«Juramento Mágico» Fic Toll de MizukyChan

Capitulo 17

Andreas luchaba cerca del cobertizo donde Bill trataba de curar a Andrej, sus ojos fuertemente cerrados en una actitud de completa concentración. Los enemigos aumentaban y el rubio debía alejarse de los chicos para apartar la atención de ellos. En eso se encontraba, cuando una figura apareció para apoyarles en el combate.

¡Tom! —Le llamó. El rastudo se acercó a él con rapidez.

¿Dónde está Bill? —preguntó su voz cargada de preocupación.

En el cobertizo de atrás. Está curando a Andrej, pero están desprotegidos —Habló lanzando un rayo a uno Gnomo particularmente grande.

Voy por él —El rubio asintió, ¿Quién mejor que Tom para protegerlos? Con todo su poder, podía estar tranquilo.

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Tom corrió la corta distancia hacia el cobertizo y vio a su pequeño concentrado, sin poder evitarlo puso su mano en su hombro, haciendo que el pelinegro se espantara.

Tom, me asustaste —Le recriminó el chico.

Lo siento, estaba muy preocupado por ti.

Debo darle la suficiente energía para sacarlo de la inconsciencia, o no lo logrará —explicó, sus ojos demostrando el dolor de lo que significaría su pérdida.

Bien, debo ir ayudar a los demás, pero no puedo dejarte al descubierto —alegó el de rastas, concentrándose.

Y ¿Qué harás? —preguntó al sentir la gran cantidad de energía en torno a su cuerpo.

Intentaré hacer una barrera —Le dijo con simpleza. Bill abrió los ojos grandemente.

Eso… sólo lo puede hacer Santa… —comentó en un susurro y se quedó estático al ver como la luz en forma de cuadrado lo envolvía a él y a Andrej. Tom dio un gran suspiro y luego la barrera quedó completamente sellada.

Creo que está lista —Bill le miró sorprendido—. No te preocupes, la enlacé con mi mente, si algo le llega a pasar… lo sentiré de inmediato y volveré a ti —Le dio una sonrisa reconfortante y se alejó de regreso a la batalla.

Afuera en pleno combate, las chicas luchaban valientemente contra las horridas criaturas. Una bola de energía oscura atravesó el cielo con dirección a Andreas, sin que éste se diera cuenta. Tom apareció justo a tiempo para apartar al rubio, pero no lo suficiente para evitar que una quemadura le diera en el brazo, que rápidamente se ennegreció.

¡Idiota… te envenenaron! —Le gritó el rubio, al ver la herida.

¡¿Y qué querías… que te dejara morir?! —Le respondió el rastudo, volviendo a ponerse en guardia. Andreas le miró con confusión y siguieron luchando, lado a lado, contra las bestias.

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De pronto, en todo el fragor de la batalla, una voz vino a la mente de Tom. Después de comprender el mensaje, el chico se tele transportó con David, sin saber a ciencia cierta dónde dirigirse, solamente siguiendo la voz en su mente.

Santa —Le llamó al llegar a una enorme fractura en la barrera mágica que protegía la colonia.

Tom —Le siguió hablando a la mente, ya que sus ojos estaban fuertemente cerrados, concentrados en la reparación de ella—. Necesito que vayas con los miembros de mi consejo y les indiques que acorralen a los Gnomos y los traigan hasta aquí, es la única forma de expulsarlos y poder sellar por completo la barrera.

Sí señor, pero… ¿Cómo los encontraré? —preguntó confundido el chico.

Concéntrate Tom, tienes el poder necesario para hacer todo lo que yo hago… sólo concéntrate y los verás… en tu mente —El de rastas hizo lo que se le mandó y al primero que visualizó fue a Jorg, quien menos le creería.

Bien… los veo.

Ve, Tom y hazlo rápido, estoy perdiendo demasiada energía aquí y no sé, si seré lo suficientemente fuerte para acabar con esto —Que David le dijera eso, fue tan terrible, que Tom desapareció en seguida.

El rastudo reapareció en otra escaramuza, y tras esquivar unos rayos oscuros, se apresuró a alcanzar a Jorg. El hombre le vio y dio un respingo de disgusto.

¿Qué haces aquí chiquillo? —cuestionó, en forma despectiva.

Traigo un mensaje de Santa —Le dijo poniéndose de frente para que le viera.

Si Santa quiere decirme algo, lo hará él mismo —agregó, moviéndose a un lado.

Señor —Le pidió el chico con respeto—. Debe guiar a los Gnomos hacia el norte, al agujero de la barrera, para expulsarlos y poder sellarla —El hombre lo miró fijamente.

¿A dónde exactamente? —preguntó al ver la resolución en los ojos del chico.

Déjeme mostrarle —Le pidió extendiendo su mano, Jorg retrocedió un paso, no queriendo ser tocado por un humano—. Por favor, señor… confíe en mí —El adulto dudó varios segundos.

Está bien —Tom puso su mano directamente en los ojos de Jorg y traspasó la imagen del lugar, en el que recientemente había estado. El hombre se sorprendió por tal habilidad— ¿Cómo aprendiste a hacer eso?

Santa —contestó el chico, alzando los hombros.

Bien…

Debo informar al resto del consejo —informó el chico, volviendo a tomar su postura de combate.

¿Sabes cómo encontrarlos? —indagó, nuevamente impactado por las habilidades del rastudo.

Sí señor. Buena suerte —Y chasqueando sus dedos… desapareció.

A los pocos minutos, ya había avisado a todos los miembros del consejo actual de Santa y regresó al norte a apoyar a sus propios compañeros, se dio cuenta que el lugar ya se encontraba plagado de Gnomos, pues las bestias al verse superadas en magia, quería escapar de la colonia.

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La lucha se tornaba desesperada, ya que el común de los habitantes de la colonia, sólo tenía la magia suficiente para trabajar en la fábrica, no para enfrentamientos bélicos de esta naturaleza.

Tom estaba conmovido de lo fieros que podían ser los duendes con el fin de defender a sus familias y amigos. Él mismo sacaba fuerzas para continuar peleando, aun cuando su brazo escocía de dolor por el veneno de los Gnomos. En reiteradas ocasiones tuvo que interponerse entre las criaturas y los duendes más débiles, que sólo podían defenderse con palos y un rostro fiero.

Gracias chico —Oyó varias veces, como retribución, cosa que le hacía sonreír. Ellos eran el pueblo de Bill y ahora, eran también SU gente.

Vamos Tom ¡Saquemos a los malditos! —Escuchó el grito de Andreas, lanzando rayos azules, para terminar de sacar a los Gnomos por la barrera.

Finalmente, después de lo que parecieron horas, las bestias cedieron y huyeron hacia el bosque oscuro detrás de la barrera. Santa sudaba a mares, concentrando toda su energía para poder sellarla, hasta que sus rodillas se debilitaron y cayó al suelo.

Estoy agotado. He limpiado toda la magia oscura de la barrera, pero necesito más poder para sellarla —dijo David en explicación a todos los ojos, que estaban fijos en él.

Lo peor fue cuando los Gnomos, al ver caer al líder de la colonia, comenzaron a rehacer sus filas de ataque. Entonces el chico de las rastas se paró frente al agujero y cerrando los ojos, comenzó a incrementar toda su energía para poder terminar el trabajo de Santa.

Los duendes, que estaban alrededor, miraban asombrados como el chico nuevo estaba ocupando el lugar de aquel a quien confiaban sus vidas. ¿Cómo alguien tan joven podría imitar el poder de alguien tan sabio? Se preguntaban, acercándose cada vez más.

No Tom, aún eres muy joven para controlar la totalidad de la barrera —Le habló fuertemente Santa, pero Tom bloqueó sus oídos, incluso su mente, no podía perder la concentración, este pueblo lo necesitaba, y si él había recibido los dones, era porque la colonia misma lo había aceptado, la colonia sabía que le necesitaría y lo había preparado para ello. Él debía hacerlo.

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En un cobertizo, no lejos de allí, Andrej abría los ojos lentamente.

¿Bill? —Le habló con la voz rasposa.

Hey —Le saludó el chico— ¿Cómo te sientes?

Envenenado —respondió irónico, luego miró al pelinegro con ojos agradecidos—. Me salvaste Bill.

Eres mi amigo —Luego una punzada de dolor golpeó el pecho del pelinegro— ¡Tom! —Y vio con horror que la barrera que los cubría, desaparecía— ¡NO!

Ven con él Bill —Le mandó el rubio, él mismo incapaz de moverse, aún.

El pelinegro se tele transportó donde su corazón le indicaba que estaba su amado. Al verle se asustó. Tenía el brazo negro: envenenado y estaba completamente entregado a la labor de restaurar la barrera, pero de pronto sintió que era la barrera quien absorbía el poder de su Tom.

¿Tomi? —Le llamó, pero él simplemente le ignoró.

¡Tom ya basta! —Oyó el grito de David, tendido en el suelo. Bill palideció, si no sacaban a Tom de allí… moriría.

Los duendes seguían asombrados. El chico de las rastas era nuevo en el pueblo. Todos sabían que era el novio de Bill, ellos se amaban y el pelinegro estaba triste mirando la escena. Apretaron los puños, pues no había nada que ellos pudieran hacer, los escogidos de Santa eran los más fuertes, eran los que tenían los “grandes dones” y sólo podían limitarse a mirar.

Cuando la barrera alcanzó todo su poder, no dejaba ir al chico y de pronto, uno de los adultos, Jorg, tomó a Tom en sus brazos, quemándose en el proceso y lo arrancó de allí.

Aún no puedes morir chico —Le dijo al oído, y cayó al suelo, con Tom inconsciente.

¡Toooommm! —Gritó Bill arrodillándose a su lado, forzando su magia para poder curarlo, pero él mismo estaba muy agotado por haber ayudado a Andrej antes. Sus lágrimas caían sin parar y todos estaban desconcertados.

¿Por qué lo hizo? —Se oía por ahí.

¿Por qué tiene tanto poder? —Preguntaba otro duende.

¿Acaso murió? —Un duende joven se preguntaba.

Santa estaba exhausto, su magia completamente drenada. Jorg estaba en el suelo, con los brazos quemados por la energía de la barrera. El resto del consejo estaba con diferentes daños, todos estaban agotados.

Entonces… los duendes de la fábrica y los demás miembros de la colonia comenzaron a aparecer. Al ver que uno de los suyos estaba grave, se acercaron a él. Rodearon a Bill y Tom. Cada uno de los duendes, en un perfecto círculo, puso su mano derecha, en el hombro izquierdo del duende a su lado, sellando el círculo y luego la magia navideña comenzó a brillar… una suave, pero potente luz dorada iluminó el círculo.

Esa es la magia para Santa —dijo Ruth a Elektra, quien se apoyaba en su hombro.

Lo sé… no sé que pretenden, esa magia sólo sirve con Santa.

Pero para sorpresa de todos… la energía navideña llenó de ánimo al chico de las rastas, quien abrió los ojos, mirándolos a todos con una gran sonrisa.

Gracias —dijo en un susurro.

Todos sonrieron complacidos, pero entonces… sus ojos se abrieron en sorpresa… el disfraz de Bill se absorbió por la magia, dejando al descubierto las orejas humanas de Tom. Los duendes se miraron sorprendidos y se alejaron de allí, en absoluto silencio.

¿Tom? —habló David acercándose, cojeando hacia los chicos— ¿Estás bien?

Sí… mi brazo duele —Todos vieron que la negrura se incrementaba.

Bill, llévalo a casa. Debo organizar al pueblo —Le mandó.

Sí David —El pelinegro chasqueó los dedos y reapareció en su cabaña.

El pueblo se reunió en torno a Santa, quien telepáticamente los hizo venir a todos.

Mientras esperaban por la aparición de cada uno de los duendes de la colonia, el rumor de que un humano estaba habitando entre ellos se difundió como la dinamita, rápida y explosivamente.

Philips y su consejo aparecieron cargados de malas intensiones y lo peor es que algo se movía insistentemente en el bolcillo del hombre. Sonrió maliciosamente pensando en las palabras adecuadas para destruir a los elegidos y Santa mismo.

Los elegidos se reunieron con el resto del pueblo, Andreas cargaba en sus brazos a un convaleciente Andrej, su mirada cargada de preocupación, ahora que el gran secreto de Tom había sido revelado, él sabía que Philips y sus hombres harían hasta lo imposible por sacar a David del poder y eso sólo traería la desunión a la colonia y la ruptura inevitable, con la raza de los hombres.

En su corazón, Andreas entendía que dicha unión, por ilógica que pareciera, era necesaria para la existencia de ambas razas, así se lo había explicado Santa muchos años atrás. No odiaba a Tom por ser humano, al contrario, lo consideraba un amigo, más ahora que lo había visto luchar por un pueblo que ni siquiera era de su especie, ahora comprendía por qué había sido escogido para ser el siguiente Santa, ahora Tom… era su líder.

Andrej miraba el rostro de Andreas y no pudo evitar sonreír, ahora que estuvo a punto de morir comprendió cuanto lo amaba y no quería volver a sentir esa sensación de pérdida. Le miró con abnegación y alzándose un poco, rozó sus labios.

¿Te sientes mejor? —Le preguntó Andreas, levemente sonrojado, era la primera vez que se besaban en público, pues a petición del mismo Andrej, siempre se ocultaron del mundo.

En tus brazos no podría estar mejor —El rubio de la coleta miró a su novio con ojos comprensivos y le preguntó— ¿Comprendiste la importancia de Tom?

Sí… aunque al parecer ya es demasiado tarde. Philips hablará y lo acusará… no hay modo de desmentirlo, todos los que estaban aquí lo vieron —comentó el chico, resignado.

Roger… —susurró Andrej.

¿Qué hay con él?

Él sabe todo… él me dejó para morir… hay que encontrarlo —Quiso ponerse de pie él mismo, saliendo de la seguridad de los brazos de Andreas, pero éste se lo impidió.

Cálmate, no te puedes mover aún —Se volteó y gritó—. Ruth, Elektra, vengan —Las chicas corrieron a su lado.

¿Qué sucede? —preguntó la morena.

Hay que encontrar a Roger, él es el único que podrá decirnos que fue Philips quien abrió la barrera —alegó Andrej, molesto.

¿Estás seguro? —Dijo la pelirroja—. Él es el miembro más importante del consejo de Philips.

Lo sé, pero él tiene mi don, y estoy seguro de que odia a los Gnomos tanto como yo.

¡Hay que encontrarlo! —Mandó Andreas.

Cuenta con nosotras —afirmó Electra y desaparecieron.

Sólo espero que lleguen a tiempo —susurró Andreas.

Y yo espero que Roger no las ataque, después de todo… también es un traidor —Andrej dijo bajando la mirada, Andreas mordió su labio frustrado, su novio tenía razón y él menos que nadie, quería que las chicas fueran lastimadas.

¿Andrej? —El otro rubio le miró—. Creo que mejor voy a ayudar a las chicas —El chico asintió.

Déjame, puedo resistir hasta que regreses.

No, te llevaré con Bill y Tom —Andrej no tuvo tiempo de contradecirlo, cuando ya estaban apareciendo en la cabaña del pelinegro.

&

¡Dios! —Gritó Bill al verlos aparecer de repente, sus brazos alrededor de Tom de forma protectora.

Bill, necesito que cuides a Andrej, debo buscar a Roger —Pidió con rapidez el rubio, el pelinegro asintió y Tom se incorporó en el asiento.

¿Por qué la urgencia? —preguntó el chico, las rastas alborotadas después de perder su gorra.

Él puede confesar que fue Philips quien hizo esto.

¿Estás seguro? —indagó alzando las cejas.

Es el único capaz de hacer algo tan estúpido como esto —respondió el rubio, totalmente molesto.

Voy contigo —afirmó, poniéndose de pie.

No… estás envenenado y has gastado mucha energía, te podría pasar algo. Además, lo más probable es que tengamos que traerlo a la fuerza —Aclaró el rubio.

Con mayor razón voy contigo. El don de las criaturas peligrosas es poderoso, seguro te podría vencer, si somos dos, tendremos más posibilidades de derrotarlo —aseguró, acomodándose las rastas.

Odio admitirlo, pero Tom tiene razón —agregó Andrej.

¿Tomi? —El pelinegro tomó su mano posesivamente—. No vayas… por favor —Sus ojos llenos de lágrimas, el chico le abrazó.

No te preocupes amor mío, volveré… nada me pasará.

¿Cómo puedes estar tan seguro?

Te revelaré algo mi amado Bill —Besó sus labios ligeramente— Este… —Tocó su barriguita—. No será el único hijo que tendremos —Los ojos de Bill se iluminaron y asintió.

Está bien. Andreas… tráemelo de una pieza.

Claro amigo —Salieron al jardín— ¿Dónde podemos buscarlo?

Tengo una idea —dijo Tom y cerró los ojos fuertemente, se sentía aún mareado, pero hizo caso omiso de su malestar y se concentró en la presencia de Roger—. Lo tengo… dame la mano —El rubio obedeció y fue tele transportado hasta un lugar boscoso.

&

Está aquí —dijo Tom, en un susurro.

¿Tom, puedes traer a Ruth y Elektra también?

Lo intentaré —Cerró los ojos y puso la imagen mental del lugar en la cabeza de las chicas, quienes de inmediato llegaron.

Vamos a buscarlo… —Mandó el rubio y se separaron.

La pelirroja fue quien le vio, él ni siquiera se había percatado de su presencia, claro… estaba perdido en sus remordimientos, huyó al ver toda la destrucción que estaban causando los Gnomos en la colonia, incluso al ver al joven Andrej tan lastimado, al borde de la muerte, sintió que todo el peso de su conciencia, como guardián, lo traicionaba.

Ruth elevó al cielo una señal y los chicos se agruparon en torno al hombre, quien se sorprendió y se cubrió el rostro con las manos.

Sabemos que eres tan culpable como Philips —alegó Tom con seguridad, había visto suficientes películas de abogados como para saber cómo forzar al hombre, sin recurrir a la violencia.

Él me obligó… le dije que jamás debía hacer tratos con Gnomos —Reconoció el hombre.

Debes decirlo ante Santa, para que se haga justicia, ahora mismo el pueblo está congregado —Siguió hablando el chico, pero para su sorpresa, el adulto rió.

Jajaja, eso es lo que ustedes creen. Philips descubrió sus “gatitos” y los culpará a ustedes, niños idiotas —Los miró desafiante.

Si no haces esto por las buenas… te obligaremos —Amenazó Andreas.

¿Ah sí? Soy más fuerte que todos ustedes juntos —Todos tomaron posiciones de ataque.

Eso lo veremos —Gruñó Tom, lanzando un rayo azul con todas sus fuerzas al hombre, quien se movió rápido, pero recibió igual el impacto en el brazo, chilló de dolor.

Tú… —Le miró directo al rostro y descubrió sus orejas—. Tú… cómo no me di cuenta antes…

Porque soy uno más de la colonia y al traicionar a los duendes, me traicionas a mí también —Tom frunció el ceño y lanzó otro rayo que el hombre no trató de esquivar y cayó desmayado.

Dios Tom, eres bueno —dijo Andreas palmeándole el hombro, ambos sonrieron y se tele transportaron al pueblo.

& Continuará &

Wow capitulo largo, espero no haberlas aburrido >.< Y bueno ¿Qué sucederá en el consejo con Santa? ¿Qué dirá el pueblo al ver nuevamente a Tom? ¿Qué dirá el maldito de Philips para salirse con la suya? ¿Roger… traicionará a Philips? Muchas preguntas… creo que este fic se está poniendo un poco dramático 🙁 pero ya le queda poco así que a disfrutar lo que queda 😉

por Mizuky

Escritora y traductora del fandom

Un comentario en «Juramento Mágico 17»

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