Fic hetero de Heiligtkt483

Capítulo 90

BARCELONA (ESPAÑA)

Entraron en el interior del aeropuerto, en ese momento había demasiada gente y sería un poco difícil encontrar a Bill y a Tom fácilmente. Laia comenzó a caminar de un lado para otro, seguida de Kayla. Ambas chicas estaban desorientadas, porque no sabían hacía donde dirigirse concretamente.

—¡Laia para! —dijo Kayla sentándose en una silla que había en una sala de espera — Estamos dando vueltas sin sentido. Será mejor que llamemos a Tom y a Bill para saber donde están, ¿no crees?.

—Sí… —susurró Laia con un poco de tristeza.

—Venga cielo, alegra esa cara. Vas a volver a ver a tu novio después de varias semanas sin verlo —intentó animar Kayla a su amiga.

—¿Cómo le voy a decir a Tom que a mi padre no le cae bien? —preguntó Laia en un susurro a su amiga— ¡Dios! Y espera a que mi madre se enteré, me veo castigada para el resto de mi vida.

—Venga Lai, no digas eso —intentó Kayla suavizar un poco la situación— Seguro que en un par de horas ya se olvidan de eso, y se llevan genial con Tom.

—¿Escuchaste a mi padre? No me pegó porque estaba tú estabas delante, sino ya verías como me pegaba un guantazo —dijo Laia a su amiga.

—¡LAIA! ¡KAYLA! —escucharon una voz familiar que las llamaban desde lejos.

—Tom… —susurró Laia a ver a Tom y a Bill que se dirigían hacia a ellas.

—Este aeropuerto sí que es grande, pensé que no os íbamos a encontrar —dijo Tom mientras se ponía al lado de su novia— Mi princesa…

—Tomi… —Laia abrazó a su novio enterrando su cabeza en su pecho— Te he echado de menos.

—Yo también cariño —dijo Tom para luego comenzar a besar a Laia en los labios, haciendo que la chica le correspondiera a ese beso con urgencia y necesidad. Estuvieron durante unos diez minutos besándose sin parar, mientras que Bill y Kayla veían graciosamente la situación. Parecía que el tiempo se había parado para ambos.

—Sí que se echaban de menos —dijo Bill a su novia.

—¿Y a mí no me has echado de menos? —preguntó Kayla poniendo morritos.

—Claro que te he echado de menos, tonta —dijo Bill abrazando a su novia, para luego comenzarla a besar— Extrañé tus labios…

—No sé… te noto tenso —dijo Kayla.

—Me pone nervioso estar en público, y conocer a tu familia… —dijo con sinceridad Bill.

—Por mi familia no te preocupes yo estaré a tu lado —le sonrió dulcemente— Laia vámonos ya, no querrás que tu padre se enfade más… —La chica asintió. Los cuatro salieron del aeropuerto con las maletas y se encaminaron hacia donde estaría esperando el padre de Laia con su coche— Ahora que me doy cuenta cielo, ¿Dónde está tu maleta? —preguntó Kayla a su novio.

—Yo y mi mala suerte en los aeropuertos… —suspiró Bill— Me han perdido la maleta, y tendré que venir a buscarla otro día. Dijeron que me llamarían.

—Vaya… eso sí que es mala suerte —dijo Kayla apenada.

—Mi hermano es un especialista en perder maletas —se metió en la conversación Tom— Cuando fuimos a Alemania en verano, le mandaron la maleta a otro sitio, y mi hermano se cogió la maleta de otra persona, ya que tenían la maleta igual.

—Vaya… —dijo de nuevo Kayla— Pues entonces tú y Laia os tenéis que apuntar al mismo club… ¿A que sí Laia?.

—Calla no me lo recuerdes… —dijo Laia a su amiga.

—¿Por qué que paso? —preguntó Tom curioso a Kayla.

—Cuando volamos a Hamburgo de vacaciones de verano, Laia se quedó sin maleta durante un día porque una persona se la llevo equivocada —explicó Kayla— Menos mal que la persona la llevó al aeropuerto nada más darse cuenta de la equivocación.

—La verdad es que no existen personas así, hoy en día —admitió Tom.

—Bueno, ahora sí nos vamos —dijo Kayla a su amiga— Tu padre debe estar que echa chispas.

—Sí… —susurró la chica apenada.

Cuando llegaron al aparcamiento, se acercaron a un coche donde había un hombre de unos cuarenta y cinco años aproximadamente, ese era sin duda el padre de Laia. El hombre los vio y se le tensó la cara. Laia suspiró cogiendo aire enérgicamente, se imaginaba lo que se iba a avecinar. El hombre salió del coche, y abrió el maletero del coche para que Tom y Bill metieran sus maletas dentro.

—Hola, mucho gusto —dijo Tom en español muy básico con un acento tremendo a lo alemán, teniéndole la mano para saludarlo con cordialidad— Soy Tom…

Oskar se quedó mirando a su yerno, con cara un poco descolocada. No esperaba que el novio de su hija le viniera hablando en español, pero tendría que mejorar mucho su acento era penoso. Se dirigió hacía su hija.

—¿En qué idioma le puedo hablar para que me entienda? —preguntó Oskar a su hija.

—Inglés… —suspiró Laia.

—Mira chaval, para serte sincero no me caes bien, así que no intentes venir de buenas conmigo porque no vas a obtener ningún trato de favoritismo conmigo —dijo Oskar a Tom haciendo que el chico se quedará helado por las palabras que le había dedicado su futuro yerno.

—Ups… —soltó un pequeño gritito Kayla al escuchar al padre de Laia— Se va a armar…

—¡Papá! —dijo con enfado Laia— No tienes el derecho de hablarle así, por encima que ha venido educadamente a saludarte…

—Laia cierra el pico, y no me toques más las narices —dijo con enfado Oskar— Bien, ¿Os vais a quedar ahí todo el día?.

Sin decir ninguna palabra más, todos entraron en el interior del coche del padre de la chica. Laia tuvo que sentarse en el asiento del copiloto, ya que todos atrás no cabían, y su padre la había obligado a sentarse en el asiento de adelante. Todo el trayecto estuvo muy tenso, primero pararon enfrente de la casa de Kayla. Bill y Kayla bajaron del coche, y abrieron el maletero para coger las maletas de Bill.

—Suerte… —susurró Laia a su amiga.

Después de que Kayla abriera la puerta de casa, Oskar arrancó el coche para ir hacia su casa. Tom se sentía demasiado incomodo, veía como Laia tenía la mirada perdida por la ventana y como el padre de ella no le dejaba de echar miradas furtivas de odio. Suspiró… menudo fin de año iba a pasar, no se esperaba que el padre de Laia fuera así. En menos de diez minutos, Oskar estaba aparcando el coche enfrente de la casa donde vivían. Bajaron los tres en silencio, sin decir ninguna palabra, y Laia cogió las maletas de Tom. El padre de Laia ya había cerrado el coche, y se dirigía ya hacia el interior de la casa.

—Lo siento, Tom —susurró Laia una vez que estaba afuera solos y con algo de intimidad— Mi padre es un imbécil.

—Venga cariño, no te pongas así —trató de calmar Tom a su novia— Normalmente todo el mundo reacciona así al verme, me refiero a los padres de mis antiguas exnovias, pero después al final se acababan encariñando conmigo. Ya verás de aquí en un par de días consigo ganarme su confianza.

—Lo dudo, mucho Tom —respondió Laia con tristeza— Mi padre es muy cabezón, nunca da el brazo a torcer. Será mejor que entremos, no quiero que mi padre se cabreé más de lo que está.

Los dos jóvenes entraron al interior de la casa. En la cocina, se podía escuchar los gritos de los padres de Laia. A la chica le inundó una vergüenza tremenda al escuchar los gritos, no quería que Tom fuera presente de esas discusiones. Al poco rato, la madre de Laia salió de la cocina con cara de pocos amigos.

—Hola —saludó su suegra— ¿Me entiende? —preguntó a su hija.

—Háblale en ingles mejor —contestó. Las familias de Kayla y Laia hablaban el inglés muy bien ya que eran familias de negocios y viajaban bastante, el mismo hecho por el que desde pequeñas hicieron que ambas aprendieran varios idiomas para el futuro.

—Hola. Supongo que tú eres el novio de mi hija —dijo con algo de desgana.

—Sí. Sé que no soy bien recibido, pero su hija me gusta mucho. Jamás haría algo que la perjudicara —dijo antes que nada.

—Me importa una mierda lo que digas —contestó de malas formas Oskar.

—Oskar… —le llamó la atención su esposa— Lo siento, supongo que no está acostumbrado a que Laia traiga a chicos a casa. Eres el primer novio que conocemos.

—Mamá… —se sintió avergonzada.

—Cariño ir a la habitación de invitados y vaciarla, Tom dormirá allí —le indicó a su hija— Tom supongo que entenderás que queramos que no duermas con ella ¿no?.

—Sí, lo entiendo, no se preocupe por eso —dijo educadamente.

—Mamá pero… —intentó replicar.

—Nada de peros —exclamó su padre. Laia y Tom se dirigieron hacia la habitación de invitados y empezaron a sacar algunas cajas que guardaron en otro lugar de la casa, para que Tom pudiera dormir allí.

Después regresaron otra vez a la habitación de invitados, Laia había cogido unas sábanas que le había dado su madre para la cama donde dormiría Tom, mientras que Tom llevaba sus maletas a la habitación. Durante unos minutos, Laia estuvo haciendo la cama, mientras que Tom abría la maleta y metía algunas cosas en el armario de la habitación. Cuando acabaron ambos se sentaron en la cama.

—Lo siento… —susurró Laia completamente avergonzada por la actitud de mis padres— No pensé que mis padres se iban a comportar así…

—Venga cielo, no pasa nada —trató Tom de tranquilizarla— Todo estará bien estos días.

—Te quiero… —susurró la chica al joven mientras juntaban sus labios para darse un beso tímido y casto, que se volvió más fogoso a medida que iba avanzando el beso.

Estuvieron besándose un rato, sin que nadie les interrumpiera. La puerta de la habitación estaba media arrimada, así que sus padres no la verían besarse con Tom de la forma que lo estaba haciendo. Necesitaba sentir a Tom tan cerca, que acabaron tumbándose en la cama, sin pensar en que cualquier momento pudiera entrar cualquiera de los padres de Laia. Tom comenzó a besarle el cuello a la chica, haciendo que Laia por inercia estirará más el cuello para que Tom pudiera besar más fácilmente su cuello. Ambos se perdieron entre besos y caricias.

—QUE TE HE DICHO, LAIA —la voz de María interrumpió en la habitación, haciendo que los jóvenes se separarán y se pusieran mejor sentados en la cama— LA PUERTA SIEMPRE ABIERTA…

—Lo siento… —dijo Laia apenada por el modo en que su madre le había levantado la voz.

—Suerte que tu padre ha salido un momento —dijo María con severidad a su hija— Sino sabe dios la que habría montado. La comida estará en una hora lista…

—Vale… —susurró Laia a su madre, para luego esta desaparecer por la puerta en dirección a la cocina de nuevo.

Ambos chicos se quedaron de nuevo en silencio en la habitación. Tom miraba con pena a su novia, no podía entender como la chica podía tener unos padres tan restrictivos, no tenían nada en comparación con sus padres, que siempre habían sido muy permisivos en casi todos los aspectos.

—¿En que piensas, princesa? —preguntó Tom a su novia, ya que la estaba viendo demasiada callada.

—En nada en concreto… —suspiró Laia con frustración— Pensé que estas vacaciones de navidad iban a ser las mejores de mi vida, y veo que todo se ha ido por la borda, con la actitud histérica de mis padres.

—Cariño, no sigas pensando en eso —dijo Tom de nuevo tratando de calmar a la chica— ¿Porqué no me enseñas tu habitación? Estoy deseando verla…

—Es que… Está un poco desordenada —dijo Laia avergonzada totalmente, ya que no le había dado tiempo de hacer su cama y recogerla un poco, ya que llegaba tarde al aeropuerto— Es que no me dio tiempo a ordenarla, llegaba tarde al aeropuerto.

—No me importa —dijo Tom mirando fijamente a los ojos a la chica.

—Vale, tú ganas —dijo Laia levantándose de la cama, para luego tenderle la mano a su novio entrelazándolos dedos, salieron hacia la habitación de la chica.

Una vez que llegaron a la habitación de Laia, Tom se puse ojear todo lo que había alrededor de ella. Era la típica habitación de una chica adolescente. Pudo observar que tenía varios posters de alguna gente famosa, y también algunos de su grupo de música favorito, obviamente tenía un poster a tamaño real de él mismo pegado en la puerta del armario. Al chico le resultó gracioso, verse en un poster y sobretodo en la habitación de su novia.

—Que conste que soy más guapo en persona, que en este poster —dijo Tom con autosuficiencia.

—Ya… —se mordió el labio inferior Laia mirando al chico provocativamente. Últimamente se ponía muy cachonda constantemente.

—Laia no me mires así —dijo el chico al ver a su novia poner esa cara. La típica cara que tenía de deseo.

—Lo siento… Es que no sé que me pasa, pero cuando te miro en fotos o en persona me pones demasiado —explicó Laia a su novio— Me dan ganas de follarte todo el rato…

—No conocía esa faceta nueva tuya —dijo Tom a su novia al escuchar lo que había dicho— Me pega a mí que estás tú últimamente con las hormonas muy revolucionadas. Te estará por bajar la regla…

—Supongo… —susurró Laia un poco dudosa, ya que se había dado cuenta de que aún no le había bajado la regla, pero no tenía por qué preocuparse la tensión de hacer trabajos para los exámenes de ese trimestre fijo que había hecho incidencia en su menstruación, por eso estaba tardando en bajarle.

—Será mejor que bajemos ya —dijo Tom a Laia— No vaya a ser que tu madre y tu padre se enfaden más contigo, y me odien de por vida.

Tom y Laia salieron de la habitación, y se dirigieron hacia la planta inferior de la vivienda unifamiliar, para luego dirigirse hacia la cocina. Oskar ya había llegado a casa, y su actitud no parecía haber cambiado. María mientras tanto acababa de ultimar la comida que había estado preparando con esmero, durante toda la mañana. Laia se puso a poner la mesa, mientras que Tom observaba como lo hacía, sintiéndose un poco incómodo por la forma en la que el padre de Laia lo miraba.

—Venga a sentaros, ya he acabado con la comida —dijo María poniendo en el centro de la mesa una gran tartera, que contenía la comida.

—¡Qué bien huele, mami! ¿Qué has preparado hoy? —preguntó Laia relamiéndose los labios, ya que últimamente tenía demasiada hambre.

—Carne guisada con patatas —respondió María toda sonriente, haciendo que a Laia se le cambiara la cara al escuchar la comida que era— ¿Qué pasa?.

—Tom no come carne, es vegetariano —dijo Laia a su madre en español y en voz baja, para que Tom no pudiera entender lo que había dicho. No sé podía creer que se le hubiera olvidado decirle a su madre, que su novio es vegetariano.

—Aún por encima que traes a tu novio sin nuestro consentimiento, y avisando en el último momento —estalló Oskar en cólera— Por encima, es vegetariano… Pues que coma carne me da igual, no voy a dar más dinero para que le hagáis comidas especiales a él.

—Vámonos Tom —dijo Laia levantándose de la mesa, y hablando en inglés a su novio.

—¿A dónde vas mocosa? —se levantó Oskar de la mesa para luego pegar un golpe con la mano en ella, haciendo que los vasos que había sobre ella se tambalearán en la mesa, hasta el punto de que alguno se cayó.

Continúa…

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por Heiligtkt483

Escritora del Fandom

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