Fic hetero de Heiligtkt483

Capítulo 39

—Tranquila, cariño —tranquilizó Bill a su novia, acercándose a ella y darle un beso en los labios— Entrar a dentro, aún tenemos que esperar por mi hermano.

Las chicas entraron a dentro de la casa, seguidas por Bill y se sentaron los tres en el gran sillón. Mientras hacían tiempo de que viniera Tom, estuvieron hablando de cosas sin importancia para pasar el rato. Después de unos quince minutos, la puerta de la casa se abrió entrando Tom en ella, poco después apareció en el salón, mirando que Laia y Kayla se encontraban con Bill.

—Hola cielo —saludó Tom con una sonrisa a su novia— ¿Lleváis mucho tiempo aquí?.

—Sí, desde hace quince minutos —contestó Bill— Las llamé yo, tenemos que hablar los cuatro.

¿Pasa algo? —preguntó Tom intrigado.

—Tom siéntate —ordenó Bill a su hermano, este tomó posición al lado de Laia pasándole el brazo por el hombro, para luego darle un dulce beso en la sien izquierda— Bueno, ahora que estamos todos juntos, os puedo ya contar.

—Eso, que me tienes intrigada —añadió Kayla.

—He alquilado una casita rural por una semana, para que pasemos los cuatro juntos unos días —soltó de golpe Bill.

—Oooooh eso es fantástico —dijo Kayla emocionada— Será como unas minis vacaciones dentro de nuestras vacaciones a solas.

—Yo no pienso ir al campo —contestó Tom— No me gusta el campo, ni nada relacionado con él.

—Pero Tomi será muy divertido ir —dijo Laia emocionada a su novio— Así podremos pasar el tiempo solos, y bueno… —se ruborizó un poco Laia.

—No necesitamos irnos a una casa de campo, para estar solos —contestó Tom a Laia.

—Pero a mí me gustaría ir… —susurró Laia.

—Bueno si quieres puedes ir, te doy permiso —dijo Tom a su novia— Yo me quedo aquí.

—No, porque quiero que tú vengas —dijo Laia enfadada— Eres un estúpido, Tom.

—Eh venga Laia no te enfades —intentó Tom calmar a su novia— Solo que no me gusta el campo.

—Pero sería una grande oportunidad para… conocernos mejor —dijo Laia susurrando la última parte haciendo que casi no se oyera, solo lo oyera Tom.

—Chicos… me podéis dejar a solas con Laia —dijo Tom a su hermano y a Kayla.

—Sí —respondió Bill— Vamos Kayla…

Bill y Kayla se fueron del salón dejando solos a Tom y a Laia, subiendo las escaleras para luego ir a la habitación de este. Bill presentía que al final no se irían a la casa rural, ya que su hermano era muy cabezota a veces y cuando se le metía una cosa en la cabeza no era capaz de mudar de opinión. Mientras tanto en el salón, un silencio incomodo se había formado en el salón, Laia estaba de brazo cruzados y con el ceño fruncido, Tom la miraba con expresión graciosa.

—Ven aquí, enana —dijo Tom a su novia agarrándola por la cintura atrayéndola hacia él— Me encanta cuando te enfurruñas toda.

—Eres malo Tom Kaulitz, que lo sepas —dijo Laia molesta— Te guardare rencor por toda mi vida como no vengas a la casa rural.

—¿Enserio? —preguntó divertido Tom.

—Sí, y olvídate de tener sexo conmigo. Te voy a dejar a pan y agua —contestó de nuevo Laia.

—Lo dudo —sonrió provocativamente Tom, mientras posaba sus labios en el cuello de Laia— Mis besos te excitan demasiado.

—Para… —susurró entrecortadamente Laia.

—¿Y si no quiero parar? —preguntó desafiante Tom.

—Te llevarás una bofetada —contestó Laia.

—No creo… —volvió a decir Tom de nuevo pero esta vez acariciando una de las piernas de Laia, deslizando delicadamente su mano por esta hasta colarse por debajo de la falda de la chica.

—Tom… —susurró Laia con un pequeño gemido, al notar como los dedos de Tom acariciaban el sexo de la chica— No es el momento…

—¿Me perdonas? —preguntó Tom poniendo morritos de niños pequeño.

—Tal vez… —susurró Laia levantando su ceja derecha— Si vienes a la casa rural te perdonare, y… puede que allí te lleves un premio.

—Me estás chantajeando, pequeña —sonrió Tom al ver la expresión picara de Laia.

—Sí, yo también tengo mis armas de seducción —volvió a decir la chica— Pero no te las mostrare hasta que no lleguemos a la casa rural, así que… como no quieres venir te vas a quedar con la ganas.

—Está bien, mocosa —dijo Tom rindiéndose— Has conseguido convencerme, pero prepárate cuando lleguemos allí.

—Genial —dijo Laia toda contenta, para luego darle un pequeño beso en los labios— Te quiero…

—Y yo… —susurró Tom mientras correspondía al beso mordiéndole el labio inferior a Laia.

—¡BILL! —gritó Tom desde el salón, para que su hermano y su novia bajaran.

—¿Qué pasa? —preguntó Bill asomando la cabeza por las escaleras, seguido de Kayla.

—Laia y yo ya hemos hablado, lo que teníamos que hablar —explicó Tom a su hermano— Así que ya podéis venir. Tenemos que hablar.

—¿Sobre qué? —preguntó Bill a su hermano.

—Sobre esa escapada a la casa rural, Laia me ha convencido así iremos —dijo Tom a su hermano.

—Genial —sonrió Bill satisfecho, por fin podría hacer que su hermano se llevara bien con su novia y que conociera más a Laia.

Era una mañana bastante soleada, Laia y Kayla se encontraban acabando de cerrar sus equipajes. En menos de media hora, Tom y Bill con el coche de Tom vendrían a buscarlas para pasar una semana alejados de todo el mundo en una casa rural, cercana a un río. Cuando Laia y Kayla acabaron de acomodar sus equipajes, bajaron al salón donde dejaron las maletas al lado de hall de la casa, esperando a que llegaran los gemelos. A la media hora, sonó el timbre y Laia fue abrir la puerta encontrándose a Tom y Bill muy sonrientes, que venían a ayudarlas con su equipaje.

—Hola cielo —dijo Tom a Laia dándole un beso corto— Preparadas para irnos…

—Sí —sonrió Laia a su chico— Voy a avisar a Rose de que nos vamos ya.

Laia dejó a los gemelos con Kayla en el hall del salón, mientras que ella se iba a la cocina para decirle a Rose que ya se iban, para que después se lo dijera a sus tíos cuando regresaran de sus respectivos trabajos. En menos de dos segundos, Laia ya se encontraba otra vez en el salón junto con los chicos. Bill y Tom cogieron la maleta de cada, mientras que Laia cerraba la puerta de la casa. Los gemelos se dirigieron hacia el Cadillac Escalade de Tom, para luego Tom abrir el maletero y meter el equipaje de las chicas juntos con el equipaje de ellos dentro del maletero. Una vez metidas las maletas, los gemelos se dieron a la parte delantera del coche, y las chicas se sentaron la parte trasera del coche, poniéndose los cinturones antes de comenzar el viaje que llevaría por lo menos dos horas.

—Por cierto Bill, ¿Cómo son las casitas? —preguntó Kayla entusiasmada.

—Es una casa solo —contestó Bill a su novia.

—¡¿Qué?! —dijo Tom sorprendido haciendo una mueca— Lo que me faltaba…

—Es una buena forma de conocernos mejor entre nosotros todos —argumentó Bill al ver la mueca de su hermano— Será bueno para todos.

—No me hace gracia —dijo Tom a su hermano.

—No protestes tanto y sigue conduciendo por donde te indica el GPS —dijo Bill a su hermano.

Tom siguió conduciendo con los morros enfurruñados, no le hacía gracia compartir durante una semana la misma casa con Kayla, y así tampoco poder tener la privacidad suficiente para poder estar con Laia, y hacer sus cosas. Después de más de dos horas de viaje, por fin llegaron a su destino. Tom aparcó el coche enfrente de la casa rural, que Bill había alquilado por una semana. Las chicas miraban embobadas a la casa, realmente era una casa muy bonita y se podía escuchar el ruido de las aguas del río, que había cercano a la casa.

—¡Qué bonito! —dijo Laia observando su alrededor, mientras que los chicos abrían el maletero del coche para sacar sus equipajes.

—Sí —sonrió Bill mientras se acercaba hacia la puerta para abrirla y así poder meter las maletas dentro de la casa, y de paso inspeccionar la casa.

—¡Qué pasada! —dijo Kayla una vez que entraron en la casa, había un pequeño salón con una gran chimenea, la cual se encendería en las noches de invierno. También había un gran sillón de cuero, con unas alfombras en el suelo.

—Sabría que te encantaría —dijo Bill a su novia, para luego besarla en la sien derecha— En el piso de arriba están las habitaciones.

—¡Qué guay! —dijo Laia sonriente— Vamos Kayla tenemos que escoger nuestra habitación.

—Chicas… —susurró Bill antes de que fueran a la habitación.

—¿Qué pasa, Bill? —preguntó Kayla a su novio intrigada.

—Solo son dos habitaciones, pero solo tienen una cama de matrimonio cada una —explicó Bill a las chicas— Así que está claro como dormiremos, ¿no?.

—Genial —dijo Kayla emocionada.

—¿Hablas enserio? —preguntó Laia un poco ruborizada, de tener que compartir durante una semana la cama con Tom.

—Sí, pero no te preocupes. Tom es buena persona, no molesta mucho. Solo que a veces ronca y habla en sueños —dijo Bill divertido.

—No te pases Bill —dijo Tom un poco mosqueado.

—¿Te molesta que le diga cosas de ti a tu novia? —preguntó Bill a su hermano— Laia eso ya lo debería de saber, o no se lo has contado.

—Yo a Laia le digo lo que me da la gana —contestó Tom enfadado.

—Chicos no empecéis —medió Laia entre los dos hermanos— Será mejor que vayamos a acomodar nuestras cosas, y de paso ver el estado de las habitaciones.

Los chicos se dirigieron hacia el segundo piso de la casa, para luego ir por el largo pasillo parándose en una de las puertas que era una de las habitaciones. Los primeros en pararse fueron Tom y Laia, que abrieron la puerta de una de las habitaciones y entraron dentro, metiendo su equipaje para poder acomodarlo. Bill, por su parte, se fue con Kayla a su habitación para poder también acomodar sus cosas.

—¡Qué cama más grande! —dijo Laia a Tom al comprobar que era más grande de la normalmente dormía.

—Normal, es de matrimonio —dijo Tom abriendo el armario, para verlo por dentro y así empezar a meter sus cosas dentro de este.

—Te das cuenta de que pasaremos toda una semana durmiendo juntos —dijo Laia a Tom.

—Sí… —susurró Tom a Laia mirándola a los ojos.

—Será la primera vez que dormimos tantos días juntos —dijo Laia sonriente.

—Te advierto que conmigo dormirás muy poco esta semana —dijo Tom mordiéndose el labio provocativamente— Hay una promesa que me hiciste antes de venir aquí…

—Bueno… —tragó Laia un poco de saliva— Tampoco hace falta que te lo tomes al pie de la letra.

—Ya sabes que me tomó siempre la palabra al pie de la letra —contestó Tom de nuevo a su novia, riéndose provocativamente— Pero no te preocupes, he traído dos cajas de condones. Creo que será suficiente para toda la semana.

— Estás de coña, ¿no? —Laia abrió los ojos desmesuradamente.

—No, hablo muy enserio —dijo Tom mientras se acercaba a Laia, y comenzaba a besarle el cuello— Yo siempre hablo enserio.

—Pe—Pero… —comenzó a tartamudear Laia— No tendremos tiempo para tanto.

—Créeme que encontraremos el tiempo necesario —sonrió de nuevo Tom besando esta vez los labios de Laia— En la ducha… En la cama… En la cocina…

—Eres un pervertido sexual —dijo Laia asustada.

—No cariño, simplemente soy el dios de sexo —sonrió Tom con suficiencia.

Dicho lo último, Tom se separó de Laia y se dirigió de nuevo al armario para continuar metiendo su ropa dentro de este. Laia había puesto su maleta sobre la cama, y la comenzaba a abrir para sacar su ropa de esta. Primero saco su pijama, que lo puso debajo de la almohada, justo en el lado que ella había escogido para dormir. Después abrió uno de los cajones de la mesilla, que estaba en su lado, para comenzar a poner su ropa interior, cuando acabó se dirigió con el resto de la ropa al armario para ver si Tom le había dejado algún sitio para poder meterla, después de que este hubiera metido toda su ropa.

—Casi no me dejas sitio —se quejó un poco Laia poniendo morros.

—Es lo que tiene ser el primero en poner la ropa en el armario —contestó Tom en tono burlón.

—Ya te vale —se volvió a quejar Laia— Pudiste haberme dejado un espacio.

—Ah se siente —dijo Tom riéndose.

Mientras tanto en una de las otras habitaciones, la otra pareja, Kayla y Bill se acomodaban tranquilamente en esta, ajenos a la conversación que había tenido Laia y Tom en su habitación. Hicieron el mismo procedimiento, que habían hecho Laia y Tom con su ropa, la pusieron dentro del armario y se cercioraron de que todo estuviera en perfectas condiciones, también comprobaron el baño, si estaba bien. Las habitaciones de aquella casa disponían de un amplío baño, para la comodidad de sus ocupantes, después en la planta de abajo había otro baño más pequeño para no tener que subir a las habitaciones.

Cuando Bill y Kayla acabaron de poner todo en orden en su habitación, bajaron a la cocina para ver si tenían que ir a comprar algo, dándose cuenta que la nevera estaba completamente vacía, así que tendrían que ir al pueblo para ir a la tienda a comprar, ya que la casa donde habían ido estaban un poco alejadas de las otras casas del pueblo. Al poco rato, aparecieron Laia y Tom por la cocina, querían ver el resto de la casa, aunque Laia iba con los morros aún puestos, ya que había tenido que poner su ropa bastante apretujada ya que no había tenido suficiente espacio en el armario, gracias a la amabilidad de Tom.

—Necesitamos ir al pueblo, a comprar suministros de comida para pasar la semana —dijo Bill a su hermano, ya que él era el que había llevado el coche.

—Ok —contestó Tom sin rechistar.

—¿Qué te pasa, Laia? —preguntó Kayla a ver a su amiga toda enfurruñada.

—Tom es un egoísta… —dijo Laia dolida.

—¿Por? —preguntaron a la vez Bill y Kayla.

—No me ha dejado espacio en nuestro armario para poner mi ropa —volvió a decir dolida Laia.

—No te quejes —contestó Tom defendiéndose— Si total no vas a utilizar ni la mitad de ropa que has traído, más bien pasaras más tiempo en la cama que vestida.

—Serás cerdo… —susurró Laia indignada— No soy tu juguete sexual.

—Cariño… —dijo Tom abrazando a Laia por la cintura, para luego darle un beso en la sien— Era solo una broma, no te enfades.

—Una broma de mal gusto —dijo Laia indignada.

—Bueno… Como antes le dije a Tom tenemos que ir a comprar al pueblo suministros —informó Bill a Laia.

—Ok. Entonces a que esperamos, vamos ya —dijo Laia caminando hacia la puerta de la cocina para dirigirse al exterior de la casa.

Continúa…

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por Heiligtkt483

Escritora del Fandom

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