Fic hetero de Heiligtkt483
Capítulo 43
—No fui yo, ha sido ella quien me ha dejado —dijo Tom con tristeza— Por una vez en la vida no soy el malo de la película.
—Increíble… No sé que coño le pasa a Laia —dijo Kayla con cabreo— Voy a tener que pegarle un par de bofetadas, para que entre en razón.
El resto del día lo pasaron normal, Laia se quedó todo el día en la habitación ni siquiera había bajado para comer ni tampoco lo había hecho en la hora de la cena. Tom se había pasado la mayor parte del tiempo dando vueltas por los alrededores de la casa, para pasar el rato mientras que de vez en cuando se fumaba algún que otro cigarrillo. Kayla y Bill habían solucionado bien sus problemas, aunque había cierta desconfianza entre ellos pero poco a poco tendría que volver a reconstruirla, y tal vez saldrían fortalecidos de esa crisis de pareja que habían tenido. Cuando llegó la noche, Tom se quedó en el salón, ya que esa noche la pasaría en el sillón en cambio Bill y Kayla se fueron a su dormitorio para vivir su amor y convertirlo en su nido de amor. Laia se había metido en la cama y se estaba intentando quedar dormida, pero la cama se encontraba demasiado vacía sin la presencia de Tom, haciendo que la chica se preguntará mentalmente porque dependía tanto de Tom, si solo hacía dos meses que lo había conocido.
Pasaron dos días, y la situación entre Tom y Laia no había mejorado. Kayla y Bill se veían muy felices, por fin, poco a poco habían empezado a volver a cogerse confianza entre ambos. Al día siguiente ya de noche cerrada, después de haber ido a pasar el día afuera visitando los parajes que rodeaban ese bonito lugar, se habían formado unos nubarrones que presagiaban que pronto una gran tormenta de lluvia caería. Todos se fueron a dormir, Tom en el sillón como los otros días gracias a su cabezonería, el joven había conseguido que su espalda comenzara a doler, pero quería aguantar lo suficiente hasta que se volvieran otra vez a Hamburgo. Laia se había puesto el pijama, y se había metido entre las sábanas de la fría cama, por la ausencia de Tom. Se giró e intentó dormir, no tardó mucho en quedarse dormida, pero su sueño se vería perturbado más tarde cuando un relámpago iluminó la habitación, con la posterior aparición del sonido que hizo que Laia se despertara de su sueño, abriendo los ojos desmesuradamente. No le gustaba para nada la tormenta…
Se volvió a girar en la cama, para intentar quedarse dormida de nuevo pero otro rayo iluminó la habitación, haciendo que Laia se empezara a poner más nerviosa de los estaba. Al final se levantó de la cama, se dirigió al baño y se mojó un poco la cara con agua fría, se secó con la toalla y salió de nuevo del baño y observó la cama vacía. Sin pensárselo dos veces, abrió la puerta de la habitación y comenzó a descender por las escaleras, hasta llegar al salón donde Tom dormía plácidamente en el sillón, con su torso desnudo, solo tapados por los bóxers que el chico llevaba puesto. Lo observó desde la distancia, para luego acercarse lentamente y observar como su cara era angelical cuando dormía, haciendo que una sonrisa tonta se le pusiera en sus labios. Sin poder evitar, acarició con cuidado la cara del chico con las yemas de sus dedos de forma delicada, para luego retirar su mano de la cara del joven. Otro relámpago iluminó el salón, Laia se acercó a la ventana para ver desde esta la tormenta que estaba cayendo, para luego sentir como unos brazos le rodeaban por la cintura.
—Laia, ¿Qué haces aquí? —preguntó la voz grave y ronca de Tom por haberse despertado del sueño en el que estaba sumido.
—No puedo dormir —susurró la joven girándose sobre sí misma para mirar a los ojos al joven— Me ha despertado la tormenta.
—Vaya… —dijo Tom mirando a la chica— La verdad es que está cayendo una tormenta bastante copiosa, y eso que durante el día hizo un buen tiempo.
—Ya ves… El tiempo es impredecible —volvió a decir Laia mirando a los ojos a Tom— Oye Tom…
—¿Sí…? —contestó el chico sin dejar de quitar los ojos de encima de la chica.
—De verdad que te sientes cómodo en el sillón, no sé yo pero no lo veo muy cómodo para dormir —volvió a decir la chica.
—Es lo que hay —dijo Tom con resignación— No tengo otro sitio.
—No es lo que hay —dijo Laia con un poco de enfado—El otro día te dije que podías dormir conmigo en la cama.
—Tú misma rompiste nuestra relación, así que no veo el motivo para dormir contigo —dijo Tom elevando un poco la voz.
—No levantes la voz, despertarás a Bill y Kayla —dijo la chica a Tom— Además la cama es bastante amplía, cada uno tiene su lado y no hay necesidad de tocarnos.
—Lo siento, nena —dijo Tom poniendo un aire chulesco— Pero yo duermo solo con una mujer, después de haber hecho con ella otras cosas en la cama.
—Eres un cerdo, un machista… —se quejó Laia a Tom— Solo piensas con tu polla.
—Mucho te quejas pero bien que te gustaba que te la metiera —dijo Tom mientras se acercaba sutilmente a la chica, y la agarraba por la cintura para luego pegarle el cuerpo de Laia contra el suyo.
—Suéltame —ordenó Laia intentando separarse de Tom.
—¿Por qué intentas evadir, algo que sabes que tarde o temprano volverá a ocurrir? —preguntó Tom mirando a la chica a los ojos— Ambos sabemos que tú aún no te has olvidado de mí, y que me quieres. Llevas tatuado el olor de mi cuerpo en tu cuerpo.
—Eso no es verdad —intentó Laia controlar la situación antes de que todo se volviera un descontrol. Tener a Tom tan cerca de ella, la estaba poniendo realmente nerviosa porque sabía que tarde o temprano perdería cordura completamente por la piel del joven.
—¿Tú crees? —preguntó Tom con su aire chulesco mientras que acercaba sus labios a los labios de la joven.
—Pa… —Laia no puedo continuar hablando, ya que Tom se encontraba devorando la boca de la chica con pasión y desenfreno, dando besos bruscos que hacía que el chico se excitará más de lo que estaba. Le gustaban las situaciones de alto riesgo.
Tom agarró el cuerpo de Laia y puso las piernas de la chica alrededor de sus caderas, para luego apoyar la espalda de la chica contra la pared del salón, mientras que sus labios se habían posado en el cuello de la chica, haciendo que Laia comenzará a suspirar. Las manos de Tom hacían presión sobre los muslos de la chica, para sujetarlos bien y evitar que la chica se cayera. Laia había pasado sus brazos por encima del cuello del chico para sujetarse bien. Cuando ambos estuvieron afianzados, Tom comenzó a avanzar con el cuerpo de Laia en sus brazos, hasta que se metió dentro de la cocina, posando más tarde a Laia sobre la mesa que había en esta, para luego ponerse más cómodo entre las piernas de la chica.
Tom enredó sus dedos en la melena larga de la chica, mientras que con sus labios besaba frenéticamente los labios de Laia. Después paso sus labios al cuello de la chica, inconscientemente Laia estiró su cuello lo máximo posible para que Tom pudiera besar más de este, mientras que las manos traviesas de Tom comenzaron a acariciar las piernas de la chica, hasta llegar el empiece del camisón que tenía la chica. Poco a poco fue deslizando el pequeño camisón hacia arriba hasta que se separó del cuello de Laia, y le quitó por la cabeza el camisón. Sus pequeños pechos pero perfectos, quedaron al descubierto haciendo que Tom se mordiera el labio, y sensualmente empezará a jugar con su piercing. Luego comenzó a jugar con uno de los pechos de Laia, haciendo que la chica se tumbara plenamente sobre la mesa, haciendo que la chica arqueará la espalda la notar la madera fría sobre esta. Tom se estaba excitando cada vez más, haciendo que la poca sangre que tuviera se agolpara en su punto estratégico, haciendo que su miembro comenzará a erguirse.
Los suspiros de Laia comenzaron a estar más presentes en la cocina, mientras que Tom recorría el cuerpo de la chica a su gusto haciendo que el calor empezará a ser más latente en el cuerpo de Laia. Sin previo aviso, Tom deslizó las braguitas de Laia, haciendo que la joven quedara desnuda tumbada en la mesa de la cocina. Luego se bajó sus bóxers liberando de su prisión a su miembro, que ya había duplicado su tamaño. Sin decir nada, metió su miembro dentro de Laia haciendo que la chica cerrara los ojos al sentir la presión en su interior.
—Quiero oírte gemir mi nombre… —dijo Tom entre susurros mientras comenzaba a moverse en el interior de la chica, haciendo que se excitará más y más al oír los suspiros de la chica— Di mi nombre…
—T-Tom… —susurró Laia intentando sujetarse al borde de la mesa, ya que Tom había empezado a moverse con más intensidad dentro de ella— Ooooh…
—Así me gusta, que gimas de placer… —dijo Tom apurando sus movimientos más rítmicamente.
—Oooh dios mío… —volvió a susurrar Laia mientras sentía como su interior estaba siendo estimulado por las fricciones del miembro de Tom.
—Tus suspiros me ponen cachondo más de lo que estoy —volvió a susurrar Tom moviéndose más bruscamente dentro de Laia, hasta que poco a poco notó como llegaría al final— Aaaargh… —un gritó grave salió de la boca de Tom cuando se corrió dentro de Laia, haciendo que el interior de la chica fuera inundando por un líquido caliente.
Después de eso, Tom apoyó su cuerpo en el cuerpo desnudo de Laia intentando recuperar la respiración. Minutos después, salió del interior de la chico con un poco de cuidado para luego buscar su bóxers y ponérselos. Laia seguía tumbada en la mesa de cocina, con su piel perlada por el sudor que recorría gran parte de su cuerpo, mientras intentaba recuperar su respiración. Laia nunca pensó que acabaría teniendo sexo con Tom, en la mesa de una cocina. Se incorporó sobre la mesa, y bajó su cuerpo al suelo, un escalofrío recorrió su cuerpo al notar sus pies el frio suelo sobre este. Buscó sus braguitas en el suelo de la cocina, para luego ponérselas bajo la atenta mirada de Tom, por ultimo acabo de ponerse su pijama. El silencio se había formado dentro de la cocina.
—Ahora no me vas a negar que no quieres nada conmigo —susurró Tom rompiendo el silencio incomodo que se había formado.
—Solo ha sido un calentón, por ambas partes. Nada más… —dijo Laia intentando quitar importancia a lo que había sucedido minutos antes en la cocina— Pero esto no me da motivos, para volver contigo.
—¿Desde cuándo has cambiado tu forma de pensar? —preguntó Tom a Laia asombrado por la contestación y reacción de la chica.
—Digamos que me he cansado de ser la niña tonta de este juego —contestó Laia mirando a los ojos fijamente a Tom— Ahora me toca jugar a mi…
—No te va bien el papel de mujer fatal… —volvió a decir Tom a Laia.
—Eso lo veremos… —sonrió maliciosamente Laia a Tom para luego salir de la cocina.
Laia subió las escaleras que daban a las habitaciones, y entró en la suya. Se encontraba tremendamente cansada, así que se tumbó en la cama y respiró hondamente para lograr quedarse dormida, pero los recuerdos de los momentos vividos con Tom en la cocina, hicieron presencia en su cabeza impidiendo que la chica lograra conciliar el sueño. Tenía que pensar la forma de torturar lentamente a Tom, hasta que poco a poco fuera cayendo de nuevo a sus pies, y que este no consiguiera quitársela de la cabeza y que por necesidad la buscara, y ahí sería cuando le daría la estocada final haciendo que se derrumbara ante sus pies. Ya no más la niña llorona, ahora Laia sería una mujer que jugaría con los hombres, mejor dicho, jugaría con Tom hasta que este se volviera más adicto a ella y no pudiera separarse de ella.
Los rayos del sol volvieron a iluminar la habitación, dando una pinta de que el día había amanecido mejor de lo que había terminado el día anterior. Bill y Kayla dormían plácidamente en su cama, en cambio Tom no había sido capaz de conciliar el sueño desde que Laia se había vuelto a su habitación. Se había quedado toda la noche pensando en las palabras de la joven. ¿A caso pretendía Laia jugar con él? Pues no lo haría, él era una persona dura de pelar, si Laia quería jugar con él, él también pondría las reglas de su juego. No se lo pondría muy fácil.
Tom se levantó del sillón, y se fue al baño que había en la planta de abajo, donde había una pequeña ducha, así que se duchó rápidamente para después ponerse una muda limpia de ropa interior y seguido la otra ropa. Se fue a la cocina, y nada más ver la mesa de la cocina le vinieron imágenes de Laia y él teniendo sexo encima de la mesa, para luego darse cuenta de una cosa muy importante. Lo había hecho sin protección, no quería pasar por otro susto como el que había pasado con Kayla apenas varios días, tan pronto como viera a Laia esa mañana le diría que tomará unas pastillas esas, que daban cuando había despistes de no usar precauciones. No quería ser padre por ahora, no era el mejor momento en su vida profesional ni privada…
A media mañana, Bill y Kayla se levantaron y bajaron a desayunar. Eran pareja perfecta, aunque en los días anteriores habían tenido su altibajos con la falsa alarma de Kayla, habían conseguido romper todas las barreras y restablecer la confianza entre ellos. Tom se encontraba tranquilamente bebiendo su taza de café, en silencio, cuando Bill y Kayla entraron en la cocina.
—Bueno días Tom —saludó Bill a su hermano radiante de felicidad— Pareces un poco cansado…
—Buenos días —contestó Tom a su hermano— El sofá va a hacer que acabe mal de la espalda. Menos mal que ya queda poco para irnos.
—¿Y Laia? ¿No ha bajado aún? —preguntó Kayla a Tom, ya que era el único que estaba en la cocina cuando Bill y ella llegaron.
—Ni idea. Ya sabes que con Laia no me llevo —dijo Tom indiferentemente, haciendo que fuera factible la mentira.
—Espero que hoy baje temprano. He visto unos lugares en los que podríamos ir a visitar —dijo Kayla sonriendo.
—Me parece a mí que hoy me quedo en la casa, no me apetece salir —añadió Tom— Además podíais ir vosotros solos, como una salida romántica a mí no van esas cosas.
—Bueno tú mismo —contestó Bill— Le diremos a Laia si quiere venir con nosotros.
Estuvieron unos minutos más en la cocina desayunando, cuando Laia hizo acto de presencia. La chica cogió un bol donde echó un poco de leche y luego unos cuantos cereales. En la cocina, se había formado un silencio cuando Laia entró, Tom por su parte acabó de tomarse su café para luego levantarse e irse a fuera de la casa para fumarse un cigarrillo, mientras que los demás se quedaban en el interior de la casa.
—Laia —dijo Kayla intentando captar la atención de la chica— Bill y yo hemos pensando en ir a un sitio bonito que vimos en los mapas que cogimos del pueblo. ¿Te apetece venir?.
—No me apetece mucho, además creo que iría de aguanta velas —dijo Laia sin pensar.
—Bueno, nosotros solo te preguntábamos por si después te parecía mal —dijo Kayla a su amiga— Bueno… pues entonces te quedas con Tom, que él tampoco quiere venir.
—Yo es que me voy a ir por mi cuenta —añadió Laia de repente— Quiero ir sola y pensar…
—Bueno, pero en todo caso no te metas por sitios que después no sepas salir —le advirtió Bill a la joven— Si ves que te pierdes, llámanos.
—Sí, papá —contestó Laia a Bill.
—Te lo digo enserio —dijo Bill con seriedad— No queremos que te pierdas como el otro día.
—Bueno pues entonces nos vamos —dijo Kayla despidiéndose de su amiga— Pórtate bien, pequeña.
—Yo siempre me porto bien —dijo Laia poniendo una sonrisa maliciosa.
Después de despedirse de Laia, Bill y Kayla salieron de la cocina y poco segundos salieron de la casa. Tom estaba a fuera fumándose tranquilamente el cigarro de la mañana, cuando vio como su hermano y la novia de este se iban. Tom vio como se iban alejando en la distancia, hasta que completamente desaparecieron, luego tiró la colilla del cigarro al suelo para apagarlo y entró en el interior de la casa. Ahora que su hermano se había ido, tenía que aprovechar para que Laia y él se fueran a comprar esas malditas pastillas contra un posible embarazo. Cuando estuvo dentro de la casa, se dirigió a la cocina para hablar con Laia pero no la halló, salió de esta y a los pocos segundos Laia bajaba las escaleras con un bolso dispuesta para salir algún lado.
—Eeh, ¿A dónde vas? —preguntó Tom agarrando cogiendo a Laia por el brazo .
—A ti que te importa —le contestó Laia un poco seca— ¿Me sueltas? Gracias…
—No me contestes así —dijo Tom encarándose a la chica.
—No tengo porque darte explicaciones de lo que hago y de lo que dejo de hacer —contestó Laia un poco rebelde— Así que… Adiós.
—Espera —dijo Tom con voz grave y seria.
—¿Qué pasa ahora? —preguntó Laia poniendo los ojos en blanco.
—Creo que tú y yo tenemos que hablar de un posible problema futuro —dijo Tom poniendo cara seria.
—¿De qué se trata? —preguntó Laia perdiendo la paciencia.
—No sé si te has dado cuenta pero ayer hemos cometido un pequeño error ayer por la noche —recordó Tom a Laia.
—Sí, lo sé… —susurró Laia— Lo nuestro es un error.
—No me refiero a eso —levantó un poco la voz Tom— Sino que ayer tuvimos sexo sin protección…
Continúa…
Gracias por la visita. Te invitamos a continuar con la lectura.