apagó la luz de la mesilla que había en su habitación, para luego con sus brazos arropar a Laia entre ellos. La chica ya tenía una respiración bastante profunda, y una inmensa sonrisa formada en sus labios, nunca hubiera imaginado lo que había vivido minutos antes, Tom le había dicho que sentía algo por ella, y eso era un sueño hecho realidad.
Mientras que Laia se había ido a la habitación de Tom, Kayla y Bill se habían quedado besándose apasionadamente sin atender a lo que estaban emitiendo en la televisión, más bien estaban haciendo caso omiso a la película que había puesto Bill. En el jardín, Gordon, Simone y los tíos de Laia estaban hablando animadamente, hasta que Simone se acordó de una cosa que no sabía donde estaba pero sabía que su hijo mayor, Tom, si sabía donde estaba, así que se disculpó un momento con su marido y sus invitados y entró en el interior de la casa, para buscar a su hijo mayor y preguntarle donde estaba lo que se había acordado. Cuando llegó al salón se encontró con una estampa, que no se hubiera imaginado, Bill y Kayla se estaban besando con desesperación, cosa que hizo que Simone se aclarará un poco la garganta. Al poco rato, Bill y Kayla se separaron, y miraron a Simone ruborizándose poco después.
—Que calladito te lo tenías —dijo Simone sonriendo a su hijo— Por cierto, ¿Sabes dónde está la botella de ese Whisky caro que trajisteis de Los Ángeles?.
—No —contestó Bill a su madre— Se supone que debería de estar en el mueble bar.
—Ya he mirado pero no está —contestó Simone a su hijo— Voy a preguntarle a tu hermano. ¿Sabes dónde está?.
—En su habitación escuchando música —dijo Bill para luego ver como su madre empezaba a subir las escaleras.
Simone empezó a subir las escaleras para preguntar a su hijo mayor, donde se encontraba esa botella de Whisky que habían traído de Los Ángeles, ya que quería darles a probar a los tíos de Laia. Nunca se iba a imaginar lo que iba a encontrar cuando entrará en la habitación de su hijo, a Tom y a Laia de una forma muy comprometido, pero Simone ya estaba acostumbrada en una ocasión en la adolescencia de Tom también lo había encontrado infraganti de la misma forma con una chica. Después de las pocas palabras que tuvo con su hijo Tom, Simone se fue de la habitación sin preguntarle porque lo que había ido a la habitación. Cuando bajó de nuevo, se dirigió al jardín sin comentarles nada de lo sucedido a los tíos de Laia, no quería que la chica fuera perjudicada. Ya de madrugada, los tíos de Laia se fueron dejando a las chicas en la casa de Simone, ya que esta les había dicho que las chicas estaban muy entretenidas con sus hijos, y sería una pena que se fueran.
Los rayos del sol comenzaron a colarse por la ventana, haciendo que habitación de Tom se empezará a iluminar paulatinamente. Laia dormía plácidamente sobre el pecho desnudo del joven, abrazada a él como si de su vida se tratase. Mientras que Bill y Kayla también habían dormido juntos, pero no había pasado nada relevante. Simone y Gordon dormían también plácidamente en la habitación matrimonial. Los rayos del sol se hicieron más molestos, haciendo que Tom se despertara por completo, bajó su mirada y observó a Laia que dormía como un ángel caído del cielo sobre su pecho, sonrió para sí mismo era tan hermosa, y su cara angelical le hizo quedarse bastante rato observando como Laia seguía durmiendo dulcemente. Después de una media hora, Laia fue abriendo sus ojos lentamente un poco confusa, ya que no se acordaba que estaba en la cama con Tom.
—Buenos días, princesa —sonrió Tom al ver a su dulce doncella despertar, de ese dulce sueño.
—Bueno días —sonrió Laia con una sonrisa tonta, al darse cuenta que era verdad, que estaban juntos.
—¿Cómo has dormido? —preguntó Tom a Laia mientras le acariciaba la mejilla.
—Genial, haces muy bien de colchón —contestó Laia acercándose a Tom para besarle dulcemente los labios.
—Te lo tendré en cuenta —dijo Tom ofendido— O sea que solo me quieres porque soy un buen colchón.
—Tonto… —susurró Laia pegándole en el hombro a Tom— Te quiero porque tienes otras buenas cualidades…
—¿Cómo cuales? —preguntó Tom a Laia jugueteando.
—Sabes besar bien… y… —se calló de repente Laia sonrojándose por completo, para luego continuar hablando pero en bajo— Estás muy bien dotado —susurró.
—Serás pilla —dijo Tom acercando más a Laia a él, para luego volver a atrapar los labios de ella.
—Creo que me voy a volver adicta a ti —dijo Laia contra los labios de Tom, mientras se dejaba hacer por él.
Tom comenzó a besar el cuello de la chica, haciendo que pequeños suspiros empezaran a salir de la garganta de Laia. Las manos de Tom empezaron a recorrer las finas y delgadas piernas de la chica, hasta que llegó la empiece de la gran camiseta que llevaba Laia como pijama, poco a poco la fue subiendo hasta dejar los pequeños pechos al descubierto. Los comenzó a besar, sintiendo como los pezones se empezaban a endurecer por el placer que estaba sintiendo, hasta que finalmente le quitó la camiseta dejando a Laia solo con sus braguitas puestas.
—Que te parece si continuamos con lo que mi madre ayer nos cortó —susurró Tom a Laia provocativamente al oído.
—¿Ahora? —preguntó Laia un poco sorprendida.
—Sí, porque no —sonrió Tom a Laia para besar los labios de ella, y luego separarse— Mis padres estarán durmiendo, y mi hermano supongo que estará con Kayla, así que no hay nadie que nos interrumpa esta vez.
—¿Tú crees? —preguntó Laia incrédula.
—Sí, tonta —dijo Tom besando los labios de nuevo de Laia.
Tom volvió a besar los labios de Laia, para luego volver a posar sus labios sobre el cuello de esta, mientras que estiraba el cuello para dejar el máximo espacio disponible, para que Tom pudiera besarla mientras que ella se dedicaba a pasear sus yemas de los dedos por la espalda desnuda de Tom, hasta llegar al culo de este, y meter sus manos por dentro del bóxers de este, y agarrar las nalgas de Tom para acercarlo más a ella, poco a poco fue sintiendo como una ligera erección comenzaba a formarse debajo de los bóxers de Tom, hasta que el fuego interior fue más intenso. Tom siguió dando besos húmedos por los pechos de Laia, por el vientre hasta llegar a la zona del sexo de Laia e ir bajándole lentamente las braguitas, hasta que la zona quedó descubierta.
Después Laia deslizó los bóxers de Tom, dejando libre el sexo de este. Se volvieron a besar, Tom estiró su mano para coger uno de los condones que habían quedado encima de la mesilla la noche anterior, para luego separarse de Laia para poderse poner el preservativo por su miembro que ya estaba erecto. Cuando acabó de ponerse, se volvió a acercar a Laia, le dio un pequeño beso en los labios de esta, mientras que se acomodaba entre las piernas de la chica, para guiar luego su miembro hacia el interior del sexo de Laia.
—Ooohhh…. —suspiró Laia al sentir el miembro de Tom en su interior— Espero que esta vez no nos molesten —susurró Laia entrecortadamente al sentir la presión dentro de su sexo.
—Eso espero… —susurró Tom contra los labios de Laia.
Continúa…
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