It’s just a dream 83

Fic hetero de Heiligtkt483

Capítulo 83

BARCELONA (ESPAÑA)

Kayla salió del coche de la madre de Laia, y esperó a que estas se marcharan. Se giró y tocó el timbre de su casa para que le abriera su madre la puerta. Después de unos minutos, Laura abría la puerta a su hija en tono distante saludó a su hija y la hizo pasar al interior de la casa. Kayla presintió por el tono que le habló su madre nada bueno iba a ocurrir, y la gran culpa de esto la tenía Dan.

—Pensé que te ibas a quedar unas semanas más en Los Ángeles, como siempre haces lo que quieres —dijo Laura a su hija con tono de reproche.

—Ojala pudiera quedarme en Los Ángeles es una ciudad sensacional e única —dijo Kayla a su madre— Lastima que no me pude quedar, pero tranquila mami que en cuanto acabe mis estudios me iré muy lejos de aquí.

—Eres una desgraciada —volvió a decir Laura a su hija— Tu padre y yo te hemos cumplido todos los caprichos por haber, y aún te atreves a hablar de esa forma.

—Sino me hicieras la vida imposible, no reaccionaría así —respondió Kayla a la defensiva.

—No me gusta nada que salgas con ese chico —confesó Laura a su hija— Tiene pinta de mujer.

—Estoy harta de que todo el mundo juzgue a Bill por lo que no es —respondió Kayla a su madre enfadada— Es una bellísima persona, muy amable, muy atenta…

—Sí, claro —afirmó Laura con ironía— Es un famoso, y solo se mueve por dinero. Cuanto más dinero obtiene más quiere. Es una persona sin escrúpulos que les quita el dinero a personas inocentes e ingenuas, que compran sus discos y todo lo que sacan.

—Hacen buena música —volvió a defender Kayla a su novio— Ya entiendo, fue Dan ¿Verdad? Te ha venido a llegar tu cabeza con estúpidas ideas sobre mi novio y el de Laia.

—Dan es un buen chico y nunca miente —dijo otra vez Laura a su hija— Me ha dicho que lo han tratado muy mal, que incluso tuvo que irse del apartamento donde estabais porque ellos mismo lo echaron. Gracias a dios, que una chica muy amable lo acogió en su casa.

—Sí, ya… —dijo Kayla irónicamente— Seguramente que se le olvidó contarte la parte en la que siempre nos estaba jodiendo la vida a Laia y a mi cuando estábamos con nuestros novios a solas.

—Cielo, Dan nunca haría eso —volvió a decir Laura calmada a su hija.

—¡Dios! Parece que te haya abducido el cerebro con sus palabras —dijo Kayla asqueada— Hablas como si fuera tu propio hijo.

—No digas tonterías hija —dijo Laura restando importancia a lo que había dicho Kayla.

—Me voy a mi habitación —dijo Kayla para no seguir discutiendo con su madre.

—En un rato haré la comida —informó Laura a su hija.

—Está bien —dijo Kayla ya empezando a subir por la escaleras.

—No te conectes a internet —advirtió Laura a su hija.

—¿Por qué? —pregunto Kayla confusa.

—Estás castigada —dijo Laura a su hija.

—¡¿Qué?! —exclamó con asombro y confusión Kayla— ¿Por qué?.

—Por estar una semana de más en Los Ángeles —explicó Laura a su hija.

—Pero ya os dije que era porque había sufrido un pequeño accidente, y necesitaba revisión médica durante una semana más —explicó Kayla a su madre— Por eso nos quedamos una semana más.

—Me da igual —dijo Laura rotundamente— Eso es un motivo por el que no te conviene estar con tu novio ni con el hermano de este.

—Te odio —dijo Kayla subiendo por las escaleras y cabreada, para luego llegar a su habitación y la cerrar la puerta de esta con un gran portazo.

Una vez dentro de su habitación, Kayla se tumbó en la cama de ella, para luego tirar el cojín contra la puerta de su habitación. Estaba realmente muy cabreada, odiaba a su madre que ahora se había puesto del lado de su ex amigo. Ese día Kayla no bajo a comer, a pesar de que su madre había subido varias veces para irla a avisar de que la comida estaba lista. No pensaba salir de su habitación en todo el fin de semana, hasta que llegará el lunes e ir a la universidad. Allí se vería las caras con Dan y le dejaría las cosas muy claras de una vez por todas.

Por otro lado, Laia pasó todo el sábado con sus padres. Cuando acabó de ducharse bajo a comer, su madre ya había preparado la mesa y faltaba muy poco para que su padre llegara de trabajar. Durante la comida intentó persuadir a sus padres de que le levantarán el castigo pero sin ningún éxito. Ahora más que nunca estaba deseando que llegará el lunes para poder hablar con Kayla, y así poder trazar un plan para poderse comunicar con sus novios.

El fin de semana transcurrió muy deprisa. Era lunes por la mañana y Laia se había levantado muy temprano para prepararse para ir a la universidad. Su madre ya estaba en la cocina preparando un rico desayuno para su hija. Laia se levantó de la cama, y se dirigió hacia la ducha. Dejó que el agua recorría y mojará cada centímetro de su cuerpo, después cerró el grifo de la ducha, y se secó con esmero con la toalla. Luego paso a su habitación para ponerse su ropa interior, y seguidamente su ropa. Cogió sus libros que metió en una mochila, para luego bajar las escaleras y entrar en el interior de la cocina. Su madre ya le había servido es desayuno en la mesa.

—Buenos días —saludó María a su hija— ¿Qué tal has dormido?.

—Bien —respondió la chica sentándose a la mesa y para luego comenzar a comer su desayuno sin decir ninguna palabra más a su madre.

—Hija no me gusta que se formé tanto silencio entre nosotras —dijo María intentando acercarse a su hija.

—Yo no soy la culpable, sino eres tú —respondió Laia sin ningún miramiento— Tú y papá me habéis castigado sin ningún motivo. El único motivo que os mueve que odias profundamente a mi novio, por eso no quieres que tenga contacto con él, porque sabéis que él estando en Los Ángeles y yo aquí habrá tierra de por medio, y así lograréis separarme de él.

—Laia, hija. No seas dramática —dijo María ante las palabras de su hija— Sabes que todo lo hacemos por tu bien, y ese chico no te conviene realmente.

—Me da igual vuestra opinión —dijo Laia encarándose a su madre— Yo le quiero, además posiblemente el año que viene me vaya a Los Ángeles, así estaré más cerca de él

—¿Y de que piensas vivir sino has terminado tus estudios? —preguntó María a su hija— Aún no has acabado la universidad.

—Tom tiene suficiente dinero para poder vivir, mientras yo acabo mis estudios —respondió Laia dándose cuenta que había sido muy egoísta pensando en que Tom podría pagarle los estudios— Para algo es famoso, ¿no?.

—No creo que tu novio esté por la labor de pagarte tus estudios —dijo María con retintín— Hija, ha sonado a muy interesada por tu parte. Me estás haciendo ver que estás con Tom por solo su dinero.

—No es verdad, yo le quiero demasiado —volvió a encarar Laia a su madre— Pero si tengo que irme para poder estar con él, si vosotros os oponéis a esta relación, estoy segura que Tom me ayudaría a pagar la carrera universitaria gustosamente.

—Hija, sigue soñando. Cuando te des cuenta de la realidad de todo, vendrás a junto mía y de tu padre para que volvamos a ayudarte —dijo María resentida.

—No quiero seguir escuchándote —dijo Laia a su madre para luego levantarse de la silla, donde estaba sentada mientras estaba desayunando— Me voy a la facultad.

María no respondió nada a lo que dijo su hija, Laia al poco rato salía de su casa camino de la casa de Kayla. Las dos chicas siempre iban juntas a la universidad, ya que ambas habían ido siempre en la misma clase desde que eran unas alumnas de parvulario, pero ahora en la universidad habían elegido diferentes carreras, y eso hacía que no fueran a la misma clase pero iban a la misma facultad. Eran las ocho y cuarto de la mañana, Laia esperaba afuera de la puerta que daba al jardín de la casa de Kayla, el frío se hacía más presente en esa mañana, ya estaban a finales de noviembre, y pronto con la llegada de diciembre vendría el invierno. Eso hizo recordar a Laia que pronto llegarían las vacaciones de navidades, y que después de las vacaciones tendría que hacer los primeros exámenes de su año universitario. Sonrió para si misma, al recordar que los chicos les habían prometido a Kayla y a ella que fin de año lo celebrarían con ellas, pero la sonrisa se borró de sus labios cuando se dio cuenta que sus padres les habían castigado sin tener ningún contacto con ellos, así no sabrían como harían para enterarse de cuando los chicos vendrían.

—Buenos días, Lai —saludó Kayla que había salido de su casa, con cara de muy pocos amigos.

—Buenos días, Kay —saludó Laia sin muchos ánimos— ¿Qué tal has pasado el fin de semana?.

—Prefiero no hablar de eso —dijo Kayla con resentimiento— Mis padres se han puesto de acuerdo para hacerme la vida imposible. Me han castigado, no puedo andar en internet y me han quitado el móvil para que no hable con Bill.

—Mis padres también han hecho lo mismo conmigo —explicó Laia a su amiga— ¿Qué vamos hacer ahora? ¿Cómo vamos a hablar con ellos?.

—No lo sé, Lai —susurró Kayla pensativa— Tal vez podríamos ir algún día a un ciber para poder mandarles un mensaje por correo electrónico, o llamar desde una cabina telefónica, aunque la llamada nos saldrá bastante cara, pero es la única forma que veo sin que nuestros padres se den cuenta.

—Sí, tienes razón es la única forma —afirmó Laia— ¿Por qué todo se nos tiene que torcer?.

—Toda la culpa la tiene Dan —soltó Kayla de repente— Le ha abducido el cerebro a mi madre con cosas para ponerla en contra de Bill.

—¿Qué vas hacer respecto a Dan? —preguntó Laia a su amiga— ¿Le dejaras las cosas claras?.

—Por supuesto que se las dejaré bien claras —dijo Kayla cabreada— Es más desde ahora no volveré a hablar con él.

—Será mejor que nos vayamos yendo a la universidad —dijo Laia al darse cuenta que eran ya las nueve menos cuarto, y a las nueve entraban en clase y aún les quedaban diez minutos de camino para llegara la facultad— Vamos a llegar tarde.

Las dos amigas emprendieron el camino hacia la universidad, con paso rápido y ligero, si no querían llegar tarde y quedarse afuera en el pasillo, ya que sus profesores no les permitiría entrar en sus respectivas aulas una vez tocado el timbre de entrada. Caminaron lo más rápido posible, eran las nueve menos cinco y ya se encontraban cruzando el gran portalón que daba al patio del campus universitario. A lo lejos observaron a Dan hablar con algunos amigos. Las chicas pasaron por delante de él, sin hacerle ningún caso, aunque el joven se dio cuenta de ellas cuando las vio pasar.

—Por fin habéis llegado —se acercó Dan a la chicas para hablar con ellas, pero ellas no le prestaron ningún tipo de atención— ¿Qué tal habéis dejado a vuestro novios? ¿Llorando por vuestra marcha con lo mariquitas que son?.

—No te consiento que hables de esa forma —encaró por fin Kayla al chico— No quiero volver a escucharte decir eso sobre mi novio ni mi cuñado.

—Veo que los sigues defendiendo —dijo Dan con odio— A pesar de que me tratarán mal, tú los sigues defendiendo.

—Nuestra amistad está acabada Daniel —dijo Kayla con resentimiento— Nunca te voy a perdonar lo que hiciste, y menos te voy a permitir que le laves el cerebro a mi madre con tus estúpidas ideas.

—Solo le conté la verdad de como será su futuro yerno —dijo Dan cada vez más enfadado.

—No quiero verte más por mi casa, ni que hables con mi madre —dijo Kayla otra vez— Quiero que desaparezcas de mi vida y de la de Laia.

—Tranquila, no te preocupes. No me volveré a acercarte a ti, ni a tu madres ni a Laia —dijo Dan con rotundez— Pero disfrutare viendo como poco a poco la relación que tienes con Bill se va al garete, nunca te voy a perdonar que no me hayas hecho caso. Yo soy mejor que ese maricón que tienes por novio.

—Te equivocas… —susurró Kayla— Bill no está podrido como lo estás tú, esa es la diferencia.

El timbre, que tocó el bedel, anunciaba que las clases daban a su comienzo. Poco a poco cada alumno fue entrando en el interior de los edificios que comprendían el campus universitario, para irse cada uno a sus correspondientes clases. Laia y Kayla caminaron dejando solo a Dan, en dirección a cada una de su clase. Una vez que Kayla llegó al interior de su aula, se encontró con Helena que estaba comentando alguna cosa con un grupo de tres chicas.

—¡Vaya mirar quien ha venido! —exclamó Helena al ver a Kayla entrar en el interior del aula— ¿Tu novio te ha echado de su casa?.

—Cállate pesada —respondió Kayla ante la pregunta de la chica, que miraba a Kayla con envidia y odio.

—Parece que tu novio no te ha dejado satisfecha —volvió a decir Helena— Claro que no me acordaba, que tu novio es maricón —las risitas de las chicas que acompañaban a Helena en ese momento inundaron la sala.

—Eres una envidiosa —dijo Kayla mirando a la chica— Te mueres de ganas por estar con mi novio, pero no has tenido la suerte que hemos tenido Laia y yo. Desde que te enteraste de que Laia y yo nos íbamos a Alemania empezaste a hablar mal de nosotras, y no te digo nada cuando salieron las fotos en las que aparecíamos con ellos.

—Puede ser… —susurró Helena— Me da una pena tremenda que Tom y Bill estén saliendo contigo y con Laia, porque realmente no valéis nada. Sois tan insignificantes, que no me extrañaría nada que tratarán de cambiaros en cuanto puedan por alguna chica rica, famosa y guapa que viva en Los Ángeles.

—Ellos nos saben valorar muy bien —volvió a responder Kayla.

—Lo dudó mucho —se rió Helena.

—Por favor, sentaros —dijo la voz grave del profesor de expresión oral que había entrado en el aula, y vio a Helena hablando con Kayla.

Cada una se fue a su sitio. Kayla se sentó en su pupitre que ocupaba desde principio de curso. Sacó el libro de expresión oral, y atendió a las explicaciones del profesor. Por lo visto en esa semana que ella habían faltado, el profesor había avanzado bastante en el temario, así que Kayla le tocaría ponerse al día en esa materia, y pedir a algún compañero caritativo que les prestará sus apuntes para poder sacarles una fotocopia y así poder estudiar el tema. El timbre tocó dando aviso que la clase había acabado, a segunda hora tendrían inglés, así que Kayla tenía que ponerse las pilas en esa materia también porque había perdido también bastantes clases.

—No entiendo nada —dijo Kayla desesperada cuando estaba haciendo un análisis de un texto en inglés en el cual tenía que contestar unas preguntas sobre el texto en cuestión, que le había puesto el profesor para hacer en clase— Esto es súper difícil.

—Si no hubieras faltado una semana a clase, no estarías tan atrasada en este tema, y te saldría mejor el ejercicio y lo entenderías —reprendió el profesor a Kayla cuando escuchó a la chica quejarse.

La mañana estaba siendo un desastre para las dos amigas, tanto los profesores como sus compañeros de clase no les estaban poniendo las cosas fáciles. Todos las miraban con odio y rencor, y ellas no entendían porque o más bien sí. Estaban empezando a darse cuenta que es salir con unos famosos, que son mundialmente conocidos pero a la vez mundialmente odiados. Tanto Kayla como Laia estaban deseando que las clases acabaran y así poder salir de ese sitio, que era peor que una prisión de cadena perpetúa. Finalmente sus ruegos fueron escuchados y el timbre sonó escandalosamente, indicando que las clases habían acabado por ese día. Kayla cogió sus cosas y las metió dentro de su mochila para luego salir del aula a toda prisa y esperar a que Laia saliera también de su clase, mientras que sus compañeros cuchicheaban entre sí cosas de ellas.

—¡Qué día más patético hemos tenido hoy! —exclamó Laia una vez que salieron del interior de la facultad— Como tengamos los días el resto que queda de curso, lo llevamos claro.

—Sí… —susurró Kayla cabizbaja— Hoy mis profesores estuvieron bordes conmigo por haber faltado toda una semana.

—Sí, creo que esta evaluación lo vamos a tener difícil para aprobar —dijo Laia con tristeza— Mi madre me matará como suspenda todas.

—Y la mía —susurró Kayla— Menuda mierda de vida tenemos, pasamos de estar en el paraíso y a estar en el infierno.

—Si… —volvió a susurrar Laia— ¿Cuándo vamos a ir a un ciber para hablar con los chicos?.

—No lo sé, Lai —contestó Kayla mientras ambas caminaban en dirección a la casa de cada una— Mamá está en plan pesada, y no me dejará salir de casa. Será mejor esperar un poco a que las aguas se calmen para no levantar sospechas.

—Tienes razón —sonrió Laia— La vida de adolescente es tan complicada.

—Lo sé… —respondió Kayla en un susurro— Pero cuando acabemos nuestras carreras, podremos encontrar un trabajo y no nos podrán impedir hacer ciertas cosas, además que ya somos mayores de edad.

—Ya… —susurró de nuevo Laia— El sábado me atreví a decir a mi madre, que me iría a vivir con Tom en cuanto acabará mi carrera universitaria.

—¿Y lo harías? —preguntó Kayla a su amiga.

Continúa…

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por Heiligtkt483

Escritora del Fandom

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