«Juramento Mágico» Fic Toll de MizukyChan
Capitulo 22
Los chicos que se habían unido recientemente al grupo de guardianes de la colonia, se escabulleron por todas las calles aledañas a la cabaña de Bill y Tom, corrieron por ellas, buscando cualquier indicio de algo extraño, hasta que el más pequeño de ellos lo encontró.
Sin pensarlo demasiado, elevó su mano al cielo y lanzó una gran llamarada de fuego, que fue inmediatamente vista por sus compañeros por las calles vecinas. Los tres muchachos restantes corrieron a gran velocidad y auxiliaron a su compañero que estaba enfrentando a un duende adulto. Christian fue el primero en hablar.
—Dinos ¿Por qué prendiste fuego a la cabaña de Bill? —Le acusó directamente.
—No sé de qué están hablando —Se defendió el hombre. En silencio Peter, el mayor le preguntó a Alex.
—¿Cómo sabes que fue él? —El menor lo miró como preguntándose si estaba ciego.
—Ahí está la prueba ¿No lo ves? Sobre sus manos —Todos los chicos le miraron y notaron que el hombre las ocultó de inmediato.
—¡Muéstranos tus manos! —Le mandó Peter imponiendo su alta estatura.
—¿Para qué? —El adulto estaba cada vez más asustado.
—¡Hazlo! —Gritó Christian.
El hombre quiso correr, pero lanzando un pequeño rayo a la tierra, la hicieron temblar y el adulto cayó de bruces, revelando sus manos ennegrecidas y un poco lastimadas.
—Lo sabía —Se alegró Alex—. Debemos llevarlo con Tom.
—No… —dijo Peter mirándolos, mientras sujetaba al traidor—. Tom ha tenido suficiente, llevémoslo con Santa, él sabrá qué hacer y cómo interrogarlo —Y procedieron a tele transportarse.
& En casa de Andrej &
Tom había entrado al baño a darse una ducha para sacarse el olor a humo y las marcas negras del cuerpo. Entre tanto el rubio y Bill mágicamente confeccionaba más ropa para Tom, justo como a él le gustaba.
Los gatitos recorrían el lugar, oliendo y ronroneando hasta que oyeron la voz de su amo y corrieron a la puerta del baño.
—Miiiaaauuuu —Le llamaron, al escucharle cantar villancicos navideños.
El pelinegro sonrió en la sala, al escuchar la voz ronca de su Tom cantar esas tonadas que se oían sólo entre los de su especie. Y tembló al pensar que quizás él pudiera extrañar a su familia y a sus tradiciones.
—Esto está listo —comentó el rubio, mirando como el rostro del pelinegro había cambiado su expresión a una de total amargura— ¿Qué te ocurre? ¿Te duele algo? ¿Es el bebé?
—No, no es nada —Bill movió la mano, como para restarle importancia, pero no resultó.
—Justamente cuando uno dice “No es nada” es cuando “algo” pasa —Ambos se miraron, hasta que el moreno sintió como sus ojos se aguaban… «Malditas hormonas» Pensó, desde el embarazo no paraba de llorar por todo.
—Lo siento, no quiero ser un estorbo, eso es todo —No pudo contener el llanto y se sentó.
—No creo que eso sea todo —dijo el rubio, sentándose a su lado—. Vamos Bill, te conozco desde que éramos niños, puedes contar conmigo.
—Quisiste quitarme a Tom, no sé si pueda contar contigo —Soltó de repente sin intensión.
—¿A qué viene eso? —preguntó divertido.
—A nada, lo siento —Se limpió las lágrimas y trató de sonreír.
—Vamos… ¿Qué ocurre?
—¿Escuchas eso? —cuestionó, indicando con su dedo el cuarto de baño.
—Es Tom cantando… y bastante mal —agregó sin pensar mucho, era evidente el canto que provenía de allí.
—Justamente y… ¿sabes lo que canta? —El rubio negó.
—Son villancicos navideños, los humanos siempre los cantan en diciembre para esperar la Navidad —explicó y bajó la mirada—. Creo que Tom los extraña, desde que llegó aquí, no ha visitado ni una sola vez a su familia, ni siquiera la ha mencionado para que yo no me preocupe, pero sé que en su interior, él desea que todo vuelva a ser como antes, cuando sólo nos encontrábamos en esa fecha y éramos felices, nada de problemas, ni traidores, ni GUERRAS —dijo alzando la voz— ¿Por qué tenía que pasar todo esto ahora? ¿Por qué no podemos ser felices?
—Espera Bill —Le interrumpió Andrej—. Acaso ¿No eres feliz?
—Claro que lo soy… yo lo amo con todo mi corazón.
—Y ¿Por qué entonces crees que él no lo es? —El pelinegro lo miró espantado.
—Porque extraña su casa.
—Claro que la debe extrañar, pero eso no significa que no sea feliz… él te ama Bill y a tu bebé. Creo que deberías hablar con él y así aclarar esta duda que te angustia —Le dijo acariciando una mecha negra que caía por su frente—. Ve a dejarle la ropa. Y no te preocupes por mí, iré con Andreas.
—Pero él dijo que te quedaras con nosotros.
—Sí, pero yo no quiero estar sin él —Le sonrió y Bill comprendió el mensaje.
—Yo cuidaré tu casa.
—Puedes cocinar lo que gustes… sé cuánto te entretiene eso —Tras un guiño rápido, el rubio desapareció.
Bill tomó las nuevas prendas de ropa, sintiéndose relativamente orgulloso de su nuevo talento, adquirido a base de consejos y clases de Lady Santa, sobre “Cosas útiles para el hogar” o algo así había dicho. El pelinegro suspiró, era definitivamente el estilo de Tom, pero con su toque personal en cada una de las prendas.
Llegó a la puerta del baño donde los gatitos se frotaban contra la puerta escuchando a su dueño cantar ronca, pero melodiosamente. Abrió con cuidado, para que los bebés no entraran. Había vapor en todo el lugar y de pronto tuvo una idea.
Lentamente se despojó de su ropa y sin consultarlo, abrió la puertecilla de cristal, dejando a Tom completamente asombrado.
—¿Bill? —Le miró con el agua cayendo por sus ojos.
—Hola cielo ¿Me das espacio? —Pidió guiñándole un ojo coquetamente. Tom lo acercó en un abrazo, dejando que el agua empapara a su pelinegro.
—¿Y Andrej? —preguntó aplicando shampoo sobre el cabello azabache de su pareja.
—Fue con Andreas, no pudo evitarlo —Bill sonrió y se empujó contra el cuerpo de Tom, haciéndole notar su endurecida erección.
Tom bajó la mirada y viéndolo, sonrió… quería tomar a su pequeño en ese mismo lugar, iba a hacer algo, pero Bill se adelantó y apresó su boca en un beso fuerte, no pudo más que responder con ansias, hasta que el beso se profundizó. El moreno se movió contra su cuerpo y pronto ambos estaban muy duros.
—Hey… —dijo separándose un poco— ¿A qué viene todo esto?
—Estuve a punto de perderte en ese incendio… lo que más deseo ahora es hacerte el amor y agradecer que estamos bien —respondió rápidamente.
Era verdad, el pelinegro necesitaba sentir a Tom, el sólo hecho de recordar que estuvo a punto de perderlo, le hacía estremecer.
—Estoy bien cielo… estamos bien, los tres… y te sigo amando.
—Hazlo Tomi… ámame… aquí y ahora —Pidió y se volvieron a fundir en un beso cálido.
Las manos fuertes de Tom bajaron por la espalda del pelinegro, hasta estrujar su trasero con firmeza, pero con gentileza. Bill gimió ante el contacto y separó un poco las piernas para darle espacio a su amado. El rastudo valiéndose del agua como lubricante, presionó uno de sus dedos contra la entrada del moreno y se adentró allí.
Bill no dejaba de besarle, gimiendo ante la intrusión, pero no se quejaba, al contrario, se friccionaba contra la erección de Tom para provocarle más. Cuando ya se sintió listo, se volteó y Tom se acercó a su oído y susurró.
—Te amo mi duende maravilloso —Ante el aliento, Bill sintió escalofríos y se apoyó en la pared, mientras la erección de su amado se abría paso entre sus nalgas, para finalmente entrar de lleno en su cuerpo.
Tomó un enorme suspiro y sonrió. Él amaba a Tom, amaba sentirlo dentro de sí, amaba cada movimiento de su rastudo, amaba como le penetraba con suavidad, amaba cada embestida recibida, amaba como le susurraba cosas dulces al oído, amaba como le hacía sentir especial, amaba como sus manos le masturbaban y amaba sentir su cálida semilla en su interior.
—Aaahhh —Pudo gemir al sentir como Tom salía de él con sumo cuidado.
—Eso ha sido genial… —Le escuchó decir roncamente.
Bill sentía las piernas como jalea y Tom lo notó, le sujeto por la cintura y le terminó de bañar. El pelinegro se hallaba en un estado de ensoñación tal, que no hizo nada más que sonreír, ante las atenciones de su rastudo.
Al salir, Tom lo secó con lentitud, apreciando cada parte del delicado cuerpo de su amado, acarició su vientre con la toalla blanca y depositó un beso en su ombligo, haciendo que el pelinegro soltara un suspiro. Ambos se miraron sonrientes y se vistieron, hablando de cómo les sentaría bien comer algo muy condimentado.
Salieron del baño directo a la cocina. Bill rebuscó por todo el lugar hasta que dio con lo que quería y tras unos rápidos chasquidos, se encontraba feliz cocinando.
—Cielo… —comentó de modo casual, mientras Tom lavaba unos tomates.
—¿Mmm?
—¿Por qué cantabas? ¿No estás triste por nuestra casa? —preguntó sin precaución. Sintió como Tom dejaba los tomates y le abrazaba por la espalda.
—No me preocupo por ello. Sé perfectamente que podemos reconstruir una casa —Le mordió suavemente la orejita gatuna falsa, pero Bill sonrió—. Nuestro hogar es donde estés tú, mis hijos y mis bebés gatitos —El pelinegro volteó y le plantó un sonoro beso.
—Te amo tanto —Y retomó su tarea frente a la olla. El rastudo volvió a los tomates.
—¿Qué más quieres preguntar?
—¿Mmm?
—Estás extraño… sé que algo te preocupa —Tom siguió pelando los vegetales, pero de soslayo miró al pelinegro que se quedó estático.
—¿Tomi? —Habló sin mirarle—. Hace un rato… cuando cantabas —El de rastas seguía preparando los tomates— ¿Extrañabas a tu familia? ¿Tu mundo? —El pelinegro apretó los dientes con temor de la respuesta que venía.
—Claro que los extraño Billy, son mis padres después de todo —Sonrió y volteó el rostro para mirar a su pequeño—. Pero eso no quiere decir que quiera regresar con ellos, amor —Su sonrisa se hizo más intensa al ver como los labios del pelinegro se curvaban en una sonrisa también.
—¿Estás seguro? Digo… era tu mundo.
—Este es mi mundo ahora Bill… Tú y mis hijos, y también los bebés —Se acercó a Bill y él saltó a sus brazos.
—Tenía tanto miedo Tomi… por un momento pensé que querías volver a lo de antes… a tener una vida normal, sin… guerras y cosas malas —El pelinegro bajó la mirada y sus orejitas gatunas. Tom solo le acarició la espalda y posó su cabeza en el hueco del hombro de Bill, allí soltó un sonoro suspiro.
—Es verdad que todo lo que ha pasado es raro —Reflexionó el rastudo—. Este lugar es tan mágico, nadie debería siquiera pensar en causarle algún daño —Besó el cuello del moreno—. Así que con mayor razón debo quedarme y protegerlo —El pelinegro ensanchó su sonrisa.
—Gracias Tomi.
—Nada de gracias, debes pagármelo —Bill se alejó sonriendo.
—¿Cómo quieres que te pague Tomi? —Alzó una ceja sugestivamente.
—Con tu comida deliciosa —Se besaron largamente, sin separarse ni para tomar aire y luego se miraron coquetamente— ¿Cuánto dijiste que se demoraría Andrej?
—Bastante —contestó con picardía el moreno— ¿Qué tal si…? —Tom no lo dejó terminar, le tomó una mano y corrieron a la habitación.
& En casa de Santa &
Andreas explicó todo lo sucedido aquel día a Santa. Éste le miraba con admiración cuando le contó sobre el “árbol milenario” y los cuatro nuevos guardianes. Pero se preocupó notoriamente al escuchar sobre el incendio en la cabaña de Bill.
—¿Alguien resultó herido? —Fue lo primero que quiso saber.
—No señor. Logré ayudar a Tom a salir y Bill sólo se conmocionó un poco, pero están bien. Andrej lo llevó a su casa. Ruth y Elektra iban a preparar material para reconstruir su cabaña. Los chicos nuevos salieron en busca de algún signo de traición —Explicó lo más rápido que pudo.
—Andreas, me temo que aún quedan partidarios de Philips dentro de la colonia, porque éste atentado lo prueba —explicó apretándose la sien derecha, sentía como una migraña crecía.
—No estamos seguros señor.
—Bill conoce la magia protectora Andreas, Nataly se la enseñó, siempre dejan a sus gatos protegidos por ella cuando salen. Si alguien quiso prender fuego a su casa, seguramente se lastimó en el intento —Explicó el adulto, sirviéndose un trago, cosa que hacía sólo cuando estaba nervioso—. Tom tenía razón, la barrera de algún modo caerá si hay enemigos dentro de la colonia.
—Santa… si eso sucede… muchos podrían morir —agregó el rubio, completamente impresionado por la rudeza de la situación.
Se quedaron unos momentos conversando sobre cómo podrían reforzar la barrera ahora que Tom tenía el poder de protegerla si algo malo le ocurría a David. Hasta que tocaron a la puerta con insistencia. Al abrir vieron a los cuatro chicos con el traidor atado.
—¿Qué es todo esto? —preguntó David mirando las manos atadas del adulto y comprendiendo de inmediato la relevancia de la situación—. Pasen —Abrió más la puerta dejando que todos ingresaran a su cabaña.
—Señor Santa —habló el mayor—. Nosotros somos…
—Los nuevos guardianes —Les sonrió el adulto paternalmente, los chicos sonrieron satisfechos—. Veo que ya comenzaron a hacer uso de su nuevo puesto.
—Sí señor… buscamos por los alrededores de la cabaña de Bill y Tom y encontramos al culpable señor —explicó con valentía Christian.
—¿Cómo están tan seguros de que es él? —preguntó Andreas mirando a los chicos.
—Mira sus manos —Pidió Alex, el primero en hallarlo—. Están quemadas. Seguro se hizo eso al intentar prenderle fuego a una casa protegida —comentó como un adulto. David sonrió.
—Muy bien jovencito. Tienes dotes de detective —Le revolvió el cabello y el chico se sonrojó, hacía mucho que alguien lo trataba de esa manera tan familiar.
—Lo trajimos pues usted es quién debe hacer un juicio señor —Aclaró Peter, dándole a entender que pese a sus nuevos poderes y cargos, ellos seguían respetando su autoridad dentro de la colonia.
—Muy bien jóvenes. Quiero que se queden y me ayuden con esto —Los chicos se miraron sorprendidos y sonrientes.
Interrogaron al hombre, quien finalmente confesó que todo lo había hecho por cuenta propia y no ayudando a nadie del exterior. Santa pareció conforme y decidió que en lugar de desterrarlo y darle más ayuda a Philips, lo encerraría. Fue así como una nueva tarea les fue encomendada a los jóvenes guardianes: Construir una cárcel.
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Andrej también se había unido a la interrogación y cuando todos se estaban retirando, pidió a Andreas que le esperara afuera, pues quería hacerle una pregunta a David. El rubio aceptó a regañadientes.
—¿Qué necesitas Andrej? —preguntó Santa amablemente, el rubio se sonrojó fuertemente y tartamudeó, no sabía cómo hacer la petición.
—Yo… verás Santa yo… yo y Andreas —No podía decirlo.
—Tú y Andreas tienen mi bendición para estar juntos Andrej, pensé que eso ya estaba claro —afirmó el adulto sonriente, por un momento pensó que sería algo serio.
—No es eso Santa. Verás… quiero tener un hijo —Soltó de repente con los ojos al borde de las lágrimas, David le miró sorprendido y reflexionó un momento.
—Andrej… ¿Estás completamente seguro de ello? —El chico asintió y su corazón dolió—. Me temo que no puedo ayudarte con eso ahora.
—¿Qué? ¿Por qué? —Su rostro una completa muestra de decepción.
—Por la guerra… ese trabajo requiere meses, sino años… es complicado y no podemos arriesgarnos a perder todo ese trabajo por el conflicto que avecina —Habló con seriedad, dándole importancia a la guerra, pero sin duda el verdadero motivo era que él moriría y no terminaría de inyectarle suficiente magia para lograrlo.
—Pero…
—No Andrej… si todo sale bien, podemos intentarlo después de que todo el conflicto acabe —Le dijo para darle una “falsa” esperanza al joven que luchaba por evitar soltar el llanto.
—Está bien —asumió al fin, se puso de pie y se disponía a salir, cuando sintió los brazos de Santa rodearle en un abrazo.
—Lo siento —Se disculpó y el rubio correspondió su abrazo, soltando todo su dolor—. Algún día pequeño…
& En la cabaña de Andrej &
Mucho más tarde, la pareja de rubios entraba a la casa para verificar que sus invitados estuvieran cómodos. Fueron recibidos por un delicioso aroma que impregnaba la totalidad del lugar y se dirigieron inmediatamente a la fuente de tan agradable olor.
—Mmm huele genial —comentó Andreas, riendo ante las miradas picaronas que la pareja se daba en la cocina. Bill enrojeció de inmediato, causando una profunda carcajada en el rubio.
—Ya llegaron… bienvenidos —Les saludó el de rastas—. Estamos listos para cenar… ¿Se quedan? Hay suficiente para todos. Incluso creo que debemos llamar a Ruth, Elektra y los chicos —dijo Tom siempre sonriente, los rubios le miraron sintiendo lo mismo que cuando Santa les sonreía, una tranquilidad y comodidad que sólo un ser amable y puro pudiera brindar.
—Buena idea. Mandaré unas nubes —Se ofreció Andreas, saliendo al patio.
—Voy a servir —afirmó el pelinegro, tratando de quitarse el sonrojo de las mejillas. Y fue entonces que Tom notó la mirada distante de Andrej.
—¿Te encuentras bien? —Le preguntó sentándose a su lado.
—Sí —Mintió el chico, pero el de rastas insistió.
—Vamos… somos tus amigos —Le dijo acariciándole la mejilla, el rubio sintió como los ojos se aguaban y Bill se sentó rápidamente a su lado.
—¿Te duele algo?
—No…
—Cuéntame amigo —Le pidió el pelinegro.
—Quiero un bebé… —dijo descargándose. Bill lo abrazó y le consoló—. Pero Santa dijo que no podía inyectarme magia hasta después de la guerra, porque eso nos haría perder el tiempo o algo así… —Bill sintió pena por su amigo… a pesar de que él no sabía para qué era la magia que le había inyectado hace tiempo, ahora sabía que no había sentimiento más hermoso que el de traer un bebé al mundo.
Tom por su parte, comprendió de inmediato el sentimiento de Santa, él sabía que moriría y que no importaba cuanta magia le inyectara, no sería suficiente para embarazarlo antes de su muerte. Soltó un gran suspiro.
—Yo te ayudaré —Le dijo acariciando uno de sus brazos. Andreas estaba en la puerta de la cocina observando toda la escena, se limitó a escuchar desde atrás.
—¿Cómo? —preguntaron al unísono, el pelinegro y el rubio.
—Es mi nuevo don —Los chicos le miraron completamente esperanzados—. El “árbol milenario” me advirtió sobre este don, tengo que darme cuenta de que la pareja realmente desea al bebé, porque no podemos traer criaturitas inocentes a sufrir al mundo —Ambos asintieron—. Dime Andrej… ¿Andreas está de acuerdo con esto?
—Claro que lo estoy —respondió el rubio, cruzando la puerta—. Deseo un hijo con Andrej tanto como él… seríamos una verdadera familia, como ustedes —agregó sin poder evitar la sonrisa en sus labios—. No quiero que me mal interpreten y piensen que somos unos envidiosos, pero queremos completar nuestro gozo con un bebé.
—UNA bebé —dijo Tom sonriente—. Claro que sí chicos, ustedes tendrán una hermosa niña —Bill saltó de su puesto y abrazó a Tom y luego a sus amigos.
—Tú lo sabías —Le recriminó a Tom.
—Los vi… a nuestros hijos jejeje —Sonrió feliz, todo lo que había ocurrido ese día era bueno.
Primero el llamado del “árbol milenario”, saber el misterio de Andrej y su hija Helena y lo mejor de todo en su opinión: el incendio de la casa de Bill. ¿Por qué? Simple, eso resolvía su visión, la barrera no caería durante la guerra, la visión se había cumplido antes y ahora ya podía sentirse más seguro. Ahora podría enfrentar cualquier amenaza, sabiendo que podría proteger a la mayoría de los habitantes de la colonia y eso le hacía sentir en paz.
& Continuará &
¿Pero será todo felicidad? La visión fue resuelta, pero la guerra sigue en pie. ¿Le dirá Santa a Bill su verdad sobre su paternidad antes de ir a la guerra y morir con su secreto? Aún quedan cosas por resolver. Gracias por seguir leyendo.