Juramento Mágico 8

«Juramento Mágico» Fic Toll de MizukyChan

Capitulo 8

El día 25 de diciembre, día en que todos los duendes debían asegurarse de que los niños recibieran sus obsequios, Bill brillaba en todo su esplendor. Después de cumplir su asignación, chasqueó sus dedos y fue de inmediato con su amado Tomi.

Bill… estás brillando —comentó Tom, mirando con asombro como el pelinegro lucía unas gafas oscuras, que le permitieran ver a través de todo ese brillo.

David me volvió a descubrir, me puso en proceso de purificación apenas me vio —Sonrió de lado, se sentó en la cama, al lado de su novio y le tomó las manos— ¿Cómo te has sentido? ¿Algo raro? —preguntó preocupado.

¿Lo dices por la purificación? —Le sonrió, el duende disfrazado asintió—. No gatito, nada malo me ha pasado, ¿acaso dudas de tu magia?

No es eso… es que nunca la había probado con humanos, recuerda que se nos está prohibido hacer contacto con ustedes, por eso no sé si será realmente efectiva —Dudó y se rascó la cabeza.

¿Podemos hacer una prueba? —preguntó para aliviarle el estrés por el que estaba pasando.

Aún no, tal vez por la mañana. Por ahora debo inyectarte la magia.

¿Y lo que hiciste anoche?

Sólo te purifiqué —El rastudo asintió y procedió a tenderse por completo en la cama. Ante lo desconocido, se tensó y Bill pudo notar su incomodidad—. Tranquilo, jamás haría algo que te lastimara —Tom sonrió, él lo sabía y relajó su cuerpo, cerrando los ojos.

El pelinegro respiró profundamente y puso sus palmas en el pecho del chico, más luz salió proyectada de sus manos hacia Tom y ésta se expandió por cada centímetro de su cuerpo. Tom sintió la calidez que entraba en él, y por alguna razón que aún no llegaba a comprender, se sentía absolutamente entregado y feliz.

El proceso continuó por casi una hora, Bill se sentía un poco cansado, no por la entrega de su magia, sino por la incómoda postura, y decidió que era tiempo de parar.

¿Tomi? —Le movió despacio— ¿Tomi? —El rastudo se hallaba profundamente dormido, así que desvistió a Tom, se quitó la ropa ajustada y se metió a la cama junto a él. Volvió a respirar profundamente y abrazándose al desnudo torso de su amado, cerró los ojos y se durmió.

&

¿Cielo? ¿Gatito? —La voz varonil le arrulló al oído.

¿Mmm? —Volvió a abrazarlo sin abrir los ojos.

Es de mañana… —dijo lo más suave que pudo, para no alterar a su duende, pero fue imposible, ya que la sola mención de la mañana hizo que Bill se parara como resorte.

¡Oh Dios mío! Es tarde, hay luz… me verán… —Gritó aterrorizado.

Tranquilo Bill, no hay nadie, mis padres llegarán en la noche —El pelinegro pareció reaccionar y se calmó.

Me dormí como una piedra a tu lado, mi amor —comentó, sonrojándose.

Te veías tan tranquilo que no quise despertarte —Confesó el rastudo.

¿Quieres que hagamos una prueba? Quiero saber si estamos avanzando —Pidió el duende, poniéndose de pie.

Sí, hagámoslo —respondió, igual de ansioso el rubio— ¿Qué tengo que hacer?

Nada —Tom lo miró incrédulo—. Yo bajaré a la cocina y veré si puedo transportarte —Alzó su mano y chasqueó los dedos, desapareciendo.

¿Bill? —Llamó el rastudo, desde su cuarto.

Estoy abajo… concéntrate en llegar a mí —Le gritó desde el primer piso y así lo hizo Tom, cerró los ojos y pensó en llegar a su gatito.

«Quiero llegar a Bill, quiero llegar a Bill» Repitió mentalmente, mientras en la cocina, el moreno apretaba los ojos como si cargara un peso muy grande sobre sus espaldas… después de unos momentos chasqueó los dedos y.

Sí —Gritó emocionado el pelinegro.

¡Dios! —Gritó Tom, al encontrarse en la cocina de su casa junto a su Bill— ¡Resultó! —Abrazó al chico con fuerzas y no lo quería soltar.

¡Es absolutamente genial —Admitió feliz el moreno.

¿Esto quiere decir que puedo ir al Polo norte, a tu casa? —preguntó completamente emocionado.

No…, no aún. Y no es exactamente el Polo norte.

¿Eh?

Es complicado… mira… nosotros, los duendes, sólo podemos transportar objetos inanimados —Comenzó a explicar.

¿Hablas de los juguetes?

Exacto, movemos los juguetes y a nosotros mismos, pero no podemos llevar a otra persona, a no ser que tenga magia —Tom asintió—. Ahora tú llevas la magia que yo pongo en tu cuerpo.

Hasta ahí comprendo. Por eso ahora pudiste moverme —comentó el rastudo.

Sí, pero lo hicimos aquí, en tu mundo, porque no hay barreras mágicas. Si quiero llevarte a casa, tendré que ser mucho más fuerte y hacerte más fuerte a ti también, para que ambos podamos cruzar la barrera de Santa —Terminó la explicación. Tom se acercó y lo volvió a abrazar.

No te preocupes, lo lograremos —Se separó de él y al encontrarse sus miradas, sintieron el impulso de fundirse en un profundo beso.

Debo irme Tomi —explicó triste el duende, chasqueando sus dedos y quedando completamente vestido de gatito.

Lo sé amor, pero volverás, ¿cierto?

Eso no lo dudes —Se abrazaron una última vez y chasqueando sus deditos el duende desapareció.

&

Y así pasaron los días. Los chicos se escribían a diario por el libro mágico y una vez por semana, Bill escapaba de su tierra para venir a entregarle magia a Tom. Ambos se deseaban carnalmente, eran jóvenes después de todo, pero resistían sus impulsos por esta causa más noble. Bill quería mostrarle su vida a Tom y Tom haría lo que fuera por ver feliz a su Bill.

& 1 de Septiembre &

Tom cumplía 17 años, y Bill pensó que ya tenía el regalo perfecto para él. Hizo brillar el libro para que el rastudo lo leyera y escribió.

Pide permiso para salir el fin de semana Tomi, vendrás a mi casa… —Su sonrisa se intensificó aun más al leer la respuesta.

No se diga más, ahí estaré… —Eso fue todo, no había más que decir, lo harían, habían practicado mucho para este momento, lo peor que podría pasar sería quedar atrapado en algún lugar desconocido, pero confiaba ciegamente en Bill, él no le dejaría tirado en algún lugar extraño.

Corrió escaleras abajo y suplicó a sus padres le dejaran quedarse con su amigo con el que pasaba las navidades, irían a un campamento y no habría ni celulares ni teléfonos, pero estarían bien. A regaña dientes los adultos aceptaron y él subió feliz a su cuarto a soñar con aquel mágico lugar.

&

El fin de semana llegó rapidísimo, atraído por la ansiedad de ambos jóvenes. Tom armó su mochila con sólo lo indispensable y se despidió de sus padres con cariño. En silencio regresó a su habitación y oculto allí esperó hasta la media noche, como habían acordado previamente.

Apenas las agujas del reloj marcaron las doce, el rastudo puso su mente en blanco y comenzó a repetir una y otra vez en su cabeza “Quiero ir con Bill”, estuvo así un par de segundos con los ojos completamente cerrados, cuando sintió una luz a través de sus pupilas, se sintió tentado a abrirlos, pero no quiso perder la concentración y siguió pensando en llegar a su Bill.

Un ruido muy agudo llegó a sus oídos y por instinto los cubrió con sus manos, sin abrir los ojos, y sin dejar de llamar a Bill, hasta que de pronto, todo era calmo.

¡Lo logramos! —Oyó el gritó de aquella voz tan familiar.

¿Bill? —habló sin abrir los ojos, aun temeroso.

Aquí estoy —respondió, tocando su hombro con suavidad. El rastudo inmediatamente abrió los ojos y se abrazó de su hermoso duende, que esta noche en particular lucía radiante, hasta su cabello liso parecía brillar.

Dios… te amo tanto —expresó aún sin soltarle.

Y yo a ti mi amado Tom —Se separaron lo suficiente para mirarse y sonreírse.

¿Supongo que ya es tarde para un paseo turístico? —preguntó para distender el ambiente.

Sí… somos magos, pero también dormimos y aquí son muy estrictos con el sueño. Santa dice que un duende que no ha dormido bien, es un duende ineficiente —contó, nuevamente orgulloso de su líder.

En verdad tú pareces venerar a ese Santa —comentó un poco celoso el rubio.

Es un buen guía Tom, nuestra comunidad ha estado bien por casi doscientos años —dijo besando su mejilla para darle seguridad.

Bien y ¿qué hacemos ahora? —preguntó mirando todo.

Primero, te muestro mi casa —comentó en tono cantarín el gatito, contorneando sus caderas mientras se movía de un lado a otro— ¿Quieres?

Claro —respondió Tom, tragando duro, si su pequeño duende quería seducirlo… lo estaba logrando.

Y ese era precisamente el plan del duende, llevó a Tom por cada parte de su cálido hogar, y al hacerlo, se movió lo más sensual que pudo, ante un boquiabierto rastudo, que más que ver la casa, no apartaba la mirada del redondo trasero que se meneaba con descaro ante sus ojos.

Dime Bill… ¿por qué vives solito? —cuestionó al fin, deteniéndose en la habitación y sentándose al borde de la cama con Bill en sus piernas.

Te conté que soy adoptado, ¿cierto? —El rastudo asintió—. Bueno, mis padres trabajan en otra colonia de duendes irlandeses, son muy buenos con su magia y ayudan a los humanos con sus plantaciones en lugares donde generalmente hay problemas de escases.

¿Como África? —preguntó jugueteando con un mechón de pelo del gatito.

De hecho, ellos están en África del Sur. Por su causa, allí casi no tienen problemas de comida como en el norte —comentó apenado.

¿Y por qué no pueden ayudar al norte? —preguntó el rubio besando el cuello del duende.

Porque no pueden dejar su puesto de trabajo… es complicado… política de duendes —explicó, soltando un suspiro cuando la lengua de Tom atacó su oreja.

Odio la política —Musitó el rastudo, mordiendo levemente el níveo cuello del chico.

Mmm, Toooomiiii —Se meneó para atrapar los labios de su amado y devorarlos con placer. Pronto giraban por la cama, frotándose intensamente y soltando gemidos ahogados.

¿Crees que podamos hacer una excepción a nuestra abstinencia? —indagó, pegado a la boca del pelinegro, apenas dándole tiempo de respirar.

Sí… definitivamente sí podemos —contestó, comenzando a quitar el gorro de Tom y sus anchas playeras.

Déjame eso —Pidió el rubio, quitándole a Bill sus prendas de gatito, como disfrutaba haciendo eso, acariciando de paso, la pálida piel.

Rápido Tomi… necesito sentirte ahora —Gimió el chico, saltando sobre el pantalón del rastudo, para quitárselo de prisa.

Al estar ambos desnudos, se abrazaron sobre la cama, sintiendo la dureza del otro y gimiendo por el contacto. Bill arqueaba su espalda buscando más piel.

Ya Tomi, entra en mí —Suplicó Bill, ya perdida toda su cordura.

Debo prepararte —susurró el rubio a su oído.

Espera —dijo sentándose de pronto y quedando de frente al pene de Tom. Cerró los ojos y pasó su mano por toda la longitud de su miembro. El rastudo gimió roncamente por el placer otorgado y sintió de pronto que estaba empapado de una substancia extraña y brillante—. Ahora —Le mandó, el chico comprendió de qué se trataba y se ubicó entre las piernas del moreno, que jadeaba ansioso. Su rosada entrada se veía muy pequeña como para entrar de una sola vez y dudó—. Hazlo… confía en mí —Le dijo el pelinegro. Tom pensó que no resultaría, pero accedió a la petición de su gatito y comenzó a penetrarle. Sorpresivamente esa substancia le dio la humectación necesaria y sintiéndose más confiado entró en una sola embestida.

Diiooos —Gimió el rastudo, una cosa era entrar fácilmente, pero sentirse rodeado y apretado tan de repente, lo dejó conteniendo el aliento.

Miiiiiaaaaauuuuu —Gimió Bill como un verdadero gatito. Tom se excitó tanto que no pudo evitar moverse fuertemente contra el cuerpo que había estado deseando por meses.

Oh Bill… hazlo de nuevo —Pidió Tom golpeando el trasero del duende con su cuerpo.

Miiiiaaauuuu Tooomiiiiii —Gimió más alto esta vez—. Dame más duro Tomi —Gimió fuerte, su novio estaba completamente maravillado, qué le había ocurrido a este gatito que actuaba tan candente.

¿Te gusta así precioso? —preguntó, golpeando el maravilloso punto que hacía que Bill gritara por más.

Yes, yes, yes —Siguió gimiendo Bill, respirando entrecortadamente.

Se movieron presa de la pasión por varios minutos, hasta que el cuerpo del duende comenzó a brillar intensamente y para su sorpresa, el cuerpo de Tom lo hizo también, hasta que ambos alcanzaron el orgasmo.

Tom abrió los ojos, que mantenía apretados por el placer y vio con gran complacencia como ambos cuerpos desprendían luz, se quedó allí mirando a Bill a sí mismo brillar, hasta que sus respiraciones volvieron a la normalidad y la intensa luz se opacó, hasta desaparecer.

Wow, eso ha sido un encuentro cercano del primer tipo —comentó, sonriendo acomodándose al lado de Bill en la cama.

Tú también brillaste cielo, debe ser por la magia —Reflexionó, besando los labios de su hombre.

Eso me hace formar parte de ti —agregó Tom, acariciando el pelo del chico.

Ya formas parte de mi mundo —Sentenció el pelinegro.

Te extrañaba tanto Bill, tu cuerpo perfecto, tus jadeos, tus labios jugosos —dijo robándole un beso.

Yo también lo extrañaba, tengo magia, pero tengo mis necesidades >///<

Y yo quiero ser el único en complacerlas —Le besó nuevamente.

Mi amor, ahora debemos descansar, mañana pasaremos la prueba de fuego.

¿Prueba de fuego? —preguntó el rubio.

Te llevaré por la colonia a plena luz del día, debo disfrazarte y lo único que espero es que tengamos un poco de buena suerte —Confesó Bill sonriente.

¿Para qué necesitamos suerte hermoso?

Para que no nos topemos con Santa… él podría reconocerte y entonces se desataría un infierno —explicó el pelinegro, seriamente.

Si es tan problemático. Tal vez… sería mejor quedarnos —susurró el rastudo.

Si no aparezco por el pueblo, sospecharían que estoy enfermo y sería peor. Además quiero que veas mi mundo Tomi, es hermoso y estoy seguro te gustará.

Si estás seguro mi gatito lindo, entonces nos arriesgamos.

& Continuará &

¿Qué creen? ¿Tienen buena o mala suerte? ¿Se topan con David? Y los demás… ¿lograrán reconocer a Tom como humano?

por Mizuky

Escritora y traductora del fandom

Un comentario en «Juramento Mágico 8»
  1. Aquí empieza lo interesante 😀
    Es genial que el fic incluya la magia y aporte algo más que lo relacionado a los regalos y la navidad. Esa magia en el vientre… <3

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