Fic hetero de Heiligtkt483
Capítulo 91
BARCELONA (ESPAÑA)
—A un sitio donde no te pueda escuchar más —dijo Laia rebelándose a su padre— Por lo menos Tom y yo tendremos una comida agradable.
—Te advierto jovencita que como salgas por esa puerta no entras de nuevo —dijo Oskar de nuevo amenazando a su hija— Desde que estás saliendo con este chico tu carácter está cambiando mucho.
—Tú haces que me cambie el carácter —contestó Laia levantando la voz— ¿Qué hay de malo que este con un chico? Estoy harta de ser la pringada de turno. Todas mis compañeras de clase y amigas ya han tenido novios desde mucho antes que yo, porque yo no puedo tener a mi novio. ¿Qué hay de malo?.
—Eres solo una niña que aún no sabes lo que quieres —respondió Oskar con voz seca.
—Ya no soy una niña, soy una mujer. Te guste o no guste —respondió Laia mirando fijamente a su padre — Soy atractiva a los hombres…
—No me digas… Si este mequetrefe que has traído aquí es tu primer novio, nunca has tenido ningún otro novio —dijo Oskar envuelto en cólera— La verdad es que no sé cómo se ha podido fijar en ti, solo eres un niña mimada y llorona.
—No es verdad… —dijo Laia a su padre mientras sentía como sus ojos le empezaban a escoger.
—Lo ves… vas a llorar —volvió a decirle Oskar— Soy tu padre, y te conozco muy bien, mientras vivas en mi casa respetarás mis normas, y no se hable más del asunto. No quiero que vayas de regalada por ahí acostándose con ese mequetrefe, sabe dios qué enfermedades te puede transmitir. Además está lleno de tatuajes.
—Solo tiene uno… —se quejó de nuevo Laia.
—Me da igual, seguro que después se hace más —volvió a decir Oskar a su hija— No quiero que sea una mala influencia para ti.
—¿Mala influencia para mí? Estás loco —dijo Laia mirando a su padre— Por primera vez en mi vida me he sentido bien, gracias a Tom he podido superar todas mis inseguridades.
—Venga, no me hagas llorar —dijo Oskar encarándose a su hija— Siempre serás una niña insegura, nunca vas a llegar a ser alguien en la vida, por mucho que salgas con una persona famosa. Es más seguro que dentro de un par de meses te deje por otra porque ya serás un trapo sucio.
—Eres un hijo de puta —dijo Laia con rabia— Ojala no fuera tu hija, porque realmente me das asco.
—Señora… —dijo Tom que había estado inerte escuchando la conversación que mantenía Oskar y Laia— No ve como su marido está tratando a su hija, y usted no hace nada.
—¿Y qué quieres que haga? —respondió María a Tom en inglés.
—Por lo menos podrías apoyarla un poco, no me extraña que a veces Laia se sienta tan insegura —dijo Tom con rabia— Y no soy un meque…
—Mequetrefe… —respondió Oskar mirando a Tom con mirada penetrante.
—Eso… —dijo Tom ya que la palabra no le había salido cuando la intentó pronunciar.
—Tom… Laia… —dijo María en un susurro— Será mejor que os vayáis, yo intentaré calmar a tu padre, Laia.
—Está bien… —dijo Laia muy apenada, le daba mucha tristeza que su padre pensará eso de ella.
Laia y Tom salieron por la puerta de la cocina, dejando a María y a Oskar solos en dicho sitio. Poco después se escuchó como la puerta de la calle, se cerraba. María se quedó mirando intensamente a su marido, con cara de reproché.
—Dilo ya mujer —dijo Oskar sentándose sobre la silla con desgana.
—Lo siento cariño, pero no me ha gustado nada como has tratado a Laia —dijo María muy severamente— Es una chica responsable, nunca ha tenido motivos para que te pusieras así.
—Pues ahora sí que me ha dado motivos —respondió Oskar molestó.
—Venga cielo… —dijo de nuevo María— Es el primer novio de nuestra hija, vale que a ti no te guste la idea, pero Laia está muy emocionada y se nota que está muy enamorada de ese chico, y por lo que he visto en los ojos de Tom también está muy enamorado de nuestra hija.
—Me da igual los sentimientos de ese —dijo de nuevo Oskar— No entiendes que un día de estos nos viene la niña preñada a casa, ya han tenido relaciones sexuales.
—Y eso que tiene que ver… —dijo María alzando una ceja— Te recuerdo que tú y yo tuvimos varias veces sexo antes de casarnos, además cuando nos casamos yo ya estaba embarazada de dos meses.
—Pero no quiero que mi hija viva eso —contestó tercamente Oskar— Es solo una niña.
—Mujer… —volvió a decir María— Mira, solo son unos días los que va a estar Tom en casa, así que podrías intentar hacer el esfuerzo de llevarte bien con él y no discutir. Quiero pasar las fiestas en paz, no sería de buen gusto mañana con todos mis hermanos y tus hermanos montar el espectáculo.
—Está bien… —suspiró Oskar no muy convencido.
Mientras tanto en la casa de Kayla, ajenos a la discusión que había tenido Laia y Tom con sus padres, Bill era presentado a los padres de la chica. Si en la casa de Laia había sido el padre quien se puso furioso con Tom, en la casa de Kayla fue la madre quien mostró su desagrado completo hacía el nuevo novio de su hija. Laura prefería cien veces que su hija saliera con Daniel, pero Kayla se había fijado en esa niña maquillada, que era como la llamaba ella, por su aspecto completo a una mujer. Por otro lado, Miguel, el padre de Kayla, estuvo un poco traído hacía Bill, más bien por el aspecto que tenía el chico.
—Mamá, este es mi novio Bill —dijo Kayla sonriente y toda orgullosa.
—De verdad, hija. Pensé que tenías mejor gusto —dijo Laura sin ningún pudor— No pensé que te gustaban las niñas.
—¡Mamá! —elevó un poco la voz Kayla en modo de reprimenda— No seas así con Bill.
—Cielo, no es por mal, pero… —dijo Miguel a su hija— Es que sus pintas no me convencen mucho… pero si eres feliz con él, te voy a apoyar cariño.
—Te has oído —dijo Laura a su marido— No voy a consentir que Kayla siga con ese chico.
—Laura, deja a nuestra hija ser feliz —dijo Miguel poniéndole los puntos claros a su mujer— Y bueno… ¿Por cuánto tiempo se queda?.
—Será hasta después de Reyes —informó Kayla a sus padres.
—Genial… —sonrió Miguel un poco tensó— ¿Me entiende?.
—Un poco mucho gusto —respondió Bill con un acento gracioso al hablar español.
—Será mejor que le hables en inglés, papá —dijo Kayla a su padre— Te entenderá mejor.
—Oh perfecto —dijo Miguel— ¿Qué te parece Barcelona?.
—Oh es muy bonita… —sonrió Bill respondiendo educadamente— Yo ya he estado aquí, para dar un concierto con mi grupo de música. Ahora tendré una excusa mejor, para venir más a menudo a Barcelona.
—Sí, ya… —suspiró Laura— Seguro que eres un mimado ricachón…
—¡Mamá! No digas eso —se quejó Kayla a su madre— Bill aunque sea famoso, es una persona de un corazón noble y muy sencillo.
—Sí, ya… y yo me lo creo —dijo Laura con incredulidad.
—¿Y bueno, ya has buscado hotel? —preguntó Miguel al novio de su hija— Sino lo has hecho será mejor que lo busques cuanto antes, ya que hoy viene mucha gente y será difícil encontrar un lugar donde alojarse más tarde.
—No, ha buscado hotel porque Bill dormirá conmigo en mi habitación —respondió Kayla por su novio.
—¡¿Qué?! Es una broma —dijo Laura abriendo los ojos desmesuradamente.
—No —respondió tajantemente Kayla a su madre.
—Cielo —dijo más calmado Miguel a su hija— Aún no conocemos a tu novio muy bien, nos parece un poco pronto para que duerma contigo en tu habitación, pero puedo dormir en la habitación de invitados que tenemos en la casa.
—Pero si yo ya he dormido varias veces con Bill, papá —dijo Kayla a su padre.
—Lo sé pero ahora estás en nuestra casa bajo nuestras normas —dijo de nuevo Miguel— Así tienes que respectarlas.
—Kayla, yo creo que tu padre tiene razón —dijo Bill metiéndose en la conversación— Yo no tengo ningún problema en dormir en la habitación de invitados.
—Veo que eres un chico honesto y respetuoso, aunque tu aspecto no me convenza mucho no te voy a mentir —dijo Miguel al novio de su hija— Veo que tienes buenos modales, y sabes respetar a tus mayores. Creo que tú y yo nos llevaremos con el tiempo muy bien.
—Gracias, señor por su hospitalidad —sonrió Bill a su yerno.
—Kayla acompaña a tu novio a la habitación de invitados, para que deje su maleta y coloque sus cosas —ordenó Miguel a su hija.
—Me temo que la maleta va a tener que esperar —dijo Kayla sonriendo acordándose que le habían perdido la maleta a Bill— Le han perdido la maleta, y tardará uno o dos días en traérsela.
—¡Vaya! Esa sí que es mala suerte chico —dijo Miguel a su yerno.
—Bueno, siempre tienes la opción de ponerte la ropa de tu hermano Tom —sonrió de nuevo Kayla al imaginarse a Bill con las camisetas y pantalones anchos de Tom.
—Ni hablar, sería estropear mi estilo —dijo Bill a su novia.
—Pero si todo lo que te pones te queda genial, cariño —dijo Kayla abrazando a su novio en ese momento que ya se había ido toda la tensión de la familia de Kayla.
—Será mejor que le enseñes su habitación a Bill —dijo Miguel a su hija.
—Vale —asintió Kayla— Vamos mi amor, te voy a enseñar tu habitación.
Al poco rato, Kayla y Bill desaparecieron escaleras arriba para ir hacia la habitación de invitados, que tenían en la casa. Como Bill no tenía ninguna ropa que colocar, solo estuvieron revisando un poco la habitación, más Kayla estuvo asegurándose que la cama tuviera unas sábanas puestas, y como no tenían para así evitar que se ensuciaran, la chica abrió el armario para coger un juego limpio y después ponerlo, mientras que Bill observaba el resto de la habitación. Cuando Kayla acabó de hacer la cama bien, se sentó en la misma para hablar con su novio.
—Siento mucho que mi madre te tratará así… —dijo Kayla con pena.
—No pasa nada, cielo —trató de calmar Bill a su novia— Por lo menos a tu padre sí que le caigo bien.
—Sí… —sonrió Kayla— Al principio, no le vi muy convencido pero después se nota que ha hecho un gran esfuerzo. Como se nota que su niña mimada…
—Ya… —sonrió Bill a su novia para luego acercarse a ella y darle un tímido beso en los labios.
—Como le irá a tu hermano y a Laia… —comentó Kayla a Bill— Por las pintas que vi hoy por la mañana con el padre de Laia, no creo que fuera muy bien. El padre de Laia es muy estricto, no sabes la bronca que le echó a Laia cuando íbamos al aeropuerto a buscaros, casi se la come viva.
—Pobre Laia —dijo Bill con tristeza— No sé cómo puede aguantar en su casa con un padre así.
—La cuestión es que su padre no es así con ese carácter, fue enterarse de que venías vosotros sobre todo Tom y se puso como una fiera —explicó Kayla de nuevo a Bill— Creo que aún no ha asumido que Laia ha dejado de ser una niña, y que ahora se interesa por los chicos.
—De todas formas, será un suplicio para Laia vivir con su padre —opinó Bill— Veo a Laia muy sumisa… Hoy la note un poco triste.
—No era para menos. Su padre le ha dejado claro que no le gusta nada su novio —volvió a decir Kayla— Laia estaba muy ilusionada en presentarles a sus padres a Tom. Ella nunca ha tenido un novio antes, algún rollo pero tampoco es la típica chica que se liaba con cualquier chico. Las veces que lo hacía, era porque yo la incitaba…
—Se nota que Laia es muy tímida —comentó Bill a su novia— Menos mal que mi hermano la va a hacer espabilar.
—Sí —sonrió Kayla— De hecho que Laia ya no es tan tímida como antes.
Ambos se quedaron callados cuando el teléfono móvil de Kayla comenzó a sonar. Kayla cogió su móvil, y vio que era Laia quien la estaba llamando. Se quedó un poco desconcertada para luego mirar a Bill.
—¿Qué pasa porque no coges el móvil? —preguntó Bill a su novia.
—Es Laia… que raro en estos momentos deberían estar en su casa comiendo —dijo extrañada Kayla.
—Pues cógele el teléfono así te quitas de dudas —dijo Bill a su novia.
Inicio conversación telefónica
—Laia, ¿Ha pasado algo? —preguntó Kayla a su amiga preocupada.
—Sí… —susurró Laia con tristeza— Kay… Tú y Bill podéis venir a comer conmigo y con Tom a un sitio afuera.
—¡¿Qué?! —preguntó Kayla sorprendida— ¿Pero no estáis en tu casa?.
—No… —volvió a susurrar Laia— Todo ha sido un desastre…
—¡Dios! No te preocupes Laia que Bill y yo vamos ahora mismo para allí —dijo Kayla tranquilizando a su amiga— ¿En dónde estáis?.
—En el parque que está al lado de nuestras casas —informó Laia a su amiga.
—Vale, pues vamos ahora para allí —dijo Kayla para luego colgar el teléfono.
Fin conversación telefónica
—¿Qué te dijo Laia? —preguntó intrigado Bill a su novia.
—Me da la sensación de que Laia ha discutido con sus padres —comentó Kayla a Bill— Me ha dicho que está con tu hermano en el parque de aquí al lado.
—¿Por qué dices que Laia ha discutido con sus padres? —volvió a preguntar Bill a Kayla.
—Dijo que todo había sido un desastre —susurró Kayla apenada.
Acto seguido ambos salieron de la habitación, y bajaron apresuradamente las escaleras. El padre de Kayla se encontraba en el salón viendo un poco la televisión, mientras que la madre de la chica estaba en la cocina preparando algo que comer. Kayla y Bill se dirigieron hacia la puerta de casa.
—¿A dónde vais? —preguntó Miguel a su hija intrigado.
—Laia ha tenido problemas en casa, y me ha dicho que vaya a junto a ella —explicó Kayla a su padre.
—Pero no puede ser después de comer —sugirió Miguel a su hija— Últimamente solo os falta dormir juntas, pasáis mucho tiempo juntas.
—No… Ella me necesita ahora —dijo Kayla a su padre.
—Bueno está bien —dijo finalmente el padre de Kayla— ¿No comeréis en casa?.
—No… —susurró Kayla a su padre.
—A tu madre no le va a hacer mucha gracia… —suspiró Miguel— Venga iros ya…
Kayla y Bill salieron de la casa de la chica, para luego salir al jardín que había en la casa, y pasar la puerta de entrada del jardín. Luego Kayla comenzó a caminar en dirección hacia el parque que no quedaba a muchos minutos de su casa, seguida por Bill, ya que el chico no conocía los lugares por donde Kayla iba y así evitaba perderse. Después de unos segundos por fin llegaron al parque donde los esperaban Laia y Tom, ambos se encontraban sentados en un banco del parque, Laia presentaba cara triste y Tom la estaba abrazando por encima de los hombros, mientras le daba muestras de cariño.
—Laia… Cielo… —susurró Kayla al ver a su amiga en ese estado— ¿Qué ha pasado?.
—El padre de Laia me ha declarado la guerra —explicó Tom a Bill y a Kayla— Su madre no sabía que yo era vegetariano, y de comida nos hizo carne guisada.
—Vaya… —hizo una mueca Kayla.
—El padre de Laia dijo que no iba a pagar más dinero para que me hicieran comidas especiales, así que Laia se ha levantado de la mesa y nos venimos aquí —siguió explicando Tom a su hermano y a la novia de este.
—La que se va a montar… —suspiró Kayla al escuchar lo que había dicho Tom— Ahora será peor cuando regreséis a casa.
—No iba a permitir que mi padre me avasallará — dijo esta vez Laia a su amiga— Me tiene hasta las narices, estoy deseando irme de casa y no aguantarlo más.
—Laia no digas eso… —dijo Kayla a su amiga intentándola calmar— Ahora lo dices porque estás resentida pero ya verás que con el paso de los días, tu padre se acostumbrará a Tom.
—Lo dudo mucho… La única que mostro algo de simpatía por Tom fue mi madre —susurró Laia— Pero aún así consintió que mi padre me dijera cosas horribles…
—Si te sirve de consuelo a mi madre no te le gusta nada Bill —confesó Kayla a su amiga— Mi padre al principio lo miraba con recelo, pero al final ha cedido, como soy su niña mimada.
—Ya… —susurró Laia con tristeza.
Continúa…
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