Fic hetero de Heiligtkt483
Capítulo 82
LOS ÁNGELES (EE.UU.)
Cuando llegaron al aeropuerto, las chicas se notaban con ánimo triste y cabizbajo. Tom aparcó su Cadillac Escalade en el parking del aeropuerto para luego los cuatro salir del coche. Los gemelos sacaron las maletas de las chicas del maletero, y todos se dirigieron al interior del aeropuerto para que Kayla y Laia facturaran sus maletas y después esperar a que llegara la hora de irse a España. Se sentaron en una sala donde los pasajeros de otros vuelos esperaban pacientemente, a que el anuncio de su vuelo saliera por las grandes pantallas que poseía ese aeropuerto.
—¿Cuánto falta para que salga nuestro avión? —preguntó Laia con tristeza.
—Supuestamente en una hora tendríamos que ya estar volando —respondió Kayla mirando su reloj.
—No quiero irme —susurró Laia con tristeza, aprovechando que los chicos se habían ido a coger algo para beber mientras esperaban.
—Laia si no regresas conmigo a España, tus padres me matan por haberte dejado aquí —dijo Kayla a su amiga intentando convencerla de que eso era una mala idea.
—Extrañaré tanto a Tom —volvió a decir en un susurro inaudible Laia.
—Y no crees que yo también extrañaré a Bill —dijo Kayla con un poco de rabia por la actitud infantil que estaba teniendo su amiga— Pero me jodo, sé que pronto lo volveré a ver y quizás convenza a mis padres para ir a estudiar afuera a la universidad.
—¿Me dejarás sola? —preguntó Laia con tristeza.
—¡Oh por dios, Laia! No digas tonterías no te dejare sola —contestó Kayla a su amiga— Además no creo que mis padres me dejen estudiar fuera de España.
—Sabes que te extrañaría si te fueras y me dejaras sola en España —dijo Laia con tristeza— Hemos estado juntas desde que entramos a la guardería, hemos compartido muchas cosas. Nuestros chupetes, muñecas, peluches…
—Si, querida amiga —sonrió Kayla tiernamente al recordar los años en que Laia y ella eran apenas unas niñas que se divertían con juegos infantiles— Siempre estaremos juntas, y no me atrevo a decir que moriremos juntas.
—Ya estamos aquí —dijo Tom acercándose a las chicas con una botella de agua en las manos— ¿Queréis un poco?.
—No gracias —susurró Laia con tristeza.
—Los pasajeros de vuelo 112 con destino a España, que vayan a la puerta de embarque número veintitrés —se escuchó decir por los altavoces que poseía el aeropuerto.
—Es la hora —susurró Kayla mientras se disponía a despedirse de Bill.
—Sí —susurró Bill cabizbajo— ¿Me mandarás un mensaje al móvil en cuanto lleguéis a España?.
—Sí —contestó Kayla mientras se abrazaba a su novio fuertemente, lo echaría tanto de menos.
—Necesito saber que llegasteis bien —dijo Bill acariciando la mejilla derecha de su novia.
En otra zona un poco apartada de ellos, se encontraba Laia con Tom despidiéndose. La joven tenía los ojos llorosos, ya que no se quería ir a España de nuevo, pero debía ir a acabar su último año de instituto. Tom la abrazaba con ternura intentando que el momento de la separación no fuera tan duro para Laia.
—Te voy a extrañar —susurró Laia al oído del chico— No quiero irme.
—Laia tienes que irte para acabar tus estudios en el instituto —dijo tiernamente el chico, mientras le acariciaba la mejilla para luego besarle dulcemente los labios— Pronto nos veremos…
—Último aviso para los pasajeros del vuelo 112 con destino a España, para que vayan a la puerta de embarque número veintitrés —se volvió a escuchar por el altavoz.
—Creo que es hora de que Kayla y tú os vayáis ya para la puerta de embarque, sino perderéis vuestro vuelo —dijo por última vez Tom a su chica.
—Sí —dijo con tristeza Laia— Kayla… debemos de irnos a la puerta de embarque.
—Sí —dijo Kayla separándose de Bill que en ese instante estaba acabándose de despedir.
Kayla y Laia comenzaron a caminar hacia la puerta embarque número veintitrés seguidos de Tom y Bill, que las iban a acompañar hasta la puerta, y así asegurarse de que no se perdían y subían a su avión. Cuando llegaron a la puerta, la había una azafata comprobando los pasaportes, y recortando los billetes de los pasajeros que ya estaban formando fila y entraban por la puerta para luego dirigirse al avión. Kayla y Laia se despidieron por última vez de Tom y de Bill, y se pusieron a la cola esperando a que llegara su turno. Lentamente la cola se fue haciendo más corta, hasta que llegó el turno de las chicas. Tom y Bill observaban desde las distancias como sus novias estaban a un paso de dejar Los Ángeles, y al poco rato desaparecieron por la puerta.
Ahora Laia y Kayla se encontraban ya en el interior del avión, la azafata de vuelo estaba explicando como poner los chalecos salvavidas en caso de accidente, ya que el vuelo duraría unas doce horas, y era de largo recorrido. Las chicas se abrocharon los cinturones, ya que iban a empezar con las maniobras de despegue del avión. Minutos después, cuando ya estaban en el aire, se los desabrocharon.
—¿Crees que nos echaran de menos los chicos? —preguntó Laia melancólica.
—Claro que sí —dijo Kayla a su amiga— Venga Laia anímate, volveremos a verlos muy pronto de lo que crees.
—Ya… —susurró Laia para luego perder su miraba a través de cristal de la ventana circular que poseía el avión.
Tom y Bill una vez que las chicas desaparecieron por la puerta de embarque, se dirigieron hacia la salida del aeropuerto para luego ir a buscar el coche de Tom, que estaba aparcado en el parking del aeropuerto. Ambos iban en silencio y tristes, les hubiera encantado que las chicas pasaran más tiempo con ellos en Los Ángeles, pero no había podido ser. Ellas tenían unas obligaciones que cumplir en España.
—¿En qué piensas Tom? —preguntó Bill a su hermano que iba conduciendo pensativamente y en silencio.
—Extrañaré a Laia —susurró Tom— ¿Cómo he podido llegar a depender tanto de ella?.
—Porque te has enamorado de verdad —respondió Bill a su hermano— No es como los rollos que tenías con cualquier chica que se te cruzaba por delante.
—Ya… ahora solo pienso en ella ya no veo a otras chicas de la misma forma —confesó Tom.
—Eso significa que has madurado —sonrió Bill— Y eso me alegra mucho, porque veo que por fin tienes una relación estable y que dentro de unos años podrás formar una familia.
—Veo pronto formar una familia, aunque sea dentro de unos años —dijo Tom a su hermano— Laia primero tiene que acabar su carrera. Además solo tiene dieciocho años es muy joven para ser madre, y yo también. Ahora estamos en lo mejor de nuestra carrera profesional, y un bebé ahora no sería conveniente.
—Lo sé… —susurró Bill— Pero no vamos a estar huyendo siempre de eso. Digo que por mucho que tengamos una carrera musical, que las fans se enfaden por vernos con novias en algún momento tendrán que admitir que somos libres, y que podemos hacer con nuestras vidas lo que queramos como formar una propia familia.
—Ya lo sé, Bill —dijo Tom— Pero por el momento tenemos veintidós años y es un poco pronto para cambiar pañales, no te discuto que dentro de unos años ya me vea capacitado para criar un hijo junto a Laia, pero ella aún tiene que acabar su carrera universitaria.
—Sí, igual que Kayla —dijo Bill a su hermano— ¿Crees que seguiremos juntos con ellas dentro de unos años?.
—No lo sé, Bill —dijo Tom titubeante— La vida pueda dar muchas vueltas. Ya estamos llegando a casa.
Tom metió el coche en el garaje de su apartamento de una planta, que tenía en una urbanización exquisita de Los Ángeles. David Jost se había encargado de buscarles lo mejor de allí, alquilando un apartamento en una urbanización tranquila y muy bien rodeada por casa de otros famosos. La compañía discografía se encargaba de pagarles todos los gastos de alquiler y de manutención de los gemelos. Cuando Tom acabó de aparcar el coche, salieron de este y se dirigieron hacia el interior del apartamento por una puerta interior que daba a este desde el garaje. Una vez dentro del apartamento, cada uno se fue a su habitación para darse una ducha y relajarse lo que quedaba del día para así al día siguiente comenzar bien el día, yendo al estudio de grabación para continuar con la producción y grabación de su nuevo disco que vería la luz para el año próximo.
A las siete de la tarde, una azafata de vuelo comenzó a pasar por los asientos de los pasajeros para ofrecerles el menú de cena, que daban en el avión. Aún quedaban horas de vuelo, y les tocaría dormir esa noche dentro del avión hasta el día siguiente que llegarán a España ya que el vuelo duraba doce horas. Ya de noche, Laia estaba intentando quedarse dormida pero no podía conciliar el sueño, ya que no se encontraban cómoda en el asiento del avión, por mucho que lo reclinará hacia atrás. Y para el colmo, el avión comenzó a agitarse bruscamente haciendo que Laia se asustará y que varios pasajeros se pusieran a chillar, haciendo que la chica se pusiera más nerviosa.
—Señores pasajeros, queremos informarles que en estos momentos el avión tiene turbulencias pero tranquilos que no hay peligro y la situación esta controlada —se escuchó por el altavoz del avión a la azafata para tranquilizar a los pasajeros.
Después de media hora, la situación se tranquilizó y las turbulencias cesaron haciendo que los pasajeros del vuelo se pusieran más tranquilos y con ellos Laia y Kayla, que se habían asustado un poco por la duración de las turbulencias. Los rayos del sol comenzaron a iluminar el avión, eso significaba que un nuevo día comenzaba y que quedaba poquitas horas para llegar a su lugar de destino, España. En menos de cuatro horas, ya estaba volando por los alrededores del aeropuerto de Barcelona. El comandante del avión, informó a los pasajeros que deberían de ponerse los cinturones porque en breve empezarían con las maniobras de aterrizaje. Kayla y Laia ya se encontraban de nuevo en su país.
BARCELONA (ESPAÑA)
Cuando el avión aterrizó ya en la pista de aterrizaje del aeropuerto de Barcelona, los pasajeros se desabrocharon los cinturones ya que no había ningún peligro ahora. Poco a poco fueron levantándose de sus asientos, para luego ir saliendo por la puerta del avión que ya estaba abierta mientras que la azafata se encargaba de despedir a los pasajeros con una gran sonrisa en los labios.
—Espero que el vuelo haya sido de su agrado, muchas gracias por su confianza de volar con nosotros —decía la azafata incansablemente a cada pasajero que salía por la puerta del avión, haciendo lo mismo con Kayla y Laia.
Kayla y Laia bajaron por las escaleras que habían puesto en la puerta del avión, para que los pasajeros pudieran salir. Una vez dentro del interior del edificio del aeropuerto, las chicas se dirigieron hacia la zona donde estaban las maletas, para buscar las suyas. Mientras esperaban a que aparecieran por la rueda rotativa sus maletas, Kayla iba encendiendo el móvil, que lo había apagado durante el vuelo, para mandarle un mensaje de texto a Bill diciéndole que habían llegado ya a España y que estaban bien. Al poco rato divisaron sus maletas entre otras maletas, y las cogieron para luego comenzar a caminar entre una multitud de gente hacia la puerta de salida del aeropuerto.
—¡KAYLA! ¡LAIA! —una voz femenina llamó por ellas, haciendo que las chicas se girarán hacia esa voz — Aquí estoy niñas.
—¡MAMÁ! —exclamó Laia al ver a su madre que había venido a recogerlas en el coche.
—Venga meter las maletas en el coche, no tengo todo el tiempo del mundo —apresuró María a las chicas— ¿Qué tal el viaje?.
—Bien, aunque con algunas turbulencias —explicó Kayla a la madre de Laia.
—¿Y papá? —preguntó Laia una vez que se metieron dentro del coche, y abrochado los cinturones, al ver que su padre no estaba.
—Cielo, tu padre hoy tenía trabajo —dijo María a su hija.
—Pero hoy es sábado —dijo Laia extrañada— Él nunca trabaja a los sábados.
—Tenía que dejar un papeleo tramitado urgentemente, por eso fue hoy a trabajar —explicó María a su hija.
—Ah… —susurró Laia.
—¿Qué tal vuestros novios? —preguntó María a las chicas haciendo que estas se sintieran un poco incomodas.
—Bien… —susurró Kayla.
—Todavía no me puedo creer que estéis saliendo con esos chicos —volvió a decir la madre de Laia— Apenas los conocisteis hace tres meses, y ya empezasteis una relación.
—Nos es suficiente con esos tres meses —contestó Laia a su madre— Además sabemos todo sobre ellos porque son famosos, y hemos leído miles de entrevistas de ellos.
—Ya se me olvidaban que eran integrantes del grupo ese Japan Hotel o algo así —dijo María a su hija.
—Tokio hotel, es que no te enteras —dijo Laia su madre.
—¿Cuándo van a venir a España para que los podamos conocer? —preguntó de nuevo María— Tus padres Kayla están deseando conocer a tu novio, como mi marido y yo al novio de Laia.
—No lo sabemos —dijeron Kayla y Laia al unísono. El trayecto hacia la casa de ellas se estaba volviendo un poco incomodo por las preguntas que la madre de Laia les estaba haciendo.
Después de media hora de trayecto, por fin llegaron a la urbanización donde Kayla y Laia vivían. La madre de Laia, primero fue a dejar a Kayla a su casa, esperando a que esta entrara en su casa, para luego dirigirse hacia la suya. Laia se sentía un poco incomoda con su madre, ya que desde que habían llegado no había hecho que hacerlos muchas preguntas. Una vez que llegaron a casa, Laia y su madre, esta aparcó el coche en el garaje que poseía la vivienda unifamiliar.
—Coge tu maleta —dijo María a su hija en modo autoritario, una vez que bajaron del coche, para luego entrar en el interior de la casa.
—Está bien —dijo Laia un poco molesta de tanta orden.
—Como puedes ver la casa no ha sufrido ningún cambio desde las dos semanas que has estado afuera —dijo María su hija— Por cierto, estás castigada.
—¡¿Qué?! —dijo Laia sorprendida.
—Qué creías que iba a quedar impune la semana que has faltado al instituto por estar con tu novio en Los Ángeles —dijo la madre de Laia— Y por encima tienes un novio imprudente, que hizo chocar su coche.
—Tom no es ningún imprudente —defendió Laia a su novio— Y no es justo que me castigues.
—Jovencita la decisión está tomada. Los padres de Kayla también harán lo mismo —informó María su hija— Y se me olvidaba, nada de internet ni de llamadas fuera de horas.
—Entonces como voy a hablar con Tom —dijo Laia con preocupación.
—Simplemente no hablaras —dijo María rotundamente.
—Se va a preocupar —volvió a decir Laia a su madre.
—Hija, una relación a distancia no es factible —explicó María a su hija en un intento de decepcionar a Laia en su relación con Tom— Ellos ahora están libres de vuestros ojos, y podrán llevar una vida paralela.
—Eso es mentira, Tom nunca me va a poner los cuernos —dijo Laia con el ceño fruncido— Él me ama ya me lo ha demostrado varias veces.
—Ya me darás la razón con el tiempo —volvió a decir María a su hija— Voy a preparar la comida, así que aprovecha a darte una ducha si quieres.
—Está bien… —suspiró Laia mosqueada. Su vida se estaba convirtiendo en una completa pesadilla con la actitud de sus padres, y lo peor que nunca lograría que estuvieran a favor de su novio.
Laia subió las escaleras que daban a la planta superior, de aquella vivienda unifamiliar, donde estaban las habitaciones. Caminó por el pasillo, hasta que llegó a la puerta de la que era su habitación. Abrió la puerta y entró en el interior de esta. Seguía estando igual como la había dejado cuando hace dos semanas se había ido a Los Ángeles. Apoyó la maleta en el suelo, y respiró profundamente para luego sentarse en su cama en un estado pensativo. Tenía que buscar la forma de poder hablar con Tom, para decirle que su madre la había castigado una larga temporada sin poder estar internet y tampoco sin poder hablar con él.
Continúa…
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