Fic hetero de Heiligtkt483
Capítulo 81
LOS ÁNGELES (EE.UU.)
El chico bajó el ritmo de sus embestidas, ante las palabras de la chica, para seguir moviéndose dentro de ella. Se sentía pletórico, amaba realmente a Laia y le quería demostrar ante ese acto tan íntimo que era solo de ella, y que ella era solo de él. Las embestidas se repitieron, y el miembro de Tom comenzó a vibrar en el interior de la chica, poco después un grito desgarrador de placer inundaba la cocina, seguido por un gemido también placentero por parte de Laia que estaba sudada, completamente perlada.
—Esto ha sido un encuentro muy pervertido —susurró Laia apoyando su cabeza en el hombro de Tom, ya que estaba exhausta— Nunca había tenido sexo de esta forma.
—Normal si solo soy el único con el que has tenido sexo —contestó entrecortadamente Tom intentando mantener su respiración.
—Huele un poco a quemado —dijo de repente Laia cuando un olor a chamusquina se instaló en sus fosas nasales— Mierda… Las tortitas.
El desayuno que había estado haciendo Laia, aún estaba en la sartén con aspecto completamente quemado. Las caricias de Tom la habían hecho olvidar, de que tenía las tortitas en la sartén que ahora estaban completamente quemadas inutilizables para comer.
—Mierda, estoy es por tu culpa —dijo Laia un poco molesta— Nuestro desayuno… jolines se ha quemado.
—A mi no me eches la culpa, que ha sido tu por no sabes resistirte a mis caricias —dijo Tom quitándose el marrón de encima.
—Eres… —suspiró Laia con resignación— Ahora no podremos desayunar…
—Da igual, yo ya he tenido mi desayuno particular —dijo Tom mientras se subía de nuevo los bóxers.
—Siempre pensando en lo mismo —dijo Laia un poco molesta— Hombre tenías que ser.
—No te quejes, que te gusta mucho cuando te toco y sobre todo cuando me tienes entre tus piernas —dijo Tom resueltamente— Lo que te hago sentir, no lo sentirás con ningún otro hombre.
—Eso no lo sabes, quien sabe a lo mejor algún día encuentro a otro hombre que me haga sentir nuevas sensaciones —dijo Laia en broma, pero Tom en ese momento la miraba con cara seria.
—Ni se te ocurra pensar eso, sabes muy bien que no soportaría ninguna infidelidad —advirtió Tom a la chica.
—Era una broma, tonto —dijo Laia al darse cuenta del malestar de Tom— Tú eres el único y no te cambiaría por ningún otro hombre.
—Eso espero porque eso no te lo perdonaría nunca —aclaró Tom.
—Lo sé… —susurró Laia siendo consciente de que Tom nunca mentía respecto a eso, ya que se lo había escuchado decir en varias entrevistas.
—Será mejor que te vistas, te va a coger el frío —sugirió Tom al darse cuenta de Laia estaba media desnuda en la cocina— Yo mientras me voy a dar una ducha y a vestirme, tenemos que preparar las maletas. Mi hermano y Kayla llegarán en cualquier momento.
—Está bien… —asintió Laia para luego formarse un silencio incomodo.
Tom desapareció por la puerta de la cocina, dejando a la chica sola en ella mientras se ponía sus braguitas, se abrochaba de nuevo el sujetador, y se abotonaba de nuevo los botones de la camisa que llevaba puesta ese día. Cuando acabó se dirigió a quitar las tortitas quemadas de la sartén y limpiar la cocina, para dejarlo lo máxima limpia. Mucho más tarde Tom volvía a hacer acto de presencia en la cocina, pero esta vez ya completamente vestido. Entre Laia y Tom se había formado un silencio ensordecedor, y las causantes había sido las palabras que Tom le había dicho antes, y ahora el joven se sentía culpable porque confiaba plenamente en Laia y sabía que ella, nunca lo defraudaría ni dejaría por otro.
—Siento mucho lo de antes —dijo Tom con culpabilidad— No quería ser tan brusco.
—No pasa nada Tom —contestó Laia intentando restarle importancia— Has sido sincero.
—No quiero que pienses que dudo de ti —volvió a decir Tom— Eres una chica muy especial para mi, te quiero mucho y sé que nunca me vas a dejar por otro.
—Y no lo he pensado —respondió Laia— No sé porque me vienes con eso ahora, además yo ya sabía por entrevistas que nunca perdonarías una infidelidad.
—Pero sonó un poco brusco por la forma que te lo dije —volvió a insistir Tom.
—Tom olvídalo —dijo Laia de nuevo— Ahora voy a preparar mi maleta porque sino tu hermano y Kayla vendrán a buscarnos y me encontrarán sin la maleta hecha.
—Está bien —dijo Tom para luego dejar paso a Laia, para que fuera a hacer su maleta, ya que estaba delante de ella impidiéndole que pasará.
Laia se fue a la habitación, para comenzar a hacer su maleta. Una hora después volvió a bajar de nuevo al pequeño salón que poseía la casa, donde se encontraba Tom mirando internet en su móvil. Laia se sentó al lado de él, y apoyo su cabeza en el hombro de Tom, haciendo que el chico dejará de prestarle atención al móvil.
—¿Ya has acabado? —preguntó el chico mientras rodeaba con su brazo a la chica por los hombros.
—Sí —respondió Laia— No tenía mucho que meter.
—Me ha mandado un mensaje mi hermano al móvil diciéndome que en media hora estarán ya por aquí— informó Tom a Laia.
—Genial —sonrió la chica— Se va poner muy contento cuando descubra que ya has recuperado la memoria.
—Sí —suspiró Tom— No fue divertido estar sin memoria.
—Lo sé —susurró Laia para luego quedarse callada.
—¿Qué te pasa? —preguntó Tom a la chica al ver que se había formado un silencio tan inquietante.
—Es que me acabó de acordar, que pronto tendremos que regresar a España Kayla y yo —dijo con una voz triste Laia— Kayla ya no tiene que seguir yendo al médico, porque le ha dado de alta así que pronto tendremos que irnos. A mis padres no les hará demasiada gracia, que pierda clases en el instituto por permanecer más tiempo aquí.
—Ya… pero procuraremos ir nosotros en navidades —dijo Tom para tranquilizar a la chica— Las navidades las pasamos con nuestra familia en Alemania, así que podemos hacer una espadita a España y pasar el año nuevo con vosotras.
—Sería fantástico —dijo emocionada Laia.
Tom y Laia estuvieron hablando durante media hora más, hasta que escucharon el claxon de un coche anunciar su llegada. Laia se asomó a la ventana comprobando que era Bill y Kayla que venían en el Cadillac Escalade de Tom, ya que era un coche grande para poder viajar todos y meter las maletas de Laia y Tom, que en el Audi R8 de Tom no cabrían. Laia salió en dirección a la puerta para ir a abrirla, cuando la abrió se encontró a Bill y a Kayla acercándose ya a la puerta.
—¿Qué tal parejita? —preguntó Bill a su cuñada— ¿Habéis hecho muchas cosas sucias durante estos días?.
—Bill… —se quejó Laia mirando al chico para luego reírse moviendo la cabeza— Tienes la misma mente pervertida que tu hermano.
—¿Por cierto donde está el desmemoriado? —preguntó Bill a Laia.
—No me llames desmemoriado, que no tengo nada de eso —se quejó Tom saliendo de la casa para regañar a su hermano pequeño— Recuerdo todo perfectamente, así que no me llames desmemoriado, enano.
—¡¿Enserio que has recuperado la memoria?! —preguntó Bill dudoso.
—Sí, Laia ha sido muy buena enfermera conmigo —sonrió el chico mirando a su chica mientras le pasaba el brazo por encima de sus hombros— Ya sabes que los buenos polvos hacen recordar.
—¡TOOOM! —se quejó Laia— Eres peor que tu hermano.
—Hola Tom —saludó Kayla a su cuñado, después de estar un rato en silencio— Me alegro de que hayas recuperado ya la memoria. Nos tenía a todos impacientes, y preocupados.
—Hola cuñadita —saludó Tom a la novia de su hermano— ¿Qué tal los días sin mi y sin Laia? ¿Habéis hecho muchas cosas?.
—Sí —contestó Kayla a Tom— Hemos ido de compras, al cine, a un parque de atracciones… El día da para muchas cosas.
—Ya… y para otras más pervertidas —sugirió Tom.
—Bueno, eso también había que aprovechar que estábamos solos en casa —se rió Kayla— Supongo que vosotros también aprovechasteis el tiempo, sobre todo que ahora Tom ya recuerda. ¿Cómo recordaste Tom?.
—Me encontré una cajita con un colgante, y después ayer por la mañana empecé con dolores fuertes de la cabeza y comenzaron a salir imágenes en mi cabeza de acciones que había hecho, y fue cuando me vino el recuerdo de cuando estaba contigo en una joyería comprando el colgante de Laia —explicó Tom a su hermano y a la novia de este— Después todo se fue sucediendo con más imágenes, hasta que por fin pude recordarlo todo.
—Menos mal, David ya estaba un poco desesperado por si teníamos que interrumpir la grabación del disco —comentó Bill ahora más aliviado— Así que cuando volvamos a Los Ángeles nos tendremos que poner a trabajar, ya que hemos perdido un poco el tiempo en estas dos semanas que has estado sin memoria.
—Sí —contestó Tom— He pensado en algunos nuevos ritmos para posibles canciones.
—Genial —dijo Bill emocionado— También David me ha dicho que la aplicación ya está casi acabada, y que pronto podremos testarla entre nosotros para ver si funciona y así poderla en el mercado.
—Genial —sonrió Tom— Bueno será mejor que cojamos las maletas y nos marchemos, cuanto antes lleguemos a Los Ángeles mejor.
—Si —respondió Bill.
—Te toca conducir de nuevo el coche —dijo Bill a su hermano ya que el ignoraba el camino a seguir para llegar a Los Ángeles— Además como fuiste tú el encargado de buscar la casa, ahora por listo nos tendrás que llevar a casa.
—Eres un abusón —se quejó Bill entre risas.
Entraron al interior de la casa, para ir a coger las maletas de Tom y Laia, luego salieron nuevamente con ellas en las manos y las metieron en el maletero del coche de Tom. Mientras Kayla y Bill acomodaban las maletas en el maletero, Tom y Laia cerraban la puerta de la casa, para luego dejar las llaves en una de las macetas que estaban en una de las ventanas, según les había dicho Bill que el dueño de la casa pasaría esa misma tarde a recogerlas, por eso no había ningún problema en dejarlas en la maceta.
Montaron en el coche, y todos se pusieron el cinturón de seguridad. Cuando ya estuvieron todos listos, Bill arrancó el coche, rumbo de nuevo a Los Ángeles, a la vida cotidiana, a la rutina. Durante el camino fueron escuchando música, que la radio del coche reproducía, hasta se atrevieron a cantar alguna que otra canción haciendo el viaje más ameno aunque de vez en cuando observaban el paisaje por donde estaban pasando. Era ya de noche, cuando llegaron a la urbanización donde vivían, hogar dulce hogar para los gemelos.
Ya había anochecido cuando llegaron entraron dentro del apartamento de los gemelos. Tom y Laia se fueron a la habitación de este para dejar las maletas, para luego salir de nuevo hacia el salón, ya que Kayla y Bill los estaban esperando para ir a cenar afuera esa noche. Se montaron de nuevo en el coche de Tom, que esta vez sí condujo él y fueron a un restaurante que los gemelos solían frecuentar mucho. Fue una noche muy agradable, pero todo llega a su fin.
Había pasado ya una semana, y las chicas deberían de regresar otra vez a España, su estancia se había prolongado demasiado por el accidente de Kayla, y habían perdido muchas clases en el instituto y eso haría que bajaran sus calificaciones en las notas de ese trimestre. Laia se encontraba llenando su maleta de nuevo con su ropa y otras cosas personales. Al mismo tiempo, Kayla se encontraba también preparando su maleta, el vuelo de ambas saldrían dentro de unas horas para dejar atrás tierras Norteamericanas, pero lo más triste era que se separarían de sus novios y no sabrían cuando volverían a verlos, aunque los chicos les había prometido a ellas, que en las vacaciones de navidades irían a visitarlas y así pasar la entrada del nuevo año juntos.
—No me puedo creer que en unas horas ya estemos volando hacia España —decía Laia con tristeza mientras arrastraba su maleta al salón de la casa, para esperar a que llegará la hora de irse al aeropuerto.
—Te llamaré cada día, estaremos siempre en contacto hasta que nos volvamos a ver —dijo Tom a su novia intentando animarla.
—Te extrañaré tanto —susurró Laia mientras se abrazaba fuertemente a Tom, haciendo que el chico la estrechará entre sus brazos dándole protección, cariño.
—Piensa que en unos años acabarás tus estudios, y… —se calló Tom sería demasiado cruel separar a Laia de su familia, por querer estar al lado de ella, pero no quererse ir de nuevo a Europa, porque ellos en Los Ángeles habían encontrado la paz que tanto habían ansiado durante tanto tiempo, lejos de los focos de fans locas, de periodistas y fotógrafos que solo hacían denigrar su imagen en lo privado y en lo profesional diciendo mentiras en las que ellos eran los más perjudicados junto con las fans que si realmente los amaban por hacer su música.
—Pero hasta que acabe mis estudios pasarán casi cuatro años, estaremos mucho tiempo separados —dijo Laia con pena y temor— Tengo miedo que la distancia nos aleje y que después nos veamos como unos completos desconocidos.
—Eso no pasará —volvió a insistir Tom— Quizás puedas aceptar alguna beca para que los últimos años de carrera te puedas venir a Los Ángeles a estudiar.
—Todo sería tan fácil si vivierais en Alemania —suspiró Laia— Mis tíos viven en Hamburgo y podría ir a la universidad allí, porque tendría la casa de mis tíos para pasar los últimos cursos universitarios.
—Lo sé, pero vivir en Alemania es muy complicado en estos momentos —susurró Tom— Aquí en Los Ángeles hemos encontrado tranquilidad.
—Sí, lo sé… —susurró Laia— Pero te extrañaré mucho.
—No tanto como yo —susurró Tom para luego atrapar los labios de la joven.
Mientras que Laia y Tom tenían su particular despedida, Kayla estaba acabando de hacer su maleta mientras que Bill la observaba silenciosamente y detenidamente.
—¿Qué ocurre Bill? —preguntó Kayla al observar que el chico la miraba tan detenidamente.
—No puedo creer que ya te vayas a España —dijo el chico con tristeza— Te voy a extrañar tanto.
—Pero nos volveremos a ver —dijo Kayla esperanzada en su novio— Seguiremos en contacto.
—Sí, pero estas semanas junto a ti me han hecho recordar los momentos vividos por nosotros en verano en Hamburgo —volvió a decir Bill con añoranza.
—Pronto vendrá diciembre —animó Kayla a Bill— Nos veremos otra vez.
—Te extrañaré tanto —abrazó Bill a Kayla fuertemente contra su cuerpo, para luego atrapar los labios de la chica con los suyos y besarla dulcemente.
—¿Estáis listos? —preguntó Laia entrando en la habitación de Bill— Lo siento no quería interrumpir.
—No te preocupes Laia —resto importancia Bill separándose de Kayla— Ya hemos acabado, solo estábamos despidiéndonos.
—Debemos salir ya para el aeropuerto, la hora se nos echa encima —dijo Laia con preocupación.
—Ahora vamos —dijo Kayla mientras se ponía la cazadora, y cogía su maleta.
Laia se fue al salón, a esperar por Bill y por Kayla mientras que Tom ya había puesto su cazadora y cogido las llaves del coche para llevar al aeropuerto. Laia acabo por ponerse su cazadora. Cuando Bill y Kayla aparecieron por el salón, todos salieron del apartamento para dirigirse en silencio hacia el Cadillac Escalade de Tom. Entre Bill y Tom metieron las maletas de las chicas en el maletero del coche, para luego meterse en el interior del coche y conducir hasta llegar al aeropuerto.
Continúa…
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