«Juramento Mágico» Fic Toll de MizukyChan
Capitulo 23
& Diciembre 22 &
Bill despertó inquieto esa mañana, su abultado vientre le impedía moverse con normalidad, se sentía extraño «Tal vez ha llegado el momento» Pensó mirando la cara tranquila de su amado al dormir. Se acercó despacio y rozó sus labios lentamente.
—Mmm —Despertó el rastudo brindándole una sincera sonrisa—. Buenos días mi amor.
—Hola, amor mío —Tom de inmediato se sentó y acarició la gran barriga del moreno, dándole ligeros besos de mariposa por todo el contorno, sacándole a Bill una gran sonrisa.
—Jajaja me haces cosquillas jajaja —No paraba de reír, mientras su pareja le aplicaba el “ataque de besos” como le habían llamado.
—Billy… ¿Cómo te sientes hoy? —Preguntó como cada mañana el rastudo, mirándolo fijamente, como tratando de sentir en su propio cuerpo lo que el pelinegro sentía.
—Ahora que lo mencionas…mmm… me siento un poco raro —Bill se tocaba la pancita con tranquilidad—. Quizás el pequeño BIOMI llegue hoy.
—¿Estás seguro? —preguntó el rastudo, con una enorme sonrisa.
—Claro que no, nunca he tenido un hijo —respondió alzando los hombros, completamente adorable. Tom no se resistió y le abrazó con ternura.
—¿Te parece si vamos con Lady Santa para que te examine? —Sugirió mordisqueando su orejita de duende, Bill bufó, aún no le gustaban sus orejas.
—No me duele nada en realidad —alegó el pelinegro, para tratar de disuadirlo.
—No es por eso, creo que un padre siempre sabe “cosas” sobre sus hijos, y si te sientes así, es porque el pequeño BIOMI te está hablando ¿Vamos? —Le pidió, él quería sentirse tranquilo, sabía que nada malo pasaría con ellos, había tenido visiones de ellos estando bien en el futuro, pero no podía evitar preocuparse de que algo saliera mal durante el parto.
—Está bien cielo… —Se rindió el moreno.
—Voy a preparar el desayuno, mientras tú te cambias —dijo contento, partiendo hacia la cocina.
Al poco rato estaban en casa de Santa. Bill lucía unos jeans y playera oscuros, había dejado su traje gatuno, ahora debía vestirse como un padre y no como un “lindo gatito”, le explicó el pelinegro al salir de la casa. La rubia los recibió muy cordialmente y abrazó de inmediato al pelinegro a quien adoraba. David sin embargo, al verle… palideció.
—Hemos venido para que revise a Bill por favor —Dijo el de rastas a Nataly, quien de inmediato asintió.
—Mientras mi esposa lo atiende… ¿Podrías venir un momento Tom? —Pidió el adulto completamente serio. Tom se preocupó y le siguió hasta el estudio, donde se encerraron.
—¿Pasa algo? —cuestionó el chico.
—Será hoy —aseguró el moreno, mirándolo fijamente—. La guerra…
—¿Ha tenido una visión? —indagó el chico sin mover un músculo.
—La misma de siempre… en ella Bill vestía justo como lo está haciendo ahora —Le aclaró.
—Yo no he tenido ninguna visión desde el “árbol milenario” —comentó el chico—. Pero si está seguro, entonces reuniré al grupo y comenzaremos con reforzar la guardia.
—Bien… Iré al centro de la barrera para reforzarla. ¿Estarás bien? —preguntó el adulto un poco preocupado por la palidez del más joven.
—La verdad… —Dudó—. Me preguntaba si usted…
—¿Qué?
—Si le contará a Bill… —El hombre frunció el ceño.
—No… prefiero que me siga queriendo, a que me muera sabiendo que me odia por haberlo dejado en adopción —El adulto se notaba claramente perturbado.
—Pero Bill no lo odiará… él es completamente incapaz de hacer algo así —Se puso de pie—. Él lo adora, usted lo ha cuidado como un padre… siempre.
—Basta Tom… lo dejaremos así —Y salió del lugar, dejando al rastudo con la palabra en la boca.
Bill salió riendo con Lady Santa de la habitación y vieron con preocupación el rostro serio de Tom.
—¿Sucede algo? —Preguntó de inmediato la rubia.
—Señora Nataly ¿Podría quedarse con Bill? Necesito hacer algunas cosas y no quisiera que se quedara solo —Pidió el chico un poco asustado… porque si en verdad la guerra se desataba hoy, y su amado pelinegro se ponía en labor de parto… él no podría atenderle y eso le molestaba, además debía velar porque la barrera funcionara a su máxima capacidad para evitar a toda costa que cualquier criatura se acercara a la colonia, sobre todo ninguno de esos seres debía acercarse a Bill, ni a su bebé.
—¿Qué pasa Tom? —cuestionó el pelinegro, tomando su mano.
—Será hoy cielo… la guerra —Tanto Bill como su madre palidecieron. Él al sentir un pequeño dolor en su vientre y ella al recordar que ese día perdería a su esposo.
—Yo lo cuidaré Tom, puedes irte —afirmó ella, acercándose al moreno.
—Pero… —Quiso protestar, pero no pudo, sabía que sólo sería una carga para Tom en ese estado.
—Estarás bien pequeño… te amo —Se despidió el rastudo con un ligero beso y salió de allí en busca del resto de los elegidos.
& 11 de la mañana &
Los cuatro guardianes estaban apostados en puntos estratégicos de la colonia, observando las espesuras de los bosques por donde podrían aparecer las despreciables criaturas. Por su parte, en el centro de la barrera mágica, los elegidos de Santa junto a Tom y David, repetían el plan que habían preparado para cuando la hora llegara.
—Tengo la impresión de que atacarán de noche —opinó Andreas, mirando el sol en alto—. Esos bichos son bestias de la oscuridad.
—Andreas tiene razón —Corroboró Andrej—. Por lo tanto, tenemos tiempo para sacar todos los pertrechos antes de que nos vean.
—No podemos sacar nada, hasta saber dónde exactamente atacarán —agregó Tom rascándose la frente, preocupado por su pareja.
—¿Dónde está Bill? —preguntó Ruth, la pelirroja.
—Está con Lady Santa, creemos que tal vez hoy llegue BIOMI —contó el chico, mostrando una sonrisa.
—Genial, debemos terminar todo lo antes posible para visitar a nuestro sobrinito —dijo feliz Elektra, ondeando su cabello.
—Chicos —Habló David acercándose al grupo—. Repasando mi visión… hay algo que nos podría ayudar a descubrir dónde atacarán —contó el adulto, todos asintieron para que continuara—. Creo que pude ver unas flores lilas extrañas… no recuerdo haber visto algo así antes —Meditó—. Tal vez ni siquiera eran flores.
—¿Lila? —indagó Ruth y miró cómplice a Elektra.
—Sabemos dónde es —afirmó la morena—. Denme la mano —Hicieron caso y se tele transportaron a un sector aislado de la colonia—. Aquí es donde Ruth y yo hacemos experimentos —explicó sonrojándose ligeramente.
—¿Qué clase de experimentos? —preguntó David, divertido por sus rostros avergonzados.
—Creamos flores diferentes… flores mágicas —Completó la pelirroja.
—Ahí están —exclamó Santa, señalando un ramito de hermosas flores lilas que bailaban con el viento. Los chicos abrieron sus ojos por la impresión.
—¿Están… bailando? —preguntó incrédulo Andreas.
—Sí… —contestó Elektra roja hasta las orejas.
—Bueno chicas, comencemos a traer los pertrechos —Mandó Santa, sin decir ni una palabra con respecto a la infracción del código por las flores. Tom sin embargo las miró y sonrió… ya sabía quién crearía las flores del parque mágico en que su hijo daría su primer beso.
Estuvieron trabajando con ahínco, los duendes de la colonia que no tenían magia, les habían ayudado a preparar diferentes artilugios y trampas para las criaturas… ellos tenían un punto de ventaja… sabían de ante mano que atacarían hoy y podrían preparar emboscadas para disminuir considerablemente el número de enemigos.
& Tres de la tarde &
Todas las trampas estaban preparadas y ocultas, gracias a los poderes de los elementales, pudieron cubrir cualquier rastro de visión y olor que los duendes pudieran haber dejado. Cuando los enemigos llegaran, no tendrían idea de que ellos habían estado fuera de la barrera.
Lady Santa y Bill trajeron alimentos para todos los que estaban allí. Tom pudo respirar tranquilo al ver a su amado bien y relajado.
Los duendes alentaban a los escogidos, a los guardianes y muchos de ellos, se acercaba a Tom para pedirle que les ayudara a proteger su hogar, a lo que el rastudo siempre asentía. Bill estaba orgulloso de él.
& Seis de la tarde &
El sol brillaba aún, pero no tardaría en ponerse dándole un tono rojizo a los alrededores. La mayoría de los duendes, estaban oculto tras la barrera, mientras los elegidos esperaban cualquier señal para comenzar a luchar.
Nataly abrazaba al pelinegro que temblaba en sus brazos, víctima de la preocupación por su amado Tom y por el resto de sus compañeros.
Cuando los primeros atisbos de oscuridad se abrieron paso se oyó un ruido sordo a lo lejos.
—¡Es una de las trampas! —Gritó Andreas. Indicando a Alex y a Christian su turno de investigar. Los pequeños a gran velocidad se adentraron en el bosque y enviaron al cielo una pequeña llamarada rojiza— ¡Es un Troll! —Volvió a gritar Andreas al reconocer la señal.
—¡Excelente! —Se felicitaron, aquellas eran las trampas que más se esforzaron en crear y ocultar, ya que un enfrentamiento con Trolls debía evitarse a toda costa, tanto por el tamaño de las bestias, como por lo que ellos podrían provocar a los duendes.
Seguido de eso, varios sonidos se oyeron a lo largo de todo el bosque. Había comenzado. Las criaturas, podrían comprender que el lugar estaba plagado de trampas, pero no tenían la magia suficiente para descubrirlas y evitarlas, por lo tanto enviarían a los más débiles a caer en ellas, y proseguir con su avance.
—¡Vamos! —Gritó Tom dando la alerta. Era mejor atacarlos en ese momento de confusión a dejar que se volvieran a organizar— ¡ATAQUEN!
Todos los duendes corrieron hacia las oscuras formas que creaban las siluetas de los árboles cubiertos por las sombras de la noche. Uno por uno, se fueron enfrentando a lo que se interpusiera en su camino. La idea central era impedir que cualquiera se acercara a la barrera. Tom sabía que esta noche Santa moriría, pero si estaba en sus manos detener esa visión, lo haría a como diera lugar.
Los minutos fueron pasando, los gritos llenaban la oscuridad. Dentro de la barrera, el pelinegro observaba todo a su alrededor, sin perder de vista las rastas de su amado. Deseaba estar fuera a su lado, pero debía proteger a su bebé y al resto de los duendes no mágicos que se hallaban con él.
Las trampas fueron un éxito. Los hechizos que los duendes les pusieron, impedían que los Gremlins las quemaran y pudieran escapar. Y los Trolls con su fuerza, pero su falta de inteligencia, no podían hacer nada contra ellas tampoco.
Los únicos problemas eran los Gnomos, ya que ellos sí poseían magia venenosa que no reparaban en lanzar a diestra y siniestra con el fin de lastimar a todo lo que se moviera, incluso envenenando a sus propios compañeros, si se cruzaban en su camino.
Cuando Tom vio que un Gnomo lastimó la pierna de Andrej corrió a su lado para ayudarlo a volver al borde de la barrera y al hacerlo vio al primero de los traidores de Philips.
—Roger… —dijo suave, pero aun en la confusión el hombre le vio.
—Ni creas que estoy con ellos —Gritó, refiriéndose a las bestias—. Sólo vine por el fuego y los ruidos. Seguramente el idiota de Philips los reunió —agregó, apretando los dientes.
—¿Quieres ayudarnos? —preguntó Tom esperanzado al hombre que vestía sólo harapos.
—Mejor me alejo —respondió, bajando la mirada.
—¿Podrías redimirte? —Indicó Andrej.
—No… debo pagar por mis culpas —Y girando sobre sus talones, se alejó a paso ligero.
—Mejor nos vamos —Mandó el de rastas, sujetando al rubio.
—Sí, mi pierna está muy mal, apenas si puedo sostenerme —Y emprendieron la marcha.
Tras la barrera, el pelinegro vio a su amado cargando al rubio y se angustió, se acercó al límite y preguntó que ocurría, pero los chicos no podían oírle a través de ella, lo que causó que el moreno sólo se angustiara más.
Andrej se apoyó en el borde de la barrera y lanzó rayos a las oscuras criaturas que osaban acercarse. Todo iba marchando según lo planeado, tenían a la mayoría de las bestias lo suficientemente alejadas como para no hacer daño alguno.
Pero de pronto, un rugido ensordecedor se hizo oír a través de todo el ruido de la batalla. Todos, incluidas las criaturas, giraron a la procedencia del gruñido y vislumbraron la peor pesadilla de David. Un Troll, particularmente grande, apestoso y con muy malas intensiones se acercaba.
Tom daba instrucciones a los que estaban más cerca de la última trampa, sin embargo, todos estaban ocupados librándose de los enemigos, como para poder activar la trampa.
Bill observaba con detención a su amado y pudo leer en sus labios lo que con tanto ahínco indicaba. Miró en dirección a la trampa y vio con horror, como unos Gremlins se preparaban para prenderle fuego con la ayuda, ni nada más, ni nada menos, que del viejo ayudante de Philips.
Bill miró desesperado en todas direcciones, sin hallar a nadie a quien recurrir y luego pensó, que él podía cruzar la barrera mágica, ya lo había hecho antes, incluso había traído a Tom, esta era SU responsabilidad. Se concentró y dio un paso hacia afuera. Lady Santa palideció por completo.
—¡Bill! —Gritó desesperada, golpeando la barrera, sin poder salir.
El pelinegro corrió, sujetando su abultado vientre, y se detuvo en seco lanzando un rayo de fuego directamente al duende, que un tiempo habitó con ellos, no sintió ningún remordimiento al verle caer con los brazos quemados y una mirada de odio. Ahora ellos eran el enemigo y no los dejaría atacar a su preciado pueblo.
—¡Maldito cabrón! —Le gritó Bill y lanzó un nuevo rayo espantando a los pequeños Gremlins.
El viejo se alejó murmurando algo y el pelinegro volvió a su tarea de activar la trampa. Tan concentrado estaba en reparar el daño causado por los pequeños demonios, que no se percató que el horroroso Troll, venía justo en su dirección.
—¡Bill! —Gritaba desesperada Lady Santa, al otro lado de la barrera.
Santa por su parte al reconocer al enorme Troll, buscó en todas direcciones a su hijo, sabía que el momento había llegado. Se alejó del punto central de la barrera y corrió por los alrededores buscando a Bill. Tom vio con extrañeza su comportamiento y le siguió con la mirada, hasta que vio con espanto a quien buscaba. Su amado pelinegro estaba en peligro. Corrió hacia ellos.
—¡Bill! —Gritó David, pero con el fragor de la lucha nada se podía oír.
El pelinegro estaba a punto de reparar la avería, cuando sintió el peso de un cuerpo sobre el suyo.
—Yo te protegeré, hijo mío —susurró Santa en su oído, justo cuando una gran bola amarilla iluminó todo alrededor.
—¡NOOOOO! —Se oyó el grito desesperado del rastudo.
Santa esperaba el golpe en cualquier momento, pero éste nunca llegó. La luz se apagó y tanto él como Bill voltearon, viendo el cuerpo de Roger tirado sólo a unos escasos centímetros de ellos.
—¿Roger? —dijo David asombrado, acercándose y tomando su cuerpo en sus manos.
—¡Maldito! —Gritó Tom a Philips, que se había dejado ver para lanzar la mortal trampa mágica. Sin meditarlo, reunió una gran cantidad de energía y la liberó sin compasión de lleno sobre el hombre, quien al ser golpeado, cayó muerto.
—¡Tom! —Gritó el pelinegro doblándose de dolor.
El trenzado corrió a auxiliar a su pareja, viendo como David contemplaba asombrado a Roger.
—Nunca fui un traidor, Santa —Confeso el hombre, entregando su último aliento.
—Ya lo has demostrado, amigo —Santa cerró sus ojos y elevó una plegaria silenciosa.
—¡Santa! Bill está en labor de parto —Gritó Tom, desesperado.
—Espera… espera… —Jadeó el moreno, acercándose a la trampa una vez más y por fin activándola. Las gruesas redes mágicas volaron dirigidas a la bestia, haciéndole caer y propinándole descargas eléctricas, lo suficientemente fuertes para debilitarlo y aturdirlo.
A lo lejos los Gnomos corrían despavoridos. Los pequeños gremlins gruñían decepcionados, pero al ver a Philips muerto, ya no había nada que hacer allí y comenzaron a retirarse. Los guardianes y los elegidos, fueron ahuyentándolos hasta las profundidades del bosque.
—¡Aaayyy! —Se volvió a quejar el pelinegro.
—¡Bill! —Gritó Tom abrumado, era su bebé y no tenía idea de qué hacer.
—Llevémoslo adentro —Mandó Santa, abriendo un portal.
Lady Santa los recibió de inmediato y se tele transportaron a su cabaña, donde atendería al pelinegro. Los dos hombres se sentaron en la sala con las manos apretadas, pensando en todo lo que había acontecido.
Entonces Tom tuvo una visión. David abrazaba al pequeño David cuando regresaban del “Campo de flores de papel”. Un salto en el tiempo le llevó al nacimiento de la pequeña Ariela, y Santa sonreía feliz con su nieta en brazos. Una lágrima rodó de sus ojos y parpadeó.
—Lo logramos Santa, no moriste —susurró, emocionado.
—Es cierto… —Suspiró el pelinegro—. Fue por el sacrificio de Roger… eso cambió el destino.
—Fue un milagro… un milagro de Navidad —dijo el rastudo feliz—. Siempre supe que en estas fechas sucedían milagros.
—Lo sé… tú siempre tuviste fe Tom, eres especial.
Ambos se sonreían, hasta que oyeron el llanto fuerte de un bebé.
& Continuará &
Sí… ha llegado el fin, mis niñas lindas. Espero que les haya gustado tanto como a mí, estoy muy agradecida a quienes me acompañaron hasta el final. Un beso y no se pierdan el epilogo 😉 nos leemos.