Fic hetero de Heiligtkt483
Capítulo 44
—¡¿Qué?! —dijo Laia sorprendida, dándose cuenta después del error— Mierda…
—Aún estamos a tiempo de solucionar el error —dijo Tom mirando a la chica a los ojos.
—¿Qué vamos hacer? —preguntó indecisa la chica.
—Te tomaras esas pastillas del día después, y asunto solucionado —explicó Tom.
—Esto nos ha pasado por tu irresponsabilidad —atacó Laia a Tom.
—¿Mi irresponsabilidad? —preguntó Tom con ironía— Perdona, pero es tanto tu responsabilidad como la mía, así que no intentes atribuirme a mi solo el error.
—Bueno, no quiero seguir escucharte dándome el sermón —dijo Laia zanjando el tema— Así que coge las llaves de tu coche, y nos vamos al pueblo a la farmacia.
Tom no quiso protestar más así que se fue a buscar las llaves del coche, al poco rato ambos ya estaban saliendo de la casa, la cual cerrando con llave, para luego dirigirse al interior del Cadillac Escalade de Tom. Laia se sentó en el asiento del copiloto, mientras que Tom tomó el asiento del conductor y accionó el contacto del coche, para arrancar. Con un poco de cuidado salieron de los alrededores de la casa, para luego tomar una carretera vieja que los llevaría hasta el pueblo más cercano. Después de más de media hora, por fin llegaron al pueblo, Laia iba mirando por la ventana sin decir nada, aunque varias veces se mordió el labio nerviosamente. Tom conduzco por el pueblo hasta llegar a la farmacia donde habían ido días atrás con Kayla a comprar el test de embarazo. Aparcó el coche en una zona libre, y ambos bajaron del coche, para luego dirigirse a la farmacia. Una vez en el interior esperaron el tiempo oportuno para ser atendidos, siendo la misma dependienta que los atendió cuando Kayla y Tom habían ido a comprar el test de embarazo.
—Hola, ¿Qué desean? —preguntó la dependiente muy amablemente.
—Verás mi amiga tiene un problema —explicó Tom a la dependienta— Ha tenido sexo con un chico, pero no usaron protección…
—Y quieres que le de la píldora del día después —completó la mujer.
—Si… —susurró Tom.
—A ver si los jóvenes de hoy en día se conciencian un poco más —dijo la mujer lanzando una indirecta a Tom— El otro día un test de embarazo y hoy la píldora. ¿Qué cultura tiene los jóvenes de hoy en día?.
La mujer después de decir eso, entró en la sala que había detrás del mostrador para ir a buscar el medicamento que había solicitado Tom para Laia. A los pocos minutos, la dependiente volvió a aparecer con una caja pequeña de color blanco. Miró a Laia y se acercó a la chica para explicarle como tenía que tomarse el comprimido.
—A ver cielo… —susurró la mujer con un poco de pena a la chica— Tienes que tomarte el comprimido con agua, pero tienes que tomártelo lo más pronto posible, porque cuanto más tardes más riesgo tienes de estar embarazada.
—Ok —susurró la chica con la cabeza gacha— Gracias…
—De nada… —susurró la mujer— Dile a tu novio que para la próxima vez no se olvide de la protección.
—No se preocupe, lo haré —sonrió Laia mirando de reojo a Tom— No quiero tener otro disgusto.
Después de que Tom pagara la pastilla, salieron de la farmacia rumbo al coche. Pero Tom antes de subir al coche, dijo de ir a un supermercado para comprar una botella de agua, y así que se pudiera tomar la pastilla lo más rápido posible, y así se olvidarían del problema. Se encaminaron a un pequeño supermercado, donde habían comprado hacía dos días todas las provisiones que comerían durante esos días. Laia cogió una botella pequeña de agua, y después se dirigieron hacia la caja para pagarla. Esta vez la pago Laia, después volvieron a dirigirse al coche, donde Laia con más tranquilidad se tomó la pastilla, para luego irse de nuevo a la casa. Cuando llegaron cada uno bajo del coche, y estuvieron haciendo sus cosas por separado. Más tarde por la noche, estuvieron preparando la cena junto con Bill y Kayla.
Ya habían pasado varios días, y pronto los chicos y las chicas se tendrían que volver otra vez a la ciudad. Pero tanto Bill como Kayla estaban un poco decepcionados de que esa semana de vacaciones, sirvieran para separar a Laia y Tom ya que se suponía que en esa semana tendría que aprender a conocerse mejor, y que Kayla y Tom se llevaran mejor pero todo fue lo contrario. Para buscar una posible solución a ese problema, Bill y Kayla hablaron entre ellos para hacer que Tom y Laia hicieran las paces de una vez por todas, así que ese día se levantaron temprano y salieron para dar una vuelta con la única acción de que se llevaron todas las llaves de la casa, dejando a Tom y a Laia encerrados en esta. A ver cuantas horas duraban estando solos, sin tirarse los trastos a la cabeza.
Laia ese día se había levantando más temprano que otros días, notaba que la casa estaba en silencio salvo los ronquidos de Tom, que estaba durmiendo en el salón de la casa. Bajó las escaleras buscando a ver si Kayla y Bill estaban en la cocina, pero halló la cocina completamente vacía. Se dirigió hacia la puerta de la calle, para salir al exterior y mirar si Bill y Kayla estaban afuera pero se encontró que la puerta no abría, con desesperación buscó las llaves que estaban en el mueble de la entrada, pero no las encontró. Se dirigió al salón, para despertar a Tom y preguntarle si sabía algo de las llaves.
—¡Tom! —llamó Laia al chico mientras movía enérgicamente el cuerpo de este.
—Mmmmm —se giró Tom sobre sí mismo y siguió durmiendo.
—¡Tom coño! —volvió Laia a intentar despertarlo.
—Eehhh —se despertó Tom sobresaltado, mirando confuso a Laia— ¿Qué pasa?.
—¿Sabes donde están las llaves de la casa? —preguntó Laia muy despacio, para que Tom pudiera procesar la información que le estaba dando.
—Supongo que estarán en el mueble de la entrada —contestó Tom con voz ronca— Sino pregúntale a mi hermano, igual él si sabe.
—No está, ni él ni Kayla —dijo Laia a Tom— Tampoco están los juegos de llaves en el mueble, por eso te he preguntado. La puerta no abre.
—Habrá que llamar a mi hermano para preguntarle donde están y que traiga la llave —dijo Tom levantándose del sillón, y acercándose al mueble que había en el salón donde había apoyado su móvil— Mierda…
—¿Qué pasa? —preguntó Laia al escuchar a Tom.
—No tengo mi móvil… —respondió el chico mirando al mueble— Yo ayer por la noche lo deje ahí… Me cago en la puta que lo parió, cuando coja a Bill, le corto los huevos.
—Espera que voy a coger mi móvil —se rió Laia de Tom— Al final siempre soy yo quien te quita las castañas del fuego.
—¿Perdón? —respondió Tom al escuchar lo que dijo Laia— Siempre soy yo quien te quita de problemas, así que no vengas diciendo tonterías.
Laia subió a su habitación para ir a coger su móvil, pero tampoco lo halló. Lo buscó por algunos rincones de la habitación, con la esperanza de que se hubiera caído por algún lado pero no lo encontró. Volvió a bajar las escaleras, para luego dirigirse hacia el salón. Tom la miró con mirada expectante.
—¿Y bien? —dijo Tom serio esperando que Laia le diera su móvil.
—No tengo mi móvil —respondió la chica— Creo que es un complot.
—Típico de mí hermano. Siempre quiere solucionarle la vida a los demás —susurró Tom entre dientes.
—¿Qué se supone que vamos hacer ahora? —preguntó Laia con preocupación.
—Esperar a que esos locos regresen a casa —dijo Tom a Laia— ¿Alguna idea más sugerente?.
—No —contestó Laia.
Laia subió de nuevo a su cuarto, aunque tendría que pasar el día encerrada con Tom, ella pasaría su día en su habitación, y que Tom hiciera lo que le diera la gana. Después de más de cuatro horas, el estomago de Laia comenzó a sonar de tal manera que le hizo alarmarse, se dio cuenta de que ya era hora de comer, así que salió de la habitación y bajó a la cocina. Tom ya se encontraba en esta también, intentando hacer algo de comer que resultará comestible.
—Si tienes pensando hacer eso de comer, creo que hoy no vamos a comer —dijo Laia con autosuficiencia.
—Pues hazla tú listilla —dijo Tom apartándose de lo que estaba haciendo.
—Es que siempre eliges cosas complicadas para comer, y tú no eres capaz de freír ni siquiera un huevo —respondió Laia.
—Bien, haz tú la comida —ordenó Tom sentándose en una de las sillas de la cocina, y cruzándose de brazos, esperando que Laia se decidiera a hacer algo para comer ese día.
Al final, ambos acabaron comiendo un par de sándwiches porque Laia no sabía cocinar tampoco muy bien, ya que estaba acostumbrada a que su madre le hiciera la comida cuando estaba en España. Después de acabar de comer, Laia se iba a ir a la habitación otra vez, pero optó por quedarse en el salón, ya que también era un lugar habitable dentro de esa casa y no siempre se lo iba a dejar Tom. Se dirigió al salón, y se sentó en el sillón poco después también se sentó el chico. Ambos estuvieron en silencio durante bastante rato.
—Me aburro —rompió el silencio Tom.
—Cómprate un burro —le respondió Laia al chico.
—¿Podemos hacer algo no? —preguntó Tom poniendo voz de niño pequeño.
—Aquí no hay nada que podamos hacer —volvió a responder Laia— Y deja de poner voz de niño pequeño.
Después de ese momento, se formó un silencio en el salón. Laia ignoró por completó a Tom en todo momento, para luego levantarse y dirigirse al baño que había en la planta inferior. Al cabo de unos minutos, salió del baño encontrándose de pleno a Tom que casi se lo come, quedando sus caras demasiado cerca de más.
—¡Tom subnormal, me has asustado! —exclamó la chica al verse tan de cerca a Tom.
—Es que como tardabas pensé que te había pasado algo —contestó el joven con algo de preocupación.
—Estaba haciendo mis necesidades, por eso tarde más —respondió incómodamente Laia apartándose de Tom.
—No crees que somos ya mayorcitos para hablar y limar nuestras diferencias —dijo de una vez por todas Tom a la chica.
—¡¿Qué?! —exclamó sorprendida la chica.
—Porque no nos sentamos tranquilamente a hablar ahora que mi hermano ni Kayla están en casa —volvió a decir Tom— Somos personas adultas, que podemos hablar tranquilamente.
—Está bien. Pero espero que no nos tiremos los muebles a la cabeza —contestó Laia para luego sentarse en el sillón, seguida de Tom— Y bien…
—Quería pedirte perdón de nuevo —susurró Tom a la chica— Lo que hubo entre Kayla y yo fue mucho antes de que empezáramos a salir. Además en todo este tiempo me he dado cuenta que realmente me importas demasiado, y quiero intentarlo de nuevo contigo.
—¿Lo dices enserio? —preguntó dudosa Laia.
—Sí —contestó con convicción Tom.
—Seguro que son una de tus mentiras, para que vuelva a caer otra vez —dijo Laia sin creerse la afirmación de Tom.
—Que no, joder… —volvió a decir Tom con desesperación— Me gustas mucho, es más creo que nunca he sentido lo que siento por ti, por otra chica.
—¿Enserio…? —volvió a decir Laia poniendo voz de niña pequeña.
—Que sí, tontina —dijo Tom abrazando a Laia y atrayéndola hacia él— Sabes que no hay nadie más que no seas tú.
—Te quiero… —dijo finalmente Laia abrazándose a Tom, sintiendo como los brazos del chico rodeaban su pequeño cuerpo haciéndola sentir bien.
—Yo también enana —dijo Tom cariñosamente para luego darle un dulce beso en los labios.
—Me prometes que no volverás a hacer ninguna estupidez que me aleje de tu lado —habló Laia separándose de los labios de Tom.
—Sí —sonrió Tom tontamente.
—Si quieres puedes volver a poner todas tus cosas en la habitación —sugirió Laia mientras se abrazaba a Tom.
Horas antes por la noche, Bill y Kayla habían estado hablando en su habitación de cómo había transcurrido los días y como veían que la relación entre Tom y Laia no iba a salir nada bueno. Así que esa noche antes de quedarse dormidos empezaron a idear un plan, para hacer que Laia y Tom solucionaran sus diferencias de una vez por todas. Ya de mañana muy temprano, mientras que Tom y Laia aún dormían, empezaron a llevar a cabo su plan.
—Vale ¿Como lo hacemos? —preguntó Kayla en el pasillo en susurros.
—Yo cojo los teléfonos y las llaves. Tu cierra el ventanal del jardín por fuera —cada uno fue hacer sus partes de la tarea para poner su plan en marcha.
Kayla con sigilo se infiltro en la habitación de Laia. Caminando de puntitas se acerco a la cama y paso la mano por delante de la cara de su amiga para ver si estaba despierta, pero nada, estaba dormida. Tomó su teléfono móvil de la mesita e igual que entró, salió silenciosa como un ninja.
—¡Bien!—dijo victoriosa en un susurro al cerrar la puerta. Camino por el pasillo y se dirigió al salón feliz — Lo ten…
—¡Shhht!—le dijo Bill mirándola y luego a Tom que dormía en el sofá.
—Ups, no me acordaba… Lo siento —susurró poniendo cara de inocente y se acerco a su novio.
—¿Qué haces? —preguntó al ver que ya tenía el móvil de Tom en sus manos.
—Buscar las llaves del coche de mi hermano. No las encuentro —explicó Bill.
—Emm… Bill —le señaló la mesa grande de la esquina del salón donde estaban. Bill se fue a por ellas mientras Kayla salía corriendo de la casa, daba la vuelta por el exterior del jardín y saludo a Bill con una sonrisa por el gran ventanal. Luego puso la seguridad por el exterior y volvió a dar la vuelta, donde su novio se encontraba cerrando la puerta lo más silenciosamente posible con la llave para que les fuera imposible salir.
—¡Ya está!—intentó no gritar mucho—Ahora solo tenemos que esperar a esta noche. Si cuando nos ven no nos matan, la cosa nos ha salido bien, si nada más pasar la puerta Tom nos tira una silla, ya podemos salir por patas —dijo en tono bromista.
—Por si acaso antes calentare, no vaya a ser que me dé un tirón mientras huimos —rió— ¿Y ahora nosotros que hacemos? Es un poco pronto y hace frio —eran apenas las ocho de la mañana, habían decidido levantarse pronto para que sus acompañantes de la casa estuvieran durmiendo.
—Por ahora robar el coche de Tom y que el destino nos guie —una vez dicho eso entraron al coche de Tom y Bill puso la calefacción un poco para calentar el ambiente, en Alemania siempre hacía una leve brisa fría por la mañana y por la noche.
Kayla y Bill subieron en el coche de Tom, y Bill metió las llaves en el contacto e intentó arrancar el coche sin hacer mucho ruido y así evitar que Tom se despertara, ya que dormía en el salón y se escuchaba más lo del exterior. Poco a poco se fueron alejando de la casa, rumbo al pueblo tenían planeado pasar todo el día y regresar en la noche, y esperaban que la situación entre Laia y Tom hubiera mejorado considerablemente. Cuando llegaron al pueblo, empezaron a dar vueltas con el coche buscando algún sitio para desayunar, al final después de dar varias vueltas y preguntar algún vecino del pueblo llegaron por fin a una cafetería que estaba un poco apartada de las calles principales del pueblo. Bill aparcó el coche cerca de la cafetería, y después ambos bajaron del vehículo para luego entrar dentro de la cafetería se fueron al fondo de esta, donde había unas mesas apartadas. Poco después el camarero se acercó a ellos, para tomar el pedido. A los quince minutos, ambos estaban disfrutando de un desayuno completo.
Cuando acabaron de desayunar, Bill pidió la cuenta y pagó. Minutos después ya estaba saliendo de la cafetería y se dedicaron a hacer turismo por la zona. Paseando por varios parques, que había en el pueblo hasta que llegó la hora de ir a comer, esta vez decidieron comer de bocadillo y así por la tarde aprovechar el tiempo para ir a visitar otro sitio. Ya de tarde, antes de irse se fueron a tomar un helado, mientras disfrutaban de la tarde soleada. Cada uno se compro un helado de dos bolas, y después se fueron hablando tranquilamente mientras paseaban y se comían el helado. Durante ese rato, Bill aprovecho para preguntarle a Kayla que le fue lo que paso para que ella se acostara con Tom.
—Oye Kayla, ¿Te puedo hacer una pregunta? —preguntó con un poco de precaución Bill a su chica.
—Dime… —susurró la chica, dándose cuenta por donde iba la pregunta.
—¿Qué te impulsó a acostarte con mi hermano? —preguntó Bill sin ningún rodeo.
Continúa…
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