
Fic hetero de Heiligtkt483
Capítulo 50
—Abstente de esos comentarios sobre mi novia, porque no quiero pelear contigo —dijo Bill molesto.
—Vale tranquilízate. Solo era un comentario —se disculpó Tom.
—Un comentario de mal gusto —volvió a decir Bill a su hermano.
—Vale, lo siento —dijo Tom agachando la cabeza.
—No tenías que haber hecho ese comentario —recalcó Bill a su hermano mayor.
Después de esa conversación ambos hermanos se quedaron en silencio. Más tarde bajaron a la cocina, ya que su madre estaba preparando ya la comida. Entre Bill y Tom ayudaron a su madre a poner la mesa, mientras que ella acababa con la preparación de la comida. Después se sentaron en la mesa y comieron en silencio, hasta que Simone rompió el silencio para preguntarles una cosa a sus hijos.
—Y bueno, ¿Qué os ha regalado vuestras novias por vuestro cumpleaños? —preguntó Simone intrigada a sus hijos.
—Laia me ha regalado esta pulsera —sonrió Tom mostrando a su madre la pulsera que tenía puesta en su muñeca.
—Oooh que bonita es —sonrió Simone— Si la ha grabado y todo con vuestros nombres y la fecha en la que empezasteis a salir.
—Si —sonrió de nuevo Tom.
—Espero que lo tomes enserio —añadió Simone a su hijo— Estoy harta de verte cambiar de chica cada día, me gustaría que siguieras con Laia. Se ve que es una buena muchacha, y es muy dulce. Le he cogido cariño en estos meses.
—Yo también espero durar bastante con ella —afirmó Tom.
—Y a ti Bill, ¿Qué te regalo Kayla? —preguntó Simone a su hijo menor.
—Un collar con una placa, también grabada —sonrió Bill sacando la placa de debajo de la camiseta, que llevaba puesta para después enseñársela.
—Es muy bonita —sonrió de nuevo Simone— Veo que vuestras novias os conocen muy bien conocen vuestros gustos, sobre todo Kayla.
—Bueno aunque yo no sea de usar pulseras —aclaró Tom— Me ha gustado mucho la pulsera, y creo que me acostumbraré a llevarla puesta.
—¿Y porque no os dieron los regalos junto con los regalos de toda la familia? —preguntó Gordon ya que se había dado cuenta de que las chicas no se los habían dado, cuando toda la familia y amigos se reunieron alrededor de ellos para felicitarlos, y darles sus regalos.
—Por vergüenza —susurró Bill— Pensaban que sus regalos no estarían a la altura de los demás regalos de la fiesta, por eso prefirieron darnos los suyos cuando se fueran gran parte de los invitados.
—¡Eso es una tontería! —exclamó Simone— Esos regalos no les debieron de salir para nada baratos.
—Ya lo sabemos —respondió Tom— Pero ellas pensaron así.
Continuaron con la comida, para que después a la media hora darla por concluida. Después entre todos ayudaron a Simone a recoger la mesa y secar la loza. Cuando acabaron los gemelos se fueron cada uno a su cuarto a descansar, y pensar en lo que harían al día siguiente ya que las chicas se irían dentro de un día otra vez a España, y querían hacerles una despedida especial.
Los rayos del sol anunciaron, que sería una mañana soleada. Laia y Kayla se habían despertado temprano ya que tenían que acabar de preparar sus maletas, ya que al día siguiente se irían a España para cursar su último año de instituto. Ambas amigas no se podían creer que los meses de verano, hubieran pasado tan rápido y ahora estaban a apenas unos días del comienzo del nuevo curso, y por eso deberían de regresar a España, para preparar los últimos detalles. Las chicas se levantaron de sus camas, y se dirigieron hacia el armario para buscar su ropa interior y la ropa que se pondría ese día. También dejarían una ropa cómoda para viajar al día siguiente, y el resto de la ropa, la meterían en sus maletas.
Laia se metió primero en el baño para darse una ducha rápida, mientras que Kayla estaba sentada en su cama leyendo una revista. A los pocos minutos, Laia salió de la ducha con la toalla rodeando su cuerpo desnudo para luego coger su muda limpia de ropa interior y ponérsela, segundos después se puso el resto de la ropa. Kayla había dejado a Laia en la habitación vistiéndose, mientras que ella se daba una ducha rápida. Al poco rato, ambas chicas ya estaban completamente listas para bajar a desayunar.
Después de acabar de desayunar, Laia y Kayla volvieron a subir a la habitación que habían ocupado durante todo el verano, para hacer sus maletas. Lentamente fueron sacando su ropa del armario, y la fueron metiendo dentro de la maleta, hasta que completamente la dejaron llena, salvo la ropa que se pondrían al día siguiente y la ropa interior. Les costó meter la ropa, ya que en su estancia habían comprado algunos regalos a sus padres, y por eso las maletas iban un poco más llenas de lo que habían venido.
—Parece mentira que solo hace tres meses, llegamos a Hamburgo —dijo Laia con tristeza.
—Sí… El tiempo pasa volando —suspiró Kayla— Mañana a estas horas ya estaremos en el aeropuerto para subir en el avión.
—Sí… y en cuatro días estaremos en clase en nuestro instituto —añadió Laia— Voy a echar de menos a Tom. Ahora que me había acostumbrado a estar con él, a sentir sus brazos rodeándome cuando vamos por ahí, sus besos… Extrañaré todo de él.
—Pero podremos hablar con ellos —respondió Kayla a su amiga— Supongo que nos darán sus facebook privados o sus twitter si los tienen.
—Eso espero porque sin saber noticias de ellos, salvo por webs sería una tortura —dijo Laia— Además creo que ellos volverán a Los Ángeles, y entonces sería muy complicado para hablar no coincidiríamos con las horas.
—Tranquila Laia, te noto un poco estresada —intentó Kayla calmarla.
—Es que si ellos se van a Los Ángeles habrá mucha distancia de por medio —explicó Laia.
—No te preocupes, seguro que harán una escapada para venirnos a visitar —intentó animar Kayla a Laia.
Cuando acabaron de colocar todo en sus maletas, Laia y Kayla bajaron para comer. Sería la última comida de Laia con sus tíos y con su primo Sam, y esperaba arreglar sus roces con Sam y llevarse también como se llevaban antes. No quería volverse a España, estando enfada con Sam y viceversa. Ambas amigas se sentaron en la mesa, los tíos de Laia ya estaban en sus asientos, y Sam aún no había bajado porque se había retrasado un poco. A los poco minutos, Sam se sentó en su asiento y Rose comenzó a servir la comida en silencio. La comida transcurrió normal y silenciosamente.
—Y bueno mañana os vais —dijo por fin el tío de Laia— Así que mañana habrá que madrugar para llevaros al aeropuerto. ¿A qué hora sale vuestro vuelo?.
—A las diez de la mañana —contestó Laia con tristeza, no quería irse. Es más quería quedarse con Tom y pasar más meses con él, pero sabía que debía regresar a España para acabar su año de instituto y si todo salía bien igual podía elegir alguna facultad en Hamburgo para estudiar su carrera universitaria, y así estar cerca de Tom.
—Pues entonces tendremos que estar a las ocho y media para facturar vuestras maletas —explicó el tío de Laia.
—¿Nos llevareis vosotros o Sam? —preguntó Laia a su tío.
—Nosotros —contestó Alice por su marido.
—Vale —dijo Laia con tristeza pensando que Sam no iría al aeropuerto a despedirse de ellas.
Después de acabar de comer, cada uno se fue a su habitación. Los tíos de Laia se quedaron en el salón hablando entre ellos, y Sam se fue alegando que había quedado con unos compañeros del trabajo. Laia y Kayla se fueron a la habitación, para luego tumbarse en la cama y descansar un poco. Pasaron las horas, Laia y Kayla aún continuaban en su habitación descansando hasta que un sonido en la puerta hizo que esta se abriera.
—Disculpen señoritas —Rose asomó la cabeza por detrás de la puerta— Vengo a avisaros que tenéis visita.
—¿De quién se trata? —preguntó Laia intrigada ya que ese día no esperaban a nadie.
—Son los señoritos Bill y Tom Kaulitz —explicó la mujer.
—Diles que ahora bajamos, Rose —sonrió Laia a la mujer, que esos tres meses había aprendido a querer como si fuera una abuela para ella.
La mujer salió de la estancia, y se dirigió hacia el salón para comunicarle a los Kaulitz que las chicas pronto bajarían. Laia y Kayla se encontraban aún en la habitación, retocándose un poco ya que habían estado durmiendo. Minutos más tarde ya bajaban las escaleras que daban al salón de la casa.
—Tom —sonrió Laia acercándose a su novio— ¿Cómo es que habéis venido?.
—Bueno, queríamos pasar una tarde con nuestras novias y así podernos despedir más íntimamente de vosotras —explicó Tom.
—No nos recuerdes que mañana nos vamos —dijo Laia tristemente.
—Buenas tardes —abrió la puerta de la calle Sam entrando con mirada seria.
—Hola Sam —saludó Tom a su amigo— ¿Qué tal todo?.
—Bien gracias —dijo secamente Sam— ¿Habéis venido para llevaros a mi prima y a su amiga? ¿Vais a tener vuestra última noche de sexo?.
—No empieces Sam —gritó Laia a su primo— Estoy harta de que nos ataques por cualquier cosa. Y no vamos a tener sexo, solo vamos a dar una vuelta. Es más no tengo que darte explicaciones de lo que hago con mi novio en la intimidad.
—Tan machitos sois que os tienen que defender vuestras novias —dijo irónicamente Sam.
—Pues no tiene que importarte lo hace Laia y lo que hago yo —se encaró Tom a su amigo.
—A ti —Sam se dirigió a Bill— Las chicas que le gustan a tu amigo, no sé roban.
—¿Estás resentido porque estoy saliendo con Kayla? —preguntó Bill entendiendo que Sam estaba resentido con él por Kayla.
—Soy tu mejor amigo, y sin embargo te ha importado un pimiento mis sentimientos hacia Kayla —dijo con dolor Sam.
—Nunca lo diste a entender —se disculpó Bill alzando un poco la voz— Además fue ella quien me eligió.
—Porque te metiste por los ojos —se encaró Sam a Bill.
—No te permito que le hables así a mi hermano —salió Tom a la defensa de su hermano.
—Eres tan marica que no eres capaz de defenderte por ti mismo, que tiene que ser tu hermano —dijo con odio Sam.
Las chicas veían la discusión desde un punto del salón, se estaban empezando a asustar ya que cada vez alzaban más la voz entre ellos, y muy pronto como siguieran así acabarían a golpes entre ellos. Sam no era el mismo de siempre, sobre todo desde que Kayla empezó a salir con Bill. Tampoco soportaba que su prima cayera bajo los encantos de Tom, y que finalmente la chica perdiera su virginidad con la persona peor indicada.
—¡¡PARAR YA!! —gritó Laia con lágrimas en los ojos— Siempre pasa lo mismo. ¡¡TE ODIO SAM!!.
Dicho esto Laia salió de la casa, dejando a los gemelos, Sam y Kayla dentro de la casa. Al poco rato, Kayla salió en su busca para tratar de calmar a la chica. Más tarde los Kaulitz salieron de la casa de su ex amigo, porque estaba claro de que Sam ya no profesaba ninguna amistad por ellos. Buscaron con la mirada a Laia y a Kayla, encontrándose a las chicas en unos bancos situados en un parque cercano a la casa de los tíos de Laia.
Tom y Bill llegaron a donde estaban las chicas sentadas, pero no dijeron nada, prefirieron no sacar el tema. Se notaba que había tensión en el ambiente, pero eso no impidió que Tom y Bill se llevaran a las chicas a otro lugar tranquilo, más bien para que Laia se intentara tranquilizar después de las duras palabras que le había dicho a su primo. Entraron en la casa de Bill y Tom, estaba todo en silencio ya que Simone y Gordon no se encontraban en la casa, así que tendría la casa completamente para ellos. Querían pasar una tarde juntos y en tranquilidad, así que los cuatro se sentaron en el gran sillón, que había en el salón, y encendieron la televisión para luego acabar viendo una película de Dvd. Laia se encontraba sentada al lado de Tom, este le había pasado el brazo por el hombro para atraerla a él. La joven había apoyado su cabeza sobre el pecho fuerte y robusto, escuchando como el corazón de Tom latía fuertemente. Bill imitó lo mismo que su hermano, atrayendo a su novia hacia él, y así pasar la tarde juntos, en silencio… Disfrutando de los últimos momentos que le quedaban juntos.
Cuando cayó la noche, llegó la hora de la despedida. Las chicas se encontraban muy tristes ya que tardarían varios meses en ver a sus novios, ya que ellos en unos días se irían también de Alemania, rumbo a Los Ángeles. Laia miró con ojos tristes a Tom, mientras que Kayla y Bill se encontraban un poco más alejados despidiéndose más íntimamente.
—Te voy a extrañar —dijo Laia con ojos tristes— Creo que he vuelto muy dependiente de ti.
—No digas tonterías, enana —sonrió Tom a su novia abrazándola— Intentaré buscar algún hueco, para poder visitarte a España.
—¿Enserio? —preguntó Laia con ojos brillosos e ilusionada— Me irás a visitar.
—Sí, mi pequeña princesa —contestó Tom para luego besar los labios de la chica con mucha dulzura.
—Oye Tomi… —susurró Laia en el oído de Tom.
—Dime… —susurró también Tom a Laia .
—Me puedes dar tu facebook o twitter, es que así podemos estar mejor comunicados —dijo Laia un poco avergonzada.
—Tiene que ser un secreto como hasta ahora. Prométeme que nadie más que tú la sabrá —insistió Tom.
—No te preocupes, Tom —dijo Laia mirando a los ojos del joven.
—Es que es muy difícil llevar una vida privada, siendo famoso —explicó Tom a su novia.
—Lo sé… —susurró Laia— Pero no te preocupes porque Kayla y yo hemos cerrado nuestros facebook viejos y hemos creado otros nuevos y le hemos puesto privacidad en todo, así nadie sabrá que os tenemos agregados.
—Mucho mejor, porque no sabes lo que se montaría si llegan a descubrir que tenemos facebook —contestó Tom— Es que en casi todas las entrevistas, siempre hemos dicho que no teníamos cuentas sociales. Ha sido una pequeña mentirijilla.
—Ya te vale —dijo Laia pegándole de broma a Tom en el hombro.
—Es que no sabes lo estresante que es ser bombardeo por miles de fans histéricas —dijo Tom con desesperación.
—Me estás llamando histeria, te recuerdo que yo también son fan de tu grupo de música —le increpó Laia a Tom.
—No, no te lo estoy llamando sino al resto de fans. Tú eres la excepción, pero tampoco voy a ir pregonando por ahí que tengo facebook. Tengo vida privada, y me gustaría que mi vida siguiera siendo así —intentó calmar Tom a Laia.
—Gracias a tus fans habéis llegado a donde estáis. Así que no hables mal de ellas, porque siempre están luchando fuertes y muy ilusionadas para que ganéis los premios a los que estáis nominados. Gracias a ellas sois conocidos internacionalmente… —contestó Laia un poco indignada.
—Vale no te sulfures. Solo era un pequeño comentario —se disculpó Tom con Laia.
Mientras tanto sentado en el sillón del salón, Kayla y Bill también hablaban muy acaramelados despidiéndose en silencio, mirándose a los ojos. Bill se acercó dulcemente a Kayla y le besó los labios con ternura, saboreando el dulce néctar de sus labios y que por varios meses no volvería a probar. Después se abrazaron fuertemente, haciendo que cada uno escuchará el latir del corazón del otro, que era rápido y agitado.
—No me puedo creer que mañana estemos volando Laia y yo hacia España —suspiró Kayla con tristeza— Te voy a extrañar demasiado.
—Lo sé… —sonrió con tristeza Bill.
—Odio las despedidas —volvió a decir Kayla.
—A mi tampoco no me gustan, pero confió en que dentro de un par de meses nos volvamos a ver —miró Bill intensamente a los ojos de la chica— Confió en ti.
—Yo también confió en ti, creo que una relación se basa en la confianza mutua —sonrió Kayla a Bill para luego besarlo— Pero tanta lejanía hará que me vuelva loca de tristeza. No poder sentir tus labios, tus brazos…
—Vamos hacer una cosa —sonrió Bill mirando a Kayla— Intercambiemos nuestros facebook.
—Pero… Tú tienes facebook —dijo Kayla sorprendida— He leído en varias entrevistas en la que decías que no tenías cuentas sociales.
—Son pequeñas mentirijillas que debemos decir —sonrió Bill— Así que no veo ningún inconveniente darte mi facebook.
—¿Lo dices enserio, Bill? —preguntó extrañada Kayla— No quiero exponerte, aunque en mi nuevo facebook está activada la privacidad al completo.
—Y no lo harás. Tengo un nombre completamente diferente, así consigo evitar que personas no deseadas me agreguen al facebook —volvió a explicar Bill— Además yo también tengo máxima privacidad.
Después de que las chicas intercambiaran sus facebook con sus novios, los chicos las acompañaron hasta la casa de los tíos de Laia, ya que era ya muy tarde y mañana las chicas tendrían que levantarse muy temprano para ir al aeropuerto temprano para facturar sus maletas. Cuando llegaron enfrente de la casa de los tíos de Laia, los cuatro jóvenes se quedaron en silencio mirándose para luego abrazarse mutuamente y así despedirse por décima vez esa noche.
—¿No me olvidarás? —preguntó Laia temerosa a su novio.
—No, mi princesa —susurró Tom mientras abrazaba a la joven.
—Te quiero —susurró Laia mientras sentía por última vez el calor de los brazos de Tom.
—Yo también —susurró Tom mirando a los ojos a la chica para luego besarla dulcemente.
Por otro lado, Bill y Kayla se habían quedado en silencio abrazándose intentando recordar los últimos momentos juntos. Quizás en navidades, Kayla consiguiera convencer a sus padres de que la dejarán volver a Alemania para visitar a su novio, y de paso también llevar a Laia con ella, pero en cierta manera sabía que iba a ser imposible, así que, quería memorizar el olor de Bill para cuando no pudiera estar con él y así recordarlo como si estuviera con ella permanentemente.
Las chicas se despidieron de los chicos una vez más por última vez, y se dirigieron hacia la puerta de la casa. Laia abrió la puerta con las llaves, mientras que los chicos esperaban a que ellas entraran. Una vez que las chicas entraron en el interior de la casa, los gemelos se fueron caminando en silencio hacia su casa, por otra parte las chicas subieron a su habitación, para acostarse cuanto antes ya que al día siguiente tenían que madrugar bastante temprano, para estar por lo menos dos horas antes de que su vuelo saliera del aeropuerto de Hamburgo rumbo a España.
Cuando llegaron a la habitación, ambas chicas se pusieron sus pijamas y se acostaron, pero no fueron capaces de conciliar el sueño hasta bien entrada la noche. Se sentían muy tristes, no querían irse pero ambas sabían que debían regresar a España para acabar sus estudios, y quizás el año que viene podrían convencer a sus padres para continuar estudiando su carrera universitaria en Hamburgo.
Continúa…
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