Fic hetero de Heiligtkt483
Capítulo 6
Tom se quedó mirando como ambas chicas desaparecían entre la multitud de gente, para luego perderse. Bill se quedó impresionado por la actitud de la chica, su primera impresión fue normal, una adolescente tímida, pero ahora nada que ver con la que conoció momentos antes, se había transformado. Samuel se quedó impotente, no le dio tiempo a reaccionar y detenerlas.
Kayla se llevó a Laia a los sofás rojos que había, pasando la pista, y que estaban un poco apartados de la gente, para así poder tener privacidad. Cuando estaban acercándose Laia vio al chico que a simple vista parecía un poco más mayor que ellas, por los menos los 24 años los tendría. Las chicas se sentaron a ambos lados del chico, mientras que comenzaron a beber su copa. Cuando acabaron de tomar esa copa, el chico les invitó a otra segunda, mientras que hablaban de algunas cosas sobretodo que las había hecho venir a Alemania. Pasados unos minutos, Kayla y el chico comenzaron a liarse delante de Laia haciéndola sentir incomoda, en esa situación así que decidió que era mejor irse a junto de su primo y de los chicos.
—Yo… me voy. Os dejo solos, para que estéis tranquilos —habló Laia intentando atraer la atención de su amiga y ese chico, que ahora se devoraban la boca sin ningún escrúpulo.
Aquel chico dejo de besar a Kayla rompiendo el beso con un sonido húmedo. Cogió de la muñeca a Laia que ya estaba levantada y la hizo sentarse de nuevo bajo la mirada de su amiga. Cuando se acercó la tomó por la nuca y la besó a ella dejándola completamente descolocada, estaba besando a su mejor amiga y ahora la besaba a ella estando delante. Miró a Kayla y ella le asintió como dándole su aprobación y que se divirtiera un rato eran amigas, no sería la primera vez que compartieran un ligue de esta manera, era como una especie de juego. Una vez con la aprobación de su amiga le siguió el beso al chico que a la vez que besaba a Laia acariciaba la pierna descubierta de Kayla mientras esta daba sorbos a su bebida, saciando un poco su sed.
La noche fue pasando, mientras que los chicos desde su sitio fueron viendo como esas dulces niñas, en realidad eran otra cosa. Vieron como ambas chicas se turnaban en liarse con aquel chico, que por lo menos era más mayor que ellas, pero eso no les importó para seguir ese juego. Pasado un tiempo, Sam decidió acabar con ese juego y fue a buscar a su prima y a la amiga de esta, ya que estaban bajo su responsabilidad, y quería evitar que pasara alguna cosa de la que después ellas se arrepentirían. Tras discutir, con su prima, Sam consiguió llevarse con él a las chicas, mientras los demás los esperaban en el sillón de donde estaban sentado, para luego dirigirse al salida de la discoteca con muy mal humor, y despedirse de Andreas, y los G’s para luego subirse los gemelos, Sam y las chicas en el Cadillac de Tom para volver a casa. El ambiente dentro era incomodo, nadie decía nada hasta que Kayla abrió la boca, como era de esperar por parte de Laia.
—Y bueno… ¿Qué tal lo habéis pasado? —Laia suspiró, ahora empezaría una discusión, lo presentía.
—La nuestra como unos tíos de veintiún años normales, haciendo cosas de su edad —dijo Sam con reproche en su voz.
—La nuestra también ha estado bien —ya se avecinaba.
—Habéis bebido alcohol bajo mi cargo y os habéis liado a un tío mayor. ¿Cuántos años tenía? —preguntó Samuel.
—Veintitrés, no está mal ¿no? —Kayla respondió.
—Tenéis dieciocho años aún, no es apropiado que os liais con un chico más mayor que vosotras —comentó Tom metiéndose en la conversación— Y habéis compartido a un tío mayor por cinco años que vosotras.
—¿Qué pasa? Vosotros tres, ¿Cuándo bebisteis por primera vez vuestro primer botellón? ¿Primera vez que tuviste sexo? ¿La primera peli porno que visteis? —atacó a preguntas Kayla más directamente dirigidas hacia Tom y Bill.
—Eso —la apoyó Laia— A los tíos os gustan mayormente más pequeñas que vosotros y a nosotras más grandes.
—Perdí la virginidad con catorce años con un tío de diecinueve, y no me arrepiento, con dieciséis me acosté con uno de dieciocho y ahora con dieciocho con uno de veintitrés, siempre la misma regla, mayores que yo. ¿Qué tiene de malo? —volvió a decir Kayla— Además soy mayor de edad, no tenéis nada que reclamarme
—Eso es cierto, lo tenemos comprobado —Laia se metió en el horno aceptando la misma regla— ¿Y qué importa que compartamos a un chico? —todos las escuchaban atentos e impresionados.
—¿Qué chico no ha soñado con un trío? Para nosotras era un simple lío, nada más, un pequeño juego morboso. ¿Vosotros no habéis tenido esa fantasía? Montárselo con dos tías. ¿Eh Tom? —le preguntó ella directamente algo cegada por la impotencia del momento yéndose de la lengua, dándole más importancia a Tom por su clara experiencia con las mujeres, de la que siempre fardo en las entrevistas, sin darse cuenta que estaba delatándose a ellas.
—Viagra —murmuró Laia recordando un incidente de Tom hace un tiempo con unas chicas y la viagra.
—¿Qué has dicho? —se giró Tom mirándole y luego volviendo la vista a la carretera.
—Que es verdad —dijo Laia improvisando.
—¡Oh va, dejar de discutir! ¡Ellas tienen razón! Nosotros éramos diez veces peores. Empezar a follar con doce años, beber, fumar y meterse en peleas etcétera. Hoy en día nadie es un santo. Ellas tampoco lo son. Yo las entiendo, aunque no deberían de haber actuado así —las defendió Bill.
—Eso Bill mete más mierda —se quejó su hermano.
—Vamos a ver, estáis bajo mi cuidado, si os pasa algo vuestros padres me matan. Así que a partir de ahora nada de fiestas, o al menos sin alcohol —dijo estrictamente Samuel.
—¡Si lo llego a saber me quedo en casa! —se quejó Kayla.
—Kayla me parece muy bien tu forma de ser y que seas la mejor amiga de mi prima, pero no quiero que seas una mala influencia para ella —dijo Samuel, que la veía una chica adolescente rebelde sin causa, pero ella no lo hacía a propósito.
—No te pases Sam —ahora hablaban en español— Hace años que no me ves, no sabes como soy yo en mi país. Ella no es una mala influencia, todo lo contrario. Yo hago lo que quiero, que te quede claro, así que no le hables así, sin saber —se enfrentó Laia a su primo.
Tom estacionó frente a la casa donde vivía su amigo Sam, que no estaba muy lejos de la de ellos, solo a unas calles.
—Lo siento por todo… —se disculpó Kayla con tristeza a todos. No era la primera vez que le decían que era una mala influencia, ya empezaba a creérselo de tantas veces que se lo dijeron, y cada vez le sentaba peor.
—No digas tonterías, Kay —le dijo su amiga abrazándola, sabiendo los pensamientos que azotaban su cabeza. Kayla no se dejo abrazar.
—No, es verdad, siento todo este numerito y lo de la discoteca —se disculpó con los gemelos— No solemos ser así, no tengáis una mala imagen nuestra y en especial mía —dicho eso se dio la vuelta para caminar hacia la casa, su amiga la siguió echando el último vistazo a sus ídolos en el coche aun asimilando las palabras de disculpa de Kayla, tal vez no los volviera a ver más.
—Tom, no tuviste una buena idea al permitir que vinieran —le dijo Sam— Nos vemos mañana. Buenas noches —se fue tras las chicas.
Los tres entraron en la casa en silencio, y subieron las escaleras que daban a sus habitaciones respectivas. Laia y Kayla se metieron y en su habitación mientras que Sam se fue a la suya. Las chicas se quitaron la ropa, y pusieron su pijama de verano, para luego dirigirse al baño que había dentro de la habitación para desmaquillarse la cara. Ambas estaban muy calladas, muy serias…
—Venga Kayla. Cambia esa cara —habló por fin Laia a su amiga.
—Odio que me juzguen sin conocerme de nada —contestó Kayla con cierto enfado— Me he disculpado con ellos, y aún así me han visto mal.
—Kay intenta quitarle importancia a eso, vale —dijo Laia intentando animar a su amiga— Es mejor que vayamos a dormir, mañana será un día mejor.
Ambas amigas salieron del baño, y se dirigieron a sus respectivas camas. Se tumbaron en ellas cubriéndose con las finas sábanas, para luego Laia apagar la luz de la lamparita de la mesilla. Apenas unas horas después los rayos del sol comenzaron a inundar la habitación, pero ambas chicas seguían durmiendo se sentían demasiado cansadas, además ese día no irían a ningún sitio en especial. Cuando se cansaron de dormir, Laia y Kayla se levantaron para luego darse una ducha rápida y vestirse con algo cómodo. Salieron de la habitación, y se fueron al salón todo estaba en silencio… Al poco rato, apareció Rose que venía de la cocina, y saludo a las chicas.
—Buenos días Señorita Laia y Señorita Kayla —saludó la mujer muy respetuosamente y con mucho cariño.
—Buenos días, Rose —saludó Laia con una sonrisa— ¿Y mis tíos?.
—Sus tíos han salido —contestó la mujer a Laia.
—¿Y Sam? —preguntó Laia.
—Sigue durmiendo en su habitación —informó Rose— ¿Les sirvo el desayuno?.
—Oh, vale —contestó Laia con voz un poco triste pensando en que su primo estuviera enfadado aún con ellas.
Al poco rato, la mujer vino con una bandeja cargada con el juego de café, con dos pocillos que venían con sus dos cucharas, la leche y el café poniéndolo en la gran mesa que había en el gran salón. Después se volvió a ir y regreso de nuevo con una cesta con varios tipos de dulces, y bollos y una fuente con huevos revueltos y bacón, sin duda un desayuno de lo más rico.
—¿Esto todo es para nosotras? —preguntó Laia alucinando al ver tanta cosa sobre la mesa.
—Por supuesto. Estáis en edad de crecimiento os tenéis que alimentar —contestó Rose sonriendo a ambas chicas— Sentaros que sino el desayuno se os enfría.
—Muchas gracias —agradeció dulcemente Laia.
—Que aproveche, niñas —dijo Rose dejando a ambas amigas solas en el salón.
—¿Has visto Kayla? —preguntó Laia a su amiga— Como tengamos todos los días estos desayunos nos ponemos como unas vacas.
—¡Por dios! Laia no digas eso que sino no podre estrenar mi nuevo bikini —contestó Kayla al recordar lo que pasaría si engordaba un solo gramo.
Ambas amigas se sirvieron en su plato, un poco del revuelto con bacón que había en una de las bandejas mientras que cogía unos bollos dulces y comenzaban a devorarlos con desesperación, se notaba que a esas horas había hambre. Siguieron comiendo en ese desayuno tan exquisito, como si la vida se fuese en ello, cuando una presencia interrumpió en el salón.
—Que aproveche —dijo Sam con voz seria, haciendo que las chicas se atragantarán.
—Sam —dijo Laia a su primo, levantándose de su silla e ir a darle un abrazo cariñoso, que este rechazo— Sam…
—Aún estoy muy enfadado contigo Laia —dijo Sam mostrando su enfado— Ahora me voy a ir que he quedado con los chicos en casa de Andreas. Y no podéis ir.
—Está bien. Ya buscaremos algo con que divertirnos —contestó resentida Laia.
Samuel se puso a desayunar, y al poco rato se marchó a casa de Andreas, ya que había quedado con los chicos allí. Las chicas acabaron de desayunar, y se pusieron a ver un poco la televisión. Después de una hora de aburrimiento, decidieron irse a hacer turismo por su cuenta. Laia llamó a un taxi, y a los veinte minutos ya estaban subiendo al este, para poder recorrer un poco los sitios de Hamburgo, pero irían a varios sitios que eran especiales para ambas.
A la media hora llegaron al estudio de grabación donde los chicos solían grabar los discos, salieron del taxi pagaron la carrera y comenzaron a ver el gran jardín que rodeaba el estudio, que estaba en una zona un poco apartada de Hamburgo ciudad. Se podía respirar la vegetación, que había alrededor. Las chicas se sacaron varias fotos en el jardín y al edificio, muy emocionadas de saber que los chicos habían estado allí, después se dirigieron hacia el segundo sitio que querían visitar, la casa de los Kaulitz, ellos se habían mudado a Los Ángeles pero los padres de los gemelos se habían quedado a vivir en esa casa, pero como los gemelos se habían ido a casa de Andreas, las chicas aprovecharon para sacarle un par de fotos a la casa sin correr ningún peligro de que las encontrasen. Estuvieron merodeando por los alrededores de la casa, procurando que los padres de los gemelos no las pillarán. Después de estar bastante tiempo sacándose mogollón de fotos decidieron que era hora de regresar a casa, ya que la hora de la cena se estaba acercando.
Regresaron a la casa, y los tíos de Laia ya habían regresado. Samuel no había hecho acto de presencia en toda la hora de la cena, sus padres lo entendían que era verano y quería disfrutar con sus amigos y sobre todo con Bill y Tom, ya que en unos meses volverían a Los Ángeles. Así que después de cenar, Laia y Kayla se fueron a su habitación y se pusieron el pijama para estar más cómodas mientras estaban hablando de lo que habían hecho ese día, sobre todo cuando fueron al estudio de grabación y a la casa de los gemelos.
A la mañana siguiente, se levantaron temprano y bajaron a desayunar. Rose le había preparado el mismo desayuno que el día anterior, así que ambas amigas decidieron después de tomarse ese suculento desayuna, irse a correr un poco para mantener su forma y no engordar ningún gramo más. Se fueron de nuevo a la habitación que ocupaban y se pusieron una ropa cómoda para correr, una camiseta de tirantes, y unos pantalones cortos, para luego ponerse los calcetines y los tenis. Después de eso, cada una cogió su mp3, para no distraerse mientras corrían y llevar bien la marcha.
Salieron de la casa de sus tíos, Laia y Kayla comenzaron a correr por el pequeño camino que había cerca de su casa, hasta que llegaron a un sitio que era como un parque, así que ambas amigas se pusieron a la marcha. Ambas iban disfrutando de su música, al mismo tiempo que quemaban calorías, la respiración se estaba volviendo más agitada, ya el hecho de estar corriendo fue cansándolas. Siguieron corriendo hasta que Kayla se dio cuenta de que Laia no le seguía el paso, se giró sobre si misma viendo a Laia sentada en el suelo frotándose el tobillo del pie derecho.
—Laia, ¿Qué te ha pasado? —preguntó Kayla asustada al ver a su amiga en el suelo.
—He sentido una punzada en mi tobillo, y después no he podido apoyar más el pie —contestó Laia frotándose de nuevo el tobillo— Me duele mucho.
—Jolines que mala suerte, Laia —dijo Kayla fastidiada— Espera que te ayudo a levantarte para irnos a casa.
—¡Ay! —se quejó Laia— No puedo levantarme Kayla.
Continúa…
Gracias por la visita.