
Fic hetero de Heiligtkt483
Capítulo 5
Laia presa por la emoción y por la incredulidad de la situación, que estaba viviendo en ese momento, solo pudo reaccionar y subir de nuevo las escaleras a una velocidad vertiginosa, dejando a su primo y a sus acompañantes con cara de póker, ya que no entendían la reacción de la joven, ya que no había dicho ninguna palabra. Laia recorrió el pasillo que daba a su habitación, como si estuviera recorriendo los cien metros lisos, y cuando llegó a la habitación se paro en secó, intentando coger un poco de aire en sus pulmones, mientras que su amiga la miraba confusa.
—Están aquí… —susurró Laia a su amiga, con cierta conmoción— Abajo…
—¿Quiénes? —preguntó Kayla confundida por la reacción de su amiga, y por la expresión de su cara que era como si hubiera visto un fantasma.
—Los Kaulitz… —susurró de nuevo Laia mirando fijamente a su amiga.
—Ya estamos. Laia deja de hacer bromas que te conozco —dijo Kayla cansada de que su amiga algunas veces se le diera por hacer alguna broma— Deja de montarte tu propia película, los Kaulitz no pueden estar abajo.
—Te juro por Tokio Hotel, que están abajo —dijo Laia intentando hacer que su amiga la creyera.
—¡Por dios, Laia! Eso es imposible —dijo incrédula Kayla.
—Mira ven, ya verás como es verdad lo que te digo —dijo Laia agarrando a su amiga del brazo, y comenzarla a arrastrar para sacarla de la habitación.
Kayla fue arrastrando sus pies por todo el suelo del pasillo, ya que en esos momentos Laia estaba tirando de ella, hasta que llegaron al principio de las escaleras. Kayla desvió su mirada hacia abajo donde se encontraba Sam con dos chicos más, pero su cara se quedo igual que la de Laia al descubrir quien eran esos chicos.
—¡HOSTIA! ¡PUTA! —dijo Kayla sobresaltándose para luego echar a correr otra vez hacia la habitación mientras que Laia la seguía, y los gemelos y Sam las miraban con cara de que coño está pasando.
Las dos amigas llegaron a la habitación, y lo único que pudieron hacer para poder quitarse un poco la emoción y el estrés que tenían al estar viviendo esa situación, fue empezar a saltar como locas en la habitación aplaudiendo, como dos niñas que les dan su muñeca favorita en el día de Navidad. Durante unos segundos estuvieron eufóricas dando unos grititos de alegría.
—Están abajo, están abajo… —decía Kayla mientras no paraba de dar vueltas sobre sí misma— Los Kaulitzs.
—Si… —dijo Laia aplaudiendo como una niña pequeña— Y yo he ganado la apuesta, así que me toca elegir cual será tu nuevo look en tu pelo.
—Mierda… —dijo Kayla al acordarse de la apuesta que habían hecho dos días antes por la noche, mientras fantaseaban en la habitación de Laia en España.
Cuando estuvieron un poco más tranquilas, decidieron que era hora de bajar abajo donde estaba Sam y los gemelos, ya que los habían dejado en medio del salón con cara de confusión por la reacción que habían tenido. Caminaron de nuevo el largo pasillo, y volvieron a bajar de nuevo las escaleras, mientras que Sam las observaba de nuevo.
—Hombre, por fin habéis bajado —dijo Sam al ver a su prima y a la amiga de esta— ¿Qué coño os ha pasado?.
—Eemmmm —Laia emitió un ruidito sin saber que contestar.
—Da igual no me contestes —dijo Sam un poco molesto— Bueno, chicos os presentó a mi prima Laia y a su amiga Kayla han llegado ayer de España. Chicas, estos son Tom y Bill, unos de mis mejores amigos.
—H-Hola —tartamudeó Laia al ver la sonrisa perfecta de Tom— Yo soy Laia y ella es mi amiga Kayla.
—Bueno mientras os quitáis la timidez —dijo Sam a su prima— Me voy a mi cuarto a cambiarme de ropa, que hoy salgo por la noche.
Samuel se fue a su habitación a cambiarse de ropa, mientras que Laia y Kayla se quedaban de pie en medio del salón con los gemelos, sin decirse nada. Las chicas miraban tímidamente a cualquier sitio que no fuera los chicos, mientras que de vez en cuando en algún susurro inaudible por los gemelos, comentaban ”No me lo creo, es imposible” o ”Pellízcame disimuladamente”. Hasta que al final el más pequeño de los gemelos decidió entablar conversación con las dos chicas.
—¿Por qué habéis decidido viajar aquí a Alemania y no a otro lugar? —preguntó Bill a ambas amigas.
—Pues fue por… —intentó responder Laia pero Kayla le tapó la boca y contestó por Laia.
—Por el ambiente tranquilo, que se respira en Hamburgo y sobre todo por los sitios bonitos que queremos visitar —dijo Kayla a Bill.
—Ah… —dijo Bill mirando fijamente a Laia y a Kayla.
—Pues realmente habéis hecho una buena elección. Alemania es preciosa y debéis conocer cada rincón escondido de este precioso país —dijo Tom dejando a las chicas sorprendidas por sus emotivas palabras.
—Ya estoy… —dijo Sam bajando por la escaleras, vestido correctamente para la ocasión— Ya nos podemos ir.
—Genial —dijo Tom.
—¿A dónde vais a ir? —preguntó Laia tímidamente— ¿Podemos ir con vosotros?.
—Laia vamos a ir a una discoteca, pero no podéis ir porque iremos a una discoteca que nos han dado invitación, y no tenemos más invitaciones para que podáis ir vosotras — dijo Sam a su prima — Así que podéis quedaros viendo alguna película tonta que soléis mirar.
—No es justo —dijo Laia poniendo morros— Queremos también ir a discotecas, y conocer la vida nocturna de Hamburgo.
—Pues lo siento primita pero me parece que te vas a quedar con las ganas —dijo Sam a su prima— Quizás otro día si podréis ir.
—Venga Sam. Podemos ir a alguna que si las dejen entrar, ya sabes tenemos contactos —dijo Tom intentando convencer a su amigo de llevar a las chicas— Además son sus vacaciones, no se van a quedar aburridas en casa las pobres.
—Bueno… Está bien —dijo Sam advirtiéndole a las chicas— Pero no quiero que os metáis en problemas
—No te preocupes —dijo Laia poniendo cara de niña buena— Somos unos angelitos.
—Sí, sobre todo angelitos… —dijo Sam con sorna a su prima— Venga iros a cambiar que sino se nos acaba la noche.
A los veinte minutos, las chicas ya bajaban por las escaleras con sus mejores galas. Laia llevaba un falta vaquera cortita con una camiseta de tirantes básica, con unas sandalias muy monas. Kayla llevaba también una falda vaquera, con una camiseta palabra de honor color negra y unos zapatos de tacón no muy altos. Ambas se habían maquillado un poco los ojos, y echado gloss en los labios. Los chicos se las quedaron mirando.
—Estáis guapísimas —dijo Tom al ver lo guapas que iban las chicas.
—Gracias —dijo Kayla— Bueno ahora ya nos podemos ir.
Salimos todos de la casa, y nos dirigimos hacia el coche de los gemelos que estaba aparcado enfrente de la casa de los tíos de Laia, era el Cadillac Escalade de Tom, el mismo coche que habían visto en sus revistas de adolescentes Kayla y Laia en España. Fueron entrando de uno en uno dentro del coche, sentándose Sam, Kayla y Laia en los asientos de atrás, y Bill en el asiento del copiloto al lado de Tom. Tom arrancó el coche, y puso un poco de música, sonando una canción de Samy Deluxe su artista favorito. Tras veinte minutos, llegaron a la zona donde había la marcha juvenil en Hamburgo, Tom aparcó el coche, y todos salieron fuera del coche. Antes de dirigirse hacia una de las discotecas Tom llamó a los G’s, mientras que Bill llamaba a Andreas para indicarle la discoteca a la que irían. Tras colgar la llamada Bill detuvo a su hermano tomándolo del brazo, este le miro confundido.
—No bebas mucho, tienes que conducir de vuelta a casa —le recordó su hermano.
—Tranquilo yo controlo —dijo Tom.
—Tom enserio, no te pases que vamos con mi prima y su amiga —dijo Samuel advirtiéndole.
—Que si tranquilos — se acercaron a la entrada para poder entrar —Buenas noches tío— saludó Tom al portero que ya los conocía de otras veces, es el local que solían visitar cuando salían a despejarse — ¡Cuanto tiempo! ¿Como has llevado nuestra ausencia?. Aburrida verdad, te entiendo —bromeó Tom con él.
—Hombre niñatos han vuelto de su vida de famoso de Hollywood —chocaron las manos luego hicieron lo mismo pero con los puños a modo de saludo.
—Nosotros también te hemos echado de menos, cabezón —dijo Bill riendo.
—¿Y estas chicas? —las miró dándoles un repaso con la vista— ¿Dni, pasaporte? —les preguntó, ya que las chicas a pesar de ir maquilladas, tenían cara de niñas aunque tuvieran los ya 18 años
—Vienen con nosotras, y son mayores de edad aunque parezcan más jóvenes —dijo Tom.
—Eso me da igual, ¿El Dni? —dijo el portero insistentemente.
—Joder tío, no te fías de mi palabra. Además es mi novia. —dijo Tom rodeando a Laia por la cintura, haciendo que la chica se sintiera un poco incomoda por esa situación— Y la otra es la novia de Sam.
—Está bien —dijo el portero con resignación dando paso al grupo de amigos.
—Perfectos, vamos chicos podemos entrar ya —dijo Tom en voz alta a los demás, mientras rodeaba a Laia ahora por los hombros para hacerla caminar, hasta que fueron perdiendo de vista al portero.
Una vez que estuvieron ya dentro de la discoteca, Laia se separó repentinamente de Tom y caminó junto a su amiga mientras se escuchaba ya la música alta de fondo, martillear los tímpanos de cada uno de los chicos. Se fueron para una zona menos transitada con unos sillones negros de cuero, donde se sentaron todos y estuvieron hablando de cosas, mientras que Laia y Kayla los escuchaban atentamente. Ya hacía más de una hora, que estaban en la discoteca y el calor empezó a estar presente en la sala por el ambiente cargado, ya que en esa hora se había llenado bastante. Laia se dirigió hacia la barra para coger algo de beber, para ella y para Kayla.
—Hola… —dijo Laia en la barra al camarero que estaba secando un vaso.
—Hola Guapa, ¿Qué quieres tomar? —preguntó el camarero dejando a un lado el vaso que estaba secando.
—Quería dos cubatas de Ron con Coca-Cola —dijo Laia mientras se relamía los labios al recordar el sabor del Ron con la Coca-Cola.
—Mejor que sean tres Ron con Coca-Cola —dijo una voz, conocida por Laia aunque no tenía aún la suficiente confianza— Pago yo —susurró Tom a Laia.
Laia miró a Tom sorprendida, no se esperaba que Tom les pagará la consumición de esa noche sin apenas tener confianza con ellas.
—Hay que celebrar mucho esta noche —susurró Tom al oído de Laia— Salud… —sonrió el chico cogiendo su copa y dándole un sorbo.
—Gracias —dijo Laia sonrojada para luego coger los dos vasos de Ron con Coca-Cola para irse a junto de su amiga.
Al poco rato, llegó a junto de Kayla sentándose al lado de ella y dándole el vaso que contenía el Ron con Coca-Cola, haciendo que Kayla sonriera a su amiga, para luego darle un sorbo.
—¡Qué bueno está!—preguntó Kayla a su amiga en un susurro.
—Nos lo ha pagado Tom —volvió a susurrar Laia a su amiga en castellano, justo en ese momento se sentaba Tom al lado de ellas.
—¿Sabéis hablar inglés? —preguntó Tom a las chicas al escucharles hablar en castellano.
—Sí —respondió Kayla mientras no dejaba de mirar alrededor. Esa noche se lo pasaría genial, había encontrado al chico perfecto bailando tranquilamente en la pista.
—Podéis hablar en inglés, así nos será más fácil enterarnos de lo que decís —sugirió Tom a las chicas.
—Creo que he encontrado al chico perfecto con quien divertirme esta noche —comentó entre susurros Kayla a su amiga— Nos vemos luego.
Kayla se levantó del lado de su amiga, y se dirigió al centro de la pista de baile, donde había un chico un poco más mayor que ella, con el que empezó a hablar, y después continuaron diciéndose confidencias al oído. Al poco rato, Kayla empezó a hacer una cosa, que hizo que los chicos se sorprendieran de la actitud de la chica, ya que apenas la conocían. Kayla devoraba la boca de ese chico, como si de su vida se tratase para luego separarse de él.
Ella le sonrió de lado y el chico la tomo de la mano llevándosela entre la multitud abriéndose paso. Llegaron a la barra y el chico pidió tres bebidas, tras Kayla anteriormente comentarle que estaba con una amiga y que se la presentaría, el amablemente también invitó a la chica que aun no conocía.
—Te espero en los sofás rojos —en la discoteca había algunos sofás, para estar más tranquilamente, y eran de distintos colores.
—De acuerdo —contestó ella, cogiendo en cada una de sus manos los vasos de alcohol con una pajita de color negro.
El chico que las invito le dio un beso y se fue hacia los sofás que le mencionó a Kayla. Ella en cambio camino entre la gente con cuidado de que no vertieran el contenido de los vasos. Al estar llegando a la sala donde estaba su amiga, sonrió victoriosa mientras caminaba mirándolos, todos tenían los ojos puestos en ella, las copas, en su andar y el la sonrisa que mostraba. Cuando llego, le tendió a su amiga su copa, guiñándole un ojo.
—Ven conmigo, alguien quiere conocerte —le dijo bien alto en alemán para que todos la entendieran— ¡A vuestra salud! —tomó un sorbo de la pajita.
Continúa…
Gracias por la visita.