Fic hetero de Heiligtkt483
Capítulo 46
Se acercaron a la puerta siguiendo a Tom y a Bill, que se habían adelantado, para decirle a petrel que se encargaba de llevar a la gente a sus mesas, el nombre de quien estaban hecha la reservación. Poco después pasaron al interior del recinto, para luego sentarse en una mesa que estaba un poco alejada de las miradas de los más curiosos, segundos después un camarero les traía cuatro cartas de menús para que las dos parejas eligieran lo que iban a comer.
—¡Mi madre! —exclamó Laia al ver la carta— Esto es muy caro… ¿Enserio que vamos a comer aquí?.
—Laia no te preocupes —le contestó Tom— Tenemos dinero suficiente para pagar lo que comáis.
—Claro, porque estáis muy acostumbrados a comer en sitios caros —le respondió Laia— Pero yo es la primera vez que vengo a un sitio de estos, normalmente en mi vida ordinaria suelo ir a comer a sitios cutres.
—Siempre hay una primera vez para todo —contestó Tom sonriendo a Laia— Así disfrutemos de la comida.
Después de pensárselo varias veces, los cuatro eligieron lo que iban a comer, y poco después vino el camarero para tomar nota de lo que iban a tomar cada uno. El camarero se fue, con lo que había anotado para luego volver otra vez con la bebida y una cesta pequeña de pan, más tarde les llevaría la comida. Mientras que esperaban a que les sirvieran la comida los chicos estuvieron hablando entre ellos.
—Sam cuando nos mire, nos va a matar —dijo Tom— Últimamente lo estamos dejando mucho de lado.
—No me hables de Sam —respondió Laia poniendo cara seria— No quiero oír su nombre.
—¿Qué paso? —preguntó Tom preocupado.
—Es un imbécil, se cree que es el ombligo del mundo —respondió de nuevo Laia con cierto dolor.
—Cielo, dime que ha pasado para que no lo quieras volver a ver ni en pintura —volvió a insistir Tom.
—Me llamó Puta —respondió Laia bajando la mirada avergonzada— Y a Kayla también, pero a mí me ha dolido más que a ella.
—Pero… ¿Por qué te llamó eso? —preguntó Tom confundido.
—Porque no le gusta que esté saliendo contigo. Dijo que me he convertido en una pequeña puta, por el simple hecho de salir contigo y que tengamos sexo —explicó Laia con tristeza— No entiende que ya no soy una niña…
La conversación se vio interrumpida en el momento en que el camarero, vino con los cuatro platos que habían pedido los chicos. Los puso encima de la mesa, delante de cada correspondiente persona, para luego irse a atender a otras mesas. Los cuatro comenzaron a comer, antes de que la comida se les enfriara. Cuando acabaron de comer, vino el camarero para preguntarles si querían postre y ellos dijeron que sí, así que minutos después estaban tomando un rico helado cada uno. Después de acabar de tomarse el helado, Tom pidió la cuenta y pronto el camarero lo trajo la nota con la cuenta la cual pago sacando su tarjeta de crédito de la cartera, para luego el camarero pasarla por la máquina y darle el extracto para que lo firmara.
A los diez minutos, ya estaban saliendo por la puerta del restaurante en dirección al coche de Tom. No habían planeado lo que iban a hacer después de comer, así que lo hablarían cuando estuvieran dentro del coche, pero lo más seguro es que pasarán un rato a solas con sus respectivas novias. Tom abrió el coche, y se sentó en el asiento del piloto y Laia se sentó otra vez en el del acompañante. Bill y Kayla se sentaron en los asientos de atrás, luego de que todos se pusieran los cinturones de seguridad, Tom arrancó el coche hacia un lugar indeterminado, ya que aún no habían decidido nada.
—Bueno, ¿Ahora donde vamos? —preguntó Tom mientras mantenía su mirada sobre la carretera.
—No sé… —respondió Bill a su hermano— Pero casi es mejor que nos separemos, es decir, que cada uno vayamos por nuestro lado con nuestras novias.
—Ok —asintió Tom a su hermano— Entonces, ¿Dónde os dejo?.
—Pues cerca de aquí —respondió Bill a su hermano— Después iremos caminando mientras damos una vuelta.
—Muy bien —sonrió Tom a su hermano, mientras ponía el intermitente para indicar que iba a girar a la derecha, aparcando el coche en un lado de la carretera que estaba vacío— Pasarlo bien.
—Gracias —dijo Bill abriendo la puerta del coche para luego salir Kayla y él del interior del coche.
—Nos vemos más tarde Laia —dijo Kayla a su amiga despidiéndose, para luego cerrar la puerta del coche.
Bill y Kayla comenzaron a caminar, y poco después Tom arrancó el coche rumbo algún lugar sin concretar. Laia y Tom estuvieron varios minutos en silencio, sin pronunciar ninguna palabra entre ellos dos. Laia iba absorta en sus pensamientos y Tom solo se limitaba a verla de reojo, mientras que estaba concentrado conduciendo.
—Deja de preocuparte por lo que te dijo Sam —rompió el silencio Tom de una vez— Lo importante es que yo te quiero como eres, y nadie será como tú. Además para mi eres la persona más pura que he conocido.
—Lo sé, pero él siempre ha sido mi modelo a seguir. Es como el hermano mayor que nunca he tenido, y ahora me ha decepcionado al decirme lo que piensa de mí —dijo con tristeza Laia.
—¿A dónde quieres ir? —preguntó Tom a su novia.
—No sé… —susurró Laia— Algún sitio donde no haya mucha gente, quiero estar a solas contigo…
—Vale —susurró Tom cambiando la marcha del coche, y metiéndose por otro desvío— Ya sé el sitio perfecto donde podemos ir, y que nadie nos molestará.
A la media hora, se habían internado en una zona donde las casas habían desaparecido, viéndose de lejos una gran casa de ventanas blancas con un enorme jardín. Laia miró a Tom, y este le sonrió, luego metió el coche dentro del jardín para luego salir al exterior del coche. Buscando las llaves en su bolsillo, Laia estaba un poco sorprendida de que Tom tuviera las llaves del estudio de grabación, ya que era sábado por la tarde y se suponía que no había nadie ahí.
—¿Quieres conocer la otra parte de la casa? —preguntó Tom a Laia mientras se acercaba a ella y se pasaba uno de sus brazos por encima de los hombros de la chica— Ya conociste la parte del estudio de grabación, pero aún no conoces el piso donde dormimos cuando tenemos que pasar semanas aquí en el estudio grabando.
—Creo que es el sueño de toda fan vuestra —sonrió Laia sintiéndose afortunada— Me siento muy afortunada.
—Pues sí, solo lo sabes tú, Bill, mi madre, Gordon y los chicos pero nadie más —volvió a decir Tom a su novia— Ven…
Tom agarró de la mano a Laia, y rodearon la casa hasta llegar a la parte trasera de esta donde había unas escaleras. Las subieron y Tom abrió la puerta que daba al apartamento donde pasaban las noches en los meses que tenían que grabar un disco. Se dirigieron hacia el salón, Laia se quedó admirándolo ya que era bastante más grande de lo que hubiera imaginado. Se sentaron en un sillón de tres plazas, Tom rodeo con su brazo el cuello de la chica, atrayéndola hacia él.
—Nunca me imaginé que fuera tan grande el salón —confesó Laia a su novio.
—Ya ves —sonrió Tom a la chica mientras acariciaba el pelo de la joven tiernamente— ¿Te encuentras mejor?.
—Bueno un poco —dijo Laia mirando fijamente a los ojos de Tom— Estar contigo me hace bien.
—¡Ay! Mi princesa —abrazó Tom más fuertemente a Laia— ¿Por qué irradias tanta dulzura?.
—No sé —sonrió Laia mientras le daba un pequeño beso en los labios— Sabes que me vuelves loca.
—¿Así…? —preguntó Tom levantando una de sus cejas.
—Sí… —volvió a decir Laia en un susurro, para luego posar sus labios en el cuello de Tom y comenzarlo a besar y acomodarse bien encima del chico.
—Oye Laia… Ahora no me apetece —susurró Tom para parar a la chica que estaba besando su cuello.
—A ti siempre te apetece —contestó Laia mirando a los ojos a Tom.
—Hoy no… —susurró Tom mirando a Laia.
—¿Entonces porque me has traído aquí? —preguntó Laia enarcando su ceño.
—Para pasar el rato juntos, solamente… —miró Tom a Laia mientras que acariciaba la cintura de la chica— Una relación no solo se basa en el sexo.
—Está bien… —suspiró Laia con resignación.
Pasadas unas horas, Tom y Laia salieron del apartamento que estaba en la parte superior de la casa, donde estaba el estudio de grabación. Tom cerró la puerta con la llave, y después se dirigieron al coche, el cielo ya estaba con tonos azulados para dar paso a la noche alemana, con un cielo de manto de estrellas. Tras unos veinte minutos, llegaron al a casa donde estaba viviendo Laia, aparcando Tom el coche, para después despedirse.
—Bueno… que duermas bien —dijo Tom con un poco de frialdad— Hasta mañana.
—Hasta mañana… —se despidió Laia del misma forma— Hablamos…
Minutos después Laia abría la puerta de la casa, y Tom arrancaba el coche. Laia subió a la habitación que compartía con Kayla y se puso su pijama ese día no tenía ganas de cenar, así que se tumbó en la cama. Poco después llegó Kayla de estar con Bill, subió a la habitación se puso también su pijama y se pusieron a hablar de lo que había sido la tarde, más tarde ambos se metieron en la cama para luego dormir hasta el día siguiente.
Estaban a finales de agosto, y en unos días Tom y Bill cumplirían ya sus 22 años. Los chicos habían pensando celebrar su cumpleaños a lo grande con todos sus familiares y amigos. Para esa ocasión habían elegido alquilar una gran local con piscina incorporada. En años anteriores habían celebrados sus cumpleaños en una discoteca de hielo, en un parque de atracciones y finalmente para sus 21 años habían ido a Las Vegas, ya que lo gemelos eran mayores de edad para beber alcohol en Estados Unidos, y este año como les cuadraba estar en Alemania pues habían decidido reunir a todos sus seres queridos en un gran local con piscina y así festejar ese cumpleaños tan especial.
Laia y Kayla estaban un poco tristes porque no tenían el dinero suficiente, para comprarles a sus novios respectivos un regalo de cumpleaños espectacular. Dos días antes de que los chicos celebraran su cumpleaños, Laia y Kayla decidieron ir a un centro comercial para comprar algún regalo bonito y que no fuera demasiado cara para el presupuesto que tenían ellas. Ese día se habían levantado temprano, y habían desayunado ligeramente después se fueron a buscar un autobús que las llevaría justo al centro comercial donde iban a ir. Esperaron durante unos diez minutos a que llegara el autobús, después subieron en él y se sentaron en dos asientos de estos, esperando que llegara la parada en la que tenían que bajar.
Al poco rato, ya estaban bajando del autobús, rumbo hacia el centro comercial dieron un par de vueltas entrando en varios comercios para ver lo que podría comprarle a los chicos, pero no encontraban nada hasta que pasaron por delante de una joyería. En el escaparate, había una pulsera de cuero y plata muy bonita y también había un collar con una placa en plata también muy bonita. Kayla miró a Laia, como diciendo creo que he encontrado los regalos perfectos.
—Laia, esa pulsera y ese collar son perfectos para los chicos —dijo Kayla a su amiga— Además están muy bien de precio, y podemos grabarlos.
—No sé… Es que yo no veo a Tom con una pulsera de ese tipo —frunció el ceño Laia.
—Seguro que le gusta, al llevar cuero es tipo informal así que le va a gustar, y sino pues que lo cambie o que lo devuelva y que vea otra cosa, y si se pasa del presupuesto pues que él ponga el dinero restante —intentó convencer Kayla a su amiga.
—Bueno… —respondió Laia indecisa.
—Venga no pienses tanto, le va a gustar —siguió animando Kayla a Laia— Además así tendrá un recuerdo de ti, cuando nos volvamos a España.
Las dos chicas entraron al interior de la joyería y se acercaron al mostrador que estaba custodiado por una empleada del establecimiento, que las miraba con una gran sonrisa quizás porque era casi a primera hora de la mañana, y sería una buena venta.
—Buenos días —saludó la dependienta muy educadamente— ¿Qué desean?.
—Buenos días —habló Kayla por las dos— Queríamos que nos enseñara una pulsea y un collar que tenéis expuesto en el escaparate.
—Perfecto… —dijo la dependiente saliendo de detrás del mostrador, para ir a la zona del escaparate— Me podría decir, cual es la pulsera y el collar que desean ver.
—Si —dijo Kayla acercándose a donde estaba la mujer — Es esa pulsera —la chica señaló esa pulsera tan bonita— Y ese collar.
—Muy bien —sonrió la mujer cogiendo ambas cosas con suma delicadeza para luego volver a ir detrás del mostrador.
—¿Nos podría decir el precio? —preguntó Kayla deseosa que no se les saliera del presupuesto que tenían pensado gastar.
—La pulsera al ser de cuero y plata cuesta 40 € y el collar con la chapa cuesta 50 € —contestó la mujer mirando las etiquetas del precio que tenía colocadas.
—Oh… ¿Qué hacemos? —susurró Kayla a su amiga.
—No sé, es que me parece un poquito cara —susurró Laia de nuevo a su amiga.
—Pero un regalo así no se lo volveremos hacer en mucho tiempo —intentó convencer Kayla a su amiga susurrando.
—Bueno… —susurró Laia.
—Nos la llevamos —informó Kayla a la dependienta.
—Genial… —dijo la mujer— ¿Queréis algún tipo de grabado en ellas? Va incluido en el precio.
—Oh, genial —sonrió Kayla— Queremos poner unas fechas con unos nombres.
—Muy bien. Déjeme anotar —contestó la mujer cogiendo papel y bolígrafo— Y bueno que pondríamos
—En la pulsera, los nombres de Tom y Laia y la fecha de 1/8/2011 —dijo Kayla— Y en la placa del collar, los nombres de Bill y Kayla y la fecha 23/7/2011.
—Muy bien —dijo la mujer poniendo el papel junto con las cajas de la pulsera y el collar— El grabado tardará dos días, calculo que el día 1 de septiembre ya estarán aquí.
—Vale… ¿No puede ser antes? —preguntó Kayla— Es que el día 1 es el cumpleaños de nuestros novios y queríamos dárselas.
—Como mucho puedo hacer que estén para el día 30 por la tarde, pero casi al cierre de la tienda —contestó la mujer.
—Gracias —susurró Kayla.
—¿En efectivo o con tarjeta? —preguntó la mujer que había ido a la caja registradora para hacer el cobro.
—En efectivo —dijo contestó Kayla.
—Pues son 90 € —dijo la mujer sacando el ticket de las dos cosas— Para cualquier cambio, o que no les valga tenéis que traer el ticket de compra para efectuar el cambio o la devolución.
—De acuerdo —sonrió Kayla para luego darle el dinero justo de la compra— Hasta luego.
—Hasta luego —se despidió la mujer de las chicas, para que minutos después ambas salieran de la joyería camino a una heladería para tomarse un helado.
Las dos chicas salieron de la joyería, y se dirigieron hacia una heladería de Häagen Dazs que habían abierto recientemente en ese centro comercial. Después de unos minutos, llegaron a la heladería y entraron a dentro de esta para elegir los sabores de las bolas de helado que querían tomar. Cuando pagaron sus tarrinas de 3 bolas de helado, se fueron a sentar en la terraza de la heladería que había afuera, mientras descansaban tomando su helado.
—Espero que a Tom le guste la pulsera que le he comprado —dijo Laia mientras saboreaba la cucharada de helado que había metido en su boca— ¿Por qué tiene que ser siempre difícil comprar algún regalo a un chico?.
—Eso lo dices ahora porque aún no tienes práctica —se rió Kayla— Date cuenta que Tom es el primer novio que tienes.
—Lo sé… pero Bill también es tu primer novio. Presiento que siempre será complicado comprarle regalos a Tom —suspiró Laia— Él está acostumbrado a una vida que nosotras no tenemos.
—Eso es verdad… —susurró Kayla— Pero estoy segura que los regalos les encantarán.
—Eso espero —suspiró Laia— Porque sino me va a dar un ataque de pánico.
Cuando acabaron de tomar su helado, ambas chicas se levantaron de la mesita donde se habían sentado y se fueron de allí. Tenían que volver a coger un autobús que las llevarán de vuelta a casa de la tía de Laia. Llegaron a la parada y esperaron durante diez minutos, que fue cuando llegó el autobús que les llevaría cerca de la casa de su tía, después tendrían que andar un poco hasta llegar finalmente a la zona donde tenían las casa los tíos de Laia. Después de un cuarto de hora, por fin se bajaron en la parada correspondiente, y se fueron a casa de los tíos de Laia.
Continúa…
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