It’s just a dream 79

Fic hetero de Heiligtkt483

Capítulo 79

LOS ÁNGELES (EE.UU.)

—Tu desayuno —sonrió el chico apoyando la bandeja en la cama— Me desperté más temprano que tú, y me tome la libertad de prepararte un desayuno completo.

—Gracias… —susurró Laia un poco incomoda.

—Puedes comer, no tiene veneno —sugirió Tom haciéndose el gracioso.

—No te hagas el gracioso —reprochó Laia sin probar bocado aún.

—Por lo que veo aún estás enfadada conmigo —dijo Tom al escuchar lo que había dicho Laia.

—Tienes razón, soy una persona muy sensible que le afecta que le griten, y ayer cuando te hable fue con toda mi amabilidad por eso me molesto mucho —reventó Laia— Sé que esto no es fácil para nosotros, y no creo que sea un camino de rosas, pero tienes que controlarte un poco. Sobre todo tu mal genio.

—En eso estoy de acuerdo —susurró Tom— Lo siento mucho, pero como te dije ayer estaba muy concentrado haciendo el castillo de naipes y cuando me hablaste me asustaste, haciendo que se cayera la torre que estaba haciendo por eso te grite.

—Ya… —susurró Laia volviendo a mirar la bandeja con el desayuno que le había preparado Tom— Esto tiene muy buena pinta.

—Pues a que esperas a tomarlo, se va a enfriar —ordenó Tom a Laia.

—¿Tú no quieres nada? —preguntó Laia al chico.

—No, todo para ti. Yo ya he desayunado antes —sonrió Tom para luego sentarse en la cama para acompañar a Laia en su desayuno.

Laia tímidamente comenzó a comer lo que le había traído Tom, mientras que era observada por el joven. Pasados diez minutos, Laia ya había comido todo lo que Tom le puso en la bandeja de desayuno. Tom la miraba con cara embelesada.

—Gracias —susurró Laia sacando a Tom de sus pensamientos— Ha estado muy rico. No sabía que eras un buen cocinero.

—Yo tampoco —sonrió Tom mientras se rascaba la cabeza— Laia… espera…

—Te dije que iba a hacer que te volvieras a enamorar de mi, y ahora estoy dando el primer paso —dijo Laia mientras besaba tímidamente los labios del chico, que sin previo aviso había comenzado a corresponderle ese beso.

—Pero… —dijo Tom separándose de Laia, cortando el beso— Será mejor que esperemos a que tengamos las cosas claras.

—Yo tengo las cosas demasiadas claras, Tom Kaulitz —dijo Laia un poco molesta de los pretextos de Tom— Yo te quiero a ti, y a nadie más. No he conocido nunca a nadie más como tú.

—Lo siento, pero una parte de mi se ha perdido con mi memoria y no sé como soy de verdad —contestó Tom con un poco de culpabilidad.

—No puedes rendirte Tom —dijo Laia con tristeza— Yo te puedo ayudar a recordar.

—Si, eso siempre me dices tú y mi hermano y sinceramente no he recordado nada —dijo Tom un poco molesto— Me habéis contado muchas cosas durante estos días pero no logro recordar nada.

—Tom… —susurró Laia al ver salir a Tom de la habitación, cargado de frustración por no recordar nada.

Bajó las escaleras con rapidez de aquella casa, sin importarle lo más mínimo si Laia iba detrás de él. Se dirigió hacia la puerta que daba al exterior de la casa, y la cerró con un gran golpe haciendo que la casa retumbará por el portazo que había dado. Miró a su alrededor y comenzó a caminar sin ningún rumbo determinado ahora lo que más quería era estar solo, y no ser encontrado por Laia. Divisó a lo lejos un pequeño sendero, que seguramente daba a algún sitio desconocido en ese pueblo. Comenzó a caminar en dirección hacia él, sin importarle perderse y después no encontrar el camino de regreso.

Después de media hora de camino, decidió sentarse en unos bancos que había al lado de un pequeño riachuelo, que corría alegremente por las rocas que había formando unas pequeñas cataratas. Se puso a observar su alrededor, estaba cansado de todo de no poder recordar todo claramente. Desde hacia varias noches había tenido pequeños fugaces recuerdos, pero no del todo suficientes para poder llegar a recordar todo y eso realmente le frustraba. Respiró hondo, y sacó de su bolsillo un paquete de tabaco para luego sacar de este un cigarrillo, lo único que no se le había olvidado era el vicio de fumar. Lo encendió y dio una calada honda, pronto sintió como el humo del tabaco penetraba en sus pulmones provocándole una sensación de placer y relajación. Se quedó en silencio durante cerca de dos horas, pensando… Cuando se percató que la noche ya iba a venir, se levantó del banco para regresar.

Media hora le volvió a llevar el camino de regreso, comenzó a caminar hacia la casa donde pasaría unos días con Laia. Muy pronto la puerta se abrió, dando paso a una Laia muy preocupada. Al ver a Tom parado viéndola, echo a correr hacia él para luego abrazarse fuertemente el cuerpo del joven.

—¿Dónde has estado? —preguntó Laia con mucha preocupación— Me tenías muy preocupada.

—Necesitaba pensar —susurró Tom mientras que acariciaba el pelo de la chica de una forma tierna— Aclarar mis pensamientos.

—¿Y has logrado aclararte algo? —preguntó Laia intrigada.

—Más o menos —contestó el chico— Será mejor que entremos. Está empezando a refrescar.

—Está bien —asintió Laia para luego dirigirse juntos hacia el interior de la casa.

Entraron al interior de la casa, y después se fueron a dormir ya que Tom no tenía ganas de cenar nada, y Laia tampoco le apetecía cenar sola. Ambos se fueron a la habitación que compartían esos días juntos, una vez allí cada uno se puso su pijama y se metieron en la cama en un silencio completo. Al poco rato las respiraciones profundas de ambos, mostraban claramente que ya se habían dormido completamente.

Era temprano, y los rayos del sol comenzaban a penetrar en el interior de la habitación. Tom se despertó repentinamente, a mitad de la noche un dolor tremendo de cabeza había empezado a azotar esta, pero pensó que igual durmiendo se le pasaría el dolor pero todo fue lo contrario ya que fue en aumento. Se levantó de la cama, y con sus largos dedos acarició repetidamente sus sienes para conseguir relajarlas y que el dolor cesase pero no lo consiguió. Caminó hacia la puerta, y salió de la habitación rumbo a la cocina para tomarse una aspirina que calmase su dolor. Estaba tomando un poco de café, cuando escuchó los pasos de Laia acercarse y entrar posteriormente a la cocina.

—Buenos días —dijo la chica educadamente.

—Bueno días —dijo Tom para volver a posar su miraba sobre su taza de café.

—¿Te encuentras bien? —preguntó Laia al ver la cara del chico que le mostraba mal aspecto.

—No, me duele muchísimo la cabeza —confesó el chico— Es como un dolor intenso que me martillea en la cabeza.

—Vaya… —dijo Laia con preocupación— ¿Te has tomado algo ya?.

—Sí —contestó Tom.

—Entonces no te preocupes el dolor remitirá de un momento a otro —sonrió Laia a Tom.

—Eso espero, porque por veces se vuelve insoportable —confesó el chico.

—Te entiendo —respondió Laia— Yo a veces tengo dolores fuertes de cabeza. Bienvenido al club.

—Me tengo que sentir privilegiado —dijo Tom en un tono bromista.

—No, pero por lo menos sabes que yo a veces tengo el mismo problema —dijo Laia.

Acabaron de desayunar, y Laia se puso a recoger la poca loza que habían manchado en la cocina mientras que Tom se había tumbado en el sofá del salón, esperando a que ese dolor tan agudo de cabeza lo dejase tranquilo por un momento. Pasó media hora pero el dolor seguía, Tom se levantó del sofá y se fue al pequeño baño que había en la planta inferior, y se mojó un poco la cara para ver si con el agua fría conseguía mitigar el dolor pero de todas formas persistía el dolor.

—¡¡Dios!! —suspiró Tom con desesperación apoyándose la mano en la cabeza para hacer presión sobre ella.

—¿Tom? —entró Laia en el baño hallándolo con la cabeza apretándose la cabeza.

—Me duele… —dijo de nuevo Tom con desesperación.

—Tranquilo… —intentó calmarlo Laia de un modo convincente.

—“Tenemos está cadena, es muy simple y muy bonita” —escuchó Tom en su cabeza una voz de mujer como si de un pequeño recuerdo se tratase— “Creo que a Laia le gustará más este último. Es muy sencillo, y a Laia le gustan las cosas sencillas. La verdad es que no le gusta mucho destacar” —volvió a escuchar otra voz de mujer, pero esta vez sabía claramente a quien pertenecía, a Kayla.

—¿Tom que pasa? —preguntó Laia al ver al chico que se había quedado pensativo, callado y con semblante pálido y después verlo salir por la puerta del baño— Tom…

Tom subió rápidamente las escaleras para luego dirigirse hacia la habitación donde estaban durmiendo él y Laia. Abrió la mesilla de noche del lado donde él dormía en la cama, sacando una cajita en el cual en el interior habría una joya que no había visto aún. Abrió la cajita y observó un colgante muy bonito, era un corazón con un brillante, sonrió, unos vagos recuerdos le vinieron a la cabeza de cuando había comprado esa cadena con el colgante. Ahora lo recordaba todo Kayla lo había acompañado para comprársela a Laia para celebrar que llevaban meses saliendo juntos, pero nunca se la llegó a dar porque había tenido el accidente de automóvil junto con Kayla, en el cual había perdido la memoria, que apenas minutos había recordado.

—Tomi… ¿Qué pasa? —preguntó Laia asustada entrando por la puerta de la habitación— ¿Qué es eso?.

—Laia… Amor… —susurró Tom a ver a su chica al entrar por la puerta— Ven aquí…

—Te noto muy extraño —dijo Laia un poco confusa— ¿Me has dicho Amor…? Espera… No entiendo nada.

—Shhffff… —calló Tom a Laia poniendo un dedo sobre los labios de la chica para evitar que siguiera hablando.

—Pero… —volvió a decir Laia pero sin poder acabar de hablar.

—No digas nada —volvió a decir Tom para callar a la chica— ¿No crees que estamos perdiendo un tiempo muy valioso?.

—Pero… —volvió a decir Laia confusa.

—He perdido demasiado tiempo sin estar contigo, te he extrañado mucho —dijo Tom mientras abrazaba fuertemente a Laia contra su cuerpo.

—Tomi… ¿Entonces? —dijo Laia para luego quedarse callada— ¿Recuerdas algo?.

—No solo recuerdo algo, lo recuerdo todo —respondió Tom a la chica.

—¡Oh dios mio! —dijo Laia emocionada— No me lo puedo creer, pero… ¿Cuándo empezaste a recordar?.

—Fue cuando me empezó a doler la cabeza muchísimo, comenzaron a venir a mi cabeza imágenes de cosas que había hecho —explicó Tom a Laia— Me acordé de cuando te compré este colgante, que no llegué a darte porque Kayla y yo tuvimos el accidente de coche. Te lo iba a regalar porque hacíamos ya meses de salir juntos.

—Tomi… —dijo Laia mientras se le caían unas pequeñas lágrimas por sus mejillas sonrosadas.

—¡Ey! Pequeña… —dijo Tom abrazando a Laia para reconfortarla— No llores.

—Tomi… perdóname —dijo Laia con cara de suplica— He sido una tonta, y no creía a Kayla cuando nos dijo que había ido a ayudarte a comprar una cosa para mi. Pensé que…

—Te estaba poniendo los cuernos con ella —terminó de decir la frase Tom.

—Si… —bajó la mirada Laia avergonzada de su incredulidad— Soy de lo peor, no confié en ti.

—Mi vida… Sabes que eres lo más importante que he tenido y que no te iba a cambiar por otra chica —dijo Tom para calmar a Laia— Sé que tuve un pasado en que era despiadado con las mujeres y jugaba con ellas, pero ahora he cambiado. Solo te quiero a ti, eres mi única novia y lo serás por el resto de mis días.

—En serio soy tan importante para ti —dijo Laia un poco afligida.

—Sí, tonta —dijo Tom mientras la abrazaba para luego acariciarle tiernamente el pelo.

—Te quiero… —dijo Laia sonrojándose— Te extrañé muchísimo.

—Lo sé… —dijo Tom mientras se quedaba abrazado a Laia durante unos minutos.

Al separarse se quedaron viendo durante unos segundos y Laia se lanzó a los labios de su novio. A Tom le costó reaccionar un poco ya que todo paso muy rápido, pero pronto correspondió el beso. Laia se separó levemente de los labios de su contrario.

—Como te dije te he echado mucho de menos —susurró junto a los labios de su novio.

Tom sonrió y volvieron a besarse con ganas. El camino hacia la habitación fue un poco accidental, ya que ambos jóvenes se seguían besando con pasión, como si hubiera pasado una eternidad en sus vidas sin verse, sin estar juntos. Las manos expertas de Tom recorrían el cuerpo de Laia mientras que la chica tímidamente acariciaba el torso de Tom por debajo de la camiseta del chico. Poco a poco fueron sintiendo calor, y sus ropas fueron desapareciendo para luego acabar sobre la cama en ropa interior. Laia besaba ahora el cuello del chico dejándole unas pequeñas marcas rojas, que posiblemente la día siguiente se convertirían en marcas moradas, mientras tanto Tom se dedicaba a juguetear también en el cuello de la chica haciendo que pequeños gemidos de placer, empezarán a salir por la garganta de la chica.

—Te quiero… —susurró Laia entre suspiros mientras sentía como su cuerpo subía poco a poco de temperatura— Te deseo…

Tom se separó del cuello de Laia y comenzó a besarla por la clavícula, para luego pasar al escote del sujetador y finalmente depositó unos besos lujuriosos sobre le vientre de Laia. Sutilmente y con mucha pericia fue deslizando la braguitas que ese día Laia llevaba puestas, hasta que dejo completamente descubierto el sexo de la chica. Enterró su cabeza entre las piernas de la chicas, para ir excitándola más haciendo que la joven se moviera más hacia él para que tuviera mejor accesibilidad. Muy pronto Tom sintió la humedad del sexo de Laia en su boca, y se separó para volver a besar los labios de la chica mientras que esta, con timidez, deslizaba poco a poco el bóxer del chico dejando su culo al descubierto. Por otro lado, Tom con sus dedos agiles desabrochó el sostén de la chica, dejando sus pechos libres para disfrutarlos.

—Uhmmmmm —gimió Laia al sentir los dientes de Tom rozar uno de sus pezones para luego succionarlo.

—Eso pequeña, gime. Quiero escucharte bien alto —susurró Tom al oído de Laia una vez que se separó del pecho de la chica.

—Te quiero… —volvió a susurrar Laia a Tom.

Tom volvió a atrapar los labios de Laia dándole un beso apasionado, que se prolongo en el tiempo. Con sus manos expertas acariciaba el cuerpo de la joven, que reaccionaba a cada caricia que este le propinaba, haciendo que el deseo fuera más latente en su cuerpo. Minutos después ambos estaban uniendo sus cuerpos en una sola persona. Los movimientos pélvicos de Tom se habían vuelto más intensos y más rítmicos, haciendo que Laia gimiera cada vez más y suspirará al sentir a Tom en su interior. Era la segunda vez que lo hacían desde que Laia había ido a Los Ángeles a verlos, junto a Kayla por eso el deseo y la desesperación de ambos por estar juntos se habían vuelto más intensa ya que se echaban de menos mutuamente.

—Ooooh… —volvió a gemir Laia haciendo que Tom se pusiera más cachondo, y aumentará sus movimientos pélvicos.

Continúa…

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por Heiligtkt483

Escritora del Fandom

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