Fic hetero de Heiligtkt483
Capítulo 76
LOS ÁNGELES (EE.UU.)
Tom se dirigió a paso lento hacia su habitación, donde por la tarde se había tumbado un poco para descansar. Una vez que entró en la habitación, se desnudó lentamente. Primero se quitó la camiseta dejando sus pectorales al aire y después se desabrochó el cinturón que sujetaba sus pantalones anchos, y se descalzó dejando las bambas por la habitación, para luego dirigirse hacia la cama de matrimonio donde dormía, luego se metió dentro de la cama tapándose con las sábanas. Poco después la puerta de la habitación fue abierta de nuevo, Laia entró en la habitación y miró a Tom con cara de pena. No quería presionarlo así que esa noche dormiría en el sofá que había en el salón, solo entró en la habitación para coger su pijama.
—Sólo venía a buscar mi pijama —susurró Laia un poco incomoda por la situación— No quiero que te sientas incomodo, así que dormiré en el sofá del salón.
—Laia no hace falta, enserio —dijo Tom un poco culpable porque Laia se quisiera ir a dormir al sofá— Puedes dormir conmigo, como lo hacías estos días antes de que tuviera el accidente.
—Tom… no quiero que te sientas incomodo conmigo dentro de la cama —dijo Laia al chico.
—No me voy a sentir incomodo —volvió a insistir Tom— Además así me puedes contar cosas de nuestra relación.
—No sé si será buena idea Tom —dijo Laia poniendo una mueca de poco convencimiento.
—¿Por qué no? —preguntó Tom mirando a Laia fijamente a los ojos— Así podría recuperar la memoria antes.
—Lo siento, Tom —susurró Laia— Pero creo que es mejor que durmamos separados, que tratemos de ser amigos.
—Los amigos no se besan, ni tienen sexo —dijo Tom a Laia— Nosotros somos novios, y no somos amigos.
—Tom… No te acuerdas de nada, será mejor que estemos separados —dijo Laia con tristeza— Mejor esperar a que recuperes la memoria. Hasta mañana, espero que descanses.
—Laia… eres una cabezona —se acercó Tom a la chica— ¿Por qué no duermes conmigo? No creo que pase nada, dormiremos sin tocarnos, si es que no quieres tener un acercamiento hacia mí.
—No es por mi Tom… es por ti. No quiero que te sientas incomodo con mi presencia —volvió a insistir Laia.
—Para nada… ¿Sabes? No sé porque pero tu compañía me da paz —dijo Tom agarrando un brazo de Laia atrayéndola hacia él— Por favor…
—Está bien. Voy a ponerme el pijama en el baño —se dio por vencida Laia, para luego dirigirse al baño y cerrar la puerta tras de sí.
Mientras que Laia estaba en el baño, se quedó pensativo. El tacto de la piel de Laia era suave, sin saber porque deseaba acariciar esa piel otra vez, aunque la chica le había pedido que mantuvieran las distancias. La puerta del baño hizo que volviera a la realidad, observó a Laia con su pijama ajustado marcando un poco sus curvas redondeadas, se quedó mirando unos instantes para la chica, la verdad es que, parecía una diosa y sin poder remediarlo una sonrisa tonta se le puso en los labios. Aunque no pudiera recordar nada, presentía que quería a Laia, como si una parte de su alma, de su corazón y de su memoria atrofiada no hubiera olvidado el amor que sentía por Laia.
—¿Te encuentras bien? —preguntó Laia preocupada.
—Sí —sonrió Tom de nuevo a Laia.
—Te quedaste muy pensativo —dijo Laia— Pensaba que igual algo por tu mente, que recordarás, había pasado.
—No, sigo teniendo una nebulosa en mi mente que no me deja ver la luz —explicó Tom— Pero supongo que poco a poco todo se irá dispersando, hasta que recuerde algo.
—Sí… —susurró Laia mientras se metía en la cama al lado de Tom— Será mejor que no te esfuerces demasiado. Los recuerdos vendrán por si solos poco a poco.
—Claro —dijo Tom en un tono esperanzador— Entre mi hermano, tú y Kayla quizás recuerde antes de que os volváis a España.
—Ya… —susurró Laia tristemente, ya que le hubiera gustado que en esas vacaciones haber aprovechado más el tiempo con su novio, y no con su novio sin memoria el cual no recordaba nada de la relación que había entre ambos.
—No te pongas triste, Laia —dijo Tom acercándose a la chica para luego abrazarla para reconfortarla — Ya verás como pronto volveremos a estar como antes.
—No quiero que te presiones —respondió Laia con tristeza— Quiero que sepas que yo te esperaré siempre, aunque tardes meses en recuperar la memoria. Siempre te querré.
—Laia… —susurró Tom abrazando más fuertemente a Laia.
—Será mejor que descanses, ha sido un día un poco difícil para ti —dijo Laia separándose de Tom para luego acomodarse mejor en la cama— Buenas noches.
—Buenas noches —respondió Tom poniéndose bien en la cama, para luego taparse ambos con la sábana y una fina manta.
Tom apagó la luz de la lámpara que había sobre su mesilla de noche, y después intentó quedarse dormido. Al poco rato escuchó como Laia respiraba profundamente, ya se había quedado completamente dormida, pero él no era capaz de conciliar el sueño. Dio un par de vueltas en la cama intentando buscar una posición más cómoda para poder quedarse dormido pero no lo logro. Cansado de dar vueltas en la cama, después de dos horas, decidió levantarse de la cama para pasar el rato viendo un poco la televisión o buscar otra forma con la que cansarse y así poder dormir más fácilmente. Se levantó de la cama, y se calzó con sus zapatillas, procurando no hacer ruido y así no despertar a Laia que se había quedado profundamente dormida. Con mucho sigilo se acercó a la puerta de la habitación, para luego salir al exterior de esta, cerró la puerta con cuidado y caminó tranquilamente por el largo pasillo en dirección al salón. Cuando llegó al salón, observó que había luz en la cocina así que se acercó hasta ella para mirar quien estaba en la cocina, quizás podría ayudarle a pasar el rato mientras no era capaz de dormir.
—¿No puedes dormir? —preguntó una voz familiar a Tom que se encontraba en la cocina.
—No, estoy muy confuso —susurró Tom a su hermano, que en ese momento se encontraba sirviéndose un poco de leche fría en un vaso.
—Has tenido un día muy intenso —dijo Bill cogiendo otro vaso y llenándolo de leche también para luego tendérselo a su hermano— Ten, te hará bien para quedarte dormido luego.
—Es que por más que intentó recordar algo no lo logro —dijo Tom con desesperación— Todos mis recuerdos se han borrado de una pasada, intentó recordar cosas de cuando tú y yo éramos pequeños pero no soy capaz, incluso de mi relación con Laia.
—Tom… tranquilízate, no te presiones —intentó calmar Bill a su hermano que lo miraba bastante desesperado— Todo vendrá cuando menos te lo esperes, no te esfuerces así no lograrás recordar nada.
—Lo sé… pero es muy frustrante —sonrió amargamente Tom.
—Tiempo al tiempo, Tom —sonrió compresiblemente Bill a su hermano— Poco a poco recordarás.
—Quizás me puedas ayudar, contándome alguna anécdota de cuando éramos pequeños —sugirió Tom a su hermano.
—Me encantaría, además hay muchas y muy graciosas —sonrió Bill recordando los momentos entrañables con su hermano cuando eran pequeños, como hacían a su madre desquiciar, a sus profesoras en la guardería cuando se cambiaban la camiseta que su madre les había bordado con su nombre para que los pudieran distinguir.
—¿Cómo cuáles? —preguntó Tom a su hermano mientras que salían de la cocina para luego sentarse en el gran sofá que había en el salón del apartamento.
—Pues no sé… Me acuerdo que una vez fuimos con mamá y papá a un refugio de animales para ir a buscar a nuestro perro —explicó Bill a su hermano— Lo primero que hiciste fue sacar una foto con una cámara de fotos que mamá nos había regalado, y desde ese día te enamoraste de él.
—¿Y dónde está nuestro perro? —preguntó Tom a su hermano.
—Ahora está en Alemania con mamá, pero en navidades iremos a buscarlo para tenerlo con nosotros aquí en Los Ángeles porque nuestra estancia se va a prolongar —explicó Bill otra vez a su hermano— En la escuela nos separaron de clase porque éramos muy traviesos y siempre estábamos desafiando a los profesores, y prefirieron separarnos para hacernos más débiles.
—Vaya… —susurró Tom mientras escuchaba muy atentamente a su hermano no quería perderse ningún detalle— ¿Así que nuestros padres se encuentran viviendo en Alemania?.
—Sí, pero mamá y papá no están juntos —dijo con tristeza Bill— Ellos se separaron cuando nosotros teníamos siete años, en esa época lo pasamos muy mal. Ahora mamá vive con Gordon, nuestro padrastro. Él fue quien te enseñó a tocar la guitarra.
—Vaya… —dijo Tom con tristeza al saber que sus padres biológicos estaban separados.
—No te sientas triste Tom —intentó calmarlo Bill— Lo hemos superado al igual que mamá.
—Ya… aunque yo eso no lo recuerdo, como otros aspectos de mi vida —dijo con desesperación Tom— ¿Cuándo conocí a Laia?.
—Ella fue a pasar las vacaciones a Hamburgo a casa de su primo, que por casualidad de la vida es un gran amigo nuestro —explicó Bill a Tom.
—Sí algo me contó ella, que su primo no ve con buenos ojos que ella y yo estemos saliendo —respondió Tom a su hermano.
—Ya… Tuvisteis vuestros roces —dijo Bill sin llegar a entrar en algún detalle.
—¿Cómo soy con Laia? Me refiero en plan pareja… —preguntó de nuevo Tom a su hermano— Soy apasionado, romántico… ¿Cómo soy con ella?.
—Bueno, tú eres muy peculiar Tom —explicó Bill a su hermano— Quiero decir, que antes de empezar a salir con Laia, hacías click con los dedos y miles de chicas se ponían a tus pies. Te gustaba pasar el rato con muchas chicas, tener sexo con ellas… Y llegó Laia, con ella has sabido aguantarte y olvidarte de las demás chicas que revoloteaban por tus alrededores y solo concentrarte en ella. No eres muy romántico aunque con el tiempo has aprendido a serlo, apasionado… ¿Creo que eso se lo deberías de preguntar a Laia? Ella sabe más que yo como eres en la cama.
—La notó un poco cohibida con mi presencia, no creo que sea buena idea preguntarle eso directamente —dijo Tom dándose cuenta de la reacción de Laia que había tenido cuando se fueron a acostar por la noche.
—Quizás sea porque tenga miedo a contarte las cosas que pasan entre vosotros dos —conjeturó Bill— Como no recuerdas aún, igual piensa que no se las tomes en cuenta.
—Creo que será mejor que me vaya a dormir. Ha sido un día muy largo… —dijo Tom a su hermano, ya que las palabras de su hermano le habían calado muy hondo y necesitaba pensar, y sobre todo recordar.
—Está bien. Hasta mañana —sonrió Bill a su hermano mientras veía que este se levantaba del sillón y se dirigía hacia la puerta del salón, para luego desaparecer por el pasillo camino hacia su habitación.
Tom caminó por el pasillo hasta que llegó a la puerta donde se encontraba su habitación, en la cual dormía con Laia. Abrió la puerta con cuidado, y entró con sigilo hasta que llegó al lado de la parte donde dormía él en la cama. Laia estaba completamente dormida, con expresión tranquila y relajada, ni siquiera se había inmutado por la salida del chico. Tom la observó detenidamente, los rayos de la luna que se colaban por la ventana, iluminaban la tez de la chica haciendo que pareciera plateada. Sonrió instintivamente, Laia parecía un pequeño ángel bajado del cielo y en cierto modo le inspiraba ternura, protección… Tom se metió en la cama, y se acomodó de la mejor forma para así no despertar a Laia, luego se acercó a la chica y rodeó la cintura de esta con sus brazos, e intentó quedarse dormido.
Los rayos juguetones del sol comenzaban a hacer presencia en el apartamento de los Kaulitz, primero se metieron en la habitación de Tom intentando así en su jugueteo, despertar al joven que dormía plácidamente en la cama, abrazado a su novia que también dormía con serenidad. Por último se metieron en la habitación donde Bill y Kayla también dormían plácidamente, pero consiguieron su objetivo cuando Bill frunció el ceño a causa de la claridad que le estaba molestando en los ojos, y se despertó. Miró a su alrededor, y observó que Kayla aún estaba durmiendo, así que se dio media vuelta tapándose con la sábana y se volvió a quedar dormido, otra vez haciendo caso omiso a los rayos del sol que venían a despertarlo.
Eran ya cerca de la una del mediodía cuando por fin los habitantes del apartamento Kaulitz comenzaron a dar señales de estar vivos. Laia se había levantado de la cama, porque ya no aguantaba estar más tumbada su espalda le comenzaba a doler de estar siempre en la misma posición, así que decidió ir a la baño y de paso tomar algo para desayunar, ya que a esas horas de la mañana su estomago comenzaba a clamar porque le metiera algo de comer. Llegó a la cocina, y se sirvió un poco de leche en un bol para luego añadirle unos pocos cereales con que saciar su estomago. A los pocos minutos, llegó Kayla a la cocina e hizo la misma operación. Los gemelos aún seguían durmiendo en sus camas sin dar muestras de querer levantarse.
—Buenos días, Laia —dijo Kayla cogiendo su bol y sentándose al lado de la chica para acompañarla en su tardío desayuno— Parece que hoy los chicos no se van a levantar.
—Sí… —susurró Laia mientras metía una cucharada de cereales.
—¿Te encuentras bien? —preguntó Kayla al notar los ánimos de la chica.
—Estoy confundida… —susurró Laia a su amiga— Tengo miedo de que Tom no vuelva a recordar nada de lo vivido entre nosotros dos…
—Laia no te rompas la cabeza, claro que recordará —intentó animar Kayla a su amiga— Solo tiene amnesia temporal, pero también podrías colaborar un poco para hacer que recuperé la memoria.
—¿Pero cómo? —preguntó Laia con desesperación— No quiero que Tom se sienta incomodo.
—Intenta pasar más tiempo a solas con él, así Tom podrá conocerte más otra vez y así poco a poco enamorarse de nuevo de ti —sugirió Kayla a su amiga.
—Pero quizás él no quiera pasar tiempo conmigo —susurró Laia apenada.
—Buenos días —la voz de Tom hizo que ambas amigas se callarán de repente.
—Dirás mejor buenas tardes, ya que son las dos del mediodía —informó Kayla.
—Estaba muy cansado y necesitaba dormir —informó Tom.
—Veo que aunque no tengas memoria, no pierdes la costumbre de dormir hasta tarde —dijo Kayla a Tom.
—¿Así? —preguntó Tom intrigado.
—Sí, digamos que dormir, comer y tener sexo son tus pasatiempos favoritos —contestó Kayla.
—Aah… —susurró Tom para luego mirar a Laia que se encontraba sumida en sus pensamientos.
—Bueno creo que voy a ver si se despierta tu hermano —dijo Kayla levantándose de la mesa, para luego dejar a solas en la cocina a Tom y a Laia.
Después de que Kayla se fuera de la cocina, se formó un silencio un poco incomodo dentro de esta. Laia no emitía ningún sonido solo se dedicaba a ver pensativa su tazón de desayuno mientras que jugaba con los cereales, que ya se habían vuelto demasiados blandos. Tom se quedó mirando para Laia, que ni siquiera hizo muestras de prestarle atención. Se sentó en una de las sillas que rodeaba la mesa, para luego suspirar y comenzar a hablar.
—¿Qué tal has pasado la noche? —preguntó Tom a Laia.
—Bien… supongo, ¿Y tú? —respondió Laia preguntando después a Tom.
—Bien… —contestó Tom para que luego se formará un silencio ensordecedor— Oye no me gusta este silencio que se forma, hace que me ponga más incomodo de lo que estoy.
—¿Y qué quieres de que hablemos? —preguntó Laia mirando por primera vez en la mañana a Tom a los ojos.
—No sé cuéntame algo de ti. Eres mi novia, se supone que me tienes que contar cosas para que yo vaya recordando —sugirió Tom.
—Es que no sé que contarte… —contestó Laia para luego echar un suspiro profundo — Me estoy estresando, no sé como actuar frente a ti… ni siquiera me recuerdas.
—Eso no tiene nada que ver solo tienes que ser como cuando nos conocimos por primera vez, es lo mismo —intentó calmar Tom con sus palabras a Laia— Podrías empezar a contarme cosas, como te sientes…
—Ya te lo dije hace un momento, me siento estresada, asustada… —dijo Laia con tristeza.
—¿De qué tienes miedo? —preguntó Tom intentando ser psicoanalista por un momento.
—De perderte… de que te olvides de mí y que encuentres a otra chica mejor que yo… —dijo Laia apenada.
—Eso no va a pasar, no creo que sea ese tipo de personas que se va con cualquiera chica que se le pone delante —dijo Tom tratando de tranquilizar a la joven por sus temores.
Continúa…
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