Fic hetero de Heiligtkt483

Capítulo 93

BARCELONA (ESPAÑA)

Tras esas palabras se formó otra vez un silencio incómodo. Siguieron cenando en silencio, sin articular ninguna palabra. Cuando acabaron de cenar, Tom y Laia ayudaron a María a recoger la mesa mientras que Oskar se iba al salón para seguir viendo la televisión. Después María se fue al salón para acompañar a su marido, Tom y Laia se sentaron en el sillón para ver un poco la televisión también, pero a la media hora se levantaron del sillón para irse a la habitación de Laia y así poder hablar más tranquilamente.

—¿A dónde vas? —preguntó Oskar a su hija, ya que la vio levantarse del sillón con Tom.

—A mi habitación… —susurró la chica.

—La puerta abierta… —ordenó Oskar a su hija— No quiero escuchar ningún ruido extraño, que me indique que estáis haciendo otras cosas, que prohíbo en esta casa.

—No soy tan tonta para ponerme a hacer ese tipo de cosas, teniéndote en casa —dijo Laia con cabreo.

—Cuidas tus modales, niña —regañó Oskar a su hija.

Tom y Laia subieron las escaleras, en dirección a la habitación de la chica. Una vez que estuvieron en ella, Laia cerró con cuidado la puerta para que sus padres no se dieran cuenta de que cerraba la puerta. Tom se la quedó mirando traviesamente.

—Sabes que si tus padres se dan cuenta de que has cerrado la puerta, se va a amar la de dios —susurró Tom a su novia.

—Lo sé… pero mientras no se den cuenta todo será perfecto —dijo Laia acercándose a su novio para luego posar sus labios sobre el cuello del chico, mientras le rodeaba la cintura— Te he extrañado mucho…

—Yo también princesa —dijo Tom entrecortadamente mientras sentía como los labios de Laia comenzaban a jugar con su cuello— Cielo…

—Shffft… nos van a escuchar —dio traviesamente Laia— Y no querrás que nos escuchen, ¿verdad?.

—No… —tragó saliva Tom, se estaba poniendo muy nervioso, la verdad es que no quería ver al padre de Laia enfadado— ¿Qué haces…?.

Laia se separó de Tom, y comenzó a desabrocharse la camisa que llevaba puesta ese día, para luego dejarla posada sobre la silla que estaba al lado de ellos. Luego con bastante soltura, se desabrochó el sujetador mostrando unos pechos bastante grandes y redondeados. Tom se quedó mirándolos tontamente.

—¿Te gustan? —preguntó provocativamente Laia a su novio, mientras le cogía una de las manos de Tom y se las ponía en uno de sus pechos.

—Están más grandes que otras veces —precisó Tom, ya que se había dado cuenta que los pechos de Laia eran más pequeños, mientras empezaba a masajearlos con sus manos.

—Quiero que me hagas disfrutar… —susurró Laia al oído del chico, mientras le pegaba un lengüetazo en el cuello para comenzarlo a besar, por otro lado Tom estaba concentrado jugando con los pechos de Laia que los estaba agarrando con las dos manos cada uno— Ooh…

Laia se separó de Tom, y este bajó su cabeza para atrapar uno de los pezones de la chica son sus labios, que después comenzó a mordisquear suavemente con sus labios. Poco a poco Laia se fue excitando más, sus pezones se volvieron completamente erectos, y su cuerpo le pedía llegar a un nivel más alto. Laia posó sus manos en el cinturón del pantalón del chico y comenzó a desabrocharlo con desesperación, mientras que Tom seguía jugando con los pechos de la chica. Laia se encontraba con la cabeza hacía atrás haciendo pequeños movimientos con sus caderas encima de Tom. Poco a poco el chico notó que su miembro se empezaba a emocionar bastante, y no quería que los padres de Laia los cazarán teniendo sexo en la habitación de la chica, porque una cosa que sabía Tom era que una vez que comenzaba una cosa tenía que terminarla.

—No… —se separó Tom del pecho de Laia, cuando sintió que su miembro comenzaba a despertar debajo de su pantalones— Será mejor que paremos…

—¿Porqué? —preguntó confundida la chica a su novio— Te deseo… Los dos estamos deseando tener sexo…

—No está bien, Laia —dijo Tom recuperando la cordura— Tus padres están abajo en el salón, no quiero ver cabreado a tu padre. A veces da un poco de miedo…

—Venga no seas miedica… —se mordió el labio inferior Laia— ¿No te gusta correr riesgos?.

—Sí… pero ahora no es el momento —dijo Tom a su novia, haciendo que Laia se levantará de encima de él— Ahora te ruego que te pongas el sujetador y tu camisa de nuevo…

—Eres un aguafiestas —dijo Laia cabreada para luego acercarse a la silla donde había dejado apoyado su sujetador y su camisa— Me has cortado el rollo…

—Eso va por las veces que tú me cortas el rollo —dijo picado Tom.

—Arghhh… Vete a la mierda —dijo Laia a su novio.

—Menudos cambios de humor tienes —dijo a su novia dándose cuenta que Laia podía estar un minuto muy cariñosa y melosa, y en otro minuto completamente enojada e insoportable.

—Eso es mi problema… —dijo Laia cruzándose de brazos.

—Bueno, será mejor que te deje tranquila —añadió Tom— Me voy a mi habitación, cuando te sientas mejor mándame un sms.

Tom se fue hacia la puerta de la habitación de Laia, y descorrió el pestillo con cuidado de la puerta y después salió. Laia se quedó sentada en su cama, con la respiración agitada. En esos momentos odiaba a su padre con toda su alma, por culpa de él había perdido de tener una fantástica sesión de sexo con su novio. Al poco rato, cuando se sintió más calmada Laia salió de su habitación y se dirigió al final del pasillo que era donde estaba la habitación de invitados donde dormiría Tom. Tocó levemente la puerta.

—¿Quién es? —escuchó decir a Tom en inglés.

—Soy yo… —susurró Laia para luego abrir la puerta y entrar lentamente.

—¿Ya te encuentras mejor? —preguntó Tom a su novia mirándola fijamente.

—Siento mucho haberme comportado así antes —dijo Laia avergonzada— Es que te he extrañado durante estos dos meses, y quería tener un poco de intimidad contigo.

—Lo sé cielo… —dijo Tom abrazando a su chica— Pero estamos en la casa de tus padres, no es de recibo que nos pongamos hacer este tipo de cosas en la casa de tus padres.

—Lo sé… —susurró Laia mientras apoyaba su cabeza sobre el pecho del chico.

—Te prometo que uno de estos día nos vamos a un hotel para estar solos por la noche y tener más intimidad —dijo Tom mientras acariciando la cabeza de la chica.

—Eso sería estupendo —suspiró Laia mientras aspiraba el aroma del cuerpo de Tom— Solos tú y yo como solo una misma persona.

—Te quiero… —susurró Tom mientras se quedaba abrazado a Laia, la había extrañado tanto durante ese tiempo.

—Yo también —susurró Laia también.

—Se me olvidaba —dijo Tom separándose de la chica para luego ir hacia su maleta y abrirla. Durante unos minutos, estuvo rebuscando en ella hasta que encontró una pequeña caja envuelta en un papel de regalo brilloso de color rojo, un pequeño lazo dorado adornándolo— Toma para ti… Tu regalo de Navidad.

—Oh… Tomi no debías de haberte tomado la molestia de comprarme un regalo —dijo Laia humildemente.

—No seas tonta, Laia —dijo Tom a su novia— Eres mi princesa, no podía dejarte sin regalo de Navidad.

—Pero seguro que mi regalo de Navidad no va a ser tan bonito como el que has hecho tú —dijo Laia avergonzada.

—Eso no importa Laia —volvió a decir Tom a su chica— Lo importante es que me lo hayas hecho con todo tu corazón y cariño.

—Oh… ¡Qué bonito! —dijo Laia una vez que había desenvuelto el paquetito y abierto la pequeña caja— Nunca me habían hecho un regalo así…

—Espera que te lo pongo —dijo Tom cogiendo el anillo de la cajita para luego ponérselo a Laia en dedo anular de su mano derecha— Te quiero…

—Yo te quiero mucho más, mi amor —dijo Laia atrapando los labios de su novio mientras cruzaba los brazos por detrás del cuello de Tom— Ahora tengo que darte mi regalo —se separó la chica de su novio— Espero que te guste…

—Claro que me gustará —sonrió Tom tontamente viendo a su novia.

—Un momentito… —dijo Laia mientras se giraba y abría su armario para luego buscar una cajita de regalo, la cual cogió entre sus manos— Tu regalo…

—Mi vida —dijo Tom a su novia para luego besar los labios de la chica— Gracias…

—Ábrelo —dijo Laia emocionada— Espero que te guste.

—Claro que me gustará —dijo Tom comenzando a abrir el regalo, que estaba perfectamente envuelto con papel de regalo— Oooh es muy bonito, cielo.

—¿De verdad te gusta? —preguntó Laia incrédula— No es gran cosa, no tenía mucho dinero para comprarte una cosa mejor.

—¡Por dios, Laia! Me encanta —dijo Tom mirando el reloj que le había regalado su novia— Ayúdame a ponerlo.

—Sí —sonrió Laia contenta de que a su novio le gustará el reloj que con tanto esmero había buscado.

—Gracias princesa por el reloj —dijo Tom a su chica, para luego besarla los labios siendo correspondido por la joven.

Se estuvieron besando unos minutos con desesperación, disgustando cada uno los labios del contrario. El deseo volvía estar otra vez a flor de piel, y sus cuerpos empezaron a reaccionar a estimulaciones que no deberían de tener, que en esos momentos estaban vetadas. Laia empezó a subir la camiseta de Tom, hasta que en un descuido del chico se la quitó por la cabeza. Juguetonamente comenzó a besarle el cuello, después la clavículas hasta que hizo que Tom se tumbará completamente sobre la cama, quedando Laia encima de él. Traviesamente delineó con su lengua las abdominales del chico, mientras se recreaba en besos y caricias, hasta que poco a poco llegó a la parte baja del chico. Tom no puso impedimento alguno, sus instintos estaban a flor de pies y no era capaz de controlarlos. Sin poderlo remediar, Laia ya le había desabrochado el pantalón, y ahora se encontraba acariciando juguetonamente con sus dedos por encima del bóxer, la zona donde se encontraba su miembro.

—Sabes que lo deseo… —susurró Laia mientras seguía acariciando por encima con sus dedos, y notando con Tom se iba excitando más. El chico se encontraba con los ojos cerrados, atrapado por las manos de Laia.

Sin que le diera tiempo a reaccionar a Tom, la chica se encontraba acariciando el miembro de este que ya había sido liberado de debajo de los bóxers. Su lengua comenzó a hacer círculos sobre la punta del punta de este, para luego comenzar a meterlo y sacar de su boca. Durante unos diez minutos, Laia estuvo disfrutando de este como si fuera una golosina, hasta que sintió como un líquido sabor agrio inundaba su boca. Tom seguía con los ojos cerrados y respirando entrecortadamente.

—¿Estás ahí Laia? —una voz desde fuera hizo sacar a ambos chicos de su trance— Abre la puerta…

Laia miro a Tom con los ojos abiertos, Tom estaba completamente desnudo y si abría ahora la puerta su madre le iba a echar una buena regañina. Al final Tom se colocó apresuradamente sus bóxers, y su camiseta seguida de sus pantalones. Laia aún conservaba el sabor agrio en su boca, pero no tenía forma de aclararse la boca ya que la habitación de invitados carecía de baño propio.

—Ya voy… —respondió Laia una vez que se hubo repuesto y Tom ya estaba listo.

—¿Por qué has tardado tanto? —preguntó María a su hija una vez que esta abrió la puerta.

—Mira, mami —dijo Laia intentando desviar lo que iba a venir, mostrando una sonrisa de oreja a oreja— Me lo ha regalado Tom.

—Oh es muy bonito… —dijo María cogiendo la mano de su hija para mirarlo mejor— No quiero que vuelvas a cerrar la puerta de la habitación, me has entendido.

—Sí… —susurró Laia bajando la cabeza al final no se había librado de la reprimenda de su madre.

—Será mejor que te acuestes —ordenó María a su hija— Mañana será un día muy largo. Buenas noches, Tom.

—Buenas noches, señora —dijo Tom educadamente a la madre de Laia.

Después la madre se fue a su habitación, dejando solos por unos minutos a Laia y a Tom en la habitación.

—Será mejor que hagas caso a tu madre —recomendó Tom a Laia— Mañana será un día muy largo.

—Ya… pero quería estar un poquito más contigo —dijo Laia su novio.

—No, Laia será mejor que te acuestes ya hazme caso —se puso autoritario Tom.

—Pero yo no he quedado satisfecha, tú sí —dijo Laia enarcando una ceja.

—Te estás comportando como si estuvieras en celo —dijo Tom a su novia— Te pareces a mis perros cuando van detrás de todas los perros hembras del vecindario para fornicar.

—Yo no me estoy comportando así —dijo Laia enarcando las cejas para luego cruzar los brazos— Que tengas buenas noches.

—Laia no te lo tomes a mal —dijo Tom cuando vio a su novia que se había enfadado.

—Imbécil —dijo Laia para luego cerrar la puerta de la habitación de Tom e irse a la suya.

—La verdad es que las mujeres deberían de traer un manual para poderlas entender… —susurró Tom dejándose caer sobre la cama. A la mañana siguiente trataría de hablar con Laia, y arreglar esa pequeña discusión que habían tenido.

Por otro lado, Bill y Kayla se encontraban en el salón de la casa de la chica. Laura se encontraba en la cocina preparando la cena, aunque después llamó a Kayla para que fuera ayudándola dejando a Bill solo ante el peligro con su padre. El chico se sentía un poco incomodo porque no sabía como reaccionar, sabía que la madre de Kayla, su suegra, no le tenía mucho aprecio pero el padre de su novia aunque al principio se había mostrado un poco reacio, después empezó a mostrar simpatía hacia él pero aun así se sentía un poco incomodo.

—Cuéntame, hijo —dijo Miguel tuteando a Bill haciendo que este se relajara un poco después de la tensión que estaba viviendo— ¿Qué planes tienes para el futuro con mi hija?.

—La verdad es que somos muy jóvenes para pensar en el futuro —contestó Bill sintiendo un nudo en el estomago— Prefiero ir con calma…

—Ya… —dijo Miguel observando a su yerno— ¿Cómo son los sitios que frecuentas? Me refiero, sé por mi hija que eres una estrella del pop internacionalmente conocida, supongo que tendrás amistades importantes y famosas.

—Ya… —se rascó la oreja derecha Bill— No suelo salir mucho por ahí, en Los Ángeles vivimos mi hermano y yo, junto a nuestro manager del grupo. Ahora estamos en plena producción del nuevo disco que sacaremos para el año que viene así que no da mucho margen para salir de fiesta continuamente. Aunque algunas veces tenemos que ir a presentaciones para hacer negocios.

—Ya… —dijo Miguel escuchando atentamente— Lo que me da miedo del mundo en que te mueves, es porque a veces se puede distribuir drogas durante las fiestas. ¿Has probado alguna vez drogas?.

—¡No! —respondió sorprendido Bill— Solo bebo algunas veces y bueno, tengo que reconocer que tengo el vicio de fumar… Pero probar drogas nunca.

—Eso me tranquiliza —respiró tranquilo Miguel— No quiero que mi hija se vea envuelta en ese mundo

—¡Papá! ¡Bill! —dijo Kayla saliendo de la cocina y dirigiéndose a su padre y a su novio— La cena está lista ya, mamá ha dicho que vayáis para la cocina.

—Ahora vamos —dijo Miguel levándose del sofá seguido de Bill.

Kayla entró en la cocina, seguida de su padre y de su novio Bill. Laura se encontraba colocando lo que había preparado en el centro de la mesa. Kayla había estado poniendo los cubierto, vasos y platos en la mesa, así que ahora se sentó en una silla libre indicándole a Bill que se sentará en la silla de al lado de ella. La madre de Kayla había tenido mejor suerte que la madre de Laia, había preparado unos espaguetis con gambas así que Bill podría comer la cena sin ningún problema.

—Están muy buenos —comentó Bill en un intentó de agradarle a la madre su novia— Nunca había probado unos espaguetis así.

—Gracias —contestó Laura pero sin mostrar ningún afecto al novio de su hija.

Continúa…

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por Heiligtkt483

Escritora del Fandom

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