«Juramento Mágico» Fic Toll de MizukyChan

Capitulo 6

Bill se había convertido en un stripper profesional, ya que usaba su nuevo poder, una vez al mes, para visitar la habitación de Tom y hacerle una performance de baile erótico y sensual, desprendiéndose lentamente de su ropa, bailando y masturbándose para él. El rastudo estaba más que feliz de no sólo hablar a diario con él a través del libro mágico, sino de poder verle en esa faceta suya, tan provocativa y exquisita.

& 1 de Septiembre &

El libro mágico brillaba en todo su esplendor, cuando Tom ingresó a su habitación. Se sentó rápidamente en el escritorio y leyó.

Cielo… hoy habrá visita nocturna, no olvides prender las luces del árbol navideño.

Te estaré esperando mi vida —Y eso fue todo.

Tom hizo su tarea, ordenó su cuarto y tomó una larga y relajante ducha. Hoy era su cumpleaños y estaba ansioso, sus padres y compañeros de la escuela le saludaron, pero él aguardaba el mejor de los regalos: la visita de su duende mágico.

Cuando terminó de arreglarse, ya faltaba poco para que oscureciera y tras desearles “buenas noches” a sus padres, entró a su habitación y le puso llave.

&

A la media noche exacta, una luz resplandeciente apareció. Había llegado el momento. La hermosa figura de Bill con su acostumbrado traje de gatito se vislumbró en el brillo que se proyectaba.

Mi amor… —Suspiró el rastudo, viendo como los hermosos ojos de chocolate le miraban.

Te tengo una sorpresa… o más bien… un regalo de cumpleaños —Sonrió, de una manera muy provocativa y le guiñó un ojo al otro chico.

Todo lo que viene de ti es un regalo para mí Bill —Contestó el rastudo acercándose un poco, con cuidado de no tocar la luz, para evitar que duendecito se desvaneciera en el aire.

Espero te guste ¿Puedes sentarte en la cama? —Pidió con suavidad, Tom le hizo caso y retrocedió hasta quedar completamente sentado, sin dejar de ver su imagen.

Bill aspiró una gran bocanada de aire y cerró los ojos con fuerza, luego elevó una de sus manos y la sacó del aura de luz. Tom contuvo la respiración al contemplar fascinado lo que ocurría. Su hermoso duende gatito estaba visitándolo físicamente en su mundo, en un día que no era navidad, eso superaba todas sus expectativas.

Siguió observando cómo Bill sacaba cada parte de su cuerpo del aura luminosa, hasta quedar por completo dentro del cuarto del rastudo. Una vez ahí respiró hondamente y abrió los ojos.

Tomi… —Le llamó un poco cansado—. Lo he conseguido, pude salir de la barrera mágica.

Bill… —Tom saltó como resorte de su cama y atrapó al duende en un abrazo fuerte y ansioso—. Dios mío, te he extrañado tanto… —exclamó, presa de la emoción.

Si apenas nos hemos visto el mes pasado… —comentó el gatito, igual de emocionado y acariciando las suaves rastas del chico.

Sabes a lo que me refiero, mi amor —Claro que ambos lo sabían, no era lo mismo escribirse en el libro mágico, no era lo mismo verse a través de la luz holográfica, nada era comparable a sentirse el uno al otro en un abrazo sincero, sintiendo el peso del otro, su respiración, su aroma, su amor.

Feliz cumpleaños mi Tomi… —susurró el pelinegro, separándose apenas… lo suficiente para verse directamente a los ojos y entregarse a un beso tan largamente esperado.

Sus labios se separaron, sólo para darle paso a sus lenguas ansiosas por explorar aquellos senderos que tanto anhelaban, era como si en ese mágico encuentro tuvieran aún más lugares que explorar, ambos luchaban por tener el control, no dejándose vencer, queriendo demostrarle al otro todo el deseo que tenían guardado de todos esos meses angustiosos de no poder tocarse. Finalmente se alejaron agitados, buscando el aire que llenara sus pulmones.

Es el mejor cumpleaños de mi vida Bill… te amo, mi pequeño duendecito —Le abrazó nuevamente con posesión y el moreno correspondió enternecido—. Cuéntamelo todo ¿Cómo ha sido posible que lograras llegar hoy? —preguntó guiándolo hacia la cama, donde ambos se sentaron.

Bueno… han pasado muchas cosas… pero principalmente están las clases con Santa… —Comenzó a explicar el pelinegro, pero con la sola mención de Santa, el rastudo frunció el ceño.

¿Bill? ¿A cuántas personas entrena Santa? —indagó, un poco molesto.

En total, somos 6, sólo duendes cien por ciento irlandeses ¿Por qué? —Lo miró incrédulo.

Se me hacía un poco raro eso de entrenarte sólo a ti… sería como discriminación a los otros, ¿no crees? ¿Y por qué son sólo irlandeses? —Siguió con el ceño fruncido.

Es porque los irlandeses tienen más magia… no sé cómo explicarlo, es como si en nuestra sangre fluyera la magia —Explicaba Bill, un tanto confundido.

No logro comprenderlo —Asumió el rastudo.

Ni yo… sólo sé que todo tiene un propósito, o al menos eso me ha dicho David.

¿Y cuál es tu propósito Bill? —preguntó nuevamente celoso el chico.

Pues ese está sumamente claro Tomi —Le sonrió—. Mi propósito es hacerte completamente feliz —Se arrojó a sus brazos besándolo nuevamente con pasión y siendo correspondido de inmediato por Tom, quien se sintió plenamente feliz de oír esas palabras.

Te amo Bill, no sabes cuánto te amo —Le dijo rodando con él en la cama.

Lo sé Tomi, ahora necesito que me ames físicamente… lo necesito mucho, lo deseo con todo mi ser. Anda Tomi… ámame —Rogó el pelinegro metiendo su cara en el cuello del rastudo.

Lo haré mi amado Bill —Se sentó en la cama y con cuidado comenzó a quitar la ropa del moreno, hasta dejarlo completamente desnudo.

Déjame verte Tomi —Pidió Bill, y Tom asintió y procedió a desvestirse él también.

Eres tan hermoso, cariño —afirmó el rastudo, acercándose a Bill y comenzando a besarlo con desesperación.

Sus lenguas nuevamente luchaban por dominar. El pelinegro enredó sus brazos en el cuello de Tom y bajó sus manos acariciando su espalda y rasguñándole levemente con sus uñas crecidas.

Aaahhh Tooooomiiiiii —Gimió al sentir como la lengua de Tom bajaba hacia su pálido cuello, causándole cientos de escalofríos deliciosos.

Te amo tanto…. —Siguió bajando por su pecho y lamió allí los rosados botones, que se endurecieron al más leve rose de su lengua.

Mmm mmm —Jadeó arqueando su espalda. Tom bajó y un brillo le hizo parar y mirar.

¡Qué demonios! —Exclamó al ver la huella brillante de dos manos en el vientre de su amado.

¿Qué? ¿Qué sucede? —Se sentó Bill de repente asustado por la expresión de rabia, en el rostro de su amado Tom.

Dime Bill, ¿quién te ha tocado? ¿De quién diablos son esas manos? —Casi gritó de furia, poniéndose de pie y cubriéndose rápidamente con su bóxer.

Tomi… Tomi yo… —El pelinegro no sabía qué decir, nunca pensó que algo así podría pasar.

Fue ese tal David, ¿cierto? Él te ha estado tocando con la maldita excusa de un entrenamiento —Tom comenzó a pasear de un lado a otro de su cuarto completamente celoso.

Tomi cálmate —Pidió el moreno, al borde de las lágrimas.

¡Que me calme! ¡¿Acaso también te ha dado lecciones de sexo?! —Lo miró con rabia—. Por eso te has puesto tan atrevido, porque ese maldito te ha estado follando a mis espaldas —Ya lo había hecho, lo había arruinado todo. Bill lloraba desconsolado, cubriéndose con las sábanas, completamente apenado por lo que pasaba.

No… —Gemía de tristeza el pelinegro manchando de negro las blancas sábanas de la cama.

Quiero que te vayas… me engañaste —Gritó furioso el rastudo.

No… —Era lo único que podía pronunciar el duende.

Vete Bill… estoy muy molesto… y no quiero descargarme contigo… —Fue lo más cuerdo que atinó a decir Tom y entonces el delgado duendecito alzó su mano y chasqueó los dedos, desapareciendo y dejando la habitación en completa oscuridad.

Tom se tiró al suelo y lloró amargamente… cuando pensó que su garganta ya estaba reseca, bajó su mano y se topó con el traje de gatito de su duende y apretando los ojos, lloró aún más, estaba tan desolado… decepcionado… humillado… pero lo que era aun peor, era haber visto llorar a Bill, se sintió tan culpable, no le dejó hablar, no le dejó explicar. Pero… ¿qué iba a explicar? ¿Que ese tal David le estaba tocando, con la escusa de enseñarle magia?

Eso no era ninguna excusa, Si Bill realmente le amaba, no debía dejarse tocar por nadie más que por él, acaso no le bastaba con el amor que el rastudo le estaba dando. Sintiéndose morir, abrazó la ropa de Bill y se durmió en el suelo.

&

Los días pasaron y Tom no se atrevía a tomar el libro mágico… a veces le veía brillar, pero simplemente lo ignoraba, su corazón estaba muy dolido y su orgullo de hombre estaba por el suelo. Estaba tan molesto que si hablaba con Bill sólo iba a conseguir herirlo más… y a pesar de todo, Tom aún amaba al duende y no quería dañarlo, ni física, ni sicológicamente.

Pasó un mes completo y Tom lloraba cada noche, al igual que Bill, ambos se sentaban a mirar el libro en silencio, deseando en sus corazones, que el otro diera el primer paso. Pero eso… no pasaba.

Bill siguió con su entrenamiento, que realmente no era la gran cosa, él sólo se acostaba y recibía la magia de David en su cuerpo. Cuando pedía explicaciones, sólo recibía como respuesta un “Todo tiene un propósito”.

Tom por su parte, deseaba con todo su ser volver a ver a su amado duende gatito, cada noche se acostaba con la ropa que había dejado el día de su discusión y a pesar de odiar a Santa con todo su corazón, por hacerle quién sabe qué cosa a su Bill, rogaba que este año le concediera de regalo de navidad, una nueva visita de su duende.

& Diciembre &

Bill dio un suspiro de resignación al ver su asignación para esa noche de navidad. Debía ir al vecindario de Tom, específicamente a su casa a llevarle su presente. Volvió a suspirar y se puso a revisar una y otra vez la lista de los nombres y los diferentes regalos que debía llevar, no podía cometer errores y sobre todo, no debía dejarse atrapar, aunque… era muy posible que nadie quisiera atraparlo esa noche… Un nuevo suspiro se le escapó y se puso en marcha.

En otro lugar del mundo, el rastudo estaba haciendo todo lo posible por esconderse en su sala y encontrarse con Bill. Sabía que había sido un buen chico y su regalo era encontrarse con su duende maravilloso, y si eso no llegaba a suceder comprendería inmediatamente que David estaba involucrado, después de todo él era Santa y a pesar de los asuntos personales que pudiera tener con Bill, debía cumplir su función y llevar los regalos a los “chicos buenos”.

Por otra parte, sabía que Bill aún estaba molesto con él y lo más probable era que no subiera a su habitación, por esa razón debía ocultarse en la sala y pillarlo de sorpresa, como lo había hecho la primera vez.

Los padres de Tom como cada año, partieron a la casa de la abuela, pensando que Tom estaría con su amigo, así que la casa estaba silenciosa y oscura, sólo era alumbraba por las luces del árbol.

Cerca de la media noche, Tom escuchó el chasquido de dedos que conocía tan bien. Y también oyó un suspiro de tristeza.

Ni siquiera estás aquí, Tomi —Le oyó murmurar a Bill.

Claro que estoy —dijo saliendo de su escondite—. Te estaba esperando mi pequeño Bill.

Los ojos del duende se llenaron de lágrimas y corrió a sus brazos, soltando todo el dolor que había acumulado esos meses, el corazón del rastudo se comprimió, esta pelea había sido tan absurda, habían sufrido tanto, en vano. Sus ojos también derramaron lágrimas, pero su mente había llegado a una decisión.

¿Ya no me odias, Tomi? —Susurró la voz de Bill dando pequeños hipidos por tanto llanto.

Nunca te he odiado amor. Perdóname por favor… estaba tan celoso. Fui tan estúpido… lo siento tanto —decía sin parar el rastudo, acariciando la suave tela del traje de su gatito.

Tomi, lo siento… Nunca me ha tocado nadie como lo haces tú, te lo juro… David no… —Pero Tom no lo dejó terminar.

Basta, fue mi culpa, no la tuya… lo siento Bill, lo siento tanto. Te he hecho sufrir y yo, no quiero eso, sólo quiero rodearte de amor.

¿Me crees? —preguntó Bill con los ojitos llorosos.

Te creo y confío en ti —afirmó, acercándose lentamente al rostro del duende y depositando un suave beso en sus labios, fue sólo un roce, era lo único que necesitaban.

Tomi… te amo —susurró el pelinegro y pudo esbozar una sonrisa—. Te traje un regalo —Sonrió más pronunciadamente.

Lo sé… ya me lo has entregado —Correspondió a su sonrisa.

No… es en serio, traje una caja —Se paró y fue hacia su bolso, buscó y buscó, pero nuevamente no la halló—. No lo entiendo… revisé muy bien todo…

Yo lo comprendo perfectamente —comentó Tom, abrazándolo por la cintura desde atrás—. Mi regalo era volver a verte… y aquí estás —Las mejillas del duende se encendieron.

¿De verdad pediste eso? —Giró para quedar de frente a su amado.

Sí —Le aseguró el rastudo.

Habría sido suficiente con que me hubieras escrito en el libro, ¿lo sabes?

Tenía miedo de que estuvieras tan enojado que me ignoraras —Le dijo el chico acariciando su pelo azabache.

Eres tan tonto a veces Tom… yo pensé que estabas enojado, pero si tan sólo hubieras escrito algo, yo habría corrido a verte… lo juro.

¿En serio lo juras? —Levantó una ceja—. Sella tu juramento.

Será un placer —Se acercó a su boca y se fundieron en un beso tan deseado por ambos, un beso que temieron no volvería, pero ahí estaban, nuevamente llenos de ilusión y amor, dispuestos a entregarse por aquel sentimiento que sólo se había hecho más fuerte con esta tonta pelea.

& Continuará &

¿Creen que los chicos se merezcan un buen lemon después de esta estúpida pelea? Jajajaja. Gracias por seguir leyendo y no olviden comentar.

por Mizuky

Escritora y traductora del fandom

Un comentario en «Juramento Mágico 6»
  1. Definitivamente un giro extraño, siempre tuve la idea equivocada de que Santa sólo cumplía deseos a los niños, creo que es por lo que nos han enseñado. Sin embargo, los adultos también pueden recibir :3
    Que lindo que se hayan reconciliado, esas absurdas peleas sólo los hacen sufrir a lo tonto.

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