
Fic hetero de Heiligtkt483
Capítulo 70
LOS ÁNGELES (EE.UU.)
Mientras tanto en la casa de Kaulitz, Tom se encontraba un poco descolocado porque no sabía, a que venía la discusión que habían tenido Kayla y Dan. Solo se llegó a enterar de algo, porque Laia le iba diciendo a su hermano y a él lo que Kayla y Dan decían, ya que habían estado discutiendo en español, el idioma natal de las chicas.
—No entiendo a que ha venido todo este lio —dijo de una vez por todas Tom confundido— Me queréis explicar, porque tú y Dan os habéis puesto como unos energúmenos.
—Es que Dan nos interrumpió en un momento muy intimo —explicó Bill a su hermano.
—¿Qué demonios estabais haciendo? —preguntó Tom intrigado.
—¿Tú qué crees? —preguntó Kayla mirando a su cuñado fijamente.
—Estabais teniendo… —respondió Tom para luego reírse— Os pilló con las manos en la masa, mejor no se puede haber dicho.
—No te rías Tom —advirtió Bill a su hermano mayor— La cuestión es que Dan siempre aparece para romper cada momento romántico que tenemos a solas, y por eso Kayla se puso a gritarle.
—Bueno menos mal que no le vamos a ver la cara durante unos días —contestó Tom sin preocuparse.
—Bueno… yo no me quedaría tranquilo, por las amenazas que hizo —dijo Bill un poco temeroso— Sabe dios que hará.
—No hará nada porque, como haga algo se acordará del día en que nació —dijo Tom muy convincente.
—Yo creo que deberías de hablar con tus padres Kayla —dijo Laia metiéndose en la conversación— Tienes que decirles que te peleaste con Dan, y decirles que todos es mentira si hablan con él, y les dice cosas, que solo lo dice porque está molesto.
—Sí, tienes razón tengo que prevenirlos para que después no me caiga la bronca monumental —reconoció Kayla— Voy a llamarlos ahora.
Kayla se levantó del sillón, y se dirigió hacia la habitación para ir a buscar su móvil, ya que lo tenía encima de la mesilla de noche de la habitación de Bill. Cuando lo cogió, se volvió otra vez al salón donde estaban los chicos, y marcó el número de teléfono de la casa de sus padres, a esas horas serían las nueve de la noche así que los cogerían en casa y no los despertaría, para hablar con ellos. Espero a que el teléfono diera señal.
Inicio conversación telefónica
—¿Hola? —saludó con duda Kayla— ¿Papá?.
—Hola hija —saludó el padre de Kayla.
—Que voz más rara tienes, casi no te conocía —dijo Kayla riéndose.
—Es que estos días estoy un poco afónico —respondió su padre— Bueno, ¿Qué tal por Los Ángeles? ¿Estás siendo buena?.
—Sí… aunque me he peleado con Dan hoy —empezó a decir Kayla a su padre— Y bueno, por eso te llamaba, porque igual si hablas con él te contará cosas que no son verdad, porque se fue un poco resentido.
—¿Por qué os habéis peleado? ¿No será por ese noviecito que tienes? —preguntó el padre de Kayla.
—¡Papá! Bill es mi novio, y tienes que aceptarlo tal como es. No quiero discutir contigo también por él, como lo hice con Dan —dijo Kayla un poco resentida— Mira sinceramente, Dan en este viaje es un estorbo, no me deja intimidad con Bill incluso con Laia y Tom.
—Pues hace muy bien su trabajo, para eso lo mandamos ir con vosotras para que no hagáis nada de que os podáis arrepentir —dijo el padre de Kayla con severidad.
—Papá no somos unos niños y no vamos a estar todo el día jugando al monopoli —dijo Kayla encarándose con su padre— Nos gusta experimentar cosas, tener sexo…
—¡Kayla! —le advirtió su padre.
—Papá que te piensas que iba a llegar virgen al matrimonio, eso es un ideal que os habéis creído tú y mamá y la gente de vuestra generación —volvió a decir Kayla, mientras que Laia se quedaba mirando a su amiga con cara impresionada.
—Cuando vuelvas a España tendremos una conversación muy seria —dijo con enfado el padre de Kayla— ¿Quieres que te pase con tu madre?.
—No, no hace falta. Solo era para comentarte eso, nada más —dijo Kayla a su padre, no quería ponerse también a discutir con su madre— Ya os llamaré otro día. Adiós.
—Adiós. Te quiero… —se despidió el padre de Kayla, para luego la chica colgar el móvil.
Fin conversación telefónica
Kayla colocó su móvil sobre la mesa que había en el salón, mientras que los chicos la miraban intrigados por saber que había hablado con su padre, ya que había utilizado el idioma natal de la chica, y los gemelos no entendían el español, pero Laia si lo había entendido todo a la perfección y eso le decía que la conversación había estado muy acalorada.
—Kayla no le has debido de decir eso a tu padre —le dijo en español Laia a su amiga.
—A ver tiene que entender que no soy una niña, y que ya hace tiempo que perdí la virginidad —se explicó Kayla a Laia.
—Lo sé… pero… —dijo Laia un poco dudosa— No quiero imaginarme que me dirán mis padres, cuando llegué a España. Ellos no son tontos, y si tus padres le dicen que tu ya no eres virgen. Creo que ellos empezarán a dudar de mi virginidad.
—¡Por dios, Laia! Tienes dieciocho años —dijo Kayla mirando fijamente a su amiga— Algún día tendrías que florecer y dejar de ser una niña, y ya lo creo que has florecido muy bien de la mano de Tom —se rió Kayla mirando a Tom, mientras que este lo miraba confuso al escuchar su nombre.
—¡Kayla! —dijo Laia ruborizándose.
—Ahora hay que disfrutar y tener mucho sexo, mientras que Dan no vuelva a tocar las narices —volvió a decir Kayla pero esta vez mirando a Bill con cara provocativa.
—Eso ha sonado muy pervertido —dijo Laia ruborizándose.
—Disfruto y me encanta el sexo, no puedo dejar de pensar en él, sin que no sea una muestra de amor que siento por Bill —dijo Kayla mirando a su novio, que ahora la miraba atentamente intentando coger algo de la conversación que mantenían las dos amigas, ya que estaban hablando en español.
—¿De qué estáis hablando vosotras dos? —preguntó Tom intrigado.
—Laia quiere tener sexo contigo —dijo Kayla sin rodeos.
—¡Kayla! —se volvió a ruborizar Laia por las palabras de su amiga.
—Así que mi chica, quiere que le haga el amor —dijo Tom mordiéndose el labio inferior— Ya sabes que por mí no hay problema, podemos irnos ahora a mi habitación para disfrutar un poco.
—¡Tom! —dijo la chica ruborizándose más por completo.
—Que vergonzosa eres —abrazó Tom a Laia— Pero me gusta que seas así, haces que me ponga más cachondo.
—Eres un cerdo. Lo que dijo Kayla es mentira no estábamos hablando de eso —dijo Laia ruborizada— Sois unos mal pensados.
—Vale no te enfades —dijo Tom mirando a Laia.
—Bueno, y si nos vamos a desayunar por ahí —sugirió Bill viendo que se iban a poner a discutir— Es que no sé vosotros pero yo tengo hambre.
—Está bien, yo también empiezo a tener un poco de hambre —dijo Kayla a los demás.
—Vale, pues será mejor que nos vayamos a vestir —dijo Bill a Kayla, ya que ambos estaban en pijama.
Bill y Kayla se fueron a la habitación del chico, para ponerse una ropa decente, con la que salir a desayunar por ahí, junto con Laia y Tom. Kayla buscó en su maleta, y cogió unos pantalones vaqueros, una camisa básica de color negro, y una chaqueta de lana. Bill se puso unos pantalones vaqueros, con una camiseta y por encima una cazadora de cuero, y para rematar se puso unas botas. Cuando acabaron de vestirse, salieron de la habitación y se dirigieron otra vez hacia el salón para irse a desayunar por ahí, todos juntos.
—¡Qué rápido habéis acabado! —dijo Tom al verlos aparecer por el salón.
—No tenía mucho aliciente Tom, solo era ponernos las ropa —dijo Bill con obviedad.
—Hombre, igual aprovechabais para daros un poco de placer —dijo Tom riéndose.
—No tienes remedio, siempre pensando en lo mismo —dijo Bill poniendo los ojos en blanco— La verdad es que compadezco a Laia.
—Laia tendrá que estar muy contenta por tenerme a mí de novio, porque nadie la sabrá tocar como yo lo sé —dijo Tom con autosuficiencia.
—Eres un creído —dijo Laia al escuchar a Tom decir eso.
Tom cogió las llaves de su camioneta Cadillac Escalade, y salieron todos del apartamento de los gemelos. Se fueron hacia el garaje, donde minutos después entraron en el interior, para luego subir al coche. Cuando todos estuvieron dentro del coche, con el cinturón de seguridad puesto, Tom arrancó el coche rumbó hacia el lugar donde iban a desayunar. Cuando llegaron al sitio elegido, Tom aparcó el coche en un hueco que había al lado del establecimiento, para luego salir los cuatro de dentro del automóvil y dirigirse al interior de la cafetería. Una vez dentro, se dirigieron hacia las mesas del fondo para ocupar unos asientos, poco después un camarero se acercó a ellos para preguntarles que deseaban tomar, minutos después se fue para dar la orden en la barra. Al cabo de unos minutos, el mismo camarero regreso con la bandeja llena de cuatro tazas, con café con leche, y cuatro platillos con bollería variada y cuatro vasos de zumo natural de naranja. Poco a poco lo fue poniendo sobre la mesa, para luego, cuando acabó, irse de nuevo a detrás de la barra para atender nuevos clientes.
—¡Qué bien huele! —dijo Laia mientras daba un trago a su café— Ya lo necesitaba.
—Te vas a volver adicta al café —dijo Tom con gracia.
—No, que va… Yo ya tengo una adicción más grave, que fijo que no podré salir —dijo Laia pícaramente, mordiéndose el labio inferior.
—¡Uy, Tom! Ya sé a que adicción se refiere Laia —se río Kayla al escuchar su amiga.
—Mi pequeña se está volviendo una pervertida —sonrió Tom orgulloso de Laia— Creo que estoy haciendo un buen trabajo con ella.
—¡Tonto! —exclamó Laia ruborizándose.
—Me encanta cuando te ruborizas —dijo Tom acercándose a la chica, para luego depositar un beso en el cuello de esta.
—¡Para! Me estás haciendo cosquillas —se rió Laia mientras sentía los labios de Tom sobre su cuello.
—Y a mi me encanta tenerte así —susurró Tom al oído de la chica, para luego girarle la cara y besarle los labios con efusividad.
—Es demasiado pronto para ver porno —bromeó Bill tirándole a Tom un cachito pequeño de su croissant a la cabeza.
—¡Cállate estúpido! —se rió Tom mientras le devolvía otro cachito de su croissant.
—Por favor, estamos en un lugar público —dijo Laia tratando de que la pequeña pelea no llegará a más— A veces, os comportáis como niños pequeños.
—¿De verdad? —preguntó Tom riéndose mirando a Laia.
—Ufffss… No tienes remedio —suspiró Laia mientras se cubría su cara con la mano.
Después de hablar entre risas y bromas. Los cuatro acabaron sus desayunos, y Bill se levantó a pagar la cuenta en la barra de la cafetería. Al poco rato, volvió hacia la mesa para informar a los demás que ya podían irse, que ya había pagado. Las chicas se levantaron de sus sillas, y se pusieron sus cazadoras al igual que Tom y Bill, y después salieron del establecimiento para dirigirse hacia el coche de Tom. Una vez dentro, se pusieron los cinturones de seguridad, y Tom arrancó el coche, para luego comenzar a conducir por las calles de Los Ángeles.
—¿Y bueno ahora donde queréis ir? —preguntó Tom, ya que debía tomar una dirección u otra dependiendo del sitio que eligieran las chicas.
—No sé, que tal si vamos a ver por ahí, y de paso vamos de compras —sugirió Kayla mirando a Laia.
—Oh genial —dijo emocionado Bill— Me encanta ir de compras, os puedo mostrar algunas tiendas donde venden ropa muy barata y bastante moderna.
—Será muy divertido —dijo Laia emocionada e impaciente.
—Sí, divertidísimo —contestó Tom no muy contento por ir de compras, ya que el odiaba ir a comprar, sobre todo pasarse horas y horas eligiendo que comprar. Él era un hombre bastante práctico, y le gustaba ir a comprar sin rodeos.
Tom tomó la dirección hacía la avenida donde se encontraban las grandes tiendas de ropa, donde su hermano Bill solía frecuentar muchas veces para comprar su ropa, y algunas veces raras, Tom también iba para comprar la suya, pero claramente no se paraba tanto tiempo como su hermano Bill en buscar complementos y demás, simplemente Tom es Tom, y nadie iba a cambiar su forma de pensar y de vestir. Después de más quince minutos conduciendo, por fin llegaron a una avenida muy concluida por la gente. Tom se dispuso a meter su coche dentro de un parking que había en esa misma calle, no quería arriesgarse a que su preciado Cadillac Escalade fuera rayado por alguna persona que pasara por ahí. Una vez que estuvo dentro del parking, el trabajador que llevaba el registro de automóviles que entraban en el parking que le dio un ticket que más tarde cuando se fuera tendría que entregar, para así poder pagar el tiempo que llevarán en el parking. Tom aparcó con mucha maña su camioneta, en una plaza bastante amplía, para luego bajarse todos del coche, y caminar hacia la salida del parking. Tom rodeó los hombros de Laia con su brazo, atrayéndola más hacia a él, mientras que Bill iba agarrado de la mano de Kayla, a medida que iban hablando y caminando.
—Bueno chicas, ¿Por dónde queréis empezar a vaciar tiendas? —preguntó Bill de broma, ya que sabía que las chicas solían comprar siempre algo más de la cuenta.
—No sé… que sitio nos recomiendas tú, ya que eres un experto en moda y como vives aquí desde hace bastante tiempo debes de saber que tiendas están bien —dijo Kayla mirando a su novio.
—Bueno, está bien os llevaré a una tienda que es bastante barata y que tiene cosas muy monas y bonitas —dijo Bill a las chicas.
—¡Genial! —dijo Laia emocionada.
—Bueno… —dijo Tom un poco indeciso una vez que salieron del parking— Yo si eso os espero por aquí
—¿No vas a venir con nosotros? —preguntó Laia mirando a los ojos a su novio.
—Es que Tom no es muy amigo de las compras —aclaró Bill, riéndose— Creo que le tiene alergia a las tiendas de ropa.
—¡Vaya! —dijo apenada Laia— A mi me gustaría que vinieras conmigo, así podrías ayudarme a elegir alguna ropa que compré.
—Lo sé… pero es que no tengo paciencia en cuanto a compras de ese tipo —dijo Tom mirando a Laia— Yo me quedare por aquí, echando un vistazo a los escaparates de las tiendas.
—¿Enserio que no quieres venir? —volvió a preguntar Laia con tristeza.
—Laia no me voy a mover de aquí —dijo Tom a la chica abrazándola, se río mientas se rascaba graciosamente la cabeza— Además mi hermano en cuestión de ropa es mejor consejero que yo.
—Está bien —se rindió Laia— Prométeme que no vas hacer alguna tontería de la que después te puedas arrepentir.
—Laia… —susurró Tom dándose cuenta de la chica estaba celosa por quedarse el afuera— No voy a hacer nada, te lo prometo.
—Más te vale, Tom Kaulitz —dijo fijamente Laia mirando a su novio— Sino me veré obligada a dejarte a pan y agua.
—Siempre dando en donde más duele, que poco concepto tienes de mí. No siempre pienso de esa forma —dijo un poco molesto Tom cansado de que siempre le atribuyeran, casi siempre pensamientos impropios hacia las mujeres.
—Es que casi siempre piensas así —dijo Laia mirándolo fijamente de nuevo— La verdad es que ahí no te pareces en nada a tu hermano.
—Laia… —le puso Tom, un dedo en los labios de la chica para que dejara de decir estupideces— No quiero convertir esto en una discusión, no digas más tonterías.
—Está bien… —susurró la chica— Nos vemos después.
—Vale —sonrió Tom para luego darle un pequeño beso en los labios.
Continúa…
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