It’s just a dream 66

Fic hetero de Heiligtkt483

Capítulo 66

LOS ÁNGELES (EE.UU.)

—¿Qué es lo que quieres? —preguntó Tom muy borde, dando muestras que realmente esa mujer no le caía bien.

—Tranquilo no puedo venir a saludarte —dijo la mujer con voz de niña nueva— Quería venir a saludar a tu hermano, que también hacía tiempo que no lo veía. ¿Qué tal estás Bill?.

—Bien gracias —respondió un poco seco Bill— ¿Y tú que tal estás?.

—Muy bien —sonrió la mujer— ¿Y bueno no me vas a presentar a tu novia? No quiero pensar que eres un descortés, Tom.

—Laia, esta es Ria una amiga —presentó Tom a la mujer— Ria, esta es Laia mi novia.

—Hola cielo, Tom no pierde el tiempo —sonrió Ria intentando hacerse la simpática con Laia— Tom es un rompecorazones nato.

—No me trates como a una niña, porque no lo soy —contestó Laia muy resueltamente.

—¡Vaya! Veo que a tu novia le has enseñado bien a contestar —dijo Ria mirando fijamente a la chica.

—¿Has acabado ya? —preguntó Tom molestó— Te puedo pedir que me hagas el favor de largarte y dejarnos desayunar tranquilamente.

—Eres muy desagradable, Tom —dijo Ria molesta— Por encima, que os vengo a saludar.

—Y ya lo has hecho, así que largo —volvió a insistir Tom.

—Está bien. Ya nos veremos chicos —Ria se despidió en general para todos los que estaban en la mesa.

Ria se alejó de la mesa, dejando a los chicos solos desayunando tranquilamente, mientras que conversaban entre sí.

—Bueno, ¿Qué queréis hacer hoy? —preguntó Bill a las chicas.

—No sé… —dijo Laia— ¿Qué podemos hacer? Vosotros vivís aquí desde hace bastante tiempo, podrías sugerirnos algún sitio para ir.

—¿Qué tal si vamos por la noche a cenar por ahí, y después a la bolera? —preguntó ahora Tom.

—Oooh sería genial —dijo Laia emocionada— Nunca he ido a la bolera…

—Perfecto… ya sabes que lo que haremos hoy —sonrió Bill— También tendremos que pensar que hacer los días siguientes, la semana pasa muy rápido y queremos que veáis sitios.

—Sí, yo he venido a hacer turismo y también para estar contigo —dijo Kayla a su novio.

—Pues ahora cada uno podemos irnos por nuestro lado, con Laia y Kayla —sugirió Tom a Bill— Así puedes estar a solas con Kayla, y yo con Laia.

—Ok —aceptó Bill.

Los cuatro siguieron comiendo sus desayunos, hasta que lo acabaron. Se levantaron de los asientos, donde estaban sentados, y se dirigieron a la salida del recinto, para luego salir afuera. Una vez que estuvieron afuera, concretaron una hora para volver a encontrarse y después cada uno se fue por su lado. Tom pasó su brazo por encima de los hombros de Laia, para hacerla caminar y así llevarla a algún sitio para que conociera. Tom se veía cómodo, ya que en Los Ángeles muy poca gente lo conocía con lo cual podía pasar desapercibido perfectamente.

—¿Adónde vamos a ir? —preguntó Laia intrigada a Tom.

—Te voy a enseñar la playa —respondió Tom a la chica, mientras la abrazaba.

Después siguieron caminando entre la gente, pero ahora agarrados de las manos. Tom había entrelazado sus dedos con los dedos de la mano de la chica, la miró sonriente para luego acercarse para besarle los labios dulcemente. Después continuaron caminando entre la gente, siendo completamente desapercibidos por esta. Las olas del mar se escuchaban romper contra la orilla del mar, mientras que la brisa del mar poco a poco fue llegando a los rostros de Tom y Laia. Se detuvieron en un mirador, y se pusieron a contemplar el lejano horizonte azul.

—¡Qué bonito es esto! —susurró Laia mientras sentía como los brazos de Tom la arropaban.

—Sabía que te iba a gustar. A estas alturas del año, venir a la playa es muy tranquilo apenas hay gente y se puede pasear por la orilla tranquilamente —explicó Tom.

—¿Podemos bajar a la playa? —preguntó Laia— Es que quiero pasear por la orilla del mar, y así probar un poco el agua.

—Está bien… —dijo Tom agarrando otra vez la mano de la chica, para dirigirse a la playa.

Caminaron por el paseo, hasta que llegaron a una pequeña rampla que servía de acceso a la playa. Laia se agachó para desatarse, las bambas que tenía puestas, y así caminar por la playa descalza. Después arremangó sus pantalones hasta las rodillas para así no mojárselos cuando estuviera por la orilla. La temperatura era agradable, así que se estaba muy a gusto en la playa incluso había algún que otro bañista dentro del agua dándose un chapuzón. Siguieron caminando, hasta que Laia notó el contacto de la arena con sus pies, sentir como pequeñas arenillas se metían entre sus dedos fue agradable, ya que a la chica le encantaba la playa, sobre todo por la tranquilidad que le proporcionaba escuchar las olas del mar, en su música incesante.

Una vez que estuvieron cerca de la orilla, comenzaron a caminar. Laia notaba como las olas iban y venían mojando sus pies. El contraste del agua fría, hizo que Laia diera un pequeño gritito pero después se fue acostumbrando haciendo que sus pies se relajaran por el masaje que les proporcionaban las olas en su ir y en su venir. Tom caminaba al lado de la chica, agarrando la mano de esta. Se pararon y besó de nuevo los labios de ella, y siguieron caminando. Después de unos veinte minutos de caminata, se fueron a sentar en la arena, mientras contemplaban de nuevo el mar.

—Tom, ¿Cómo es la playa por la noche? —preguntó la chica imaginándose que millones de estrellas cubrían el manto negro del cielo, en la que millones de enamorados escribían su historia.

—Bien, aunque por la noche se suelen hacer pequeñas fiestas —explicó Tom a Laia— ¿Por qué lo preguntas?.

—Es que me gustaría venir un día por la noche contigo —sonrió la chica con cierto rubor en las mejillas— Y así poder pasar la noche juntos…

—Eso me recuerda, a que me debes algo hoy por la noche —dijo Tom mirando la chica mientras movía una de sus cejas, y se mordía el labio inferior en la parte donde tenía el piercing.

—Bueno, ya veré si tengo ganas cuando lleguemos por la noche a casa —sonrió Laia jugando un poco con Tom.

—Me lo prometiste ayer… —dijo Tom poniendo una mueca de niño pequeño.

—Yo no te prometí nada, más bien me dijiste que me violarías tú durante toda la noche —recordó Laia a Tom— Yo nunca dije eso.

—¡Qué cara tienes! —se rió Tom— Pero te aseguro de que no escaparas de mi garras.

—Oh que mi miedo —dijo Laia en plan de broma.

Continuaron mirando el mar, pero al poco rato Tom se empezó a aburrir un poco de esa situación, y decidió tomar cartas en el asunto para no aburrirse, así que comenzó a besar el cuello de la chica, mientras que Laia comenzaba a suspirar al sentir los labios del chico sobre su cuello.

—Tom… —suspiró la chica, pero ahora sintió como su cuerpo se tumbaba sobre la arena, quedando Tom encima de ella.

Tom puso sus piernas a cada lado de las caderas de la chica, y con sus manos agarró la cara de la chica, para luego besarla. Lentamente fue enredando sus largos y finos dedos entre los cabellos largos de la joven, mientras que besaba con urgencia a Laia. Poco a poco fueron abriendo sus bocas haciendo que la necesidad fuera más urgente, juguetonamente Tom fue acariciando las piernas de las chicas, sintiendo como la tela del pantalón lo separaban de la piel de la chica, pero aun así sentía como Laia suspiraba cada vez que le acariciaba las piernas, haciendo que poco a poco sintiera una necesidad tremenda de hacerle el amor, en ese mismo momento en la playa. Tom fue subiendo sus manos lentamente hasta que las metió por debajo de la camiseta de la chica llegando hasta sus pechos. Laia abrió los ojos de golpe, no se esperaba esa acción de Tom, y justo en un lugar público, donde podían verlos la gente.

—¡Tom! Guarro… —se quejó Laia al sentir como las manos grandes de Tom estaban completamente encima de sus pechos.

—Shhhiiiffffff —hizo callar Tom a Laia— No hagas ruido, no ves que pueden darse cuenta de lo que estoy haciendo.

—Tom… no me siento cómoda —volvió a decir Laia, sintiéndose un poco acosada por alguna vista misteriosa de los transeúntes que caminaban por el paseo de aquella playa.

—Solo será un momento —dijo Tom intentando convencerla.

—Tom… —volvió a susurrar Laia mientras notaba como el chico subía el sostén de ella, dejando un poco libre los pechos de esta, para luego empezarlos a masajear con sus manos mientras que jugaba con los pezones de ella, y la besaba en los labios— ¡Para ya!.

—Está bien —se separó Tom de Laia, mientras que la chica con disimulo se ponía el sujetador bien.

—Eres un loco —dijo Laia mirando recriminatoriamente a Tom.

—Si estoy loco, pero estoy loco por ti —respondió Tom apoyando sus labios en el cuello de la chica, para besarlo de nuevo— Tú eres la única culpable que haga este tipo de locuras.

Por otra parte, Bill y Kayla se habían ido caminando por las calles de Los Ángeles, hasta que acabaron en un Starbucks, donde entraron para tomar algo. En el establecimiento ese, pasaron por lo menos una hora hablando de sus cosas, y tranquilamente sin sentirse observados por Tom, Laia y Dan. Eran solamente ellos. Después cuando acabaron de tomarse lo que habían pedido, Bill se levantó a pagar la consumición y se fueron del establecimiento dando otro gran paseo por las calles de Los Ángeles, otra vez, hasta que llegaron a la zona donde estaban las playas en Los Ángeles. Kayla y Bill se acercaron al gran paseo para observar las pinturas que estaban expuestas para comprar, por hippies que se dedicaban a la venta ambulante de los cuadros que ellos mismo pintaban. Después se acercaron a la zona del mirador, donde pudieron observar que la playa estaba tranquila y un poco desierta, ya que había muy pocos bañistas en el agua a esas horas de la mañana. Después decidieron ir a comer a un bar que estaba cercano a la playa, Bill se pidió una ensalada y Kayla también.

—¿Qué te parece la comida? —preguntó Bill.

—Deliciosa. Creo que la comida sabe diferente en otros países —contestó sonriendo Kayla.

—Yo siempre opinaré que como la de mi madre ninguna —apuntó Bill.

—Pues yo opino diferente, para mí la mejor comida es la de mi abuela. Si la probarás te quedarías a vivir con ella —aseguró muy convencida a lo que Bill rió.

—Quizás tenga el gusto de probarla en navidades —respondió Bill.

—¿Navidades? ¿Tenéis pensado venir en navidades a Barcelona? —preguntó Kayla intrigada.

—Primero iríamos a casa de mi madre en Alemania para pasar la navidad, con mi familia, mis tíos y mis primos —explicó Bill— Pero después el fin de año podríamos ir a Barcelona a pasarlo con vosotras, aunque por el momento no te aseguro nada.

—Sería un bonito regalo de navidad, que vinierais a pasar el fin de año con nosotras —sonrió emocionada Kayla— Te quiero…

—Yo también te quiero… —susurró Bill mientras juntaba sus labios con los de la chica.

—¿Y porque no será seguro que vengáis en navidades a Barcelona? —volvió a preguntar insistiendo Kayla.

—Porque tengo que hablarlo primero con Tom, y también con mi familia por si no les parece bien que pasemos el fin de año fuera de casa, es que estamos todos muy unidos —explicó Bill a Kayla— Pero no te preocupes, que antes de irnos a España intentaríamos confirmároslo.

Kayla y Bill pasaron un poco más de tiempo, paseando por la playa, hasta que llegó la hora en la que habían quedado con Laia y Tom. Se dirigieron hacia donde Tom había aparcado el coche, y estuvieron esperando durante unos diez minutos, a que llegaran Laia y Tom que se habían atrasado.

—¿Qué habéis estado haciendo para llegar tan tarde? —preguntó Bill con cara de pillo a su hermano y novia de este.

—Nada que no fuera de otro mundo. Le he estado enseñando los sitios cercanos de por aquí —contestó Tom— Y luego fuimos a pasear a la playa. ¿Y vosotros que hicisteis?.

—Estuvimos caminado por las calles de Los Ángeles, para luego estar en el Starbucks, después comimos por un bar cercano a la playa —respondió Bill a su hermano.

—Nosotros no hemos comido —sonrió Tom.

—Se nos ha pasado el tiempo volando —respondió Laia mientras se abrazaba al chico.

—Bueno, si en casa nos entra el hambre la nevera está llena —se volvió a reír Tom.

Tom se dirigió hacia su Cadillac Escalade, para luego abrir la puerta de este. Bill se sentó en el asiento del copiloto mientras que él lo hacia en el asiento del conductor. Kayla y Laia se sentaron en los asientos de atrás, que había en la camioneta. Después de que todos se pusieran el cinturón de seguridad, Tom arrancó el coche para luego conducirlo a través de las calles de Los Ángeles, rumbo a su apartamento para pasar el resto de la tarde, y luego prepararse para ir a cenar fuera, y quizás ir a una bolera.

Después de unos veinte minutos de trayecto, por fin llegaron a la calle donde tenían situado los gemelos su apartamento. Tom abrió el garaje con el mando a distancia que tenía, y metió el coche lentamente dentro de este. Después cada uno se desabrochó el cinturón de seguridad, y salieron del coche para luego dirigirse al interior del apartamento. Se sentaron en el sofá que había en el salón, para luego encender un poco la televisión, y así poder enterarse de lo que ocurría en el mundo, a su alrededor.

Llevaban cerca de dos horas viendo la televisión, más bien programas de cotilleo, en donde solían hablar de famosos pero por suerte ellos nunca salían. Laia estaba sentada al lado de Tom, apoyada con su cabeza en el hombre, mientras que Kayla lo estaba sobre el pecho de Bill mientras miraban concentrados la televisión. El ruido incesante de un móvil, hizo que dejarán de ver la televisión por unos instantes. Kayla reconoció la melodía del móvil como el de su propio teléfono, así que se levantó para cogerlo ya que lo había dejado sobre la mesa que había en el salón.

Inicio conversación Telefónica

—Dime Dan —dijo la chica al ver quién era el que la estaba llamando.

—¿Cuándo tenéis pensado venirme a buscar? —preguntó el chico un poco molesto— Llevó cerca de dos horas dando vueltas.

—Perdona, pero quedamos en que tú me llamarías a mí para irte a buscar —le recriminó Kayla al chico— Así que no te vengas a quejar de que llevas dos horas dando vueltas, porque pudiste haber llamado antes.

—Bueno, da igual —dijo Dan sin darle importancia a lo que le había dicho Kayla— No quiero ahora ponerme a discutir contigo. ¿Vais a tardar mucho en venir?.

—No lo sé Dan, primero me tendrás en donde coño te encuentras —dijo Kayla molesta levantando un poco la voz— Porque no vamos a descubrir por ciencia infusa donde estás. La ciudad de Los Ángeles es muy grande.

—No lo sé —respondió Dan.

—Quieres mirar el nombre de la calle, o pregúntale a alguien el nombre de la calle pero acaba de una vez —dijo Kayla autoritariamente.

—Me encuentro en Sunset Boulevard —dijo el chico una vez que vio en donde se encontraba.

—Ok —respondió Kayla— Se lo diré a los chicos.

—Está bien —respondió Dan un poco seco— Estaré paseando un poco mientras no llegáis.

—Hasta luego —dijo Kayla colgando el móvil.

Fin conversación Telefónica

Kayla colgó el móvil, y se lo metió esta vez en el bolsillo de su pantalón. Y se acercó a los chicos que la miraban para ver si les decía donde se encontraba Dan, aunque no les caía demasiado bien, tenían que hacerse los hospitalarios con él. Apenas llevaban unas horas conviviendo en mismo techo, y tenían ganas de arrancarle el pelo y la piel a tiras, de lo gilipollas que era.

—¿Dónde se encuentra Dan? —preguntó Tom mientras se levantaba del sofá.

—Me dijo que se encontraba en Sunset Boulevard —respondió Kayla a Tom.

—Bien, en unos minutos llegaremos —contestó Tom— Bill coge las llaves que vamos a buscar a Dan.

—¿Y nosotras? ¿No vamos? —preguntó Laia a los chicos.

—No, podéis quedaros arreglándoos para poneros guapas para salir a cenar por la noche —respondió Tom guiñando el ojo a las chicas— Es que como soléis tardar bastante, así os da tiempo.

—Está bien —respondió Laia, sentándose de nuevo en el sillón junto con Kayla.

—No tardaremos mucho —dijo Bill a las chicas.

Continúa…

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por Heiligtkt483

Escritora del Fandom

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