Fic hetero de Heiligtkt483
Capítulo 92
BARCELONA (ESPAÑA)
—Chicas, será mejor que vayamos a algún sitio para comer, no es por nada pero mi estómago se está empezando a resentir un poco —dijo Tom acercándose a las chicas para luego abrazar a su novia por la cintura y luego separarse de ella, y volver a junto de su hermano.
—Vale… —asintió Kayla— Laia, ¿Has pensado algún sitio para ir a comer?.
—No… —respondió la chica— ¡Mierda! Me he dejado el dinero en casa, solo he traído un euro con eso no puedo pagar nada.
—Genial… —dijo Kayla poniendo los ojos en blanco.
—Es que salí de casa muy cabreada por eso no me dio tiempo a coger nada —se excusó Laia.
—Chicos, vamos a ir a un McDonald’s que está cerca de aquí —informó Kayla a Tom y a Bill— Como también venden ensaladas y sándwich vegetales podréis comer de eso.
—Vale, no hay problema —dijo Bill acercándose a su novia.
Los cuatros jóvenes salieron del parque, y comenzaron a caminar por las calles de Barcelona, hasta que llegaron al establecimiento del McDonald’s. Una vez dentro, se dirigieron hacia la zona de pedidos. Tom y Bill llevaban unas gafas de sol grandes que impedían que se les viera parte de la cara, y así no ser reconocidos fácilmente. Para evitar problemas, las chicas decidieron que sería mejor que fueran a ellas a pedir el pedido, así que cogieron una carta del menú, para que los gemelos eligieran lo que querían comer. Laia se quedó haciendo cola, mientras que Kayla y los gemelos iban a una zona más privada, y buscaban una mesa donde pudieran sentarse, luego Kayla regresó a junto de Laia para así ayudarle a la chica a llevar las bandejas con el menú de comida.
Entre las dos chicas pidieron el menú, para los chicos pidieron dos ensaladas Mediterránea de Atún , dos patatas fritas, dos cervezas y de postre dos wafers con nueces de pecán para ellas eligieron dos sándwiches, Laia se pidió un sándwich de mcwrap chicken & bacon y Kayla se pidió un sándwich de mcwrap grilled cesar, después se pidieron para acompañarlo con dos de patatas fritas y de postre eligieron dos muffins milka y de bebida se cogieron dos coca colas. Pagaron el pedido y se fueron para la zona donde Kayla habían dejado a los chicos sentados en una mesa apartada. Cuando llegaron al sitio donde estaban los chicos, hubo una escena que las dejó un poco descolocadas.
—“Bill, ¿Podrías darme un autógrafo, por favor?” —dijo una chica que había reconocido a los gemelos y se habían acercado a ellos para pedirles un autógrafo junto con otras dos chicas.
—“Oh, por supuesto” —respondió Bill perfectamente en su inglés para coger el papel que le tendía la chica y que le firmará.
—“¿Estáis con vuestras novias?” —preguntó otra de las chicas mientras que le daba un papel a Tom para que le firmará un autógrafo— “Ellas son muy afortunadas de estar con vosotros, ojala nosotras tuviéramos esa suerte”.
—“Gracias” —dijo Tom educadamente mientras le devolvía a la chica su papel.
Laia y Kayla miraban la escena desde lejos, no sabían si acercarse o no ya que tenían miedo de una posible reacción de las chicas con ellas. Durante el tiempo que habían estado en el instituto, en esos dos meses, habían sido víctimas de muchas chicas que eran fans de Tokio Hotel, y que desde que supieron que salían con los gemelos por envidia se dedicaban a insultarlas. Al final decidieron esperar a que las chicas se fueran, así que se escondieron detrás de una columna que tenía una pared baja con plantas, para no ser vistas por ellas. Cuando las chicas se fueron, Laia y Kayla se acercaron a los chicos que estaban hablando entre ellos.
—Habéis tardado un poco —puntualizó Bill a su novia.
—Había bastante gente —explicó Kayla mientras apoyaba su bandeja, Laia la imitó también, para luego sentarse en la silla al lado de Bill. Laia lo hizo al lado de Tom.
—¡Qué bien huele esto! —dijo Tom cogiendo su ensalada, para meter una patata frita— No sé como podéis comer eso. Pobres animales…
—Si sabe muy rico —se quejó Laia mientras comenzaba a saborear su sándwich de pollo y bacon — ¡Dios! Que rico está.
—Te vas a atragantar —regañó Kayla a su amiga al ver que Laia comenzaba a comer su comida con mucha prisa y con desesperación.
—Está muy bueno —dijo Laia sin pararse a masticar bien lo que había mordido.
Tom, Bill y Kayla miraban asombrados como estaba comiendo Laia, ya que apenas ellos habían empezado a comer sus alimentos, y Laia ya estaba acabando de comer el bocadillo y las patatas fritas ya las tenían casi todas comidas, a ese paso ya estaría comiendo el postre. Los demás seguían comiendo, mientras que Laia ya había acabado de comer todo lo que había cogido ella para comer. Poco después una sensación de estómago revuelto invadió su cuerpo, y tuvo que salir disparada hacia el baño más cercano del establecimiento bajo la atenta mirada de los gemelos y Kayla.
—Laia, ¿Estás bien? —preguntó Kayla que se había levantado de la mesa para ir a ver que le pasaba a su amiga— Has comido demasiado rápido, no extraña que ahora estés vomitando así.
—Kay no estoy para regaños —dijo Laia en un momento que había dejado de vomitar— Oh no otra vez no…
Laia estuvo vomitando durante unos diez minutos más, Kayla miraba a su amiga con aspecto preocupado. Nunca en su vida había visto una vomitona tan acusada. Cuando Laia vació todo el contenido de su estómago, salió del baño. Kayla le mojó la cara, ayudándola a limpiarse bien. Después salieron del baño, para volver con los chicos, que esperaban a las chicas con aire preocupado.
—¿Estás bien? —preguntó ahora Tom a su toma con un tono preocupado— Te pusiste pálida.
—Sí, debió de ser por el estrés que he vivido hoy —explicó Laia a su novio— También es porque comí demasiado rápido…
—No debes comer de esa forma —regañó Tom a su novia— Un día de estos te tienen que llevar al hospital por ahogarte al comer.
—Es que tenía mucha hambre… —replicó Laia a su novio.
—Está bien… —susurró Tom relajándose un poco— Ven aquí mi princesa.
Tom abrazó a Laia entre sus brazos, haciendo que la chica se sintiera cómoda y reconfortada. Mientras tanto Kayla y Bill también estaban abrazados, disfrutando de su momento juntos, después de comer. Poco después decidieron irse del establecimiento, y se fueron a hacer un poco de turismo por Barcelona. Las chicas hicieron de guías turísticas expertas, aunque los próximos días también visitarían otros lugares que Laia y Kayla conocían bien.
Era ya de noche, y cada pareja decidió que era hora de regresar a sus casas. Tom y Laia acompañaron a Bill y a Kayla, a la casa de la chica. Se despidieron de ellos, y esperaron que ambos entraran al interior de la casa de Kayla. Después Tom y Laia fueron dando un paseo con paso lento, camino de la casa de Laia, querían a aprovechar un momento solos antes de que el padre de Laia volviera a imponer sus normas dentro de casa.
—Cuando estemos en casa te tengo que dar un cosita —sonrió Tom a su novia— Y creo que te va a gustar.
—¡¿Qué es?! —preguntó Laia su novio emocionada— ¡¿Qué es?!.
—Lo sabrás cuando lleguemos a casa —volvió a sonreír Tom por la expresión de emoción de la cara de su novia.
—Eres malo… por no adelantarme nada —dijo Laia poniéndose de brazos cruzados fingiendo enfado.
—Me encanta cuando te enfurruñas toda —dijo Tom a ver a su novia fingir enfado.
—Pues no tiene gracia… —seguía en su postura.
—Bueno pues cambiemos de tema para que te desenfades. Haber… ¿Cómo te ha ido en el instituto este tiempo? —preguntó Tom.
—Bien, teniendo en cuenta las constantes discusiones con Helena. La que por cierto espero no ver estos días que estáis vosotros aquí —explicó Laia.
—¿Porqué? —preguntó Tom— Es una fan, no le negaría un autógrafo o una foto como a las chicas de antes.
—Esa mala pécora es capaz de pedir una foto y por detrás tocarte el culo… O cortarle a Bill un mechón de pelo y tocarle a Billope «sin querer» —hizo las comillas con los dedos.
—¿Billope? —preguntó Tom— ¿Qué es eso?.
—Pues ya sabes, la cosita de Bill —Tom le miró alzando una ceja como hacia su hermano— Jo Tom, la cosita entre las piernas de Bill —se puso roja Laia.
—¿Cosita? El pene de Bill no es una cosita, es una cosaza —Laia se murió de la vergüenza solo de imaginárselo— ¿Y Billope? ¿Qué tipo de nombre es ese?.
—Yo que sé, así le llaman las fans y Kayla. ¿Enserio estamos hablando de la cosita de Bill? —preguntó avergonzada.
—Si es cierto… Mejor hablemos del mío. ¿Como le llaman al mío? —preguntó Tom.
—Tomichu —respondió Laia inmediatamente.
—¡No es justo! El nombre del pene de Bill suena como «Oh es enorme. Me va a destrozar. No me va a caber en la boca» en cambio el mío suena a «Que pequeñito y mono es» —dijo haciendo reír a Laia que no sabía como habían llegado a tratar este tema.
—Se me olvida decirte que mañana vienen mis primas y mis tíos a pasar la noche de fin de año —dijo Laia cambiando de tema.
—Genial… —se tensó un poco el joven temiendo que igual no fuera bien recibido por los tíos de Laia.
—Mis primas son unas presumidas… —siguió diciendo Laia— Son unas tontas… Me gustaría verles la cara que se les queda cuando te miren.
—Veo que tu pequeña mente está tramando un plan diabólico —dijo Tom pasando se brazo por encima de los hombros de Laia para atraerla hacia él.
—Para serte sincera, me gustaría que vieran al pedazo de novio que me he echado —sonrió Laia a Tom— Ellas nunca se han llevado bien conmigo, siempre me han dicho que era una poco cosa para que los chicos se acercarán a mí.
—¿Cuántas primas tienes? —preguntó Tom a su novia.
—Tengo cuatro primas —respondió Laia— Se llaman Ana, Lara, Andrea e Irene. Te aviso que son unas repipis que se creen todo, anda con cuidado con ellas.
—Está bien… —sonrió Tom acariciando la cara de la chica— Ambos disfrutaremos como unos enanos haciendo desquerer a tus primas…
—Y a mi padre… —bajó la mirada Laia al recordar que su padre no apoyaba la relación de ella con Tom.
—Será mejor que regresemos a tu casa —dijo Tom después de escuchar lo que había dicho Laia— Tus padres deberán estar preocupados, llevamos fuera de casa desde el mediodía, y casi ya está anocheciendo.
—Está bien —susurró Laia.
—Todo va estar bien, Laia —dijo Tom a su novia rodeándola por la cintura una vez que se habían levantado del banco del parque donde se habían parado.
—Eso espero… —dijo con tristeza Laia— Me moriría si me separan de ti.
Los dos jóvenes se fueron caminando hacia la casa de la chica. Laia deseaba con todo su corazón que cuando llegarán a su casa, su padre hubiera cambiado de opinión y no fuera tan reacio a Tom y que su madre lograra por fin convencerlo. Al poco rato, ya estaban entrando por la puerta de la casa, los padres de Laia se encontraban en el salón viendo la televisión.
—¿Dónde estabais? —preguntó el padre de Laia.
—Fuimos con Kayla y Bill a comer fuera —contestó su hija. Tom solo permanecía atento ya que cuando se dirigían únicamente a Laia lo hacían en español, así que el atendía intentando entender algo y aprender.
—¿Y estas horas de llegar? —preguntó de nuevo.
—Fuimos a ver algunos sitios, no nos íbamos a quedar encerrados en casa viéndote la mala cara que pones —dijo con sinceridad Laia.
—Estábamos esperándoos para cenar. Tu madre se tomó las molestias de hacer algo sin carne para el señorito —dijo con reproche.
—Gracias mamá —agradeció Laia y se encaminó hacia la cocina para preparar la mesa. Tom le siguió y le ayudo para que no pensaran que era un vago.
Cuando la mesa estuvo preparada los padres se sentaron en la mesa para cenar los cuatro juntos. El ambiente estaba claramente tenso por culpa del padre de Laia que comía en completo silencio sin apenas levantar la comida del plato y cuando lo hacía era para mirar con ojo crítico a Tom.
—Háblanos de ti Tom —habló el padre de Laia rompiendo el silencio Tom tuvo miedo, ¿qué le contaba?.
—Mmm no sé… ¿Quiere saber algo en especial? —preguntó Tom nervioso estaba demasiado incomodo se sentía pequeño.
—¿Cuántas novias has tenido? —fue directo.
—Una, cuando era más joven. Luego llegó la fama y… —empezó.
—Y pensaste que podrías tener a muchas chicas en tu cama. ¿Me equivoco? —eso dejó a Laia descompuesta y a Tom avergonzado de su reputación, por que lo que el padre de su novia había dicho era verdad.
—No… —susurró Tom bajando su cabeza completamente avergonzado.
—Pues ahora explícame bien, como teniendo la reputación que tienes, voy a creerte de que realmente amas a mi hija —dijo Oskar levantando la voz un poco a Tom.
—Oskar, cariño relájate —trato de calmar María a su marido— Así no llegaremos bien.
—Papá… Tom me ama —intervino Laia— Él ha cambiado…
—No te creo, quien me dice que un día de estos te deja porque se haya liado con alguna famosa de pacotilla —dijo de nuevo muy duro Oskar— Hasta donde sé, tu novio vive en la meca del cine. Allí se mueven muchos famosos, y muchas fiestas.
—Tom no es esa clase de personas —volvió a defender Laia a su novio.
—Si hasta ahora fue capaz de acostarse con fans que tocaban en la puerta de su habitación en el hotel por donde pasaban —dijo de nuevo Oskar— Lo volverá a hacer. Este tipo de personas nunca cambian.
—Se equivoca señor —se defendió Tom por primera vez— Yo amo a su hija a más que nadie en el mundo. Siempre la respetaré, y nunca la voy a cambiar por ninguna otra chica.
—Haz lo que quieras, Laia —se rindió Oskar ante las palabras del novio de su hija— Pero no quiero verte llorar y arrastrarte por el suelo, cuando te haya dejado.
—¿Estudias algo? —preguntó María para quitar un poco la tensión del momento que se había vivido.
—No, aunque he acabado mis estudios satisfactoriamente. En un futuro podré matricularme en alguna universidad si quiero estudiar carrera universitaria —explicó Tom a la madre de su novia— Ahora por el momento quiero centrarme en la música.
—Bueno, eso está bien —dijo María no muy convencida porque sabía realmente que si no tenía estudios universitarios el chico, si su carrera musical le iba mal después no tendría por donde tirar— Aunque te aconsejo que mientras puedas trates de estudiar alguna carrera aparte de la música.
—Gracias señora por el consejo, pero últimamente me están saliendo otros trabajos a parte de la música —dijo Tom con suficiencia— Podré sostenerme perfectamente, soy una persona que no le gusta gastar mucho y guardar el dinero por si pasa algún imprevisto.
—Veo que eres un chico muy reflexivo —dijo María a su yerno— ¿Cuántos años tienes?.
—Veintidós, aunque cumpliré los vientres en septiembre del año que viene —dijo Tom a la madre de Laia.
—Vaya, os lleváis cuatro años de diferencia. Laia es una niña todavía apenas tiene dieciocho años —dijo María a Tom.
—A mi no me importa que su hija sea más pequeña que yo —dijo de nuevo Tom a María— Yo quiero a Laia, y eso es lo importante.
Continúa…
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