Fic hetero de Heiligtkt483
Capítulo 51
El cielo estaba oscuro, y apenas había ningún rastro de claridad aunque en el horizonte el sol empezaba a dar muestras de su presencia. Laia y Kayla estaban durmiendo plácidamente del cansancio de no haberse quedado dormidas más temprano. Pero su sueño fue perturbado cuando, Alice entró en la habitación de las chicas para despertarlas ya que en media hora deberían salir de la casa, rumbo al aeropuerto.
—Laia… —susurró Alice moviendo a su sobrina, para despertarla— Kayla… Venga hay que levantarse para ir al aeropuerto.
—No mamá, quiero quedarme a dormir un poquito más —respondió Laia en sueños.
—Venga… —volvió a decir Alice moviendo a Laia para que se despertará.
—Tía Alice —susurró Laia a ver a su tía en la habitación con ellas.
—Venga tenéis que levantaros en media hora debemos de marchar al aeropuerto —explicó Alice a su sobrina.
—Vale… —dijo Laia con tristeza no quería recordar que hoy se iban y que estarían varios meses sin ver a su novios.
—Despiertas tú a Kayla, mientras que yo os preparo el desayuno —le dijo Alice a su sobrina.
—Ok —sonrió con tristeza Laia.
Alice cerró la puerta dejando a ambas amigas de nuevo solas en la habitación. Laia suspiró y se levantó de la cama, para tirarse encima de Kayla que aún seguía durmiendo plácidamente sobre su cama. Kayla solo se quejó cuando sintió el peso muerto de Laia sobre su cuerpo.
—¡Laia! Me estás aplastando —informó Kayla a su amiga.
—Es hora de levantarnos. Acaba de venir mi tía para avisarnos —explicó Laia.
—Está bien —suspiró Kayla— Te puedes quitar de encima de mí, es que sino no me puedo levantar.
—Vale no refunfuñes —se rió Laia.
—Es que pesas —añadió Kayla— Últimamente has cogido un par de kilos.
—Eso es por los desayunos de Rose —se excusó Laia— Bueno, menos hablar que tenemos que vestirnos para bajar a desayunar que en media hora mis tíos quieren salir de casa.
Las chicas se pusieron la ropa que habían dejado preparadas el día anterior, y metieron sus pijamas en la maleta. Después cerraron con un poco de dificultad la maleta, para luego darle una vista genérica a la habitación por última vez, donde habían dormido los tres meses de verano de sus vacaciones inolvidables. Salieron de la habitación arrastrando sus maletas, para luego comenzar a bajar las escaleras lentamente hasta que llegaron al final de estas, después se fueron a la cocina donde estaba Alice hablando con Rose, que ese día había venido temprano para hacerles el desayuno a las chicas.
—Buenos días, Rose —saludó Laia con dulzura a la mujer.
—Bueno días, niña Laia —saludó cariñosamente Rose para luego abrazarla— No me puedo creer que hoy sea el último día de vosotras aquí.
—Es una pena… —dijo con tristeza Laia— Pero Kayla y yo extrañaremos mucho tus comidas y sobre todo tus desayunos estaban muy ricos.
—Me alegro mucho, señorita —sonrió la mujer para luego volver a coger la jarra de la leche caliente— Bueno, sentaros cómodas que ahora os sirvo el desayuno.
—¡Qué bien huele! —exclamó Laia oliendo desde lejos las tostadas recién hechas.
—Tenéis que desayunar fuerte, el vuelo a España es muy largo —dijo la mujer mientras iba echando en las tazas de las chicas la leche para luego echarle el café— No obstante me he permitido el lujo de preparados unos bocadillos, aunque no os de tiempo a comerlos podéis coméroslo cuando lleguéis a España.
—Ooh Rose nos estás mimando demasiado —dijo Kayla— No deberías mimarnos tanto con tanta comida rica, que después se nos forman unos flotadores y no hay forma de quitarlos.
—¡Qué diablos! Estáis en crecimiento, y además estáis perfectas, no sé porque decís tonterías de que andáis rellenitas —dijo la mujer— Además tenéis que coger reservas de grasas para el invierno, que suelen venir muy fríos.
Laia y Kayla se miraron y se rieron por el comentario que hizo Rose, después lentamente empiezan a tomar el desayuno, que a esas horas tempranas de la mañana sienta muy bien. Cuando acaban de desayunar, se acercan a Rose para despedirse otra vez, ya que en breves minutos ser irán hacia el aeropuerto. Henry, el tío de Laia, ya estaba metiendo las maletas dentro del maletero del coche.
—Bueno chicas, ya es hora de irnos —vuelve a informar Alice a su sobrina y a la amiga de esta.
—Ya vamos —contesta Laia para luego ponerse sus cazadoras, y mirar por última vez la casa. Sam no había aparecido en todo ese rato que estuvieron en la cocina y eso entristecía a Laia, porque eso significaba que no iba a despedirse de ella.
Las chicas salieron de la casa, seguidas de Alice que cerró la puerta. Alice se sentó en el asiento del copiloto al lado del conductor, Laia y Kayla se sentaron en el asiento de atrás del coche, poniéndose los cinturones de seguridad. Durante el camino fueron en silencio, solo se escuchaba de fondo la radio del coche, en donde Henry escuchaba las noticias de esa mañana. El sol empezaba a asomar, pero aún así no calentaba lo suficiente, muy pronto llegaría el otoño y después llegaría el invierno…
Al cabo de unos treinta minutos, llegaron al aeropuerto. Henry aparcó el coche en el parking que disponía el propio aeropuerto, para luego bajarse todos y sacar las maletas del coche. Laia y Kayla cogieron sus maletas y comenzaron a arrastrarlas hacia el interior del aeropuerto, seguidas de Henry y Alice. Una vez dentro del aeropuerto, se dirigieron todos juntos al mostrador donde facturan las maletas, para facturarlas y después a la sala de espera cercana a la puerta donde tenían que embarcar, y esperar a que llegará la hora de la salida del vuelo.
Después de mucho esperar, ya solo quedaba una hora para que Laia y Kayla embarcaran en el avión. Laia y Kayla se encontraban sentadas en los asientos de esa gran sala, que se encontraban enfrente de la puerta de embarque, de repente unas manos cubrieron los ojos de las chicas, haciendo que ambas chicas se asustarán.
—¿Quién es? —preguntó Laia con voz asustada al notar unas manos grandes tapar sus ojos.
—Que fácil me olvidas —una voz susurró en el oído de la chica.
—¿Tom? —preguntó indecisa.
—No, el vecino de enfrente de la casa de tus tíos. Quien voy a ser, tonta —se rió Tom por la pregunta obvia de Laia.
—Pero… ¿Cómo habéis venido? Esto puede ser peligroso para vosotros —dijo Laia girándose para ver a Tom, viendo que el chico llevaba un gorro de lana puesto cubriendo sus trenzas, y por encima llevaba la capucha de la sudadera y unas gafas muy grandes de sol.
—No podía quedarme en casa, sin venir a despedirme de mi chica —sonrió Tom sentándose al lado de Laia para pasarle un brazo por el hombro.
Bill se había sentado con Kayla, y ahora hablaban muy animadamente y de vez en cuando se abrazaban. Bill también venia camuflado como su hermano, aunque Laia y Kayla se iban a ir a una hora bastante temprano, tenían que venir precavidos por si algún paparazzi o alguna fan loca los reconocían.
—Estáis locos los dos —dijo Laia refiriéndose a Tom y a Bill— Espero que nadie os reconozcan, sino la que se va liar.
—Tranquila, venimos preparados. Mira. —Tom señaló para un lado de la sala donde se veían a dos hombres de complexión corpulenta y con gafas de sol que miraban a todos puntos vigilando.
—Habéis venido con vuestros guardaespaldas —afirmó Laia.
—Sí, es mejor venir precavidos que después ocurra algo. Los chicos saben hacer un buen trabajo en momentos de tensión —explicó Bill a las chicas— ¿Y bueno cuanto os queda para que el avión salga?.
—Ya queda poco en menos de media hora estaremos entrando por esa puerta de ahí —dijo Kayla señalando la puerta número 27.
—Os extrañaremos —dijo con tristeza Bill.
—Nosotras también os extrañaremos muchísimo. Creo que mi factura de móvil de cada mes va a ser bastante gorda, por todas las llamadas que te haré —se rió Kayla.
—Podemos turnarnos una vez te llamo yo, y otra vez me llamas tú así la factura no será demasiada grande al final de mes —explicó Bill.
—Pues tienes razón —sonrió Kayla— A mi padre no le va a gustar que pague mucho de móvil.
—Por eso mismo te lo digo —se volvió a reír Bill.
Tom y Bill estuvieron hablando un poco más con las chicas, hasta que finalmente el altavoz del aeropuerto comunicó que los pasajeros del vuelo destino a España, que se dirigieran a la puerta de embarque número 27 para comenzar a entrar por esa puerta. Laia y Kayla miraron a Tom y a Bill con tristeza, sabían que sería la última vez que los verían por mucho tiempo. Laia se abrazó a Tom, para luego darle un beso en los labios dulce y casto, que después se volvió un poco más profundo haciendo que ambos perdieran casi la respiración en ese beso. Kayla también se abrazó a Bill y le dio también un beso en los labios, que se volvió más profundo por momentos. Para luego separarse, ya que había llegado finalmente el momento de la despedida.
—Te voy a extrañar —dijo Laia mientras que una pequeña lágrima salía por sus ojos cristalinos.
—¡Ey! mi princesa no llores, si nos vamos a ver más pronto de lo que esperas —abrazó Tom a Laia para darle un beso sobre el cabello de la chica.
—Es que te voy a extrañar demasiado —dijo con voz entrecortada Laia.
—Hablaremos todos los días por teléfono —intentó calmarla Tom.
—Pero no será lo mismo porque me faltarás físicamente —volvió a decir Laia a Tom abrazándose fuertemente a él, mientras apoyaba su cabeza sobre el pecho tonificado del joven, sintiendo los latidos del corazón de Tom latir fuertemente.
—Mírame bien, pequeña —dijo Tom levantando la cabeza de Laia para mirarla a los ojos — Si te digo que nos vamos a ver muy pronto, es porque nos vamos a ver muy pronto. Yo cumplo mis promesas. Además yo también te extrañare mucho, no pienses que solo serás tú únicamente quien me vas a extrañar.
—Lo sé… —susurró Laia para luego besar los labios de Tom.
Por otra parte, Bill también se estaba despidiendo de Kayla. La chica se sentía muy triste por no poder ver a su novio durante mucho tiempo. Kayla seguía abrazada a Bill, no se quería separar de él ningún segundo aunque sabía que finalmente tendría que separarse para subir a ese avión, que la llevaría de vuelta a España.
—Te extrañaré tanto —susurró Kayla abrazándose más fuertemente a Bill.
—Te prometo que intentaré hacer una escapada para ir a verte a España —intentó tranquilizarla Bill a Kayla.
—Pero no sabes donde vivo en España —puntualizó Kayla dándose cuenta de que no le había dicho nunca a Bill en que parte de España vivía.
—Ya me lo dirás en otro momento ahora no hay tiempo —dijo Bill al escuchar como de nuevo el altavoz anunciaba de nuevo que todos los pasajeros del vuelo a España se fueran a la puerta número 27— Te voy a extrañar.
—Y yo… —susurró Kayla por última vez para darle otro beso a Bill, para luego separarse.
Kayla se dirigió hacia su amiga que en ese momento se encontraba aún abrazada a Tom, este le acariciaba cariñosamente la cabeza de una manera tierna. Kayla se quedó mirando por unos segundos a la pareja, nunca había visto a Tom comportarse de tal forma, es más en casi todas las entrevistas que daban por ahí, siempre daba a entender que era un tipo duro, pero sin embargo con Laia era completamente lo contrario. Laia había conseguido sacar una parte de Tom, que muy poca gente conocerían. Cuando Tom vio acercarse a Kayla y a Bill, se separó de Laia más bien para que Laia se despidiera de Bill, y él despedirse de Kayla, aunque no se llevaban muy bien había decidido hacer una tregua, y por primera vez llevarse bien.
—Te voy a extrañar, pequeña —abrazó Bill a Laia de forma cariñosa, ya que en ese tiempo la había considerado con una hermana pequeña para él, aunque fuera la novia de su hermano mayor.
—Yo también te extrañaré, Bill —sonrió Laia a Bill, ya que lo consideraba también como un hermano y mejor amigo— Me vigilarás a Tom —esto lo dijo en un susurro para no ser oída por Tom.
—No te preocupes, pequeña —sonrió Bill susurrando— Lo tendré vigilado.
—Gracias —susurró de nuevo Laia— Me lo he pasado muy bien aquí en Alemania con vosotros. Ojala podamos volver muy pronto, aunque creo que tendremos que ahorrar dinero para viajar a Los Ángeles.
—Bueno eso es una buena opción, sino podéis por lo económico os mandamos los billetes para que vengáis —se ofreció Bill.
—No queremos abusar de vuestra amabilidad. Si vamos a Los Ángeles, será por nuestros propios méritos y porque reunimos nosotras el dinero —sonrió Laia.
—Está bien —sonrió también Bill.
Por otro lado, Tom se acercó a Kayla para despedirse de ella de una forma más cordial y así limar asperezas entre ellos dos.
—Bueno, espero que te lo hayas pasado muy bien aquí —sonrió Tom a Kayla— También espero que nos llevemos a partir de ahora bien, más bien porque no quiero estar peleado todo el día con mi futura cuñada.
—¿Lo dices enserio? —preguntó Kayla impresionada.
—Si —dijo sinceramente Tom a la chica— Nada de rencor entre nosotros.
—Está bien —sonrió Kayla a Tom— Espero que nos volvamos a ver pronto.
—Claro. Bill y yo organizaremos una escapada para visitaros a España próximamente —informó Tom— Aunque realmente no sabemos donde vivís en España. Sé por Laia que me comento una vez, que vivíais en Barcelona, pero no me especificó más.
—Bueno, ya le daré a tu hermano la dirección completa de donde vivimos —sonrió Kayla— Espero que pronto nos deis una grata sorpresa.
—Lo intentaremos, aunque estaremos un poco liados en Los Ángeles porque tenemos que empezar con la producción del disco —explicó Tom— Pero siempre se puede hacer una escapada.
—Sí —respondió Kayla oyendo de fondo una nueva llamada para la puerta por donde tenían que embarcar— Creo que ya viene siendo hora de que embarquemos, sino perderemos el avión.
—Sí, y créeme que es un fastidio perder el avión —sonrió Tom— Bueno espero que nos veamos pronto.
—Sí, yo también lo espero —dijo Kayla para luego girarse para irse hacia la puerta.
—Cuida de Laia —susurró Tom a Kayla antes de que la chica se alejara completamente de él.
—Tranquilo lo haré —sonrió la chica para acercarse a su amiga, y luego las dos juntas caminar hacia los tíos de Laia.
Después de una breve despedida con los tíos de Laia, las chicas se pusieron a la cola, que lentamente iba avanzando mientras que una azafata comprobaba los pasaportes y los billetes de los pasajeros. Pronto llegó el turno de las chicas, Bill y Tom estaban de pie esperando que sus novias desaparecieran por la puerta que las llevaría de vuelta a su país natal. Ahora sus vidas cambiarían. En la distancia muchas cosas pasarían. Una nueva historia estaba a punto de empezar.
Continúa…
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