It’s just a dream 75

Fic hetero de Heiligtkt483

Capítulo 75

LOS ÁNGELES (EE.UU.)

—¿Qué pasa Tom? —preguntó Bill al ver a su hermano con esa cara.

—¿Estás seguro de que no te has confundido con mi ropa, y trajiste otra ropa de alguna persona más gorda que yo? —preguntó Tom a su hermano confundido, ya que le había dado unos pantalones y una camiseta por lo menos tres tallas más grande de la que él podría usar, ya que se había visto que tenía el cuerpo bastante delgado, aunque muy musculado.

—Sí, es tu ropa Tom —se rió Bill al ver la cara de su hermano.

—Pero si me queda mucho más grande —dijo Tom a su hermano, haciendo que Laia se echará también a reír por la expresión de la cara.

—Es tu estilo de ropa, te gusta ropa muy holgada —explicó Bill a su hermano— Te gusta mucho el estilo hip hop por eso te vistes de ese estilo.

—Ah… —dijo Tom un poco sorprendido ya que no se acordaba de mucho.

Al poco rato, Kayla salió del baño completamente vestida. Luego, Tom entró en el baño con su ropa y apenas tardó unos minutos, pero el chico se miraba extraño con esas ropas tan anchas. Kayla cuando lo vio salir del baño, sonrió ya que Bill y Laia le habían explicado lo que le había pasado cuando le habían dado su ropa.

—Estás muy guapo, Tom —dijo Kayla haciendo que el chico la mirará— No te sientas extraño con esa ropa, es tu marca en tu estilo. Sin ropas anchas simplemente no serías Tom, Tom Kaulitz.

—Te sienta muy bien, Tomi —dijo Laia dulcemente a su chico.

—Venga será mejor que nos marchemos ya —dijo Bill a los chicos, que se habían quedado parados.

Los cuatro salieron de la habitación, para luego caminar por el pasillo de la planta, hasta llegar a los ascensores. Una vez allí, Bill apretó el botón de llamado del ascensor. Estuvieron esperando unos minutos hasta que por fin la puerta del ascensor se abrió ante ellos, y entrando en el posteriormente. El ascensor estaba vacío solo estaban ellos cuatro, Bill marcó el número cero para indicar que quería ir a la planta baja. En apenas cinco minutos, se encontraban saliendo del ascensor, para luego dirigirse hacia la salida del hospital. Una vez afuera, se dirigieron al aparcamiento del hospital, donde Bill tenía aparcado su Audi blanco monovolumen, en el cual cabían perfectamente cuatro personas. Bill abrió el coche con el mando a distancia, y Tom entró en el coche sentándose en el asiento del copiloto, las chicas se sentaron atrás. Todos se pusieron los cinturones de seguridad, y Bill arrancó el coche para marcharse al apartamento donde ambos gemelos vivían. Cuando llegaron a la calle donde los gemelos tenían su apartamento, Bill metió el coche en el garaje para luego acceder al interior del apartamento a través de una puerta interior, que daba al domicilio.

—¿Qué os apetece comer aquí en el apartamento o ir a algún sitio? —preguntó Bill.

—Yo estoy un poco cansada —dijo Kayla que le dolía aún la cabeza un poco ya que había tenido un buen golpe en esta— Prefiero comer aquí, y después recostarme un poco.

—A mi me da igual —dijo Laia.

—Yo quiero descansar —dijo Tom— Me siento un poco aturdido y desorientado.

—Vale entonces encargaremos unas pizzas para comer aquí —dijo Bill mientras cogía su móvil para llamar a la pizzería donde solía encargar las pizzas muchas veces.

Mientras que esperaban a que viniera el repartidor de pizzas, se sentaron en el sofá del salón a ver un poco la tele mientras pasaban el rato. Tom se veía un poco perdido y observaba cada rincón de la casa como si fuera nueva. Laia lo miraba con tristeza, porque ahora no sabía como tratar a Tom si como un amigo o como su novio ya que no recordaba nada. Kayla descansaba sobre el sofá reposando la cabeza sobre este, ya que le dolía un poco. Bill miraba tranquilamente la televisión, pensando en cuánto tardaría el repartidor en traer las pizzas ya que tenía verdaderamente hambre.

A la media hora el timbre del apartamento sonó, y Bill se levantó del sofá para ir abrir la puerta, era el repartidor. Bill cogió las cajas de las pizzas, y luego pagó al repartidor, y esperó a que le diera la vuelta. Después cerró la puerta y puso las cajas de las pizzas sobre la mesa del salón. Kayla y Laia se levantaron para ayudarlo, Laia fue a la cocina a coger platos y servilletas mientras que Kayla iba a coger los vasos y las bebidas. Bill fue abriendo las cajas, para que después cada uno cogiera las porciones de pizza que querían.

—Tiene una pinta estupenda —dijo Laia mientras se sentaba en la mesa.

—Sí —dijo Bill mientras se servía un trozo de pizza.

Tom se sentó al lado de su hermano, y cogió un cacho de pizza y comenzó a comerla. Durante la comida estuvieron bastante silenciosos ya que Tom no se acordaba de nada, y tampoco sabía que preguntar. Cuando acabaron de comer todo, entre Bill, Laia y Kayla estuvieron recogiendo las cosas mientras que Tom se dedicaba a mirar unas fotos que había en uno de los muebles.

—Es papá y mamá —dijo Bill al entrar en el salón mirando a su hermano como miraba intrigantemente la foto.

—¿Ellos viven aquí? —preguntó Tom a su hermano.

—No, ellos viven en Alemania aunque algunas veces vienen a visitarnos —explicó Bill.

—Ah… —dijo Tom con un poco de tristeza. Odiaba estar amnésico.

—Tom no te tortures por no recordar nada, pronto recuperarás la memoria —animó Bill a su hermano.

—Eso espero —dijo con esperanza Tom— Es odioso tener lagunas y no saber nada de tu vida.

—Recordarás ya lo verás —dijo Bill a su hermano— Si quieres por la noche podemos hablar y contarte cosas del pasado, para ver si así consigues recordar algo.

—Gracias —susurró Tom abrazando a su hermano— Eres un gran apoyo para mi.

—Soy tu hermano, y los hermanos están para ayudarse —dijo Bill mientras le palmeaba la espalda con cuidado.

—¿Dónde está mi habitación? —preguntó Tom a su hermano— Estoy un poco cansado y me gustaría descansar un poco.

—Ven conmigo que te la enseño —dijo Bill saliendo del salón para caminar por el pasillo y dirigirse hacia la habitación seguido por Tom.

Cuando llegaron a la habitación, Bill abrió la puerta para luego dejar paso a su hermano, que vio que era una habitación bastante amplía con una gran cama de matrimonio, y con un baño bastante amplio. Observó que también había unas maletas, y ropa de mujer sobre una silla. Tom la miró un poco confundido.

—Es ropa de Laia —explicó Bill a su hermano— Ella duerme contigo, pero si quieres puedo dormir contigo y que ella se pase a dormir con Kayla.

—No hace falta —respondió Tom a su hermano, aunque no recordará nada de su relación con Laia no quería ser brusco con ella y apartándola de su lado. La chica a simple vista, le parecía una chica muy guapa y de buenos sentimientos y muy paciente— Ella puede dormir conmigo, quizás así con ella durmiendo a mi lado pueda recordar algo.

—Sí —sonrió Bill— Quizás ella también te ayude a recordar. Bueno, te dejo que descanses.

—Gracias… —susurró Tom sentándose sobre la cama, y ver como su hermano abandonaba la habitación dejándolo completamente solo para que descansará.

Unas voces demasiadas altas como si se tratará de una discusión, hicieron que Tom se despertará repentinamente del sueño que estaba teniendo. Se levantó de la cama un poco desorientado, y abrió la puerta se asomó a ella y escuchó una voz de chico que no tenía nada que ver con la voz de su hermano, y también se escuchaba a Kayla discutiendo con ese chico que gritaba tanto. Caminó por el pasillo, y llegó hasta el salón para luego entrar posteriormente y allí se encontró a Laia, Bill y Kayla discutiendo con un chico. No entendía nada, y porque estaban discutiendo. El chico en cuanto lo vio, lo miró con cara de odio, que Tom ni siquiera sabía porque.

—¡Vaya el que faltaba en esta discusión! —exclamó el chico al ver a Tom.

—¿Y tú quién eres? —preguntó Tom al chico misterioso.

—El golpe ha sido fuerte para que no te acuerdes de mi —dijo Dan a Tom— Pues que sepas que por tu culpa Kayla y Laia se van a tener que quedar dos semanas más en Los Ángeles.

—Dan… —le recriminó Kayla.

—Si él no hubiera chocado el coche, ahora podríamos regresar tranquilamente a España —dijo Dan con rabia a Kayla— Voy a informar a vuestros padres de estos, no pueden permitir que estéis más tiempo con estos dos que solo os pervierten.

—Gracias por preocuparte por nosotras, pero estamos muy a gusto —dijo Laia metiéndose en la conversación— Hablaremos nosotras con nuestros padres, no hace falta que te comportes como un hermano mayor porque tú no eres nada de eso, solo eres amigo nuestro, aunque realmente de la forma que te estás comportando no te deberíamos de considerar como tal. Eres un envidioso, no quieres que nosotras seamos felices, y me alegro mucho que te tengas que volver a España para no verte la cara.

—Laia… —dijo Kayla intentando de que Laia no dijera más cosas de las que después se tuviera que arrepentir.

—Ni Laia ni hostias —contestó Laia— Estoy harta de que siempre venga a fastidiarnos, y que siempre se meta con Tom y Bill, si no está a gusto pues que se vaya a España otra vez. Nosotras no lo necesitamos, estamos muy bien sin él, y sabemos perfectamente cuidarnos.

—Ya se ve… —dijo Dan en plan irónico— Os dejo solas y tenéis un accidente, por culpa de ese de ahí.

—Se llama Tom, para tu información —dijo Laia con mala hostia— Y es un buen conductor, no ha sido nada grave.

—Nada grave, menos mal que Kayla solo ha tenido un golpe en la cabeza pero que me dices de él se ha quedado sin memoria —volvió a decir Dan.

—Pero pronto la recuperará, estoy convencida de eso —dijo Laia al chico.

—Sí… ¿Y cómo vas hacer que la recuperé? —preguntó Dan a la chica— Te lo vas a follar por la noches, para recuperé la memoria.

—Eres un… —dijo Laia con cólera.

—Al fin y al cabo todas las mujeres os comportáis como unas perras, os gusta que os la metan hasta el fondo —dijo Dan sin ningún pudor.

—Hijo de puta… —dijo Laia pegándole una bofetada en toda la cara—Yo soy una chica decente… —dijo Laia con lágrimas en los ojos.

—Será mejor que te vayas —dijo esta vez Tom al chico— Ya has causado bastante revuelo aquí.

—Veo que aunque no tengas memoria sigues siendo igual de antipático que antes —dijo Dan dirigiéndose hacia la puerta.

—Solo soy así con las personas que se meten con mis seres queridos —dijo Tom abriendo la puerta del apartamento para acabar de echar a Dan— No te quiero volver a ver por aquí.

—Tranquilo procuraré no volver a verte la cara de imbécil que tienes —dijo Dan insultándolo para luego irse. Tom cerró la puerta con un portazo.

Laia se encontraba con lágrimas en los ojos. Ella se consideraba una chica respetable pero le dolía que la consideraran como una cualquiera. Durante sus años de adolescencia se había cuidado de proteger lo más preciado que tenía, para entregárselo a la persona adecuada y que la quisiera, y apareció Tom su amor platónico desde que era una niña de apenas once años. Con él decidió perder su más preciado tesoro y de eso no se arrepentía para nada.

—¿Estás bien…? —se acercó Tom a la chica, para luego abrazarla, aunque Tom no recordaba nada de su relación con ella le inspiraba ternura, amor…

—Me he quedado muy a gusto con lo que le dije a Dan —dijo Laia sonriendo— Llevaba reprimiéndolo desde hace unos días, y sino le decía lo que pensaba iba a reventar.

—Eres una chica con carácter, me gusta —sonrió Tom mirando a la chica a los ojos.

—Raras veces me muestro así —dijo Laia sonrojada— Pero Dan acabó con mi paciencia.

—Te entiendo perfectamente —dijo Tom en un susurró.

Después de que Dan se fue del apartamento de los gemelos, este se dirigió hacia la casa de Ria donde había estado pasando los demás días desde que le habían echado del apartamento. Llevo media hora después de estar caminando, y subió las escaleras que daban al piso donde Ria vivía. Abrió la puerta con el juego de llaves que le había dado Ria esos días para que pudiera salir total libertad, y entró en el interior de la casa, encontrándose a Ria sentada en el sofá que había en el salón.

—¿Qué tal tu día? —preguntó Ria a Dan, ya que no lo había visto en todo el día, porque Ria ahora trabajaba en un restaurante.

—Bien, he ido al apartamento de los gemelos Kaulitz —explicó Dan a la chica— Tenía que aclarar unas cosas con Kayla, y resulta que me enteró que se tienen que quedar unas semanas más porque tuvieron un accidente Kayla y Tom.

—¿Tom? —dijo Ria con preocupación— ¿Está bien? No le paso nada, ¿verdad?.

—Están bien, aunque Tom esta un poco desmemoriado —dijo mirando a los ojos a Ria— No recuerda nada de lo anterior al accidente, incluso no me reconoció a mí.

—Eso significa que puedo intentar que Tom vuelva conmigo, quizás si aprovecho a ir a su apartamento un día que no estén ni Bill, ni tus amigas pueda volver a conquistarlo —dijo Ria con esperanzas de poder conseguir de nuevo a su amor, más bien a quien le llenaba el bolsillo de dinero para poder vivir en lujosas comodidades.

—Lo vas a tener muy difícil —dijo Dan a la chica— Él sabe que Laia es su novia, no creo que sea capaz de meterse contigo.

—Tom tiene que volver a ser mío y me importa un pimiento tener que hacer sufrir a tu amiguita —dijo Ria sin ningún pudor y con maldad.

—No es mi amiga, con el tiempo la gente te demuestra quienes son tus mejores amigos y he salido muy decepcionado con ellas —dijo Dan mientras miraba a Ria con nostalgia— Hoy Laia me ha dicho lo que piensa de mí, así que a partir de ahora ya no es mi amiga y Kayla… Bueno lo tengo difícil con ella. Creo que me voy a dar ya por vencido. A finales de la semana me regresaré a España sin ellas.

—No puedes darte por vencido, tú amas a Kayla tienes que hacer que deje a Bill —volvió a insistir Ria a Dan.

—Es imposible. Bill está metido demasiado en su vida. Es como tapar el sol con un dedo —dijo Dan— Es mejor dejar las cosas como están pero con orgullo y con la cabeza bien alta.

—Bueno, tú mismo entonces yo lucharé por lo que es mío —dijo Ria con decisión, para luego quedarse en silencio en el piso de la chica.

Mientras tanto en el apartamento de los Kaulitz reinaba la tranquilidad completamente, ajenos a lo que pronto sucedería. Esa noche habían decidido quedarse en casa, ya que Tom y Kayla seguían convalecientes y no era plan de salir por ahí, así que Bill decidió hacer una cena sencilla tanto que cocinó un poco de pasta para luego hacerle una salsa que su madre le había enseñado. Realmente Bill y Tom no sabían cocinar, pero sabían hacer alguna que otra salsa que su madre les había enseñado para echarla a la pasta. Cuando la cena estuvo lista, todos se sentaron a la mesa para cenar. Durante la cena hubo silencio, no había nada que decir, ninguna palabra que mencionar. Después de cenar, entre las chicas y Bill recogieron la mesa, Tom seguía perdido en sus pensamientos quería recordar algo pero por más que le daba vueltas a la cabeza no conseguía ver ninguna claridad en la oscuridad que se había formado en su mente. Más tarde, cuando todos acabaron de recoger la mesa y ordenar la cocina, todos se fueron a la cama a dormir ya que había sido un día bastante agotador.

Continúa…

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por Heiligtkt483

Escritora del Fandom

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