
Fic hetero de Heiligtkt483
Capítulo 65
LOS ÁNGELES (EE.UU.)
Los rayos del sol jugueteaban graciosamente, con las nubes que cubrían parcialmente el cielo esa mañana. Lentamente fueron penetrando en cada habitación, juguetonamente los rayos del sol comenzaron a acariciar la cara de Tom, haciendo que este frunciera el ceño por el exceso de claridad que en ese momento estaba invadiendo la habitación. Tom se despertó y observó como Laia dormía plácidamente entre sus brazos, sonrió tontamente, y se dedicó a mirar su rostro angelical. Poco después, Laia se movía entre los brazos de Tom, para finalmente despertarse, y observar como Tom la miraba atentamente.
—Buenos días… —sonrió Tom mirando a Laia— ¿Cómo ha dormido mi princesa?.
—Mal… me he desvelado por la noche y no he sido capaz de dormir —explicó la chica acurrucándose en el cuerpo del chico— Si fuera por mí, me quedaba todo el día en la cama para recuperar el sueño perdido.
—Oh… Tienes el jetlag —dijo Tom a Laia— Pobrecilla mi niña…
—Estoy agotada —suspiró Laia mientras apoyaba su barbilla en el pecho desnudo de Tom— Cuando viniste a Los Ángeles por primera vez a vivir, también tuviste el jetlag.
—Sí, los primeros días me pasaba las horas tumbado en la cama sin poder dormir —explicó Tom— Pero gracias a dios, tenía a mi hermano Bill y pasábamos las horas hablando hasta que nos entraban el sueño.
—Eso hice ayer por la noche con Kayla y con Dan —sonrió Laia— Como no era capaz de dormir, me levanté de la cama y me encontré con Kayla y Dan hablando en el salón.
—Ya… —susurró Tom— ¿Bueno… entonces prefieres quedarte en la cama?.
—Sí, estoy muerta —respondió Laia poniendo carita de niña buena.
—¿Te puedo hacer compañía? —preguntó Tom levantando una ceja— Así podemos aprovechar el tiempo.
—No sé, como puedes ser tan mal pensado —se rió Laia ante las indirectas de su novio— De verdad, debes tener las neuronas en tu…
—¡Qué más da, donde tengas mi neuronas! —susurró Tom acercando sus labios a la boca de Laia, para luego besarla— Lo importante es pasar un rato juntos, y divertirnos.
—Lo bueno se hace esperar —contestó Laia a su novio para luego tumbarse en la cama— ¿Vamos a ir a algún sitio hoy?.
—Todo depende si Bill, Kayla y Dan quieren ir por ahí —dijo Tom a Laia.
—Kayla y Dan no han podido dormir tampoco como yo, así que igual quieren dormir un poco más —explicó Laia a su novio.
—Pues entonces nos quedamos en casa, y aprovechamos el tiempo —volvió a decir Tom acercándose a Laia para luego besarle los labios.
Por otro lado, Bill y Kayla se encontraban en su habitación durmiendo plácidamente. Los rayos del sol habían conseguido penetrar en la habitación, pero no lo suficiente para que Bill y Kayla se despertarán, ya que tenía la persiana de la habitación bajada y solo entraba por las rendijas de esta, sin provocar demasiada iluminación. Dan se encontraba tumbado en el sofá del salón, durmiendo también, aunque en esa parte de la casa la iluminación ya había invadido por completo el salón, muy poco les quedaba a los demás que estaban durmiendo en casa para despertarse.
—Tom tengo algo de hambre —dijo Laia apoyándose sobre su novio.
—¿No te sirvo yo para comer? —preguntó Tom sensualmente.
—No, es otro tipo de hambre —sonrió Laia.
—Bueno, entonces tendré que ir a prepararte algo para que desayunes —dijo Tom incorporándose de la cama, y levantándose de esta.
—¿Qué quieres para desayunar? —preguntó Tom a su novia.
—No sé, sorpréndeme —dijo Laia mientras se tapaba con las sábanas.
—¿No me acompañas? —preguntó Tom a la chica, al verla toda tapada debajo de las sábanas.
—Es que se está muy calentita, metida en la cama —sonrió Laia.
—Venga, acompáñame —se acercó Tom a la cama, para destapar a Laia.
—Está bien —se levantó Laia de la cama, para luego acercarse a Tom y salir de la habitación.
Los dos jóvenes salieron de la habitación, sin hacer mucho ruido ya que los demás estaban durmiendo. Caminaron por el largo pasillo, y se dirigieron hacia la cocina. Una vez que entraron dentro Tom comenzó a buscar algo comestible que le pudiera servir a Laia. Al final cogió un poco de harina, un huevo y leche para hacer unas tortitas, mientras que en otra sartén ponía hacer el bacón y unos huevos revueltos, que la verdad olían demasiado bien.
—¿No sabía que eres tan buen cocinero? —preguntó Laia abrazando a Tom por la cintura, para luego depositar un beso en la espalda desnuda del joven.
—Cuando se vive solo, hay que aprender hacer este tipo de cosas —respondió Tom mientras revolvía el huevo, para luego darle la vuelta a la tortita.
—¿También sabes planchar? —preguntó Laia curiosa— La verdad, es que yo no te veo planchando.
—Se hacer muchas cosas, pequeña —se sonrió Tom guiñándole un ojo— A parte de otras cosas, que tú muy bien sabes.
—Sigues siendo el mismo pervertido de siempre, no cambiarás nunca —sonrió Laia mientras apoyaba su mejilla en la espalda desnuda del chico, mientras Tom continuaba haciendo el desayuno.
—Buenos días tortolitos —dijo Dan entrando por la puerta de la cocina, ya que se había despertado y había escuchado ruidos en la cocina— ¿Se supone que ese también será mi desayuno?.
—Desgraciadamente sí —respondió Tom con desagrado— Si fuera por mí te dejaba a pan y agua, pero en ese caso, creo que mi novia me dejaría también a pan y agua.
—¡Qué gracioso! —dijo con ironía Dan— Tu novio es un poco grosero… —susurró esta vez en voz bajo al oído de Laia.
—Chicos… —se separó Laia de Tom— ¿Porqué no intentáis llevaros bien? Pasaremos juntos una semana, y creo que será mejor que os llevéis bien, porque así podremos pasar todos juntos unas agradables vacaciones.
—Lo siento pero creo que tanto como tu novio y yo no nos soportarnos, así que porque vamos a fingir sino nos llevamos bien —dijo esta vez Dan.
—Está bien vosotros mismos, pero a mí no me vengas a rallar de que Tom te habla mal —habló un poco molesta Laia— He venido a pasar una semana de vacaciones con mi novio, no ha pelear con unos críos de cinco años —dicho esto Laia salió de la cocina dejando a Tom y a Dan solos en ella.
—Laia… —llamó Tom a su novia— No me lo puedo creer, se ha enfadado. Y todo es por tu culpa.
—No es mi culpa que no te caiga bien —respondió Dan a Tom— Yo no he hecho nada, y si son celos porque piensas que me voy a tirar a Laia te equivocas, hay chicas mejores que ella.
—Eh, chaval. Cuidado con lo dices de mi novia —dijo ahora Tom encarándose con Dan— Un respeto para mi novia, que además también es tu mejor amiga.
—Realmente a Laia solo la conozco por Kayla, porque yo conocí a Kayla y bueno… Laia y ella siempre ha sido buenas amigas, por eso la conozco. Y bueno con el paso de los años, he aprendido a verla como una amiga más pero tampoco me importa si pierdo su amistad, me dolería más si pierdo la amistad de Kayla —se sinceró Dan a Tom— Así que te la dejo toda para ti, me importa un pimiento lo que hagáis durante esta semana.
—Pensé que valorabas más a Laia —dijo Tom molesto.
—Y la valoró pero en realidad Kayla es más amiga que ella, es decir, Kayla me cuenta todas sus cosas y yo le cuento las mías. Con Laia nunca ha habido esa reciprocidad —explicó Dan.
—No me sigas contando más, no quiero saber más —dijo Tom bordemente— Si quieres desayunar esto ya está listo. Ahora me iré a junto de Laia.
Tom acabó de sacar lo que tenía en las sartenes, y los puso en unos platos. Luego se secó las manos con un paño, y salió de la cocina para buscar a Laia, dejando a Dan solo en la cocina. Entró dentro del salón y se encontró con Laia en la pequeña terraza cerrada que tenía el salón, caminó hacia la terraza entrando dentro de ella, para luego abrazar a Laia por la cintura.
—¡Ey! Pequeña no te enfades —abrazó Tom a Laia con sus grandes brazos, haciendo que Laia se sintiera reconfortada.
—Odio que siempre estéis discutiendo. Sé que conoces a Dan desde ayer, pero porque tanto odio le tienes —preguntó Laia a su novio.
—Sinceramente, no me gustó nada como te estaba tocando aquel día que mi hermano estaba hablando por la web cam con Kayla, lo vi todo —dijo Tom a Laia mirándola a los ojos— Lo siento, pero cuando estoy con una chica me gusta que sea completamente mía, que no sea compartida con otros.
—Dan es mi mejor amigo, nunca lo he visto de otra forma —dijo molesta Laia— Y no soy una mercancía, que se puede manejar a tu antojo. Tengo derecho a estar con mis amigos tanto si son chicas o chicos. Qué te quedé claro.
—Vamos a estar discutiendo todo el día. Porque apenas es de mañana y ya hemos discutido dos veces —dijo Tom con exasperación.
—No estamos discutiendo, eres tú por tus celos tontos —contestó Laia incrédula por lo que estaba escuchando.
—No tengo celos, solo que protejo lo que es mío —volvió a repetir Tom.
—¿De verdad que soy tan importante para ti? —preguntó Laia a Tom mirándolo a los ojos.
—Claro, enana —dijo Tom mientras acariciaba la mejilla de la chica.
—Te quiero… —susurró Laia abrazándose a Tom.
Mientras tanto, en la habitación de Bill, Kayla y él ya se habían despertado a causa de los gritos que minutos antes se habían escuchado por parte de Tom. Bill se levantó de la cama, y buscó una camiseta para ponerse, mientras que Kayla tenía puesto su pijama.
—Buenos días —susurró Bill a su novia cuando esta se levantó de la cama.
—Buenos días, cariño —se acercó Kayla para besar a su novio.
—¿Qué diablos habrá pasado para que mi hermano esté discutiendo ya de buena mañana? —preguntó Bill extrañado.
—Sabe dios… —respondió Kayla mientras se ponían las zapatillas.
Ambos salieron de su habitación, y caminaron por el largo pasillo, hasta que finalmente entraron en el salón, y vieron a Laia y a Tom en la terraza, abrazados reconciliándose después de una pequeña discusión. Por otro lado, Dan también entró en el salón poniendo una mueca de asco al ver a Bill en este, abrazando a Kayla por la cintura.
—¿Se puede saber porque discutís ya de mañana? —preguntó Bill a su hermano— Estábamos durmiendo.
—Lo siento, hermanito —respondió Tom con ironía— No sabía que aún estabais durmiendo. Ah y no te interesa lo que estábamos discutiendo Laia y yo.
—Está bien —dijo Bill mientras se tocaba la cabeza— ¿Habéis desayunado ya?.
—Yo sí —respondió Dan que se había comido lo que preparó Tom anteriormente en la cocina— Ellos no.
—Genial. ¿Qué tal si nos vamos a desayunar los cuatro juntos por ahí? —preguntó Bill— A ti ya no te digo nada porque ya has desayunado, pero podemos dejarte en algún sitio que quieras mirar.
—Si será mejor, así descanso de veros vuestras caras de hipócritas —dijo Dan entre dientes.
Laia y Tom se fueron a la habitación para vestirse, mientras que Kayla y Bill también se iban a la habitación de Bill para vestirse, dejando a Dan solo en el salón para que se acabará de vestir. En la habitación de Tom, este rebuscó entre su armario una camiseta gris media transparente, para luego coger unos pantalones gris clarito, y unos bóxers limpios, por encima se pondría una chaqueta de color blanco. Laia, por su lado, en su gran maleta empezó a buscar unos pantalones vaqueros y una camiseta básica, para luego ponerse por encima una sudadera, ese día iría un poco más informal.
—¿Podrías cubrirte? —dijo Laia a Tom cuando este se bajo los bóxers para ponerse unos limpios.
—No tengo porque esconderme, si tú ya lo has visto todo de mi —sonrió Tom mirando a Laia, y acercándose a ella— Como yo he visto todo de ti.
—Lo sé pero aún así me da un poco de corte —dijo Laia toda ruborizada— Me quiero vestir, podrías…
—Está bien —dijo Tom acabándose de poner sus pantalones, la camiseta, chaqueta y calzándose unas bambas blancas. Para luego coger, las llaves del coche y su móvil— Te espero afuera —informó a Laia para luego salir de la habitación, dejando a la chica intimidad para que se pudiera vestir.
Cuando llegó al salón, Tom se encontró que Kayla y Bill ya estaban listos esperando a que tanto como él y como Laia salieran de la habitación. Dan también estaba listo, sentado en el sillón con mirada un poco enfurruñada, no le gustaba nada como los gemelos lo estaban tratando tal vez estaría bien informar a los padres de las chicas, como eran en realidad sus futuros yernos, aunque preferiría esperar un poco a ver lo que pasaba, aunque con tanta tensión en el ambiente que era tan cortante acabaría yéndose a un hotel, pero aguantaría todo lo que pudiera, todo por fastidiar la semana de vacaciones a Bill.
—¿Y Laia aún no ha acabado de vestirse? —preguntó Bill a su hermano.
—Quería intimidad —sonrió Tom a su hermano— Ya sabéis que Laia es una chica muy tímida.
—Ya estoy —se escuchó decir a Laia entrando por la puerta del salón— Ya podemos irnos.
—Estupendo —sonrió Tom a su chica— ¡Vámonos! Hoy llevo yo mi coche, Bill.
—¡Vaya! Yo hoy tenía ganas de llevar mi coche —dijo Bill a su hermano.
—Lo puedes llevar por la noche, cuando vayamos a cenar fuera —dijo Tom a su hermano— ¡Venga! Sino en vez de servirnos el desayuno será la comida.
Los cinco jóvenes salieron del apartamento, donde vivían los gemelos en Los Ángeles. Nada más salir a la calle, ambos gemelos se pusieron sus enormes gafas de sol que cubrían gran parte de la cara, evitando así si algún paparazzi les sacaba alguna foto, salir los más cubiertos posibles. Desde que se habían mudado a vivir a Los Ángeles, habían tenido una vida tranquila, pero en un par de meses habían empezado a ser acosados por múltiples paparazzis que querían sacar cualquier foto de ellos costará lo que costará, para luego venderla al mejor postor. Pero los gemelos se habían resignado a vivir de esa forma, ya que eran famosos y eso es lo que pagas con el precio de fama, privacidad nula, aunque habían conseguido tener su privacidad de su familia fuera del círculo vicioso en el que vivían.
Tom abrió el coche con la llave a distancia, para luego montarse en la camioneta, todos. Las chicas con Dan en la parte trasera del coche, Bill en el asiento del copiloto y Tom en el asiento del conductor. Metió la llave en el contacto del coche, y lo arrancó para luego empezar a conducir. Se había formado un silencio un poco incomodo dentro del coche, nadie hablaba hasta que Tom decidió romper el silencio.
—¿Dónde quieres que te dejemos, Dan? —preguntó Tom por primera vez educadamente— ¿Qué te apetece ver?.
—No sé, no conozco este sitio —respondió Dan bordemente— Deberías de decírmelo tú, que eres el que vives aquí.
—Hay muchos sitios —contestó Tom perdiendo la paciencia un poco— ¿Prefieres la playa?.
—Da igual —dijo Dan resoplando— Me bajo aquí mismo.
—¿Aquí? —preguntó Tom confuso, ya que apenas llevaban un par de calles recorridas.
—Sí, aquí —respondió Dan— Si eso más tarde llamó a Kayla para decirle donde estoy, para que me vengáis a buscar.
—Está bien… —Tom aparcó el coche a un lado de la acera, para que poco después Dan se bajará del automóvil.
Cuando Dan salió del automóvil de Tom, este se fue caminando rumbo a cualquier sitio. Tom volvió a arrancar el coche, rumbo hacia el sitio donde iban a desayunar. Ahora se sentía un poco más cómodo, ya que ahora no tendrían a Dan vigilándolos todo el rato, por lo menos podrían estar durante unas horas los cuatro solos con más intimidad. Después de unos quince minutos, por fin llegaron a un sitio donde servían también desayunos, era un Self Service así que cada uno podría elegir lo que iban a desayunar, porque había un amplio buffet, para luego pasar por caja y pagar lo que iban a consumir.
Las dos parejas entraron dentro del establecimiento, y se dirigieron hacia una mesa donde estaban las bandejas, para luego coger un vaso, un plato, una cuchara y un chuchillo cada uno respectivamente. Se fueron dirigieron hacia el mostrador donde estaban los platos y fueron cogiendo cada uno lo que quería. Bill eligió una ensalada de fruta con melón, sandía, melocotón y pera, luego se cogió un bollo de pan dulce, un zumo natural de naranja y una taza con café. Tom escogió más o menos lo mismo que su hermano, pero en vez de coger el bollo de pan dulce, se cogió un bol de avena. Laia se cogió un vaso de zumo de naranja, y un croissant y un sobre de chocolate ya que a ella no le gustaba el café. Finalmente y por último, Kayla se cogió una ensalada de frutas, y un croissant y también una taza de café. Cuando tuvieron todo escogido se fueron hacia la caja, para pagar el pedido. Luego de haber hecho eso, se fueron a sentar a unas mesas que había al final del Self Service. Una vez que ya estuvieron sentados, comenzaron a comer mientras hablaban de sus cosas más tranquilos sin la presencia de Dan.
—Hola Tom no pensé que te encontraría aquí —dijo una voz de mujer— ¿Esa es tu novia?.
Continúa…
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