Fic hetero de Heiligtkt483
Capítulo 89
HAMBURG (ALEMANIA)
Pasadas esas pocas horas cada miembro de la casa decidió que era hora de empezar a arreglarse. Bill se puso una camisa de botones blanca junto con un chaleco negro y unos pantalones oscuros junto con unas botas negras. Se maquilló bastante poco, últimamente ya no solía maquillarse mucho. Peino su pelo dándole un toque diferente y se perfumó dando por finalizada su imagen.
Tom por su parte se había puesto una camisa más entallada de lo normal, que él solía utilizar. Después se puso unos pantalones de color beige claritos, y unas bambas. Se echó un poco de colonia de hombre, y salió de su habitación rumbo al salón. Cuando llegó allí su madre ya estaba poniendo la mesa, y él se puso a ayudarla mientras que Gordon y Bill acaban de ultimar algunas cosas en la cocina. A la media hora, el timbre de la casa de los Kaulitz comenzaba a sonar y poco a poco fueron llegando los familiares más allegados.
—Hallo Tom —saludó uno de los primos de los chicos entrando por la puerta— ¿Hace tiempo que no hablamos por Skype?.
—Ya… Es que he estado ocupado —respondió Tom— Ya sabes el nuevo disco… la producción…
—Si ya… —respondió Bastian— Si os pasáis el día de fiesta en Los Ángeles, así que no me vengas con excusas de que es por el disco.
—¡Ey! Que nosotros si estamos trabajando en el disco —dijo molesto Tom.
—Vale, no digo nada más —dijo Bastian gesticulando con los brazos.
—Primo Tom cuándo podremos escuchar un adelanto de vuestro disco —preguntó una chica rubia de ojos claros.
—No lo sé, Lizzie —contestó Tom— Aún estamos grabando los demos, para más adelante elegir las canciones que irán dentro del disco.
—Vaya… —suspiró Lizzie— Yo que tenía ganas ya de escuchar algo del disco. Vuestras fans se van a enfadar con vosotros como no saquéis disco pronto.
—Ya… pero ya sabes que tanto Bill como yo somos demasiados perfeccionistas, y hasta que no tengamos lo que queramos no vamos a publicarlo —volvió a decir Tom a su prima Elizabeth.
—Siento darte la mala noticia primito, pero como sigáis así os vais a quedar sin fans —respondió Lizzie a Tom— Muchas fans de aquí en Alemania han dejado de creer en vosotros, dicen que os gusta estar más en Los Ángeles que aquí en Alemania.
—Eso es una tontería, nosotros estamos allí por motivos profesionales. Nada más —dijo Tom de nuevo a su prima.
—Pues demostrarles a vuestras fans, que realmente os importan adelantando el disco y sacándolo —dijo con sinceridad Lizzie— Te recuerdo que tienes cinco primas, que son super fans de vuestro grupo. ¿No querrás decepcionarlas, verdad?.
—Lo sé… pero un disco no se graba fácilmente de la noche a la mañana —explicó Tom de nuevo a su prima— Y dejemos de hablar de este, me estoy agobiando de solo escucharos. Es nochebuena tengamos la noche en paz.
—Está bien… —susurró Lizzie— ¿Por cierto que tal Laia?.
—Bien, deseando volver a verla —sonrió bobamente Tom— Menos mal que en fin de año vamos Bill y yo a España a pasarlo con ellas.
—O sea que nos abandonas —dijo Lizzie poniendo una mueca— Te lo tendré en cuenta primito. Me tienes muy abandonada…
—Venga, Liz —se acercó Tom a su prima para abrazarla— No digas eso. Sigues siendo mi prima favorita.
—Lo sé… pero desde que te has ido con Bill a Los Ángeles pasas muy poco tiempo aquí —dijo la chica en un susurró y con tristeza— Os echo de menos…
Después de que todos los mayores estuvieran hablando entre sí, pasaron al salón para sentarse en los sillones. Estuvieron un buen rato hablando mientras que esperaban a que Simone pusiera la comida en la mesa. Las mujeres de la casa fueron a ayudar a Simone en esa tarea, mientras que los gemelos y sus primos seguían hablando contando las cosas que habían hecho desde que se había ido en septiembre a Los Ángeles, mientras que Gordon hablaba con los demás hombres de la casa.
Cuando Simone y las demás mujeres acabaron de poner todo encima de la gran mesa del comedor, todos se levantaron y tomaron sus correspondientes asientos. Los adultos hacia una zona de la mesa, y los más jóvenes de la familia se sentaron al otro lado, para luego comenzar con la cena, mientras que seguían hablando de temas triviales. La cena paso rápido, así que entre todos ayudaron a Simone a recoger la mesa, así al día siguiente no tendría que recogerla. Más tarde se acercaron al árbol, y comenzaron a repartir los regalos. Ya de madrugada, cada uno se fue a su casa. Los gemelos se fueron a su habitación respectivas para dormir.
Los días fueron pasando, era por la tarde y los gemelos se encontraban haciendo sus maletas. Al día siguiente por la mañana volarían a España, en concreto Barcelona para ir a pasar el resto de las vacaciones de navidad con sus novias, luego volverían otra vez a Los Ángeles para continuar con la grabación de su disco. Cuando cada uno acabó de hacer sus respectivas maletas en cada una de su habitación, Tom y Bill bajaron a la cocina, ya que Simone ya había preparado la cena.
—¿Ya acabasteis de hacer las maletas? —preguntó Simone a sus hijos con un poco de tristeza, ya que no los volvería a ver hasta pasado un tiempo, porque ellos regresarían a Los Ángeles directamente desde España.
—Si —respondió Bill a su madre— Mañana tendremos que madrugar para estar a las siete de la mañana y coger el avión de las ocho, y así llegar por la mañana a Barcelona.
—Ya… ¿Después no vendréis por aquí de nuevo, verdad? —preguntó esperanzada Simone de que sus hijos volvieran a visitarla antes de irse definitivamente a Los Ángeles.
—No, ya hemos cogido un vuelo por internet con salida desde Barcelona a Los Ángeles —respondió esta vez Tom a su madre.
—Bueno, ¿Cuánto tardareis en volver a venir a Hamburgo? —volvió a preguntar Simone— Es que os echo de menos, hijos…
—Tranquila mamá, en unos meses nos tienes otra vez por aquí —dijo de nuevo Tom para luego abrazar a su madre que estaba un poco triste— Comenzaremos con la presentación del disco, y Alemania será el primer lugar a la que vayamos, así que nos tendrás por aquí de nuevo. Y ahora cambia esa cara no te quiero ver triste mami.
—Lo sé… hijo —dijo Simone sonriendo por primera vez a su hijo desde que habían entrado en la cocina— Es que no puedo hacerme la idea de que mis pequeños, ya son unos hombres hechos y derechos, que ya han volado del nido.
—Buenas noches familia —saludó Gordon entrando por la puerta de la cocina, ya que había acabado de llegar de la calle— ¡Qué bien huele eso cielo!.
—Gracias, cariño —respondió Simone a su marido para luego acercarse a él y darle un beso en los labios.
Simone se separó de su marido, y se fue a servir la cena. Los gemelos ya hacía un rato que se había sentado en sus correspondientes sillas, solo faltaban Simone y Gordon. Empezaron a cenar, mientras que mantenían alguna conversación que otra, hablando de cuando sacarían su nuevo disco, y de los días maravillosos que habían pasado con su familia. Después cuando acabaron de cenar, entre Gordon y los gemelos ayudaron a Simone a recoger, para luego ellos irse a la cama a dormir, ya que el día siguiente sería un día bastante duro, mientras que Simone y Gordon se quedaran viendo un poco la televisión, medios acaramelados.
BARCELONA (ESPAÑA)
Los rayos del sol penetraban insistentemente por las rendijas de la persiana mal bajada. Laia dio media vuelta en su cama, para coger otra posición mejor para seguir durmiendo. Abrió un ojo y observó con un poco de dificultad el reloj que estaba sobre su mesilla, para luego mirarlo alarmada. Las manecillas del reloj marcaban las diez y media de la mañana, se levantó de un salto. Tendría que vestirse rápidamente y bajar a ver si estaba su padre en casa. Tenía que ir al aeropuerto junto con Kayla a buscar a Tom y Bill. Debía de llamar a Kayla por teléfono para avisarle de que se había quedado dormida, y que aún no había hablado con su padre. Se duchó rápidamente poniéndose una ropa cómoda y lo mejor conjuntada posible, ya que no tenía tiempo de ponerse a pensar que ropa le combinaba mejor. Bajó las escaleras con prisa, para luego entrar en la cocina. Suerte que su padre estaba en casa ese día, ya que le habían dado unos días en el trabajo, y aún no había salido para ir algún sitio como solía hacer por las mañanas.
—Laia hija, ¿Y esas prisas? —preguntó el padre de Laia al ver a la chica entrar de esa forma en la cocina, para luego tomar un sorbo en su taza de café.
—Papi necesito tu ayuda urgentemente —dijo Laia con cara de desesperación.
—¿Pero… que te pasa? —volvió a preguntar asustado su padre a Laia.
—Tengo que ir al aeropuerto, y por el camino recoger a Kayla —explicó la chica casi sin respirar— Hoy vienen nuestros novios, y pasarán el fin de año aquí.
—¿Cuándo tenías pensado decírmelo? —preguntó un poco molesto el padre de Laia— Tu madre no contaba con ellos para cenar…
—No solo cenará Tom aquí, Bill lo hará en la casa de Kayla —explicó Laia a su padre— Venga no te pongas así, tendrás la oportunidad de conocer a tu yerno.
—No me hace gracia, Laia —respondió otra vez su padre— En fin… ¿Cuándo llegan?.
—En menos de quince minutos… —dijo Laia histérica mirando el reloj— Me quedé dormida, el despertador no sonó para levantarme más temprano, así que por favor… Llévame al aeropuerto…
—Está bien… —suspiró el padre de Laia para luego darle un último sorbo a su café y levantarse de la silla para luego ir a coger las llaves del coche.
Mientras que el padre de Laia iba a buscar las llaves del coche, Laia aprovechó para llamar a Kayla al móvil para decirle que iban de camino a su casa para recogerla. A los pocos minutos, ya estaban Laia y su padre montados en el coche camino de casa de Kayla. No tuvieron que esperar ni un segundo ya que Kayla ya se encontraba afuera esperándolos, y no tenía muy buena cara, más tenía cara de pocos amigos ya que llevaba más de una hora esperando por Laia, habían quedado para salir de casa a las diez de la mañana y así poder llegar mucho antes del que vuelo de los gemelos llegarán, pero ahora llegarían tarde y Tom y Bill pensarían que no iban a ir a buscarlos.
—¡Ya te vale, Laia! —recriminó Kayla a su amiga— Justo hoy te has tenido que quedar dormida…
—Lo siento, fue el despertador que no sonó —se intentó disculpar Laia.
—No sonó porque más bien no le has conectado la alarma, tonta —respondió Kayla mosqueada— Ahora ellos pensarán que somos unas irresponsables.
—¡Oye…! —se quejó Laia a su amiga— A mí no me tienes porque echar la bronca, porque perfectamente pudiste venir a mi casa antes, y no quedarte en tu casa esperando.
—¡Dios…! Estás insoportable últimamente —dijo Kayla pegándose con la mano en la frente.
—¡Chicas dejar de discutir ya! —dijo el padre de Laia poniendo orden en el coche, ya que habían elevado bastante la voz en la discusión— Así no se puede uno concentrar para conducir… ¡Mierda! Subnormal no ves que tenía yo preferencia… —gritó el padre de Laia a un conductor que había metido el coche sin dejar pasar primero al coche del padre de Laia— ¡Gilipollas! Y por encima con el día que es hoy, todo el mundo se pone en la carretera para ir a sitios…
Las chicas se callaron de repente, y se formó un silencio bastante incomodo en el interior del coche. Oskar, el padre de Laia, seguía conduciendo el coche, pero con mosqueó ya que a esas horas los coches circulaban sin respectar los cedas al paso, ni dejar preferencia al coche que se incorporaba a la fila. Ya eran las once y cuarto, y las chicas se encontraban aún en el coche, ya que se había formado un poco de caravana justo por la carretera que daba al aeropuerto, y eso se debía a que mucha gente viajaría en avión para ir a pasar la fiesta de fin de año con familiares que vivían fueran de Barcelona.
—¿Vuestros novios ya han reservado hotel? —preguntó Oskar de nuevo a su hija— Porque si no han reservado hotel lo van a tener un poco crudo para conseguir habitaciones libres hoy, mucha gente viaja a Barcelona en estos días.
—No… —susurró Laia— He pensado que Tom podría dormir en casa, y bueno… Bill dormirá en la casa de Kayla.
—¡¿Qué?! —preguntó sobresaltado Oskar a su hija— Pero tu niña que te crees, sin consultárnoslo ni a mí ni a tu padre… Joder Laia eso no lo puedes avisar así de una hora para otra.
—Lo siento… —susurró Laia viendo la bronca que le iba a caer por parte de su padres.
—A ver listilla… ¿Dónde vas a meter a tu novio en casa? —preguntó Oskar de nuevo a su hija.
—Tenía pensado que durmiera conmigo en mi habitación —respondió Laia mientras cerraba los ojos porque sabía que su padre le iba a gritar.
—NI HABLAR MOCOSA —gritó Oskar a su hija— Como mucho podrá dormir en la habitación de invitados, que está como cuarto de trastos. Cuando lleguemos hablaré con tu madre para vaciarlo, pero ni se te ocurra dormir con él.
—Pero papá… Tom y yo ya hemos dormido juntos cuando estuve en Los Ángeles —intentó convencer Laia a su padre.
—Es mi casa y son mis reglas —dijo autoritariamente Oskar a su hija— Mientras vivas en mi casa, respetarás las reglas que yo te impongan, y te digo que con tu novio no duermes a solas en tu habitación.
—Pero no haremos nada malo… —volvió a decir Laia a su padre.
—Sí ya… y me lo creo —dijo Oskar con enfado— Os pasareis el día fornicando en la habitación, que ya sé cómo son los chicos de ahora, ningún respeto para después del matrimonio.
—Vale, papá… No te voy a negar que Tom y yo hayamos tenido sexo —respondió Laia a su padre sin ningún tapujo— Y tengo que decir que no me arrepiento de nada, de lo que he hecho con Tom. Me lo he pasado muy bien.
—Aún por encima tienes el descaro de confirmármelo. Te debería de cruzar la cara, te salvas porque está Kayla delante. ¡Ya verás cuando se entere tu madre! —amenazó Oskar a su hija— Prepárate.
—Te odio… —susurró Laia disgustada, no se esperaba que la reacción de su padre fuera tan mala, pensaba que la iba a consentir siendo todo lo contrario.
Durante todo el viaje hacia el aeropuerto fueron en silencio. Oskar estaba atentó a la carretera con el ceño fruncido, no le hacía mucha gracia que el novio de su hija fuera a pasar el fin de año con ellos a su casa, y menos tenerle que darle cobijo. No iba a permitir que ese niñato rico, y sin ningún tipo de prohibiciones destrozará la vida de su pequeña. Laia observaba con la mirada perdida por la ventana, en ese momento odiaba a su padre con toda su alma. Kayla rezaba en su interior, que sus padres no tuvieran tan mala reacción como había tenido el padre de Laia, al enterarse de que su novio dormiría en la casa de ellos, en cierto modo sentía pena por Laia y por Tom.
Al cabo de media hora, por fin llegaron al aeropuerto, Laia miró su reloj y comprobó que casi eran las doce de la mañana. ¡Maldición! Tom y Bill hacía ya casi tres cuartos de hora que habían llegado, tenía miedo que igual se fueran por su cuenta pero ni siquiera ellos sabían la dirección de donde vivían Laia y Kayla. Oskar aparcó el coche, en el parking, Kayla y Laia salieron del coche sin pararse en ningún momento, sobre todo Laia que en ese momento tenía a su padre cruzado.
—¡Por encima una niña desagradecida! —exclamó Oskar a ver a su hija salir corriendo al interior del aeropuerto, sin haber dicho ni siquiera un gracias por haberla llevado.
Continúa…
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