Fic hetero de Heiligtkt483
Capítulo 88
HAMBURG (ALEMANIA)
—Sí, mami —respondió Laia intentando aparentar normal.
—SERÁ MEJOR QUE TE ACUESTES YA… —volvió a decir su madre— MAÑANA SERÁ UN DÍA AJETREADO. HASTA MAÑANA.
—Hasta mañana, mami —dijo Laia a su madre sin en ningún momento abrir la puerta de su habitación.
Cuando Laia ya no escuchó los pasos de su madre ni su presencia, se dirigió otra vez al ordenador para despedirse de su novio.
—Cariño, tengo que dejarte ya —explicó Laia a su novio— Mañana va a ser un día complicado, van a venir familiares míos a celebrar la nochebuena.
—Está bien, cielo —dijo Tom— Te quiero mucho, princesa.
—Yo también, mi príncipe —sonrió Laia a su novio— Hasta mañana. Supongo que por la tarde podremos hablar un poco antes de que venga mi familia.
—Sí, aunque vendrá también mis primos y mis tíos a celebrar la nochebuena en casa de mis padres —explicó Tom a su novia— Buenas noches, princesa. Sueña mucho conmigo.
—Tú también sueña conmigo —volvió a sonreír Laia a Tom— Hasta mañana…
Fin conversación Skype
Tom se quedó quieto unos segundos mirando el ordenador, para luego apagarlo. Se levantó de la cama y fue a dejar el portátil encima de una mesa escritorio, que tenía en su habitación. Se quedó mirando en silencio por la ventana, esa noche la luna llena brillaba más que nunca en una noche de invierno. Cogió un cigarrillo de su paquete que tenía encima de su escritorio, y se le comenzó a fumar dejando que el humo penetrará en sus pulmones y poco a poco le fueran calmando. Tener ciber sexo con Laia le había parecido súper excitante, aunque estaba deseando tener a su novia en cuerpo presente para poder hacerle todas las cosas que se imaginó mientras se estaba masturbando mirándola a ella por el ordenador.
Tom acabó de fumarse el cigarrillo, y lo apagó en la piedra de la ventana, después lo dejo encima de un cenicero que había en la mesa de su escritorio. Se fue a su cama, y se tumbó. Había sido un día demasiado largo, y el del día siguiente sería más, ya que tendría que ayudar a sus padres con los preparativos de la gran cena de nochebuena, ya se juntaría por lo menos unas quince personas, entre sus tíos y primos. Dio un par de vueltas sobre la cama, y finalmente se durmió en un profundo sueño.
Los rayos del sol que penetraban por su ventana, consiguieron que abriera paulatinamente los ojos. Era ya de día, se frotó los ojos con las manos, para luego levantarse de un salto de la cama. Escuchó cerrarse una puerta, fijo que su madre ya se había levantado temprano para ir a comenzar con los preparativos de la gran cena que tendrían esa noche. Se dirigió hacia su maleta y sacó una muda limpia seguida de una camiseta y unos pantalones. Luego abrió la puerta para ir a darse una ducha, antes de que su hermano pequeño ocupara el baño para uso exclusivo de él. Cuando acabó de ducharse, se enrolló la toalla alrededor de su cintura, y salió camino hacía su habitación. Allí acabó de vestirse, luego bajó a la cocina, su madre ya estaba preparando un rico desayuno, ya tenía sus papas de avena hechas, y una gran jarra de zumo natural de naranja recién exprimido estaba en medio de la mesa de la cocina. Después había galletas, tostadas, mermeladas de varios sabores y mantequilla, sin olvidar una gran taza de café recién hecho.
—Buenos días mamá —saludó Tom a su madre acercándose a ella para darle un beso en la mejilla— Menudo recibimiento nos has hecho. Todo tiene muy buena pinta.
—Para las pocas veces que venís al año a Alemania, tengo que esmerarme —contestó Simone a su hijo— A ver si consigo que vengáis más veces a visitarme.
—Todo es por culpa del trabajo, mamá —sonrió Tom a su madre— Sino ya verías como estaba aquí. Echo de menos tus comidas y tus desayunos.
—No se nota —dijo Simone a su hijo— Estáis muy delgados, necesitáis de mi comida casera. Deberíais decirle a David que os den unas semanas de vacaciones.
—Aunque quisiéramos no podemos, y lo sabes —contestó Tom a su madre— Estamos en plena producción del disco, por eso tenemos que estar en Los Ángeles.
—Lo sé hijo, pero es que os extraño demasiado —dijo con tristeza Simone.
—Pronto regresaremos, para la promoción del disco en Europa y después haremos una gira —explicó Tom a su madre— Así que nos tendrás más a menudo por aquí.
—Ya… —susurró Simone— Será mejor que desayunes que si no se te enfría la papilla de avena.
—Huele muy rico, mamá —sonrió Tom mientras cogía una cuchara y se metía un poco de esa rica papilla.
—¿Hasta cuándo os quedáis? —preguntó Simone mientras miraba como su hijo desayunaba— Pasareis el año nuevo aquí, ¿no?.
—Iremos a España —respondió Tom a su madre mientras sonreía— Tengo que ir a conocer a mi suegra.
—Por lo que veo tu relación con Laia va muy enserio —dijo Simone contenta de que su hijo por fin hubiera asentado la cabeza— Es muy buena chica.
—Sí, es muy dulce —respondió embobado Tom con una sonrisa tonta al recordar a Laia— Es difícil de explicar lo que siento cuando la veo.
—Simplemente hijo, es que te has enamorado —dijo Simone muy emocionada— Espero que cuides muy bien a Laia, y que no acabes con ella muy pronto. Quiero verte con novia ya fija y formal.
—Aunque no lo creas llevamos casi seis meses saliendo —dijo todo orgulloso Tom como si de una hazaña se tratara.
—Lo dices como si llevarás siglos con ella —se rió Simone— Aún os queda mucho, sino mírame a mí con Gordon cuanto tiempo llevábamos saliendo, al final nos decidimos a casamos.
—Sí, ya era hora —dijo Tom a su madre— ¿No tendréis pensado aumentar la familia?.
—¿Por qué preguntas eso? —dijo Simone intrigada a su hijo.
—Hombre, no sé pero supongo que igual queréis tener algún hijo más —dijo Tom a su madre— Aunque yo no me veo a mi edad con un hermano más pequeño que yo, por varios años.
—Serías su hermano mayor, si Gordon y yo decidiéramos tener algún bebé —explicó Simone a su hijo— Sería una experiencia nueva.
—¿Experiencia nueva? —miró Tom a su madre frunciendo el ceño— Oye… ¿No estarás ya embarazada? No quiero cambiar pañales de bebes, aunque sea de mi hermano o hermana.
—No, no para nada —dijo Simone alarmada por la reacción de su hijo— Hace unos meses tuve un retraso pero fue por motivos de estrés, después me volvió todo a la normalidad.
—Menos mal… Ya me llega con aguantar a Bill —suspiró Tom con alivió.
—Aunque no os dé ningún hermano, me podéis dar vosotros un nieto o una nieta —sonrío emocionada Simone— Sería el príncipe o la princesa de la casa, la sacaría a pasear por las tardes…
—Mamá por el momento no va a ver ningún bebé por parte de Bill y mío —dijo Tom perdiendo la paciencia— Laia solo tiene dieciocho años, tiene que acabar sus estudios, y un bebé ahora sería estropearle el futuro.
—Lo sé… —dijo Simone apenada— Pero cuando Laia sea más mayor, podéis. Oye… Tom… ¿Os cuidáis Laia y tú?.
—Mamá sabes que en ese tema soy muy cuidadoso —respondió Tom a su madre— No me gusta ir sembrando minis Toms por donde hemos pasado.
—Hijo, ¿Le has sido infiel a Laia? —preguntó Simone con semblante serio.
—¡¿Qué?! No… —respondió rápidamente Tom— Entre Laia y yo va todo perfecto. Ayer estuve hablando con ella por Skype…
—Ya me parecía a mi, por eso escuché unos pequeños gemidos por la noche —dijo Simone pensando en la noche anterior— ¿Teniendo sexo cibernético con tu novia, Tom?.
—¡Mamá! Joder… no se te escapa ninguna —dijo Tom un poco avergonzado.
—Hijo es que no fuiste nada silencioso —sonrió Simone a su hijo— No sé voy a hacer contigo, pero mejor que te desahogues así, que vayas en busca de otra compañía femenina.
—Tienes razón, Laia es mi vida y sería incapaz de hacerle daño —dijo con sinceridad Tom— Ya una vez pensé que la perdía, y no quiero volver a pasar por eso otra vez.
—Se nota que has madurado mucho, hijo —acarició Simone la cara de su hijo mayor— Ya eres todo un hombre. Pero lo que no me ha gustado nada es que te hicieras ese tatuaje en los dedos de tu mano derecha.
—Mamá, no empecemos —dijo Tom con hastío— No soy un niño pequeño. Hago con mi cuerpo lo que quiero.
—Hijo, si tú ya eres perfecto por sí solo. No tienes la necesidad de ir pintándote con esos dibujos en tu cuerpo —volvió a insistir Simone— Con tu hermano después tendré una charla seria.
—Mamá, Bill ya es mayorcito —volvió a decir Tom— Además si algún día nos aburrimos de ellos, tenemos pasta para podérnoslos quitar.
—Paso de ti, me tienes demasiada harta hijo —dijo Simone hastiada— Total todo lo que te digo te entra por un oído y te sale por el otro.
—Mami, no te enfades… —dijo Tom poniendo cara de niño bueno, y acercándose a ella para luego abrazarla y comenzarle a darle muchos besos en la cara— Sabes que eres la mejor mami del mundo, y me siento muy orgulloso por ello.
—Serás cuentista —dijo Simone mientras ponía los ojos en blanco.
—No lo niegues, mami —dijo Tom poniendo ojitos de cordero degollado— Soy tu hijo favorito, ¿A que sí? Dilo plis…
—Lo que me faltaba, mi hijo mayor ha retrocedido en el tiempo a la edad de tres años —dijo Simone moviendo la cabeza para luego darse un golpe con la mano en la frente— Tendré castigo de dios, con vosotros.
—¿Qué paso mamá? —preguntó Bill haciendo entrada en la cocina para desayunar, encontrándose a su madre y a su hermano mayor— ¿Qué ha hecho Tom ya?.
—Yo no he hecho nada, monín —contestó Tom a su hermano— Prepárate que ahora mamá va a empezar contigo, ya me tocó antes. Bueno… yo me voy a dar una vuelta a ver si está Andreas en casa.
—Hey cabrón, no me dejes solo ante el peligro —se quejó Bill a su hermano.
—Ah se siente —dijo Tom para salir finalmente por la puerta de la cocina.
—Hijo como le he dicho a tu hermano, no me gusta nada que te hayas hecho ese tatuaje en los dedos de tu mano —reprochó Simone a su hijo menor.
—Pero mami, este tatuaje es especial —explicó Bill a su madre— Nos une más a mi y a Tom.
—En fin… No puedo luchar más contigo ni con tu hermano —se quejó Simone echando un suspiro.
—Pensé que eras un madre muy liberal —le reprochó— Nos dejaste a Tom y a mi hacernos piercing a una edad muy temprana y ahora nos echas la bronca por un tatuaje que es importante para lo dos.
—Es igual, olvida que he dicho algo. ¿Te apetece ayudarme? —preguntó su madre cambiando de tema.
—Siempre me toca pringar a mí. ¿Por qué no se lo has dicho a Tom? —dijo con fastidio.
—Tú llegaste último —rió.
Bill estuvo ayudando a su madre a preparar algunas cosas. Él era un pésimo cocinero siempre iban a comer fuera de casa o encargaban ya hecha, así que tenía que estar preguntándole a cada momento a su madre, y esta estar pendiente de él, no fuera a ser que hiciera algo mal.
—Debería de haberse quedado Tom, a él se le da mejor la cocina que a mí —se enfurruñó Bill. Siempre cuando estaba en casa sacaba su actitud infantil haciéndose notar como el hermano pequeño que era.
—Está bien, vete a hacer lo que quieras. Total solo te quejas y no me cuentas nada de tu vida para entretenerme —le dijo.
—Ah con que era eso, solo querías cotillear en mi vida…—dijo con rintintín— Cotilla —le besó y salió de la cocina antes de que fuera demasiado tarde. Amaba a su madre pero no cuando empezaba con los interrogatorios, podía ponerse muy pesada y por suerte no como su hermano, él por el momento se ha librado de cientos de preguntas.
Tom se había dirigido hacia su habitación, para coger su cartera y las llaves de su coche. Tenía que hacer unas compras de última hora, y de paso comprarle un pequeño regalo a Laia para dárselo cuando fuera a España. Salió de la casa, escuchando como Bill se quejaba a su madre por tener que ayudarle a preparar los múltiples platos que haría esa noche para cenar, ya que venían todos los familiares de ellos a la casa de los Kaulitz.
Cuando Bill consiguió librarse de ayudar a su madre, después de estar protestando un buen rato y que su madre se hartará de escucharlo, salió de la cocina y subió las escaleras rápidamente para ir a su habitación. Abrió el armario y observó todos los paquetes que había escondidos en él para luego ponerlos más tarde debajo del gran árbol de navidad que ya estaba decorado y luciendo impecable en el centro del gran salón de la casa. Se fue a la cama y se sentó para escuchar un poco de música, relajarse durante un rato no le venía mal, y es lo que iba a hacer hasta la hora de la comida. A media mañana y poco aburrido de escuchar música, cogió su portátil y lo encendió para luego comenzar a navegar por internet y luego iniciar sesión en Skype para ver si tenía a alguien conocido para poder hablar.
Inicio conversación Skype
—¡¡Lieeeebe!! —escuchó Bill a su novia que había abierto conversación en el Skype— ¿Qué tal el viaje?.
—Muy bien, cielo —contestó Bill a Kayla— Ahora estoy descansando un poco para luego ir a comer. Mi madre me cogió por banda, para que la ayudara con los preparativos de la cena, ya que el cabrón de Tom se fue dejándome a mi solo ante el peligro.
—Vaya… —dijo Kayla a su novio— Los hermanos mayores suelen ser muy abusivos.
—Ni que lo digas… —susurró Bill a su novia— Y por encima mi madre se ha puesto en plan pesada por el tatuaje que nos hicimos mi hermano y yo en la mano. Menos mal que no sabe que me haré otro próximamente, sino me crucifica…
—No digas tonterías. Si tu madre es muy liberal… —se rió Kayla— ¿Me has echado de menos?.
—Yo siempre te echo de menos. Estoy deseando que sea ya el día treinta por la mañana para poder volar hacia junto a ti —dijo Bill emocionado— Serán las mejores vacaciones de navidad que pasé en años.
—Y las mías… —dijo Kayla con ojos brillosos— Mis padres aún no saben nada de que vas a venir a pasar el fin de año a mi casa.
—¿Cuándo se lo vas a decir? —preguntó Bill curioso.
—El mismo día que vengáis —respondió Kayla— Así no se echan atrás para que duermas en casa. Es que conociéndolos fijo que te mandan a un hotel.
—No seas tan exagerada, Kayla —dijo Bill restándole importancia al asunto— Seguro que tus padres son unas personas fantásticas.
—Lo de personas aún no te lo discuto, pero lo de fantásticas como no sea en el fondo pero muy fondo lo dudo —dijo Kayla haciendo reírse a Bill— Ellos no quieren que salgamos juntos.
—¿Porque? —preguntó Bill alzando una ceja.
—Por los prejuicios anticuados de mi madre… Que si un chico no debe maquillarse, la ropa ajustada, los cientos de tatuajes y piercing, el peinado y según ella lo peor, que tu fama me puede corromper o hacerme daño, ya que te puedes ir con cualquiera o hacerme probar drogas o yo que sé que cosas —explicó Kayla.
—Vaya… creo que me llevaré de lujo con mi querida suegra entonces —sonrió Bill intentando que la cosa no se pusiera tensa— ¿Y tu padre que piensa?.
—Bueno… creo que lo lleva mejor, soy su niña consentida. Pero estoy segura que de una buena charla e interrogatorio no te libraras y conociéndolo puedes estar encerrado con el en su estudio por uhmm… ¿Tres días, tal vez? —rió.
—Bueno… quien algo quiere algo le cuesta. Y como yo te quiero a ti, mi precio es un largo interrogatorio —rió Bill.
—¿Sabes que te quiero mucho? —dijo en tono sugerente Kayla.
—Mmm no, creo que después de tanto tiempo lo he olvidado… —se hizo el loco Bill.
—Pues te amo mucho, mucho y cuando te vea te daré un abrazo del cual no te soltaré nunca, nunca —Kayla cogió uno de sus peluches y lo apretujó entre sus brazos.
—Y yo también haré lo mismo y otras muchas cosas más —le miró de forma sexy, esa que hacía que Kayla babeará.
—Uyyyy… que son esas cosas, pervertido, que soy una niña… —fingió inocencia.
—Si una niña muy pervertida —dijo Bill riéndose— Te conozco como a la palma de mi mano.
—¡Qué va! Eso son imaginaciones tuyas —dijo Kayla sacándole la lengua a Bill.
—Ya… —susurró Bill a su novio— Pobre de mí cuando llegue a España, seguro que me violas.
—¿Yo…? —preguntó Kayla haciéndose la ofendida— Para nada si yo soy una santa.
—¿Con quién vas a celebrar la nochebuena hoy? —preguntó Bill interesándose.
—Vendrán mis tíos y mis primos pequeños —explicó Kayla a su novio— Será una cena muy aburrida, ya que mis primos solo tiene 4 y 5 años respectivamente.
—Vaya… —susurró Bill— ¿Pero después quedarás con Laia?.
—No lo creo. También vienen sus tíos y primos y lo celebrarán en familia —contó Kayla a Bill— Aquí solo se sale el día de fin de año, en nochebuena es más de estar con la familia en casa.
—Ya… como aquí en Alemania —dijo Bill— Dentro de unas horas vendrán mis tíos y mis primos. Mi madre está como loca haciendo los platos que podrán para cenar.
—¿Le has pedido muchas cosas a Santa Claus? —preguntó Bill a su novio.
—Sí, que me traiga a mi novio a mi casa —dijo tajantemente Kayla— Te extraño muchísimo.
—Yo también cielo —sonrió Bill— ¡Dios! Que tarde es, tengo que ir a comer, sino mi madre me mata
—Bueno cielo —empezó a despedirse Kayla— Hablamos mañana.
—Sí, pasa una buena noche —se despidió Bill de su novia— Que Santa te traiga todo lo que pides, incluido yo, aunque ese regalo lo recibirás dentro de unos días. Te quiero…
—¡Qué payaso eres! —se rió Kayla— Por eso me vuelves tan loca.
—Adiós cielo —dijo de nuevo Bill a su novia, para luego cerrar sesión el Skype.
Fin conversación Skype
Después de cortar la videollamada Bill salió de su cuarto y bajó a comer con su familia. La mesa ya estaba puesta, ya que él se entretuvo más de la cuenta y no pudo ayudarlos. Como siempre fue una comida riquísima hecha por su madre, era una de las cosas que más extrañaban desde que vivían en Los Ángeles la comida riquísima que hacia su madre.
Estuvieron charlando de algunas cosas poniéndose al día de las cosas sucedidas en si país natal. Después de la comida Gordon y Bill se encargaron de recoger la mesa, mientras que a Simone y a Tom les tocó fregar los platos sucios. Después de eso aprovecharían para descansar un par de horas y coger fuerzas para una larga noche con sus familiares. La cena se extendería bastante y luego la fiesta mucho más, terminando a altas horas de la madrugada acabando todos agotados, por eso les hará bien aprovechar la poca tranquilidad que les quedaba.
Continúa…
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