«Juramento Mágico» Fic Toll de MizukyChan

Capitulo 2

Bill permaneció en su forma pequeña hasta que llegaron a la habitación del rastudo y efectivamente tenía una miniatura de árbol de Navidad sobre el escritorio, Tom se acercó y encendió las pequeñas luces.

Es hermoso —dijo maravillado el duende—. No he visto nada parecido en ninguna de las casas que me fueron asignadas —agregó, volviendo a su porte original.

¡Wow, me sorprendiste! —Casi grita Tom al verlo tan cerca de repente, aunque no le molestaba en absoluto tenerlo cerquita, al contrario… le causaba una agradable sensación en su estómago, que no podía describir.

Lo siento —susurró, sentándose en la cama—. Tu habitación se parece a la mía, sólo que está mucho más ordenada —comentó sonrojándose.

Cuéntame de tu vida allá con Santa, por favor —Pidió el rastudo, sentándose a su lado.

Oh… no es la gran cosa, la mayor parte del año los de mi edad van a la escuela —Contó sin entusiasmo el moreno.

Genial, nunca pensé que irías a la escuela. Yo pensé que trabajaban todo el año preparando los regalos de Navidad —Confesó, mirándolo con los ojos abiertos y brillantes.

Sólo los adultos fabrican regalos, ya sabes… por la magia —Miró sus manos, un poco nervioso por la intensa mirada del rubio.

Pero tú también tienes magia, ¿cierto? —preguntó más emocionado.

Sí, pero aún no es tan poderosa —«Seguro me pedirá que se la demuestre» Pensó el duende, un poco angustiado.

Debe ser genial tener magia, aunque seguramente también te trae muchos problemas, ¿cierto? Seguro que si alguien te conoce sólo te va a pedir que hagas cosas mágicas para ellos, ¿verdad? —Bill lo miró asombrado y asintió a sus palabras—. No te preocupes Bill, aquí estás a salvo y si alguien te molesta de mi mundo no dudes en llamarme, yo te protegeré —Cerró la distancia y le dio un fuerte abrazo.

Gracias Tom —dijo sorprendido y se separaron.

Ahora Bill, ¿por qué no me cuentas por qué te vistes de gatito? ¿Y esta colita es real?

No, la colita es mágica, no es mía, sólo las orejas lo son —Contó un poco triste el moreno.

Me gustan tus orejas Bill ¿Puedo tocarlas? —El otro asintió y la mano de Tom se acercó temerosa a acariciar la suave piel de allí. Bill soltó un pequeño jadeo, casi como si ronroneara—. Insisto, son hermosas, al igual que tú, nunca me había topado con un chico tan lindo —Ambos se sonrojaron, pero la sensación era muy agradable.

Pero como duende soy feo —Agachó la cabeza e inmediatamente sus orejitas bajaron.

No lo creo… ¿Me dejarías verte? —Pidió Tom levantando su barbilla con suavidad.

No quiero. Tengo miedo de que te asustes de mí —dijo triste conectando sus miradas chocolate.

No lo haré, lo juro y lo sellaré —afirmó valiente y se acercó a Bill quien cerró los ojos y aguardó el beso, que llegó dulce y tierno a sus labios.

Está bien —«Después de todo, no me volverás a ver» Pensó.

Levantó su mano y con un chasquido de sus dedos, su hermosa ropa negra desapareció, dando lugar a un traje chistoso que consistía en un short verde, usado sobre unas pantis rojas, unos botines rojos y una polera igual de verde. Lo que sorprendió a Tom fue el color de la piel de Bill, era plateada, y casi resplandecía en la oscuridad.

Wow —dijo el rastudo, soltando el aliento.

Te dije que era horrible —Y volvió a chasquear los dedos, recuperando su atuendo gatuno.

Eres guapísimo Bill, aunque tienes razón en cuanto al atuendo, es raro, pero tú… eres “algo más” —aseguró, llevando una mano a la mejilla del duende y acariciando con suavidad.

Lo dices sólo por complacerme —Se quejó el moreno.

Claro que no, tu piel es… hermosa… tus orejitas y tus ojos… —Suspiró. Tom no entendía por qué todo lo relacionado con Bill le parecía tan… fascinante.

Mejor cambiemos de tema —Pidió el duende sintiendo que ya no podría seguir aguantando esa sensación extraña que se alojaba en su pecho.

Bien…, mmm… —De llevó la mano al mentón, pensando— ¿Cómo es Santa? ¿Está muy gordito? —preguntó tomando una bolsa de gomitas.

Él no es gordito para nada. Se llama David Jost y ya lleva 200 años en el cargo de Santa, es muy bueno en lo que hace —relató lleno de orgullo el moreno.

¿Le admiras mucho?

Sí, él confió en mí para comenzar mi trabajo de ayudante antes de tiempo —explicó, mostrándole un anillo con un extraño símbolo en él.

¿Cómo es eso?

Verás… los duendes se convierten en ayudantes de Santa a los 15.

¿Y tú tienes?

10.

Tenemos la misma edad Bill, es genial.

Sí, aunque ya cometí un error mortal: fui descubierto —Bajó la mirada el moreno.

Pero eso ya lo arreglamos ¿Ok? —Le tocó el hombro para darle apoyo.

En fin, seguiré trabajando en Navidad, a no ser que me equivoque de nuevo.

Nada malo pasará, estoy seguro de ello —Le aseguró el rastudo.

Tom… esta noche debo irme y ya no volveré —dijo triste—. Ya se acabó la entrega de regalos, ya no puedo usar la magia para volver —El rostro de Tom se opacó.

Oh, ya veo… pero… ¿Volverás el próximo año? —cuestionó esperanzado.

No lo sé… seguiré trabajando, pero no sé si me den el mismo barrio Tom, no puedo asegurarte nada —Tomó la mano del rubio y la apretó.

Bill, ya sabes dónde vivo, prométeme que vendrás a visitarme en Navidad, yo tendré mi pequeño árbol encendido, por favor… ven —Pidió el de rastas con ojos suplicantes.

Te lo juro Tom, yo… volveré.

Séllalo —Ambos se acercaron y juntaron sus labios por largos segundos. Luego se miraron tristes y se abrazaron.

Tendré más gomitas de oso para ti.

Júralo, Tom.

Lo juro —Y se volvieron a besar para sellar su pequeño juramento.

Debo irme —Se separaron y con un chasquido de sus dedos, Bill desapareció.

Esa noche Tom lloró, se sentía solo, sintió que pese al juramento de Bill, tendría que esperar demasiado para verle de nuevo y eso le dolía en el pecho, era una sensación rara. Pensar en Bill lo llenaba, pero al sentirlo lejos, se desesperaba. Eran muchas emociones que su mente joven no lograba asimilar aún.

&

El día siguiente estuvo muy decaído, pese a que sus padres le habían hecho un regalo hermoso y costoso, él no quería jugar, simplemente no se sentía con ánimos.

Por la noche, mientras dormía, pudo sentir el aroma de Bill en su cuarto y abrió los ojos emocionado y un resplandor le obligó a cerrarlos nuevamente. Se paró apenas la luz se apagó y vio que algo aún brillaba sobre su escritorio. Se acercó y vio un libro hermoso, lo abrió y sus hojas estaban en blanco. En medio del libro había una pluma. La tomó y se fue al inició del libro.

Debe ser un regalo de Bill —susurró bajito y leyó… parecía una agenda, tenía marcado un día para todo el año. Se ubicó en el día de hoy y escribió—. Gracias Bill —Y sonrió, un pequeño brillo iluminó las letras y luego algo mágico sucedió.

De nada, Tom —Los ojos del rastudo se abrieron como platos y su mente trabajo de prisa.

¿Estás ahí?

Este es mi regalo de Navidad, un libro mágico para que podamos comunicarnos durante el año, sólo si quieres —Escribió un tanto avergonzado, y con un ligero rubor en las mejillas.

Claro que quiero hablar contigo, hace sólo un día que te fuiste y yo estoy que me muero extrañándote —Escribió rápidamente el rastudo.

Yo también te extraño Tom, aquí a nadie le gusta mi traje de gato —Escribió haciendo un puchero.

Esa noche escribieron bastante, hasta que ambos se sintieron cansados y lo dejaron por el día, pero felices al saber que seguirían en contacto, hasta la próxima Navidad, donde se encontrarían nuevamente y se abrazarían de nuevo.

&

El tiempo pasaba rápido, ya era octubre, el rastudo había cumplido 11 y un evento extraño aconteció en la vida de Tom. Como capitán del equipo de basquetbol era muy querido y admirado en la escuela. Un día después de un partido particularmente difícil, lograron ganar gracias a un punto, que marcó al final del juego. Todos estaban eufóricos y lo felicitaron con gran júbilo.

Al salir de la escuela, había un grupo de chicas esperándole y una se acercó a él para pedirle que le acompañara un momento. Tom no dudó en ir con ella.

Ha sido un juego estupendo —Le dijo muy coqueta.

Gracias, y muy difícil también —comentó Tom, apoyándose en un árbol. La chica se acercó hacia él con suavidad.

¿Puedo besarte Tom? —Le preguntó directamente, él dudó un momento, recordando el único beso que había dado en su vida, e inmediatamente su mente voló a su duende gatito.

Está bien —respondió, sin poder evitarlo.

La chica era mayor que él y mucho más experta, ella podría enseñarle a besar mejor, para poder besar a su Bill.

«Esto no es bueno, la estoy usando para aprender, pero es para mejor» Trataba de convencerse «Es para besar a Bill como él se lo merece»

Ahí estuvo por largo rato, dejándose hacer, aprendiendo, ganando experiencia. Le gustó la sensación y estaba ansioso por repetirla, pero con la persona adecuada, con Bill.

&

La Navidad se acercaba, las tiendas mostraban cientos de luces de colores, juguetes maravillosos, dulces exquisitos. Tom se encargó de comprar más variedad de gomitas, pero siempre llevando los dulces ositos que le encantaban a Bill.

Cada noche encendía las luces de su pequeño árbol y aguardaba por alguna señal, que le indicara que su duende gatito ya había llegado.

La víspera de Navidad había estado ayudando a su mamá todo el día así que estaba realmente cansado, se dio una ducha y entró a su habitación sin playera.

¡Tom! —Gritó Bill cubriéndose los ojos.

Tranquilo que ya estoy vestido, sólo me falta la playera, tranquilo —Le dijo acercándose lentamente a él.

Ponte algo Tom.

Está bien —Tomó lo primero que vio y se lo puso—. Ya estoy listo.

Wow, casi me da un ataque —dijo dramáticamente, suspirando.

Te ves hermoso hoy —comentó el de rastas abrazándolo, el gatito lo respondió, y se quedaron por largo rato, ninguno queriendo desperdiciar el poco tiempo que tendrían.

Sólo vine un ratito, debo entregar los regalos, aunque este año son menos —Confesó, un poco triste, pero Tom le levantó la barbilla y le miró a los ojos.

Tranquilo.

Tengo miedo de que llegue el día en que nadie crea en Santa —dijo en un sollozo.

Yo siempre creeré —Le aseguró el chico.

Júralo Tom —Pidió el gatito.

Lo juro y lo sellaré —El corazón de Tom comenzó a bombear a mil, por fin haría lo que había estado soñando por meses.

Se acercó a Bill y con suavidad sujetó su rostro con una mano y se acercó lentamente. Cerraron los ojos y juntó sus labios con dulzura y los movió. Bill no se quejó, sólo se dejó hacer.

De pronto Tom succionó el labio inferior del duende, haciéndole abrir un poco la boca, cosa que Tom aprovechó para introducir su juguetona lengua allí, un poco temeroso de que Bill lo rechazara, pero el gatito gimió de gusto al sentir la intrusión y usó su propia lengua para masajear la extraña. Movieron sus rostros para acomodarse y seguir besándose. Bill enredó los brazos en el cuello de Tom, y éste sujetó al gatito firmemente por la cintura.

Cuando el aire les faltó, tuvieron que separase, y se miraron intensamente a los ojos. Las mejillas de ambos estaban encendidas, y sin pensarlo más, se abrazaron fuertemente.

Me has dado el mejor regalo de Navidad que existe en el mundo Bill —afirmó Tom, acariciando la espalda del otro con cariño.

No sé qué decir Tomi… yo… —Se separaron para mirarse.

Sabes Bill… todo este año he aprendido muchas cosas, algunos me dicen que aún soy un niño, otros me dicen que soy un adolescente, pero lo que tengo claro ahora es que…

Mejor no digas nada Tomi —Tenía temor el moreno.

Lo diré… Bill. Yo te quiero —Los ojos del gatito se llenaron de lágrimas.

No Tomi… soy un duende y tú un humano —susurró triste.

No digas eso Bill, a mí eso no me importa, yo te quiero, de verdad —Le sujetó las manos.

Será mejor que me vaya —dijo nervioso.

No te vayas…, no… por favor… si te molesta lo que dije, no lo volveré a repetir, pero por favor no me dejes, no sé qué haría si te vas de mi lado —Al ver la pena en los ojos del rubio, Bill suspiró y lo abrazó.

No me iré, pero olvida esto, ¿sí? Es por tu bien.

Esa noche volvieron a conversar de todo y de nada, comieron gomitas y sonrieron, ya no hicieron más juramentos y prometieron seguir escribiéndose en el libro mágico, para seguir en contacto.

&

Al separarse, ambos se acostaron en sus camas y pensaban en aquel beso, el más exquisito que hubieran compartido, el más lleno de sentimientos, el que los uniría para siempre. Por primera vez en su vida, tanto Bill como Tom odiaron ser de razas diferentes.

& Continuará &

En el próximo capítulo los chicos se cuestionan sus sentimientos, pues comprenden que pertenecen a razas diferentes… y el tiempo transcurre más rápido. No se lo pierdan. Y tampoco olviden comentar. Gracias por leer.

por Mizuky

Escritora y traductora del fandom

Un comentario en «Juramento Mágico 2»

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