It’s just a dream 9

Fic hetero de Heiligtkt483

Capítulo 9

Sam, Laia y Kayla se fueron hacia la puerta de la casa de este, y él abrió la puerta con las llaves. Entraron dentro de la casa, y Rosa ya estaba poniendo la mesa para luego servir la cena. Los tíos de Laia ya se encontraban en el gran salón de la casa, viendo la televisión mientras conversaban.

—Hola chicos, ¿Qué tal os lo habéis pasado? —preguntó la madre de Samuel.

—Genial… —contestaron las chicas emocionadas y excitadas— Es un sitio muy bonito. Estuvimos dando de comer a los patos pequeños, que se nos acercaban.

—Sí, Laia y Kayla se comportaron como unas niñas pequeñas —dijo Sam haciendo que las chicas lo vieran mal.

—No nos comportamos como niñas pequeñas, porque Andreas y Tom también se acercaron a darle de comer a los patitos —contestó Kayla a Samuel.

—Eso fue porque os fueron a vigilar por sí os caías dentro del lago —dijo en modo gracioso Sam— Bueno, ahora si me disculpáis voy a darme un ducha y a ponerme algo más cómodo para luego bajar a cenar.

Sam se fue a su habitación para darse una ducha, mientras que las chicas hicieron lo mismo en su habitación. Después de media hora, los tres ya estaban abajo sentados en sus asientos alrededor de la mesa, para empezar a cenar. Rose ya había empezado a servir la cena en los platos de cada uno. Durante la cena, Laia estuvo contándole muchas cosas a su tíos, mientras que ellos le sugerían sitios para visitar, diciéndole al hijo de ambos que llevara a las chicas a esos lugares. Cuando acabaron de cenar cada uno se fue a su habitación. Sam se pondría en el ordenador, para hablar con sus amigos, mientras que las chicas fantasearían sobre que hacer con Tom y Bill en el hipotético caso de que ambos chicos se fijarán en ellas.

—Oye… Kay —se acercó Laia a la cama de su amiga— Hoy he visto que te has estado muy cerca de Bill, y que os lleváis guay.

—Bueno… Solo estuvimos compartiendo algunas palabras, nada más —se explicó Kayla.

—A lo mejor le gustas —sonrió Laia— Ojala yo tuviera tu misma suerte con Tom —Laia se tumbó en la cama con su amiga, mientras que hablaba en tono soñador.

—Laia es mejor no hacernos ilusiones, y sobre todo tú con Tom. No quiero que te haga daño, jugando contigo —dijo Kayla sinceramente— No te olvides que él tiene algo con esa tal Susie.

—No me lo recuerdes, Kayla —dijo Laia dejando de soñar— Será mejor que durmamos, mañana tenemos que buscar una peluquería para cortarte el pelo.

Las chicas se acostaron para dormir, les costó un poquito quedarse dormidas pero después de dar tantas vueltas en la cama, por fin se dejaron llevar por los brazos de Morfeo. Los rayos del sol inundaron la habitación, dando paso un nuevo día. Laia y Kayla se despertaron más tempranos que Samuel, bajaron a desayunar el delicioso desayuno, que siempre les preparaba Rose para después de acabar, salir a dar una vuelta para buscar una peluquería en la que Kayla pudiera cortarse su larga melena.

—Rose… —susurró .

—Dime señorita Laia —dijo muy educadamente la mujer.

—¿Puedes acompañarnos a la ciudad? —preguntó Laia— Es que Kayla y yo vamos a ir una peluquería y no nos queremos perder. Además Sam tiene que trabajar hasta las cinco de la tarde.

—Bueno… puedo iros a acompañar —aceptó Rose— Pero primero tengo que acabar de hacer algunas cosillas en la cocina, además así aprovecho y puedo hacer la compra de algunos alimentos que necesito para estos días.

—Gracias Rose —sonrió Laia— Vamos Kayla tenemos que vestirnos.

Laia y Kayla subieron a su habitación, y buscaron algo que ponerse cómodo para ese día. Cuando acabaron de vestirse, volvieron otra vez al gran salón viendo esta vez a Samuel que ya se había levantado y en esos momentos, Rose le estaba sirviendo el desayuno. Las chicas tuvieron que esperar a que Samuel acabara de desayunar, ya que Rose antes de irse tenía que dejar toda la loza limpia, y la mesa toda recogida. Cuando Rose acabó de recoger, se dirigió a la cocina volviendo a los pocos minutos para avisar a las chicas de que ya podían irse.

Laia, Kayla y Rose salieron de la casa, y se dirigieron hacia una parada de autobuses que las llevaba al centro de la ciudad. Tuvieron que esperar durante más de media hora, pero al final el autobús llegó subiéndose en él. Rose las llevó a una peluquería cercana a donde ella tenía que ir a hacer las compras de comestibles, después las iría a buscar otra vez allí. Una vez dentro de la peluquería, Kayla le explicó a la peluquera como quería cortarse el pelo. Poco a poco la melena de Kayla fue desapareciendo, y quedándose en un peinado sensual y cómodo. Después de que la peluquera peinará y secará con el secador el pelo de Kayla dándole una forma más profesional, llegó Rose a buscar a las chicas, para irse camino a la parada de bus para ir de regreso a casa. Se pusieron en la parada del autobús a esperar a que llegará uno que les sirviera, pero no les hizo falta ya que a los pocos minutos un coche se paró justo donde estaban ellas.

—¿Os llevamos? —preguntó una voz conocida por ambas chicas, y por Rose.

—Gracias, pero preferimos ir en bus —dijo Kayla cortante.

—Venga el autobús tardará un poco, no nos cuesta nada. Vamos camino de nuestra casa —dijo Tom que estaba en el volante.

—Rose… —susurró Laia— ¿No te importa?.

—Venga Rose, no nos cuesta llevaros —insistió Tom—

—Está bien. Voy bastante cargada y el autobús a estas horas va con mucha gente y para agarrarse es un poco complicado —aceptó Rose.

—Genial. Venga subir —dijo Bill saliendo del coche para abrirle la puerta de atrás a las chicas— Por cierto te queda muy bien el corte de pelo Kayla.

—Gracias Bill —contestó Kayla sonriendo al ver que Bill se había fijado en ella.

—Te lo dije… —susurró Laia a Kayla una vez que estuvieron sentadas en los asientos traseros del coche.

Las chicas subieron en el coche con Rose, en la parte trasera. Tom arrancó y se incorporó a la carretera, teniendo que esperar ya que el semáforo se había puesto en rojo. A los cinco minutos se puso en verde, y Tom aceleró el coche para luego meterse por un desvió para llegar pronto a donde ellos vivían.

—Chicas, ¿Qué vais hacer ahora? —preguntó Tom mientras mantenía su mirada fija en la carretera.

—Pues irnos a casa con Rose —contestaron las chicas— Y después esperar a que haga la comida para comer.

—Si queréis podéis venir a nuestra casa a comer, no nos importa —sugirió Tom.

—Pero Rose cuenta con nosotras para comer —dijo Laia apenada.

—¡Ay! Niñas enserio si queréis ir a comer con ellos, no os preocupéis por mi —animó Rose a las chicas.

—¿No te importa? —preguntó Laia apenada.

—Que no. Sois jóvenes y tenéis que disfrutar que después ya viene la vejez y no se puede disfrutar, sino mirarme a mí —dijo Rose con melancolía.

—Gracias Rose —abrazó Laia a la mujer, desde que habían llegado a casa de sus tíos se había portado genial con ellas, siendo muy atenta.

—¿Y bueno que decís? —volvió a preguntar Tom.

—Sí, aceptamos —contestó Laia muy sonriente por ambas.

—Está bien, entonces ahora dejamos a Rose en casa de tu primo —explicó Tom— Después nos vamos a nuestra casa.

—¿Pero no le importará a tu madre que vayamos a comer sin avisar? —preguntó Laia un poco temerosa— Es que no sé…

—No. Mi madre está deseando conoceros —dijo Tom mientras seguía conduciendo.

—¿Así? —preguntó Laia extrañada.

—Mi madre conoce a tu primo desde que era pequeño, siempre venía a jugar con nosotros a casa —explicó Bill— En varias ocasiones, antes de que llegarais Sam estuvo hablando a mi madre de ti y de Kayla. Así que no será ningún problema.

Tom siguió conduciendo hasta que llegó a la casa de Sam, aparcando delante para que Rose pudiera bajar del coche y coger las bolsas con los comestibles. Bill se bajó del coche para ayudar a la mujer, para transportar las bolsas hasta la puerta de la casa. Después esperaron a que abriera la puerta y entrará, para luego meterse Bill dentro de nuevo en el coche, y arrancar Tom para ir rumbo a la casa de ellos.

Tom se metió por un sendero que daba a la casa de ellos, ya que estaba un poquito apartada de las casa de la urbanización, donde vivía Sam. Cuando llegaron a la casa, abrió con el mando a distancia la puerta del garaje y metió dentro de este el coche. Después de que todos salieran, se dirigieron al interior de la casa, por una puerta interior que daba a esta. Llegando a la cocina, para luego irse al salón donde estaba la madre de los gemelos.

—Hola hijos —saludó Simone a sus hijos al verlos entrar por la puertas— ¿Y estas chicas tan bonitas?.

—Es la prima de Samuel y su amiga —explicó Bill— Te acuerdas que iban a venir a pasar las vacaciones de verano.

—Sí… —susurró sonriendo— Hola soy Simone, la madre de estos dos granujillas.

—¡Mamá! —exclamó Tom.

—Está bien hijo. No se puede hacer una broma —dijo fingiendo estar molesta.

—Mamá las hemos invitado a comer a casa. No hay ningún problema, ¿verdad? —preguntó Tom mirando fijamente a su madre.

—No… De hecho que Gordon iba a hacer una barbacoa —dijo Simone mirando a las chicas— ¿Os gustan las hamburguesas?.

—Siii… Nos encantan —dijeron las chicas emocionadas.

—Genial —sonrió Simone para luego meterse en la cocina para preparar cosas.

Los cuatro chicos se quedaron en silencio en el salón, sin decir ninguna palabra. Haciendo que la situación fuera un poco incomoda sobretodo para las chicas, ya que aún no había demasiada confianza entre ellos.

—Que queréis hacer. ¿Ver la casa? o ¿Ir al jardín? —preguntó Tom. Las dos chicas se miraron.

—Ver la casa —dijeron al unísono, con una sonrisa idiota en sus caras.

—Está bien. Pues empezamos por aquí ya que estamos —dijo Tom señalando el comedor.

Primero les estuvieron enseñando el salón, después se fueron a una sala insonorizada que eran donde los chicos tenían los instrumentos, y un pequeño estudio de grabación casero, que utilizaban para hacer pequeñas maquetas de las canciones que iban componiendo. Después subieron al segundo piso de la casa, donde los chicos les enseñaron sus habitaciones, y el resto de las habitaciones, para finalmente volver a bajar e irse al gran jardín que ellos tenían con una gran piscina. Desde lejos se podía escuchar el chisporroteo del fuego delas brasas, que estaba preparando Gordon en la gran barbacoa que tenían. Los chicos se dirigieron hacia donde estaba Gordon con la barbacoa, con las chicas para presentárselas.

—Hola chicos —saludó Gordon a sus hijastros, pero los quería como si fuera sus hijos propios.

—Te queremos presentar a la prima de Sam y a la amiga de ella —explicó Tom a su padrastro— Esta es Laia y ella es Kayla.

—Hola chicas —saludó Gordon fijándose en las chicas, ya que algo les sonaba la cara— ¿Qué tal os parece la casa?.

—Es muy bonita… —dijo Laia tímidamente.

—No sé porque pero me suena mucho vuestras caras —se fijó más Gordon en las chicas— El otro día no estarías sacando fotos de la casa por fuera.

—¿Nosotras? —preguntó Laia con cierto nerviosismo— ¿Por qué tendríamos que sacar fotos a la casa?.

—Normalmente muchas fans de la banda de mis hijos se suelen pasar para sacar fotos a la casa, y así ver si tienen esperanzas de ver a Tom y a Bill pero desgraciadamente siempre cuadra que están fuera del país —explicó Gordon a las chicas— Y vosotras os parecéis mucho a unas chicas que estuvieron hace dos días sacando fotos.

—Igual eran otras chicas —dijo Bill haciendo que Laia y Kayla se sintieran aliviadas internamente.

—Puede las dos chicas tenían el pelo largo —especificó Gordon— Y una de tus amigas lo tiene corto así que no pueden ser.

Kayla y Laia se miraron con alivio, pero en ese mismo instante Tom captó la atención de todos.

—Pero Kayla tenía hasta hoy el pelo largo —dijo Tom haciendo que las chicas se pusieran un poco más nerviosas.

—Esto es imposible, nosotros no conocemos vuestro grupo de música, así que es imposible que seamos fans —dijo Kayla respondiendo rápidamente— Además si fuéramos fans estaríamos histéricas con vosotros, y no es así.

—¿Quién sabe? —cuestionó Bill.

—Yo lo sé. No os conocíamos de nada hasta que llegamos aquí —dijo muy convencida Kayla, ya que era la mejor a quien se le daban buscar excusas y mentir sin piedad alguna.

—Bueno y si lo fueran no sería tan malo ¿no? —dijo Gordon— Simplemente les diríamos amablemente que no hablaran de la intimidad. No todas las fans tienen porque ser maniáticas obsesivas, tenéis fans normales.

—Bueno eso, que más da Bill, eres un desconfiado, desconfías hasta de tu propia sombra, así la vas a asustar a ellas hombre —Tom le rió las gracias a su padre dejando a Bill un poco mal delante de las chicas.

—Eso es, tu humíllame —le fulminó con la mirada Bill. Las chicas en especial Kayla sonrieron mientras que interiormente se reía, siempre imaginaban a Tom y Bill discutir y eso les causaba gracia ahora lo estaban viendo casi en directo.

—Es mi deber como hermano —contestó de nuevo Tom.

—Tu deber como hermano… serás cabrón —Bill le empujó.

—Mucho, y tú lo sabes —rió Tom— A mi no me empujes mocoso —Tom empujó esta vez a su hermano.

—Es mi deber como hermano —se burló Bill.

—No, tu deber como hermano es adorarme e idolatrarme —Tom lo abrazó de costado y lo estrechó entre sus brazos chafándolo mientras que Bill reía y se quejaba a la vez. Las chicas miraban la escena sonriendo mientras se daban codazos la una a la otra cuchicheando.

—Te tienes muy subidito el cargo de… ¡Ah! me haces daño —se quejó— …De hermano mayor, sólo por diez minutos —Bill le codeó haciendo que Tom lo dejara libre.

—Como te pille te arrancare los pelos de la cabeza así… como si estuviera enrollando spaguettis en el tenedor… —le mostró Tom con una sonrisa maléfica.

—Esto es muy normal chicas, no os asustéis —dijo Gordon dándole la vuelta a las hamburguesas.

—Otra vez peleándoos —salió Simone de la cocina con dos fuentes de ensalada— Pobres chiquillas que van a pensar de vosotros. Dirán que no he criado bien a mis hijos con buenos modales.

—No pasa nada señora, no nos asustamos —susurró Laia.

—Por favor no me llames señora, me hace muy mayor —sonrió tiernamente Simone a Laia— Llámame mejor Simone, es más informal.

Simone puso las fuentes sobre la mesa, y después volvió a la cocina para traer unos platos, los vasos y servilletas. Acabó de poner la mesa, con la ayuda de las chicas, ya que ellas se sintieron un poco incomodas al ver a la pobre mujer poner la mesa sin ayuda. Después Gordon empezó a servir las hamburguesas en los platos para luego sentarse a comer todos juntos, alrededor de la mesa.

—¿Qué tal por España? —preguntó Simone a las chicas, interesándose por su país.

—Bien… —sonrió Laia.

—Cuando Bill y Tom eran pequeños, solíamos ir a España de veraneo en sus costas —contó Simone— Tenéis unas playas muy bonitas, aunque ahora desde que Tom y Bill han sido famosos pues ya no hemos podido volver a veranear a España. Eso sí, ellos sí que han estado un par de veces en conciertos.

—Nos encanta España. Las chicas son muy fogosas en la cama, por eso me gusta ir a allí a dar conciertos —comentó Tom con su típico comentario de siempre.

—¡TOOOM! ¿Qué manera es de hablar así? —riñó Simone a Tom.

—¡Mamá! No son unas niñas no se van a asustar por lo que digo —dijo Tom mirando a su madre, para luego echarle una vista genérica a ambas chicas.

—No es solo por eso que lo digo, sino porque estamos en la mesa comiendo y es de mala educación —reprochó Simone a su hijo.

Después de esa pequeña discusión, se pusieron a acabar de comer. Cuando acabaron Simone empezó a recoger la mesa, aunque las chicas la ayudaron mientras que los gemelos estaban conversando tranquilamente con Gordon mientras se fumaban un cigarro. Más tarde los cuatro quedaron con Sam que había salido de trabajar, para ir a dar una vuelta por algún que otro rincón sin conocer de Hamburgo.

Continúa…

Gracias por la visita.

por Heiligtkt483

Escritora del Fandom

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